Editorial. La experiencia de Tokio 2020

Ciro Solano Hurtado

Presidente Comité Olímpico Colombiano

Después de los Juegos Olímpicos de Río 2016, en los cuales Colombia ganó ocho medallas, tres de oro, tres de plata y dos de bronce, el Comité Olímpico Colombiano reinició tareas enfocado en el siguiente ciclo olímpico, que nos llevaría a Tokio 2020.

Nuestro crecimiento nos permitía refrendar las conquistas del ciclo anterior, y así sucedió. Por segunda vez ganamos los Juegos Bolivarianos Santa Marta 2017;  también los Juegos Suramericanos Cochabamba 2018, por delante de Brasil; fuimos terceros en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018 y cerramos séptimos en los Juegos Panamericanos Lima 2019, resultado normal para nuestras posibilidades.

Ciro Solano Hurtado, Presidente Comité Olímpico Colombiano.

Después de Lima miramos con optimismo hacia Tokio 2020. Sabíamos que teníamos un muy fuerte grupo de atletas, de los cuales podrían salir varios medallistas. En ese análisis se perfilaron los nombres de los ciclistas Mariana Pajón y Carlos Ramírez; de los atletas Caterine Ibargüen, Anthony Zambrano ( subcampeón mundial de los 400 metros planos), Éider Arévalo y Sandra Lorena Arenas; de la judoca Yuri Alvear; de los boxeadores Yuberjen Martínez, Ingrid Valencia y Céiber Ávila; de los pesistas Luis Javier Mosquera, Mercedes Pérez, Leidy Solís, Santiago Rodallegas y Francisco Mosquera; de los tenistas Robert Farah y Juan Sebastián Cabal, además de los ciclistas de ruta, comandados por Rigoberto Urán.

Indiscutiblemente… era un grupo de lujo…

Llegó el fatídico 2020 con el COVID 19 a bordo, que atacó el mundo entero, envió a todos a confinamiento obligatorio y desbarató los planes, sin posibilidades de reestructuración, porque el desarrollo de la pandemia no permitía saber cuándo se vería la luz al otro lado del túnel y, menos, descubrir una solución que permitiera volver a la normalidad. Durante un largo periodo, nuestros atletas entrenaron en casa, es decir, dentro de unas enormes limitaciones, que redujeron las posibilidades de una buena preparación.  

Paralelo a eso, Colombia vivió el escándalo del dopaje en el levantamiento de pesas, el deporte más ganador en los últimos Juegos Olímpicos, factor que estuvo a punto de eliminar a nuestro país de las justas de Tokio y redujo la nómina sólo a tres cupos, y no a los ocho que ya estaban clasificados.

Como consecuencia de la pandemia, los Juegos Olímpicos, por primera vez fueron aplazados un año.

En medio de la más grande incertidumbre comenzó el año 2021, con la esperanza de la efectividad de una vacuna exprés, es decir, apenas en periodo experimental, que permitiera volver a la normalidad. En efecto, Europa y Asia se empezaron a vacunar y sus atletas a regresar a las competencias, pero el proceso en Colombia se demoró tanto, que el tiempo fue muy corto para lograr clasificar a buena cantidad de atletas, y más corto aún, para preparar a los 71 que lograron sus cupos, cifra que se redujo a 68, por diversas razones. Finalmente, Colombia ganó cinco medallas, cuatro de plata y una de bronce, y once diplomas olímpicos, cifras inferiores a las registradas en los dos últimos Juegos, pero suficientes para confirmar el valor de nuestros atletas y dejar en claro que el desarrollo deportivo colombiano no se detiene, ni frente a grandes adversidades como las vividas en el final del ciclo olímpico anterior.

Estas reflexiones nos sirven para explicar lo ocurrido, pero no para justificarlo plenamente, porque la primera tarea que afrontaremos el Comité Olímpico Colombiano, el Ministerio del Deporte y las federaciones deportivas será un detallado análisis para trazar nuevos derroteros, con la absoluta convicción, que nuestro desarrollo deportivo sigue intacto, frente a los compromisos del nuevo ciclo olímpico, que tiene como primer certamen los I Juegos Panamericanos Junior Cali Valle 2021, en noviembre próximo, que nos servirá para medir el nuevo potencial de atletas, que reforzarían nuestro proceso de preparación para París 2024, en donde lucharemos por alcanzar un desempeño histórico. Ese es el compromiso.

Lenguaje. Uso correcta de “Juegos Olímpicos” y “Olimpíadas”

Por José Antonio García Forero

Miembro de la Academia Olímpica Colombiana

Con motivo de la realización de los Juegos Olímpicos Tokio 2020, aparecen innumerables artículos, columnas, comentarios, noticias, etc, en que a veces, sus autores, sin proponérselo, usan mal o confunden las designaciones “Juegos Olímpicos” y “Olimpíadas”, términos totalmente diferentes.

Foto: Comité Olímpico Internacional.

¿Qué son los Juegos Olímpicos?

Hacen referencia al grandioso espectáculo que se celebra cada cuatro años, o cada cincuenta lunas, según la concepción de la antigua Grecia.

Los Juegos Olímpicos son las competencias deportivas entre los países que conforman el Comité Olímpico Internacional, COI, que en el caso de Tokio fueron 205 países y la delegación de los nombrados “Participantes Independientes de los Juegos Olímpicos”, para completar 206 banderas, cuyos deportistas tomaron parte en los eventos clasificatorios, según los reglamentos del COI, aplicados por las correspondientes federaciones deportivas  Internacionales reconocidas por el COI.

También se dice que los Juegos Olímpicos son “…la respuesta de los países afiliados al COI, para competir en los deportes aprobados por el mismo, en tiempo determinado, generalmente dos semanas” o 15 a 17 días, caso Tokio.

En la antigua Grecia se identificaron cuatro Juegos Olímpicos que se celebraban cada cincuenta lunas: los Juegos Panhelénicos, en honor a Zeus; los Juegos Ístmicos, en honor a Poseidón; los Juegos Nemeos, en homenaje a Heracles (Hércules), y los Juegos Píticos, en honor a Apolo. (Es posible encontrar varias fuentes de información con datos diferentes, pero estos son los que se consideran más acertados. (https://olympics.com)

¿Qué son las Olimpíadas?

En Olimpismo se entiende por Olimpiada, el tiempo que transcurre entre la celebración de unos Juegos Olímpicos y los siguientes, que al considerar, como en la antigüedad cincuenta lunas, serían cuatro años, que según los reglamentos del COI se cuentan a partir del primero de enero del año siguiente a los Juegos Olímpicos y se termina el 31 de diciembre de los siguientes Juegos Olímpicos.

Durante la Olimpiada se celebran varios eventos reconocidos por el COI, generalmente con miras a los Juegos Olímpicos. En Colombia, durante las Olimpiadas se celebran Juegos Bolivarianos, Juegos Suramericanos, Juegos Centroamericanos y del Caribe, Juegos Panamericanos y se desemboca en los Juegos Olímpicos.

Conclusión: Juegos Olímpicos son las competencias entre los países afiliados al COI, celebrados cada cuatro años.

