Medallistas. Mariana Pajón «se come el mundo pedalazo a pedalazo»

Por Dúver Alexander Pérez

Director Comunicaciones Comisión Antioqueña de Bicicrós

¿Nuestra Jordán, nuestra Comanecci, nuestra Pelé? ¡Naaahhh! Nuestra Mariana. Algunos nos conformamos con trascender en pequeño, pero ella se comió el mundo pedalazo a pedalazo, salió del partidor y cruzó la línea de meta para marcar una época.

Foto: Comité Olímpico Colombiano.

No volveremos a ver algo igual, y no me refiero a los títulos, pues quizá tendremos en el futuro una múltiple campeona mundial y una triple medallista olímpica; sin embargo, no volveremos a escribir sobre una corredora que creció compitiendo con hombres y no por fogueo, sino porque no había mujeres para competir.

No tendremos la oportunidad de escuchar nuevamente anécdotas de la mujer que vapuleaba a los varones, de las veces que tuvieron que intervenir externos porque los hombres no soportaban ver que una niña les ganara y explotaban iracundos cuando solo lograban ver su llanta trasera.

No escucharemos sobre las tantas ocasiones en las que la mandaron a la lona, pero se la encontraron de nuevo en la zona de salida, como si nada hubiese pasado.

No tendremos un crecimiento del 300 por ciento de un deporte después de una medalla, ni veremos una y otra vez en redes los mensajes de “Yo quiero ser como ella”.

No veremos de nuevo a una deportista que en una final olímpica juegue con la cámara mientras esta le enfoca, pero que apenas cae el partidor se lo toma tan en serio, como si la felicidad de una nación dependiera de sus saltos, movimientos y destreza.

Quizá y hasta ella lo deseará, por las pistas de Medellín vuelva a surgir un talento capaz de poner a un país en el mapa y obligue a que los ojos del mundo se posen sobre estas montañas.

Que traiga competencias internacionales a estas tierras y haga que los mejores de esta disciplina se enamoren de la arepa, los frijoles y el carisma de nuestra gente.

Tal vez tendremos una nueva bicicrosista de talla mundial, categoría rockstar, de portadas de revistas y campañas publicitarias, pero lo que hemos vivido de cuenta de esta mujer por más de dos décadas, jamás lo volveremos a ver.

Medallistas. Lorena Arenas cumplió el sueño de la marcha colombiana

Por Fredy Pulgarín Serna

Periodista de Acord Antioquia

Toallas frías en los cuellos de las atletas, gorras heladas para calmar el sol japonés e hidratación a cada paso durante los 20 kilómetros de la marcha olímpica, acompañaron a las 58 atletas que compitieron en la tarde del 6 de agosto, dos de la mañana en Colombia, en una de las competencias más antiguas del mundo deportivo, la marcha atlética.

Por primera vez, en una prueba que se disputa oficialmente en los Juegos Olímpicos desde 1908, con competencias de 3.500 metros y 10 millas, una atleta nacida en Suramérica se subió al podio de la marcha femenina, logrando una histórica medalla de plata y la euforia colectiva para todo un país.

El viernes 6 de agosto fue el día en que una colombiana introvertida, callada y tildada muchas veces de “malgeniada” hizo historia para el atletismo colombiano. “Soy de mal genio, y eso me ha servido para mi carrera porque es un impulso. No le hago daño a nadie; la ira la utilizo para que me vaya bien, para aguantar, es un combustible de motivación”, dijo a un medio de comunicación nacional, después de la competencia.

El Parque Odori de Sapporo, en Japón presenció cómo una pequeña mujer, de escasos 1.60 metros de estatura y poco más de 46 kilos cruzó la meta en 1:29:37, a solo 25 segundos de la italiana Antonella Palmisano, la medallista de oro. Un respiro profundo, desde las entrañas, y unas lágrimas honestas con las últimas fuerzas que tenía, fue la manera como Sandra Lorena celebró después de la extenuante competencia. Marchar a menos de cuatro minutos por kilómetros golpea fuertemente el cuerpo, y mucho más cuando el atleta debe estar siempre en contacto con el suelo, pues un pie siempre debe tocar el piso mientras se levanta el otro, regla fundamental de la marcha atlética, y que desgasta, mucho más que al correr.

Lorena Arenas se consagra campeona panamericana de los 20 km., en Lima 2019. Foto: cortesía Juegos Panamericanos Lima 2019.

Desde su salida, Sandra Lorena ocupó lugares privilegiados en el pelotón de la carrera. Su paso firme demostró la gran preparación que tuvo todo el equipo de marcha colombiana, conformado por nueve atletas dirigidos por el campeón mundial de los 20 km. Marcha, en 2010, Luis Fernando López.  Para el kilómetro 16, ya la carrera se hizo larga. En diez segundos solo estaban seis marchistas, entre ellas, la colombiana que se ubicaba tercera, acercándose a la china Jiayu Yang, segunda, y con buen margen frente al resto de las atletas.

A falta de dos kilómetros, los jueces hicieron parar a Yang, dándole paso a la colombiana, que junto a la brasileña Erica Sena disputaron esa última etapa de la carrera. Sin embargo, la atleta carioca sufrió una penalización que le apartó de la competencia y tuvo que detenerse cuando estaba a punto de alcanzar a la colombiana. Con el camino despejado, Sandra Lorena terminó su prueba a solo 25 segundos de la italiana, y entró, de inmediato, en llanto.

“Siento una felicidad inmensa. No sé ni cómo describirlo. Había trabajo muy duro para esto, lo había soñado hace mucho tiempo y ahorita haberlo logrado, de verdad que es un orgullo para mí, para mi país. Gracias a todas las personas que siempre me han apoyado, a mi familia, al equipo multidisciplinario, los entrenadores”, manifestó emocionada y con una sonrisa poco común en ella.

Sandra Lorena Arenas, con sus padres, María Rudy y José Otoniel. Foto: El Tiempo.

Sandra Lorena Arenas Campuzano nació hace 27 años, en Pereira, y desde muy pequeña se trasladó al barrio Los Molinos, de Bello, municipio situado al norte del Valle de Aburrá, muy cerca a Medellín, en donde comenzó a soñar con el deporte, como estilo de vida. Antes de cumplir su mayoría de edad, Sandra Lorena ya corría pruebas de fondo, porque desconocía la marcha atlética. A sus 18 comenzó a destacarse entre las mujeres con las que competía y a ganar pruebas. Uno de sus primeros logros internacionales en 20 km. fue el segundo lugar en la Copa Panamericana de Marcha disputada en Ciudad de Guatemala, con un tiempo de 1:35:14; apenas cumplía 20 años y ya se proyectaba como una de las mejores en el mundo.

A pesar de su edad, la historia deportiva de Sandra Lorena es bastante amplia, en Tokio participó en sus terceros Juegos Olímpicos. Ya en Londres 2012 había ocupado el puesto 30, y en Río de Janeiro, el 32. El 4 de agosto de 2019, Sandra Lorena se convirtió en la primera deportista colombiana en clasificarse a los Juegos Olímpicos Tokio 2020; su marca de 1:28:03 le entregó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos en Lima y la puso a soñar despierta.

Y ella creyó, como todo el mundo deportivo, que a partir de esa clasificación solo un año la separaban de la gran cita orbital, a  la que llegaría con su mejor nivel deportivo. Pero la pandemia la hizo esperar más de la cuenta. Dos años y dos días después, la prueba que tanto esperaba y para la cual se preparó por muchos años, hizo despertar y saltar de alegría a todo un país. La marcha le entregaba a Colombia, por primera vez en la historia olímpica, una medalla en esa modalidad.

Su última gran actuación antes del encierro total fue en el Campeonato Mundial de Atletismo celebrado en Doha, en donde ocupó la quinta posición, con un tiempo de 1:34:16, y desde ahí se mantuvo, a pesar de la pandemia. Llegó a los Juegos Olímpicos como sexta del mundo y ratificó su fortaleza y su talento deportivo, con un memorable segundo lugar.

Lorena Arenas con el uniforme de Antioquia, triunfadora en los Juegos Nacionales Cartagena Bolívar 2019. Foto: Indeportes Antioquia.

A pesar de haber nacido en Pereira, Sandra Lorena representa con orgullo los colores de Antioquia, pues por más de ocho años ha competido por la liga blanca y verde, y ha sido protagonista en diferentes eventos deportivos, como los Juegos Nacionales llevados a cabo en Bolívar 2019, en los cuales ratificó su nivel y su deseo de sobresalir en Tokio, logros que la llevaron ese mismo año a ser distinguida como la Mejor Deportista del Año 2019, destacada por la Asociación de Periodistas Deportivos de Antioquia.

