Añoranzas. La última visita de Rogge a Colombia

En tres oportunidades vino a Colombia el belga Jacques Rogge, Presidente del COI. En la última, en 2015, al frente de la Misión Especial de las Naciones Unidas para los Refugiados Jóvenes y Deporte.

El 24 de noviembre de 2015, el belga Jacques Rogge, ex presidente del Comité Olímpico Internacional visitó por última vez a Colombia. En la sede del COC, en Bogotá, Rogge anunció que “Las Naciones Unidas y el Comité Olímpico Internacional están dispuestos a invertir 150.000 dólares cada uno, para reivindicar, a través del deporte, a los jóvenes desplazados del Chocó”.

Agregó: “A pesar de que el fútbol es el deporte de mayor impacto en el mundo, este programa abarcaría disciplinas como baloncesto, balonmano y atletismo, entre otras, para lograr los efectos sociales que se requieren, en regiones deprimidas, como la que visitaremos en esta oportunidad”.

Jacques Rogge frente a la Sala de Juntas del COC, que lleva su nombre.

De acuerdo con sus declaraciones, el proyecto duraría tres años y podría beneficiar  a una buena cantidad de jóvenes en condiciones de vulnerabilidad.

Sobre la coyuntura actual del proceso de Paz de Colombia, Rogge señaló que la ONU y el COI serían flexibles “a las necesidades del posconflicto y que si el proyecto sirve para este propósito, introducirían cambios beneficiosos”.

Rogge llegó a Colombia al frente de la Misión Especial de las Naciones Unidas para los Refugiados Jóvenes y Deporte. En su visita al COC estuvo acompañado por el presidente del COC, Baltazar Medina; el gerente de la entidad, Armando Farfán Peña; el director de Coldeportes, Andrés Botero Phillipsbourne; los integrantes de la Comisión de las Naciones Unidas para los Refugiados, conformada, por Ignacio Matteini, Claude Marshall, Stephane Jaquemet, Francesca Fontanini y Teddy Marques; por representantes del Comité Olímpico Internacional, Patrice Cholley, Director de Deporte y Desarrollo; Ornella Lardaruccio, Jefe de Proyectos, y Yasmine Braeckevelt, asistente personal de Rogge.

Baltazar Medina, presidente del COC, interviene durante la rueda de prensa celebrada el 24 de noviembre de 2015, en la sede del COC. Al fondo, de izquierda a derecha: Armando Farfán, gerente COC; Jacques Rogge, ex presidente del COI; Andrés Botero, director de Coldeportes, y Stephane Jaquemet, de Naciones Unidas.

El entonces presidente del COC, Baltazar Medina, a nombre del Comité Olímpico Colombiano, reiteró  durante su intervención que el COC tiene “el compromiso de hacer parte activa de este proyecto, de asumir todas las responsabilidades que los directivos de esta iniciativa tengan a bien asignarnos y, desde luego, de poner todo nuestro conocimiento y experiencia al servicio de los objetivos que nos proponemos alcanzar. Somos conscientes que el deporte es un muy importante medio de inclusión social y una poderosa herramienta para ayudar a solucionar conflictos”.

Añadió que “uno de los grandes compromisos del Comité Olímpico Colombiano es apoyar al Chocó, por las condiciones difíciles con las cuales crecen sus jóvenes, porque son sus deportistas el ejemplo a seguir para los niños y por haber sido esta región sede de los más recientes Juegos Nacionales, experiencia que debe servirles para consolidar una cultura en el deporte”.

El grupo que conforma la Misión viajó al otro día a Quibdó, en donde se reunió con las familias y jóvenes desplazados de la zona, para escuchar sus intereses sobre actividades deportivas y cómo pueden contribuir con la conservación del medio ambiente y sobre los retos, estrategias y operaciones para los jóvenes que viven esta situación de desplazamiento.

Bodas de oro IV. Las herencias de Cali 1971

Este fue el legado que les dejaron a  Cali y a Colombia, los VI Juegos Panamericanos, celebrados del 30 de julio al 13 de agosto de 1971, es decir hace 50 años.

