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Beijing 2022. Medalla de oro a la autenticidad colombiana

Beijing 2022. Medalla de oro a la autenticidad colombiana

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La indumentaria de Colombia en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno Beijing 2022 causó impacto por su originalidad y belleza, frente a exclusivos diseños de países más avanzados, en materia de moda. Estuvimos en Iza, Boyacá, en busca de conocer cómo nacieron estas prendas, y nos encontramos con un telar casero, lleno de sencillez y autenticidad colombiana.

Colombia, en la inauguración de los Juegos Olímpicos Beijing 2022.

Por Alberto Galvis Ramírez

Director de la Revista Olímpica del COC

En la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Invierno, en Beijing, China, el pasado 4 de febrero, desfilaron una gran variedad de muestras de culturas del mundo, representadas en modas sofisticadas, en su mayoría, que pretendían informar sobre cada país e impactar por la belleza de los diseños. Muchos de ellos provenían de exclusivas fábricas, creadas por talentosos artistas, formados en aventajadas escuelas y correspondían a costosas prendas, que impactaron a los millones de televidentes en el mundo.

De pronto, cuando se ponderaba la calidad de lo exhibido por representantes de sociedades desarrolladas como Inglaterra, Alemania, Francia, Estados Unidos, Rusia, y muchas más de ese nivel, apareció una diminuta delegación de cinco integrantes, que lucían unos extraños atuendos, tal vez túnicas, quizá capas o  casullas, o… a lo mejor ruanas, que de inmediato impresionaron por su singular belleza, complementada por unos sombreros clásicos, de 27 vueltas.

Ahí estaba la delegación de Colombia, en efecto, con unas singulares ruanas dobles con capota, que atraparon las miradas de los televidentes y de los asistentes al majestuoso Nido de Pájaros, estadio en el cual se desarrollaba la ceremonia de inauguración.

Ante ese impacto visual generado, quisimos constatar en dónde se fabricó esa indumentaria, y nos llenamos de sorpresa, por la elementalidad de su fabricación, y de felicidad, a la vez, por tratarse de una expresión de nuestra nacionalidad, que admiró el mundo en esos pocos segundos de exposición.

Panorámica de Iza, Boyacá.

La curiosidad nos llevó hasta el lugar en el cual se fabricaron estas prendas, en la población de Iza, Boyacá, a 90 kilómetros al nororiente de Tunja, la capital, un municipio que forma parte de la provincia de Sugamuxi, y que parece haberse detenido en el tiempo, por allá a finales del siglo XVII, en Europa, cuando las economías dependían de prácticas aún medioevales y de simples telares familiares. 

El nombre del municipio proviene de “za”, palabra muisca que significaba “noche” y “concubina”. Por esta considerada ofensiva acepción, a finales del siglo XIX se cambió por Santa Isabel, pero pudo más el amor de los nativos por sus ancestros, que la dura palabra, y pronto se le devolvió su nombre original.

Iza aparece de pronto al frente del viajero, que piensa que es tan pequeña como el nombre. En efecto, la zona urbana es pequeña, pero encierra una grandeza única representada en su arquitectura colonial, que le valió su declaratoria como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional, por el Ministerio de Cultura, en el año 2002, y en sus tejidos de algodón y lana virgen, con variados y atrevidos diseños contemporáneos, que rompen con la tradicional y clásica ruana boyacense, para exhibir una combinación del pasado indígena con la creatividad del presente.

Frente del taller Rebancá.

Al final de una estrecha calle empedrada, con casas de barro, techos de teja, puertas labradas en madera brotada de su misma tierra y engalanada con hermosos totumos fabricados en Casa Caminos, que hacen alusión al reconocido espíritu caminante de sus nativos, se encuentra ubicado el Taller Rebancá, en donde se creó la indumentaria colombiana en Pekín.

La casa es sencilla y no anuncia nada diferente a lo que realmente es: un taller artesanal, dotado de clásicos telares, manipulados manualmente por jóvenes y creativos artistas, que toman la lana virgen lograda luego de trasquilar con cariño a los ovejas boyacenses, y le dan un tratamiento muy esmerado, de acuerdo con unos diseños elaborados previamente.

Francisco Gomez, el creativo del Taller Rebancá.

Francisco Gómez, propietario de Tejidos Rebancá Casa Taller, es un joven artista plástico de 29 años, graduado en la Universidad Nacional de Colombia, quien coordina a otros jóvenes, les expone sus ideas y lidera el trabajo de creación exclusiva de diseños, que se fabrican por encargo y no en cantidades industriales, que requerirían de una producción en serie, que ganarían en cantidad y perderían en la calidad que brindan las manos que entrelazan los materiales con especial cuidado.

“Nosotros, como taller, siempre hemos explorado la ruana como corte, que no es una ruana tradicional, pero sí tiene un corte sencillo, rectangular, como parte de la ruana  tradicional. Lo que nosotros hacemos es añadirle diversos elementos que permiten que se pueda utilizar de una forma diferente a la ruana tradicional, como las mangas y la capota, pero siempre preservando la técnica de la ruana tradicional”, así explica Gómez, el sentido de sus producciones. 

Las ruanas se elaboraron con los tradicionales métodos de tratamiento de los telares boyacenses.

Agrega: “Tejidos Rebancá es un taller de moda artesanal, que busca investigar, rescatar, valorar y compartir técnicas y oficios textiles ancestrales del altiplano cundiboyacense, como el tejido en telar horizontal, el hilado a mano y la tintura con plantas, así como técnicas provenientes de otras regiones, como los fieltros húmedos y los secos”.

Señala también que: “trabajamos colaborativamente con tejedores y  artesanos hilanderos de Sogamoso, Iza, Firavitova, Corrales, Beteitiva, Psca, Tota y Cuitiva, en Boyacá, así como con productores de seda natural del Cauca.

La lana virgen, materia prima de las ruanas.

La fabricación de la indumentaria que utilizó Colombia en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, en Beijing, tuvo una duración de tres semanas, a partir de la solicitud del Comité Olímpico Colombiano, que escogió el corte final, con mangas y capota, es decir una combinación de ruana y abrigo, por las bajas temperaturas de la capital china. 

“El Comité escogió los colores, que hacen referencia a un lugar de la geografía colombiana, Caño Cristales, y a partir de ahí se hizo un trabajo de tintura, mediante  inmersión, para lograr esos dos colores predominantes, que son el rojo oscuro y el azul, y se desarrolló todo el trabajo de tintura, corte y confección.

Este diseño generó un impacto tan grande en muchos sectores de Colombia y del exterior, representado en mensajes de felicitación, solicitudes de catálogos,  entrevistas de diferentes medios y multiplicación en redes, que dejaron tan expuesto el taller, que en unas semanas saldrá una nueva producción, tanto para Colombia, como para otros países.

Ciertamente, nuestro país no es fuerte en el tema de los deportes de invierno, porque apenas se atraviesa por una etapa de motivación; por esa razón, las posibilidades de obtener una medalla en Beijing 2022 son lejanas. Sin embargo, lo logrado con la indumentaria lucida en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, vale como una medalla de oro a nuestra autenticidad y a la creatividad de sus jóvenes talentos.

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