Sin duda, la actuación de Sandra Lorena es tan importante para el país como para el atletismo nacional, pues hace más visible la disciplina dentro y fuera de Colombia, a pesar de ser pocos los marchistas de élite colombianos. Esta medalla seguramente hará que muchos más atletas encuentren en esta modalidad, que es una derivación de las pruebas de fondo, una oportunidad más para competir y seguir demostrando que en Colombia hay atletas de largo aliento.

Balance. Registro histórico de Colombia

Por Jorge Alberto Vásquez Gil

Dirigente e historiador

De las 20 participaciones que ha completa Colombia en los Juegos Olímpicos de verano (1932 a 2021), el país ha obtenido un total de 34 medallas (cinco oros, 13 platas y 16 bronces), 22 de ellas, es decir, el 64.7 por ciento, corresponden a los tres últimos Juegos (Londres 2012, Río 2016 y Tokio 2020), lo que indica la tendencia del progreso del deporte colombiano (de altos logros) a partir de la década del 2010, año en el que se obtuvo por primera vez en la historia, el título general de los Juegos Suramericanos.

Si entramos a analizar detenidamente las tres últimas actuaciones en estos juegos, incluyendo la obtención de diplomas olímpicos por parte de los ocho primeros deportistas de estos juegos en cada deporte, encontramos que además de las 22 medallas obtenidas en siete deportes, otros 53 deportistas han ganado diplomas olímpicos (en 10 deportes), para un total de 75 representantes laureados en los últimos 10 años (2012-2021).

El resumen de estas actuaciones por deporte ha sido así:

DEPORTEMEDALLASDIPLOMASTOTALN° DEPORTISTAS
1Lev. pesas5111613 (*)
      
2Ciclismo781513 (*)
      
3Boxeo2574 (*)
      
4Atletismo4265 (*)
      
5Lucha1232 (*)
      
6Judo2021 (*)
      
7Taekwondo1122
      
8Tenis0112
      
9Golf0111
      
10Fútbol01120
      
  TOTALES22325463

(*): Hay 12 deportistas que repiten actuación destacada.

Conclusiones

-Ocho deportes (atletismo, levantamiento de pesas, ciclismo, taekwondo, judo, golf,  lucha y boxeo), han obtenido medallas o diplomas en los tres últimos juegos, y son los más destacados en este análisis.

-El atletismo muestra una importante renovación, pues de los Juegos de Londres 2012, en los cuales hubo solo una deportista laureada se pasó a tres diferentes deportistas laureados en Tokio 2020. Y de una modalidad (salto), a tres (velocidad, marcha y lanzamiento).

-El ciclismo se ha sostenido en términos generales durante los tres juegos analizados, en sus modalidades de BMX y ruta, fundamentalmente.

-En el caso de levantamiento de pesas, podemos decir que también se ha sostenido en su rendimiento, porque hay que tener en cuenta la reducción a última hora de sus cupos (de ocho a tres), en los Juegos Tokio 2020, lo que ocasionó, sin duda alguna, una reducción en la medallería y diplomas alcanzados.

-Otro caso que merece un análisis diferencial es el del boxeo, que pesar de verse privado de medallas por fallos localistas que impidieron la obtención de medallas en Tokio 2020, cuatro de sus deportistas lograron el diploma olímpico, lo que lo coloca como un deporte estratégico para el país.

-Con la reducción de cupos presentada en levantamiento de pesas y las localistas decisiones en boxeo, la actuación del país en Tokio sería muy similar a la de los dos anteriores juegos de 2012 y 2016, por lo que no puede ser considerado como fracaso el resultado de Tokio 2020. Prueba de ello, es que el 24.3 por ciento de los deportistas participantes en estos juegos obtuvo medalla o diploma olímpico (17 deportistas de 70 en total que tuvo Colombia), porcentaje superior al obtenido en Río 2016, en los cuales participaron 77 deportistas más, teniendo en cuenta la participación de dos deportes de conjunto y la nómina completa que pudo presentar el levantamiento de pesas.

-También en este análisis debemos consignar la venida a menos de disciplinas como el judo y la lucha, que no alcanzaron esta vez siquiera un diploma olímpico. desde luego, que hay que considerar la lesión que impidió la participación de la doble medallista olímpica Yury Alvear, en judo.

-Esperamos que el deporte base, el atletismo, se siga fortaleciendo hacia el futuro para bien del país; que otras disciplinas como el ciclismo, las pesas y el boxeo logren estabilizar sus resultados y sostenerse, y que otros deportes que hacen parte del programa de los Juegos Olímpicos logren llegar en mejores condiciones.

Rey sin corona. “No me rindo. Lo mejor está por venir”: Yuberjen

La gran mancha de los Juegos Olímpicos Tokio 2020 fue el veredicto que sacó de competencia al boxeador Yuberjen Martínez, luego de una pelea que dominó ampliamente y que los jueces fallaron en favor del japonés Tanaka, quien terminó en una silla de ruedas, por la golpiza recibida.

La decisión de los jueces generó múltiples críticas de expertos y un recuerso interpuesto por Colombia, ante el TAS, Tribunal Arbitral del Deporte, que, no obstante las evidencias, falló en contra de Yuberjen.

Esto escribió Yuberjen Martínez, uno de los más carismáticos y comprometidos atletas colombianos, en su cuenta de Facebook:

“A Dios gracias por la oportunidad de poder representar a mi País Colombia en estos Juegos Olímpicos #Tokio2020.

“Gracias a mis padres, compañeros, patrocinadores y equipo en general #TeamYuberjenMartinez, por siempre estar aquí.

“Es gratificante contar con el apoyo y respaldo de cada uno de ustedes durante todo este proceso.

“Aquí estuve, jugándomelo todo por mi país y con la mentalidad de lograr mi sueño Olimpico. Es difícil comprender lo que realmente sucedió, pero todo lo que vale la pena es sentir la tranquilidad de haber hecho las cosas bien.

“No me rindo, mi gente. El esfuerzo continúa, siempre confiando en que lo mejor está por venir. GRACIAS COLOMBIA, ANTIOQUIA – URABÁ. ❤️🇨🇴

@olimpicocol @nana.angulo @indeportesantioquia @paulatucoach @ryanroach82 @mindeportecol @clarocolombia @alberto314 @diegoft_sport @ingritvalenciabox @cc.salcedo @ceiber9362 @elchampionvivas @jennyariasboxeo @raulortizboxeo community Manager Adriana López Angulo.

Valores. Los Juegos que exaltaron el Humanismo

Por Clemencia Anaya Maya

Vicepresidenta Academia Olímpica Colombiana

Acaban de terminar los Juegos Olímpicos de la XXXII olimpíada, como un hecho extraordinario en la historia del Movimiento Olímpico. Todos sabemos que estos Juegos se llevaron a cabo por encima de todo, con el objetivo de motivar al mundo a mirar hacia adelante y a no detenerse ante nada sin dar la lucha.

Para este caso, el Barón Pierre de Coubertin nos hablaría de la  lucha y la vida  en 1924 diciendo: “la vida es simple porque la  lucha es simple. El buen luchador retrocede, pero no abandona; se doblega pero no renuncia. Si ante él se yergue lo imposible, da un rodeo y llega más lejos. Si le falta aliento, descansa y espera. Si queda fuera de combate, anima a sus compañeros con su palabra y su presencia. E incluso cuando todo se derrumba a su alrededor, la desesperación no penetra en su interior”.

Todo lo que vimos en estas competencias nos recuerdan sus palabras, había que luchar por llevarlos a cabo, porque son la fiesta cuadrienal más importante del deporte sobre el planeta tierra, que además celebran la amistad y la unión entre países y destacan la excelencia humana representada en los atletas.

Desde que empezaron a celebrarse en 1896 han sido cancelados por la primera y la segunda guerra mundiales, y esta era la primera vez que enfrentaban una pandemia que asola al mundo en diversas formas, desde lo político, económico, ambiental y social, y ha dejado en evidencia las debilidades en las estructuras de muchos países en el mundo.

Por lo tanto había que retroceder y por eso se aplazaron para el 2021, pero no abandonar, y por eso se insistió hasta lograrlo, así fuera sin espectadores nacionales e internacionales, y se superaron todas las limitaciones y restricciones que supuso el poder llevar a cabo las competencias.