Olimpíada es el tiempo transcurrido entre la celebración de unos Juegos Olímpicos y los siguientes.

Ancestros. De Grajales a Zambrano: de la ilusión al logro

Por Fabio Arévalo Rosero

Presidente Sociedad Colombiana de Ciencias del Deporte. Campeón del mundo de los World Mundo-Medigames

En los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, en los 400 metros planos nos representó un jovencito de 23 años, Pedro Grajales, en condiciones totalmente precarias. En Tokio 2020, casi 60 años después, nos encarna en la misma disciplina otro chico de 23 años, Anthony Zambrano. Grajales por aquellos tiempos se convirtió en orgullo y leyenda deportiva en Colombia y fue considerado algo así como el atleta más completo. Tuvo el récord nacional de 400 m por 22 años y fue múltiple campeón suramericano.

Pedro Grajales.

El mejor tiempo de Grajales fue de 46.4 y debieron pasar 55 años para rebanar por parte de su sucesor de hoy 2.5 segundos. Zambrano en estos JJOO ha impuesto nueva marca suramericana con 43.93 segundos. Pero veamos que aparte del talento de cada deportista, la evolución de las condiciones ha sido extraordinaria. Grajales jamás tuvo todas esas circunstancias favorables de hoy en lo técnico, lo científico y logístico. En medio siglo la ciencia deportiva ha construido súper atletas. De allí que sea lógico que las marcas se superen.

Todo ha mejorado sustancialmente con unas pistas sintéticas donde se puede correr más rápido por menor adherencia y mayor facilidad para el despegue del pie. En la indumentaria deportiva se han desarrollado, por ejemplo, zapatillas anatómicas, ultralivianas con plantillas de impulso, una ropa aerodinámica con materiales especializados que manejan mejor el sudor y la resistencia del aire. Y ni qué decir de las técnicas de entrenamiento, el apoyo fisiológico y la nutrición avanzada para el deporte específico. Son muchísimas ventajas que tienen los deportistas de hoy, frente a los de antaño

Esto significa que lo realizado por Pedro Grajales hace más de medio siglo tiene unos méritos gigantes, que no pueden olvidarse. Su retiro fue hace 50 años en los Juegos Panamericanos de Cali y posteriormente se volvió entrenador y formador de atletas, con mucho éxito. El estadio internacional de atletismo de Cali lleva su nombre en su honor y reconocimiento por lo grande que fue. Pedrito tiene 81 años y vive jubilado en la ciudad de Cali, con las añoranzas de sus gestas y defendiendo a capa y espada que el atletismo es el rey de los deportes.

Anthony Zambrano. Foto: El Colombiano.

De Pedro Grajales a Anthony Zambrano ha transcurrido más de medio siglo y la diferencia en los 400 m. entre los dos son 2.5 segundos. A lo mejor ambos han tenido el mismo talento, pero el joven Anthony tiene de lejos un mejor apoyo que en aquellos tiempos, además dispone a su favor de toda la ciencia y la tecnología (aunque no tanto como en los países desarrollados con mayor inversión deportiva). Ello le ha permitido a Zambrano con su espíritu de ganador y amor patrio convertirse en uno de los mejores atletas del mundo en velocidad media, llevando a Colombia a las grandes ligas del deporte olímpico.

De allí que Zambrano puede estar en su mejor momento en París 2024 con 26 años y será candidato a campeón olímpico en una de las pruebas más duras y competidas del deporte orbital, los 400 metros planos. Para ello deberá realizar algunos ajustes de trabajo técnico anaeróbico y de composición corporal, para mantener la plenitud de su potencia en toda la carrera. Para los siguientes juegos, en Los ángeles 2028, con un poco menos de peso y un trabajo aeróbico explosivo podría ser favorito, como Alberto Juantorena en su tiempo, para ganar los 800 metros planos.

De Grajales a Zambrano las diferencias circunstanciales son enormes, pero el mérito, el talento y el pundonor seguramente los mismos. Pedro le dio la ilusión a Colombia que hoy se consolida con Anthony. En medio de absurdas polarizaciones que en medio de amarguras personales intentan unos cuantos, es una gran lección de orgullo patrio que nos dejan dos referentes amables del país. Ejemplo de unión y liderazgo legítimo a través del deporte.

Memoria. El BMX: una historia con sabor paisa

Por Juan Fernando Castrillón Benjumea

Dirigente Deportivo del BMX

Hoy Colombia es una auténtica potencia mundial en el BMX. A esto han contribuido inicialmente la novedad que supuso la incursión de un nuevo deporte en nuestro medio, el interés y el entusiasmo que éste suscitó en los niños, así como el amor, el acompañamiento y el apoyo económico de sus padres para conocerlo y practicarlo.

Pero, indudablemente, el excelente desempeño al que hemos llegado en el campo del BMX mundial se debe a la visión, al trabajo, al esfuerzo y a la perseverancia de quienes lo introdujeron y luego al de sus promotores y gestores a lo largo ya de 30 años.

Debido a ello, hay que reiterarlo: Colombia ostenta un innegable y altísimo nivel técnico, capacidad, disciplina y desempeño de sus deportistas.

En la misma línea debemos decir que en dichos resultados, el mayor palmarés corresponde a Antioquia, cuya notoria superioridad se debe a la constancia y empeño de los dirigentes; también, a la mística, pasión y disciplina de los padres que apoyan y acompañan a sus hijos en la práctica de este deporte desde muy temprana edad, como lo demuestran nuestros campeones nacionales y mundiales, hoy prominentes y reconocidas figuras en el ámbito deportivo mundial y del ciclismo internacional.

Esta, pues, es una historia que no se cuenta de manera casual, sino que ha sido construida y ha obtenido un sitial de honor –literalmente hablando– con “sangre, sudor y lágrimas”. Historia que a la fecha se erige como una conquista y un enorme logro internacional que esperamos motive a las nuevas generaciones de deportistas a mantener y a superar el desempeño y los resultados alcanzados. Historia que transfiere la responsabilidad de que así continúe siendo, y constituye un importante legado para las nuevas generaciones de dirigentes que se comprometan a mantener muy en alto el nombre de Colombia en el ámbito deportivo y, muy especialmente, en el BMX.

Scott Breithaupt. Foto: www.diversionyvertigo.blogspot.com.

El precursor

La historia de este deporte a nivel mundial comienza en el año de 1969 en el estado de California, Estados Unidos, en donde un joven de nombre Scott Breithaupt decide utilizar una bicicleta en una pista de motocross, procurando imitar las habilidades y realizar las mismas maniobras que hacían sus ídolos en las motos.

Ambas incursiones significaron el primer y más claro indicio relativo al surgimiento de una nueva disciplina deportiva en el ámbito ciclístico mundial: el bicicross o BMX.

Poco a poco, las llamativas bicicletas adaptadas, así como la imitación de las maniobras acrobáticas y la práctica –cada vez más amplia y frecuente– en la que se hacían visibles el grado de agilidad, la experticia y el nivel técnico de las mismas adquiridos por los jóvenes, dieron paso a esta nueva y emocionante disciplina que se fue extendiendo por todo el país. De esta manera nació el BMX, cuyas letras son una abreviatura de la expresión “Bicycle Motocross”.

