Lenguaje. El mal uso de la palabra “olímpico”

Por Esperanza Palacio Molina

Miembro de Número de la Academia Olímpica Colombiana. @pololaespe

Foto: National Geografic.

Si nos limitamos al simple significado del término “olímpico” podemos decir que es el gentilicio de los nacidos en Olimpia, ciudad griega donde también nacieron los Juegos Olímpicos.

Pero el diccionario nos remite a que olímpico u olímpica es algo relacionado con la olimpiada. También no lleva a una sección que menciona que olímpico tiene relación con el Monte Olimpo, lugar mitológico donde moraban los dioses griegos, por consiguiente podemos decir tranquilos que Zeus es un dios olímpico.

También, respecto de aquello que es olímpico, tenemos que mencionar que es un adjetivo que tiene que ver con la olimpiada o período entre dos celebraciones de los Juegos.

Respecto del significado de olimpiada u olimpíada, encontramos que la RAE, por su cuenta admitió que es un término que reúne tanto al período que transcurre durante los Juegos Olímpicos como a los cuatro años que hay entre uno y otros juegos.

Aquí, sin embargo, hay que aclarar que este concepto de la RAE riñe con lo que estipula el Comité Olímpico Internacional (COI) que considera, de manera  específica y clara que la olimpiada es el espacio de tiempo que transcurre entre la finalización de unos Juegos Olímpicos y el comienzo de los siguientes, es decir, son estos cuatro años de preparación entre unos y otros juegos.

Los Juegos Olímpicos son el evento culminante que representa la mayor y más prestigiosa competencia deportiva de carácter universal.

Pero volvamos a nuestro tema, la palabra olímpico. Hoy, yo lo planteo desde mi perspectiva periodística y lingüística, olímpico es un término que resume en su interior un cúmulo de hechos, situaciones, emociones, atletas, países, deportes, banderas, medallas, derrotas, alegrías, convivencia, fraternidad, metas, logros, amigos, estadios e historia.

Y podemos seguir más allá: es esfuerzo, entrenamiento, dedicación, angustia, noticias, anhelos, sueños, frustraciones, conquistas, desánimo, admiración, héroes, viajes, constancia, firmeza, confianza y grandeza.

Por todo esto, por lo que encierra el término olímpico, es por lo que escribo y sugiero, con base en mi experiencia profesional como periodista deportiva durante más de 28 años, que nosotros, desde acá, desde la Academia Olímpica debemos ser los defensores del buen uso del lenguaje para quienes se refieren a temas olímpicos.

Empiezo por una solicitud-regaño, y lo hago, en buena parte, como exaltación a una tarea que comenzó Clemencia Anaya en Medellín 2010 y cuya bandera tomo yo hoy: nosotros, como académicos, debemos ser guardianes y defensores para que la palabra olímpico no caiga en el desprestigio, para que no se utilice de manera equivocada.

Me explico, en el lenguaje popular, y no lo digo con carácter peyorativo, sino en el sentido de común, recurrente, frecuente, es usual que la gente califique como olímpico a aquel que infringe normas sin ruborizarse. Por ejemplo, oímos que se le llama olímpico a quien te quita el lugar en una fila. También califica como olímpico el que se robó tu cambio en el supermercado, o quien se queda sentado en el metro, aunque haya mayores de edad o mujeres embarazas que viajan de pie. Es decir, llamamos olímpico a un altanero, soberbio y maleducado. A esos les decimos, “tan olímpicos”.

Sin embargo, a aquel que viola las normas de cortesía y convivencia se le puede llamar de cualquier manera, menos olímpico. Nadie más lejos del sentido olímpico que esas personas indolentes.

El término olímpico es sinónimo de respeto, por eso los académicos, que entendemos, amamos, cultivamos y promovemos el olimpismo debemos hacer nuestra propia campaña personal para erradicar entre nuestro círculo social, familiar, de trabajo o estudio, el mal uso de la palabra olímpico.

De ninguna manera lo olímpico es despreciativo, por el contrario, olímpico es aquello que exalta la convivencia en paz, el respeto, la amistad, la excelencia.

Volvámonos guardianes del término olímpico, para preservar su buen nombre, para combatir la arbitrariedad que nos llevó a convertir su significado limpio en un adjetivo calificativo despectivo. Lo olímpico es, debe ser, sinónimo de grandeza de alma y cuerpo.

El término olímpico nos lleva a vivir, de un solo golpe, una historia que dura cuatro años y cuyo final puede ser la gloria máxima que todos anhelan, o la tristeza de una derrota que puede significar también el principio de otro sueño.  Aquellos que se matriculan y siguen paso a paso cada vivencia que los lleva por el camino olímpico, pocas veces renuncian ante las derrotas, porque su objetivo está puesto allá, arriba, a donde solo llegan los que dan todo, a donde habitan los dioses, al Monte Olimpo, que es el significado del esfuerzo, la entrega, la gloria. No comparemos a esas mujeres y hombres olímpicos, excepcionales, con los seres humanos que caminan por la vida sin conocer el sentido de la hermandad, la responsabilidad y el respeto.

Otras sugerencias

Pasemos a otros términos que debemos cuidar y fomentar para que el lenguaje olímpico se mantenga fresco, limpio, sano.

Nosotros, los académicos, debemos intensificar el uso del término atleta en lugar de deportista, para referirnos a los competidores olímpicos.

El deportista es aquel que conoce y practica un deporte, no necesariamente de manera frecuente, no siempre con fines competitivos.

El atleta asume el deporte con la certeza de llegar a ser el mejor, con la convicción de que su cuerpo y su mente estarán en sintonía para una competencia que lo llevará a disputar títulos y medallas frente a rivales de igual condición.

Atendiendo al hecho de que el atletismo es la base de todos los deportes, llamar atletas a los competidores olímpicos es una manera de unificar y dignificar su disposición física y mental para la excelencia.

Ahora, pasando al idioma y sus reglas, sus usos y normas, es inaudito que haya  personas que aun conociendo el deporte, no sepan cómo se pronuncia la palabra escenario.

Comúnmente oímos a atletas, entrenadores, directivos, o periodistas decir que se encuentran en el “eccenario”, así, como si esa palabra en lugar de tener la combinación sc, se escribiera con doble c.

En la partícula sc se pronuncia solo la s, por eso se dice como si se escribiera “esenario”, “esena”, “asensor”.

Hagamos entonces una campaña académica para fomentar el buen uso de la palara escenario; podemos corregir a quienes cometen ese error, está bien si lo hacemos de manera privada y sin ínfulas, porque todo aquello que hagamos en procura de un idioma bien utilizado, nos da licencia para hacer sugerencias y encaminar a quienes no lo saben para que aprendan y difundan.

Finalmente hago un llamado para que quienes estamos aquí, empeñados en difundir el olimpismo, sus valores y sus preceptos, lo hagamos bajo las más estrictas normas del lenguaje.

Su buen uso nos da claridad, nos permite llegar de manera diáfana a los receptores, nos hace compartir nuestros propios ideales olímpicos mediante una comunicación sin ruidos idiomáticos, sin errores gramaticales. Cada mensaje que entreguemos, cada correo, cada artículo, cada tesis o ensayo, cada trino, cada texto, corto o largo, que escribamos, debemos hacerlo con la conciencia de que entregaremos un mensaje sin errores que puedan desviar nuestra intención.

¿Cómo alcanzar la excelencia al escribir?

Muy sencillo, leer mucho. Quien lee mucho, habla y escribe bien. Hay que preguntar si se tienen dudas, consultar y corregir. Uno de los principios de la buena escritura es escribir y corregir, sin descanso.

Y recordemos una cosa más.

Difundir lo que hacemos es fundamental para que la Academia Olímpica Colombiana trascienda. Si no cuentas lo que haces, nadie sabrá que lo hiciste, ese es un precepto de la comunicación, que en definitiva no es otra cosa que la tarea de intercambiar y difundir información.

Añoranzas. Mis primeros 13 Juegos Olímpicos

Por Héctor Urrego Caballero

Periodista deportivo

Los siguientes son algunos recuerdos del colombiano que más ha asistido a unos Juegos Olímpicos, primero como ciclista y luego como periodista, quien interrumpirá su secuencia en Tokio 2020, por el tema de la pandemia.

Creo no estar descubriendo nada nuevo  si escribo que el sueño  de una persona  que se dedique al deporte en todas sus manifestaciones (deportista- dirigente, entrenador, acompañante, periodista, aficionado, etc.) en cualquier lugar del planeta es el de ir a unos Juegos Olímpicos. En mi caso, ese sueño no fue diferente desde que la vida me permitió el privilegio de estudiar Educación Física, y como consecuencia de esto ser un modesto ciclista que tuvo el enorme privilegio de competir en los Juegos Olímpicos de México-68, los primeros de una serie ininterrumpida de 13 citas olímpicas que posteriormente el periodismo deportivo en la prensa escrita y la radio me ha permitido cumplir religiosamente cada cuatro años, en el espacio de medio siglo de mi existencia totalmente dedicado al maravilloso mundo del deporte.

Inmodestamente debo decir que he sido testigo excepcional de la fantástica evolución de la humanidad a través del deporte y he visto la manera como la ciencia, la medicina, la investigación, la tecnología,  la política y hasta el terrorismo  salvaje  fueron llegando cada vez con mayor fuerza a la máxima expresión deportiva del mundo  (Los Juegos Olímpicos), en la mayoría de los  casos para su beneficio, en los menos para perjudicarlo y en los más tristes, para convertirlo en campo  de batalla ideológica, racista, religiosa , etc., etc.

Héctor Urrego Caballero, como ciclista de Colombia, en los Juegos Olímpicos México 1968.