Toda la hoy Comunidad Olímpica se doblegó ante el aplazamiento, y con humildad y fe continuó preparándose para la gran celebración haciendo todos y todas desde los distintos niveles de la organización y de la competencia, esfuerzos y sacrificios enormes. La preparación y la clasificación se puso tensa y las grandes presiones estuvieron sobre los atletas, su cuerpo técnico y sus directivos. Los medios fueron inquisitivos e intensos, hasta severos en sus calificativos, preocupados por la incertidumbre de su realización y los riesgos que podrían correr los atletas. Pero a la hora de la verdad debemos decir que fueron 16 días emocionantes desde la ceremonia de inauguración que nos arrancó las lágrimas con su sensibilidad humana y sus enormes mensajes de unión y solidaridad.

Si seguimos con el mensaje de Coubertin, ante lo imposible que era la pandemia  se dio un rodeo y se llegó más lejos, hasta el punto de admitir que los atletas son seres humanos, que aunque son las glorias del deporte en sus países y llegan a la arena olímpica a competir por su bandera, sus sentimientos también cuentan, sobre todo ,cuando sus angustias impactan su calidad de vida, como el caso de Simone Biles, la exitosa gimnasta de Estados Unidos, quien abandonó la competencia consciente de la importancia de no afectar a su equipo y además de la importancia personal de velar por su salud mental, y demostró de paso la importancia del trabajo en equipo y su gran valor para tomar una decisión como esta y enfrentar al mundo con entereza.

Tom Daley y sus fundas.

La gran presión que llevan sobre sus hombros los atletas de quienes el mundo espera solo medallas de oro es enorme. No en vano, Tom Daley, nadador británico de salto de clavados 10m decidió aprender a tejer para calmar sus nervios y sorprendió al mundo mientras esperaba el día de sus competencias tejiendo. Yo lo vi competir en el Cubo de Agua de Beijing 2008 y me estremeció su talento y juventud, tenia apenas 14 años. Tres años después se enfrentó a la pérdida de su padre, quien a los 40 años falleció a causa de un cáncer cerebral y esto le afectó aún más. Ahora apoya causas benéficas en favor de investigaciones,  para conocer la causa de esta devastadora enfermedad.

La verdad me encantó la funda que tejió para guardar su medalla de oro. Yo compraría una para mi colección olímpica, porque este joven nadador nos reveló su transparencia y confianza en sí mismo para llegar al podio olímpico, sin reservas ni prejuicios de ninguna clase, ante la mirada atónita del mundo. Con su objetivo en mente, sencillamente se relajó y elaboró piezas de ropa que luego regaló o que disfruta personalmente. No se descarga contra otros, ni explota de ansiedad. Nos dejó ver en directo cuánto y cómo es el estrés que manejan antes de la competencia y una manera sencilla de controlarlo.

Mutaz Essa Barshim, de Qatar y Gianmarco Tamberi, de Italia, oro en el salto alto.

Y qué decir de la competencia de salto alto masculino, en la que Gianmarco Tamberi,  de Italia, y Mutaz Essa Barsim, de Qatar llegaron al empate y decidieron compartir el primer lugar, es decir, la medalla de oro ratificando la importancia de la amistad como uno de los valores de la excelencia, porque como lo dijera Thomas Arnold más de un siglo atrás, “lo importante no es competir sino participar” y con esto el olimpismo se fortalece en su profundo mensaje: “si le falta aliento, descansa y espera; si queda fuera de combate, anima a sus compañeros con su palabra y su presencia”, una alternativa para entender que en un momento como el que vivimos es preferible reconocerse como Comunidad Olímpica en la que todos ganamos si nos apoyamos y compartimos los logros, que en este caso se revelan en la vida juntos sobre la arena olímpica.

Nuestra delegación colombiana con sus íconos Mariana Pajón, Caterine Ibargüen, Ingrit Valencia, Yuberjén Martínez, Luis Javier Mosquera, Anthony Zambrano, Lorena Arenas, Carlos Ramírez, más allá de sus logros en medallas olímpicas son los verdaderos héroes de la pandemia en nuestro país. Algunos reprochan, otros critican, otros desdicen, otros suponen, otros agradecemos y saltamos de alegría, para exaltar la vida de nuestros vencedores olímpicos. Ellos han pasado a la historia por su perseverancia, su confianza en sí mismos, su disciplina para mantenerse en forma y llegar al final de esta carrera olímpica desafiando al COVID 19, a las presiones de los medios, a la ansiedad de los directivos y hasta a sus propios sueños.

La magia de los Juegos en Tokio, a pesar de la ausencia de espectadores estuvo centrada como siempre en los atletas. Durante 16 días fuimos testigos de sus hazañas, al verles cómo con fortaleza vencieron la adversidad y entregaron todo en busca de sus logros. Todas las delegaciones fueron afectadas por la pandemia, los resultados hablan por sí solos, sin embargo estos Olímpicos le dieron al mundo un regalo más allá de las medallas, la esperanza de volver a encontrarnos en París 2024, ojalá sin estas restricciones y esta zozobra.

Más allá de las medallas, Tokio 2020 le dijo a la comunidad Olímpica que hay que seguir adelante, porque el deporte es un poderoso instrumento  de paz y solidaridad y de esta forma todo el ciclo olímpico se ha reactivado para bien del mundo entero, que muestra a través de sus eventos regionales y continentales, lo mejor de sus países con el ánimo de alcanzar un día la paz y la comprensión entre todos.

Hoy el camino está abierto para recorrerlo con cautela y decisión, con expectativas y templanza, con propósitos de los atletas que impactan nuestra sociedad en todo sentido y eso quiere decir que gracias a los Juegos Olímpicos una vez más el mundo se levanta con dignidad para seguir avanzando. Nuestro compromiso ahora es buscar la forma para que nuestros héroes y heroínas olímpicas, que nos representaron en Tokio 2020 sean reconocidos no sólo por las medallas, diplomas o posiciones que obtuvieron en sus distintos eventos, sino como los verdaderos luchadores por la vida, porque, incluso, cuando todo se derrumbó a su alrededor, la desesperación no los doblegó, sino que los retó a superarla con valentía y nobleza Una vez más me uno al pensamiento de Coubertín: “La vida es bella, porque la lucha es bella, no la lucha sangrienta, fruto de la tiranía y de las malas pasiones, las que fomentan la ignorancia y la rutina, sino la santa lucha de las almas, en busca de la verdad, la luz y la justicia”.

Medallistas. Luis Javier Mosquera: perseverante y luchador

Por Ángelo Arbeláez

Periodista Acord Valle del Cauca

La llegada al deporte de las pesas de Luis Javier Mosquera Lozano, es similar a la de la gran mayoría de los deportistas de alto rendimiento de nuestro país: por curiosidad. Y es que Luis Javier siendo muy niño (siete años) acompañó a sus hermanos mayores José Novarino y John Jairo a un entrenamiento en el coliseo de su natal Yumbo, municipio industrial del Valle del Cauca, bajo la tutela de la forjadora de campeones, Damaris Delgado, (hermana de Carmenza, la abanderada en Atenas 2004) y quien después de muchos años de trabajo en Cartago decidió sentar base de este deporte en Yumbo.

Luis Javier Mosquera, en Tokio, con su segunda medalla olímpica.

De igual manera, los problemas económicos y las dificultades para sobrevivir de una familia numerosa, (cuatro hermanos hombres y una mujer) propios de un gran número de niños en Colombia, moldeó ese carácter para superar los obstáculos que paso a paso se fueron presentando y dejando el fútbol, por no tener como comprar los guayos y el uniforme, ni para el transporte diario hasta el sitio de entrenamiento, decidió al igual que sus hermanos meterse a las pesas, que eran gratis y cerca de la casa.

Aunque soñaba con ser futbolista y exploró además en el atletismo, la lucha, el boxeo, el patinaje, y la natación, muy pronto vio que lo suyo eran las pesas, por la facilidad para entrenar, los viajes y los auxilios que se podían recibir, pero aprendió de su padre, a quien perdió justo antes del Mundial de Wroclaw, Polonia, a no rendirse y esperar poco a poco que las cosas se fueran dando, pues siempre le pedía a su entrenadora que lo dejara levantar más peso del que él podía, pero ella también le decía que era poco a poco que se lograban las cosas.

Luis Javier Mosquera, en Tokio 2020. Foto: Comité Olímpico Internacional.

Desde sus comienzos fue superando las marcas y compitiendo a nivel nacional, pero el toque de los dioses del olimpo llegó a los 14, cuando sacó pasaporte, montó en avión para asistir a un Panamericano en Islas Margarita en Venezuela, se proclamó campeón suramericano y panamericano con record incluido y a su regreso recibió 200 mil pesos de premio de la Alcaldía de Yumbo. Entonces entendió que en las pesas estaba su futuro y su medio de supervivencia.