Para 1974 nace la “Nacional Bicycle League” (NBL) en los EE.UU, encargada de promover a nivel local, estatal, regional y nacional el BMX en dicho país. Tres años después, en 1977, se organizó la “American Bicycle Association” (ABA) como una entidad nacional, con el fin de facilitar así el crecimiento de este deporte, que fue introducido en Europa un año después, en 1978, en donde fue inmediatamente acogido por Inglaterra, Holanda y Francia, iniciando así una nueva fase de expansión por este continente y por el mundo, y que fue determinante para su desarrollo con la creación de la Federación Internacional de BMX, IBMXF.

Javier Humberto Zapata, primer colombiano en clasificarse a una final de un Mundial de Bicicross,
en categoría mayores, el celebrado en 1987, en Orlando, Florida, en el cual terminó en la
quinta posición. La fotografía corresponde a una demostración de habilidad.

En Colombia nace grande

El ciclocross en Colombia en sus años iniciales alcanzó una fanaticada relativamente grande, con la cual llega a Colombia a principios del año 1975, específicamente a la ciudad de Medellín, gracias a los hermanos Ricardo y Guillermo Arango, los encargados de realizar las primeras competencias en la pista de motocross de Furesa (empresa de fundiciones y repuestos), en el Municipio de Envigado, departamento de Antioquia, Colombia, en donde actualmente se encuentra la Planta de SOFASA. .

Ricardo, influenciado por las revistas de BMX-Action decide practicar el bicicross en Medellín, y luego organizar una demostración en el colegio Santa Rosa de Lima (barrio la Floresta). Más adelante, Jairo Zuluaga, Javier Jaramillo, Hernando Tamayo, Álvaro Jaramillo, Fernando Giraldo Betancur y la señora Ángela Martínez, fundaron el primer club organizado de este deporte y se encargaron de difundirlo y promocionarlo en todo el país.

Eran muchos los que montaban las bicicletas de cross de la época, recorriendo los barrios y entusiasmando a jóvenes de su misma edad, y lo hacían con tal pericia que podían saltar andenes, pasar por encima de canecas y otras piruetas más.

Ese fue el comienzo del bicicross en Medellín, de donde luego sería llevado a Bogotá por Juan Carlos Carbó y John Santamaría, quienes se dieron a la tarea de difundir y promocionar este novedoso deporte.

Crece en Medellín

Posteriormente, entre los años 1976 y 1978 se realizaron algunas competencias en la pista de Moto Cross de Furesa, por invitación de Óscar Campillo (presidente de la Liga de Motociclismo de Antioquia), quien después de verlos en una ocasión los invitó a participar en el intermedio de una competencia de motocross. En esa misma época, ante el auge del Ciclo-Cross, se improvisaron otras pistas como la que se utilizó en la zona alta del barrio Calasanz, llamada Morro Ferrini, en el Barrio Conquistadores, otra al frente del Centro Comercial Oviedo y en el barrio Belén (actual pista de la CAB) en Medellín.

Las modalidades que se practicaban eran el cross, que se realizaba en la pista, y el de habilidad marcada por la agilidad, la pericia y el manejo de la bicicleta, y que se hacía en el pavimento y sobre rampas.

En 1978, la afluencia masiva de los amantes de esta modalidad que surgía en la historia del deporte antioqueño tuvo como impulsador del ciclo-cross y del ciclo-trial a Campillo, quien fomentó estas especialidades entre sus amigos, y luego lo extendió a colegios, escuelas y municipios, hasta alcanzar una proyección nacional en unión con Víctor Borrero, quien las promovió en el Valle del Cauca, y el señor Darío Durango, de Yamamoto, en Bogotá. Ellos conformaron una selección de 20 de los mejores exponentes de cada ciudad para enfrentarlos en lo que se llamaría “El Primer Amistoso Nacional de Ciclo-Cross y Trial”, que se llevó a cabo en el mes de agosto de 1978.

Mundiales de bicicross

En abril de 1981 se fundó la Federación Internacional de BMX, IBMXF, que organizó el primer Campeonato Mundial de esta disciplina el cual se realizó en los Estados Unidos, en la modalidad “Indoor” (bajo techo), y que le dio un gran impulso a la Federación recién creada. En 1.982 se realizó el segundo Campeonato Mundial de Bicicross en Daytona, también en los EE.UU.

El último Campeonato Mundial organizado por la Federación Internacional de Bicicross “IBMXF”, se hizo en 1995 en la ciudad de Melgar, Departamento del Tolima (Colombia). Al año siguiente, el “bicicross” ingresa a la Unión Ciclística Internacional, UCI, y debutó como deporte olímpico en los Juegos de Beijing, China, en 2008, en las modalidades de contrarreloj y circuito (cross).

Algunos escritos remontan los orígenes a “…otro tipo de pruebas que tienen lugar al aire libre […] (como) el ‘ciclocross’ (nacido en Francia a finales del siglo XIX y que deriva de los ejercicios militares en los que los participantes siguen un recorrido a través de pistas embarradas y obstáculos), así como las de ‘mountain-bike’ o ciclismo de montaña…”.

Andrés Jiménez.

Historial Olímpico

Actualmente –como en cualquier otro deporte organizado– las pruebas se realizan a distintos niveles, y van desde Campeonatos Regionales hasta Campeonatos del Mundo. A partir del 2008 el BMX fue considerado deporte olímpico, y su debut tuvo lugar en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, en la modalidad de contrarreloj y circuito (“race”).Clasificados por Colombia estuvieron Augusto “TIN” Castro Herrera, Sergio Salazar  y Andrés Jiménez quien ocupó la cuarta posición.

Aquel año el oro masculino fue para el letón Maris Strombergs, la medalla de plata fue para el corredor estadounidense Mike Day, y el bronce para el también estadounidense Donny Robinson. El primer lugar del podio femenino en las olimpíadas fue para la corredora francesa Anne-Caroline Chausson, el segundo puesto para la francesa Laëtitia Le Corguillé, y el tercer puesto para la norteamericana Jill Kintner.

Mariana Pajón, doble campeona olímpica, en Londres 2012 y Río 2016. Finalmente, en Tokio 2020 obtuvo medalla de plata.

Llega a los Olímpicos

Cuatro años después, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, el oro femenino fue para la competidora colombiana Mariana Pajón Londoño, la plata para la neozelandesa Sarah Walker, y el bronce para Laura Smulders de Holanda. En la prueba masculina, el oro fue de nuevo para Maris Strombergs de Letonia (su segundo oro en las olimpíadas), la plata para el australiano Sam Willoughby, y el bronce para el colombiano Carlos Mario Oquendo Zabala. El ganador del BMX, en cuanto a medallería acumulada fue Colombia, al llevarse el primer lugar con la presea de oro de Pajón y el bronce de Oquendo; el segundo lugar fue para Letonia, con una medalla de oro; el tercero fue para Australia.

Carlos Mario Oquendo, bronce en Londres 2012.