Es por ello que los Juegos mexicanos de 1968 no pudieron impedir la aparición del inolvidable Black Power (Poder negro) en el podio de los 200 m. planos masculinos con los medallistas norteamericanos luciendo un guante negro en sus manos levantadas en señal de protesta. Cuatro años más tarde, el terrorismo hizo su trágica aparición en la Villa Olímpica de Munich-72, causando la muerte de 11 atletas israelíes, luego de un sangriento asalto a las instalaciones de la Villa por parte del grupo terrorista palestino Septiembre Negro, lo que concluyó con un episodio no menos sangriento en el aeropuerto muniqués. La sombra del terrorismo siguió campeando sobre la Olimpiada y volvió a hacer su temible aparición en los Juegos de Atlanta 96, en pleno parque olímpico, con la colocación de una bomba por parte de un terrorista norteamericano, que causó la muerte de una mujer y dejo 111 heridos.

Héctor Urrego, como periodista, frente a una de las imágenes de Misha, mascota de Moscú 1980.

Y la política pura también tuvo su coto de caza en los Juegos Olímpicos que he presenciado, siendo los boicots a Moscú 80 y la respuesta a Los Ángeles 84 lo que más recuerdo, para no hablar de algunos choques simples entre países asiáticos en ediciones posteriores que también han dejado huella pero no daños colaterales considerables.

Las ya mencionadas  ciencia,  medicina y tecnología han desfilado por los escenarios olímpicos cada vez con mayor presencia y fortaleza, convertidas en valiosas herramientas para el progreso del hombre y la mujer en la alta competencia cuando se utilizaron bien pero igualmente han sido componentes del engaño y el escándalo, cuando se utilizaron indebidamente, como medio para mejorar el rendimiento de manera artificial  a través del dopaje con métodos y medicamentos  cada vez más sofisticados, que obligaron también al perfeccionamiento en el control, persecución , detección y sanción por parte de las máximas autoridades deportivas , administrativas , jurídicas y hasta policiales en los Juegos y en el deporte mundial .

Fotografía captada en Atlanta, Georgia, Estados Unidos, durante los Juegos Olímpicos de 1996.

Por ello es que me resultan hoy inolvidables entre los  episodios escandalosos, el del gran velocista canadiense Ben Johnson (campeón olímpico de los 100 metros en los Juegos de Seúl 88) que se convirtió  en uno de los más grandes  de la era olímpica moderna en la que también resultó involucrada la formidable gacela norteamericana Marion Jones, reina del atletismo, con tres oros y dos bronces, en Sídney 2000, los que tuvo que devolver al ser encontrada culpable de dopaje en 2007.

Tampoco será fácil olvidar el tormentoso camino de nuestra ciclista María Luisa Calle, inicialmente despojada de su medalla de bronce en la olimpiada de Atenas 2004 y luego declarada inocente y resarcida al cabo de dos años, cuando luego de un histórico proceso de orden científico y jurídico librado ante el COI, la AMA y el TAS le fue devuelta su medalla, cosa que jamás había ocurrido en la historia de los Juegos.

Y me queda también para el recuerdo curioso, el esgrimista soviético  Boris Onichenko   quien fuera  sorprendido en plena competición ganando sus combates gracias a un dispositivo electrónico de su propia invención, en los Juegos de Montreal-76.

En medio de tanta evolución del deporte olímpico, he sido testigo en mis trece Juegos, especialmente a partir de Barcelona 92 , con el baloncesto norteamericano y su famoso “ Dream Team”  y con mayor ímpetu en Atlanta 96, con el ciclismo élite mundial , de la llegada a los Juegos Olímpicos del deporte profesional  auténtico , lo que significó  el entierro del  “amateurismo” marrón e hipócrita que siempre se había pregonado y puesto en práctica por parte de casi todos los países, especialmente por los pertenecientes y clasificados tras la “ Cortina de Hierro” .

Gracias a esa sabia determinación del COI, bajo la presidencia de Juan Antonio Samaranch, el deporte olímpico y sus juegos alcanzaron una dimensión y un prestigio  comercial y deportivo que antes no tenían  y de los que hoy merecidamente gozan a nivel mundial. Desde entonces es posible ver a los mejores atletas del mundo compitiendo entre  ellos, en todas las modalidades olímpicas  y en las mismas condiciones, pues todos los atletas, sin excepción, han ganado y ganan  dinero por entrenarse y competir.

Registro gráfico de Héctor Urrego con la primera medallista olímpica de oro colombiana, María Isabel Urrutia, en Sidney 2000.

Me quedo con el honor de haber  escrito, y relatado durante todo este tiempo -por fortuna lo sigo haciendo- en los más diversos escenarios, las hazañas, derrotas, alegrías y tristezas de los atletas del mundo y, especialmente, de quienes han desfilado y competido con el uniforme de Colombia. He llorado de alegría por sus triunfos y me he conmovido con su tristeza, por no haber logrado el objetivo de cada cuatro años. Los he admirado y respetado, primero como seres humanos y luego como deportistas, pues afortunadamente viví en carne propia lo que es ser deportista olímpico y aprendí a respetar esa condición desde las tribunas de prensa y detrás de los micrófonos, cámaras o computadores que me han permitido estar cerca de ellos y ser testigo de excepción, desde la primera medalla  para Colombia  conseguida en  Múnich 1972  hasta la última,  en  Brasil 2016, que han reflejado el trabajo, esfuerzo  y determinación de cientos de hombres y mujeres de nuestro país, para hacer realidad el sueño de ir a unos Olímpicos en el ejercicio de cualquiera de las funciones escogidas para pertenecer al movimiento deportivo del país, gracias a la existencia y gestión del Comité Olímpico Colombiano y sus dirigentes, entidad que a lo largo de su historia se ha erigido como el pilar sobre el cual reposa la verdadera esencia del deporte colombiano.

Finalmente, cierro con el recuerdo indeleble de las ceremonias inaugurales en Mexico-68, por su autenticidad y Beijing 2008, por su fastuosidad, pero en las trece la emoción y sentimientos por estar allí han sido los mismos. En mi memoria reposan los gestores de históricas hazañas  con los nombres de Bob Beamon y su increíble salto largo de 8.90, en México; Mark Spitz y su colección de seis Medallas de oro en Múnich 72; Carl Lewis, El hijo del viento, en Los Ángeles 84; Nadia Comanecci y  el primer “10”, hecho histórico  en la gimnasia de  Montreal 76, con apenas 14 años; el Dream Team del baloncesto gringo, en Barcelona 92; Michael Phelps, el nuevo monstruo de las piletas olímpicas y su increíble colección de 23 medallas de oro, tres de plata y dos de bronce, en los juegos de Atenas, Pekín, Londres y Rio, como hazaña incomparable e irrepetible, y cierro mis mejores momentos  con el no menos laureado y fabuloso atleta velocista  jamaiquino Usain Bolt, quien tiene en la sala de trofeos de su casa la friolera de ocho oros, obtenidos en Beijing, Londres y Rio.

La cuna del olimpismo, Grecia, también forma parte de las estaciones de Héctor Urrego Caballero, durante los 52 años en los que ha estado presente en unos Juegos Olímpicos.

Y en lo relacionado con el deporte colombiano, jamás podré olvidar a mis compañeros de delegación, Cochise Rodríguez (ciclista) y Álvaro Mejía (atleta, q.e.p.d.) en México 68, y la lección que nos dejaron  desde entonces para no asignar  ni colgar medallas antes de correr,  y de ahí en adelante, tengo siempre presentes  entre tantos, al tirador  Helmut Bellingrodt y la primera medalla para Colombia  en Munich-72;  el boxeador Eliecer Julio, con bronce en Seúl 88,  y a Ximena Restrepo y sus imborrables 400 metros, en Barcelona 92, para cerrar con  broche de bronce el siglo pasado.

Aun hoy, 21 años después conservo en mi memoria cada detalle de la  jornada en que la  formidable pesista María Isabel Urrutia consiguió  el primer oro femenino de nuestro deporte, en Sídney 2000; de María Luisa Calle y el sufrido  bronce en Atenas 2004; de Mariana Pajon y sus dos oros en Londres y Brasil; de Rigoberto Uran y la plata de Londres; de Oscar Muñoz, el juvenil karateca de bronce en Londres; de Caterine Ibargüen, bañada de oro en Brasil; de Oscar Figueroa, el pesista de oro  también en Brasil, amén de tantas otras medallas,  actuaciones y vivencias de nuestros deportistas, las que espero haber honrado en mis 13 Juegos Olímpicos,  doce de ellos como periodista deportivo, a los  que me he referido con orgullo personal y profesional en este escrito, agradeciendo el espacio que  generosamente se me  ha concedido en la REVISTA OFICIAL DEL COC editada con motivo de los Juegos Olímpicos de Tokio .    

Análisis. La buena hora del atletismo colombiano

Sobre el papel, los atletas colombianos tienen buenas posibilidades de diputar semifinales, finales y medallas.

Julio César Sandoval Silva

Director Runningcolombia

En la historia del atletismo en los Juegos Olímpicos, Colombia suma una medalla de oro y una de plata, con Caterine Ibargüen; una de bronce, con Ximena Restrepo, y un diploma olímpico, con John Freddy Murillo.

Y para los Juegos Olímpicos de Tokio, las expectativas son tan grandes, que se podría superar ese palmarés histórico, de tres medallas y un finalista (atletas ubicados en los ocho primeros lugares), aunque en las pruebas de campo, después de la clasificación, las finales las disputan los 12 mejores atletas.

Sobre el papel, las posibilidades de lograr medallas en las justas de Tokio 2020 son evidentes, por los resultados de los atletas colombianos en los últimos años, por las marcas con las que llegan y por los buenos procesos de preparación en la mayoría de los 26 representantes del deporte rey en la delegación colombiana.