  1. Construcción y remodelación de la Unidad Deportiva San Fernando. Comprendió el Gimnasio Evangelista Mora, ahora para 5.250 espectadores y todas las dotaciones modernas, sede de las eliminatorias del baloncesto y las finales del voleibol; las antiguas piscinas, que fueron remodeladas y quedaron con capacidad para 2.300 aficionados, en donde se realizaron las pruebas de natación y saltos de trampolín y plataforma; el estadio Pascual Guerrero, remodelado y ampliado para un aforo de 60.000 espectadores, sede del fútbol y de la Prueba de las Naciones de equitación; la construcción de la Casa del Deporte, de tres plantas, destinada a la Junta de Deportes del Valle, y el Parque Panamericano.
  • La Unidad José de Jesús Clark Flórez, en el antiguo hipódromo, en donde fueron construidas las piscinas olímpicas para las pruebas de natación, clavados y waterpolo; el estadio de béisbol, para 5.500 aficionados, y un segundo diamante, en la Base Aérea Marco Fidel Suárez; dos campos de hockey, para 2.000 espectadores; canchas populares para entrenamientos de fútbol, voleibol, béisbol y atletismo, y un gimnasio auxiliar para eliminatorias de voleibol y lucha.
  • La Unidad Deportiva Alberto Galindo, con el Gimnasio Auditorio del Pueblo, para 20.000 espectadores, sede de baloncesto y gimnasia, una de las obras cumbre de los juegos, y el velódromo, con capacidad para 6.000 aficionados, sede del ciclismo de pista.
  • Plaza de Toros Cañaveralejo (adecuaciones), con una capacidad para 18.000 aficionados, en donde se realizaron las competencias de boxeo.
  • Villa Olímpica, en el campus de la Universidad del Valle, destinada al alojamiento de los deportistas, luego utilizada por la comunidad estudiantil del alma mater.
  • Construcción de las instalaciones en la represa del Lago Calima, sede de remo; en el polígono de tiro del Batallón Pichincha; el gimnasio de levantamiento de pesas, en el Colegio Pío XII; la adecuación del campo ecuestre, en el Club Campestre de Cali, y dedes alternas de fútbol en Palmira, Buga, Tuluá y Cartago.
  • Una nueva mentalidad. La ciudad cambió de manera radical. En materia de vías fue prolongada la Avenida Colombia, entre la salida al mar y el obelisco, lo que le dio una nueva entrada a la ciudad y descongestionó el sur y el oeste; fue ampliada la calle quinta, de uno a cuatro carriles, para mejorar la comunicación de norte a sur y viceversa; ampliada la Avenida Roosvelt, para permitir darle acceso al sur de la ciudad; ubicadas 11.000 señales de tránsito; mejorados muchos andenes, y refaccionadas gran cantidad de fachadas. Fueron construidos tres centros de salud y la Unidad de Consulta Externa del Instituto de los Seguros Sociales en el Sur de Cali; una nueva estación de policía en el norte de la ciudad;  colectores de aguas lluvias e interceptores de aguas negras y una planta de bombeo de aguas sanitarias para los barrios populares; nuevas centrales de transportes y de Abastos; fue ampliada la planta del acueducto; iluminadas las principales vías, y adquiridas 12 barredoras mecánicas, destinadas al aseo vial de la ciudad.
  • Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, que remplazó al viejo Calipuerto. La construcción fue propuesta e impulsada por el abogado y periodista Alfonso Bonilla Aragón, Bonar, desde El Relator, diario fundado por la familia Zadwasky, en 1915 y cambiado en 1958 por Occidente. Durante muchos años, Bonar insistió en la necesidad de cambiar el viejo Calipuerto, por uno de categoría internacional. Y los Juegos Panamericanos fueron la ocasión para alcanzar esa meta.
  • La Escuela Nacional del Deporte, hoy convertida en institución universitaria especializada en la formación de técnicos en todos los deportes. Su sede funciona desde entonces en un costado del viejo Templete Eucarístico, en el sector que antes ocupó el Hipódromo de Cali, con modernas instalaciones, adecuadas para la formación de especialistas.
  1. Hotel Intercontinental, construido para los Juegos, el primero de categoría internacional de la ciudad, con 250 habitaciones.
  1. Sentido de pertenencia. Pero la más importante obra fue sembrada en la mente de los caleños y vallecaucanos: el sentido de pertenencia, que trajo consigo nuevas actitudes, para una mejor convivencia ciudadana. Por ejemplo, se infundió la necesidad de hacer cola para abordar los buses de servicio público, en contra del desorden anterior y de la formación de peligrosos racimos humanos en las puertas de los vehículos. Gracias a campañas adelantadas en los medios de comunicación, los caleños ejercitaron un espíritu cívico que se reflejaba en actividades como el buen trato al turista, el formal comportamiento en lugares públicos y en los escenarios deportivos y una vocación por la limpieza en las calles. Todo ello le permitió a Cali adquirir un liderazgo internacional por Colombia, que le valió la organización de eventos mundiales en natación y en baloncesto, en los años siguientes. Una de las grandes características que adquirió el público caleño fue el respeto y la cordialidad por los deportistas rivales en eventos deportivos, como el fútbol. Fue común en los primeros años posteriores a Cali 71, que cuando se escuchaba el Himno Nacional de Colombia, el público lo cantara a todo pulmón, y cuando sonaba el del país visitante, los asistentes al escenario sacaran y agitaran pañuelos blancos. Esta práctica, única en el mundo, fue copiada por otras ciudades del país, en especial, por Bogotá.
  1. Lección de capacidad. Finalmente a Colombia le dejaron los VI Juegos Panamericanos, una lección de capacidad directiva, ambición y necesidad de modernización de las viejas instituciones deportivas que regían el deporte y la presencia del Estado.
  1. La creación de Coldeportes, hoy Ministerio del Deporte, dotó al país de un organismo más eficiente que la Comisión Nacional de Educación Física creada en 1925, para acompañar al Comité Olímpico Colombiano y al Deporte Asociado en sus futuras actividades organizativas y competitivas.

