Historia. El triciclismo en Colombia

El siguiente video, Pedalear con orgullo: una breve historia de los triciclos en Colombia, forma parte del Proyecto Escarabajos, un país descubierto a pedalazos, del Banco de la República, publicado por elespectador.com, del 19 de febrero de 2022, por el periodistas Fernando Camilo Garzón.

Columna joven. Estoicismo, la calma dentro del caos

“La vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella”: Marco Aurelio

Foto: El Colombiano.

Por María Camila Martínez

Voluntaria Academia Olímpica Colombiana

En el contexto pos pandemia, muchos deportistas, entrenadores, metodólogos, apasionados por el deporte entre otros, se enfrentan a situaciones que nunca desearon que llegaran y que buscaban evitar a toda costa: pérdidas de competencias, planificaciones erróneas, etapas precompetitivas sin resultados favorables, temporadas con más derrotas que triunfos, etc… 

En el momento en el que el sentimiento de frustración se apodera del ser humano, de forma inconsciente y desapercibida se hace un nudo en la garganta; repentinamente, la presión en el pecho comienza a ser más fuerte y una sensación de desilusión desdibuja en cámara lenta la sonrisa en el rostro que aparecía,  cuando imaginábamos un resultado positivo, y casi de forma instantánea vienen a la mente aquellas imágenes en las que nos esforzamos, trabajamos y algunas veces hasta derramamos lágrimas por ver un sueño materializarse, pero que por alguna razón esta vez no se cumplió. De inmediato y como autocritica completamente destructiva aparecen preguntas: ¿por qué no lo logré si di todo de mí? ¿no soy suficiente? esto no es lo mío o, simplemente, no quiero trabajar más aquí, porque definitivamente no soy bueno.

En este momento de desesperación y penumbra, el estoicismo propone una corriente ideológica en la que es posible encontrar la calma en medio del caos desde la perspectiva.

Fundado en el siglo III A.C por el pensador Zenon de Citio, conocedor de las filosofías de Sócrates, Platón, Aristóteles y sus seguidores, basó la gobernanza del propio ser desde la razón, apropiándose y aprovechándola como regalo divino. Los componentes centrales de esta virtud, dada únicamente al hombre, son la capacidad de armarnos contra la desgracia (entendiéndola como todo aquello que afecta emocionalmente al ser humano) 

«La mayoría de los hombres son débiles y fluyen en la miseria entre el miedo a la muerte y las dificultades de la vida, no están dispuestos a vivir y, sin embargo, no saben cómo morir».

El ser humano solo podrá vivir plenamente si se despoja de las preocupaciones que lo consumen en la cotidianidad, las acciones de mejora y los procesos racionales  solo se logran con una mente en calma, y solo será posible alcanzar este estado aceptando una situación por como es y no por como hubiese querido que fuese; la realidad nos está enfrentando con un sentimiento que incomoda y que reconocemos como negativo, así que, usualmente, se deja pasar sin prestarle mucha atención, pero nunca se canaliza; para hacerlo es necesario confrontar las creencias que nos llevarán a convertirlas en emociones saludables, como lo decía Marco Aurelio: “No dejes que el futuro te moleste, te encontrarás con él, si debes hacerlo, con las mismas armas racionales con las que estás armado para luchar contra el presente´´ 

Si una situación despoja al ser humano bruscamente de la felicidad, la culpa no será de aquel momento infortunado, sino que, por el contrario, será culpable aquel que, aunque teniendo un don como el raciocinio no tuvo la valentía de utilizarlo a su favor para entender que, como el pasado, el presente, futuro e, incluso, su propia vida son algo pasajeros. 

Empieza a vivir y abre la mente, si existe un problema analiza y acepta que existe una solución y que se tienen las capacidades físicas psicológicas y mentales para solucionarlo, ya aprendiste, ¿qué esperas para luchar por el siguiente sueño? 

“Toma este momento. Sumérgete en sus detalles. Responde a esta persona, este desafío, esta acción. Deja las evasiones” Epicteto.

Evocación. “Vuela… sigue volando, maestro del alma”

Algunas razones para despedir con emoción al licenciado Jorge Zabala Cubillos.

Jorge Zabala Cubillos (q.e.p.d.), con Clara Luz Roldán, directora de Coldeportes, y Baltazar Medina, presidente del Comité Olímpico Colombiano, durante la discusión del Proyecto de Ley del Deporte, en 2016.

Por Mg Rafael Antonio Morales 

Docente Historia del deporte, Licenciatura en Deporte, Facultad de Educación Física 

Universidad Pedagógica Nacional-

En honor a nuestro Maestro Jorge Zabala.

Compartimos el sentimiento expresado por nuestra colega y amiga Clara Lourdes Peña Castro (2022): “Profunda tristeza queda en mi corazón, inmensa alegría de haber compartido tantos momentos de felicidad, inmenso agradecimiento por lo enseñado y aprendido de mi parte. Vuela, sigue volando, maestro del alma”

De la obra del Maestro Jorge Zabala se puede enunciar entre otros, los siguientes aspectos:

-“Vivir la utopía” representada en la lucha permanente y constante proyectar la organización  del gremio de la Educación Física y el Deporte Colombiano, como un factor determinante para el desarrollo integral de la sociedad.

-Trabajar por la cultura del reconocimiento de la misión educativa, pedagógica y cultural de la Educación Física, la educación deportiva, la recreación y  el estudio de la ciencia  del movimiento humano.

La constancia de contribuir en la creación de una cultura académica fundamentada y a su vez, gestionada y liderada por la Asociación Colombiana de Educación Física , ACPEF y  la academia . 

Reconocimiento por la misión del Comité Olímpico Colombiano,  la Academia Olímpica Colombiana y el papel de los programas de formación universitaria en el área de la educación física, el deporte y la recreación.

Hasta siempre compañero. 

Grupo de personas en un auditorio

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Beijing 2022. Medalla de oro a la autenticidad colombiana

La indumentaria de Colombia en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno Beijing 2022 causó impacto por su originalidad y belleza, frente a exclusivos diseños de países más avanzados, en materia de moda. Estuvimos en Iza, Boyacá, en busca de conocer cómo nacieron estas prendas, y nos encontramos con un telar casero, lleno de sencillez y autenticidad colombiana.