Para lograr esos objetivos, el primer paso que tienen que dar es empezar bien en las clasificaciones para pensar en ser finalistas, opciones que tienen, por ejemplo, Caterine Ibargüen, en salto triple; Anthony Zambrano, en los 400 metros planos; Mauricio Ortega, en lanzamiento de disco, María Lucely Murillo, en lanzamiento de jabalina, y el equipo del relevo 4×400.

Caterine Ibargüen. Foto: Ian Walton/Getty Images)

Caterine no necesita presentación. Sus dos medallas olímpicas, sus cinco preseas mundiales y sus ganas de despedirse con la tercera medalla en su palmarés de las olimpiadas respaldan la opción de seguir sumando en el medallero histórico.

Anthony Zambrano.

Anthony Zambrano viene de ser campeón panamericano y segundo en el Mundial de Doha 2019, en una de las pruebas más competitivas en el mundo, como los 400 metros. Y con él, también es fuerte el relevo, igualmente campeón panamericano y cuarto en el Mundial del 2019.

Mauricio Ortega.

Por su parte, Mauricio Ortega y María Lucely Murillo podrían meterse entre los mejores del mundo en sus respectivas pruebas, sí por lo menos se acercan a sus mejores registros. Ortega terminó en el 2020 como el segundo del escalafón mundial, con su marca de 70,29 metros, y Murillo, respaldada con una marca de 61,46 metros, también podría meterse en el grupo de las 12 finalistas.

María Lucely Murillo.

Además de ellos hay que tener en cuenta a los atletas que tendrán final directa, como marchistas, quienes también llegan respaldados de buenos resultados y marcas.

Éider Arévalo.

Éider Arévalo, por ejemplo, fue campeón mundial en 2017, y aunque no tuvo un buen 2019, por culpa de las lesiones, en 2020 empezó un proceso en busca de su mejor forma para los Juegos Olímpicos, y los resultados empezaron a llegar en 2021, al coronarse campeón panamericano y obtener la marca mínima de clasificación para Tokio.

Entre tanto, Lorena Arenas también tiene resultados que la respaldan como otra de las cartas colombianas. Fue quinta en los dos últimos mundiales, en Londres 2017 y en Doha 2019, y además se coronó campeona panamericana, en Lima 2019.

Tanto Éider como Lorena, además, tienen la experiencia necesaria para saber cómo afrontar estas competencias, pues llegan a sus terceros Juegos Olímpicos, a pesar de su juventud.

Los marchistas, además, tienen el reto de superar el noveno lugar que han obtenido en cuatro ocasiones, con Héctor y Querubín Moreno, Luis Fernando López, quien ahora es uno de los entrenadores nacionales, y Esteban Soto, quien también está en Tokio y fue igualmente noveno en Rio 2016.

Otra prueba de final directa es la del maratón, en la que Colombia tiene a tres representantes (Angie Orjuela, Iván González y Jeisson Suárez), aunque el nivel de esta especialidad en el mundo es tan alto, que ubicarse entre los 20 primeros sería hablar de una gran actuación.

Por último, en las demás modalidades, superar la primera ronda o llegar a semifinales no solo significaría una excelente figuración, sino engalanaría aún más la que podría ser una actuación histórica para Colombia en Tokio.

Valores. La nueva Comunidad Olímpica: inspiración y solidaridad

Por Clemencia Anaya Maya

Vicepresidenta AOC

Gracias a la Tregua Sagrada, reconocida en griego como Ekecheiría[1] , los Juegos Olímpicos antiguos se celebraron desde el año 776 a.C., cada cincuenta lunas llenas, la primera luna llena de agosto hasta el 393 d.C. . Posteriormente serían suspendidos por el Edicto de Teodosio, emitido el 8 de noviembre de 392 a.C.[2]

Para garantizar que los Juegos Olímpicos antiguos se pudieran celebrar en paz, se pactó una “tregua sagrada” o Ekecheiria, entre los reyes Licurgo de Esparta, Cleóstenes de Pisa e Ifito de Élide, mediante la cual se suspendía la guerra para dar paso al festival atlético. Debido a sus características religiosas, dentro de las cuales se enmarcaban toda una serie de ritos en honor al dios Zeus se fue estableciendo  un ambiente espiritual y sagrado, que permitió fortalecer en la cultura helénica la búsqueda de la excelencia a través del esfuerzo físico.

Teniendo en cuenta la realidad que rodea al deporte y los Juegos Olímpicos, el Comité Olímpico Internacional (COI), desde 1992 decidió retomar la tradición de la tregua olímpica para preservar, en la medida de lo posible, los intereses de los atletas y del deporte en general, y contribuir de esta manera a la búsqueda de soluciones pacíficas y diplomáticas a los conflictos que asolan el mundo. Pidió ante las Naciones Unidas, que se instaurara de nuevo esta tradición, al hacer un llamamiento al cese de todas las hostilidades durante los Juegos Olímpicos. Desde entonces han surgido numerosas iniciativas destinadas a alentar el entendimiento y la paz a través del deporte, en todas las regiones del mundo, manteniendo el hilo que enlaza esta sabia tradición antigua, con el más imperioso objetivo del mundo contemporáneo: mantener la paz internacional y promover el diálogo, la cooperación y el entendimiento entre las distintas culturas. Dicho sea de paso, este fue el gran sueño del restaurador de los Juegos Olímpicos Modernos, Pierre de Freddy, Barón de Coubertin.

La paz es uno de los valores más importantes de la filosofía del olimpismo. El entendimiento entre los pueblos, el acercamiento entre países y culturas, el respeto por la diversidad, la religión, la política y la condición social y económica enmarcan todo lo que hoy está sucediendo en Tokio 2020, mientras los atletas compiten con toda su pasión sobre la arena olímpica.

Equipo ROC (Rusia), en Tokio 2020. Foto: lanoticia.com.

La sanción a Rusia

Lo que el mundo vive hoy es muy diferente a lo que vivimos hace cuatro años en Río 2016. Los atletas están allí juntos, finalmente representando a 205 países. Se señala la presencia de una Rusia discreta, con pocos atletas, que participan a nombre del Comité Olímpico y no de su país, que fue sancionado por el alto número de casos de dopaje descubiertos por  la Agencia Mundial Antidopaje, y que, en consecuencia, por la sanción de dos años impuesta, si son medallistas de oro, no podrían escuchar en la premiación el himno de su país, sino las notas del Concierto No.1 para piano de Tchaikovsky, y se izaría la bandera del Comité Olímpico Nacional en lugar de la de Rusia…

A propósito les comparto este atinado comentario de Pedro Sarmiento, en el Blog de Música del Banco de la República[3], “Los himnos nacionales son obras con un alto componente político, pues funcionan como una pieza simbólica que contribuye a la edificación de la identidad nacional. En Latinoamérica, un número significativo de himnos nacionales comparten historias y rasgos musicales comunes, como el que sus compositores fueron músicos extranjeros que usaron un estilo musical derivado de la ópera italiana, sin haber recurrido a la música nacional de los países en cuestión. Se tiene como ejemplo a los catalanes Jaime Nunó, quien compuso el himno de México, y Ramón Carnicer, quien compuso el de Chile; al francés Antonio Naumane, compositor del himno de Ecuador; el de Honduras, por el alemán Karl Wilhem Harlting; el de Panamá, por el español Santos Jorge Amátrian; y los himnos de Colombia y Bolivia, por los italianos Oreste Sindici y Benedetto Vincenti, respectivamente.”

Hemos escuchado himnos del mundo como el de Túnez que sorprendió al Movimiento Olímpico, con un oro en natación logrado por el atleta Ahmed Hafnaoui, quien tiene sólo 18 años y pasó por un ladito del australiano Jack McLoughlin,  favorito de la prueba, para demostrar que si se sueña, se entrena y se da hasta el último aliento se puede lograr la meta, así los otros competidores tengan muchos galardones a cuestas. Este hecho, además, nos sirve para realzar el valor de la excelencia, en la que después del primero todos los demás competidores son vitales para lograr el oro olímpico, porque no podemos menospreciar a los demás pues estén más cerca o mas lejos de nuestras propias marcas, todo puede pasar a la hora de competir en los Juegos Olímpicos.

Pero, sin duda, el orgullo nacional nos emociona cuando vemos entre los 15 atletas olímpicos que el Comité Olímpico Internacional recomienda seguir, a nuestra doble medallista de oro la “Reina del BMX”, nuestra querida Mariana Pajón, reconocimiento que se ha ganado por sus logros y por su carisma, para convertirse en un ícono mundial de las atletas olímpicas.

En estos Juegos se siente el poder unificador del deporte, el mensaje de respeto que debe existir por las normas y reglamentos, pero, en especial, por los atletas que son el centro del Movimiento Olímpico, que hoy está reforzado por el Equipo Olímpico de Refugiados del COI, todos viviendo juntos bajo un mismo techo, en la Villa Olímpica.

No se piensa en  el pasado vivido durante el último año. Se siente el ambiente de solidaridad entre las delegaciones, se vive el  espíritu olímpico que promueve la amistad y la búsqueda de la excelencia permanente. Esto que vemos es el mensaje de paz y el mensaje de resiliencia, en vivo. Nos da a todos la esperanza de continuar nuestro camino para superar la crisis de salud que el mundo enfrenta y nos enseña que debemos estar más  juntos. Todos los atletas, hombres y mujeres tuvieron que enfrentar grandes desafíos. Como todos nosotros han vivido  con gran incertidumbre durante la pandemia, sin saber si podían entrenar o volver a ver a su entrenador o a sus compañeros de equipo y, aún más, sin saber si los Juegos Olímpicos se llevarían a cabo. Sin embargo lucharon, perseveraron,  no se dieron por vencidos y hoy están haciendo realidad sus sueños olímpicos. Ellos son verdaderos atletas olímpicos, los que llevan muy profundo el espíritu del Agon (combativo y luchador, el que nunca se rinde).