Epílogo: a partir de Cali 71, el deporte colombiano empezó a evolucionar, aunque con algunas dificultades propias de la ausencia de los recursos suficientes para responder a las necesidades del país, en materia deportiva. Los Juegos Panamericanos dividieron al país en dos: antes de Cali 1971 y después de Cali 1971.

Fin de la serie.

Bodas de Oro III. Cali y Colombia se lucieron

Luego de cuatro años de intenso trabajo, Cali realizó unos Juegos Panamericanos de lujo, en la organización, en la presencia del público y en el buen nivel técnico. La figura de Colombia fue el pesista santandereano Juan Romero Páez.

Colombia, en la inauguración de Cali 1971.

A los VI Juegos Panamericanos Cali 71 asistieron 2.996 deportistas, 2.447 hombres y 549 mujeres, de Argentina, Antillas Neerlandesas, Bahamas, Barbados, Bermudas, Brasil, Canadá, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras Británicas, Islas Vírgenes, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay, Venezuela y el país anfitrión, Colombia.

La delegación colombiana estuvo conformada por 367 personas, de las cuales 280 eran deportistas; 48, asesores de selecciones, y 19, auxiliares.

Las competencias se realizaron en 18 disciplinas, a saber: atletismo, baloncesto, béisbol, boxeo, ciclismo, ecuestres, esgrima, fútbol, gimnasia, hockey sobre césped, levantamiento de pesas, lucha, natación, remo, tiro, vela, voleibol y waterpolo.

La inauguración se realizó el 30 de julio, en el estadio Pascual Guerrero, de Cali, con la presencia del presidente de la República, Misael Pastrana Borrero, quien señaló, en su intervención, entre otras cosas: “Deportistas; en este fascinante marco de la ciudad de Santiago de Cali, orgullo de Colombia, por la belleza de su ambiente, su paisaje y por el noble civismo de sus gentes, cumplen ustedes, atletas y personeros de la juventud de América, un compromiso de honor y de esperanza. Colombia acoge con amistad sincera a los deportistas del hemisferio, porque su vivificante ejemplo de disciplina, de carácter y de lealtad, reflejan los valores y la energía creadora de este nuevo mundo.

También intervinieron el director de los Juegos, Jorge Herrera Barona, y el presidente de la Organización Deportiva Panamericana, Odepa, Sylvio de Magalhes Padilla.

Herrera Barona se refirió entre otros aspectos al significado del certamen:

“Colombia y Cali no han omitido un solo esfuerzo para ser dignos anfitriones de los atletas del hemisferio. A nuestra tradicional hospitalidad de tierra abierta para los hombres libres, hemos agregado las obras materiales, cifradas en magníficos estadios y coliseos, y en obras metropolitanas y culturales, para que nuestros hermanos se sientan en suelo cordial”.

La mejor nadadora colombiana de todas las épocas, la vallecaucana Olga Lucía de Angulo, tomó el juramento a los deportistas.

Juan Romero, la figura colombiana

Colombia ocupó la séptima posición, con cinco medallas de oro, nueve de plata y 14 de bronce, para 28 en total. Este resultado es sólo un puesto mejor que el conseguido en los V Juegos Panamericanos Winnipeg 67, pero en esa oportunidad se consiguió sólo un título, el de Cochise Rodríguez, en los 4.000 metros del ciclismo, mientras en Cali se lograron cinco medallas de oro.

El deporte más galardonado fue el levantamiento de pesas, que obtuvo tres medallas de oro, dos de plata y cuatro de bronce.

La figura fue el pesista santandereano Juan Romero, quien alcanzó preseas de oro en la categoría mosca, en las modalidades de envión y total, y plata, en arranque.