Colombia, en la inauguración de los Juegos Olímpicos Beijing 2022.

Por Alberto Galvis Ramírez

Director de la Revista Olímpica del COC

En la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Invierno, en Beijing, China, el pasado 4 de febrero, desfilaron una gran variedad de muestras de culturas del mundo, representadas en modas sofisticadas, en su mayoría, que pretendían informar sobre cada país e impactar por la belleza de los diseños. Muchos de ellos provenían de exclusivas fábricas, creadas por talentosos artistas, formados en aventajadas escuelas y correspondían a costosas prendas, que impactaron a los millones de televidentes en el mundo.

De pronto, cuando se ponderaba la calidad de lo exhibido por representantes de sociedades desarrolladas como Inglaterra, Alemania, Francia, Estados Unidos, Rusia, y muchas más de ese nivel, apareció una diminuta delegación de cinco integrantes, que lucían unos extraños atuendos, tal vez túnicas, quizá capas o  casullas, o… a lo mejor ruanas, que de inmediato impresionaron por su singular belleza, complementada por unos sombreros clásicos, de 27 vueltas.

Ahí estaba la delegación de Colombia, en efecto, con unas singulares ruanas dobles con capota, que atraparon las miradas de los televidentes y de los asistentes al majestuoso Nido de Pájaros, estadio en el cual se desarrollaba la ceremonia de inauguración.

Ante ese impacto visual generado, quisimos constatar en dónde se fabricó esa indumentaria, y nos llenamos de sorpresa, por la elementalidad de su fabricación, y de felicidad, a la vez, por tratarse de una expresión de nuestra nacionalidad, que admiró el mundo en esos pocos segundos de exposición.

Panorámica de Iza, Boyacá.

La curiosidad nos llevó hasta el lugar en el cual se fabricaron estas prendas, en la población de Iza, Boyacá, a 90 kilómetros al nororiente de Tunja, la capital, un municipio que forma parte de la provincia de Sugamuxi, y que parece haberse detenido en el tiempo, por allá a finales del siglo XVII, en Europa, cuando las economías dependían de prácticas aún medioevales y de simples telares familiares. 

El nombre del municipio proviene de “za”, palabra muisca que significaba “noche” y “concubina”. Por esta considerada ofensiva acepción, a finales del siglo XIX se cambió por Santa Isabel, pero pudo más el amor de los nativos por sus ancestros, que la dura palabra, y pronto se le devolvió su nombre original.

Iza aparece de pronto al frente del viajero, que piensa que es tan pequeña como el nombre. En efecto, la zona urbana es pequeña, pero encierra una grandeza única representada en su arquitectura colonial, que le valió su declaratoria como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional, por el Ministerio de Cultura, en el año 2002, y en sus tejidos de algodón y lana virgen, con variados y atrevidos diseños contemporáneos, que rompen con la tradicional y clásica ruana boyacense, para exhibir una combinación del pasado indígena con la creatividad del presente.

Frente del taller Rebancá.

Al final de una estrecha calle empedrada, con casas de barro, techos de teja, puertas labradas en madera brotada de su misma tierra y engalanada con hermosos totumos fabricados en Casa Caminos, que hacen alusión al reconocido espíritu caminante de sus nativos, se encuentra ubicado el Taller Rebancá, en donde se creó la indumentaria colombiana en Pekín.

La casa es sencilla y no anuncia nada diferente a lo que realmente es: un taller artesanal, dotado de clásicos telares, manipulados manualmente por jóvenes y creativos artistas, que toman la lana virgen lograda luego de trasquilar con cariño a los ovejas boyacenses, y le dan un tratamiento muy esmerado, de acuerdo con unos diseños elaborados previamente.

Francisco Gomez, el creativo del Taller Rebancá.

Francisco Gómez, propietario de Tejidos Rebancá Casa Taller, es un joven artista plástico de 29 años, graduado en la Universidad Nacional de Colombia, quien coordina a otros jóvenes, les expone sus ideas y lidera el trabajo de creación exclusiva de diseños, que se fabrican por encargo y no en cantidades industriales, que requerirían de una producción en serie, que ganarían en cantidad y perderían en la calidad que brindan las manos que entrelazan los materiales con especial cuidado.

“Nosotros, como taller, siempre hemos explorado la ruana como corte, que no es una ruana tradicional, pero sí tiene un corte sencillo, rectangular, como parte de la ruana  tradicional. Lo que nosotros hacemos es añadirle diversos elementos que permiten que se pueda utilizar de una forma diferente a la ruana tradicional, como las mangas y la capota, pero siempre preservando la técnica de la ruana tradicional”, así explica Gómez, el sentido de sus producciones. 

Las ruanas se elaboraron con los tradicionales métodos de tratamiento de los telares boyacenses.

Agrega: “Tejidos Rebancá es un taller de moda artesanal, que busca investigar, rescatar, valorar y compartir técnicas y oficios textiles ancestrales del altiplano cundiboyacense, como el tejido en telar horizontal, el hilado a mano y la tintura con plantas, así como técnicas provenientes de otras regiones, como los fieltros húmedos y los secos”.

Señala también que: “trabajamos colaborativamente con tejedores y  artesanos hilanderos de Sogamoso, Iza, Firavitova, Corrales, Beteitiva, Psca, Tota y Cuitiva, en Boyacá, así como con productores de seda natural del Cauca.

La lana virgen, materia prima de las ruanas.

La fabricación de la indumentaria que utilizó Colombia en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, en Beijing, tuvo una duración de tres semanas, a partir de la solicitud del Comité Olímpico Colombiano, que escogió el corte final, con mangas y capota, es decir una combinación de ruana y abrigo, por las bajas temperaturas de la capital china. 

“El Comité escogió los colores, que hacen referencia a un lugar de la geografía colombiana, Caño Cristales, y a partir de ahí se hizo un trabajo de tintura, mediante  inmersión, para lograr esos dos colores predominantes, que son el rojo oscuro y el azul, y se desarrolló todo el trabajo de tintura, corte y confección.

Este diseño generó un impacto tan grande en muchos sectores de Colombia y del exterior, representado en mensajes de felicitación, solicitudes de catálogos,  entrevistas de diferentes medios y multiplicación en redes, que dejaron tan expuesto el taller, que en unas semanas saldrá una nueva producción, tanto para Colombia, como para otros países.

