Respeto. En el juego de los tiempos: ¿un futuro incierto? (ll)

Por Fabio Alfredo Navarro Pasquali

Filósofo de la Universidad Nacional, Abogado de la Universidad Libre de Colombia, Especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre, Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha elaborado escritos y artículos como: Descartes y la Historia del Escepticismo; Deuda Externa Latinoamericana y Un Nuevo Orden Económico internacional; Aproximación al sistema judicial 1823-1830. Continuidades y Rupturas; Corte Suprema de Justicia en la República liberal. Una Corte de Oro.

Foto: Muyhistoria.es

Introducción.

El eterno mañana siempre llega para el medio ambiente vestido con los ropajes tejidos para su uso desde el más lejano pasado, junto a criterios de responsabilidad surgidos del hecho mismo del habitar humano en función de la vida presente y futura. No se puede ir más allá de las condiciones de existencia preestablecidas por comunidades que han entendido a lo largo de su vida, cómo pueblos, la necesidad de coexistir como una más de las especies que habitan el planeta, pero con la responsabilidad de saberlo.

Una lectura ancestral.

“La historia es un caracol que camina”, escriben los autores del libro Guambianos. “Hijos del arco iris y del agua”, afirman citando al Taita Abelino Dagua Hurtado. “No hay nada sin Historia. Quien no la tiene se acabó”. No es posible pensar siquiera en el paso inadvertido del ser humano sobre la tierra, sin que por ella no se perciban las huellas que marcan su camino.

En el ahora, en este preciso instante y en cualquier sociedad de múltiples culturas, confluyen los distintos rostros del presente, que fluyen lentamente como el agua y escriben su historia, pues saben que: “La Historia es de todos; cada uno debe hablar su parte; entre todos se da un redondeo.”  (Dagua Hurtado, 1998)

Cada comunidad, etnia o grupo poblacional tiene su propia visión del presente, los propios hilos que los atan, la misma historia que camina como caracol, dirían los ancestros guambianos o la Ley de Origen o de la Madre, dirían los Mamos de la Sierra Nevada, las leyes de otros pueblos ancestrales o las sentencias de las Cortes Constitucional y Corte Suprema de Justicia, que reconocen aquí y ahora el derecho a la vida y a la defensa del medio ambiente, como derechos fundamentales de futuras generaciones.

Ejemplo de pueblos que se recogen alrededor de sus tradiciones y autoridades, tratando de reconfigurar su vida presente en función de la protección de animales, selvas, bosques, montañas, páramos, ríos y en generaFoto: Muzhistorioa.esl, como lo señala la Corte Constitucional en Sentencia – C 339 de 2002, lo tangible y lo intangible como sistema de vida del ser humano y sus relaciones con el medio ambiente, imperativo categórico de responsabilidad con la humanidad.    

El tiempo corre diferente para quienes desde distintas culturas advierten su paso y le dan el sentido que permite su propia configuración cultural. No corre igual el pasado como legado de los ancestros, que da sentido al presente y permite avizorar y entender el futuro en una comunidad indígena, que las consideraciones que puedan tenerse desde la perspectiva de historia lineal, en términos del tiempo y su transcurso, en cultura distinta.

El pasado y el futuro confluyen en el respetuoso presente o en el paso de los seres humanos apropiados de su lugar en el universo que los trasciende. Tener conciencia del presente es entender, como lo señala la Corte Constitucional de Colombia en la sentencia de Unificación 510 / 98 citando a Reichel Dolmatoff ilustrando el mundo espiritual del pueblo Ika:

“Así, cada roca, cada vuelta del camino, cada pozo en el río, tiene para los Ika un profundo significado sobrenatural. El paisaje entero está impregnado de la viva presencia del pasado, desde la creación del universo hasta el recuerdo de un abuelo recién fallecido; desde las hazañas de la mitología heroica, hasta las reminiscencias de los ancianos que todavía cuentan las guerras civiles, de episodios del siglo pasado cuando aún había mamos que podían transformarse en jaguares.” (Corte Constitucional. Mag. Ponente. Eduardo Cifuentes Muñoz. , 1998) 

El respeto por el agua, el aire, los árboles, las especies animales y, en general, por los procesos de la naturaleza, implica para comunidades indígenas, por ejemplo, los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta, saber a través de su legado ancestral interpretado por sus mamos, la importancia del respeto como ejercicio de espiritualidad que debe necesariamente conducirlos a la protección de la naturaleza, pues éste implica acatar y asumir como propio, el destino de sus hermanos. 

El ser individual somete sus intereses y se pliega al destino común, cede ante el ser colectivo entendido como conciencia plena y se une al esfuerzo solidario para de esa forma darle sentido a la historia como pasado y a la supervivencia como futuro de su pueblo. Es la Ley de Origen o Ley de la Madre, que se afirma sobre el principio fundamental de la vida individual y colectiva, la fertilidad.

Para los pueblos originarios de la Sierra Nevada, el concepto territorio tradicional, hace relación, según ellos mismos afirmaron a la Corte Constitucional en Sentencia T 634 de 1999,  al conjunto de relaciones culturales y sus distintas manifestaciones espirituales y sociales, todas ellas constitutivas del ser individual y colectivo que los habita. De ahí la importancia de los lugares de asentamiento, pagamento y otras tantas interacciones con el medio natural.

“Así, el paisaje es un código, un mapa, un palimpsesto, sobre cuyos diversos planos se mueven los hombres, siempre sobre caminos ya trazados por otros que les precedieron; con cada paso uno se aleja de algo, se acerca a algo en esta gran malla reticular que es la Sierra Nevada, que es su pasado, su presente, su porvenir.” (Corte Constitucional. Mag. Ponente. Eduardo Cifuentes Muñoz. , 1998)

Coherencia del sistema de vida, puede afirmarse desde una perspectiva moderna; articulación plena con leyes universales plasmadas en el día a día del quehacer humano, tejiendo las más diversas fibras universales que deberán constituir firme expresión normativa que trasciende espacios y tiempos para asegurar la continuidad de la vida.

Bibliografía

Dagua Hurtado, A. A. (1998). Guambianos. Hijos del arco iris y del agua. Santa Fe de Bogotá: Los cuatro elementos.

Corte Constitucional. Mag. Ponente. Eduardo Cifuentes Muñoz. , SU 510/98 (Corte Constitucional 18 de Septiembre de 1998).

Legado. “Juntos somos más fuertes”

Por Clemencia Anaya Maya

Vicepresidenta Academia Olímpica Colombiana

Cuando me pongo a pensar en la forma como el Barón Pierre de Coubertin fue consolidando la estructura del Movimiento Olímpico y su gran preocupación por reforzar la filosofía del Olimpismo, como una forma de inspirar a los jóvenes en la búsqueda de la excelencia y de ofrecerles la oportunidad de vivir en un mundo más respetuoso y sobre todo pacífico, siento su entusiasmo por la vida, su ilusión por llevar a cabo el sueño y su pasión por no desfallecer ni un solo día en el intento.

Uno de esos pasos fue, por supuesto, la determinación de legar al Movimiento Olímpico un lema sólido y contundente, y ahí fue cuando aprovechó su amistad con el padre dominico francés Enri Didon, quien enseñaba deportes en París  e inspiraba a sus estudiantes con el “Citius, Altius, Fortius” que todos conocemos como el lema olímpico desde 1894.

Nuevo lema olímpico.

Por esa época era perentorio, necesario y urgente que así fuera. El lema que hoy traducen como “mas lejos, mas alto y mas fuerte”, serviría para inspirar al mundo por más de un siglo y daría la fortaleza a los atletas para ver más lejos en sus metas y entender que para alcanzar el éxito es necesario practicar sin pensar en el cansancio, sino en la meta propuesta. Les serviría, además, para tener la fortaleza suficiente para alimentar el sueño durante años y no renunciar a ello por una lesión, por una derrota o por cualquier otro obstáculo que apareciera en su camino y le daría además la alegría rebosante de subir al podio para estar más cerca de los dioses.