Los otros títulos fueron ganados por su compañero José Martínez, en el peso ligero, modalidad fuerza, y por los ciclistas Martín Emilio Cochise Rodríguez (Foto) en los 4.000 metros persecución individual y por equipos, prueba en la cual estuvo acompañado por los vallecaucanos José Ramón Garcés y Luis H. Díaz, y el antioqueño Jorge Barman Hernández.

Nueve medallas de plata ganaron medallas los deportistas colombianos, así: los boxeadores Calixto Pérez, en el peso gallo; Alfonso Pérez, en el peso ligero, y José Vásquez, en el ligero medio. Los pesistas Juan Romero, en mosca arranque, y Lester Francel, en mosca envión. Los tiradores Alirio Maya y Hernán Sánchez. El equipo de fútbol. Y la cuarteta de ciclismo de los 100 kilómetros contrarreloj, conformada por Martín Cochise Rodríguez, Álvaro Pachón Morales. Miguel Samacá y Rafael Antonio Niño.

Finalmente se obtuvieron 14 medallas de bronce, con los pesistas Lester Francel, en pluma envión; Carlos Suárez, en ligero fuerza: Cipriano Gutiérrez, en ligero fuerza, y José Martínez, en ligero total. Los atletas, Álvaro Mejía Flórez, en los 10.000 metros; el equipo de relevos femeninos de 4×100, conformado por Ortiz, Maquilón, Rivas y Mosquera, y Hernán Barreneche, en la maratón. Los jinetes Juan José Neira, en prueba de tres días, y el equipo de adiestramiento. El ciclista Jaime Galeano, en la prueba de ruta. La nadadora Olga Lucía de Angulo, en los 200 metros libres. El equipo de béisbol. El conjunto femenino de esgrima. Y el clavadista Diego Henao.

Continúa en la siguiente crónica, de esta misma edición.

Bodas de Oro I. Galindo y su sueño panamericano

El siguiente texto fue escrito por Ramiro Galindo Quintero, hijo de Alberto Galindo Herrera, creador e impulsor de la idea de realizar en Cali, los Juegos Panamericanos de 1971. Estos son algunos recuerdos de la etapa previa a esa gran gesta, que cumplió 50 años y que le cambió la historia al deporte colombiano.

Alberto Galindo Herrera, de 22 años, en el estadio de Versalles, de Cali, como director de los Juegos Interbarrios, en 1939.

Por Ramiro Galindo Quintero

Abogado, con maestría en administración. Consultor en inversiones estratégicas inmobiliarias. Dirigente en actividades subacuáticas y en la Federación Colombiana de Raquetbol. Y conferencista, en principios y valores éticos corporativos a nivel nacional.

Con sus amigos de la época, jóvenes de las familias influyentes caleñas, en el Estadio de Galilea, ubicado en los terrenos que ocupa actualmente la Clínica de Occidente, en el tradicional Barrio Versalles, de Santiago  de Cali, mi padre motivó e impulsó sus primeras actividades organizativas deportivas, que condujeron a la creación de los Primeros Juegos Interbarrios de Cali. Era tal su pasión, que con ese grupo de jóvenes entusiastas, entre quienes recuerdo a don Carlos Olano Cruz y a don José Otoya, le echaron personalmente el carboncillo para la  pista de atletismo del estadio; organizaron la Vuelta Atlética a Cali; impulsaron la construcción de canchas de basquetbol detrás del Teatro Jorge Isaac. Desde entonces, mi padre se distinguió por ser la futura promesa del dirigente visionario, altruista, respetuoso e integrador de las ideas de los demás, calidades y cualidades que le serían reconocidas posteriormente, por todas las personas que tuvieron la fortuna de conocerlo y trabajar con él.

Ya por ese entonces, don Alberto, Contador Público Juramentado de profesión, era un profundo investigador del conocimiento, propio de su perfil de autodidacta, amante hasta el máximo del deporte, conocedor de la historia, en especial del olimpismo, tanto antiguo como moderno, inspirado en el Barón Pierre de Coubertin, gestor y propulsor de los Juegos Olímpicos Modernos en 1894,  que luego, el 24 de marzo de 1896, en Atenas, se llamarían “Primeros Juegos Olímpicos Internacionales de Atenas”,  según palabras pronunciadas por el Rey Jorge de Grecia. Don Alberto Galindo Herrera dio inicio a “su llamado” de ser el hombre, que a través del deporte cimentaría las bases de transformación y desarrollo de toda una región colombiana, desde Cali, su amada ciudad que lo vio nacer y crecer, por  la que al final daría su propia vida.

Galindo Herrera, segunda fila, con el Presidente, General Rojas Pinilla, en 1953, revisando las piscinas olímpicas, que hoy llevan su nombre, destinadas a los Juegos Nacionales de 1954, en Cali.