Ciertamente, nuestro país no es fuerte en el tema de los deportes de invierno, porque apenas se atraviesa por una etapa de motivación; por esa razón, las posibilidades de obtener una medalla en Beijing 2022 son lejanas. Sin embargo, lo logrado con la indumentaria lucida en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, vale como una medalla de oro a nuestra autenticidad y a la creatividad de sus jóvenes talentos.

Beijing 2022. Balance positivo de Colombia

Por segunda vez, como equipo oficial, Colombia estuvo presente en unos Juegos Olímpicos de Invierno, los celebrados, en Beijing, China. El balance de Hélder Navarro, jefe de Misión de Colombia es positivo, porque se mejoró la actuación anterior y se dejó una buena sensación, frente a las futuras participaciones nacionales.

Terminaron los Juegos Olímpicos de Invierno, en Beijing, China, con la presencia, por tercera vez de una delegación colombiana, que se preparó en escenarios naturales de Estados Unidos y Europa.

Michael Poettoz, Laura Gómez y Carlos Quintana conformaron el equipo nacional, que hizo presencia en varias pruebas del calendario oficial de los Juegos.

El balance deportivo de la participación colombiano lo hizo Hélder Navarro Carriazo, fiscal Principal del Comité Ejecutivo del COC, quien de nuevo lideró la delegación nacional, de la cual también formó parte el ex atleta en deportes de invierno, Sebastián Uprimny, como asesor.

“Es de destacar -dice Navarro- que Colombia mantuvo su posicionamiento en las tres disciplinas, desde cuando se inició, si se puede llamar así, el proceso de Juegos de Invierno,  en los de Pyongchang, hace sólo cuatro años, con colombianos  de sangre  y de nacimiento,. 

“Colombia mantuvo su participación en el patinaje de velocidad, con Laura Gómez, en el esquí alpino;  Michael Poettoz,  en las pruebas de slalom gigante, y slalom,  y con Carlos Quintana, en cross country, las mismas disciplinas en las que participó nuestro país, hace cuatro años, aunque con un atleta menos, y en esta oportunidad estuvimos al borde de clasificar en dos deportes”.

“Es importante resaltar también que hay muchos colombianos  nacidos en nuestro país y de padres colombianos,  que residen en otras países del mundo,  que en este momento tienen la expectativa de participar en los Olímpicos de Invierno,  y se están preparando en diferentes disciplinas y escenarios, animados por la muestra que hicieron sus coterráneos,  en estos Juegos Olímpicos de Beijing”.

Laura Gómez.

Balances individuales

Navarro se refirió a la participación de la patinadora Laura Gómez, en la prueba de mass start, frente a 28 deportistas de 18 países. En la primera semifinal terminó en la undécima casilla, es decir, a dos posiciones de la clasificación. En la clasificación final, se ubicó en la posición 22.

Agrega Navarro que “Laura Gómez estaba haciendo una presentación significativa en la prueba de mass start, hasta el momento de la caída de las coreanas y las rusas, que la sacaron de balance. Comparativamente con lo que había hecho en la primera prueba, mantuvo viva la llama de la participación en el patinaje, para futuras presentaciones.

Carlos Quintana, izquierda.

En cuanto al debutante Carlos Quintana, el Jefe de Misión de Colombia ponderó su resultado, frente a lo registrado cuatro años antes, en la cita celebrada en Pyonchang, Corea del Sur.

“Carlos Quintana -dice Navarro- en la competencia de cross country mejoró en más de siete minutos el tiempo que había hecho el representante de Colombia en los Juegos de Pyonchang, en 2018, porque sumó un poco más de 300 puntos, frente a los casi 600 que acumuló Sebastián Uprimny, presente en aquella justa.  Este resultado es importante, porque Quintana es un atleta que empezó el proceso hace muy poco y, no obstante ello, logró un mejor resultado que en la anterior participación nacional”.

Michael Poettoz.

Finalmente, Navarro se refirió a Michael Poettoz, quien en el slalom gigante tuvo que sortear la nevada que complicó las condiciones de la pista para todos los atletas, y completó un gran tiempo, 1:12.83, en el primer descenso, para luego bajar en el segundo turno, con registro de 1:17.19 y tener un agregado de 2:30.02, que lo ubicó en la casilla 31, como el mejor latinoamericano de la carrera.

Esto dijo Navarro, de Poettoz, quien había participado en los Juegos anteriores: “Terminó la prueba del slalom gigante en el puesto 31, entre casi 100 participantes, luego de resistir una fuerte nevada, lo que se constituye en un importante avance y una esperanza para el futuro en esta disciplina”.

In Memoriam. Jorge Zabala: «Conductor de multitudes»

El pasado 19 de febrero, falleció en Bogotá, a los 92 años, el licenciado Jorge Zabala Cubillos, uno de los más importantes educadores físicos de la historia de Colombia. En esta semblanza recordamos a un auténtico forjador de varias generaciones de profesionales, que han ayudado a construir la historia de nuesrtro deporte.

Jorge Alfredo Zabala Cubillos, 1930-2022.

Por Guillermo González López

Licenciado en Educación Física y Presidente de la Academia Olímpica Colombiana.

Le conocí por allá en la década de los setenta, en los pasillos del tercer piso del edificio del Ministerio de Educación, instalaciones que fueron asignadas para el funcionamiento del recién creado Instituto Colombiano de la Juventud y el Deporte, Coldeportes y, por extensión, para las oficinas del Comité Olímpico Colombiano. Eran mis primeros pasos en la administración deportiva como profesional en la División de Educación Física, a cargo de la Licenciada Martha Moncada. Nuestra profesión, la Educación Física, me permitió trabajar con él en varios encuentros, foros y simposios, en los que pude ser testigo, no solo de sus conocimientos, sino de la pasión con la que los profesaba, especialmente en la promoción y defensa de nuestra especialidad. 

Jorge Zabala, con el actual presidente del Comité Olímpico Colombiano, COC, Ciro Solano Hurtado. Zabala fue secretario General del COC y durante su vida fue partícipe de actividades formativas en el deporte olímpico colombiano.