Desde 1896 hasta el 2021, ciento veinticinco años de inspiración olímpica para el centro del Movimiento Olímpico representado por los atletas, el lema ha inspirado a las leyendas de los Juegos Olímpicos durante todo este tiempo para ser los mejores en cada una de sus disciplinas. La lista es muy larga, y la abro con Spiridon Louis, de Grecia, ganador de la prueba de Maratón que se corrió por primera vez en Atenas 1896;

Paavo Nurmi, atleta finlandés especialista en pruebas de media y larga distancia, quien dio una demostración de talento y fortaleza desde los Juegos de Amberes 1920 hasta los de Amsterdam 1928. Conocido como el Finlandés volador, dominó en las pruebas atléticas de inicios del siglo XX, registró 22 plusmarcas mundiales oficiales en distancias de semifondo y fondo y alcanzó nueve medallas de oro y tres de plata, en los Juegos en los que participó.

Jesse Owens. Foto: Milenio.

Jesse Owens, de Estados Unidos, ganador de cuatro oros olímpicos en los Juegos de Berlín 1936, en 100 y 200 metros planos, salto largo y el relevo de 4×100. Pero su hazaña al ganar en salto largo al alemán Luz Long en la época en la que Adolfo Hitler quería demostrar la supremacía de la raza aria, lo hizo ser reconocido mundialmente como el atleta que representa la mayoría de valores olímpicos.

Fanny Blankers-Koen, de Holanda, participó en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 a la edad de 18 años. La Segunda Guerra Mundial no permitió que se celebraran los Juegos de 1940 y de 1944. Fanny se casó y tuvo dos hijos, pero volvió a competir en Londres 1948, y ganó cuatro oros, en 100 y 200 metros planos, 80 metros vallas y relevos de 4×100 metros. Durante su carrera batió veinte marcas mundiales. En 1999, la Federación Internacional de Atletismo le otorgó el premio como la mejor Atleta del Siglo XX.

Emil Zátopek (Checoslovaquia), reconocido como la Locomotora humana por su gran capacidad para las pruebas de fondo, se distinguió  en los Juegos Olímpicos Helsinki 1952, al ganar tres medallas de oro, en 5.000 y 10.000 metrps, y en el maratón, carrera en la que decidió participar en el último minuto y en la que competía por primera vez en su carrera. En cada una de estas carreras también estableció récord olímpico.

Larisa Latýnina, de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS), la atleta más condecorada en la historia de los Juegos Olímpicos, récord que no ha podido ser roto, al acumular 18 medallas, de ellas, nueve de oro. Es conocida como la «La Diosa de la Gimnasia Olímpica”.

Muhammad Ali, de Estados Unidos, considerado como el mejor boxeador de todos los tiempos, quien ganó oro olímpico en Roma 1960, pero, además fue muy famoso por sus múltiples títulos mundiales, por defender la causa del Islam y la de los afroamericanos.

Bob Beamon, de Estados Unidos, oro olímpico en salto largo en los Juegos de México 68, considerada la gran hazaña del siglo XX, porque su registro de 8,91 metros superó en 55 centímetros la marca anterior y se mantuvo por más de 22 años sin poder ser superado.

Mark Spitz, de Estados Unidos, nadador que se convirtió en el primer atleta en conseguir siete medallas de oro en un mismo evento, en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972.

Nadia Comanecci, de Rumania, la primera gimnasta en conseguir el 10 perfecto, que le concedió cinco medallas de oro y cuatro de plata, en los Juegos Olímpicos de Múnich 1976 y Moscú 1980; fue condecorada dos veces con la orden olímpica que otorga el Comité Olímpico Internacional.

Carl Lewis, de Estados Unidos, especialista en las pruebas de velocidad y salto largo, obtuvo siete medallas de oro, dos de plata y una de bronce en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, Seúl 1988 y Barcelona 1992, lo que le mereció el calificativo de el Hijo del viento.

Ian Thorpe, de Australia, ganador de cinco medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000. Por su forma arrolladora al ganar las competencias lo denominaron el Torpedo”.

Michael Phelps (USA) participó en Beijing 2008, Londres 2012  y Rio 2016, y obtuvo el total 28 medallas olímpicas, de las cuales 23 fueron de oro. Ha sido el nadador más galardonado de todos los tiempos.

Usain Bolt, de Jamaica, el atleta más veloz sobre la tierra, quien obtuvo ocho medallas de oro en pruebas de 100 y 200 metros planos, en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, Londres 2012 y Rio 2016.

Mariana Pajón, de Colombia, la Reina del BMX, doble medallista olímpica de oro tras su participación en Londres 2012 , Rio 2016. Además ganó plata en Tokio 2020. Es la única atleta colombiana que ha logrado obtener dos medallas de oro olímpicas en el contexto latinoamericano, en una disciplina individual,

Shelly Ann Fraser Price, de Jamaica, conocida como la Mamá cohete o también como la mujer más rápida del planeta, es doble campeona olímpica y nueve veces campeona mundial en 100 y 200 metros y en el relevo 4×100 metros.

Todos estos atletas y muchos más, inspirados por el lema olímpico que instauró Coubertin a finales del siglo XIX deslumbraron al mundo con su talento, su carisma y, sobre todo, su pasión y amor por sus disciplinas deportivas, y se consagraron para la historia como verdaderas leyendas mundiales, continentales y nacionales, siguiendo el sendero olímpico.

El impacto de la pandemia

Habría de venir la pandemia del COVID 19 en 2019 en Wuhan, China y empezaría el 2020 con gran temor y sigilo sobre la faz de la tierra. El espíritu olímpico del atleta individual exaltado por su búsqueda de la excelencia empezó a significar mucho más a la hora de pensar en un mundo mejor para todos y todas. Las preocupaciones del Movimiento Olímpico, basadas en el poder de transformación que tienen el deporte y los Juegos Olímpicos, para ayudar a la humanidad, lo llevaron a dar un giro filosófico para que los atletas no sólo den lo mejor de si mismos sobre la arena olímpica, sino que inspiren a la humanidad y la cautiven, para que a través de la práctica deportiva nos ayudemos y apoyemos para seguir adelante, no importa si hablamos de deporte de alto nivel, recreativo o formativo, sino que esta práctica contribuya al bienestar y la salud mental, a la eliminación de la pobreza, a la equidad y a la igualdad de género, en especial, para que sea más evidente  la solidaridad en todos los rincones sobre la tierra.

Fue así como el  20 de julio de 2021, la Sesión del Comité Olímpico Internacional aprobó un cambio en el lema olímpico que reconoce el poder unificador del deporte y la importancia de la solidaridad. El cambio agrega al lema tradicional la palabra «juntos» después de un guion corto. El nuevo lema olímpico ahora dice: «Más Rápido, Más Alto, Más Fuerte-Juntos».

En palabras de Thomas Bach el presidente del Comité Olímpico Internacional, “La solidaridad impulsa nuestra misión de hacer del mundo un lugar mejor a través del deporte. Solo podemos ir más rápido, solo podemos apuntar más alto, solo podemos volvernos más fuertes si estamos juntos, en solidaridad».

De tal forma que ahora el lema en latín es “Citius, Altius, Fortius-Communiter”, en inglés es “Faster, Higher, Stronger–Together”  y en francés, “Plus vite, Plus haut, Plus fort-Ensemble”.

Para reforzar este cambio, el Comité Olímpico Internacional creó una campaña que tituló “Juntos, más fuertes”, a través de la cual resaltó el esfuerzo de los atletas en prepararse, mantenerse en forma y alimentar su espíritu para llegar a los Juegos Olímpicos Tokio 2020 el pasado mes de julio, muy por encima de la crisis humanitaria que desató el virus. La campaña además enfatizó el sentido de poder lograr las metas unidos y solidarios y la tremenda fortaleza que tienen los Juegos Olímpicos para unir al mundo y sus comunidades.

Por allá en los inicios del siglo XX, en una misa, el obispo de Pensilvania, durante los Juegos de Londres 1908 expresaría una de las frases más contundentes en términos de filosofía olímpica que envuelve el lema olímpico y lo hace trascender como una doctrina: “Lo importante en la vida no es el triunfo, sino la lucha; lo esencial no es haber ganado, sino haber peleado bien”.

Juntos, el lema y el anhelo olímpico encarnan un ideal en el que creía Coubertin. Dar lo mejor de uno y luchar por la excelencia personal eran objetivos valiosos. ¿Y dónde mejor para hacer esto que a través de la búsqueda del deporte y la participación en los Juegos Olímpicos? Esta es una importante lección de vida que sigue siendo igualmente válida en la actualidad, no solo para los atletas, sino para toda la humanidad.