Logró ser campeón mundial juvenil en 56, 62 y 69 kg. además de ganar el Sinclair como el deportista más completo en el Mundial Juvenil de Lima, Perú, y aunque cuando tenía 17 años, no pudo estar en los Olímpicos de Londres, entendió que vendrían Rio y Tokio, y con ellos la gloria, como la había soñado.

Desde muy joven mostró sus habilidades para las finanzas, aunque haya tenido que aplazar los estudios de Administración de Empresas que lo atraen, por culpa de su exitosa carrera, pero ha sabido sacar provecho de los aportes que recibe de Indervalle, del Comité Olímpico y del Ministerio del Deporte como deportista excelencia. De igual manera, muy joven, a los 16 años, formó un hogar con otra campeona de pesas, Diana Cadena, y tuvo otro motivo más para triunfar. su primer hijo Joseph. Hoy comparte su vida con Michel Bejarano y su segundo retoño Isaac.

El gran sueño ahora es París 2024, pues quiere tener los tres metales en su casa, y como buen cristiano, pone todo en manos de Dios, para superar, como lo hizo para Tokio, las lesiones que con el paso de los años van apareciendo y que desde antes de Rio ya suman cinco, que lo tuvieron al borde del retiro, una hernia discal y cuatro problemas de rodillas.

Luis Javier es un ejemplo más de que en Colombia si paga hacer deporte, por los beneficios que el Estado en todos sus niveles territoriales ofrece a quienes llegan al alto rendimiento y les permite construir una vida profesional paralela a la práctica deportiva.

Crónica. Luis Javier Mosquera, de nuevo entre los grandes

Por Alberto Galvis Ramírez

Director Revista Olímpica y Secretario de la Academia olímpica Colombiana.

Hace cinco años, Luis Javier Mosquera terminó su competencia en Río 2016, triste por el cuarto puesto logrado, que lo marginaba de la soñada medalla, que tanto había trabajado y merecido, y regresó a Colombia con la enorme frustración de un perdedor, en la piel de un triunfador. En Yumbo, Valle, su ciudad natal y de residencia volvió a sus rutinas, aunque con la edad y los sueños vivos, porque apenas tenía 21 años.

Luis Javier Mosquera, con la medalla de plata ganada en Tokio 2020.

La desilusión en Río

El 16 de agosto de 2016, el jefe de Misión de Colombia, Ciro Solano Hurtado, hoy presidente del Comité Olímpico Colombiano, recibió la noticia extraoficial, que Mosquera era el dueño de la medalla de bronce en los 69 kilogramos del levantamiento de pesas, porque, posiblemente Izzat Artykov, representante de Kirguistán,  tercero en esa competencia, había resultado positivo en el control al dopaje que le habían practicado.

Luis Javier Mosquera expresa su desilusión por haber terminado cuarto, en Río 2016. Después, su historia cambiaría y se adjudicaría el bronce.

Aunque la noticia provenía del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS, por sus siglas en francés) máxima autoridad en este tema, había que esperar un comunicado oficial, para divulgar algo que era un secreto a voces, ya difundido por los periodistas presentes en Río. Sin embargo, en aras de la seriedad, oficialmente no se podía aún decir nada desde la jefatura de Misión del equipo nacional. El futuro de este suceso podría tener una de dos vías: conocerse pronto o después de unos meses.

El 19 de agosto, dos días antes del cierre de los Juegos se hizo pública la decisión oficial del TAS: Luis Javier Mosquera era el medallista olímpico de bronce, en la categoría de los 69 kilogramos de los Juegos Olímpicos de Río 2016.

La familia de Luis Javier Mosquera celebra en Yumbo, su medalla de bronce, en Río 2016. Foto: El País, de Cali.

Ese día, Luis Javier se dirigía hacia un taller de mecánica a reclamar su motocicleta, que era su vehículo de transporte. De pronto recibió una llamada en la cual el asistente de las pesas de Colombia en Río 2016, quien, emocionado le decía que él era el ganador del bronce olímpico. De inmediato el joven atleta partió raudo en su motocicleta hacia su casa a compartir la buena nueva, y se encontró con decenas de vecinos, en una loca algarabía,  que celebraban la hazaña en su casa.

Luis Javier Mosquera, segundo de izquierda a derecha, con parte de los medallistas olímpicos, en Río 2016, durante homenaje brindado por el Congreso de la República, en 2016. Lo acompañan: Ingrid Valencia, Yuberjen Martínez, Oscar Figueroa y Yuri Alvear.

En ese momento, Luis Javier Mosquera quedó ungido como un dios del Olimpo para empezar a disfrutar de la privilegiada posición que había ganado, que lo beneficiaría, no solo en fama, sino en todos los beneficios inclusive económicos, que cambiarían radicalmente su vida. Y podría hacerlo de una vez, tan pronto regresaran sus compañeros de Río. Y así lo hizo: sin la medalla física en su poder asistió a todos los homenajes brindados a los ocho héroes colombianos; posó con ellos en todas las fotografías, levantando la mano de manera simbólica, para exhibir la invisible medalla; dio declaraciones como medallista olímpico, y, lo más importante, sintió que la justicia se había impuesto.

Luis Javier Mosquera recibe la medalla de bronce ganada en Río 2016, entregada por el entonces presidente del Comité Olímpico Colombiano, Baltazar Medina.

Dos años y medio después, el 28 de marzo de 2019, Luis Javier Mosquera recibió la medalla de bronce olímpica, de manos del presidente del COC, Baltazar Medina. En esa oportunidad no realizó la marcha triunfal que en los Juegos Olímpicos conduce a los podios; tampoco recibió el homenaje de un público que sabe consentir a los ganadores olímpicos, ni responder entrevistas con las palabras que brotan de la frescura del momento y salen de un corazón que late a mil por hora, por el cansancio y por la emoción de la conquista. Pero sí pudo, Luis Javier, disfrutar la emoción de sentir sobre sus hombros la pesada medalla de bronce; palpar entre sus manos una pieza que deja de ser una simple aleación de cobre y estaño, para convertirse en el gran tesoro de la vida; sentir el poco agradable sabor del cobre, convertido en todo un manjar, luego del mordisco clásico que recibe de su dueño; levantar los brazos para compartir con su gente ese momento, y hablar, y disfrutar, y vivir, y solazarse con la autoridad que le brinda su alta dignidad como medallista olímpico.

En ese momento ya estaban cerca los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y Luis Javier Mosquera seguía preparándose para luchar por un nuevo cupo en el podio de los 69 kilogramos. Había ganado las tres medallas de oro, en el campeonato Panamericano de levantamiento de pesas celebrado en Miami, en el 2017. Luego padeció una nueva lesión, que lo marginó de las competencias, en 2018, y en 2019 obtuvo dos platas y un bronce, en el Campeonato panamericanos, en Ciudad de Guatemala; la plata en los Juegos Panamericanos Lima 2019, y había terminado quinto, en arranque y total, y sexto en envión, en el Campeonato Mundial de Tailandia

El aplazamiento un año de los Juegos de Tokio, también modificó su preparación, como ocurrió con todos los atletas. A la capital nipona llegó con una muy buena preparación, unos registros que le permitían buscar el oro y un estado de ánimo muy alto, que demostró en cada una de sus intervenciones, especialmente cuando logró superar la marca olímpica. Finalmente, por un kilo perdió el oro, como había perdido por un kilo el bronce, en Río, que finalmente obtuvo, pero ganó la plata, que lo consagra como el séptimo atleta colombiano en ser doble medallista olímpico, con una enorme posibilidad de lograr la tercera presea, en los Juegos Olímpicos de París, a los que llegaría con 30 años de edad.

Podio de los 69 kilogramos del levantamiento de pesas, en Tokio 2020. De izquierda a derecha: Luis Javier Mosquera, de Colombia, plata; Lijun Chen, de China, oro, y Mirko Zanni, de Italia, bronce.

La medalla de plata obtenida por Luis Javier Mosquera abre la puerta para que Colombia logre una actuación consagratoria, en Tokio 2020, por el significado que tiene para los planes elaborados por el Comité Olímpico Colombiano, y por el estímulo que ejercerá esta proeza en los demás atletas colombianos, quienes se sentirán motivados por seguir esa senda trazada por este sencillo joven vallecaucano, hoy convertido en embajador y referente de Colombia en el mundo.