En los Juegos Olímpicos de Río 2016, el oro masculino fue para Connor Fields de EEUU, la medalla de plata para Jelle Van Gorkom de Holanda, y el Bronce para Carlos Alberto Ramírez Yepes de Colombia. En cuanto a la modalidad femenina, la medalla de oro fue para Mariana Pajón, de Colombia (primera mujer en ganar dos pruebas consecutivas en los dos juegos olímpicos, Londres 2012 y Río 2016); la medalla de plata fue para Alise Post de EE.UU; y la de Bronce para Stefany Hernández de Venezuela.

Y los Juegos Olímpicos de Tokio 2021, el oro femenino fue para Bethany Shriever de Gran Bretaña, seguida de la Colombiana Mariana Pajón Londoño y el tercer lugar para Merel Smulders, de Países Bajos y en la prueba masculina la medalla de oro fue para Niek Kimmann de Países Bajos, medalla de plata para Kie Whyte de Gran Bretaña y la medalla de Bronce para el Colombiano Carlos Alberto Ramirez Yepes.

Sin duda alguna, Antioquia es cuna de grandes talentos de Bicicross de donde han salido un gran número de campeones mundiales en esta disciplina, entre los que destacan los tres medallistas olímpicos.

El 10 de agosto de 2012, cuando Mariana Pajón y Carlos Mario Oquendo ganaron las medallas de oro y bronce, respectivamente, en los Juegos Olímpicos de Londres, la historia del BMX colombiano se partió en dos, en un antes y un después.

El antes fue el trabajo de dirigentes, entrenadores, padres de familia, comisarios, personal administrativo y logístico, personal médico,  y deportistas para sacar adelante un deporte en el que nadie creía, y el después, que lo están construyendo día a día para seguir formando seres integrales que algunos se convertirán en campeones mundiales y medallistas olímpicos. 

Carlos Alberto Ramírez, bronces en Río 2016 y Tokio 2020.

Medallistas. Anthony Zambrano, campeón desde el vientre de su madre

Por Luz Mila Torres Ruiz

Periodista de Barranquilla

Con solo 23 años de edad, Anthony Zambrano de la Cruz, atleta atlanticense (aunque nació en Maicao, La Guajira) empezó a dejar su huella en el atletismo mundial, cuando con un registro de 44.08 alcanzó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, superado por Steven Gardiner (43.85), de Bahamas. Esto se debe a que comenzó su carrera cuando tenía 12 años de edad, entrenando en la pista atlética del estadio metropolitano Roberto Meléndez, de Barranquilla.

Anthony Zambrano, con 17 años, finaliza sexto, en los 400 metros planos, del Mundial de Menores de Atletismo, en Cali 2015.

A los 17 años de edad formó parte del equipo de atletismo del Atlántico, luego de representar a la Institución Educativa Distrital para el Desarrollo Humano María Cano, de Barranquilla, en los Juegos Intercolegiados del año 2015, y desde entonces demostró su habilidad para la velocidad. Ese mismo año compitió por Colombia en el Campeonato Mundial  de Menores  en la ciudad de Cali, en el cual se ubicó séptimo, en los 400 meros. Un año más tarde fue sexto en el Mundial Juvenil de Polonia.

A pesar de haber tenido un inicio prometedor para su corta edad, después que ser campeón nacional sub 23, en el torneo celebrado en Medellín, en 2018, Zambrano tuvo una pausa de dos años, por culpa de una lesión, que lo mantuvo ausente de la pista. Sin embargo, Atlántico, departamento que no lo vio nacer, pero que lo vio iniciarse, formarse y crecer como atleta y al cual siempre ha representado, nunca le quitó su respaldo ni su apoyo moral y económico, en cabeza de Orlando Ibarra Echeverría, ex atleta de campo del departamento, varias veces campeón nacional en bala y disco, quien como presidente de la liga de atletismo regional, siempre estuvo allí para apoyarlo y luchar por su recuperación y evolución.

Y como el que persevera alcanza, gracias al infinito amor de su señora madre, Miladis, mujer esforzada, valiente, quien no solo fue padre y madre desde que nació, sino también su fuerza, su eterno apoyo, Anthony se fue poniendo metas, objetivos, y así empezó el ascenso de su nivel atlético.

Anthony Zambrano con su mamá, Miladys, el gran motor de su vida. Foto: El Heraldo.

En Lima supera un alto peldaño

Seguidamente continuó su ascenso con el oro en los 400 metros planos en los Juegos Panamericanos de Lima, Perú, 2019, y con esta medalla Anthony Zambrano se convertía en referente del atletismo colombiano, pues en esas justas obtuvo además el primer lugar con el equipo de relevos de 4×400.

El mundial de atletismo de Doha, Catar, 2019 (con tan solo 20 años de edad) fue el inicio de un sueño olímpico, porque paró el cronómetro en 44.15, para ser segundo en los 400 metros planos. Allí empezó su presentación en sociedad, ante la élite del atletismo orbital.

Posteriormente, en los Juegos Deportivos Nacionales Cartagena 2019 le entregó con autoridad  al Atlántico la  medalla de oro en la distancia de los 400 metros planos y la de plata en los 200 metros lisos.

Una mención muy especial merece su entrenador, Nelson Gutiérrez Pérez, un cubano radicado en Ecuador, especialista en velocidad asistida, quien como orientador ha logrado nueve medallas mundiales, tres finales olímpicas (con la de Anthony, en Tokio 2020) y una medalla en los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018, un hombre de pocas palabras, pero muy analista, quien no solo es su entrenador también ese ser humano que está siempre allí, alrededor de él, como persona.

Anthony Zambrano, campeón panamericano, en los 400 metros, de Lima 2029.

Ganador, por siempre

Sus triunfos, sin lugar a dudas enorgullecen a un departamento, Atlántico, a la región Caribe y a Colombia, pero más allá de las medallas, de ese lugar en el podio que siempre quiso  alcanzar, Anthony, desde el vientre de su madre ya era un ganador, porque solo ese amor que nació desde su gestación es el que lo ha impulsado a ganar en la pista, a  correr no solo con impulso, sino con decisión, a esforzarse siempre para mejorar su marca.

Más allá de su pasión por el atletismo, Anthony Zambrano jugó fútbol, fue bicitaxista y trabajó en la construcción. En sus comienzos corrió descalzo, porque su mamá no tenía los recursos para comprarle un par de zapatos.

Anthony ha competido con la mente puesta en metas y objetivos definidos, a través de procesos que lo han hecho buscar siempre la excelencia. Cada desafío asumido por él lo moviliza a prepararse cada vez más, en sus intentos por lograr su sueño olímpico.

Es una persona de fondo noble, pese a las dificultades por las que atravesó desde niño. Es un habitante más de Colombia (aunque desde hace más de un año entrena en Ecuador), que cada día se levanta pensando en los desafíos que él mismo se propone y en los obstáculos que le oponen el deporte y la cotidianeidad. Pero siempre trata de vencerlos con el mayor empeño posible, para demostrar que cuando una persona se traza objetivos, en cualquier plano que fuere, basta con la voluntad, el tesón, el amor y, desde luego, el trabajo y la disciplina.