Él, con algo más de cuarenta años, integraba por esa época el comité ejecutivo del Comité Olímpico Colombiano. Fue uno de los primeros colegas que se atrevió a dar arañazos en ese nivel. Su carácter afable, su alegría y su risa sonora contrastaban con la profundidad y vehemencia en el discurso. Le escuché en varias ocasiones y nunca dejó de sorprenderme esa doble condición, la que sin duda alguna le sirvió para ganarse la amistad de quienes le acompañaban en el COC y el respeto por sus opiniones y posturas. 

Un tiempo después fui trasladado a la División de Organización y Control Deportivo de Coldeportes, en la que la gestión tenía mucho que ver con las federaciones deportivas nacionales y con el COC. Para la participación de Colombia en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Medellín 1978, se adoptó una forma de trabajo inédita y única hasta la fecha de hoy. Se conformó una comisión mixta entre Coldeportes y el COC para hacer seguimiento a lo técnico y a lo financiero en el equipo nacional. Tuve entonces la ocasión de conocerle aún más. Hicimos parte de la Misión colombiana que participó en esos Juegos y compartimos no solo el alojamiento en la Villa Centroamericana, en el Barrio Tricentenario de Medellín, sino las medallas y las derrotas de nuestros atletas. En la misma condición de integrante de la Misión colombiana participó en los Juegos Olímpicos de Moscú, 1980, en los que se sintió como en su propia casa.

Jorge era un hombre singular. Abierto a la conversación y al diálogo, especialmente ante la presencia de opiniones diferentes. Siempre se alineó en las ideas de izquierda, las que cultivó desde su juventud y su formación. Integró y fortaleció las organizaciones sindicales en el país y expresó siempre su simpatía por el régimen soviético. Sin embargo, supo siempre combinar sus ideas con la administración del deporte y la educación física. En su lenguaje afable incluía formas curiosas dentro de las que recuerdo a “tovarishch”, una palabra rusa que significa “compañero”, “amigo”, “camarada”, “colega” o “aliado” y que Jorge Zabala siempre usaba para saludarnos. Era además consuetudinario, que nos denominara como “conductor de multitudes”, una forma singular de demostrar su afecto y su simpatía, la que, con el paso del tiempo, todos los demás comenzamos a utilizar para llamarle.

Su deporte preferido fue el baloncesto.

Creo que el deporte que mas cerca estuvo de sus quereres fue el baloncesto. Aunque no alcancé a verlo jugar, supe de sus capacidades y triunfos desde la época escolar en el Colegio Nacional de San Bartolomé, en Bogotá, cuando le arrebató la supremacía al Colegio de La Salle, en 1944. Fue famoso el equipo que conformaron con sus hermanos Germán, Jaime y Manuel. En su carrera deportiva debe señalarse que en 1958 fue acreditado como árbitro internacional de baloncesto. En esa condición participó en eventos internacionales en varios países de América Latina. Se destacó no solo por su calidad técnica en el juzgamiento, sino por su forma de comportarse en su oficio, que incluyó un singular dramatismo en el señalamiento de sus decisiones y en la conducción de los partidos. Jorge era, además de árbitro, parte del espectáculo.

En 1954 obtiene su grado como licenciado en Educación Física y se involucra en el fortalecimiento del movimiento deportivo universitario. Los que hemos vivido en el deporte desde hace varias décadas, recordamos una institución muy importante en la historia del deporte universitario. Me refiero al Consejo Deportivo Universitario Colombiano, CODUC. Jorge Zabala, actuando como su presidente, organizó los primeros Juegos Universitarios Nacionales, en diciembre de 1958, en cooperación con la Asociación Colombiana de Profesores de Educación Física y la Dirección Nacional de Educación Física del Ministerio de Educación Nacional.

Jorge Zabala con su esposa, Susana Molina.

Con 32 años desposó con Susana Molina, a quién había conocido en el movimiento revolucionario, formando un hogar de cinco hijos: Augusto, Susana, Martha, Ardis y Jorge. Tuvo una beligerante y activa presencia en Latinoamérica en temas tan importantes como los derechos humanos, la deuda externa, integración para la paz, armamentismo. En el cumplimiento de su vocación política regresó en 1985 a Moscú para participar en un Congreso extraordinario de Trabajadores. El Instituto León Tolstoi, le otorgó a Jorge Zabala C, por sus méritos en el campo de la cultura y el diálogo entre Colombia y Rusia, la orden al mérito León Tolstoi, 75 años.

Como resulta apenas lógico por su vocación académica participó y lideró diversos eventos relacionados con la Educación Física. Fue el organizador de las cuatro primeras conferencias Latinoamericanas de Educación Física, Cultura y Sociedad y participó en diecisiete versiones del Congreso Panamericano de Educación Física, en el que fue designado como Decano en República Dominicana en 2006. Fue condecorado en el 11° Congreso de Caracas con la mención “Enrique C. Romero Brest”, en 2008

De igual manera fue coorganizador de los doce primeras ediciones del Congreso Colombiano de Educación Física. En 1999, en Panamá, fue nombrado presidente de la Asociación Latinoamericana de Educación Física

Fue Vicepresidente Académico y Presidente Honorario, de la Asociación Colombiana de Profesores de Educación Física.

Durante toda su vida y aún en sus últimos años dedicó buena parte de sus esfuerzos al fortalecimiento de su profesión en el país. En 1956 se hizo miembro de la Asociación Colombiana de Profesores de Educación Física, entidad con la que estuvo muy comprometido y de la cual fue Vicepresidente Académico, cargo desde el que hizo un importante aporte en la fundamentación teórica de la educación física. Fue exaltado como su Presidente Honorario, en el 2003. En dos ocasiones fue elegido presidente de esta Asociación, siendo la última el 30 de noviembre del año anterior, cargo que desempeñó hasta el día de su deceso, el 19 de febrero del año en curso. 

Dejó Jorge Zabala varias publicaciones. En ellas expuso importantes ideas sobre las que fueron sus dos grandes pasiones, sus dos grandes vocaciones[GLG1] . Por una parte y ligado a su amada profesión menciono su obra Aproximación histórica de la educación Física en Colombia. Así mismo nos deja para estudio y reflexión El hilo perdido de la revolución colombiana.