Semblanza. Un hombre con espíritu de triunfador

Si hay algo que deba agradecerle Luis Javier Mosquera a la vida es el haberle atravesado obstáculos a sus extraordinarias condiciones físicas, que lo hacían un talento único para las pesas, porque esos tropiezos lo hicieron muy fuerte. Hoy, cuando celebra su segunda medalla olímpica, plata en los 69 kilogramos del levantamiento de pesas, lograda el pasado domingo, en Tokio, que se suma al bronce conquistado en Río 2016, Luis Javier Mosquera debe estar recordando esos desafíos que le puso la vida, que le causaron grandes dolores, pero sólo le permitieron crecer.

Luis Javier Mosquera, en Río 2016.

Nacido el 27 de marzo de 1995 en Yumbo, Valle, en el hogar de José Novarino Mosquera y Darly Lozano, complementado por sus hermanos José, John Jairo, Johana, Fernando y José David, vivió una infancia de dificultades, por razones económicas y familiares, que le plantearon retos a los que se enfrentó con decisión y entereza, para asomarse a la juventud sostenido por unas bases sólidas y fuertes.

Durante su niñez, que transcurrió en la casa del barrio Guacandá, de Yumbo, los más agudos problemas tuvieron relación con lo económico, porque el trabajo de su padre como operario de la empresa Carvajal, en Cali no alcanzaba para la manutención de tanta gente.“Nos faltó la comida, porque no era suficiente lo que ganaba mi padre. Nos acostábamos con hambre y nos levantábamos igual”, recuerda Luis Javier.

A los gastos propios de la alimentación y el estudio de sus hijos se agregó otro, que inicialmente fue un problema, pero que abrió las puertas del éxito para toda la familia, que traería Luis Javier. Sus hermanos mayores, José Novarino y John Jairo, empezaron a practicar levantamiento de pesas, lo que exigía gastos adicionales, que ellos redujeron a lo esencial para asistir a los entrenamientos vestidos con indumentarias sencillas. A Luis Javier, con siete años de edad, también le gustaron las pesas, lo mismo que el fútbol, el patinaje y hasta el boxeo, porque le sobraban las energías y se les pegaba cuando iban a sus entrenamientos en el coliseo Miguel López Muñoz.

Luis Javier, con su entrenadora, Damaris Delgado. Foto: Extra, El Diario de Todos.

Entonces, con la anuencia de sus padres y el acompañamiento de sus hermanos, empezó a visitar el Gimnasio de Yumbo, en donde la expesista Damaris Delgado, quien había llegado desde Cartago, en el norte del Valle, y dedicó su vida a la práctica y a la enseñanza de las pesas, alertó sobre la extraordinaria fuerza de este niño, pero fue precavida en las primeras rutinas, para que pudiera disfrutar del deporte mientras aprendía algunas nociones técnicas.

“Eran tantas las condiciones del niño, que asimilaba más de lo que se le enseñaba y quería competir ya. A los pocos días de comenzar a frecuentar el gimnasio se realizó un campeonato departamental de pesas, en el que el límite mínimo era de ocho años. Lloró mucho porque no pudo participar. El ganador estuvo por debajo de lo que Luis Javier había levantado. Desde entonces ya era un auténtico prodigio”, Recuerda Damaris, quien también forjó los primeros pasos de la carrera de Óscar Figueroa.

En esa época, cuando fenecía el siglo XX, Yumbo tenía elementos para las pesas más adecuados para el fisicoculturismo, y en este deporte sólo se había destacado Paulina Rengifo, por haber ganado tres medallas de bronce en los XII Juegos Departamentales. El tema de las pesas para el alto rendimiento estaba por construirse.

Y fue Damaris Delgado quien lideró el cambio de las pesas, hasta convertir a Yumbo en una población potencia en el departamento del Valle.

Cuando Luis Javier tenía diez años, a las dificultades generadas por la escasez se unió la separación de sus padres, pues Darly abandonó el hogar y los hijos quedaron al mando de un padre que pasaba más tiempo en el trabajo que en casa y se le hacía difícil ejercer la doble tarea de papá y mamá, más aún con ese batallón de hijos menores que quedaron a  su mando.

No obstante la desmotivación general causada por la partida de la madre, a Luis Javier le animaba asistir a las clases, por la recocha que armaba con sus compañeros. Curiosamente ese relajo lo incitó a cumplir con los deberes, en una extraña combinación de rebeldía y conciencia, tan necesarias para romper barreras. Por eso su padre nunca recibió quejas de su comportamiento en el colegio; por el contrario los resultados académicos eran buenos. Adicionalmente, el joven entendió que debía trabajar y devengar algún dinero para ayudarse también en los gastos de sus entrenamientos en las pesas. Entonces aprendió el arte de la peluquería y con lo que ganaba motilando a sus amigos y a sus compañeros de estudio pudo obtener algunos recursos, para aliviar un tanto las dificultades de su padre y, de paso, ser consciente de sus responsabilidades y volverse diestro en la administración de su propia economía.

Todas estas circunstancias le permitieron sentar las bases de una precoz madurez para enfrentarse a los desafíos de la lucha por la vida, de la competencia deportiva y, desde los 16 años, a forjar un hogar, porque se casó con la también pesista Diana Lorena Cadena y pronto tuvieron su hijo Joseph, quien se convirtió en su principal inspiración.

Cursaba el último año de bachillerato y pensaba estudiar administración de empresas, pero los compromisos deportivos derivados de su brillante carrera deportiva lo llevaron a tomar la determinación de suspender sus estudios para afrontar el alto volumen de entrenamientos y competencias internacionales. Ya en ese momento su hermano menor, José David, también se había convertido en pesista y con él compartiría espacios en futuras delegaciones del Valle del Cauca y de Colombia.

Mosquera gana el título mundial juvenil. Foto: El País.

En ese momento empezó a construir con resultados su ya ponderada imagen en las pesas, porque en el 2012, con 17 años, ganó dos medallas de oro en la división de los 62 kilogramos, en dos tiempos y total, y una de plata, en arranque, durante el Campeonato Mundial Juvenil celebrado Kosice, Eslovaquia.

Un año después, con 18 de edad, en la categoría junior obtuvo también tres medallas, pero de bronce, en la misma división, durante el Campeonato Mundial.

El 2014 fue el año de su salto hacia el estrellato, con 19 años de edad, porque ganó los tres oros en el Campeonato Mundial  Juvenil, realizado en Kazán, Rusia; las tres medallas de plata de su división, en los X Juegos Suramericanos de Santiago de Chile, detrás de su paisano Francisco Mosquera, y los tres oros en el Panamericano Juvenil, en Reno, Estados Unidos.

El 2015, ya en los 69 kilogramos, fue un año muy exitoso para Luis Javier, pero marcado por el dolor físico y el espiritual. Quince días antes del Mundial Juvenil, en Wroclaw, Polonia, sorpresivamente murió su papá, su amigo, compañero y principal motivador. A pesar de la tristeza que se apoderó de él, viajó al Mundial y allí le afloró un muy fuerte dolor físico en la espalda. Y así, con los dos dolores –no sabía cuál era el más fuerte–, logró las tres medallas de oro, que no tuvo alientos de celebrar como se suele hacer en este deporte, una vez suena el timbre de aprobación de los jueces y se oye el estrepitoso golpe de las pesas sobre el piso. Pero lo más llamativo de este resultado fueron los nueve kilogramos de ventaja frente al chino Chengfei Yuan, ganador de la plata, y 26 por delante del ganador del bronce, el coreano Gwang Kwon. Con estos márgenes, Mosquera ratificaba que ya le quedaba pequeña la categoría juvenil.

Mosquera se consagra campeón en los Juegos Panamericanos Toronto 2015.

Posteriormente vendrían el Campeonato Panamericano, en Cartagena, en el cual alcanzó las tres medallas y la mejor marca de la temporada, y los Juegos Panamericanos de Toronto, en los cuales ganó el oro en disputa, resultado que lo dejó al descubierto como una opción clara de ser medallista olímpico, un año después, en Río 2016.

Al regreso de Toronto señaló: “Desde que tenía ocho años de edad y decidí practicar este deporte, he estado convencido de que algún día voy a estar en un podio olímpico. Río es un sueño y creo que trabajando con la misma disciplina que tengo en cada entrenamiento y en cada competencia, voy a poder llegar allá y buscar la medalla en los 69 kilogramos”.

Para finalizar el año tenía previstos dos compromisos, uno nacional y el otro internacional. Al primero, los Juegos Nacionales, concurrió y barrió con los oros. Al segundo, su estreno en un Campeonato Mundial de Mayores, en Houston, Estados Unidos, no pudo ir porque una resonancia magnética develó que sufría de una hernia discal.