Polémica. La Norma 50: ¿inentendible, inaplicable o indefendible?

Por Guillermo González López

Presidente Academia Olímpica colombiana

Anthony Zambrano, en frente de las cámaras que transmitían al mundo la ceremonia de premiación de los 400 metros planos, de los Juegos Olímpicos Tokio 2020, recibe la medalla en sus manos, se santigua y se la cuelga con una vibrante emoción.

Unos días antes, Carlos Ramírez, doble medallista de bronce en los Juegos Olímpicos, recibía su presea y la llevaba a su frente, a su corazón y a sus hombros. Le mostraba al mundo su hazaña y la dedicaba a su creador. No estoy seguro si en Rio de Janeiro, tuvo el mismo gesto, pero, muy seguramente, allí y en las múltiples ocasiones en que pisó un podio, lo habrá reiterado[GLG1] .

También vi a alguna atleta de algún país islámico poner reverentemente su frente en el piso, y agradecer a Alá por la actuación que acababa de cumplir. Oró allí en el escenario olímpico, que acababa de ser testigo de su actuación.

Varios jueces, especialmente de los torneos de fútbol, aunque algunos también sobre el ring de boxeo, iniciaban o terminaban su trabajo con el signo de la cruz. Allí, en donde vimos ganador a Yubergen, un juez se persignaba, buscando en su acto de fe, un buen desempeño.

Raven Saunders. Foto: El Nacional.cat

Raven Saunders, atleta de los Estados Unidos, fue investigada por el COI por sus brazos cruzados en el momento de recibir su medalla de plata en lanzamiento de peso, gesto que significaba “la intersección en la que se encuentran todos los que están oprimidos”. Los casi 20 metros de su lanzamiento le permitieron subir a un podio para expresar su mensaje.

Si nos salimos de Tokio 2020, son muchas las historias que habría que contar. Muchos atletas se signaron, se santiguaron y se persignaron en las canchas, pistas, rings, pedanas, aparatos, fosos, piscinas, etc. Sin embargo, la más celebre y comentada, sucedió en México 1968, cuando dos atletas negros, Tommie Smith y John Carlos, medallistas de oro y bronce en los 200 metros, subieron al podio a recibir sus medallas y allí empuñaron su mano levantada, para simbolizar el entonces denominado poder negro.

Tommie Smith y John Carlos, derecha, en México 1968.

Este gesto, que les significó dos consecuencias paradójicas: la primera, la expulsión del equipo americano de los Juegos Olímpicos, con la correspondiente pérdida de sus medallas y por el otro lado pasar a la historia olímpica. Lo que en su momento fue calificado por la prensa norteamericana como “angrier, nastier, uglier», es decir, «más enojado, más desagradable, más feo», en paradoja con “más rápido, más alto, más fuerte” (lema olímpico) y la segunda, recibir abusos, insultos y hasta amenazas de muerte, hoy es visto con una óptica radicalmente diferente.

Avery Brundage, quien en ese momento ocupaba la silla que en el COI hoy ocupa Thomas Bach, no se inmutó cuando en todas las ceremonias de los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, se uso con reiteración y complacencia el saludo nazi. Muchas delegaciones, incluida la de nuestro país, lo usaron como una expresión normal, que además trascendió a ceremonias deportivas locales, incluidas aquellas de índole escolar.

¿Pero, cuál es la razón para tocar en este artículo el tema de las manifestaciones religiosas y políticas en los Juegos Olímpicos?

La razón es simple: la muy discutida Regla 50, párrafo 2 de nuestra Carta Olímpica:

No se permitirá ningún tipo de manifestación ni propaganda política, religiosa o racial en ningún emplazamiento, instalación u otro lugar que se considere parte de los emplazamientos olímpicos.”

El podio, definitivamente es un “emplazamiento olímpico”, en el momento de las ceremonias de imposición de medallas, es el sitio al que por excelencia se le aplica esta norma. Es allí, en donde suelen aparecer, con mayor y más calificada audiencia, las manifestaciones previstas en la norma.

Sí, ese momento sublime del podio, allí donde los atletas son honrados con las preseas y con las banderas de sus países de origen. Allí donde el vencedor escucha su himno nacional, con emoción, respeto y orgullo patrio. El sitio al que aspiran a llegar los atletas de los 205 países participantes y del equipo de refugiados. Pero…, ¿no son acaso los himnos y las banderas una representación de la división política de nuestro planeta?… ¿no son, por lo tanto, una manifestación política y una propaganda a las naciones de los vencedores?… ¿no es el equipo de refugiados una opción política, afortunada, por cierto, ante un mundo en conflictos?

De seguro, no pasó por las mentes de Anthony y de Carlos la idea de que, con el signo de la cruz, corrían el riesgo de ser sancionados y despojados de sus preseas. No estuvo en la cabeza de nadie. Era impensable, así estuviese claramente explícito en la Carta Olímpica.

Descontadas estas sentencias podríamos afirmar con poco riesgo de error, que se ha violado la mencionada norma 50, cada vez que en la historia de los Juegos Olímpicos se izaron banderas y se escucharon himnos nacionales en las ceremonias de imposición de medallas a los atletas vencedores. Así se hayan signado o no con la señal de la cruz…

Foto: www.bing.com

La historia, entonces, parece sugerir que las manifestaciones prohibidas en el podio y en otros “emplazamientos olímpicos” son solo aquellas que se oponen a lo establecido. Puede leerse con suspicacia que la norma no se refiere a manifestaciones, sino a protestas. Son estas las censurables, las punibles.

La polémica sobre la aplicación de la norma es siempre evidente y esperable. Es constante la objeción. La discusión suele rondar por lo que puede calificarse como manifestación o propaganda, pero más aún sobre cuando la una o la otra son de carácter político, religioso o racial. El COI, entendiendo las dificultades de la aplicación de la norma, propició recientemente y a través de su Comisión de Atletas una encuesta con atletas olímpicos, para así escuchar la voz mas autorizada al respecto. Los resultados fueron en algunos casos sorprendentes.

Un número importante de ellos apoya la restricción. Otros se manifiestan contrarios. Hay que anotar, sin embargo, curiosos elementos que deben tenerse en cuenta al interpretar los resultados. Por una parte, la selección de la muestra incluía atletas olímpicos de edades avanzadas, que participaron en Juegos hace varias olimpíadas, además, una concentración, extraña por excesiva, de atletas de un país en particular y con un sistema social de carácter radical. De otro lado, las preguntas se referían en algunos casos a la preferencia o no del atleta de tener una ceremonia de premiación libre de interferencias que estropearan su momento de gloria, ante lo cual, las respuestas podrían interpretarse como inducidas.

Por lo tanto, la discusión no termina. La norma, vigente completamente tiene el riesgo de la exégesis, pero más aun el de su aplicación a discreción y gusto del COI. Los atletas, los oficiales y los equipos de juzgamiento en los Juegos Olímpicos siguen siendo sujetos de investigación y de posibles sanciones, sin mayores posibilidades de defensa ante una norma, sin tanto sentido como sí claridad en su redacción.

