La patinadora estadounidense Erin Jackson ganó la medalla de oro en los 500 metros, en el patinaje de velocidad, de los Juegos Olímpicos de Invierno, cinco años después de haber comenzado la transición del patinaje de carreras, al patinaje sobre hielo. Su historia es un aliciente para el patinaje colombiano.
Erin Jackson. Foto: Yahoo noticias.
El caso de la patinadora afrodescendiente estadounidense, Erin Jackson, es una muestra de las posibilidades que tienen los patinadores colombianos de alcanzar posiciones de privilegio, en el patinaje de los futuros Juegos Olímpicos de Invierno.
Jackson, de 29 años de edad, es una patinadora de velocidad estadounidense, además jugadora de roller derby, quien se había consagrado campeona en el patinaje sobre ruedas, de los Juegos Mundiales de Wroclaw, Polonia, en 2017.
Una vez terminó este certamen decidió pasarse al patinaje sobre hielo, con la intención de estar presente un año después, en los Juegos Olímpicos de Invierno, en Pyongchang, Corea del Sur, en los que participó en la prueba de 500 metros, y ocupó la posición 45, bajo la dirección técnica de Ryan Shimamijuro, quien desfiló en ese certamen con Colombia, luciendo la ruana boyacense, que fue la indumentaria nacional, porque también era entrenador de Pedro Causil.
Una vez concluyeron esos Juegos de invierno, Erin permaneció en el patinaje sobre hielo, y durante los cuatro años siguientes adelantó una preparación rigurosa, orientada a los siguientes Juegos de Invierno, los de Beijing, en China.
En su segunda participación, Erion Jackson logró la medalla de oro en la prueba de speed skater, y se convirtió en la primera mujer afrodescendiente que se consagra en unos Juegos de Invierno.
“El secreto de Jackson fue que, en cambio de regresar al patinaje sobre ruedas una vez terminados los Juegos de Corea, continuó entrenando y participando en los cuarto años siguientes en las programaciones sobre hielo, abrigando la ilusión de alcanzar un oro olímpico en Beijing”, afirma Hélder Navarro Carriazo, jefe de Misión de Colombia, en los recientes Juegos Olímpicos de Invierno.
Agrega el dirigente que este ejemplo “nos abre una perspectiva de análisis interesante para los colombianos, en la medida en que Jackson lleva sólo cinco años en la transición del patinaje de carreras al patinaje en el hielo. Respetando la autonomía de la Federación Colombiana de Patinaje, este es un ejemplo, desde el punto de vista técnico, para los futuros programas que pueda desarrollar esta entidad, porque cuando se hizo el proceso con Pedro Causil para los Juegos de Pyongchang en 2018, la transición fue de sólo dos años y el corredor logró ubicarse en un puesto intermedio al terminar 20 en la prueba de patín de velocidad. Pero Pedro no continuó en el proceso del patinaje en el hielo, como sí lo hizo Erin. Entonces es interesante ver cómo la transición sí puede hacerse y pueden ser exitosos los patinadores de ruedas, si se continúa con un proceso gradual y permanente en el hielo. Este será un punto para analizar entre el Comité Olímpico Colombiano, el Ministerio del Deporte y la Federación Colombiana de patinaje”.
Agrega Hélder Navarro, que ya se están dando importantes pasos para apoyar a los atletas colombianos invierno: «Al nivel del desarrollo nacional, del deporte del esquí, estamos introduciendo, con unos equipos que ya adquirió el Comité Olímpico Colombiano, el roller esquí, que es la modalidad del esquí que se practica en verano. Son unos esquíes sobre ruedas, con unos bastones especiales, muy utilizados por los campeones de deportes de invierno, durante el verano. Es bueno recordar que ya nosotros hicimos una prueba de roller esquí, en Bogotá, antes de los Juegos Olímpicos de Pyongchang 2018, y la idea es volver a hacerla a finales de este año, también en Bogotá o en cualquier otra ciudad del país, en donde se está trabajando en las organizaciones de base, que son las escuelas de formación, en esta modalidad.
La siguiente anécdota, ocurrida durante la quinta Vuelta a Colombia, en 1955, fue una demostración de juego limpio y transparencia, no obstante la difícil situación que vivía su protagonista, el ciclista boyacense Guillermo Campos.
Foto: Señal Memoria.
Durante la Vuelta a Colombia de 1955, el ciclista cundinamarqués Guillermo Campos partió en la etapa que terminaba en Tulcán, Ecuador, enfermo de forunculosis, lo que le impedía sentarse en el galápago. El juez que le correspondió, un ex ciclista boyacense, movido por un sentimiento de solidaridad por el colega al ver su incómodo estado; el tiempo que había perdido ‑más de dos horas‑, y la imposibilidad de conseguir alojamiento en la ciudad ecuatoriana por la hora en la que llegaría decidió ayudarlo.
«Díganle a Campos que se suba en el carro y cuando estemos cerca se baja y termina la etapa». Así se lo informaron al corredor, quien de inmediato descendió de su bicicleta, se acercó a la ventana del vehículo y dijo:
«¿Que me suba en el carro, señor juez?»
«Si señor», respondió el juez.
De inmediato Campos le tiró la caramañola a la cara, mientras le decía: «Oiga juez, no me ayude, no sea sinvergüenza. Cumpla con su deber, que yo tampoco necesito que me regalen nada». De inmediato volvió a montar en su bicicleta y continuó la marcha.
En la noche, en el único hotel que quedaba y que tuvieron que compartir, Campos buscó al juez y le ofreció disculpas por su reacción en la carretera, pero le reiteró que su actitud no era la correcta.
Al otro día Campos terminó segundo en la etapa, y utilizó todos los medios existentes para dedicársela al caritativo juez que quiso ayudarlo.
Hernán Peláez Restrepo, David Cañón Cortés, Héctor Urrego Caballero, José Clopatofsky Londoño y Blanca Luz Uribe fueron condecorados por la Asociación Colombiana de Periodistas Deportivos ACORD Bogotá, en el Día del Periodista y Locutor Deportivo.