Al terminar el año, Luis Javier fue elegido Deportista Revelación y nominado a Mejor Deportista del Año por el diario El Espectador, con la atleta Caterine Ibargüen, el ciclista Nairo Quintana, el gimnasta Jossimar Calvo, la bicicrosista Mariana Pajón,  la judoca Yuri Alvear, el saltador Orlando Duque y la luchadora Jackeline Rentería. Además, su hermano menor, José David, fue elegido como Mejor Deportista Juvenil 2015, por su medalla de oro en la categoría de los 62 kilogramos en el Mundial Juvenil, que se realizó en Lima, Perú.

Al comenzar el año 2016, la gran preocupación de Luis Javier Mosquera y de la gente de las pesas era la hernia discal que le había impedido en 2015 asistir al Mundial y que podría malograr su opción de ganar medalla en Río 2016. Entonces se determinó su operación, que estuvo a cargo del doctor Jorge Ramírez, el mismo que operó y recuperó a Óscar Figueroa.

Después de una cirugía exitosa, Luis Javier viajó a Río con el equipo nacional de pesas, para adelantar la recuperación. Sin embargo, empezó a sufrir por una luxación en la rodilla derecha, un desgarro en la misma pierna y otro dolor en un hombro. Un mes antes quiso claudicar y alcanzó a arreglar su maleta para regresar a Cali, pero todo el equipo lo animó a quedarse y a seguir con paciencia y casi total quietud su recuperación.

Pocos días antes, los dolores cesaron, pero había perdido mucho tiempo. “A Río llegué no en el ciento por ciento de mis condiciones, pero llegué. Y el no haber podido ganar en el momento de la competencia la medalla fue frustrante para mí, porque viajé con ilusiones, me entregué por completo en la competencia, sin importarme si me quedaba sin espalda, y regresé con las manos vacías. Pero Dios sabe cómo hace sus cosas y al final pude celebrar”.

Luis Javier participó en Río, por un kilo perdió la medalla de bronce y terminó en el cuarto lugar, resultado importante, porque era su estreno en unos Olímpicos y tenía solo 21 años de edad. Pero la frustración lo embargó y regresó al país con los reconocimientos por el diploma olímpico, aunque sin la medalla que tanto soñaba.

Dos días después se empezó a rumorar que Izzat Artykov, de Kirguistán, ganador del bronce, había salido positivo en la prueba de dopaje. A pesar de la insistencia de la versión y de la publicación en medios de comunicación, la Jefatura de Misión de Colombia sólo vino a confirmar la noticia una vez recibida oficialmente de parte del Tribunal de Arbitramento Deportivo, en el histórico 19 de septiembre, en el cual también se obtuvieron el oro y el bronce de Mariana Pajón y Carlos Alberto Ramírez, respectivamente, preseas con las cuales Colombia llegaba a las ocho planeadas, igual que en Londres, pero esta vez eran tres de oro, lo que le brindaba a nuestro país un salto del puesto 38 al 23 en la medallería general.

En ese momento, ya Luis Javier estaba pensando en prepararse para ganar el oro en Tokio 2020, luego de cruzar victorioso todas las estaciones del nuevo ciclo olímpico 2017-2020 y se había olvidado de la esperanza que abrigaba la delegación nacional. Ese viernes 19 de septiembre, Luis Javier se levantó temprano, les estampó sendos besos a su esposa Diana y a su hijo Joseph y partió hacia un taller, con la intención de  ponerle una pechera nueva a su moto. Antes de llegar recibió una llamada del fisioterapeuta Daniel Gil, quien le gritaba: “Luis, lo conseguiste, lo conseguiste”. Sin entender, el deportista le preguntó “Pero… ¿qué conseguí?”. Al otro lado de la línea, Gil precisó: “La medalla de bronce, porque el que la ganó arrojó positivo…”.

Entonces Luis Javier regresó a su casa y se encontró con la algarabía general en el barrio Guacandá. El primer recuerdo que le llegó a la mente y al corazón fue el de su padre, José Novarino, a quien le volvió a agradecer por todo lo que le brindó en la vida para llegar a esta primera meta grande. Después vendrían las imágenes de los duros momentos que sufrió antes de los Juegos, de la impotencia ante el dolor, de las ganas de renunciar y de la solidaridad de sus compañeros, y concluyó que habían valido la pena tanto sufrimiento y tanta espera.

A partir de ahí sería un colombiano privilegiado por estar ungido por el néctar de los dioses del Olimpo. Se integró al equipo de medallistas en las celebraciones al regreso y empezó a recibir las recompensas, una de las primeras, la casa que los gobiernos Nacional y municipal le entregaron en Hacienda Verde.

No obstante la gran cantidad de premios recibidos tras esta primera medalla olímpica, Luis Javier Mosquera se enfocó hacia Tokio 2020; padeció y se recuperó de varias lesiones; logró su clasificación y ahora celebra su segunda medalla olímpica, plata en la capital japonesa. Lo más importante para Luis Javier es que entiende que la vida empieza todos los días, con cada amanecer, y que lo logrado en Tokio es un escalón más, hacia otras metas, la más importante en la continuación de su cerrera será la de obtener la medalla de oro, en los Juegos Olímpicos de París 2024.

Análisis. En el juego de los tiempos, ¿un futuro incierto?

Fabio Alfredo Navarro Pasquali

Filósofo de la Universidad Nacional, abogado de la Universidad Libre de Colombia, especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre y magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana.

Introducción.

En el juego de los tiempos, el pasado y el futuro confluyen en el presente dejando su traza en la configuración del instante que por lo fugaz de su existencia no permite captar sus distintas profundidades, por ello quizá la indiferencia frente a los diarios acontecimientos, que no solo marcan el ahora, sino que debido a sus pasadas largas configuraciones van signando el futuro.

Entender el ejercicio del tiempo es apreciar el presente en toda su extensión, lo cual significa asumir que pasado y futuro no son ajenos al instante en el cual reflexionamos y adecuamos la vida a la dinámica del quehacer diario. Así, la existencia y su diario acontecer se encuentran con el significado profundo de la responsabilidad individual que adquiere sentido en la vida comunitaria, es decir, la vida del individuo adquiere sentido propio en tanto significante y significado del pueblo que lo ha constituido históricamente.

En el deporte, para tomar un ejemplo cercano, la participación o la medalla que certifica el triunfo del deportista, tiene, además del significado individual un valor significante y significativo para la comunidad, que acompaña desde lo profundo de su ser histórico, el logro obtenido.

Foto: Alcaldía de Santa Marta.

La medalla es el aquí y el ahora, el instante en el cual confluyen las distintas circunstancias que la hicieron posible, pero ese momento sublime es un tejido del pasado como lectura histórica del quehacer deportivo y el futuro como premisa que se yergue sin ser vista, pero contundente como hecho cierto, referencia para generaciones, en esa entonces su historia. No se surge como individuo por la autodefinición, sino que en ese contexto de significante–significado se es fundamentalmente un ser social construido, si se quiere, en las dinámicas que lo circundan desde el pasado, como el ser de los mayores que le asisten en sus procesos y el futuro que avizora como referencia colectiva. El fugaz presente es la autonomía del actuar, en términos de responsabilidad.

Saltar a la pista deportiva, siguiendo la figura literaria previa, es tanto como asumir la responsabilidad de esa historia que ata con los ancestros, y a través del actuar presente establece los hilos que se constituirán en   historia de generaciones venideras.

Esas condiciones así establecidas para el ejercicio deportivo son las consideraciones generales que pueden ser entendidas como requisito de ciudadanía universal, en otras palabras, la vida en común demanda una forma de ser que actúe en función de los tiempos co–existentes, o de ejercicio responsable, entendido no como obligación o imposición, sino como convicción.

Foto: opinióncaribe.com

En la visión del mundo de las comunidades ancestrales de la Sierra Nevada de Santa Marta, al obtener el hombre o la mujer edad suficiente de autodeterminación “adquieren plena responsabilidad con ellos mismos, con su comunidad y con la naturaleza” (Corte Constitucional. SU 510/98).En aras de una interpretación amplia puede entenderse que el sentido de la responsabilidad es un compromiso personal, derivado de la comprensión que el individuo o ciudadano tiene de su lugar en el mundo y la protección que a éste le debe como legado de sus ancestros y derecho de sus hijos.

Es una responsabilidad que adquiere sentido de principio, en el filósofo Hans Jonas, al afirmar la necesidad de hacerse cargo del futuro, dándole alcance al imperativo categórico planteado por el también filósofo alemán Enmanuel Kant, quien afirmaba en su obra Fundamentos de la metafísica de las costumbres: “Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal”. Jonas, por su parte, señala en su libro El principio de responsabilidad como imperativo categórico: “Obra de tal manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida auténticamente humana   sobre la tierra.”