Ver el siguiente video:

https://www.youtube.com/watch?v=6

Crónica. Un argentino en los comienzos de los Juegos Olímpicos

Por Pedro Hernández de Alba Pavia

Filósofo de la Universidad Javeriana y Voluntario de la Academia Olímpica Colombiana

Siempre que jugaba la selección argentina de fútbol, yo quería que perdiera. El estilo sobrador para celebrar sus victorias, combinado con los famosos conceptos surgidos en las canchas argentinas tales como: el canchero, el barra,  el aguante o D10S contribuyeron a que muchos pensaran parecido a mí. Debo confesar, que después de disfrutar durante toda mi vida con las derrotas argentinas en las finales, me alegré enormemente cuando vi a Lionel Messi levantar la Copa América. Ver a una leyenda del deporte mundial celebrar y jugar con esa energía juvenil tan propia del espíritu coubertaniano, me llevó de vuelta a un gran texto del filósofo del deporte César R. Torres.

Desde muy niño, la cultura del deporte argentino empezó a invadir mi cabeza, los nacientes canales deportivos en español se encargaron de ser el medio más efectivo para implantar en mí un amor al deporte que con el tiempo sólo ha ido en aumento. Aprendí a enamorarme del deporte con acento argentino y consolidé mi relación con él gracias al Olimpismo.

Hace cinco años, justo después de los Juegos Olímpicos de Río 2016 se llevó a cabo en la ciudad de Bogotá el XVII Congreso Panibérico de Academias Olímpicas. Para ese tiempo estaba empezando mi tesis de pregrado de filosofía en la Universidad Javeriana, el tema era: la filosofía de los Juegos Olímpicos. Pues tuve mucha suerte ese primero de octubre. El académico español Conrado Durantez empezó el certamen explicando la etimología castellana de la palabra deporte. Citando a su compatriota el filósofo José Ortega y Gasset sentenció: Deporte es “estar de portu” (Ortega y Gasset, Obras Completas, Tomo 6, Alianza,1998, 429). La palabra viene de la lengua gremial de los marineros mediterráneos, era utilizada para referirse a los juegos de destreza y fuerza que sucedían en el puerto después del trabajo en el mar. En el almuerzo hablando con el académico mexicano Carlos Hernández aprendí que Platón no era el nombre del famoso filósofo griego, sino que era su apodo de luchador. Al final del Congreso tuve la suerte de coincidir con el académico colombiano Carlos Villegas, le dije que yo quería ser un filósofo del deporte, él me dijo que él conocía a uno. Me habló del argentino César R. Torres, un filósofo y educador físico argentino que se ha dedicado a estudiar la filosofía y la historia del deporte.

José Benjamín Zubiaur.

Al ver la obra de Torres, el primer paper que me llamó la atención fue Philosophy of Sport in Latin America. El texto explora la evolución del análisis filosófico del deporte en la región desde el siglo XIX hasta el presente. La primera sorpresa que me llevé fue que un educador argentino llamado José B. Zubiaur (1856-1921), estuvo presente en el Congreso Internacional para la Propagación de los Ejercicios Físicos celebrado en París en 1889 y que ahí tuvo la suerte de coincidir con el Barón Pierre de Coubertain. La segunda sorpresa fue mayor, aunque nunca podremos saber de qué hablaron estas dos mentes maestras del deporte moderno; es evidente el aire coubertaniano en la filosofía del deporte de Zubiaur. Estaba convencido que el deporte debía ser masificado a través de la educación física en los colegios para construir una nación más saludable y vigorosa en busca del progreso y defendía la idea de que el deporte enseña los valores necesarios para construir una ciudadanía responsable.

Ahora, con casi treinta años y con todos esos conceptos estudiados en la cabeza, intentaba solucionar el siguiente dilema moral planteado a modo de pregunta por varios amigos: ¿Pedro, usted que es arquero y filósofo, qué opina de la actuación del Dibu Martinez en los penaltis de Colombia contra Argentina en la Copa América?

Selección argentina de fútbol, campeona olímpica. en Atenas 2004.

La verdad opino que yo también he sido canchero en unos penaltis o cuando el partido está caliente y falta poco para terminar. He jugado a nivel competitivo recreativo golf, tenis, velerismo, voleibol y ciclismo, pero ninguno ha despertado la emociones que el fútbol despierta en mí. Mi primer ídolo fue Oscar Córdoba, verlo tapando los penaltis en las finales de la Copa Libertadores con Boca son imágenes que llenan mis primeros recuerdos de gestas deportivas. Argentina siempre fue el norte deportivo, soy de la generación que vio el oro Olímpico de la generación dorada en Atenas 2004, vi el ocaso del D10S y el surgimiento de uno nuevo que empezó su carrera con la gloria divina de Olimpia, reina de la verdad. Tanta belleza no justifica ser grosero y buscar ventajas deportivas en el insulto (ser canchero), o en el aguante (hacer barras insultando e intimidando al otro equipo), ser barra (vincularse ontológicamente con un equipo de fútbol y encontrar en los hinchas de otros equipos un enemigo existencial) o creer que sus jugadores de fútbol son dioses y por eso  exculparlos de los más aberrantes pecados. Lo que sí reivindica lo argentino en el deporte es el infinito amor que le tienen a la camiseta, el avanzado desarrollo de sus clubes deportivos asociados y esas barras tan hermosas que todos los latinos nos copiamos 

Vamos vamos

Argentina

Vamos vamos a ganar

Que esta banda

Kilombera

No te deja, no te deja

De alentar

Sin lugar a dudas, los argentinos nos enseñaron a alentar y a alimentar los sentimientos de nación con el deporte. Por eso, no creo que sea una coincidencia que un argentino estuviera en los principios del Olimpismo Moderno…

Columna joven. El Olimpismo como catarsis

Por María Camila Martínez Cajamarca

Estudiante de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales, UDCA, y auxiliar de la Academia Olímpica Colombiana

Hoy, el término Olimpismo asemeja la realidad del hombre, no solamente por su condición de deportista, pues como expuso Pierre de Coubertin, el Olimpismo es una filosofía de vida, que expone los valores del hombre como ser individual, que busca la excelencia, es decir, un estado de “Kalokagathia” (Estado de plenitud que equilibra entre lo bello y lo bueno). Esto se ve reflejado en los Juegos Olímpicos, en el respeto entre naciones y entre sus deportistas, como se describe en la Grecia antigua.

El Olimpismo fue estructurando su significado hasta abarcar al hombre como ser espiritual, mental y físico, intentando alcanzar la plenitud para llegar a una purificación del alma por medio de los valores y de todo aspecto que describe lo bello del hombre, y cómo este lo expresa por medio de la competencia, la empatía y la compasión en la competitividad.

“Por amor de tu amor hago lo que hago”: San Agustín. El deportista como hombre libre, en búsqueda de sí mismo, ama lo que hace y representa, y será correspondido por cada aspecto que abarque el olimpismo. Es el atleta un devoto del amor al deporte; deja en claro, como toda historia de amor Griega, que el sacrifico siempre será necesario, pues es lo que cataloga a los héroes y estos aseguran su entrada al Olimpo. Solo aquellos que resisten este amor y todo lo que conlleva recibirán las recompensas.

Si tenemos en cuenta la coyuntura actual por la que atraviesa el mundo es necesario reconocer que el deporte y la actividad física tuvieron un alto en el camino, brillaron con luz propia en el túnel que presentó el destino, que parecía no tener salida. La sociedad comenzó a tener en cuenta la importancia del movimiento, en el momento en el que la esperanza de salir a la cotidianidad, al parecer, se había desmoronado por completo. El hombre comenzó a apasionarse por deportes que no entendía y a practicar disciplinas que nunca pensó contemplar, y de esta difícil situación resultaron fanáticos deportivos, niños y jóvenes deseando que el COVID 19 desapareciera, para inscribirse a clubes deportivos, y, por qué no, para llegar a competir en ligas a nivel nacional e internacional.

Esta situación que no ha sido para nada alentadora, no solamente nos ha dejado tristeza o desaliento; también permitió a aquellos que temían, darse la oportunidad de atreverse; a los que pensaron que todo estaba perdido, a reconstruirse, y al deporte nacional, a reinventarse.