Una sociedad olímpica más solidaria

El esfuerzo del Comité Organizador ha sido enorme. Por un lado resistir a las presiones de la oposición, al miedo por la contaminación, a la exigencia porque haya garantías de condiciones de salubridad de las delegaciones, y a eso sumarle la expectativa acerca de las mejores condiciones técnicas y administrativas para el excelente desarrollo de los Juegos.

Debemos exaltar su labor, por manejar en la mejor forma posible los cables que se entrecruzan en estos Juegos Olímpicos en plena pandemia, todos inspirados en la fortaleza de los atletas y, como bien lo ha dicho el presidente Bach en su discurso de inauguración: “Esto que hemos vivido nos convirtió a todos en una verdadera comunidad: la comunidad olímpica. Esta comunidad olímpica está con ustedes esta noche y durante todos los Juegos Olímpicos. Miles de millones de personas de todo el mundo estarán pegadas a sus pantallas, enviándoles su entusiasmo, su energía y animándolos. Nuestra comunidad olímpica aprendió que podemos abordar los muchos grandes desafíos de nuestro tiempo, solo si nos mantenemos unidos. La lección que aprendimos es: necesitamos más solidaridad. Más solidaridad entre sociedades y más solidaridad dentro de las sociedades.

Thomas Bach, en la inauguración de Tokio 2020.

“La solidaridad significa mucho más que respeto o no discriminación. Solidaridad significa ayudar, intercambiar, cuidar. Esto es lo que estamos haciendo en nuestra comunidad olímpica. Nos solidarizamos para que los Juegos Olímpicos se lleven a cabo y para que todos ustedes, los atletas de todos los comités olímpicos nacionales, sean grandes o pequeños, ricos o pobres, y de todos los deportes olímpicos, participen en los Juegos Olímpicos. Esta solidaridad alimenta nuestra misión de hacer del mundo un lugar mejor, a través del deporte. Solo gracias a esta solidaridad podemos estar aquí juntos esta noche. La solidaridad también refleja nuestro compromiso de 3.000 años con la paz. Sin solidaridad no hay paz. En esta comunidad olímpica, todos somos iguales. Todos respetamos las mismas reglas.

“Esta experiencia olímpica nos hace a todos muy humildes, porque sentimos que somos parte de algo más grande que nosotros mismos. Somos parte de un evento que une al mundo. Unidos en toda nuestra diversidad nos volvemos más grandes que la suma de nuestras partes. Siempre somos más fuertes juntos. Por eso estamos tan agradecidos con ustedes, los atletas, por expresar su compromiso con estos valores olímpicos de solidaridad, no discriminación, deporte sin dopaje, inclusión e igualdad en su nuevo juramento olímpico.

“Solo podemos ver más lejos, solo podemos apuntar más alto, solo podemos volvernos más fuertes, si nos mantenemos unidos, en solidaridad. Por eso, el COI ha adaptado el lema olímpico a nuestros tiempos: “más rápido, más alto, más fuerte, juntos”.

El mensaje del presidente Bach, en primer lugar cambió la acostumbrada forma de dirigirse al ¨Movimiento Olímpico” y acentuó la expresión “Comunidad Olímpica”, como consecuencia de la crisis vivida por el  COVID 19. Al hacerlo conectó en el tiempo con el origen de los Juegos Olímpicos antiguos, en el que toda la comunidad helénica se desplazaba respetando las reglas de la tregua sagrada o Ekecheiría, en la que no se aceptaban armas, no había ataques ni se era hostil con los demás y en la que se respetaba la vida en honor al dios Zeus.

“Citius Altius, Fortius, Junctus”

En segundo lugar presentó al mundo el lema olímpico que busca reforzar el concepto de comunidad, al utilizar la palabra “juntos”, la cual sella el original presentado en latín por el padre dominico francés Enri Didon, quedando así, “Citius Altius, Fortius, Junctus”. El reconocimiento de la nueva Comunidad Olímpica marcada por la pandemia del COVID 19, seguirá dando lo mejor de si durante estos Juegos Olímpicos Tokio 2020, para contribuir a la unión del mundo para sobrepasar este momento que ha sacudido a la humanidad y lo ha puesto a pensar que debemos ser más solidarios, más equitativos y más justos y que quizás eso mismo contribuya a la paz que el ser humano ha deseado desde la antigüedad más de tres mil años atrás.


[1]   ἐκεχεiρία: tregua, armisticio, interrupción de las hostilidades

[2] Durántez C. Conrado (2017). El Emperador Teodosio I El Grande y los Juegos de Olimpia

[3] https://www.banrepcultural.org/noticias/la-musica-de-los-estados

In Memoriam. Armin Luna, descubridor y formador

Este martes, 27 de julio, murió en Medellín el ex atleta y técnico santandereano Armin Luna Quiroz, víctima de una larga enfermedad, que no obstante no lo alejó de su vocación por el trabajo al servicio del atletismo antioqueño, que le permitió forjar carreras de importantes lanzadores paisas en certámenes del ciclo olímpico, como el lanzador de disco Mauricio Ortega, quien forma parte del equipo colombiano en los Juegos Olímpicos Tokio 2020.

Armín Luna Quiroz (q.e.p.d.)

Armín Luna había nacido en Bucaramanga, el 15 de septiembre de 1946. Durante su juventud fue un importante lanzador de martillo, disco y bala, varias veces campeón nacional, en la década de los años sesenta, al mando del huilense Ricardo García Pinzón, quien falleció recientemente víctima del COVID 19. En 1969, Armín Luna se graduó como bachiller del Instituto Tecnológico Santandereano, institución educativa líder en el atletismo santandereano de la época.

Armín Luna, hace 50 años, cuando todavía era atleta de competencia,
con la velocista vallecaucana Juana Mosquera.

Al comenzar la década de los años setenta, del siglo pasado, la mayoría de ligas de atletismo de Colombia trabajaban con un solo entrenador, para todas las modalidades del deporte base. En 1972, Antioquia comenzó una tarea de especialización por modalidades. Gilberto Sánchez, entonces secretario Ejecutivo de la rectora departamental de atletismo compartió en Bogotá, durante un curso de atletismo, al atleta Armín Luna, y le impresionaron sus conocimientos, especialmente sobre los lanzamientos. A su regreso propuso a la Liga Antiqoueña de Atletismo la contratación de Luna como entrenador de lanzamientos.

Armín Luna, con sólo 26 años de edad, y aún en etapa competitiva, se convirtió en el descubridor, formador y orientador de varias generaciones de lanzadores, que fueron, en sus momentos, los mejores de Colombia.

Por su mano pasaron, entre otros, Gloria Sánchez, Edgar Yarce, David Castrillón, Selene Saldarriaga, Magdalena Gómez, Mariela Zapata, Sabina Moya, Zuleima Aramendiz y Eli Johana Moreno, las tres últimas integrantes de las delegaciones nacionales en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 y Londres 2012.

Desde hace varios años, Armín Luna padecía una grave enfermedad que le fue quitando la movilidad en sus piernas. Sin embargo siguió al frente de su trabajo en Medellín y fue técnico nacional en lanzamientos, en certámenes del ciclo olímpico.

Editorial. A pesar de las dificultades, a Tokio… ¡vamos con todo!

Por Ciro Solano Hurtado

Presidente Comité Olímpico Colombiano

Los Juegos Olímpicos Tokio 2020 serán los más atípicos de la historia, un poco similares a aquellos que realizó Amberes, Bélgica, en 1920, después de otra pandemia, la de la gripa española, que, en cambio de la actual, ya había sido controlada por completo, después de dos años de producir enfermedad y muerte en muchos países del mundo.

Los de Tokio 2020 serán mis octavos Juegos Olímpicos, luego de haber estado presente en Barcelona 1992 y Sidney 2000, como delegado del atletismo; en Atlanta 1996, como espectador, (Juegos en los cuales Colombia no obtuvo ninguna medalla, lo que al regreso me motivó a pensar, con otros dirigentes de federaciones y del COC, en ayudar a buscar mecanismos para que nuestro deporte creciera, y en Atenas 2004, Beijing 2008, Londres 2012 y Río 2016, como jefe de Misión de nuestras delegaciones, en una época de extraordinario crecimiento, que nos llevó a conquistar 22 de las 29 medallas obtenidas en nuestras participaciones, desde 1936, es decir, el 75.8 por ciento del total.

A pesar de la propia pandemia, de la angustia, de los sufrimientos, del miedo, del aislamiento, de las limitaciones en la preparación y en la clasificación y de la aún  reinante incertidumbre estaremos en Tokio con el mismo entusiasmo de siempre, aquel que demuestran nuestros atletas cuando saltan a sus arenas deportivas, porque si hay algo que debemos resaltar en estos jóvenes, que son los mejores embajadores de Colombia en el mundo, es el profesionalismo, con el que encaran su trabajo y luchan por sus metas.

Es cierto, la pandemia afectó a todos los atletas del mundo que estarán presentes en Tokio, y no solamente a los colombianos, pero existen unas diferencias de tiempo en favor de aquellos que viven, entrenan y compiten en países desarrollados, que normalizaron sus actividades y regresaron a sus competencias, antes que los nuestros, porque lograron controlar el virus primero, mientras países como los latinoamericanos han sufrido durante más tiempo sus propios dramas. Esto explica por qué para Río 2016 clasificaron por Colombia 148 atletas, mientras que para Tokio lo hicieron menos del 50 por ciento de ese gran total.