Estos planteamientos marcan hitos fundamentales en el quehacer filosófico, y trascienden tiempos para abrir espacios de reflexión, que permitan entender la razón como ley universal y el compromiso de esa razón con el ejercicio de la vida actual y futura, imperativos categóricos fundados en el respeto por la vida, aquí, ahora y por siempre.

Es claro que tanto Kant como Jonas plantean su pensamiento desde la propia percepción del presente que habitaban y el futuro que vislumbraban, pero su preocupación, pese a las distancias que tenían en planteamientos filosóficos, se centraban en la necesidad de pensar el habitar humano en términos ético universales, responsables con un futuro que se entreveía difícil.

Paradójico resulta, en medio de ese panorama del pensamiento filosófico universal, encontrar la Ley de Origen o Ley de la Madre, que rige la vida de pueblos ancestrales de la Sierra Nevada de Santa Marta, que a través de la voz de sus Mamos o guías espirituales, señala que una vez llegada la edad de la autodeterminación para hombres y mujeres estos deberán asumir responsabilidad para con ellos, su comunidad y la naturaleza.

Estos principios se decantan en la sentencia SU-510 de 1998, de la Corte Constitucional de Colombia, en la cual se destaca ese deber ser de responsabilidad para los pueblos, en función de generaciones que poblaran la tierra después de ellos.

Así mismo, la Corte Suprema de Justicia de Colombia, en sentencia 4360 de abril 4, de 2018, al resolver impugnación de acción de tutela incoada por niños, niñas, adolescentes y jóvenes adultos que reclaman por la protección al medio ambiente, falla a su favor recabando en la necesidad del cambio de posturas y actitudes frente al medio natural y, en consecuencia, responsabilidad con el ejercicio de vida de generaciones que poblaran nuestro territorio y en general el planeta.

La ley de origen o Ley de la Madre rdy´s presente de distintas formas en el pensamiento universal, pero con vigencia histórica suficiente para constituirse en conciencia individual que soporta el bien colectivo como conjunción de los tiempos. Es el presente, como manifestación del pasado y como pasado del futuro que se ha de construir responsablemente para garantizar la vida de nuestros herederos.

Arte. Breviario sobre las mascotas olímpicas

Mg. Eduardo Antonio Pérez Restrepo

Miembro de Número de la Academia Olímpica Colombiana y miembro del Comité Colombiano Pierre de Coubertin.

Introducción 

El Movimiento Olímpico Internacional, gracias a los valiosos aportes del Barón Pierre de Coubertin, fue dotado de una serie de símbolos y ritos que le identifican a nivel mundial y que unen a todos aquellos que le apoyan en el mundo, emblemas que llegan incluso a configurarle “como una religión laica” (Durántez, 1994, p. 51; Durántez, 1995, p. 48; Durántez, 2004, p. 20-21; Durántez, 2012, p. 46-47; Durántez, 2013, p. 41).

Estos emblemas y sus correspondientes protocolos guardaron tal relevancia, que incluso Coubertin comentaba que “el capítulo de las ceremonias, es uno de los más importantes a precisar. Es por estas, sobre todo, que la olimpiada debe de distinguirse de una simple serie de campeonatos mundiales. Ella comporta una solemnidad y un ceremonial”.

Los elementos a los que se hace referencia son: el emblema olímpico (los anillos), la bandera olímpica, el lema olímpico, el lema de competición, el juramento olímpico, la antorcha y el fuego olímpico, el himno olímpico, las medallas, los poco nombrados diplomas olímpicos y, por último, las mascotas olímpicas. El propósito de este artículo, radica en la difusión de la información necesaria para la comprensión del papel de las mascotas olímpicas como símbolo, haciendo énfasis en esta primera parte en las que fueron diseñadas para los Juegos Olímpicos de Verano.

Algunas generalidades sobre las mascotas olímpicas

Las mascotas, como parte de las representaciones simbólicas propias del Olimpismo Moderno,  constituyéndose como una forma mediante la cual la ciudad sede expone parte de su idiosincrasia y alcanza mayores niveles de rentabilidad comercial (Pérez y Pérez, 2021; Pérez, Pérez y Londoño, 2021).

Esta expresión de la cultura y la tradición local, basada en las mascotas dispuestas para los campeonatos mundiales de fútbol hace parte de estas justas desde los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Grenoble en 1968[1].

Algunos de los objetivos puntuales de las mascotas olímpicas y su impacto social y económico son relatados por Gavala, en una de sus más recientes investigaciones. En este sentido plantea que las mascotas:

“Son, sin duda, uno de los nuevos símbolos del Olimpismo, muchos expertos comentan que estas ayudan a acercar la celebración de los Juegos Olímpicos al público más joven; según, tampoco pasa desapercibido el hecho que es una fuente sin precedentes, en las que obtener suculentos beneficios gracias a la venta de réplicas de la mascota a través del comercio que se genera alrededor de esta magna cita deportiva” (2015).

La anterior afirmación evidencia que los mayores intereses derivados de la creación de las mascotas olímpicas están centrados en cautivar a la población infantil y juvenil, captar importantes recursos financieros a través del mercadeo de la imagen publicitaria y generar un recuerdo ameno y perdurable en la población adepta a los Juegos Olímpicos. 

Las mascotas de los Juegos Olímpicos de Verano

Para mayor ilustración sobre este bello símbolo, se exponen a continuación las mascotas que han sido parte del más grande evento deportivo de la humanidad[2], en su versión de verano, así:

Waldi, Munich 1972

Múnich 1972 – Waldi. Representa un perro salchicha (Dachshund) proveniente de la región de Baviera. Su cuerpo tenía forma alargada y su color azul predominante estaba acompañado con rayas verticales en tonos amarillos, naranjas y verdes.

Esta mascota representa los atributos de tenacidad, resistencia y agilidad, propias de los grandes deportistas.

Su proceso de elección se hizo mediante un concurso público donde resultó vencedor el diseñador Otl Aicher.

Misha.

Moscú 1980 – “Misha”. Su nombre real y extenso es Mikhail Potapych Troptygin). Es un simpático y tierno oso, símbolo histórico de la antigua Unión Soviética.

La elección de este animal como distintivo nacional fue realizada mediante consulta popular a 40.000 personas, hecho que llevó a la designación del ilustrador y artista ruso Victor Chizhikov, como encargado del diseño final.

Fue una mascota bastante innovadora y con gran trascendencia social, motivo por el cual fue parte de miles de objetos conmemorativos, constituyó un sello postal, e incluso un ejemplar hecho en peluche viajó al espacio en compañía de cosmonautas soviéticos.

Sam.

Los Ángeles 1984 – Sam. Simpático símbolo creado por Robert Moore, en asocio con la productora Walt Disney

La especie escogida, el águila calva, constituye un símbolo nacional de los Estados Unidos. Su nombre “Sam” está asociado con el símbolo del “Tío Sam”, imagen que personifica a la gran nación estadounidense.

La postura y colores elegidos están relacionados directamente con otros dos emblemas de esta nación, la famosa “Estatua de la Libertad” ubicada en Nueva York  y con su lábaro nacional.  

Hodori.

Seúl 1988 – Hodori. Esta mascota representa un tigre siberiano, animal común dentro de las leyendas coreanas, apareciendo como un aliado del hombre. Fue diseñada por Kim Hyun, y su escogencia hizo parte de un concurso público orquestado por el Comité Olímpico Coreano, donde se presentaron 2.295 propuestas diferentes.

La sílaba “Ho”, procede de la palabra coreana que designa tigre y “Dori” es un típico diminutivo masculino para referirse a los niños. Otros rasgos de esta mascota fue la presencia de un sombrero llamado “sangmo”, propio del folclor coreano, terminado con un cordón en tela que cae sobre su espalda y que lleva la forma de la letra “S”, simbolizando a Seúl. Por último, Hodori llevaba los aros olímpicos en su cuello, a manera de collar.

Cobi.

Barcelona 1992 – Cobi. Mascota basada en el perro ovejero catalán, transformado finalmente en un perro cubista humanizado. El lenguaje corporal expuesto en el diseño de esta figura olímpica facilitó que fuese símbolo de cercanía, acogimiento y amistad.

El nombre “Cobi” esta derivado del Comité Organizador de la Olimpiada de  Barcelona (con su sigla COOB).