De izquierda a derecha: Ciro Solano Hurtado, presidente Comité Olímpico Colombiano; los galardonados, José Clopatofsky Londoño, Hernán Peláez Restrepo, Blanca Luz Uribe, Héctor Urrego Caballero y David Cañón Cortés; Ricardo Ruiz Espinel, Presidente Acord Bogotá, y Omar Alonso Patiño, vicepresidente de la entidad.
En la celebración del ‘Día del periodista y el locutor deportivo’ de la capital colombiana se escribió una página de oro para la historia de esta profesión en el país, con el homenaje en cuerpo presente y de manera simultánea del que fueron objeto varias leyendas que marcaron el camino para las siguientes generaciones.
Fue así como se exaltaron con medallas, placas conmemorativas y demás reconocimientos profesionales de la talla de Hernán Peláez Restrepo, David Cañón Cortés, Héctor Urrego Caballero, José Clopatofsky y Blanca Luz Uribe.
Las muestras de admiración y respeto a las carreras que cada uno ha forjado en su respectivo campo llenaron de emotividad la gala, en la que los periodistas deportivos de Bogotá se congregaron para reconocer a sus referentes.
Periodistas deportivos afiliados a Acord Bogotá, durante la ceremonia, en la cual fueron exaltados cinco colegas.
Los cinco tuvieron palabras de agradecimiento hacia sus colegas, medios de comunicación en los que trabajaron y para su propia afición, pues sus enseñanzas al frente del micrófono y sus crónicas sirvieron para que la audiencia colombiana aprendiera a distinguir a sus ídolos, el valor de sus hazañas en canchas y pistas, y hasta para entender de qué se trataba cada disciplina.
El evento tuvo el acompañamiento de Ciro Solano Hurtado, presidente del Comité Olímpico Colombiano, quien resaltó la labor que desde las salas de redacción y cabinas de transmisión han desarrollado los premiados; además, enalteció su contribución al crecimiento deportivo del país.
De esta manera se marcó un precedente para próximas eventos de exaltación, para aquellos que dejan huella y ponen en alto una noble profesión en la que los valores personales y profesionales siempre quedan al descubierto, haciendo de este oficio un libro abierto que día a día se va llenando a partir de quienes le entregan su vida a él.
Estos son, los méritos de cada uno:
Hernán Peláez recibe el reconocimiento de manos de Ricardo Ruiz Espinel, presidente de Acord Bogotá, y de Ciro Solano Hurtado, presidente del COC.
Hernán Peláez Restrepo Tiene la historia del fútbol colombiano en la cabeza y no por lo que le han contado, ya que con sus vivencias ha sido el encargado de recrear las gestas de grandes figuras que no quedaron en video. Ha puesto al periodismo deportivo en un sitial de privilegio, dándole dignidad y respeto.
David Cañón Cortés Institución del periodismo deportivo en Colombia. Con sus innovaciones e ideas se mostró como un adelantando a su tiempo y dio ejemplo de cómo con creatividad se pueden crear formatos atractivos para la audiencia. Su recorrido lo hace un verdadero maestro de la profesión. David Cañón Cortés ha seguido sembrando frutos en el deporte, porque desde hace varios años, forma parte de la Academia Olímpica Colombiana.
Héctor Urrego Caballero El ‘profe’ no solo se ha encargado de transmitir las gestas del pedalismo colombiano en sus 50 años de carrera en el micrófono. También ha sido un pedagogo para generaciones que aprendieron de ciclismo oyendo sus lecciones. Sin él, seguramente la afición no tendría a la bicicleta como deporte nacional.
José Clopatofsky Londoño Su labor quijotesca lo ha hecho grande en el campo de los motores, mostrando que hay todo un mundo detrás de ellos ,en un país en el que apenas hay un autódromo. Hoy en día es objeto de consulta y toda una biblia del tema al ser visto como faro, luz y guía por más de una generación.
Blanca Luz Uribe recibe el reconocimiento entregado por Ricardo Ruiz Espinel, presidente de Acord Bogotá.
Blanca Luz Uribe Es una de las mujeres que a punta de profesionalismo abrió el camino en los medios deportivos para que muchas comunicadoras quieran seguir sus pasos y brillar con autoridad y carácter. Sin ella, la mujer periodista no tendría el espacio ganado hasta hoy, ya que fue la primera jefe de prensa de un equipo de fútbol profesional que hubo en Colombia.
El futbolista guajiro Luis Díaz ha llegado al Liverpool, unos de los clubes de fútbol más grandes del mundo, gracias a una carrera brillante, que lo ha consagrado en importantes escenarios, gracias a su enorme talento. El siguiente es un video de Janeth Camacho, en el cual la periodista destaca características deportivas y personales de Díaz, como la sencillez, que lo hacen un modelo persona y de atleta.
El mundo del béisbol se conmovió la semana anterior, por el fallecimiento de Ernesto Jiqui Redondo, un guerrero de oro, referente del béisbol. Su impronta, como campeón mundial con Colombia, medallista en juegos centroamericanos y del Caribe y forjador de talentos lo ubica en el olimpo de los dioses.
Ernesto Jiqui Redondo, en su mejores años. Foto: Federación Colombiana de Béisbol.
Por Freddy Jinete
Periodista
Ernesto Jiqui Redondo, nacido en el tradicional barrio Getsemaní, en Cartagena, representó desde muy joven a Colombia, con honor, orgullo e hidalguía, primero como lanzador y luego como receptor.
Formó parte de la delegación de Colombia en la Serie Mundial Caracas 1945; obtuvo Medalla de Oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 1946, y se consagró con el equipo nacional, campeón en la Serie Mundial Cartagena 1947.
Ernesto Jiqui Redondo fue uno de los primeros peloteros colombianos en jugar en el béisbol organizado en Estados Unidos, además estuvo jugando en Nicaragua, en donde demostró la alta calidad de este deporte en Colombia.
En el béisbol de su Cartagena del alma cumplió varios roles: administrador del Estadio Once de Noviembre, manager, entrenador, forjador de muchos jóvenes, además de criar una familia orgullo de Colombia.
Fue también un caribeño genuino y original. Son muchos los cuentos, anécdotas, apuntes, con los cuales deleitaba a quienes tuvieron la fortuna de compartir con el legendario; hoy, sus chistes hacen parte de la antología de Cartagena.