Hemos encontrado así, que es prudente y necesario escuchar la voz de los atletas colombianos, respecto de la discutida norma. La Academia Olímpica Colombiana está iniciando un proceso investigativo, con el objetivo de “analizar la participación y las percepciones de los y las atletas colombianos/as frente a la encuesta realizada por la Comisión de Atletas del COI. relacionada con la Recomendación a la Regla 50, párrafo 2 de la Carta Olímpica, así como sus comentarios frente al resultado obtenido mediante la misma.

Se buscará así mismo “analizar la representación y participación de los atletas colombianos en el Movimiento Olímpico internacional y nacional, así como en sus procesos decisorios.”

La muestra incluirá los atletas participantes en Tokio 2020 y en las últimas versiones de los Juegos del ciclo olímpico, juegos Bolivarianos, Suramericanos, Centroamericanos y Panamericanos, así como exatletas olímpicos. Escucharemos además opiniones de entrenadores, jueces y personal técnico.

Lo que hoy ya parece inevitable es la revisión de la Carta Olímpica. Ya en versiones anteriores se pretendió afectar el texto de la regla 50, sin mayores consecuencias. La voz de los atletas debe ser tenida en cuenta en este propósito. ¿Cuál es el camino? ¿Generar una redacción con escenarios más objetivos y aplicables o retirar una norma inentendible, inaplicable y por lo tanto indefendible?

Los atletas colombianos pronto expresarán su opinión.

Respeto. Las profundidades del fallo contra Yuberjen

No es posible robar la luna.

Ryokan, un maestro de Zen, llevaba la clase de vida más sencilla posible en una pequeña choza al pie de una montaña. Una tarde, un ladrón entró en la choza y descubrió que allí no había nada que robar.

Ryokan regresó y le sorprendió.

-Es posible que hayas hecho un largo camino para visitarme -le dijo al merodeador- y no deberías regresar con las manos vacías.

Por favor, toma mis ropas como regalo. El ladrón se quedó perplejo, pero cogió las ropas y se escabulló. Ryokan se sentó desnudo y contempló la luna. Pobre tipo –musitó-. Ojalá pudiera darle esa  hermosa luna. (Sensaki, 2012) 

Por Fabio Alfredo Navarro Pasquali

Filósofo de la Universidad Nacional, abogado de la Universidad Libre de Colombia, especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre y Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana.

Introducción.

En su libro En el enjambre, Byung Chul Han, el filósofo surcoreano plantea lo que puede considerarse un imperativo que deviene en el estar frente a otro y mantener la distancia, como postura que necesariamente produce respeto. Si esa distancia se pierde se accede al espectáculo, lo que puede ser entendido como el  simple ejercicio del ser espectador.

En una competencia deportiva no se puede perder el respeto del mirar  a la distancia el ejercicio sensato, para sumirse  más allá de la norma y su sentido, en las veleidades del poder hacer a expensas de la dignidad  que asiste a los que combaten en honorable lid. Estos, impávidos asistirían a su demérito y subvaloración para que el espectáculo continuara impasible, exacerbando sentimientos de dudosa extirpe.

El respeto como base del principio de igualdad.

“El respeto constituye la pieza fundamental para lo público”, Señala Byung Chul. Han llevado a entender que tal condición resulta de particular importancia, pues si desaparece, no es posible pensar siquiera en la existencia del escenario común en el cual se reconstruye el pasado a través de la puesta en escena de antiguas tradiciones, costumbres, usos o el especial reconocimiento de identidades históricas.

Un deportista que se confronta con su oponente en el escenario que a ellos corresponde, ocupando sus respectivos lugares, desde las propias historias personales, familiares y sociales asume el respeto y la distancia frente al oponente, el combate se da en términos de la euforia y los sentimientos que como efluvios de sus propios lares surgen, dándole sentido a su presencia confrontada. El respeto significa saber  que  en la pista, cancha, cuadrilátero o cual fuere el punto de encuentro, aquellos que se confrontan no son quienes se asoman tras de su bandera, sino que son la sonrisa de los que entre lágrimas abrazaron al partir tras el sueño  del histórico registro.

Faltar al respeto es recortar la distancia, que significa perder los límites de lo público, que constituye el ser del oponente; es desconocer su presencia–existencia histórica, y llevarlo a la postración de su ser. La decisión de un juez o jueces en materia deportiva, no apelable, resulta ser el sometimiento de lo público a lo privado.

Es el respeto, entendido como distancia y reverencia por lo que el deportista representa, pues se trata de la historia de los pueblos, de los brazos que se alzan plenos de esperanza, más allá de si en la confrontación se da la derrota y se desvanece la sonrisa, pero con la tranquilidad de la mirada de larga traza de quienes estando ahí en el ahora de su trasegar le brindaron respetuosa reverencia a las sonrisas esperanzadas  que en casa quedaron.

“El respeto constituye la pieza fundamental para lo público. Donde desaparece el respeto decae lo público. La decadencia de lo público y la creciente falta de respeto se condicionan recíprocamente.” (Chul Han, 2014)  

Cartas del silencio manifiesto.             

El deporte  es  una suma de  micro poderes, que pese a lo dispersos tienen un centro y una coordinación transversal de distintos saberes  y tecnologías. Es una visión de gran panóptico, como se desprendería de planteamientos expuestos por Michel Foucault (Foucault 1999). En este autor, el panoptismo es un conjunto de mecanismos que operan al interior de todas las redes de procedimientos de los que se sirve el poder.

Una decisión arbitraria, sin posibilidad de ser revisada su legalidad por autoridad superior, no deja de ser una orden con propósito definido,  esto es, si un conjunto arbitral se manifiesta a contrario sensu de la evidencia y contrariando la realidad probatoria desprendida del ejercicio desplegado por los deportistas en el combate, permite pensar en elementos de juicio subyacentes, que dan lugar a la contraevidente decisión.

En su libro La verdad y las formas jurídicas,  Michel Foucault señala la existencia en el Antiguo Régimen Francés de las denominadas Lettres de Cachet, que eran instrumentos legales, no propiamente leyes o decretos, sino órdenes del Rey, que obligaban al cumplimiento estricto de lo que en ellos se expresaba.

La Lettre de Cachet  era, por consiguiente, una forma de reglamentar la moralidad cotidiana de la vida social, una manera que tenían los grupos – familiares, religiosos, parroquiales, regionales, locales– de asegurar su propio mecanismo policial y su propio orden.” (Foucault, 2000)

No de otra forma puede entenderse la contraevidencia en la decisión colegiada, como ejercicio de autoridad que favorece a un deportista, que en medio de la precariedad del triunfo dispuesto, fue irrespetado y no protegida su integridad física y moral, puesta en riesgo en su lánguido y pálido desfile hacia la lóbrega profundidad de su mutismo.

Si bien, las lettres de cachet tenían en el Régimen Francés expresas condiciones de emisión, a hoy, pueden darse como ejercicio de oscuros linajes  y abyectas pretensiones para la obtención de beneficios o asegurar resultados que permitan llevar al mundo equívocos mensajes de superioridad, tasada en medallas.