Los VII Juegos Atléticos Nacionales, de 1954

Cuando era ya un hombre adulto, pero aún muy joven, contrajo nupcias con doña Matilde Quintero Escobar, distinguida y elegante dama de la sociedad bugueña, nacida en el hermoso municipio vallecaucano de Roldanillo, de cuya unión eterna nacieron Stella, María Eugenia, Rafael Alberto, Eduardo, Jaime y Ramiro Galindo Quintero, quien por el amor dado por sus padres, se atreve a exaltar la vida y obra de su padre

Todo comenzó en 1950, cuando desde la Presidencia de la Liga de atletismo del Valle  lideró con un grupo de dirigentes vallecaucanos, la idea de escoger un equipo para ganarse los VI Juegos Nacionales de 1950, en Santa Marta, como requisito para lograr la sede de los Juegos Nacionales de 1954, que le darían la plataforma para gestar una transformación del Valle del Cauca y de Cal. Todo, porque tenía los antecedentes del gran aporte que le hicieron al Valle y a Cali, los I Juegos Nacionales Deportivos de Colombia en 1928.

Y lograron ganar los Juegos de Santa Marta, con figuras como Jaime Aparicio, quien ganó las seis medallas doradas en atletismo (100 m., 200 m., 400 m., 400 m. vallas, relevos 4X100 y relevos 4X400).

Alberto Galindo Herrera, con el presidente de facto de Colombia, General Gustavo Rojas Pinilla.

Se encontraba en la plenitud de su poder el General Gustavo Rojas Pinilla, quien a la postre sería el mecenas y pilar para el éxito de los VII Juegos Atléticos Nacionales de 1954, cuyo Director General sería don Alberto Galindo Herrera, con 37 años de edad. Es necesario hacer una corta retrospectiva de su inmensa capacidad de liderazgo, tanto regional, como nacional e internacional.

Por correspondencia, escribiendo un perfecto inglés, y transmitiendo con clara visión y sólidas argumentaciones, ya había conquistado la credibilidad, confianza y amistad personal de Avery Brundage, quien entre 1952 y 1972 fuera el Presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), quien apoyaría decididamente a mi padre, en su gran gesta panamericana.

En razón de lo anterior es que los VII Juegos Atléticos Nacionales de 1954 fueron los primeros en Colombia en ser organizados, bajo todas las normas reglamentarias y competitivas exigidas por el Movimiento Olímpico Internacional. Fue en 1953, cuando don Alberto Galindo, en entrevista personal le pidió al General Rojas Pinilla su apoyo gubernamental, para remodelar, adecuar y convertir a 50 metros, las antiguas Piletas Públicas Municipales, hoy Piscinas Olímpicas Alberto Galindo Herrera, en ese entonces de solo 33 m. de longitud, no aptas para ser avaladas por el COI. Además lo apoyó para la construcción de una cancha coliseo multiusos para basquetbol, voleibol y otras disciplinas deportivas (hoy Gimnasio Evangelista Mora ), todo a cambio de una propuesta a la cual no se resistiría el General Rojas Pinilla: la participación y vinculación de las Fuerzas Armadas de Colombia a los Juegos, con todos los derechos y deberes de un departamento. Así nace la Federación Deportiva Militar.

Luego de lograr una impecable organización deportiva, los VII Juegos Atléticos Nacionales catapultaron a Don Alberto Galindo Herrera, como el gran dirigente cívico y deportivo vallecaucano, quien en adelante no paró nunca más en la permanente y constante actividad de organizar grandes eventos deportivos.

Acompañado por el primer campeón panamericano colombiano, el también vallecaucano Jaime Aparicio, primero a la izquierda.

En el atletismo, su deporte de la juventud, tuvo el sabio acierto de impulsar al primer gran atleta colombiano, Jaime Aparicio Rodewalt, nacido en Lima, Perú, pero traído a Cali a los cinco meses de edad, hoy, con el inmenso honor de tenerlo entre nosotros a sus más de 90 años de edad. Aparicio fue el primer campeón colombiano en unos Juegos Panamericanos, porque ganó el oro en los 400 m. con vallas, en la celebración pionera, en Buenos Aires 1951.

Entre sus múltiples realizaciones deportivas, en aquellas en las que colaboró en  la Unidad de Acción Vallecaucana, desde la Fundación Carvajal, en compañía de don Jaime Carvajal Sinisterra, se destacaron el Campeonato Suramericano de Atletismo y los campeonatos  Centroamericanos y del Caribe de Natación, que le dieron en la práctica la visión deportiva internacional, que le permitió visualizar mejor el área panamericana.