Personajes como Ernesto José Jiqui Redondo Guerrero nunca mueren, permanecen por siempre en la memoria colectiva del pueblo. El béisbol colombiano le agradecerá por siempre su aporte, entrega, compromiso, mística y enjundia.
Ernesto Jiqui Redondo, en sus últimos años. Foto: Federación Colombiana de Béisbol.
A los 12 años de edad Lady Ruano descubrió su pasión, el tenis de mesa. A los 23, casi la pierde. A los 30 la recuperó por completo y a los 35 cumplió el sueño de la vida, estar en unos Juegos Olímpicos, los de Rio-2016. Esta es una historia que representa el coraje de la mujer colombiana
Lady Ruano.
Por Filiberto Rojas Ferro
Coordinador de Comunicaciones del Comité Olímpico Colombiano
El primero de abril de 2016 quedará en la memoria de Lady para toda la vida. Ese día derrotó a la mexicana Yadira Silva, por 4-1, con parciales de 8-11, 11-6, 16-14, 11-6 y 11-7, y conquistó uno de los dos cupos disponibles en América Latina para Rio-2016. Ese día, a los 35 años de edad, cumplió su sueño de estar en unos Juegos Olímpicos, .
Deportista innata, Lady siempre se destacó en el colegio por una condición atlética natural, que la llevó a ser una de las consentidas de Everardo Rodríguez, el profesor de educación física de la institución educativa Antonio Nariño, en donde emprendió el camino deportivo, y dio formación a su talento.
Primero se destacó en el baloncesto: logró un título con la Selección de Cundinamarca, en 1992. En ese torneo de Duitama supo que el deporte era su vida, pero debía encaminarlo por la senda ideal, por donde mejor se sintiera. Necesitaba encontrar el rumbo atlético que la llevara a cumplir sus sueños.
Si bien en la Escuela Antonio Nariño se fundamentó como deportista, en la casa encontró la pasión. Sus padres, Jaime Enrique y María del Carmen eran dueños del Club El Comercio, en el Carmen de Carupa -al norte de Cundinamarca-. El club tenía mesas de billar, juegos de azar y una atracción que la cautivó: la mesa de ping pong.
Esa fue la primera mesa de tenis que tuvo en frente. Allí ganó algo esencial para un deportista de alto rendimiento: se enamoró de la mesa, de la raqueta y de la bola. Perdía con su padre, él le hacía ‘trampa’, porque usaba efectos, esos que después Lady conoció a la perfección, domina con precisión y utiliza en su estrategia de cada partido para, por ejemplo, clasificar a unos Juegos Olímpicos.
Everardo Rodríguez y Javier Pulido fueron los primeros formadores de Lady. Bajo sus orientaciones logró varios títulos regionales que motivaron a su familia. Jaime Enrique y María del Carmen vieron su talento y como pioneros en su patrocinio deportivo se desplazaron a Bogotá para apoyar a Lady.
Ingresó a la Liga de Bogotá, se encontró con el entrenador chino Wu Zhiao Zhu, quien la dirigió para conquistar los primeros títulos nacionales y ese talento trascendió a medallas internacionales, una de las cuales generó el compromiso para dedicarse al alto rendimiento, para hacer del tenis de mesa un estilo de vida.
Con 16 años, Lady integró la Selección Colombia Sub 21. Viajó al torneo internacional de Coquimbo, en Chile, donde ganó el primer oro internacional, junto con Juan Pablo Ávila y entendió que el deporte era su vida, que una mesa, una raqueta y una bola la acompañarían por mucho tiempo. Allí emergió el sueño olímpico. En Chile, con 16 años nació una ilusión, que 19 años después se hizo realidad.
La interrupción
Cuando atravesaba por uno de sus mejores momentos deportivos, a los 23 años de edad y se acercaban los Juegos Olímpicos de Atenas y podía iniciar un camino serio rumbo a Pekín-2008 vino la frustración en la vida de Lady. El sueño se interrumpió, cuando menos lo pensó. Luego de ganar el Campeonato Suramericano, la Federación Colombiana de Tenis de Mesa consideró que Lady no reunía las condiciones para ser parte de la Selección Nacional y la excluyó. La rubia, de un metro con 57 centímetros de estatura, recuerda que fue “sin argumentos, ni sustentación técnica”.
Ese vacío deportivo generó una crisis emocional y hasta existencial, porque una decisión externa frenó su meta, frustró su ilusión y obligó su retiro del alto rendimiento. Se dedicó a estudiar y a trabajar. Pero como el deporte era su razón de ser, ingresó a la Universidad de Cundinamarca para iniciar la carrera de Ciencias del Deporte y la Educación Física, con énfasis en entrenamiento deportivo. Ya era una ex deportista, que buscaría el camino de formar a otros.
Fueron siete años de transitar por las aulas y el trabajo. Lejos del deporte que la apasiona, intentó encontrar una nueva senda, pero fue imposible, porque “mi felicidad se encontraba en la mesa, la raqueta y la bola”. Tras siete años de estar lejos de su pasión volvió a entender que “debía luchar por cumplir los sueños y el mío siempre fue participar en unos Juegos Olímpicos”.
El regreso al sueño
Con el apoyo de su familia, el motor de su vida, con la frente en alto volvió en busca del sueño. Regresó a la Liga de Bogotá, se encontró con viejos amigos y con muchos desconocidos. Desempolvó la raqueta, se reencontró con la mesa y volvió a golpear la bola, con más autoridad, con experiencia, con las ganas de cerrar y superar un capítulo del cual “salí fortalecida, como persona y como deportista”.
“De la mano de Dios y con el apoyo de mi familia, volví a entrenar y a participar en las competencias nacionales, claro, una vez hubo cambio en los directivos de la Federación”, recuerda Lady, quien se llevó una grata sorpresa en su regreso: “con muy pocas semanas de entrenamiento, de nuevo estaba presente en todas las premiaciones”. La ex tenismesista estaba de vuelta y en corto tiempo ya era otra vez una de las mejores.
Se encontró con una gran profesional, amiga y compañera de batallas: Paula Medina. Mientras Lady estudiaba y trabajaba como ex deportista de alto rendimiento, ésta vallecaucana se había convertido en la primera tenismesista colombiana de la historia que clasificó a unos Juegos Olímpicos, a los de Pekín-2008 y luego repitió en Londres-2012. “Verla allá me hizo sentir mucho orgullo, satisfacción y deseos de estar allá con ella”. Por eso el regreso no fue al azar. No había tiempo para perder. La mente estaba en Rio-2016.