Pierre de Coubertin.

El Barón Pierre de Coubertin dijo: “La vida es simple, porque la lucha es simple. El buen luchador retrocede, pero no abandona, se doblega pero no renuncia. Si lo imposible se levanta ante él, lo sortea y va más lejos. Si le falta el aliento, descansa y espera. Si es puesto fuera de combate anima a sus hermanos con palabras y su presencia, y hasta cuando todo parece derrumbarse ante él, la desesperación nunca le afectará”.

En esta reflexión, el Barón Pierre de Coubertin recuerda al Olimpismo Moderno que ninguna dificultad presentada al mundo deportivo fue o será una prueba fácil, y el COVID-19, como pandemia no será la excepción, porque lo reta a que en la actualidad, por medio de la gobernanza y las buenas prácticas tenga una promoción y difusión del deporte como estilo y filosofía de vida, basado siempre en los valores del Olimpismo, como cimiento, y dejando de lado situaciones banales que en las últimas décadas han atacado de forma feroz el verdadero significado del olimpismo y volviendo a revivir la necesidad de la “Kalokagathia”, es decir, de ese amor del hombre por sí mismo y por lo que hace con principios éticos, morales y de valores, más presentes que cualquier otra cosa.

Reflexiones de Baltazar. ¿Fracasó la Agenda Olímpica 2020?

Por Baltazar Medina
Ex presidente Comité Olímpico Colombiano y miembro de la Academia Olímpica Colombiana.

La Agenda Olímpica 2020, definida como la nueva hoja de ruta estratégica del Movimiento Olímpico, que salió a la luz pública para proponer las acciones de mejoramiento al interior del Movimiento Olímpico, con el propósito de encontrar soluciones a todos los males que afectan al deporte como actividad de interés social, al decir de algunos, parece haber fracasado, al decir de algunos, ante las evidencias de los pocos cambios positivos que se observan en el mundo del deporte en busca de las soluciones esperadas. Es más: todo parece indicar que en cambio y en evidente  contraposición con los efectos esperados, es notorio el incremento de las malas prácticas de gobernanza en el deporte, la agudización de los conflictos de intereses y la pérdida de credibilidad en las organizaciones deportivas y sus dirigentes

Es por ello que para los críticos, la Agenda Olímpica 2020 “parece haber sido superada por los acontecimientos recientes”, y para otros, los problemas del deporte, como los escándalos de corrupción de algunos dirigentes deportivos, el incremento del uso de sustancias estimulantes en el deporte, los escándalos de acoso y abuso a los atletas, el uso indebido del deporte con fines políticos, la discriminación de todo tipo, el amaño de los resultados de las competencias y las malas prácticas de gobernanza, por mencionar solo algunos de los problemas críticos del deporte, siguen sin dar muestras de corrección. Antes, por el contrario, algunos de ellos se agravan y, como si no fuera poco, aparecen nuevas manifestaciones de rechazo a los Juegos Olímpicos por sus altos costos, por las denuncias de tráfico de influencias y pago de coimas para obtener la sede del evento y por todos los impactos negativos que se causa a las finanzas y a la economía del país sede.

Frente a este panorama tan caótico, pareciera tener sentido sumarse a la crítica, sin necesidad de muchas reflexiones, pues los hechos pueden más que las palabras, pero esto nos podría poner en riesgo de ser subjetivos en la crítica y poco profundos en el análisis de los factores que hubieran podido incidir para que el resultado positivo de la puesta en vigencia de la Agenda no fuera el deseado. Por eso vale la pena detenernos un poco en la consideración y análisis de algunas circunstancias adversas, no previstas, que pudieron haber tenido un alto impacto negativo en los procesos de cambio, más allá de todas las contingencias e incertidumbres que le trajo al deporte la pandemia del COVID-19

En primer lugar, para nadie resulta difícil de comprender, que una organización profundamente aferrada a sus principios conservadores, a sus tradiciones  y costumbres, como lo es el Comité Olímpico Internacional, no le queda fácil ajustar su forma de pensar y actuar en el corto tiempo, en procura de cambios profundos que, efectivamente, contribuyan a la construcción de nuevas realidades, sin correr el riesgo de caer en contradicciones con el legado que debe proteger. Sin embargo, la necesidad del cambio es evidente, pues el Movimiento Olímpico ha sido duramente golpeado por toda esta problemática en los últimos tiempos, y en eso se basó la Agenda Olímpica 2020

Los críticos podrían tener razón, si alguno de ellos tuviera argumentos para demostrar que los cambios sugeridos y el camino indicado para alcanzarlos, no fueron los correctos. Dudo que sea esta la razón. Me inclino, mejor, por pensar que los últimos años han sido especialmente difíciles para el deporte, por todos los factores que he mencionado, y esto pudo haber incidido de una manera muy determinante, para que los esperados cambios no llegaran con la urgencia que se requiere. Pero también tiene mucho peso, que contrariamente a lo esperado, los agentes del deporte, sus líderes y dirigentes, no estuvieron a la altura de los compromisos que implicaba poner en acción la Agenda Olímpica 2020, no para hacer de ella el sombrero del mago, para sacar de él, como por arte de magia, las soluciones ideales para cada uno de los males que nos aquejan, sino para hacer de la Agenda una nueva hoja de ruta, que nos muestre el camino para emprender la búsqueda de las soluciones esperadas, como resultado del accionar de todos los actores del Movimiento Olímpico, con un alto sentido de pertenencia y compromiso con el cambio. Si pensamos en lo anterior, no creo que resulte muy temerario afirmar que faltó compromiso de todos los agentes del cambio y que también faltó seguimiento y control, como elementos dinamizadores de ese cambio

El Comité Olímpico Internacional ha sido honesto en reconocer que el resultado de la vigencia de la Agenda (2014-2020) no fue el esperado y por ello se mantiene la vigencia de la Agenda, complementada con 15 nuevas recomendaciones, que responden, básicamente, a las condiciones del mundo pospandemia, centradas en lo que se denomina, tendencias clave, a saber: mayor solidaridad dentro y entre las sociedades, el crecimiento de la digitalización, la necesidad de lograr un desarrollo sostenible (ODS), la creciente demanda de credibilidad en las organizaciones deportivas y en sus dirigentes y la necesidad de construir resiliencia frente al impacto económico de la pandemia del COVID-19.

En esta dirección, las recomendaciones de la Agenda Olímpica 2020+5 comprometen al Movimiento Olímpico a fortalecer la universalidad de los Juegos Olímpicos, a fomentar eventos sostenibles, a centrar su foco de atención en los atletas y a fortalecer el deporte seguro, como una forma de proteger la salud de los atletas.

Estamos frente a circunstancias muy desafiantes para todos los actores del deporte, pero si verdaderamente estamos comprometidos con el cambio, podremos hacer de ellas nuevas oportunidades para seguir fortaleciendo el papel del deporte como factor de transformación social, pues no resulta conveniente ni presentable para el deporte desconocer la necesidad urgente de cambios profundos en todas nuestras prácticas. Para ello debemos abrazar la Agenda Olímpica 2020+5, como un desafío para recuperar la credibilidad y la confianza en las organizaciones deportivas y en quienes las dirigen. La Agenda Olímpica 2020 no ha fracasado: fracasaron algunos agentes del cambio, que tienen al deporte preso de sus intereses particulares.

Rutas de gloria. Una mirada a la preparación de Luis Javier Mosquera

Por Ingrid Victoria Vallejo

Profesora de la Escuela Nacional del Deporte

En los pasados Juegos Olímpicos en Rio 2016, el levantamiento de pesas de Colombia dejó un antecedente prometedor, de buen augurio, para los próximos Juegos Olímpicos, en Tokio 2020. Así lo confirmó Luis Javier Mosquera en estas justas olímpicas, al lograr la presea de plata, con un total de 331 kg. en la categoría de los 67 kg.  De esta misma manera, Mercedes Pérez se destacó con un valioso cuarto puesto del ranking total de la categoría de los 64 kg. con una marca de 227 kg., al igual que Santiago Rodallegas, quien se ubicó en el quinto puesto, en la categoría de los 81 kg, con una marca de 359 kg.

Foto: Marca Claro Colombia.