Si un juez se equivoca en un fallo, es entendible, puede suceder, pero la defensa frente a ello llevaría a una instancia superior, que tendría que manifestarse revocando o manteniendo la decisión, si hubiere lugar a ello.

Si un grupo de jueces frente a la evidencia plena de los hechos considerados, niega el fallo favorable y mantiene la decisión, en contravía de la palmaria realidad, resulta clara la tendenciosa postura y arbitraria  decisión, máxime si dentro del orden impuesto no existe mecanismo defensivo superior que reivindique los derechos conculcados.

Para el caso de un combate deportivo, en el cual los oponentes se golpean, es claro que la observación sobre los efectos del intercambio no  escapan a los ojos vigilantes del juez, quien en caso extremo debe privilegiar al ganador, pero, fundamentalmente, proteger al deportista, que dada su manifiesta debilidad puede sufrir daños irreparables en el corto, mediano o largo plazo, incluso la muerte. El respeto se le pierde no solo a quien recibe un fallo injusto, también a quien es expuesto públicamente a la deshonra de su precaria victoria.

Una Conclusión.

Así, la Corte Constitucional de Colombia, fundada en principios universales y en desarrollos jurisprudenciales de distintas Cortes Internacionales, en reiterada jurisprudencia señala como núcleo esencial del derecho a la igualdad, el trato igual a quien se encuentra en iguales condiciones y diferenciado a quien no lo está. Si se aplica este principio al deporte, en particular a los de combate, una vez se dan condiciones de indefensión desaparece la igualdad base del encuentro.

Dos contendientes en principio se encuentran en la misma situación de hecho, pero una vez se manifiesta la precariedad de uno de ellos frente a la superioridad del adversario y se pueden deducir por el juez eventuales daños físicos al sometido, debe ordenarse la cesación del castigo y proteger respetuosamente los derechos de quien entra en estado de desigualdad e indefensión.    

Bibliografía

Sensaki, N. R. (2012). 101 Cuentos Zen. Barcelona: Galaxia Gutemberg, S.L.

Chul Han, B. (2014). En el enjambre. Barcelona: Herder Editorial, s.l.

Foucault, M. (2000). La verdad y las formas jurídicas. Barcelona : Gedisa S.A.

Medallistas. Carlos Ramírez, con la magia de su poder

Por César Augusto Prieto

Periodista Acord Cundinamarca

Con más de 20 años en el alto rendimiento, dos medallas olímpicas, dos títulos mundiales y múltiples logros en el campo local e internacional, Carlos Ramírez Yépez se consagra como el exponente más completo de esta emocionante disciplina.

A los ocho años de edad entró pisando fuerte en el competido mundillo de una modalidad que llevaba poco bajo las normas de la UCI y de entregar medallas y títulos mundiales por cantidad, pasó a escoger a una reducida élite; uno de ellos, Carlos Alberto Ramírez, desde entonces se ha consagrado en el BMX con un impresionante palmarés.

Carlos Alberto Ramírez, bronce en el BMX de Tokio 2020.

Como sucede con las glorias del deporte colombiano, su camino no ha sido fácil, marcado por situaciones adversas, tanto en la actividad muscular como en la vida personal, pero también la buena fortuna y su inteligencia para correr, le han deparado grandes satisfacciones.

Con 15 años de edad se traslada de su natal Medellín a la capital del país, en busca de nuevos horizontes en una ciudad muy tradicional y pionera, como la capital e Antioquia, en la historia del bicicross, porque en 1986 impulsó las competencias, gracias a grandes exponentes, como Juan Carlos Carbó, Germán Medina, el hoy desaparecido Mario Soto o Santiago Silva.

Con el aporte del Instituto Distrital de Recreación y Deporte, IDRD, Ramírez entró rápido a los programas de apoyo de la entidad y a refrendar con resultados su apuesta. En el año 2010 fue subcampeón mundial junior en Suráfrica y dos años después, campeón en Inglaterra, para seguir con una plata en los Bolivarianos 2013, en la pista de San Juan de Lurigancho, en Lima, pero viendo de reojo y por la televisión a referentes como Pajón, Oquendo y Andrés Jiménez competir en las justas olímpicas.

Ramírez se ha consolidado en Bogotá y le ha dado grandes satisfacciones a los colores del Distrito Capital. Foto IDRD.

Con la meta fija en clasificar a Río 2016, cumplió con un exitoso proceso de preparación, compitiendo también en Estados Unidos, en copas mundo y en otros torneos. De la mano de la diosa fortuna, que acompaña a los ganadores, se cuelga un bronce inesperado en un escenario abarrotado de colombianos, cuando tras clasificar a la final y asegurar diploma, completa una espectacular carrera y pasa del séptimo al tercer lugar al cortar distancia en un peralte y rematar y subir al podio en foto finish, y ganar el bronce en los Juegos Olímpicos Londres 2012.

A Tokio llegó consolidado, más maduro, y a sabiendas de su responsabilidad  como esperanza de podio de la delegación nacional, acompañando a la reina Mariana, pero aquejado por caídas y lesiones, pues ya pasa a la leyenda del deporte cafetero, que Carlos repitió bronce con un fuerte golpe en una de sus piernas.

Sonrisa a todo pedal

Fuera de las pistas, Carlos es una persona alegre, sonriente, que le saca chiste a todo y contagia con esa frescura al resto del entorno, y se nota que disfruta de su deporte, y se siente privilegiado por representar a Colombia en dos ediciones olímpicas, 18 mundiales, y siete copas mundo, entre otros eventos.

Pero se caracteriza por ser competitivo y querer ganar todo, y eso lo llevó en algún momento a correr con “la cabeza caliente” en una disciplina que exige concentración y sangre fría.

Carlos Ramírez, en Tokio 2020.

Se recuerda la final de Juegos Nacionales 2015, en la pista de Ubaté, cuando en un mano a mano con su colega Carlos Mario Oquendo, los dos perdieron la medalla, cuando en la recta final Ramírez saca de la pista a su rival y pese a cruzar primero la meta fue descalificado en una polémica decisión, producto, además, de la gran rivalidad deportiva entre Bogotá y Antioquia.

Cuatro años después en la edición 2019, corriendo de local en una pista que sugirió construir, el moderno escenario del parque Recreodeportivo El Salitre, llegó la revancha y se coronó campeón de Juegos, en la prueba abierta y en la contrarreloj, para dejar en claro quién es el piloto número del BMX nacional.

A los 27 años de edad, este medallista olímpico colombiano tiene las puertas abiertas para iniciar el próximo ciclo, que arranca con los Juegos Bolivarianos de Valledupar 2022, sigue con los Juegos Nacionales 2023 y remata con las justas en París, dentro de tres años, y desde ya con el objetivo de volver al podio, pues a Ramírez no hay golpe, pandemia o caída que lo haga desistir… Es un optimista de tiempo completo; un pequeño “mago”, que sigue en crecimiento.

Análisis. No perdamos la cabeza ni seamos injustos

Por Baltazar Medina

Expresidente Comité Olímpico Colombiano

Baltazar Medina.