Cuando Paula asistió a Londres-2012, Lady ya había retornado. Se alistaba para afrontar los Juegos Nacionales 2012, con Bogotá. Ese fue el primer gran reto del regreso de Lady, y lo hizo por lo alto, pues ganó bronce en equipos femenino, bronce en dobles femenino, bronce en dobles mixtos y fue finalista de sencillos, que perdió con su amiga Paula Medina, 4-1. Lady se quedó con la medalla de plata y confirmó que estaba de vuelta. Ratificó que el sueño había vuelto a vivir.
Con Paula Medina, Lady Ruano logró labrar una brillante carrera en el ciclo olímpico.
El camino dorado
Con lo vivido en Montería durante esos Juegos Nacionales, bajo la orientación de Angello Mauricio Black, su compañero de lucha, uno de los encargados de devolverle la ilusión, en quien encontró la confianza para recibir la orientación en busca del sueño olímpico, Lady emprendió un camino dorado.
Trabajo de gimnasio, preparación física, buena alimentación, apoyo psicológico y mínimo seis horas de entrenamiento diario, fue el plan trazado por un grupo interdisciplinario que rodeó a Lady. Además de su familia y su entrenador Angello, al camino llegaron Humberto Serrato (psicólogo), Laura Rojas (fisioterapeuta), Johana Ledesma (nutricionista), Freddy y Camilo (preparadores físicos) y Juan Carlos Gutiérrez (metodólogo) todos para aportar su granito de arena en la construcción de un sueño.
El primer reto: Juegos Bolivarianos Trujillo-2013. Colombia ganó plata en equipos femenino y oro en dobles femenino, con Paula y Lady. El sueño empezó bien, dio un primer paso dorado, que aumentó considerablemente durante el 2014, tal vez el año de la consolidación definitiva de Lady.
Chile, sí, el país que mejores recuerdos le trae a Lady, en donde inició su sueño a los 16 años, volvió a aparecer para los Juegos Suramericanos Santiago-2014 y el reencuentro no podría ser mejor: bronce en equipos, plata en dobles y oro en sencillos. Sí, campeona de los Odesur, en individual, la mejor del continente. Y para darle más valor a la medalla, en la final venció a su amiga Paula.
Eso no fue todo en el 2014. Después llegaron los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz, México. El tenis de mesa fue en Xalapa y allí Lady ganó plata en equipos y oro en dobles, junto con Paula. Esa medalla de oro le significó a Lady ser una entre los 18 deportistas colombianos que llevaban ciclo olímpico dorado, camino a Rio-2016.
El 2015 fue de transición. Los Juegos Panamericanos Toronto-2015 no resultaron productivos, porque se venía un 2016 decisivo, determinante. El COC y el IDRD le apostaron al sueño de Lady, quien junto con Paula y Luisa Zuluaga emprendieron la recta final, la última estación y, como si el destino jugara a favor de Lady, Chile era el lugar, Santiago era la ciudad para conquistar el sueño.
El primero de abril de 2016, 23 años después de encontrar su pasión, 12, años después de su interrupción y cinco años después de su regreso, Lady hizo realidad el sueño de su vida, una meta cumplida que le permitió plasmar en la teoría para poder alcanzar su título profesional, pues la clave para clasificar a Rio-2016 “me llevó a escribir el trabajo de grado que me hacía falta para obtener mi título profesional en Ciencias del Deporte”
El 6 de agosto de 2016, Lady hizo su debut y despedida en los Juegos Olímpicos de Río, al perder ante la checa Iveta Vacenovska, 4-0, resultado que la sacó de la competencia, pero no de una historia brillante que la consagra hoy como histórica del deporte colombiano.
Damos apertura a una sección nueva, en la Revista Olímpica Digital, que permitirá compartir importantes documentos sobre el Olimpismo, que servirán para una mejor formación en valores y principios, de los integrantes de la familia del deporte. Comenzamos con los primeros temas del libro Educación Olímpica, del alemán Norbert Müller, profesor emérito en ciencias del deporte en la Johannes Gutenberg Universidad Mainz (JGU) y profesor senior de la Universidad de Kaiserslaute. Este libro fue publicado por el Centro de Estudios Olímpicos, CEO‐UAB, Colección Lecciones Universitarias.
Norbert Müller. Foto: Centro de Estudios Olímpicos.
1. Introducción
«Educación Olímpica» es un término que apareció por primera vez en la investigación olímpica y la educación deportiva en los años 1970 (Müller, 1975a). “Educación Olímpica” ¿significa el renacimiento de los ideales educativos de la antigua Grecia, o su propósito se limita a dar credibilidad al márquetin de los símbolos olímpicos? La pregunta se debe responder en términos de principios, y la respuesta está fuertemente arraigada a la historia y al concepto del Movimiento Olímpico moderno. Su fundador, el francés Pierre de Coubertin (1863‐1937) se consideraba ante todo un educador, y su primer objetivo fue llevar a cabo una reforma educativa (Müller, 1986a:1‐34). Su propósito, inicialmente restringido a Francia y a las escuelas francesas, era incorporar el deporte moderno en los planes de estudios escolares, e introducir también una educación deportiva para el cuerpo y la mente. Del deporte moderno en Inglaterra y, especialmente, de los conocimientos adquiridos sobre la educación en la escuela privada de rugby, había aprendido que la fuerza moral de la juventud puede desarrollarse de manera notable con la experiencia individual de la actividad deportiva y de ahí pasar a todos los ámbitos de la vida. Coubertin no utilizó el término “Educación Olímpica”, pero se refirió inicialmente a la “educación deportiva” y, de hecho, así se titulaba el libro que publicó en 1922, Pédagogie sportive. Ya en 1900, y no únicamente en las escuelas, había estado impulsando la idea de facilitar el acceso al deporte, no sólo para los adolescentes, sino también para la gente mayor, como una parte integrante recién descubierta de una educación completa (Coubertin, 1901).
Pierre de Coubertin. Foto: Centro de Estudios Olímpicos.