Dejemos estas lastimeras explicaciones a un lado, porque con o sin pandemia y sus limitaciones, nuestros atletas llegarán a Tokio bien preparados, entusiasmados, como ha sido su tónica de los últimos años, y con los mismos objetivos de buscar la gloria, en el máximo escenario del deporte mundial. Además, en ese reducido grupo estarán los mismos aspirantes a medallas que formaron parte de aquella nutrida delegación presente en territorio brasileño, a excepción de Yuri Alvear, que se retiró por lesión y de Oscar Figueroa, que abandonó la actividad.

Y ese equipo que desfilará, el próximo 23 de julio, en la inauguración de los Juegos, encabezado por nuestra abanderada, la consagrada Caterine Ibargüen, podrá afrontar sus participaciones con una acertada planificación, una adecuada preparación, un esmerado acompañamiento y  los mejores estímulos económicos brindados por el gobierno nacional, que se ha concientizado de la necesidad de aportarle recursos al deporte formativo y de altos logros, bajo el entendido de estar invirtiendo en el patrimonio social de nuestra juventud.

Pero si el gobierno de Colombia es consciente de la importancia del deporte en la formación de mejores ciudadanos, también lo son los alcaldes y gobernadores, que a través de sus entes municipales, departamentales y distritales han aportado recursos y esfuerzos en el descubrimiento de talentos y en su formación para la alta competencia, dentro de esa cadena de valor que comienza en la barriada y finaliza en un podio internacional. Igual gratitud merecen empresa privada que han invertido en los últimos años en los atletas, como parte de su responsabilidad social, pero también, porque han percibido que esos singulares modelos son dignos de la mayor credibilidad, lo que les representa un productivo ejercicio en el mercado de la oferta y la demanda.

Todos estos factores le garantizan a nuestro deporte seguir avanzando de manera sólida y, lo más importante, dentro de una dinámica frecuente y progresiva, que de mantenerse seguirá su crecimiento constante e incontenible.

¡A Tokio vamos con todo y esperamos regresar triunfadores!

Estadísticas de Colombia en sus 18 participaciones

Colombia ha participado en 18 Juegos Olímpicos, desde 1936 y ha obtenido 29 medallas, cinco de oro, nueve de plata y 15 de bronce. El siguiente cuadro presenta las cifras generales de las participaciones colombianas en los Olímpicos, desde 1936.

CIUDADAÑONÚMERO DEDEPORTISTASMEDALLASPUESTO
DEPORTESPARTICIPANTESOROPLATABRONCETOTAL
Atenas1896*******
París1900*******
Saint Louis1904*******
Londres1908*******
Estocolmo1912*******
Amberes1920*******
París1924*******
Ámsterdam1928*******
Los Ángeles1932110000*
Berlin1936160000*
Londres1948240000*
Helsinki1952*******
Melbourne19565220000*
Roma19604130000*
Tokio19644140000*
México19684410000*
Munich19727630123*
Montreal19767370000*
Moscú19803260000*
Los Ángeles19847390101*
Seúl19881144001146
Barcelona19921053001156
Atlanta199610530000*
Sydney20001245100149
Atenas20041454002268
Beijing20081567021365
Londres 201218104135938
Río2016 128323823
TOTAL  814591529 
TOTAL MEDALLAS29  

Historia 30. Río 2016: ocho medallas, tres de oro

Al final de Río 2016, Colombia volvió a brillar, porque conquistó una medalla menos en total, que en Londres 2012, es decir ocho, pero tres fueron de oro, además de dos de plata y tres de bronce, que le permitieron al país ascender de la casilla 38, conquistada en aquella cita, a la 23, entre 207 naciones participantes, escalada no registrada por ningún otro país asistente a los Olímpicos en territorio brasileño.

Mariana Pajón, en ciclismo BMX; Óscar Figueroa, en levantamiento de pesas, 62 kilogramos, y Caterine Ibargüen, en atletismo salto triple, conquistaron medallas de oro. Yuri Alvear, en el judo, 60 kilogramos, y Yuberjen Martínez, en boxeo, 70 kilogramos, lograron medallas de plata. Finalmente, Íngrit Valencia, en boxeo, 51 kilogramos; Luis Javier Mosquera, en pesas, 69 kilogramos, y Carlos Alberto Ramírez, en ciclismo BMX, conquistaron preseas de bronce.

Mariana Pajón: primera colombiana doble medallista olímpica de oro

La antioqueña Mariana Pajón Londoño llegó a Río con la expresa intención de ganar la medalla de oro olímpica, que sería la segunda en su carrera deportiva y la convertiría en la deportista colombiana más galardonada en la historia.

Pajón comenzó su participación en Río 2016, el 17 de agosto, en la pista de Deodoro, con la prueba contrarreloj, en la que finalizó primera y avanzó a la ronda semifinal del BMX.

En medio de un calor tropical, en un hermoso escenario pintado de amarillo, por la presencia de por lo menos 2.000 colombianos, quienes  cantaron y gritaron todo el tiempo, Mariana Pajón empezó a gestar su segundo oro olímpico a las 11:00 AM., hora colombiana, con el comienzo de las tres mangas de semifinales, que ganó, la primera sobrada; la segunda, en foto finish con la estadounidense Alice Post, y la tercera, con buena ventaja, resultado que le otorgó el derecho a estar en el carril uno, considerado el de mejor posición del partidor de la final, a la cual no clasificó una de sus más difíciles rivales, la australiana Caroline Buchanan.

A la 1:00 PM., hora colombiana, 3:00 PM. hora de Río, Mariana comenzó su gesta. Sus rápidos pedalazos y el entusiasmo y el vigor la acompañaron en los siguientes 30 segundos, mientras una sola voz colombiana retumbó alrededor de la pista, durante y después de su llegada como campeona olímpica por segunda vez consecutiva, resultado que disparaba automáticamente a Colombia a una de las 30 primeras posiciones del medallero, y aún faltaba el cierre en esa misma pista.

Caterine Ibargüen: segundo oro y Colombia supera actuación de Londres 2012

En el salto triple, Colombia participó con sus dos principales exponentes: la vigente bicampeona mundial, tricampeona de la Liga Diamante y medallista de plata en Londres 2012, Caterine Ibargüen, y la medallista de bronce en los Juegos Panamericanos Toronto 2015, Yosiri Urrutia, en el Estadio Olímpico Joao Havelange, de Río.

El domingo 14 de agosto, Caterine Ibargüen ganó la medalla de oro del salto triple en Río 2016, cuarta de Colombia en los Juegos, con el valor agregado de permitir que Colombia, por la segunda medalla de oro alcanzada, apenas en la mitad de los Juegos, ya superara la actuación registrada en Londres 2012.

En su primera intervención, Ibargüen logró 14,65 metros, distancia que la ubicó parcialmente en la tercera posición, detrás de la estadounidense Keturah Orji, quien registró 14 metros y 71 centímetros, y la campeona olímpica en Londres, la kazaja Olga Rypakova. El segundo salto le representó a la colombiana el ascenso definitivo al primer lugar, con una distancia de 15,03, frente a 14,49 de Ripakova y un salto nulo de Orji. En el tercer salto emergió otra latinoamericana, la venezolana Yulimar Rojas, quien con 14,87 pasó a escoltar a la colombiana.

En el cuarto salto, la venezolana Yulimar Rojas logró un importante 14,98 y quedó a cinco centímetros de la colombiana, quien respondió en este intento con un contundente 15,17, la mejor marca de la temporada en el mundo, para no dejar dudas sobre su superioridad

En los restantes saltos, las tres posiciones del podio quedaron intactas. En el quinto intento, Ripakova mejoró un centímetro su marca, al lograr 14,74 metros; la venezolana estableció 14,66 y la colombiana, 14,76.

En el salto de cierre, nada ocurrió en las ubicaciones del podio, porque Rypakova no superó su mejor marca y la venezolana Yulimar Rojas estableció 14,95, lo que le otorgaba automáticamente, aún sin saltar, la medalla de oro a la colombiana Caterine Ibargüen.

Oscar Figueroa y su inolvidable gesta

La gloria colombiana en Río 2016 comenzó el lunes 7 de agosto, con la participación del medallista olímpico de plata en Londres 2012 Óscar Figueroa, en los 62 kilogramos de las pesas, en el coliseo seis del Complejo Olímpico de Riocentro, aledaño a la Villa Olímpica.

La competencia comenzó con cuatro de los 14 participantes como favoritos para ganar las medallas: el kazajo Farkhad Kharki, el medallista de bronce de Londres, el indonesio Eko Irawan; el medallista de plata de Londres, el colombiano Óscar Figueroa, y el actual campeón mundial, el chino Lijun Chen.

En el arranque, Kharki abrió el camino de los favoritos, al levantar 135 kilogramos. Lo siguió Figueroa, con un intento fallido, que corrigió enseguida, para alzar 142 kilos. El turno fue para el chino Lijun Chen, quien al tratar de alzar 143 kilogramos sufrió una lesión en la pierna derecha y falló, y decidió retirarse de la competencia. Entró a escena el indonesio Eko Irawan, quien no salió airoso en sus tres intentos, en 146 kilogramos.

Figueroa pidió 147 y tampoco pudo. Pero con los 142 que ya había hecho igualó con Irawan en el primer lugar del arranque, pero le ganó la posición por menor peso corporal: el colombiano registró 61,86 kilos y el indonesio, 61,91.

Luego de un descanso, los rivales de Figueroa empezaron a salir uno a uno, mientras él esperaba su turno. El primero fue Kharki, quien levantó 170 kilogramos, la misma cantidad de Irawan. Entonces Figueroa se decidió por los 172, que logró alzar, para dar un paso en favor de sus aspiraciones de obtener el oro.