Han terminado los Juegos Olímpicos Tokio 2020, un evento totalmente atípico por donde se le mire y, por ende, sin punto de comparación con ninguna de las versiones anteriores de los Juegos. Ahora empiezan los debates, las críticas, los juicios de valor acerca de lo que pudo haber sido y no fue, y es ahí en donde debemos evitar caer en la subjetividad, de analizar resultados fuera del contexto en donde se dieron.

Es entendible que a la luz de los resultados de los Juegos Olímpicos de Londres y Río de Janeiro, en los cuales nuestro país dio un salto de calidad muy importante en su desarrollo deportivo, el pueblo colombiano, en general, y los aficionados al deporte, en particular, se hubiesen creado una expectativa, entendible desde todo punto de vista, de unos logros superiores en Tokio en  todos los aspectos, para seguir soportando el reconocimiento que hoy se nos hace como el país de mayores avances en su desarrollo deportivo de nuestro continente. Pero, finalmente esos anhelados resultados no se dieron por muchas circunstancias adversas a ese propósito,  que no podemos desconocer a la hora de calificar el desempeño de nuestros atletas.

La primera adversidad que afrontaron fue en contra de su preparación para competir en los eventos clasificatorios y se presentó en marzo de 2020, con la orden de confinamiento de toda la población, como medida preventiva de los riesgos de contagio del COVID-19. A partir de ahí empezó la angustia de nuestros atletas ante la incertidumbre de la programación de los eventos pendientes para clasificar más del cincuenta por ciento de los cupos aún pendientes para Tokio. La figura del “entrenamiento en casa” no fue más que una bella metáfora, para enviar un mensaje de esperanza a los atletas y proteger su salud mental, pues no hay que esforzarse mucho para entender que un atleta de alto rendimiento solo se puede preparar debidamente es los espacios naturales de su deporte

Finalmente ocurrió lo inesperado, pues muchos eventos clasificatorios se cancelaron y se recurrió a otros sistemas de clasificación poco favorables para nuestras aspiraciones de clasificar un buen número de atletas, lo cual, sumado a la no clasificación de ningún deporte de conjunto, terminó reduciendo significativamente el tamaño de nuestra delegación. No se cumplió el primer objetivo, que era, por supuesto, seguir creciendo numéricamente nuestra delegación, con referencia a Londres y a Río de Janeiro

Se dice que lo que es igual para todos no representa ventaja para nadie, pero no podemos perder de vista tampoco que si bien el virus y sus efectos negativos afectaron al mundo entero, el continente americano fue el más perjudicado y nuestra región (Suramérica) mostró los más altos índices de contagios y mortalidad, por lo cual el retorno a una aparente normalidad para retomar la preparación de los atletas, tardó más que en otros lugares del planeta, y ese tiempo perdido cobra caro a la hora de la competencia

Sin embargo, en medio de tanta adversidad, nuestros atletas viajaron a Tokio con la fe y el optimismo que los ha caracterizado, cada vez que compiten en busca de un buen resultado, lo cual no se dio, al parecer de muchos que solo miran la competencia con el racero del éxito representado solo en medallas, pero se olvidan de todo el esfuerzo y todos los sacrificios que preceden al momento de la competencia, en la cual, en unos cuantos segundos, minutos o escasas horas, todo puede estar en su contra, y la frustración de no alcanzar un sueño por el que se luchó con toda la entrega y compromiso, propios de los buenos competidores, termina siendo el resultado inesperado.

También es propio de los buenos competidores reconocer los méritos del rival cuando se pierde y quizás pueden resultar más útiles, pensando en el futuro, las experiencias y enseñanzas que quedan de una derrota bien asimilada, frente a los riesgos de una victoria, cuando no se le sabe poner riendas a la vanidad de la fama.

El pueblo colombiano no solo debe sentirse orgulloso de sus atletas, sino inmensamente agradecido y reconocido con quienes, a través del deporte, se han convertido en los mejores embajadores del buen nombre de nuestro país por el mundo entero, y concedámosle el derecho y la oportunidad para  preparar las revanchas victoriosas que solo da el deporte, pues su vida deportiva no termina aquí. Paris 2024 los está esperando para ratificar sus condiciones y dejar en el pasado la amarga experiencia de Tokio 2020, un evento para olvidar por todas las experiencias negativas que se tuvieron que vivir, para contribuir con el movimiento olímpico en su empeño de salvar los Juegos, aún en medio de tantos riesgos como a los que finalmente fueron expuestos los atletas.

Hacer análisis en los resultados de la participación de nuestra delegación en Tokio 2020, descontextualizados de todos los factores adversos que debieron afrontar nuestros atletas antes de la cita orbital del deporte olímpico y aún durante la realización de los Juegos, no solo puede llevarnos a perder la cabeza y a dejarnos sugestionar por quienes, muy a la usanza de nuestra cultura derrotista, se anticipan a vaticinar un futuro incierto para nuestro deporte, sino que nos puede llevar a ser injustos con nuestros atletas, pues les estaríamos desconociendo todos sus  méritos y negando su condición humana, su derecho a equivocarse, si fue que alguno de ellos no obtuvo la tan anhelada medalla por un error, su derecho a estar en un mal momento a la hora de competir o porque no recordamos que algunos de ellos fueron víctima de un despojo por una decisión equivocada de un juez. Nuestros atletas son orgullo del país y a ellos le debemos reconocer todos sus méritos, pues quien clasifica para unos Juegos Olímpicos ya es un campeón, pues pertenece a la pequeña élite de los mejores del mundo. No caigamos en la trampa de la “retórica de las medallas” y exaltemos a nuestros atletas como modelos persuasivos para una sociedad en crisis de valores.

Balance. Los ganadores de Diplomas Olímpicos

Diecisiete colombianos ganaron diplomas olímpicos, que entregan los Juegos a los ocho mejores en cada una de las competencias, es decir, a los finalistas.

Rigoberto Urán.

Un total de 17 diplomas olímpicos ganó Colombia, en Tokio 2020: los cinco medallistas, Anthony Zambrano, Mariana Pajón, Luis Javier Mosquera, Sandra Lorena Arenas y Carlos Ramírez, y once atletas más, que finalizaron entre los ocho primeros de su competencia.

Para destacar la actuación del ciclista antioqueño Rigoberto Urán, quien obtuviera dos diplomas, al terminar octavo en la prueba de ruta y en la contrarreloj individual.

Estos fueron los 11 ganadores de diplomas olímpicos para Colombia, a partir del cuarto lugar:

Juan Sebastián Muñoz, cuarto en golf.
Mercedes Pérez, cuarta en pesas.
Santiago Rodallegas, quinto en pesas.
Juan Sebastián Cabal y Robert Farah, quintos en dobles de tenis.
Yuberjen Martínez, quinto en boxeo.
Céiber Ávila, quinto en boxeo.
Jenny Arias, quinta en boxeo.
Ingrid Valencia, quinta en boxeo.
Mauricio Ortega, séptimo en lanzamiento de disco.
Rigoberto Urán, octavo en ciclismo de ruta y en contrarreloj individual.