2. Educación para la paz, como punto de partida
Cuando era joven, en 1892, Coubertin tuvo la idea de renovar los antiguos Juegos Olímpicos, y este deseo se hizo realidad en Atenas, en 1896. Si bien sus aspiraciones educativas se habían limitado inicialmente a Francia, el éxito de estos primeros Juegos Olímpicos marcó para Coubertin la internacionalización de sus visiones educativas, donde su principal prioridad era la idea de la paz entre naciones.
En sus primeros escritos, Coubertin denomina a los encuentros deportivos internacionales “el libre comercio del futuro” (Coubertin, 1892), donde los atletas participantes son considerados “embajadores de la paz” (Coubertin, 1891). Sin embargo, como él mismo reconoció, tenía que ser prudente, y en el momento de fundar el CIO, en 1894, no comentó demasiado estos conceptos, porque no quería ⎯como afirma en un documento que nos ha llegado⎯ pedir demasiado a los deportistas ni asustar a los pacifistas. No obstante, con sus ideas de paz, Coubertin asoció una misión ética que, entonces y ahora, fue central para el Movimiento Olímpico y, si triunfaba, conllevaría una educación política. A principios del siglo XX, Coubertin intentó aportar un internacionalismo, iluminado mediante el cultivo de un nacionalismo no chauvinista. (Quanz, 1995)
Es precisamente la relación entre nacionalismo y paz internacional –unilateral en esos momentos, porque se consideraba una auténtica contradicción en los términos– la que forma el estimulante carácter distintivo y la fascinación por la paz del Olimpismo. Desde el principio, las visiones de Coubertin fueron compartidas por Naciones Unidas por un entusiasmo por la paz y un internacionalismo, que fijarían un sello ceremonial en sus pacíficas ambiciones. Estas ambiciones fueron influenciadas por su paternal amigo, Jules Simon. Simon fue cofundador de la Unión Interparlamentaria, creada en París, en 1888, y de la Oficina Internacional de la Paz, fundada en 1892 (Quanz, 1995:170‐178).
Así, los planes de Coubertin se extendieron desde el inicio, más allá de la organización de los Juegos Olímpicos cada cuatro años. Él quería que en el siglo XX la humanidad viviera el deporte como una interacción armoniosa de habilidades físicas e intelectuales, de manera que, establecido en un marco artístico y estético, el deporte constituyera una contribución importante a la felicidad humana. Los participantes en los Juegos Olímpicos eran, según Coubertin, los modelos de una generación joven que cambiaba cada cuatro años.
Foto: Politika Ucab.
3. «Religio athletae», como base antropológica
La pregunta sobre el contenido y el objetivo de una “Educación Olímpica” puede responderse únicamente si tenemos en cuenta el llamamiento que hizo Coubertin a favor de una aplicación contemporánea de la «religio athletae». (Nissiotis, 1987)
Coubertin recomendaba conocer la filosofía griega y otras filosofías europeas. El retorno a la antigüedad era su punto de partida, si bien con la opción de adaptarla al máximo a la edad moderna. Coubertin era ecléctico: leía un poco de todo, iba a la caza de los temas que le interesaban y así se formó un criterio propio. Emprendió un “diálogo” continuo con los eventos de su época, a partir de los que creó su “ideal Olímpico”.
Tres aspectos desempeñaron un papel importante en la creación de este ideal:
1. La época de Coubertin ya no tenía escuelas de filosofía propias. Hegel había sido el último proponente de un sistema filosófico global. Coubertin siguió las ideas de Hegel sobre la aplicación de la filosofía a la vida, las acciones y la moral.
2. En dicho periodo se impusieron los temas sociales, con las ideas de Karl Marx y la
Revolución Rusa, de octubre de 1917. Anteriormente, Coubertin ya había absorbido las
ideas del reformador social francés Frédéric Le Play y del historiador inglés Arnold
Toynbee. Coubertin consideraba que se hallaba entre el idealismo y la filosofía social hacia un nuevo realismo, con alusiones románticas, que había desplazado a la filosofía del
positivismo y se estableció como una “nueva ciencia” dentro de las universidades.
3. El espíritu del “internacionalismo”, conocido también como “universalismo”, iba de la
mano con el desarrollo de los medios de comunicación, el transporte y las
telecomunicaciones. Las exposiciones mundiales (Paris 1889 y 1900, St. Louis 1904)
contribuyeron a las comparaciones y al intercambio internacional.
Según Coubertin, este nuevo mundo necesitaba una “filosofía” total de ámbito mundial que pudiera describirse mejor como una “ideología” (Malter, 1969). El fraile dominico Henri Didon, probablemente la persona que ejercía una mayor influencia sobre Coubertin, además de Simon, le introdujo en el espíritu del ecumenismo propagado por su Orden (Müller, 1996a).
Este fue el origen de la idea de Coubertin sobre el universalismo, al que por transfiguración
sincrética le dio el nombre de “Olimpismo”.
Pero el postulado de Coubertin era y siguió siendo la filosofía griega. Él era helenófilo (Müller, 1986b:24‐76). Así, sus ideas no encajaban ni con los aspectos no filosóficos de la antigüedad ni con la filosofía europea moderna. De hecho, para él, la filosofía griega no era una teoría sino la vida misma.
En una reconstrucción de las ideas de Coubertin, el filósofo religioso griego Nissiotis señala que, según Coubertin, el “punto medio” correcto surgía de una lucha infinita entre los defensores de principios y sus detractores (Nissiotis, 1987). Por tanto, los valores propiamente dichos eran extremos inalcanzables para la mayoría de los filósofos, y lo mismo se aplicaba a los ideales olímpicos. Pero estos ideales se establecieron de todos modos, gracias a un esfuerzo consciente por considerar que se trataba de algo por lo que valía la pena luchar. A partir de este concepto básico, Coubertin desarrolló su “ontología deportiva”. (Nissiotis, 1987:138)
Sin embargo, en lugar de la palabra “deporte”, Coubertin utiliza a menudo el término “atletismo”. Él ve el deporte no como algo innato en el hombre, sino más bien ve al atleta persiguiendo el athlos (combate) griego, el premio concedido después de la competición. Así, el atleta necesitaba instinto, carácter y movimiento. Estas cualidades formaban la esencia del hombre perfecto, el «homme sportif» (Nissiotis, 1987:139).