Su particular diseño fue creado por el ilustrador Javier Mariscal, pero su gran diferencia con las mascotas anteriores generó polémicas y rechazos en la población. A pesar de ello, diversas megaempresas patrocinadoras (Una de ellas fue Coca-Cola) la tomaron como su imagen publicitaria, acción que potenció su acogida y le convirtió en la mascota más rentable y famosa en la historia de los Juegos Olímpicos modernos. Curiosamente, fue tal el impacto mediático de Cobi que incluso llegó a tener su propia serie animada “The Cobi Troupe”, emitida en gran cantidad de países alrededor del mundo.

Izzi.

Atlanta 1996 – Izzy. Fue la primera mascota diseñada por animación computarizada y la primera en romper la tradición de emplear animales como modelo para la elaboración del símbolo.

Su nombre está basado en la abreviación del término en lengua inglesa “What is it” (en español ¿Qué es eso?) convertido para esta ocasión en “Whatizit”. Este calificativo o seudónimo fue otorgado precisamente por la imprecisión sobre el tipo de animal o el tipo de figura que representaba esta mascota.

El cuerpo de Izzy es de color azul y tanto sus orejas como su cola llevan como adorno los diferentes aros olímpicos.

El proceso de selección de esta mascota fue mediante concurso entre 20 empresas especializadas en diseño gráfico. La historia promovida por sus creadores, para justificar su curiosa figura, está enfocada en que en una ciudad ubicada dentro de la llama olímpica existía un niño que deseaba participar de los Juegos, motivo por el cual usó los poderes que le otorgaban los anillos ubicados en su cuerpo para transformarse en un hábil deportista y poder así participar.

Fue tal el nivel de críticas que tuvo esta mascota que incluso fue excluida de la ceremonia inaugural.

Olly, Millie y Syd.

Sídney 2000 – Olly, Millie y Syd. Mascotas inspiradas en la particular y única riqueza animal australiana. El diseño de estas mascotas estuvo a cargo de Matthew Hatton. Son un total de tres mascotas, cuyas características enunciamos a continuación:

Olly: Imita a un kookaburra, ave típica de Australia, la cual posee plumas bastante llamativas. Su nombre está asociado a la palabra “Olimpiada” y representa la amistad, el intercambio, la variedad de culturas, el compañerismo y el espíritu olímpico.

Atenea y Febo.

Atenas 2004 – Atenea y Febo (Athenà y Phèvos). Diseño a cargo del ilustrador Syros Gogos. Estas mascotas estuvieron inspiradas en la cultura griega antigua; su forma se asemeja a las muñecas usadas en la antigüedad y la elección de sus nombres está relacionada con los dioses griegos Apolo (dios del sol y la música) y su hermana Atenea (diosa de la guerra y la sabiduría).

Atenea y Febo simbolizan los valores del Olimpismo, el juego limpio (fair-play) y la unión de la humanidad.

Lastimosamente, estas mascotas resultaron poco atractivas para los participantes, motivo por el cual se registraron bajas ventas de estas e incluso los deportistas se tomaron pocas fotografías con ellos.

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Beibei, Jingjing, Huanhuan, Yingying y Nini
Beijing 2008 - Beibei, Jingjing, Huanhuan, Yingying y Nini. Grupo quíntuple de mascotas lanzado oficialmente el día 11 de noviembre de 2005. El grupo de las cinco mascotas se llama Fuwa.
Este grupo de mascotas representan a cuatro de los animales más populares de China; el pez, el panda, el antílope tibetano y la golondrina, especies que junto con la llama olímpica llevaron un mensaje de amistad, paz y buenos deseos a los niños de todo el mundo. 
Beibei simboliza a los peces y el agua, elementos particulares de la tradición y cultura china. Este representa a la prosperidad y su color está vinculado con el aro olímpico azul. 
Jingjing está representado como un oso panda, animal bastante simbólico para esta cultura. Este encarna la felicidad y la conservación de la naturaleza para todas las generaciones actuales y venideras. Su color está asociado con el aro olímpico negro.
Huanhuan es el símbolo del fuego olímpico y la pasión del deporte. Este personifica el espíritu olímpico y el lema “Citius, Altius, Fortius”.  El color que le caracteriza está vinculado con el aro olímpico rojo. 
Yingving es un antílope que representa al territorio chino y promueve el deseo de buena salud para la humanidad. Su color está asociado con el aro olímpico amarillo.
Nini es una golondrina que encarna el espíritu de la alegría emanado por los niños cuando elevan sus cometas en tiempos de verano y primavera. Esta mascota representa al aro olímpico verde.
videntemente, cada uno de los “Fuwa” simboliza uno de los elementos de la naturaleza (Tierra, aire, fuego y agua). Esta múltiple mascota tiene un nombre compuesto por dos sílabas, las cuales al unirse crean la frase “Bei Jing Huan Ying Ni”, la cual traduce “Bienvenidos a Beijing”. Esta configuración quíntuple de mascotas logró un gran record en marketing.

Wenlock.

Londres 2012 – Wenlock. Diseño realizado por la empresa Iris Design. Wenlock está inspirado en la ciudad de Much Wenlock, situada en el condado en Shropshire (Inglaterra), sitio donde existió una Sociedad Olímpica, dirigida por William Penny Brookes, que albergó los Juegos Olímpicos de Wenlock en 1858, como parte de los intentos restauradores del olimpismo moderno.

Otras características de Wenlock son que su color proviene de la mezcla de los tres metales de las medallas, además en su pecho porta el logotipo de los Juegos y en su cabeza hay una luz amarilla (propia de los taxis londinenses) con tres ráfagas (relacionadas con los tres lugares del podio y las tres ocasiones que Londres ha sido sede de la máxima fiesta del deporte).

La historia construida para este símbolo cuenta que Wenlock nació de las últimas gotas del acero sobrante de la construcción de la última viga del estadio olímpico. Esta mascota posee cinco brazaletes de la amistad en sus muñecas, con cada uno de los colores de los aros olímpicos.

Vinicius.
  • Rio de Janeiro 2016 – Vinícius. Diseñada por la agencia Birdo Producoes. Según ellos, el diseño de esta mascota es la mezcla de elementos derivados de la cultura pop, algunos personajes de los videojuegos y otros personajes animados. La historia creada para su surgimiento cuenta que Vinícius nació como resultado de la alegría del pueblo brasileño y de la energía natural que se generó el día 2 de octubre de 2009, fecha en la cual Rio de Janeiro fue elegida como sede olímpica.

Vinícius representa a las distintas especies animales encontradas en Brasil. Este combina la agilidad de los gatos, el balanceo de los monos y la gracia de las aves. Puede estirar sus brazos y sus piernas tanto como quiera. Esto le permite saltar más alto, correr más rápido y ser más fuerte. Pero sólo usa sus poderes para el bien y se enoja si alguien sugiere que los utiliza para ganar una competición deportiva. Tiene un sentido del olfato muy agudo, un espíritu para la aventura y poderes asombrosos para escuchar, lo que le permite encontrar a sus alegres seguidores. Practica todos los deportes olímpicos y está hiper-conectado con sus amigos y amigas de todo el mundo. El nombre fue elegido mediante votación popular a través de la página web de los Juegos, siendo elegido como un homenaje póstumo a Vinícius de Moraes, uno de los artistas y compositores más populares de Brasil, precursor de la “Bossa Nova” y compositor, junto a Tom Jobim, de la canción “la chica de Ipanema”.

Miraitowa
  • Tokio 2020 (2021) – Miraitowa. Figura antropomórfica con cuadros ajedrezados en colores azul y blanco, creada por Ryo Taniguchi.

Su nombre mezcla las palabras “Mirai”, que significa futuro, y “Towa”, que traduce eternidad.


[1] Según Pérez, Pérez y Londoño, en los Juegos Olímpicos de México en 1968 se utilizó un jaguar rojo llamado “Chac-Mool”, como imagen identitaria del evento, pero no fue usada de forma oficial, razón por la cual no aparece dentro de los registros del Comité Olímpico Internacional (2021).

[2] La información contenida en este apartado del artículo es una adaptación extraída de diversas fuentes como Maule (2000, p. 27); Durántez, (2004, p. 102, 129); Gutiérrez, (2008, p. 128, 158); Zhixian, (2008, p. 180); Durántez (2008, p. 330); Romero Sedano (2012, p. 112-113); Durántez (2012, p. 322, 338); Grupo de Estudio Kinesis (2013, p. 35); Durántez (2015, p. 251); Grelon, (2016); Comité Olímpico Argentino y Buenos Aires Ciudad (2016, p. 27); Pacheco, Hernández y Águila (2018); Pérez y Pérez (2021) y Pérez, Pérez y Londoño (2021).