Los tres pesistas dejaron claro el alto nivel deportivo de las pesas en Colombia. Sin embargo, no todos tuvieron la oportunidad de competir en esta ocasión, porque un grave problema de dopaje dejó por fuera a cinco pesistas, y a Colombia al borde de su descalificación para ese certamen.

Finalmente, Mosquera obtuvo una plata, que refrendó el gran nombre olímpico de Colombia en este deporte.

Cuando hablamos de la participación de las pesas en los Olímpicos, muchos profesionales y aficionados de este hermoso deporte nos preguntaron: ¿Cómo fue el proceso de selección de los pesistas para los Juegos Olímpicos en Tokio 2020? Los grandes esfuerzos por parte de la Federación de Levantamiento de Pesas se tuvieron que seleccionar sólo tres deportistas, del amplio grupo conformado por pesistas que podrían subir a un podio.

Damaris Delgado, la mujer que enamoró a Luis Javier Mosquera de las pesas olímpicas y lo ha dirigido en su carrera cuenta que su formación deportiva empezó con ella a los siete años, en Yumbo, Valle. La motivación por la práctica del levantamiento de pesas le nació a Mosquera, cuando sus hermanos también entrenaban con Damaris, y se convirtieron en modelos a seguir. “Los Mosquera, dice Damaris eran muchachos con muchas condiciones para el deporte, especialmente, para las pesas. Entre ellos, Luis Javier, el menor, quien demostró a muy temprana edad, que tenía habilidades físicas, ya que la base de su formación se basaba en ejercicios coordinativos, que a menudo Damaris incorporaba en las sesiones de sus clases para la enseñanza del levantamiento olímpico. Esto permitió que, en un par de años, Javier adquiriera una técnica muy sobresaliente para su edad. Esta particularidad tiene que ver la estrecha relación que existe entre la preparación técnica y el desarrollo de las capacidades coordinativas. El estímulo de los ejercicios coordinativos, como el equilibro, la lateralidad, la adaptabilidad, el acoplamiento, la orientación y la diferenciación entre otras, proporcionan, una riqueza motriz de la coordinación intermuscular y permiten que se tenga mayor habilidad y facilidad, al coordinar segmentos corporales, es decir, cabeza, miembro superior, tronco y miembro inferior. Esto posibilita que las ejecuciones de los ejercicios técnicos se realicen con habilidad y destreza. Damaris comenta: “era un muchacho muy flexible para hacer los ejercicios, y a la semana, realizó bien las dos rutinas, arranque y envión”. Las aptitudes de Javier llevaron a Damaris, a seguir el proceso de iniciación deportiva, del proceso de preparación, en la cual ella se ha especializado por más de 25 años. Así fue como Javier, a los pocos años de practicar pesas comienza a competir con niños de mayor edad.

Luis Javier, el alumno; Damaris, la profesora.

Con el paso del tiempo, Luis Javier creció y el desarrollo físico tuvo que ver con la versatilidad de la preparación, Damaris cuidaba que Luis Javier practicara otras disciplinas deportivas, como patinaje, que lo hacía de manera esporádica; atletismo, dos veces en la semana; natación, una vez en la semana, y pesas, que era el deporte que tenía más volumen en tiempo de su preparación, ya que lo realizaba tres veces en la semana. Esto fue determinante para el desarrollo motriz que adquirió en la etapa de su infancia y adolescencia, ya que es la manera idónea de cuidar y proveer la salud de los niños, para el desarrollo integral de habilidades. Con el paso del tiempo, los entrenamientos se vuelven más intensos. Luis Javier entra a la etapa de la formación y especialización deportiva a los 14 años, y enfatiza más en el desarrollo de la fuerza especial ósea, de la fuerza rápida y explosiva. En él se había creado una base biológica de la fuerza de resistencia para soportar grandes volúmenes (repeticiones). Ahora entraría a otro proceso de preparación determinante para alcanzar más logros deportivos.

Entre las anécdotas con Luis Javier Mosquera, Damaris cuenta que, cuando se fue para Chía, Cundinamarca, a buscar oportunidades que no resultaron, vuelve, pero no quería entrenar pesas. Damaris lo busca para entrenar y prepararlo. Cuando él tenía alrededor de 16 años lo motiva a continuar, y comienza una preparación física muy fuerte, pues él tenía una edad apropiada para prepararse para nuevos retos, como lo sería su primer campeonato mundial sub 17. Era la primera vez que había realizado una preparación física tan fuerte; algunas veces lloraba del dolor que le causaba la fatiga muscular. Aun así, Damaris resalta la fortaleza mental de Luis Javier, ya que siempre era él quien animaba a los demás a terminar los entrenamientos extenuantes, nunca se daba por vencido, tenía una capacidad volitiva increíble para no dejar nada a medias, le disgustaba no lograr algo en los entrenamientos, y no soportaba el fracaso, cuenta Damaris.

No toda preparación es plana en el tiempo. Luis Javier también tuvo muchos quiebres en su vida, época muy corta y pasajera, en la que casi se pierde en las drogas, pero que gracias al apoyo de su entrenadora, Damaris, su padre y sus hermanos logra salir de ese mal momento. Otro duro episodio que tuvo que superar fue la muerte de su padre, cuando era aún muy joven.

El resto de su historia la conoce el mundo entero, sus consagraciones mundiales, y las dos medallas olímpicas conquistadas, una en Río 2016 y la otra en Tokio 2020. Con sus resultados, Luis Javier demostró templanza, coraje, capacidad de sacrificio y resiliencia, para no decaer y claudicar, sino seguir adelante tumbando obstáculos para trazar sus ruta de gloria.

Rumbo a París 2024. Atletismo: Zambrano y Arenas encabezan la lista

Por Jorge Lozano

Jefe de Prensa de la Carrera Ciudad de Bogotá

El atletismo colombiano realizó un importante aporte del deporte base del área suramericana, ya que las dos preseas de plata y tres de los doce diplomas olímpicos conseguidos fueron aporte tricolor.

El primero en ondear nuestra bandera en tierras asiáticas en un podio olímpico de Tokio fue Anthony Zambrano, el mejor cuatrocentista del mundo, según ranking de World Athletics, quien el jueves 5 de agosto marcó su sello en la memoria del atletismo colombiano gracias a sus piernas, su esfuerzo, su dedicación y su furia deportiva, para afrontar una final olímpica y entregarle a nuestro país la primera medalla de plata en las pistas de unos Juegos Olímpicos en la rama masculina, 29 años después del logró conseguido por Ximena Restrepo, en Barcelona 1992, bronce en la prueba de 400 metros planos.

Anthony Zambrano.

A sus 23 años, marcado con el dorsal 2235, Zambrano llegaba a la final de los 400 metros luego de batir su propio récord nacional y suramericano, con un tiempo de 43 segundos con 93 centésimas, con dos grandes rivales como referencia, el granadino Kirani James, campeón olímpico de Londres 2012 y presea de plata en Rio de Janeiro 2016, por el carril cuatro, y el bahameño Steven Gardiner, actual campeón mundial en Doha 2019, por el carril siete.

La prueba arrancó a las 7 de la mañana hora colombiana y 44 segundos con 08 segundos después, el grito olímpico retumbó en toda la nación con el más profundo y sonoro frenesí al obtener la cuarta medalla para el país en los Juegos Olímpicos de Tokio, la número 33 en la historia del deporte nacional y la segunda en una pista atlética olímpica.

Sandra Lorena Arenas.

Por su parte, Sandra Lorena Arenas, coronó el ascenso que las marchistas de nuestra región exhibieron durante las últimas temporadas en el circuito mundial: medalla de plata sobre 20 kilómetros, escoltando a la italiana Palmisano, como la primera mujer sudamericana en un podio olímpico de marcha.

La marchista colombiana siempre estuvo en la punta de la competencia para disputar las medallas. Después del kilómetro 10, el grupo no tenía a más de siete competidoras: la italiana Antonella Palmissano, la brasileña Erika Rocha de Senna, las chinas Jiayu Yang y Hong Liu, la española María Pérez y la mexicana Alegna González, además de la colombiana.

La italiana sacó una pequeña ventaja a sus dos compañeras de travesía y se fue en busca de la medalla de oro, mientras que Lorena recibía una nueva amonestación y también llegó a dos faltas. Tenía que cuidarse y ser cautelosa. Yang, entre tano, recibió la tercera falta y tuvo que entrar a Pit Lane, lo que le abrió el camino a la colombiana para asegurar la presea de plata.