Las bases del sueño panamericano

Es en el mismo 1953, que don Alberto, ya inspirado por el sueño panamericano, en un inteligente y estratégico memorando de seis páginas resume y contiene,  las múltiples e irrefutables razones por las cuales, a Santiago de Cali, se le debería conceder la sede de los II Juegos Panamericanos de 1955, finalmente celebrados en ciudad de México D.F., anhelo que sólo se logró,  sin poderlo ver realizado, 14 años después, el 22 de Agosto de 1967, en la ciudad de Winnipeg, Canadá, cuando le fue otorgada a Cali, la sede de los VI Juegos Panamericanos de 1971.

Galindo Herrera, de pie a la derecha, con amigos, entre ellos Adolfo Carvajal, extrema izquierda, primer director de Coldeportes.

De 1952 a 1966, año de su partida, don Alberto laboró en Carvajal & Cía., hasta convertirse en hombre de confianza de don Manuel Carvajal Sinisterra, ilustre industrial, presidente y patriarca de la primera empresa multinacional colombiana y netamente vallecaucana. Fue en este escenario empresarial que conoció e hizo amistad con lo más granado de los líderes sociales, políticos, religiosos, empresarios, militares, comerciantes, deportivos y de todas las demás esferas de la sociedad vallecaucana, colombiana y también internacional. Tuvo la capacidad, de liderazgo y la visión de inspirar a una pléyade de líderes y dirigentes vallecaucanos, alrededor de un sueño, de una idea poderosa, que cambiaría el destino de Cali y de nuestra dulce región  vallecaucana. Por eso fue un líder inspirador, hacedor, motivador y ejecutor, en cortas palabras, un verdadero líder de líderes.

Como Presidente de la Liga de Atletismo del Valle, lidera con su amigo, Enrique Ortiga Sanclemente, Presidente de la Federación Colombiana de Atletismo, el Campeonato Suramericano de Atletismo Cali Valle 1963, fiesta deportiva que le da un mayor conocimiento y reconocimiento internacional.

Y en ese mismo año, en la famosa discoteca de la época Saint Tropez, ubicada al frente de la hermosa construcción del Batallón Pichincha (hoy sede del CAM), en donde se encuentra el actual Centro Cultural Jairo Varela, en pleno Paseo Bolívar, por fin, Alberto Galindo Herrera, convencido e irradiado por su sueño panamericano convocó al grupo de amigos, que a pesar de tan quijotesca y a veces absurda idea asistieron para escuchar la propuesta de obtener la sede para Cali, de los VI Juegos Panamericanos para 1971, la cual se le otorgaría en Winnipeg, Canadá, durante la quinta versión de los mismos.

En esa trascendental e histórica reunión, en la que se inició la conformación del Comité Pro Sede de los Juegos Panamericanos, participó el joven y ejecutivo abogado Jorge Herrera Barona, quien le puso a mi padre el remoquete de El Loco Panamericano, e, irónicamente, tiempo después recibiera la posta de manos de mi padre, en su lecho de muerte, en nuestra casa paterna del Barrio Santa Mónica, de continuar y ejecutar con lujo de detalles el más grande certamen deportivo del ciclo olímpico que se haya llevado a cabo en Colombia, hasta la fecha.

De izquierda a derecha, el general José de Jesús Clark Flórez, presidente de la ODEPA; Alberto Galindo Herrera, y Enrique Ortiga, el Presidente de la Federación de Atletismo.

Gestión internacional

El remate de excelencia de su gestión,  sumada a los múltiples viajes al exterior, financiados de su propio peculio, cuyas cuentas a veces eran insólitamente glosadas por la Junta Departamental de  Deportes del Valle, hoy, Indervalle, en 1964, la enmarcó con su decisión de viajar de sorpresa a Quito, Ecuador, para encontrarse con el general mexicano José de Jesús Clark Flórez,  presidente de la Organización Deportiva Panamericana, ODEPA. Allá obtuvo el  apoyo determinante de este también gran dirigente, de obtener la sede para Cali de los Juegos Panamericanos de 1971.

Tanto fue su compromiso que aún después de fallecido mi padre, en Winnipeg 1967, el general respetó el voto favorable para nuestra ciudad. Construyó mi padre, amistades con el Presidente del COI, con el Presidente de la ODEPA y con la casi totalidad de embajadores y presidentes de los comités olímpicos nacionales de los países del área panamericana. Previamente lo había hecho con la sociedad caleña y vallecaucana, y con los gobiernos nacionales, municipales y departamentales.

De 1963 a 1966, tres años de mucho trabajo

Mi padre logró proyectar y poner a funcionar su primer gran equipo del Comité Pro Sede, que constituyeron  la estructura y soporte que le garantizarían el éxito de su misión. Así pues, don Alberto Galindo Herrera, a sus 46 años de edad, tenía el camino expedito.