Se marchó el “conductor de multitudes”. Muchos extrañaremos sus palabras serenas y vehementes a la vez, sus reflexiones profundas, su amor por la educación física. No recibiremos más el saludo amistoso, precedido por un sonoro “tovarishch”, y las enseñanzas que seguían en su discurso.

Nos queda su recuerdo y su ejemplo. Para quienes lo conocimos, con eso nos alcanza. Buen viaje… Jorge Alfredo.

Jorge Zabala Cubillos fue un auténtico líder entre los educadores físicos colombianos.

 [GLG1]

Recuerdos. Víctor Mora y la San Silvestre

En la década de los años sesenta del siglo pasado surgieron grandes figuras colombianas, que alcanzaron la fama, gracias a su constancia, disciplina y perseverancia. Uno de ellos fue el atleta Víctor Mora García, quien, además de múltiples éxitos logrados, reforzaba las celebraciones del fin de año, con sus triunfos en la Carrera de San Silvestre, en Sao Paulo, Brasil.

Por Pipe Zarruk

Periodista

El 31 de diciembre del año anterior, mi amiga y colega Konnye Mora me envió fotos de su querido padre El indio Víctor Mora, quien cada fin de año nos regalaba un triunfo en la Maratón de San Silvestre o Corrida Internacional de Sao Silvestre, creada en 1925 por el periodista brasileño Cásper Líbero.  Dicho evento se convirtió en nuestra cena de año nuevo y pasó a ser el plato que degustamos los colombianos, quienes no sabíamos si nos abrazábamos por el triunfo del atleta bogotano o por la llegada de un nuevo año.

Se volvió tan querida esta competencia, que Inravisión hacía un esfuerzo, junto a varias programadoras de la época, como RTI, Punch  y Caracol, las cuales se unían para transmitir en directo lo que ocurría en las calles de Sao Paulo, y mientras en la radio locutores, narradores y comentaristas, como Juan Manuel González y Jaime Ortiz Alvear gritaban a todo pulmón, nosotros veíamos en blanco y negro las borrosas imágenes que nos llegaban vía satélite, para confirmar que en la punta de la carrera venía con un paso fuerte, un atleta bogotano, quien desde 1967 se coronó como campeón suramericano y se ganó el respeto de todo el continente y del atletismo mundial. 

Se volvió costumbre verlo ganar en los Bolivarianos y  Centroamericanos y del Caribe, y en cuanta maratón le ponían por delante.  El Indio Mora siempre lucía su corona de olivo y junto a él estaban los también atletas Domingo Tibaduiza y Silvio Salazar, uno boyacense y el otro, tumaqueño, quienes cada vez que representaban al país, levantaban sus brazos en señal de victoria en Berlín, Uruguay, Puerto Rico o donde les tocara competir. 

Imágenes de las cuadro victorias de Mora, en la Carrera de San Silvestre, en Sao Paulo, Brasil. Fotos: El Tiempo.

Cómo sería de grande Víctor Mora, que un día cualquiera estaba en el centro de Bogotá y un hábil caco le arrancó su cadena de oro y salió disparado con un pique tan veloz, el cual envidiaría el mismo Usain Bolt.  Víctor se fue detrás de él, pero no lo alcanzaba ya que no era velocista, era fondista.  Sin embargo Víctor mantuvo su paso, hasta que el ladrón callejero se cansó, Víctor lo alcanzó y recuperó su cadena. 

Hizo parte de una generación dorada que incluía boxeadores como Antonio Cervantes Kid Pambelé, Rodrigo Rocky Valdez, el recién fallecido Bernardo Caraballo y Alfonso Pérez; ciclistas como Martín Emilio CochiseRodríguez y Rafael Antonio Niño; tiradores como Helmut Bellingrodt, quienes ganaban en cualquier parte del mundo, sin importar el clima, el horario ni la fecha en el calendario.  Ganaban y buscaban la gloria; querían su corona de olivo, su medalla en el pecho, su cinturón, sin que la plata les importara.  Representaban al país con orgullo y el país entero vibraba con sus triunfos; nos ponían a llorar de alegría.  Nunca se cansaban, no se quejaban, eso sí, hablaban duro y le reclamaban a los dirigentes y a los mandatarios de turno más apoyo. Viajaban sin comodidades y no se “desconcentraban” para hacer la tarea. 

Confieso que me dio nostalgia y junto a Konnye se nos deslizaron un par de lágrimas, al recordar aquellos diciembres que nunca volverán, cuando su padre ponía de pie a un país antes del “Faltan cinco pa’ las doce” del famoso compositor venezolano Oswaldo Oropeza.  Hoy en día también nos deleitamos y vibramos con las nuevas generaciones de deportistas, pero siempre será bueno recordar que antes de ellos, hubo otros que abrieron el camino y mostraron el sendero de cómo se ganaba a puño limpio o a pata pela, para que ojalá mucho futbolista cómodo y desorbitado entienda que no solo es la plata lo que los debe mover.  Es la gloria, es la corona de olivo., esa que nos falta ver en la cabeza de los deportistas colombianos como la lucía con orgullo El Indio Víctor Mora, ¡ídolo por siempre!.  Un abrazo, chao y hasta la próxima.

Genio y figura por siempre…

Historias. El Atleta Maldito

El samario Zadoc Guardiola fue un excepcional corredor de vallas, tal vez igual o mejor que Jaime Aparicio Rodewalt, el primer campeón panamericano colombiano, en 1951, con quien coincidió en su carrera. Sin embargo, su disipada vida lo malogró como deportista y como persona.

Zadoc Guadiola y Jaime Aparicio. Foto El Espectador.

Por Alberto Galvis Ramírez

Director de la Revista Olímpica del Comité Olímpico Colombiano y secretario de la Academia Olímpica Colombiana.

El mundo conoció la calidad del vallista vallecaucano Jaime Aparicio Rodewalt, primer campeón colombiano de Juegos Panamericanos, en 1951. Y supo también que sus capacidades eran el resultado no de unas condiciones naturales (inclusive era bajo de estatura y con deficiencias técnicas, como atacar la valla con la pierna derecha), sino de la disciplina y el sacrificio de su juventud y de su tiempo de descanso. Fue, sin duda, un modelo de deportista y de ser humano.