A falta de un kilómetro para la meta Lorena seguía adelante de la brasileña, pero la diferencia era cada vez más menor. En ese momento, el tablero mostraba la tercera falta para la brasileña, pero ella aún no era notificada.

Las dos atletas tomaron el retorno para los últimos 500 metros y cuando pasaron por el Pit Lane, el juez sacó la tarjeta que mostraba los dos minutos que debía cumplir la brasileña, pero la angustia se apoderó hasta que se la mostraron a Rocha de Senna y no a la colombiana. La tarjeta de castigo de los 2 minutos hizo que la brasileña entrara en llanto, porque se le iba la medalla de plata.

Ante esa situación, la medalla de plata era una realidad para Lorena Arenas y tras la sanción para Rocha de Senna, se le abrió el camino del podio a la otra atleta china, Hong Liu, quien estuvo en el grupo de las punteras. Y en ese orden llegaron a la meta. Antonella ganó con 1:29:12, seguida de Lorena Arenas, con 1:29:37 y la china Hong Liu, con 1:29:57.

Así mismo, el también colombiano Mauricio Ortega se dio el gusto de estar entre los ocho mejores del lanzamiento de disco olímpico.

Éider Arévalo.

Ante el futuro

Con estos resultados y los Juegos Olímpicos de Paris, a 3 años, el panorama es más que alentador con la consagración de Zambrano y Arenas en Tokio, ya que tienen todas las posibilidades de buscar una gesta igual o mejor en la cita francesa.

Para Lorena hay una gran cita a la vuelta de la esquina: el Campeonato Mundial de Marcha en Omán, en el mes de marzo de 2022. Posterior a ello, el gran reto para el velocista y la marchista será el Campeonato Mundial de Atletismo en Oregón, Estados Unidos, entre el 15 y el 24 de julio del próximo año.

El campeón mundial en Londres 2017, Eider Arévalo, quien no logró ratificar su potencial en Tokio, también aparece como referencia de la marcha en los próximos campeonatos mundiales y desde luego de cara a Paris 2024.

El avance en cuanto a marca y figuración del lanzador Ortega, con relación a Rio de Janeiro demuestra un gran trabajo en tierras europeas. De hecho, Mauricio ya cosecha dos triunfos después de los Juegos Olímpicos en Alemania y República Checa.

La figuración del tolimense Jeisson Suárez, como mejor latino de la prueba del maratón en la casilla quince en su debut olímpico, también pone el fondo colombiano en las primeras listas de las más grandes maratones del mundo, con una gran proyección.

En cuanto a la posta de 4×400, la cual no contó con Zambrano, no llenó las expectativas de estar en la final, pero fue una buena experiencia, porque se logró la mejor marca del año, incluso mejor que la del mundial.

Previo a la cita parisina del 2024, la élite mundial tendrá un Campeonato Mundial de Atletismo en Budapest, en el año 2023, en el cual se podrán afinar detalles técnicos y deportivos de lo que será la delegación colombiana en los próximos Juegos Olímpicos.

La nueva sangre

Ahora bien, mirando para atrás y las nuevas posibilidades que se pueden abrir en los próximos tres años, tenemos que resaltar el trabajo de John Andrés Berrio, quien se llevó hace pocos días la medalla de plata en la prueba de salto largo, en desarrollo del Campeonato Mundial U20, que se realiza en la ciudad de Nairobi (Kenia), récord nacional para la categoría U20 e iguala la marca para la categoría U23 y mayores.

Junto a Berrio, también están los nombres de Neider Abello, John Edward Paredes, John Andrés Berríos y Yesid Flórez, integrantes del relevo 4X100 que logró el quinto lugar en el Mundial de Nairobi; Valentina Barrios, quinta en lanzamiento de jabalina, y el sexto lugar con John Edward Paredes, en los 110 metros vallas.

Estos atletas, y el resto del talento nacional menor de 20 años que no logró viajar Nairobi por cuenta de la pandemia, tendrán la posibilidad de revalidar su buen proceso y camino a Paris, el próximo año durante el Campeonato Mundial de Atletismo U20 de Cali 2022, entre el 02 y el 07 de agosto.

Las grandes figuras de Tokio 2020

Pocos deportistas pueden presumir que además de subir a un podio, su actuación quede marcada en la historia de unos Juegos Olímpicos.

En estas justas atípicas, en la que los grandes nombres estuvieron ausentes, unas nuevas figuras aparecieron en el panorama para empezar a inscribir su nombre en la leyenda del deporte mundial.

A continuación, reseñamos algunas de las figuras que nos dejó Tokio 2020:

Lamont Marcell Jacobs y el impacto de Italia en las pruebas de velocidad del atletismo

Jacobs dio el golpe en la prueba reina del atletismo, tras el retiro de la leyenda jamaiquina de la velocidad, Usain Bolt, y supo aprovechar esta oportunidad de ganar los 100 metros planos en el Estadio Olímpico de Tokio.

El atleta italiano, nacido en el Paso, Estados Unidos, rompió los pronósticos y vivió sus noches mágicas en la capital japonesa, en dónde no solamente dejó huella como el rey de los 100 metros, sino que su combinación de ritmo y potencia ayudó a su país a ganar de manera sorprendente en los relevos 4×100, en equipo formado por Lorenzo Patta, Eseosa Fostine Desalu, Filippo Tortu y Jacobs. Foto: Getty Images.

Yulimar Rojas, y dos récords para la historia

La atleta venezolana de 25 años pulverizó todos los récords al conseguir una marca de 15,67 metros en el salto triple, tras superar por 17 centímetros el registro anterior. Una auténtica locura, si se tiene en cuenta que Rojas borró la marca del récord olímpico que poseía Francoise Mbango, de Camerún, desde Pekín 2008, con 15,39 metros; y el récord mundial que estaba en poder de Inessa Kravets, de Ucrania, desde el 10 de agosto de 1995, con 15,50 metros. Foto: Imagen por Christian Petersen/Getty Images

Emma McKeon.

Los reyes de la piscina

Dos nombres fueron los más destacados en las piscinas del Centro Acuático de Tokio, durante los Juegos Olímpicos: Emma McKeon y Caeleb Dressel.

La australiana acumuló cinco oros en las pruebas de 50m libre, 100m libre, 100m mariposa, 4×100 libre y 4×100 estilos, además de tres bronces.

McKeon consiguió además nuevos récords a nivel olímpico, mundial y de Oceanía.

Caeleb Dressel.

En el caso del estadounidense de 24 años, la cosecha fue de cinco oros, los cuales alcanzó en 50m libre, 100m libre, 100m mariposa, 4×100 estilo libre y 4×100 estilos. Fotos: Reuters

Francia balonmano masculino.

Francia y su dominio por equipos

El deporte de conjunto galo tuvo una destacada actuación durante su participación en Tokio 2020, luego de llegar a las finales de: balonmano masculino (victoria 25-23 frente a Dinamarca); balonmano femenino (triunfo vs. Rusia 30-25); baloncesto masculino (derrota 87-82 contra Estados Unidos) y vóleibol masculino (medalla de oro tras un emotivo 3-2 contra Rusia).

Francia, voleibol masculino.

Además, el baloncesto femenino terminó en el cuarto lugar. Una campaña extraordinaria de los equipos franceses, que tienen además al actual campeón mundial de fútbol.

Hongchan Quan.

La perfección llegó desde China.

Hongchan Quan, la niña de 14 años proveniente de la provincia de Zhanjiang, en China, dejó su nombre escrito en la historia de los Juegos Olímpicos, luego de recibir una calificación perfecta durante su participación en los clavados, en los que en dos de las oportunidades que se lanzó desde la plataforma de 10 metros a la pileta, consiguió que los siete jurados de la prueba consideraran lo mismo. Sus movimientos fueron perfectos y merecieron calificaciones de 10.

Algo que se creía imposible y que recuerda por su perfección y juventud a la rumana Nadia Comaneci, primera gimnasta de la historia en conseguir una calificación de diez puntos en una competición olímpica.

Quan se convirtió en la segunda clavadista china más joven en ganar una medalla, tras Fu Mingxia en Barcelona 1992, con 13 años, y, además, fue la atleta más joven de toda la delegación china en estas justas.