En esta versión de la antropología, la fuerza muscular está vinculada a la fuerza de voluntad. En otras palabras, el atleta debe hacer un sacrificio conscientemente y no disfrutar simplemente del ejercicio de la fuerza sin pensar. Es el esfuerzo del hombre para ir más allá lo que le convierte en hombre. Según Coubertin, el hombre no es lo que es, sino lo que puede llegar a ser. Si se pudiera definir el hombre, sería su fin, así que siempre debe mirar adelante, para ver lo que le espera. Esta definición es básicamente una contradicción en los términos, puesto que niega la posibilidad de definir al hombre. Pero no es tanto un intento de definición, como un nuevo estilo de “filosofía”, una “explosiva filosofía de la vida” (Nissiotis, 1987:140).
Próxima edición: 4. El Olimpismo de Coubertin, entre la educación y la ideología.
Esta obra ha sido publicada como parte del proyecto educativo del Centro de Estudios Olímpicos (CEO-UAB), Lecciones universitarias olímpicas, promovido a través de la Cátedra Internacional de Olimpismo (CIO-UAB). El proyecto tiene como objetivo ofrecer acceso en línea a textos elaborados a expertos internacionales y dirigidos a estudiantes y profesores universitarios que tratan sobre las principales temáticas relacionadas con los Juegos Olímpicos.
El licenciado Jorge Zabala Cubillos fallecido el pasado sábado, 19 de febrero, pensaba que “La educación física siempre ha debido estar en el primer plano, pero la visión de cada momento histórico la relevaba a lugares secundarios. Hoy se pretende realizar lo mismo, en la medida en que se quiere permanecer en el pasado, sin atender al influjo del cambiode las nuevas necesidades, el conocimiento”. Este es uno de sus artículos, publicado en Scribd.
Foto: Concepto.
Por el licenciado Jorge Zabala Cubillos (q.e.p.d.)
No se trata de un simplismo retórico, sino, tal vez, de una metáfora para significar que la educación física en las condiciones contemporáneas tiene una enorme cobertura dentro de una nueva visión.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la humanidad inició un viraje insospechado, en la medida que iba avanzando el desarrollo científico técnico.
La experimentación, como base de la investigación científica, empezó a cuestionarse en la medida en que esa metodología no daba respuesta suficiente a las innumerables preguntas del ser humano.
El nuevo concepto de «materia», que se tradujo básicamente en procesos de energía, dislocó las diferentes ramas de la ciencia, que cada una agarraba por su lado, dando como resultado el fracaso de la «interdisciplinaridad».
En la medida que la ciencia separaba la teoría de la práctica, mas se alejaba de la realidad, hasta el punto de convertirse en algo insoluble en el proceso de la experimentación.
Al irrumpir la Cibernética, inicialmente como movimiento de la información, se adquieren una serie de rápidos avances en los procesos tecnológicos, que bien pronto nos llevaron a los conceptos de la automatización.
En este proceso, la visión del mundo ha venido cambiando, hasta el punto de tener una visión esférica, que deja atrás todos los paradigmas existentes.
El ser humano se encuentra en el centro del conflicto: mientras el mundo está aceleradamente cambiando, al igual que su propia realidad, se le sigue tratando con los viejos varemos de la ya obsoleta pedagogía positivista.
Cuando el movimiento en su forma más simple, la cibernética natural, hace que el accionar humano se ponga en el primer plano, en el momento presente, es la Educación Física.
La educación física siempre ha debido estar en el primer plano, pero la visión de cada momento histórico la relevaba a lugares secundarios. Hoy se pretende realizar lo mismo en la medida en que se quiere permanecer en el pasado, sin atender al influjo del cambio de las nuevas necesidades, el conocimiento.
El concepto totalizador del ser humano lo convierte en un ser ético social en su acción, que no tiene fronteras y cuyos linderos están en todo el proceso del conocimiento.
Se trata entonces, de profundizar, más no de especializar. He ahí la nueva formulación de la investigación. La educación física dejó de ser el trapecio de la maromería, para convertirse en el centro de la actividad humana en su más amplia expresión de desarrollo ético y de conocimiento, en el proceso de la cultura contemporánea.
Es preciso señalar que el conocimiento es de contenido social, sin esta condición no existe el conocimiento. También hay que insistir que el conocimiento se basa históricamente en el movimiento humano y si esto constituye, como lo decíamos anteriormente, la cibernética natural, significa, entonces, que la educación física está abocada a trasegar los más amplios caminos del desarrollo humano.
Los conceptos anteriores nos llevan ineludiblemente a revisar toda la estructura pedagógica que hemos aprendido en nuestras
universidades, puesto que hay necesidad de darle una nueva valoración al ser humano a través del conocimiento, que es el movimiento mismo.
Los conceptos educativos también tienen que variar puesto que las necesidades de la humanidad son otras, puestas en procesos socio económicos de inminente transformación.
La conciencia de la universalidad del ser humano y sus quehaceres en general, no eran objeto de histórica reflexión; se asumía como relación primaria en principio, para luego llevarla a planos de salvaguarda supra terrenal, es decir, las condiciones de pervivencia planetaria se enmarcaban en contextos ajenos a la observación científica y dejados a la incuria de la explotación sin control.
Foto: El Semanario sin límites.
Por Fabio Alfredo Navarro Pasquali
Filósofo de la Universidad Nacional, Abogado de la Universidad Libre de Colombia, Especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre, Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana.
Un ejercicio de vida.
Un mundo desaforado en términos de producción y de utilización indiscriminada de recursos naturales, no puede sostenerse como sistema planetario de vida digna para las presentes y futuras generaciones.
Lo anterior, debido a la estrecha conectividad entre los sistemas de vida, entendidos como la multiplicidad de especies animales y vegetales que constituyen y permiten el hábitat humano como continuidad sin distingo. Puede afirmarse, entonces, que mientras creemos habitar únicamente el presente, simultáneamente discurre el futuro.