Entre 1963 y 1966, con el respaldo irrestricto de su jefe, don Manuel Carvajal Sinisterra, y, por supuesto, el de nuestra abnegada madre y esposa, desarrolló el arduo trabajo diario para conquistar su sueño panamericano. Tiempos sin internet, sin fax,  sin tecnología, solo télex, teléfono y máximo marconigramas de Telecom, eran las herramientas para comunicarse con los líderes del continente.

Una hepatitis, no muy bien cuidada en su juventud, ligada a su infatigable y excesiva capacidad de trabajo y al hecho que durante 1966 solo tuvo un promedio de tres a cuatro horas de descanso diario, pues de madrugada, se levantaba a conectarse con los países del hemisferio americano, para fortalecer sus lazos de amistad con los embajadores colombianos y los presidentes de los respectivos comités olímpicos nacionales, literalmente, le deterioraron su salud, de manera acelerada.

En septiembre de 1966 le diagnosticaron un cáncer terminal del hígado, del cual no se pudo volver a levantar, y murió a las 12:00 del mediodía del sábado 31 de diciembre de 1966, rodeado del amor de toda su familia. Como un gran hombre creyente y trascendente, antes de expirar  pronunció sus últimas palabras: “En mi espíritu y en mi corazón, entiendo y acepto con humildad,  la grandeza de ir a encontrarme con mi Señor”.

Fotografías: Ramiro Galindo Quintero.

Continúa en la siguiente crónica, de esta misma edición.

Bodas de Oro II. Los Juegos se convierten en una causa nacional

Una vez adjudicada la sede, la dirigencia deportiva colombiana se encontró ante un panorama poco claro. Sin embargo, las fuerzas vivas del país se unieron y lograron las condiciones necesarias para tamaña responsabilidad.

Carlos Lleras Restrepo, Presidente de la República, de 1966 a 1970.

Por Alberto Galvis Ramírez

Director de la Revista Olímpica y Secretario de la Academia Olímpica Colombiana.

Los Quintos Juegos Panamericanos celebrados en Winnipeg, Canadá, en 1967, dejaron el sabor agridulce de la derrota deportiva y la victoria diplomática.

Sin embargo, la primera tuvo un atenuante, que fue precisamente el valor agregado de la segunda: la corta experiencia deportiva de Colombia. Mientras las medallas obtenidas en Norteamérica eran el reflejo de la tradición deportiva colombiana, la adjudicación de la sede de los VI Juegos Panamericanos para Cali, en 1971, era una victoria muy superior a esa misma historia.

Finalmente, los dos balances sólo abrían un interrogante alrededor de las posibilidades deportivas y de las capacidades organizativas, que tendría que ser resuelto en los próximos cuatro años, porque en ninguno de los dos aspectos había garantía de éxito en la justa del 71.

¿Cuál era el panorama del deporte colombiano y del país, cuatro años antes de los VI Juegos Panamericanos?

En lo deportivo, la referencia eran los resultados de los V Juegos, cumplidos en Winnipeg, Canadá, entre julio y agosto de 1967. Y en ellos Colombia ocupó el octavo lugar, detrás de Estados Unidos, Canadá, Cuba, México, Argentina, Brasil y Venezuela, y delante de Trinidad, Chile, Puerto Rico, Uruguay, Panamá, Perú, Ecuador, Bermudas, Jamaica, Guyana y Antillas Holandesas, los otros países que lograron medallas. Y más abajo, las naciones, que pasaron el blanco.

Satisfacción en atletismo y natación

Carlos Ávila, técnico de atletismo, dijo al regreso a Cali que lo importante era aprender, objetivo que se logra cuando se va en plan de estudio a certámenes como el de Winnipeg. Para Ávila, el desempeño del atletismo fue muy bueno, por la medalla de plata de Agustín Calle en la maratón; los tiempos de Pedro Grajales, en las pruebas de velocidad, el cuarto puesto de Flor Umaña, en jabalina y la medalla de bronce en la posta larga…”Ganar esas satisfacciones en un deporte que poco o nada ha recibido como estímulo es mucho. Yo no entiendo a los críticos cuando dicen lo contrario, sin considerar factores como las marcas”, dijo.

El técnico de natación, Javier Gómez, y el asesor estadounidense Hans Gordon, también expresaron su complacencia por el resultado de este deporte, que conquistó tres medallas. Esto dijo Gordon: “Esta es la vez que más satisfecho estoy, porque se ha manifestado un gran progreso. Los títulos interesan. Nosotros ganamos tres medallas en natación, y más allá de esos triunfos están las marcas que impusimos. El progreso ha sido regulado, excepcionalmente bueno”.