Lasha Talakhadze.

Triple récord mundial y olímpico para el hombre más fuerte del mundo

Lasha Talakhadze hizo historia en los +109 kilogramos del levantamiento de pesas, luego de ganar la medalla de oro y mejorar tres récords mundiales y olímpicos de la categoría.

En primera instancia, levantó 223 kg en arranque, a continuación, llegó a sumar 265 kg en envión, y de esta manera, tras quebrar los récords mundiales en cada ejercicio, en la sumatoria de ambas modalidades logró un total de 488 kilos, para alcanzar la nueva mejor marca mundial y olímpica.

El de Tokio 2020 fue su segundo oro en la halterofilia, tras consagrarse en + los 105kg en Río 2016.

Elaine Thompson.

Thompson, la reina de la velocidad

En el atletismo también se destacó la jamaiquina Elaine Thompson, ‘la reina de la velocidad’ que refrendó sus títulos olímpicos en los 100 y 200 metros planos, y alcanzó además el metal dorado en los relevos 4×100.

En ambas competencias se quedó con la medalla de oro, aunque fue en la primera en la que implantó un récord olímpico, con 10.61 segundos.

Momiji Nishita.

Nishita, la niña prodigio del skateboarding

Por último, una de las deportistas que logró llamar la atención en estos Juegos, en el debutante skateboarding, fue la japonesa Momiji Nishita, quién se quedó con el título olímpico con tan solo 13 años. Nishita cuenta con un brillante futuro por delante en una disciplina, que llegó para quedarse.

Mariana Pajón, la atleta olímpica más importante de la historia de Colombia

Tras una lesión que casi termina su carrera, la antioqueña Mariana Pajón logró llegar a su tercera cita olímpica y de nuevo tuvo la oportunidad de hacer historia, al alcanzar su tercer podio consecutivo, un hecho inédito para un deportista colombiano. Pajón, quien se había coronado campeona olímpica en Londres 2012 y Río 2016, logró subirse de nuevo al podio olímpico, esta vez en el segundo cajón, al colgarse la medalla de plata de Tokio 2020.

Oksana Chusovitina.

Oksana Chusovitina, la gimnasta más longeva de la historia

La gimnasta uzbeka Oksana Chusovitina puso fin a su larga carrera en los Juegos Olímpicos, luego de inscribir su leyenda como la gimnasta más veterana de todos los tiempos, con 46 años, y tras haber participado en un total de ocho citas olímpicas (Barcelona 1992, Atlanta 1996, Sídney 2000, Atenas 2004, Beijing 2008, Londres 2012, Río 2016 y Tokio 2020).

Durante sus participaciones, Chusovitina consiguió una medalla de oro y una de plata, además de ser la única atleta en la historia en competir bajo 3 banderas diferentes, representando a la Unión Soviética, a Alemania y finalmente a Uzbekistán.

Opinión. Marcas y medallas

Por David Cañón Cortés

Miembro de la Academia Olímpica Colombiana

Al culminar los Juegos Olímpicos 2020 (realizados en el 2021), los colombianos se preguntan, cuál fue el papel de nuestro país en estas justas. Seguramente vienen las odiosas comparaciones respecto a los resultados de Londres 2012 y Rio de Janeiro 2016, en los cuales Colombia obtuvo las mejores y cuantitativas cosechas en el mundo del Olimpismo.

También el colombiano medio se pregunta cuál es el alboroto por “una medalla de plata”, en este caso la del atleta Antony Zambrano. Pues bien. Vale la pena hacer algunas consideraciones como recordar que el atletismo es por naturaleza el deporte base del movimiento lúdico del hombre y, por lo mismo, el consentido de los Juegos.

También vale recordar que a los 100 metros planos se les llama la prueba reina de los Juegos, y quien gana es distinguido como el ser humano más veloz del mundo. Durante 85 años, el hombre únicamente ha logrado bajar en menos de tres décimas de segundo el récord impuesto por el norteamericano Jesse Owens, en Berlín 1936. Después de eso, ha sido noticia la marca de 10 segundos de los velocistas norteamericanos en México 68. Y después, la aparición del jamaiquino Usain Bolt, con su récord de 9.63, en Londres 2012 (también tiene la marca mundial de 9,58, desde el 2009). La medalla de oro de Tokio 2020, la acaba de ganar el italiano Marcel Jacobs, con 9.80, a 0.17 de Bolt.

Ximena Restrepo, en Barcelona 1992.

La prueba de los 400 metros planos se podría decir que es la combinación de rapidez y resistencia, porque es la más larga de las pruebas rápidas de pista. Ahí termina la velocidad y comienza el semifondo. Es el péndulo entre la explosión y el aguante. Pasaron 29 años, desde que Ximena Restrepo ganara la medalla de bronce en la misma prueba, en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. La emoción que sentí en el estadio de la capital catalana, la volví a percibir a través de la pantalla del televisor, en la final de Tokio 2020, al contemplar la plata del colombiano Anthony Zambrano.

El norteamericano Thomas Burke fue el primer ganador olímpico de los 400 metros, en Atenas 1896, con un tiempo de 54.2 segundos. En 125 años se ha reducido en 10 segundos el tiempo para esta distancia, es decir el mismo tiempo que actualmente emplean una decena de atletas en esa modalidad, coincidencialmente, el mismo tiempo que actualmente se gasta en los 100 metros.

“Lo que hemos hecho en éste país, es tomarnos la educación física en serio”, palabras de Edward Shakes, director del Foster Collage, uno de los principales centros de entrenamiento en Jamaica. Los atletas susceptibles de convertirse en profesionales pueden acceder a un programa estatal de becas, que en coordinación con los centros universitario les permite desarrollar su carrera en Jamaica. “Es la clave de nuestro éxito en este deporte” agregó Edward. En Jamaica, un país de tres millones de habitantes, hay tres mil atletas de alto rendimiento. Hasta la fecha, América del sur todavía no ha producido un atleta masculino que rebase los 10 segundos, ni una mujer por debajo de los 11 segundos, para los 100 metros

Balance. Cinco nuevas medallas para Colombia

Por Alberto Galvis Ramírez

Director Revista Olímpica y Secretario de la Academia Olímpica Colombiana

Cinco nuevas medallas, cuatro de plata y una de bronce, y 17 diplomas olímpicos ganó Colombia en los Juegos Olímpicos Tokio 2020, luego de un proceso de gran dificultad para todos los atletas del mundo, por el COVID 19 y todas las limitaciones derivadas de la pandemia.

Las cuatro medallas de plata fueron ganadas por Luis Javier Mosquera, en levantamiento de pesas; Mariana Pajón, en el BMX, y Anthony Zambrano y Lorena Arenas, en el atletismo. La de bronce, por Carlos Alberto Ramírez, en el BMX. Mosquera, Pajón y Ramírez repitieron presea, porque venían de ganar en Río, y Zambrano y Arenas se estrenaron en el atletismo.

Las cinco medallas, tercera cantidad más alta ganada por nuestro país en la historia de sus participaciones en los Juegos, (nueve, en Londres 2012 y ocho, en Río 2016), premian el esfuerzo de un puñado de atletas colombianos fieles reflejos de nuestro actual desarrollo que, apoyados por el Gobierno Nacional, por el Comité Olímpico Colombiano, por las federaciones deportivas nacionales y por empresas privadas planificaron con anticipación su ruta hacia Tokio 2020; casi en la víspera de los Juegos (en la etapa clave de la clasificación y preparación) detuvieron sus vidas para resguardarse del COVID 19, mientras trataban de entrenar en las nuevas condiciones de confinamiento; lograron los cupos, que esta vez se redujeron notablemente, a más del 50 por ciento de los clasificados en Río 2016, por la cancelación de muchos torneos selectivos; salieron de su encierro, mucho después de los atletas europeos y asiáticos, por órdenes de los gobiernos, para completar su preparación, y se entregaron de corazón, en busca de conquistar las medallas.