Paralelo a su vida ejemplar existió otra, que podría ser considerada su sombra negra: la del samario Zadoc Guardiola, vallista como él, que tenía excepcionales condiciones naturales que, en teoría, lo hacían superior a Aparicio.

Sin embargo, sus historias fueron bien diferentes, porque mientras Aparicio llevaba una vida sana y entregada meticulosamente a sus entrenamientos y participaciones, Guardiola tenía el atletismo en un segundo plano, después de la diversión y del alcohol.

El caso de Guardiola fue un drama durante su fugaz paso por los estadios de Colombia y de América, más de carácter social que deportivo. Extraído de la calle samaria, Guardiola se encontró por accidente con el atletismo, en una de las carreras de los intercambios samario‑barranquilleros, anteriores a 1950.

En 1953, con 20 años de edad, venció en Cali a Jaime Aparicio, cuando este se encontraba en la cima de su carrera y ostentaba el título de campeón panamericano y uno de los mejores corredores de 400 con vallas del mundo.

Ese fue el primer golpe de alerta que dio este superdotado del atletismo, quien, sin embargo, no podía separar el deporte del vicio que lo persiguió hasta la muerte, el licor, ni siquiera en la víspera de las competencias.

Precisamente una de las más importantes victorias sobre Jaime Aparicio la logró Calilla -que fue su primer su apodo- a pesar de los efectos de un señor guayabo.

Cuando Guardiola ganó la primera competencia nacional, a los 20 años, era viejo para el atletismo, no por edad, sino por el tiempo perdido en los oficios insanos. Tenía los resabios normales de todo muchacho formado sin educación y sin noción técnica alguna en el deporte.

“El caso de Guardiola tiene una palpitante actualidad. Nació con dotes excepcionales, de talla mundial. Pero es triste saber que el Estado colombiano lo condujo, por su abandono, al fracaso total como deportista y como persona”, dijo el técnico Carlos Ávila, en julio de 1980, poco después del fallecimiento de Guardiola, bautizado también como El atleta maldito, por su vida disipada.

La más positiva semblanza relámpago de este hombre la dio Campo Elías Gutiérrez, uno de los cinco atletas pioneros de Colombia en los Juegos Olímpicos (los de Berlín, en 1936), y padre de una generación de atletas y también del beisbolista Joaquín Gutiérrez: “Es lo más grande que ha dado Colombia. No exagero si digo que Owens podría haber sido inferior en sus cualidades naturales”.

Guardiola fue un inestable emocional. Uno de sus últimos empleos lo ejerció en Cali, al final de su carrera, llevado por su más acérrimo rival deportivo, Jaime Aparicio, en ese entonces secretario de Obras Públicas del municipio, quien lo nombró inspector de Parques. De un momento a otro desapareció porque se aburrió, y le hacía falta el mar de Santa Marta.

“Después permaneció una temporada en Medellín, bajo la custodia de Sebastián Popovic, pero tampoco resistió la lejanía de su tierra.

Solitario, o con la única compañía del mar Caribe, murió alcoholizado, el 17 de julio de 1980.

Semblanza 1. Montoya vuela en la Fórmula Uno 

A raíz del primer gran triunfo de Sebastián Montoya, en autos tipo fórmula, en el circuito Yas Marina de Abu Dabi, en los Emiratos Árabes Unidos, recordamos la primera parte de la historia de su padre, Juan Pablo Montoya, el más grande automovilista colombiano de todos los tiempos.

Juan Pablo Montoya, con su hijo Sebastián. Foto Marca Claro Colombia.

Por Jorge Camilo Puentes

Periodista

A finales del siglo anterior, el joven piloto bogotano Juan Pablo Montoya se destacaba como la gran promesa del automovilismo colombiano, porque había ganado logrado importantes figuraciones, en exigentes torneos. En el Mundial en Lonato, Italia, logró la vuelta más rápida y marca para la pista, en sesiones de entrenamiento; en 1992, ganó la Copa Fórmula Renault, en Colombia; en 1993, ganó siete de ocho carreras en el Campeonato Swift GTI; en 1994 fue tercero, en el Barber Pro Series y ganó el título de la Fórmula N mexicana; en 1995 fue tercero en el Fórmula Vauxhall Británica y primero en las Seis Horas de Bogotá, con nueva marca para la pista; en 1996 finalizó tercero en el Campeonato de Gran Bretaña de Fórmula 3 y ganó el cupo para correr en la Fórmula 3.000. 

En 1997 fue contratado como piloto de pruebas de la escudería Williams, papel en el cual compitió hasta el 2001, cuando fue ascendido a la categoría de piloto.

Montoya llega al equipo en reemplazo del británico Jenson Button y comeinza su paso por la Fórmula Uno, a bordo de un FW23, en el Gran Premio de Australia, en el cual llegó a estar en los primeros lugares en algunas vueltas, pero tuvo que retirarse. Idéntica situación se registró en Malasia, pero en la tercera fecha en Brasil, tuvo la osadia de superar en una vuelta a Michael Schumacher, para ser líder de la carrera durante 15 giros, situación que terminó por un choque. 

Juan Pablo Montoya, ganador del Gran Premio de Monza, en 2005. Foto: Caracol Radio.

Su primer podio llegaría apenas en la quinta fecha, en España, y dos fechas después logró el segundo podio, en el Gran Premio de Europa, celebrado en Nurburgring (Alemania). Pero su gran campanada la dio el 16 de septiembre, al ganar de forma indiscutible el Gran Premio de Italia. 

Montoya consiguió la pole position en la carrera celebrada en el circuito de Monza y llegó a intercalar el liderato con Ralf Schumacher y Rubens Barrichello, hasta que en la vuelta 42 se llevó el liderato de forma definitiva. El triunfo consagró al piloto capitalino como el octavo en conseguir un triunfo en su primera temporada en la Fórmula 1.

Luego de otro retiro en Estados Unidos (el undécimo de la temporada), Montoya consigue otro podio, en Japón. Al final del año termina sexto, con 31 unidades y como Novato del Año, en una temporada que le dio su cuarto título al alemán Michael Schumacher. 

Su segunda participación fue aún mejor, porque logró sumar desde un principio, gracias a que alcanzó cuatro segundos lugares y tres terceros, aparte de siete poles positions, números que le valieron terminar tercero en la clasificación general, solo superado en la lucha por el título por los ferraris de Michael Schumacher (quien igualó a Juan Manuel Fangio, con cinco campeonatos) y del brasileño Rubens Barrichello. 