Sus rivales sabían del potencial del colombiano y por eso decidieron arriesgarlo todo. El indonesio Irawan se subió hasta 176 y falló. Figueroa salió por ese mismo peso y lo levantó, para dar el segundo paso en favor de su aspiración de lograr el oro olímpico.

Y el final llegó, porque Kharky no pudo con 177 kilogramos en sus tres intentos, para resignarse con el bronce. La pelea por el oro se redujo al colombiano y al indonesio, quien salió en pos de los 179 kilogramos y fracasó en sus tres intentos.

El turno fue para un Figueroa gigantesco, quien logró levantar 177 kilogramos en envión, que le aseguraban la medalla de oro en el total. Ahí no terminó su participación, porque Figueroa quería superar la marca olímpica, establecida por él mismo en 177 kilogramos, en Londres 2012, y por eso se lanzó en pos de los 179, pero falló.

Una vez soltó las pesas, que retumbaron en el tablado del coliseo, Óscar Figueroa, con 318 kilogramos en total, rompió en llanto, se quitó los zapatos, los depositó a un costado, como indicando que su carrera llegaba a su final, y dejó escapar todos los sentimientos provocados por la gran hazaña que acababa de conquistar: a los 32 años se había convertido en el mejor deportista colombiano de la rama masculina en la historia olímpica nacional, al sumar una plata y un oro olímpicos.

Yuri Alvear: del bronce de Londres a la plata de Río

El trabajo de la judoca vallecaucana Yuri Alvear Orejuela para Río 2016 había comenzado en Londres, con el objetivo del oro. Los dos primeros años fueron de máximo de rendimiento y cosechó títulos mundiales en 2013 y en 2014.

En 2015, Yuri no dio los resultados esperados, porque fue tercera en el Mundial y en los Juegos Panamericanos de Toronto. Cuando restaban tres meses para los Juegos de Río, se consagró campeona panamericana en La Habana.

Con la serenidad y la sencillez que la han caracterizado, Yuri Alvear pisó suelo brasileño y recibió el premio de ser la abanderada de Colombia en el desfile inaugural en Río, el 4 de agosto, por los compromisos que tenía el gimnasta Jossimar Calvo, elegido semanas antes por votación de los colombianos.

El 10 de agosto fue el día señalado para la consagración de Yuri Alvear. Al comenzar la competencia, en la categoría de los 70 kilogramos pasó directamente a la segunda ronda. Su estreno fue ante la puertorriqueña María Pérez, a quien superó con facilidad para avanzar a la segunda ronda.

Entonces se encontró en semifinales con la española María Bernabeu y sin apremios la venció, para asegurar la medalla de bronce, con lo que se convertía en la segunda mujer colombiana doble medallista olímpica en la historia.

Ahora el desarrollo de los combates la puso frente  de la británica Sally Conway, a quien superó en un aguerrido combate, para asegurar la plata y alcanzar la final.

Ya había Yuri superado lo realizado en Londres, pero su sueño era el oro y con ese objetivo salió para la pelea final ante la japonesa Haruka Tachimoto. Sin embargo, un descuido la privó del oro, pero la elevó a la condición de doble medallista olímpica.

Yuberjen: plata a la valentía, al carisma y a la calidad humana

El boxeo colombiano llegó a Río con la meta de lograr que el país volviera a un podio olímpico, 29 años después de que Eliécer Julio Rocha obtuviera el bronce en Seúl 1988.

La medalla de Martínez, quien había logrado el cupo a los Olímpicos el 17 de marzo de 2016, luego de ganar la categoría de los 49 kilogramos en el torneo Preolímpico Continental, que se disputó en Buenos Aires, Argentina, se empezó a forjar el 6 de agosto, en el Coliseo de Riocentro. En el segundo combate, el 8 de agosto, se enfrentó al filipino Rogan Ladon, quien era favorito. Sin embargo, gracias a un constante ataque con ganchos cortos, el colombiano dominó y recibió un veredicto unánime favorable 3-0, con parciales de 30-27, 29-28 y 29-28. Este resultado le permitió asegurar diploma olímpico y avanzar a la tercera ronda, para disputar la medalla de bronce.

El próximo rival, el 10 de agosto, fue el español Samuel Carmona a quien logró derrotar por decisión de los jueces, luego de un combate que supo dominar en los tres asaltos. Con ello, Yuberjen Martínez aseguró la medalla de bronce y rompió el ayuno colombiano de medalla en unos Olímpicos, de 27 años, 10 meses y 11 días, luego de la medalla de bronce ganada por Jorge Eliécer Julio Rocha en Seúl 1988.

La siguiente estación de su recorrido la cumplió el 12 de agosto, cuando se enfrentó al cubano Joahnys Argilagos, campeón mundial en el año 2015,digno exponente de la fuerte escuela de boxeo de la isla y uno de los favoritos para la medalla de oro. En el primer asalto, Martínez tuvo la iniciativa desde el comienzo con un rápido y variado repertorio de golpes, que le representaron una victoria 2-1. En el segundo, no obstante las buenas intenciones del isleño, el colombiano volvió a ganar 2-1. Finalmente, conocedor de la desventaja que tenía luego de los dos primeros asaltos, Argilagos se lanzó en pos de un buen cierre, pero sucumbió al final, 2-1, aseguró la medalla de plata y el derecho a pelear por la de oro.

La final, primera del boxeo en estos Juegos y primera a la que accedía un colombiano en la historia, se celebró el 14 de agosto, a las 12:15 PM., ante el uzbeko  Hasanboyu Dusmatiov, de 23 años, quien venía de ser campeón asiático de la categoría, galardón conquistado en Bangkok, Tailandia, y de ganar los cuatro combates realizados en Río, sin perder un solo asalto. A pesar del esfuerzo hecho durante los tres asaltos, Dusmatov superó al colombiano.

Íngrit Valencia: bronce a una valiente pionera

El 12 de agosto del 2016 comenzó la carrera de la caucana Íngrit Valencia, pionera del boxeo femenino en Colombia, rumbo a la medalla olímpica, en la categoría de los 51 kilogramos de peso, cuarta de Colombia en estos Olímpicos. Ese día, en el Pabellón 6 de Riocentro se midió a la africana Judith Mbougnade,  a  quien dominó durante los tres asaltos, gracias a golpes rectos continuados que minaron a la rival, quien cayó en el tercer asalto. No obstante que Mbougnade se levantó, el juez consideró que no podía continuar el combate y determinó el nocáut técnico.

Su siguiente rival fue la tailandesa Peamwilai Laopeam, en combate que se realizó el martes 16 de agosto bajo el dominio de la colombiana –de menor estatura y alcance–, quien utilizó un boxeo inteligente y en la distancia, con jabs y rectos que le otorgaron puntos importantes en los tres primeros asaltos. En el cuarto round, Íngrit bajó un tanto la guardia, pero mantuvo por fuera de su alcance a la tailandesa, mientras dejaba que transcurriera el tiempo. El veredicto de los jueces fue unánime y contundente: 40-36, 39-37 y 39-37.

Después de este combate, apareció la siguiente rival de la colombiana, la francesa Sarah Ourahmoune –de 34 años y campeona mundial en 2008 en Ningbol (China).

Con la medalla de bronce asegurada, Íngrit Valencia subió al cuadrilátero dos días después, para buscar la medalla de plata. La colombiana y la francesa se habían enfrentado en el Mundial de 2012, realizado en Qinhuangdao, China, combate ganado por la europea, quien no obstante, en las semifinales de ese certamen perdió con la tailandesa Laopeam, derrotada por Valencia en Río. El 18 de agosto terminó el recorrido de Íngrit Valencia en el boxeo olímpico de Río 2016, división de los 51 kilogramos, al perder la semifinal ante la francesa Sarah Ourahmoune, pero se quedó con la medalla de bronce, segunda de este deporte en estos Juegos y quinta en nuestra historia olímpica.

Carlos Ramírez: el bronce que repitió la película

Tal como ocurrió cuatro años antes, en Londres 2012, la película se repitió pocos minutos después, cuando aún los dos mil colombianos reunidos en el escenario deliraban de la felicidad por el oro de Mariana Pajón y millones más celebraban en la distancia el tercer oro colombiano en Río con la última medalla, un bronce ganado por Carlos Alberto Ramírez en la rama masculina.

Como ocurrió con la femenina, a partir de las 11:00 AM. se celebraron las series semifinales, con la presencia de los antioqueños Carlos Mario Oquendo, medallista olímpico en Londres 2012, y Carlos Alberto Ramírez, el especialista con mayores progresos en los últimos años en esta modalidad.

En las dos primeras mangas, Ramírez finalizó tercero y Oquendo, cuarto, lo que permitía esperar que alcanzaran la final.

La tercera manga fue accidentada para los dos: Oquendo sufrió una caída en la primera curva y luego de incorporarse cruzó en la sexta posición y quedó por fuera, y Ramírez también se cayó con varios corredores en la última curva, se levantó y finalizó quinto, y aseguró el cupo en la final.

Diez minutos después de la serie que le otorgó a Mariana Pajón el oro en la rama femenina, se celebró la serie definitiva de los hombres, con la presencia de Carlos Alberto Ramírez, quien partió por el séptimo carril. La largada no favoreció al colombiano, pero al final de la rampa ocupaba la sexta posición. En la primera curva recortó diferencias y se ubicó quinto, posición en la cual se mantuvo hasta la última curva, en la cual lanzó un ataque que lo llevó a la cuarta casilla, a milímetros del tercero, el estadounidense Nicholas Long, a quien le lanzó un fuerte ataque en el metro final, para finalizar igualados, al ojo de los espectadores. Esto obligó a revisar el foto finish, mientras estadounidense Connor Fields obtenía el oro, y el holandés Jelle Van Gorkom, la plata. Al final el bronce le fue adjudicado al colombiano, por cinco milésimas de segundo.