La producción sin visión, ni efectiva ejecución en términos de sostenibilidad ambiental, que garantice la vida común y habitabilidad planetaria, influye directamente y ocasiona perjuicios de largo plazo sobre las condiciones de vida en general, incluyendo, por supuesto al humano. Así por ejemplo, un incendio en lo profundo de la selva amazónica no solo destruye vegetación que sirve de soporte a especies animales que a su vez constituyen cadena vital hasta alcanzar y satisfacer las expectativas de supervivencia de la especie humana, sino que, adicional a lo anterior, las columnas de humo alcanzan a llegar a miles de kilómetros del epicentro selvático afectando la calidad del aire de ciudades y parajes en la trayectoria.
Derechos intergeneracionales o los derechos de futuras generaciones como imperativo moral categórico presente.
Así entonces se hace necesario postular opciones para avanzar en la construcción de alternativas que permitan plantear el problema de la vida en función de los derechos intergeneracionales, y para ello, la dirección prevista por el imperativo categórico, entendido desde la enunciación de filósofos como Enmanuel Kant y Hans Jonas resultan pertinentes, dando alcance para este escrito, como conciencia ciudadana dispuesta en función del bienestar presente-futuro de generaciones humanas, asumidas como especie dentro del complejo escenario de la así llamada naturaleza. Es la Protección ambiental como condición de riguroso cumplimiento, al entenderse como premisa fundamental para la pervivencia de la vida humana, y en general planetaria, principio de razón universal. Es la responsabilidad social ambiental, entendida como conciencia y principio de razón universal capaz de trascender el tiempo y el espacio como garantía de vida planetaria para estas y futuras generaciones.
Puede evidenciarse tal preocupación en el pensamiento de Enmanuel Kant que frente a problemas de carácter universal como la razón y la paz entre las naciones, establece como condición el ejercicio moral, fundado en la razón como imperativo categórico.
Imperativo categórico como principio.
En Fundamentación de la Metafísica de las costumbres, Kant establece para el imperativo categórico la condición ética de ley inexcusable que debe servir de tejido y soporte del quehacer cotidiano, pues su incumplimiento acarrea consecuencias inquietantes impredecibles para la vida del ser humano. La diferencia entre hacer una promesa y cumplirla o no cumplirla, como lo señala Kant en el texto citado (pág.28), se expresa en términos de malicia, para el caso del incumplimiento y derivado de ello no se puede esperar que se cumpla una ley universal, como si es dable en el caso del obrar en función del imperativo moral fundado en la razón.
Las consecuencias inquietantes no serán entonces el resultado y el cumplimiento del imperativo moral fundado en la razón permitirá el asentamiento de las condiciones de una ley universal. “Yo no debo obrar nunca más que de modo que pueda querer que mi máxima deba convertirse en ley universal.” (Kant, 2003. p. 28)
Vale decir que esos planteamientos éticos Kantianos no son excluyentes de la protección del entorno natural, así no se mencione expresamente; bastaría entender que obrar de manera tal que se privilegie al ciudadano con el respetuoso buen trato, más allá de toda malicia y privilegiando la humanidad como forma de expresar salvo por las limitaciones advertidas, pues resulta claro que los conceptos sobre la naturaleza llevan a suponer esa exclusión, pero si la pretensión moral se expresa en función de la razón, dable es entender que pronto llegaría a la noción de protección del mundo natural, aún a pesar de ciertas consideraciones filosófico religiosas de la época, que sostenían el predominio del hombre como amo y señor de la naturaleza.
“Pero también es una limitación igualmente esencial de la misma razón, el no poder conocer la necesidad, ni de lo que existe o de lo que sucede, ni de lo que debe suceder, sin poner una condición bajo la cual ello existe o sucede o debe suceder” (Kant, 2003. p. 75)
La conciencia de la universalidad del ser humano y sus quehaceres en general, no eran objeto de histórica reflexión; se asumía como relación primaria en principio, para luego llevarla a planos de salvaguarda supra terrenal, es decir, las condiciones de pervivencia planetaria se enmarcaban en contextos ajenos a la observación científica y dejados a la incuria de la explotación sin control.
Las condiciones de vida en algunos continentes preservados por culturas milenarias fueron alteradas por distintos hechos que signaron el devenir de los tiempos y, por supuesto, de la naturaleza en sus distintas manifestaciones. En general pensar en la naturaleza era asumir su eternidad sin tener en cuenta, siquiera, la noción de evolución y extinción de especies y su conectividad vital.
“Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos.” Jorge Luis Borges. (Citado La sexta extinción. Una historia nada natural. Elizabeth Colbert.)
La linealidad de la historia llevaba a asumir el principio y el fin de los tiempos como hechos de forzoso cumplimiento, un paso de los años y de los siglos que no advertía al respecto de circunstancias planetarias. No se concebía siquiera la remota posibilidad de una catástrofe ambiental que pudiera llevar a la extinción por acción directa o indirecta del ser humano, ni la estrecha relación de la vida humana con el entorno amplio y a la vez oculto en intrincadas selvas, bosques, páramos, mares, ríos etc.
Por ello, quizá, el imperativo categórico dentro de la obra Kantiana se dirige expresamente a establecer las condiciones de vida en común, todo ello desde la perspectiva de la universalidad, entendida como la capacidad del individuo de actuar conforme a máximas por medio de las cuales sea posible encontrar acuerdos de vida.
Es claro que plantear una ley universal para el actuar del común de las gentes entraña dificultades, quizá insalvables, pero si el ideal de universalidad asociado a imperativos fundados en la razón, versan sobre puntos específicos de bienestar común global, son probables. Por ejemplo, es posible plantear acciones individuales que en la vida práctica redunden en bienestar colectivo, ejercicio que lleva desde la necesidad del individuo y su obrar como tránsito hacia el bienestar colectivo y en ello cabe perfectamente la protección del medio ambiente.
Ejemplo de lo anterior puede darse cuando un ciudadano – campesino, al observar un incendio forestal del páramo que habita, concita a sus vecinos a controlar y apagar las llamas, como efectivamente sucede. Ahora bien, puede pensarse en el tránsito de la razón individual fundada en principios de moral como imperativo que trasciende a lo universal con el actuar solidario de la comunidad en la extinción del fuego, que además permite salvar especies animales y vegetales y a miles de kilómetros de distancia mantener la calidad del aire que respiran anónimos citadinos. (Continuará).