En ese momento, ya varios expertos veían a Montoya como un potencial campeón mundial, incluso como el sucesor del brasileño Ayrton Senna. La mejor opinión fue dada por Michael Andretti, un estadounidense ligado al automovilismo de su país, ex piloto de Fórmula Uno e hijo de Mario Andretti,  ex campeón mundial: “Creo que si los ponen en autos iguales le puede ganar a Michael Schumacher. Lo otro acerca de Juan es que es mentalmente muy fuerte, no la embarra respecto a lo que otros puedan pensar, y así es como debes ser en la Fórmula 1”[1]

Montoya con el multicampeón alemán, Michael Schumacher.

No obstante, de todos los años en los que participó en la Fórmula Uno, el más fructífero, y en el que todos pensaron que podía ser campeón mundial, fue en el 2003, cuando peleó por el título, con Michael Schumacher y el finlandés Kimi Rikkonen, quien en ese entonces militaba en el equipo McLaren. En ese 2003, Montoya logró cinco segundos lugares, dos terceros puestos y dos triunfos, uno en Alemania y el otro en el prestigioso circuito del Principado de Mónaco, en el que fue su mejor triunfo parcial en la máxima categoría del automovilismo mundial, porque logró arrancar en la tercera casilla hasta lograr el triunfo, que fue el primero de Williams, desde 1983, en ese legendario circuito. Montoya peleó hasta el final por el título de aquel año, pero su retiro en la última fecha, en Japón, lo dejó por segundo año consecutivo, en la tercera casilla. 

La última temporada de Montoya con Williams estuvo marcada por los malos resultados del monoplaza de esta escudería, cuya nariz (inspirada en la raya) generó polémica, a tal punto que a mediados de temporada tuvo que volver a su antiguo diseño. Aún así, el bogotano se las arregló para lograr tres podios, entre ellos, el triunfo en la última fecha, en Brasil, que fue la última victoria de la Williams por muchos años. 

El paso a McLaren 

Durante la temporada 2004, después de haber sido pretendido por escuderías como Toyota o Ferrari, Juan Pablo Montoya  fue confirmado como integrante del equipo McLaren, para el 2005. 

El nuevo equipo de Montoya había sido fundado por Bruce McLaren, un neozelandés que compitió en la Fórmula Uno y en las 24 horas de Le Mans, quien falleció a comienzos de los años setenta; dentro de sus pilotos más  ilustres se destacaron Mika Hakkinen, Ayrton Senna, Alain Prost y Niki Lauda.

Montoya compitió bajo el monoplaza MP4–20 propulsado por un motor Mercedes, que era el proveedor de dicho equipo y el nuevo patrocinador del colombiano; aún así, sus comienzos en el equipo británico no fueron los mejores: en las diez primeras fechas no participó en tres, y tampoco alcanzó podio alguno en las siete restantes. No obstante, el 10 de julio cosechó su primer triunfo con McLaren, al vencer en Inglaterra  seguido por el español Fernando Alonso y el finlandés Kimi Riakkonen. 

El piloto colombiano conseguiría dos triunfos más, uno en Italia, en donde logró un record histórico de velocidad en prácticas, y en Brasil, dos fechas antes del final de la temporada, fracción en la cual Fernando Alonso celebró el título de forma anticipada. Al final, Montoya terminó cuarto en la clasificación general, con 60 puntos. Esto dijo en su momento: “En ciertos aspectos, integrarme en McLaren fue más sencillo de lo que esperaba. El trabajo con los compañeros fue bastante bueno, aunque la manera de trabajar era completamente distinta a lo que yo estaba acostumbrado”[2].

Pese a ese primer año, el 2006 fue la culminación de Montoya en la máxima categoría del automovilismo mundial, al lograr solo dos podios y abandonar el campeonato a mediados de la temporada, un final que fue la confirmación de una mala relación entre el corredor y el propietario del equipo, Ron Dennis, con quien discutía continuamente; inclusive ocurrió un hecho que los alejó más: una lesión que sufrió Montoya, dice él, que jugando tenis, Dennis afirmó, que había sido por un accidente en motocicleta. 

Al final Montoya dejó la Fórmula Uno tras siete carreras ganadas, 15 segundos lugares y ocho terceros puestos; 13 poles, y 307 puntos sumados. 

Próxima edición: Semblanza 2. Juan Pablo Montoya en la Nascar y en las 24 horas de Daytona.    


[1] Hilton , Christopher; Juan Pablo Montoya; Intermedio Editores; 2003; Pág. 139. 

[2] Libro Oficial de la Fórmula 1 temporada 2005; CEAC; Pág. 13 

Crónica. Oraciones por Egan, desde el cielo

El 18 de julio de 2020, un niño de 13 años, que se había convertido en símbolo del triunfo de Egan Bernal en el Tour de Francia, en 2019, perdió la vida en carreteras de la Sabana de Bogotá. Hoy recordamos a Julián Esteban Gómez, precisamente en un momento difícil para Egan, por el grave accidente sufrido en la misma carretera, cercana a su natal Zipaquirá. Egan sabe que tiene un ángel en el cielo, que ora por su recuperación.

Egan Bernal, con Julián Esteban. Foto: elmundo.es.

Por Juan Diego Oviedo Alegría

Estudiante de la Especialización en Periodismo Deportivo de la Escuela Nacional del Deporte, END.

El llanto incontrolable, su puño cerrado golpeando el manubrio de su pequeña bicicleta, su mano derecha santiguándose (gesto muy propio de los colombianos) en señal de agradecimiento por un deseo concedido. Estas fueron las imágenes y escenas que coparon la atención de las cámaras que se apostaron aquel 28 de julio de 2019 en la plaza principal de Zipaquirá, Cundinamarca.