Luis Javier Mosquera gana la octava medalla nacional

La competencia se celebró el 9 de agosto, y en Luis Javier Mosquera finalizó cuarto, en los 69 kilogramos del levantamiento de pesas, pero el 19, mientras se realizaban las finales del BMX,  el COI dio la noticia oficial sobre la adjudicación de la medalla de bronce al colombiano, por analítico adverso de Izzat Artykov de Kyrgyztan, quien fue tercero. Esta fue la octava y última presea nacional en su participación en Río.

Mosquera, de 21 años de edad, compitió el 9 de agosto en la competencia de su división, en la cual se hicieron presentes los 12 mejores exponentes del mundo.

El colombiano subió a la plataforma para levantar 150 kilos, pero falló en el primer intento y lo resolvió en el segundo. Luego alzó 155 kilos, para superar su récord panamericano de 150.

Allí salió el norcoreano Hyok Kim. Falló el primer intento, en 157, resolvió bien en el segundo intento y buscó ampliar la ventaja a 161, pero no pudo, así que en el arranque quedaron con dos kilos de diferencia a favor de Kim.

La pelea por el oro fue entre el turco Daniyar Ismayilov y el chino Zhiyong Shi. Ismayilov empezó en 181, pasó a 185 y completó el ejercicio en 188, para sumar 351 y esperar a Shi, quien se reportó con 190 para tener un total de 352 y quedarse con la medalla de oro.

Pero mientras la pelea por el oro avanzaba, la del bronce también. El primero de los tres fue Izzat Artykov de Kyrgyztan, con 181, quien parecía no entrar en la pelea. Por eso, Luis Javier se preocupó de Kim. El colombiano levantó 183, ya le tenía seis a Artikov y esperaba a Kim, quien estaba en 188. Kim y no pudo con el primer 188, por eso Luis Javier se subió a 189, para forzarlo, pero de nuevo, en medio de ellos, apareció Artikov para sorprender, con 188 y quedó un kilo delante de Mosquera. El total marcaba 339 para el kirguiso y 338 para el colombiano. Kim salió en su segundo intento por el 188 y no pudo.

Entonces Luis Javier intentó 189 kilos, pero, infortunadamente en su segundo intento. Se subió a 190 y tampoco logró levantarlos. Allí perdió la medalla, quedó cuarto, a un kilo de porque Artikov. Después vendría la noticia de su medalla de bronce, por positivo adverso de Izzat Artykov, de Kyrgyztan.

La buena hora de los clavados

Por Roosevelt Castro B-

Periodista ACORD Antioquia y AIPS

Cuando en 1935 la clavadista antioqueña Luz Mejía se colgó el primer oro en los Juegos Olímpicos Nacionales (hoy Juegos Nacionales), nunca se imaginó que su disciplina deportiva daría un gran salto y traería grandes réditos, no solo para el departamento sino para el país hasta convertirlos en potencia suramericana y codearse con los mejores del mundo. 

“Mientras se consolidaba la creación de la que llamarían la Liga de Atletismo y Natación de Antioquia, una delegación de saltadores paisas compitió en lo Terceros Juegos Olímpicos Nacionales”, relata el politólogo y periodista antioqueño Gonzalo Medina Pérez en su obra Historia del deporte en Antioquia. A renglón seguido reseña “el triunfo contundente” de la deportista antioqueña, en el trampolín de 3 metros.

Los primeros balbuceos acuáticos de Mejía se dieron en el Club Campestre de Medellín.  Barranquilla fue la puerta de oro que le abrió la senda, para que, casi ocho décadas y media después, los saltos ornamentales colombianos tuvieran esa mayoría de edad, asistiendo a las máximas justas polideportivas del mundo.

Saltos a la memoria

La poca infraestructura deportiva no amilanó a la dirigencia paisa, que vio con complacencia cómo se construía un gran Complejo Acuático, en el sector de Otrabanda, al occidente de Medellín.

Tres décadas y media después del gran salto de Luz Mejía, los directivos antioqueños veían coronados todos sus esfuerzos, con la inauguración del máximo escenario acuático, incluido un foso de clavados para los primíparos en esta modalidad.

Iván Panay, izquierda.

Es el panameño Iván Panay el que les empieza a enseñar el ABC de los saltos a un grupo de chiquillos sedientos de gloria deportiva. Javier Rodríguez y Javier Morales secundaron el trabajo del canalero, pero es el vallecaucano Miguel Tobón (q.e.p.d) el que mostró las primeras figuras para el país.

Jair Castrillón, Olga Cecilia Dávila, Ana Pastora Agudelo, Diego El Tuso Álvarez, Liliana Murillo, Óscar Urrea, Julián Chalarca y las hermanas Cristina y Liliana Ríos, entre otros, empezaron a escribir la historia de los saltos ornamentales de Antioquia y del país.

Pero es el chino Fu Quiang quien le da ese “status orbital” que necesitaban los saltos antioqueños. El oriental llegó en 1990, contratado por la Liga de Natación de Antioquia y luego de un año de trabajo regresó a su país.

Dos años después se funda el Club Alcatraz. Para 1994, Quiang vuelve de nuevo y la internalización de los alcatraces paisas da ese salto enorme, que hoy tienen a ese club no solo como potencia nacional, sino en uno de los mejores del continente americano.  

Un trabajo serio y planificado arroja grandes resultados deportivos. Como kamikazes saltan los clavadistas paisas, desde las plataformas y trampolines de Colombia y del mundo. “Son más de 20 años en los que el Club Alcatraz ha sido campeón nacional y mundial, ya que dos de sus deportistas se han subido a lo más alto del podio”, recuerda el periodista Pablo Arbeláez Retrepo, jubilado de El Colombiano y gran doliente de las modalidades acuáticas.

Víctor Hugo Ortega

Así surgen figuras como Juan Guillermo Urán, Diana Pineda, Alexander Caicedo (q.e.p.d), Carolina Murillo, Julián Chalaca, Eder Gaviria y Víctor Hugo Ortega, entre otros. Igualmente, y últimamente, Juan Guillermo Ríos, Kevin García, Alejandro Arias, Daniel Restrepo, Steffany Madrigal, Juan Esteban Ramírez, para dar inicio al recambio deportivo.

Saltos olímpicos

De otro lado, Sídney, Australia, fue la anfitriona de la versión 27 de los Juegos Olímpicos Modernos.  Del 15 de septiembre al 1° de octubre de 2.000, la capital del estado de Nueva Gales del Sur y el primer asentamiento de la colonia británica en Australia albergó a 10.651 atletas, pertenecientes a 199 países del mundo deportivo, quienes compitieron en 28 deportes y 300 especialidades, una de ellas los saltos ornamentales.

Juan Guillermo Urán.

El primíparo de los saltos, Juan Guillermo Uran, uno de los 44 deportistas (25 hombre y 19 mujeres) que llevó Colombia, llegó con mucha ilusión.  El imberbe y talentoso bellanita, nacido el 13 de enero de 1983, luego asistiría a dos Juegos Olímpicos más, de las seis que ahora tienen los clavados colombianos en las justas polideportivas orbitales.

Diana Isabel Pineda y Víctor Hugo Ortega también llegarían al olimpo deportivo.

Sebastián Villa Castañeda, Sebastián Morales Mendoza tomarían la posta de los ornamentales olímpicos, en la segunda década del siglo XXI.  A ellos se les sumaría el juvenil Daniel Restrepo García, para que los tres chuleen asistencia en Tokio 2021, con el objetivo de dejar en alto el tricolor nacional.

Todo ello aupado por padres de familia, entrenadores como Óscar Urrea (ahora en Brasil), Wilson Molina, Jerry Jaramillo, entre otros, y la dirigencia antioqueña de las modalidades acuáticas

Sebastián Villa.

Villa Castañeda, la experiencia de los saltos

Sebastián Villa Castañeda es sinónimo de clavados. Es la cuota de experiencia de los saltos ornamentales paisas y colombianos en los Juegos nipones.

Su menuda figura, su corta estatura de 1,64 mt y su piel morena, no pasan inadvertidas en este gran ornamentalista colombiano. “Un día en el 2000 estaban buscando talentos para los clavados. Por ese entonces yo recibía clases de natación en las piscinas de la Universidad de Antioquia, fui, ensayé y me quedé”, recuerda el habitante de la Loma de las Brujas, en Envigado, y con un acercamiento a la gimnasia artística.

Los fuertes entrenamientos con Diego Monsalve, su primer tutor en los clavados, casi lo hacen desistir. “Al principio me tocó muy duro, porque Diego era muy exigente en las prácticas”, comenta el saltador nacido en Envigado, el 21 de febrero de 1992.

A sus 29 años, Villa Castañeda asiste a sus terceros Juegos Olímpicos. “La primera fue en Londres 2012. Luego estuve en Río-2016 y ahora esta de Tokio 2021”, recuerda el hijo de Hernán y Olga Lucia.

“Desde que inicié mi carrera deportiva hace más de 20 años años he sido campeón nacional y aunque me mantenga adolorido lucharé por llegar bien lejos en los clavados”, dice el segundo entre tres hermanos de la familia Villa Castañeda.

Japón lo verá en acción el próximo 6 de agosto. Quiere dar lo mejor de sí. “La ilusión es grande y el compromiso mayor”, asegura el amante de las películas de acción y comedor de frutas como fresas, mango o kiwi.

Sebastián Morales.