En medio de la polémica por su salida de la Fórmula Uno, Juan Pablo Montoya volvió a los Estados Unidos donde incursionó en una serie mediática pero al mismo tiempo desconocida: la Nascar, además de hacer presencia nada menos que en una de las carreras más importantes de ese país: las 24 Horas de Daytona, donde consiguió tres triunfos.
Montoya corrió en Nascar de 2006 a 2013, y logró tres victorias.
Por Jorge Camilo Puentes
Periodista
Fotos: Facebook de Juan Pablo Montoya.
Concluida de forma prematura su etapa en la Fórmula Uno, Juan Pablo Montoya volvió a los Estados Unidos, pero en esta oportunidad, a incursionar en la serie Nascar, el famoso campeonato de autos en serie, con una gran maquinaria comercial respaldada en ese país, pero al mismo tiempo muy poco conocida a nivel mundial, comparada con otros campeonatos de automovilismo.
La llegada de Montoya en su momento fue una oportunidad para la categoría de llegar al mercado suramericano. Ya había algunas incursiones en México, con la realización de algunas carreras e, incluso, una divisional para los pilotos locales; pero ya Suramérica era un nuevo escenario.
Eso sí, su paso no fue bien visto en Colombia, ya que muchos lo catalogaban como un preludio a su retiro o un paso atrás en su carrera. Los más románticos aseguraban que con esto se ponía punto final a la ilusión de ver a un colombiano como campeón mundial de la máxima división en el automovilismo.
Aun así, el bogotano tuvo un primer año marcado por su periodo en la Fórmula Uno, en el que participó en algunas pocas carreras de Nascar, en calidad de fogueo o preparación, al tiempo que cumplía compromisos comerciales con la marca alemana Mercedes Benz; en total hizo presencia en tres pruebas de 2006 de la mano de su antiguo patrón: Chip Ganassi; en todas ellas no concluyó.
En su periodo en Nascar ,el bogotano se reencontró con su antiguo jefe Chip Ganassi, así como con sus antiguos colores.
Los inicios
El debut absoluto de Juan Pablo Montoya sería al año siguiente, con Chip Gannasi y a bordo de un Dodge Charger, un vehículo en apariencia más pesado que lo que acostumbraba manejar, aunque con menor caballaje. Así, y con 32 años, el colombiano volvía a ser novato en una competencia; concluyó esa temporada con una victoria y un segundo lugar, además de quedar en el puesto 20.
Uno de los grandes desafíos del volante nacional fue el competir en un escenario en el cual llevaba mucho tiempo en no correr: las pistas ovaladas (había estado en ellas, pero en monoplazas); de hecho su única victoria en ese año fue en el Circuito de Sonoma, aunque también obtuvo un segundo lugar fue en un sitio muy popular para él: el óvalo de Indianápolis.
Ese mismo año, Montoya lograría su primera gran victoria en su regreso a Estados Unidos: las 24 Horas de Daytona,. De la mano del equipo Chip Ganassi y con un automóvil prototipo logró la primera de sus tres victorias, teniendo como compañeros al mexicano Salvador Durán y al local Scott Pruett, un histórico del automovilismo americano. Debemos aclarar, que la carrera se hace en un ovalo adaptado para la realización de esta prueba, que se cumple desde 1966.
Sus mejores años en Nascar
Para el 2008, en Nascar, Montoya no saboreó triunfos, logró un podio y al final quedó en la plaza 25 de la general, aunque repitió victoria en Daytona con Scott Pruett compartida con otros dos pilotos: el mexicano Guillermo Rojas y el escocés Dario Franchitti, quien había sido su rival en la serie CART, en 1999.
El 2009 sería sin duda, el mejor año del colombiano en la serie americana de autos de producción, porque terminó octavo en la clasificación general, con más de 6.000 puntos acumulados en la temporada. No ganó carreras, pero al menos logró cinco podios en la competencia, su mejor producción en Nascar.
La victoria no volvería sino al año entrante, cuando conquistó el primer puesto en la fecha 22, cumplida en el circuito de Watkins Glen, aunque no pudo mejorar su participación en la general y quedó por fuera de los primeros 10 puestos.
Declive en Nascar y tercer triunfo en Daytona
Montoya seguiría tres temporadas más en Nascar, de la mano del equipo Chip Ganassi, pero no volvió a ganar más carreras; de hecho solo consiguió dos podios más y tampoco pudo terminar dentro de los diez primeros puestos de la clasificación general; eso sí, en ese periodo logró su tercera victoria en las 24 Horas de Daytona, acompañado del mexicano Guillermo Memo Rojas y los estadounidense Scott Pruett y Charlie Kimball.
Con este triunfo el bogotano quedaba como el segundo latinoamericano con más victorias en esa carrera. Compartió dicho honor con el mexicano Memo Rojas y el brasileño Cristian Fittipaldi (uno de sus rivales en la serie Cart) y quedó a una victoria del mexicano Pedro Rodríguez, el latinoamericano más exitoso en Daytona.
Las victorias de Montoya en Nascar, fueron todas en circuitos más no en óvalos, una de ellas, en el mítico Watkins Glen.
Fiebre de automovilismo en Colombia
Durante el periodo de Montoya en Nascar, Colombia comenzó a ver una nueva semilla de pilotos que, inspirados en su legado, comenzaron a incursionar en el automovilismo mundial, en busca de emular lo hecho por el colombiano.
Nombres como Sebastián Saavedra, Gustavo Yacamán, Omar Julián Leal, Carlos Huertas, Carlos Muñoz y Óscar Tunjo comenzaron a sonar en el plano internacional al ganar carreras en Estados Unidos y Europa y alimentar la ilusión de tener a otro nacional en la Fórmula Uno. No obstante, muchos de ellos se quedaron en el camino o siguieron en otras modalidades de este deporte, debido a los altos costos que implica llegar a esa instancia.
Para el 2014, el equipo de Nascar busca hacer una renovación, y ese proceso termina por afectar a Juan Pablo Montoya, quien no sigue más en la escuadra; en consecuencia, deja el equipo y la serie Nascar aunque a los 39 años da otro importante salto, al volver a la IndyCar y con el equipo Penske, uno de los más emblemáticos del deporte motor estadounidense.