Era una mañana calurosa en la que cientos de habitantes de este municipio, reconocido por su Catedral de Sal, se preparaban para disfrutar de la mayor fiesta deportiva alcanzada por zipaquireño alguno. Entre centenares de asistentes, el protagonista de estas imágenes era un niño de figura delgada, camiseta blanca y casco azul, quien no superaba un metro con cincuenta de estatura y con tan solo 13 años de edad, y se destacaba entre la muchedumbre que se había congregado para ser testigo de la mayor hazaña que un deportista colombiano hasta ese momento hubiera logrado. Irrumpió entre los medios nacionales e internacionales por sus gestos espontáneos en los cuales se reflejaba el sentimiento de felicidad de millones de colombianos. 

Era Julián Esteban Gómez, un practicante y amante del deporte que más gloria le ha dado a nuestro país. Sus inicios se dieron en la modalidad del ciclo montañismo, entre los cuales tuvo como su primer entrenador al profesor Carlos Muñoz y posteriormente a Fabio Rodríguez de quien vale la pena recordar fue ciclista profesional en los equipos Pony Malta, Glacial y el Class Cajastur, además, uno de los gregarios de oro del ciclista suizo Tony Rominger, quien ganó en tres ocasiones la Vuelta a España.

Julián Esteban, a pesar de su corta edad, mostraba un talento innato para el deporte de las bielas y los pedales. Tanto era su amor por esta disciplina que no se cansaba de repetirle a su abuelo materno Guillermo Torres (a quien le decía “pa Guillermo”, como muchos niños en Colombia que ante la ausencia del amor y la figura paternal llaman de esta manera a sus abuelos): “cuando yo sea grande quiero ser como Egan Bernal, ganar el Tour de Francia y el Giro de Italia”.

Y para Julián, como para todos los aficionados en Colombia, llegó el tan anhelado domingo 28 de julio de 2019, cuando por primera vez para Latinoamérica en la historia del Tour de Francia, la cual es considerada por los expertos como la más grande prueba del pedalismo en ruta, un joven de tan solo 22 años, nacido en este pueblo cundinamarqués llegaba vestido con la camiseta amarilla a los Campos Elíseos, en París, Francia. Era Egan Bernal, a quien Julián, con mucho orgullo y amor lo llamaba “su amigo” y quien sería el pedalista más joven en los últimos 110 años en ganar, desde que Faber Francois, en 1909, lograra el título en la Ronda Gala, con algunos días más joven que el colombiano.

Grato recordar a Efraín el Zipa Forero, nacido en Zipaquirá el 4 de marzo de 1930, exciclista colombiano, ganador de cuatro campeonatos nacionales de ciclismo en ruta, en 1950, 1953, 1954 y 1955, quien en los anales de la historia quedará registrado como el primer campeón de la vuelta a Colombia del año 1951, luego de ganar siete etapas en esta carrera. 

Llanto y alegría de Julián Esteban, cuando Egan Bernal ganó el Tour de Francia. Foto: Quéhubomedellín.

Era perfectamente entendible la emoción y felicidad que Julián compartía con sus amiguitos y compañeros de equipo a través de la pantalla gigante ubicada en la plaza principal zipaquireña, por supuesto, si nunca antes el deporte colombiano había volado tan alto.

No se había podido comparar hasta la fecha el logro más importante por colombiano alguno con los títulos obtenidos en boxeo, automovilismo, fútbol, atletismo, levantamiento de pesas, bicicross, ciclismo, sin desmeritar los títulos en la Vuelta a España y el Giro de Italia. No cabe duda que Egan Bernal era el referente, el ídolo, el ejemplo a seguir para Julián Esteban, quien en su corta carrera deportiva había logrado triunfos en su categoría en competiciones como la Copa Mezuena, Copa Colombia y Panamericanos en Ciclo montañismo.

Pasaron cerca de doce meses para que los medios nacionales e internacionales tuvieran como noticia a Julián Esteban, pero como bien lo dice un cantautor guatemalteco “las nubes grises también hacen parte del paisaje”, y esas nubes se posaron sobre un hogar zipaquireño el fatídico 18 de julio de 2020, cuando siendo aproximadamente las 8 AM., Julián lejos de imaginarse que sería su última jornada de entrenamiento invitó a su “Pa Guillermo” y a su tío Guillermo Caicedo a dar una vuelta por los alrededores de la sabana cundinamarquesa.  Este mini pelotón de tres pedalistas rodaba por un camino entre las localidades de Zipaquirá y Cajicá, cuando infortunadamente en su trayectoria aparece en escena un tracto camión, cuyo conductor, según testigos del hecho, les empezó a pitar  fuertemente desde varios metros atrás, lo que pudo producir aturdimiento en nuestro valiente y pequeño pedalista, quien perdió el control sobre su caballito de acero y quedó atrapado en las llantas del vehículo, y murió de manera instantánea.

La infausta noticia conmocionó tanto al país y a la prensa internacional que este jovencito de tan solo 13 años volvió a las primeras planas de los medios de comunicación ya que era recordado como aquel niño que como ninguno gozó y disfrutó del título de su amigo y “parcero”. Por cosas del destino, hoy sus figuras engalanan un mural, obra de los artistas Luis Carlos Cifuentes y Emerson Cáceres pintado en honor al Campeón Egan Bernal y agregando unas alas a la figura de Julián Esteban, alas que no lo pudieron impulsar a lo más alto de las empinadas carreteras colombianas y europeas, como era su deseo.

Nunca sabremos hasta dónde habría podido llegar Julián Esteban en su carrera deportiva. Vale la pena destacar lo expresado por su técnico Rodríguez: “Estaba en el proceso. No puedo decir si iba a ser un buen escalador, si iba bien al reloj o en la montaña, porque a esa edad, pues se hace es un proceso con los niños”.

Lejos estábamos de imaginar que las lágrimas de emoción, su puño cerrado en señal de victoria, su mirada al cielo en agradecimiento de aquel 28 de julio de 2019 serían los mismos gestos que de impotencia y dolor viviríamos millones de personas por su trágica y repentina partida a la eternidad.

Ahora, el infortunio acompañó a Egan, su ídolo, quien se empieza a recuperar de las graves lesiones sufridas en un accidente, en la misma carretera. Egan tiene hoy al mundo entero del ciclismo orando por él, especialmente a Julián Esteban, desde el cielo.

Luis Carlos Cifuentes y Emerson Cáceres, creadores del mural en homenaje a Egan Bernal y Juan Esteban Gómez lo reformaron después de la muerte del niño, a quien le pusieron alas. Foto: Canal RCN.