La felicidad de Mariana Pajón

“Yo no perdí la medalla de oro, gané la de plata”, dijo Mariana Pajón, ante un comentario formulado por un periodista. Su frase tiene un altísimo significado, para entender el papel de los atletas en las competencias. Tiene razón Mariana en decir que no perdió la medalla de oro, simplemente, porque nadie pierde lo que no ha ganado. Cada competencia es diferente y cada medalla se disputa en el fragor de un nuevo combate, totalmente distinto a los anteriores, en el cual no prima ni la tradición del país, ni el talante anterior ganador, ni los pergaminos, ni la camiseta: sólo se imponen las condiciones de la nueva competencia, se libra entre seres humanos que se han preparado para buscar la gloria, y transcurre en medio de nuevos avatares y circunstancias que pueden cambiar la historia, más aún, en una carrera tan aparatosa y riesgosa como el BMX. Si Mariana Pajón pensara con el espíritu triunfalista de algunos analistas de ocasión, no hubiera llorado de alegría, como lloró, por haber conquistado esa medalla de plata, en Tokio, porque sentiría que era una derrota; para ella fue una victoria, que tal vez le impactó mucho más que las medallas ganadas, por las grandes dificultades padecidas hasta hace poco, como nueve meses recuperándose de una lesión.

“Yo creo que la convicción viene en la sangre y así somos todos, así somos los colombianos. Y puedes estar en lo más profundo, puedes escuchar miles de imposibles y miles de ´no´, pero si tú crees que lo puedes hacer. Simplemente rompe esos obstáculos y demuestra que sí se puede y que es posible sucumbir a nuestras propias limitaciones mentales”, comentó Mariana, quien es la primera atleta nacional en conquistar tres medallas olímpicas, en tres Juegos diferentes.

La conquista de Luis Javier Mosquera

Luis Javier Mosquera había sido medalla de bronce, en Río 2016, y en esta oportunidad fue plata, en los 67 kilogramos, lo que significa un avance en un deporte tan duro como el levantamiento de pesas, que enfrenta en las instancias mayores, como los olímpicos, a atletas remendados por las lesiones, que continuamente interrumpen su preparación, para recibir un tratamiento, que por lo general los deja con serios resentimientos físicos y mentales.

Luis Javier fue brillante de principio a fin. En la mitad de sus rutinas superó la marca olímpica, pero se estaba enfrentando al campeón mundial de la división, el chino Lijun Chen, con quien mantuvo un cerrado mano a mano.

Cuando Luis Javier estaba perfilado para ganar la medalla de oro en su categoría, con 331 kilogramos, Lijun Chen, en su último intento, alzó 332, para sacarle el oro del bolsillo.

“Para nadie es un secreto que los chinos en el levantamiento de pesas son unas máquinas también, pero bueno, nosotros los colombianos nos estamos volviendo una potencia del mundo y esperemos que en el nombre de Dios en los próximos Juegos Olímpicos podamos superar esta medalla””, dijo Luis Javier.

Zambrano, el gran acontecimiento

Anthony Zambrano, el gran acontecimiento de Colombia en Tokio 2020, es la mejor prueba de la renovación del deporte base, el atletismo, porque con 23 años demostró que es un gran talento, luego de su surgimiento en el Mundial de Menores de Cali 2015; su épico subtítulo mundial, de 2019, en Doha, y la consagración como el mejor corredor de 400 metros planos, de América, por delante de los velocistas estadounidenses, en los Panamericanos Lima 2019.

Es indudable que el impacto que causó Zambrano en todas sus participaciones fue lo más destacado de Colombia. Cuando llegó a la final, su nombre ya era considerado entre los favoritos a medalla. Sin embargo, final es final, y en los 400 metros planos, cualquier cosa podía pasar.

Finalmente Zambrano sólo hizo lo que sabía hacer. Salir regulado, sin ir despacio; ceder unos centímetros, en los primeros 250 metros, y lanzar un demoledor ataque, que parecía no alcanzarle, para llegar a la meta sin ninguna discusión, ni fotofinish alguno, para  adjudicarse una gigantesca medalla de plata, que superó aquella épica jornada del 5 de septiembre de 1992, de la antioqueña Ximena Restrepo, bronce en la misma competencia.

Además del carisma propio de los dioses del atletismo, Zambrano, de facciones rudas, desnudó un perfil tierno y extremadamente humano, por sus continuas referencias a su mamá, Miladys Zambrano, la razón de ser de su vida. Una anécdota que contó ella, durante la transmisión del Canal Caracol, hizo derramar lágrimas a mucha gente. Miladys contó que antes de viajar a Tokio, tenían en su casa, en Barranquilla, un televisor pequeño, perdido en una inmensa pared. Entonces él llegó con una de más de 40 pulgadas y le dijo: “Aquí te traigo este televisor, para que me veas triunfar en Tokio”.

Esto dijo Zambrano luego de su consagración: “El esfuerzo y el sacrificio no son en vano. Aunque haya tenido muchas adversidades y muchos obstáculos, he llegado aquí firme para batallar de igual a igual, con otros países, con las potencias del atletismo del mundo. Y repito que soy el segundo mejor del mundo, en los 400 metros planos”.

Lorena, la puntada que le faltaba a la marcha

Cuando retumbaban aún los ecos de la hazaña de Anthony Zambrano en los 400 metros, para beneplácito del atletismo colombiano, una de sus más consagradas atletas, Sandra Lorena Arenas obtuvo esa medalla olímpica que tanto ha merecido la marcha colombiana, que emergió con cierta notoriedad en las piernas de los hermanos Héctor y Querubín Moreno, entre los años 80 y 90 del siglo XX y se escapó de las piernas de Luis Fernando López, en Londres 2012, por descalificación, cuando estaba perfilado para llegar al podio, y también del campeón mundial Éider Arévalo, quien luchó durante tres Juegos Olímpicos y finalmente el premio no le llegó.

Lorena Arenas pudo sobrevivir a las altas temperaturas que reinaron durante el recorrido de 20 kilómetros, a los forcejeos propios de los lotes de atletas consideradas favoritas y de los asedios de los jueces, que la alcanzaron a amonestar dos veces, por faltas al reglamento. Finalmente, Lorena logró cruzar segunda para adjudicarse la medalla de plata, que cerró los galardones colombianos en Tokio. Fue esta medalla el premio a la perseverancia, a la constancia, a la disciplina y a  la capacidad de sufrimiento que ha exhibido la pereirana durante tantos años.

“Cada segundo, cada instante, cada milésima de segundo cuenta, cada momento valió la pena. Hubo muchas cosas por las que tuve que pasar para poder lograr esto, pero de verdad que esto hace que uno sea cada día más fuerte, más optimista y pueda trabajar para lograrlo. Con esto demuestro que no hay nada imposible en la vida y que todo sueño con mucho esfuerzo y dedicación se puede lograr”, manifestó Lorena.

Ramírez, de nuevo en el podio

La quinta medalla volvió a repetir las historias de Londres 2012 y Río 2016, aunque se cambió un oro por la plata de Mariana Pajón, pero no el regocijo por la doble presencia en los podios, imágenes que quedan para la eternidad, y en los tres últimos certámenes ha ondeado nuestro tricolor. Ramírez volvió a ser tercero, es decir, se convirtió en doble medallista olímpico, para acompañar en esta privilegiada situación a glorias como Helmut Bellingrodt, Caterine Ibargüen, Oscar Figueroa, Jackeline Rentería y Yuri Alvear.

Carlos Ramírez ratificó su apodo de El pequeño mago, y como por arte de magia evitó una caída en la ronda final, y, también como por arte de magia, saltó de la quinta a la tercera posición, para mantenerse hasta el final de la serie y obtener, de nuevo, la medalla de bronce.

“Había mucha incertidumbre y todo era muy raro. No saben lo que me pasó por el cuerpo cuando se habló de cancelar los Juegos por culpa de la pandemia. Después vino una preparación especial y para soñar en grande. Y aquí, la sacamos del estadio. Dejé el alma y dejé todo en la pista. Esto ya es una realidad gracias a Dios”, aseguró Ramírez.

Además de estas conquistas, que son más notorias por la visibilidad y los reconocimientos que dan los podios, nuestro país conquistó 17 diplomas olímpicos, destinados a los ocho primeros lugares, la más alta cifra en nuestra historia, que cuentan para confirmar el nivel de nuestro país, que es favorable porque se mide tanto por las medallas, como por ubicaciones de privilegio, como ocurre con los ganadores de diplomas. A los once colombianos ganadores de diplomas olímpicos, a partir del cuarto lugar, los reseñamos en la siguiente nota.