Morales Mendoza y su cataclismo en los clavados

Cada vez que salta Sebastián Morales Mendoza produce un cataclismo.  El primero lo produjo a los cinco años de edad. El pequeño párvulo realizaba otro tipo de saltos: Morales Mendoza surcaba los cielos saltando los terraplenes de la pista Antonio Roldan Betancurt, en la Unidad Deportiva de Belén, en Medellín. Él quería ser bicicrosista.  Para fortuna de su familia y especialmente de su hermana Adriana, el infante desistió. “Mi hermana asistía a los semilleros de nado sincronizado. Mis padres y yo la esperábamos en la tribuna hasta  que terminaba su entrenamiento. Estando allí veía saltar a varios, me dije: ¡qué tesos!, entonces quise estar en esta otra actividad acuática. Fue así como vi los clavados y me gustaron”, dijo en su momento el saltador, nacido el 22 de agosto de 1994.

Así, los saltos, pero de alegría, fueron los de su familia, al verlo cómo se colgaba las medallas doradas como ganador de las pruebas del trampolín de uno y tres metros, a pesar de su retiro temporal en el 2006, para dedicarse a jugar al fútbol. “Después de dos años, desistí de jugar y volví a los clavados”, evoca.

Pero uno de los grandes cataclismos lo produjo en noviembre de 2014.  El foso de clavados de Veracruz, México, fue testigo mudo del triunfo rutilante de Morales Mendoza, en las pruebas del trampolín de 1 y 3 metros, de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Los mexicanos son potencia en el continente americano, por eso el cataclismo de Sebastián puso a tambalear su historia deportiva en los saltos, justo un 28 de noviembre, fecha en que fallecía el comediante Roberto Gómez Bolaños.

“No contaron con su astucia”, dirían en el Club Alcatraz, por la espectacular victoria del clavadista paisa. “Lo sospeché desde un principio” musitaría su entrenador Óscar Urrea.

Dos años después lograría su primer cupo olímpico. Río de Janeiro lo encontró con esta nueva hecatombe deportiva. La satisfacción de haber ocupado la posición número 12 entre 29 saltadores en los pasados olímpicos tuvo un segundo capítulo, cuando el año pasado alcanzó el cupo para Tokio 2021. “Fue algo muy luchado. Estuvimos concentrados un mes en Italia. Nos tocó la oleada de calor en Europa. Entrenamos muy bien y sabíamos que el mundial era la mejor oportunidad para clasificar a los olímpicos. Al llegar a este mundial en Corea, la ronda preliminar fue extensa. De 60 deportistas clasificaban 18 a las semifinales. Luego, pasamos a la otra ronda. Hicimos clavados muy buenos para llegar a la final. De este modo, obtuvimos el cupo a los olímpicos. El resultado me permitió clasificar como primer clavadista de Colombia para los juegos con más de un año de anticipación”, manifestó el saltador antioqueño.

Ya su pasaporte deportivo se ufana de haber visitado varias geografías, porque lo ha llevado a conocer diferentes países como Brasil, Italia, España, Puerto Rico, México, Corea del Sur, entre otros.

Daniel Restrepo.

Daniel Restrepo, un novato de los saltos olímpicos mayores

Buscando una cura para su hiperactividad de su hijo Daniel, Carlos Mario Restrepo y Lucy García encontraron en los clavados el remedio.

Lo que poco sabían sus padres era que el inquieto niño se convertiría en campeón mundial y olímpico.

El clavadista Daniel Restrepo García tampoco se imaginó que una búsqueda para curar el asma y para calmar su hiperactividad lo llevarían a un salto olímpico.

Transcurría el año 2004, cuando el inquieto benjamín de la familia Restrepo García fue llevado a las aguas benditas de las piletas de la Liga de Natación de Antioquia.  A sus cuatro años de edad no entendía que ese era el santo remedio.

Uno a uno fue ascendiendo los niveles de los cursos regulares que dicta la jerarca seccional de las modalidades acuáticas.

Un día cualquiera decidió meterse a los saltos ornamentales.  “Vi lo tesos que eran, que no les daba miedo y me arriesgué. Le dije a mis padres que eso era lo mío y me quedé”, señala el saltador paisa, nacido el 24 de enero de 2000.

Entre cuadernos, lapiceros y las tareas en el colegio Salazar y Herrera, y los trampolines y las plataformas transcurría la vida del imberbe joven y habitante del sector de La Macarena, en Medellín, Colombia.

“Todo esto de los saltos lo aprendí con mis entrenadores. Primero con Jerry Jaramillo y luego con Wilson Molina, pero es este último quien ha sido siempre mi gran tutor. A él le debo mucho de lo que he conseguido”, indica el campeón nacional, suramericano, panamericano, en la categoría juvenil del trampolín de 1 y 3 metros.

Penza, Rusia, vio ganador a su amigo y compañero de saltos Alejandro Arias Muñoz. El primer oro mundial obtenido para Colombia por un clavadista, el 12 de septiembre de 2014, en el trampolín de un metro, lo inspiró.

Casi cuatro años después del refulgente título de Arias Muñoz, Dany cumplió su promesa deportiva: convertirse en el rey de los saltos, pero en la prueba del trampolín de tres metros.

El foso de clavados de Kyiv, Ucrania, fue el testigo mudo de la gran hazaña deportiva del saltador del Club Alcatraz.

Ocurrió el 23 de julio de 2018. Salto tras salto, el juvenil paisa alzaba el vuelo a su meta. En una reñida competencia con el chino Luxian Wu, en la que en la ronda final entraron con puntos de diferencia que hacían prever que la medalla de oro podría ser para el asiático. Restrepo entró a definir con 494.05 y el chino WU con 523.60, pero en el último salto de la competencia el colombiano marcó 89.30 para completar 583.35, mientras que Wu registró 58.90, totalizando 582.50, lo que definió el oro para Colombia. El bronce se lo colgó el también chino Junjie Lian, con un puntaje de 570.40.

Con este título, Daniel aseguró su clasificación a los Juegos Olímpicos de la Juventud, que se disputaron en Buenos Aires, Argentina, entre el 6 y el 18 de octubre de 2018. “Allí refrendó su favoritismo y se llevó dos oros”, recuerda su padre Carlos, quien fuera presidente del Club Alcatraz.

Esto no lo detuvo y para los Juegos Panamericanos de mayores, realizados en Lima, Perú, se colgó la dorada. El Complejo Acuático de La Videna vio vencer al saltador paisa sobre el mexicano Juan Manuel Celaya, quien ya había ganado los oros de trampolín un metro y trampolín tres metros sincronizado, pero que en los tres metros individual sucumbió ante el juvenil colombiano y quien también envió al tercer lugar y la medalla de bronce al canadiense Philippe Gagné, para así obtener el cupo a sus primeros Juegos Olímpicos de mayores.  

“Fue una medalla de oro muy trabajada, porque con saltos buenos fuimos subiendo, con mucho trabajo con mi entrenador Wilson, quien me ha ayudado mucho y es muy importante para mí proceso. Igualmente, conseguir el lugar para Tokio es muy importante”, aseguró en su momento Daniel Restrepo.

“Daniel es un chico muy disciplinado y entregado a su deporte. Es también muy familiar, alegre y de temperamento tranquilo. Disfruta de lo que hace y cada día se fija metas”, expresó Wilson Alexander Molina Guzmán, entrenador de Daniel y quien le ha dado los dos títulos mundiales que tiene Colombia, en esta modalidad acuática.

Así los tres saltadores antioqueños muestran su potencialidad, siguiéndoles los pasos a su paisana Luz Mejía, quien, al igual que su nombre, los ilumina desde el cielo  con sus “triunfos contundentes” en los trampolines y plataformas del mundo.  

Tres grandes ausentes

En la delegación colombiana en Tokio 2020 estarán presentes cinco de los ocho medallistas olímpicos de Río 2016. Los grandes ausentes, protagonistas de la dorada historia colombiana de los últimos tiempos son el levantador de pesas, Oscar Figueroa, cuarto lugar en Atenas-2004, retirado por lesión en Pekín-2008; medalla de plata en Londres 2012 y de oro, en Río 2016; la judoca Yuri Alvear, bronce en Londres y plata en Río, y la luchadora Jackeline Rentería, bronce en Beijing 2008 y Londres 2012.

Figueroa, aunque había anunciado su retiro una vez culminó su participación en Río 2016, después dio reversa para volver a los entrenamientos. Su retiro de la actividad competitiva ocurrió durante los Juegos Nacionales de Cartagena-Bolívar 2019.

“Decir adiós nunca será fácil cuando me despido de algo que por tanto tiempo ha significado tanto para mi vida, me formó en buena parte al hombre que hoy soy, además de haberme entregado grandes satisfacciones y me ha hecho enteramente feliz”, dijo en esa ocasión, en la capital de Bolívar.

Yuri Alvear Orejuela, quien en sus participaciones en los Juegos Olímpicos venía en ascenso, porque había sido bronce, en Londres 2012, y plata, en Río 2016, anunció que en Tokio lucharía por ese esquivo oro. Sin embargo, por una fuerte lesión que sufrió en febrero de este año fue operada de los meniscos, lo que obligó a desistir de su presencia en Tokio, retirarse de la alta competencia y asumir su nuevo papel como entrenadora.

Finalmente, la vallecaucana Jackeline Rentería clasificó a los Juegos Olímpicos de Río 2016, pero dos meses antes sufrió una grave lesión, que alteró por completo su trabajo de preparación y le impidió llegar en buena condición a la competencia olímpica. Una vez terminó su participación en Río, anunció que buscaría la anhelada medalla de oro, en Tokio 2020, pero, a pesar de los buenos resultados obtenidos en los torneos internacionales, el aplazamiento un año afecto por completo sus metas y le impidió alcanzar el cupo.

Oscar Figueroa, Yuri Alvear y Jackeline Rentería, tres figuras de Colombia, que aún en edad y condiciones de participar serán los grandes ausentes de nuestro país, en Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.