Finalmente quedó la sensación que el balance de Colombia en Winnipeg no fue malo, pero esta vez se compitió en tierras lejanas. Frente al compromiso de 1971, esos resultados deberían ser superiores, porque nuestro país sería la sede.

El incierto panorama de la organización

El segundo análisis después de conseguida la sede de los VI Juegos Panamericanos era aún más preocupante. Al regreso de Winnipeg, la dirigencia deportiva colombiana se encontraba ante un panorama poco claro, porque, de improviso, Colombia debía organizar en sólo cuatro años, el segundo certamen múltiple del olimpismo mundial, sin experiencia ni escenarios, aunque en una ciudad aventajada en materia deportiva, como era Cali, con dirigentes también adelantados a su tiempo.

Humberto Chica Pinzón, integrante de la delegación colombiana que obtuvo la sede en Winnipeg, opinó sobre la ruta que debía tomar el deporte nacional frente a Cali 71, porque esta era una oportunidad inmensa para dar lugar a una reestructuración general del deporte colombiano, pero con la colaboración integral del gobierno. Según Chica, el compromiso de organizar unos Juegos Panamericanos no es sólo de Cali, sino de todo el país.

El presidente del Comité Olímpico Colombiano, Mario García y García,  al regreso al país advirtió sobre la incipiente y a la vez anárquica organización deportiva en Colombia; la escasez de escenarios grandes, medianos y pequeños; la ausencia de conocimientos técnicos para orientar la preparación de nuestros deportistas, y la carencia de recursos para invertir en todo lo que se requiera frente a ese gran compromiso de 1971.

Movimiento nacional a favor de Cali 71

Por fortuna, la organización de los VI Juegos Panamericanos de Cali, programados entre julio y agosto de 1971, dio lugar a un movimiento nacional liderado por las dirigencias política y deportiva vallecaucana; por las autoridades del deporte nacional, con el COC a la cabeza, y por el gobierno, bajo la autoridad del presidente, Lleras Restrepo.

En ese momento, la organización de los panamericanos había establecido un presupuesto en 157 millones de pesos, que se invertirían en obras deportivas, preparación de los deportistas, realización de los juegos, pago de entrenadores para deportistas del Valle, implementos deportivos, gastos médicos, imprevistos y otros.

Los recursos fueron conseguidos por diversos frentes nacionales y regionales. En el Congreso fue aprobada, en menos de un mes, la Ley de auxilios nacionales, que proporcionaría a los juegos 30 millones de pesos anuales. El Concejo Municipal de Cali destinó diez millones de pesos, y la asamblea, 20. Se establecieron impuestos al degüello, que produciría cuatro millones de pesos; a los cigarrillos nacionales y extranjeros, que dejaría diez millones de pesos; a los licores, que brindaría 50 millones de pesos; un sobreprecio a los espectáculos públicos, para cinco millones; al aguardiente que dejaría 1,5 millones, además de un aporte de tres millones de pesos, de las empresas del Valle del Cauca. De igual manera se calculaba que por concepto de taquillas durante los juegos se recibirían por lo menos diez millones de pesos.

El respaldo del Gobierno a Cali 1971

El gobierno nacional, del Presidente Carlos Lleras Restrepo, dio el aval a la aspiración de Cali de ser la sede de los VI Juegos Panamericanos de 1971. Este es el decreto que brindó el definitivo apoyo que tuvo la aspiración.

Decreto No. 274

(Febrero 14 de 1967)

Por el cual se confiere una autorización al Comité Olímpico Colombiano y al Alcalde de la ciudad de Santiago de Cali.

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA, en uso de sus facultades legales, y

CONSIDERANDO:

Que desde hace varios años, Colombia ha venido participando en los diferentes Juegos, Campeonatos y Torneos deportivos que se han celebrado a nivel regional, continental y mundial-

Que el Comité Olímpico Colombiano, obrando de conformidad con las reglas olímpicas y en representación del deporte aficionado, ha propuesto que la ciudad de Santiago de Cali sea designada como sede de los VI JUEGOS PANAMERICANOS, que tendrán lugar en 1971.

Que el Comité Olímpico Colombiano y el Alcalde Mayor de Santiago de Cali deberán dirigir al Presidente de la Organización Deportiva Panamericana, ODEPA, la solicitud del registro oficial de la candidatura de la citada ciudad para la sede de los VI JUEGOS PANAMERICANOS, a cuyo efecto se requiere la previa autorización del Gobierno Nacional.

Que aunque la ciudad de Santiago de Cali tiene campos deportivos apropiados para la mayor parte de los deportes incluidos en el programa de los Juegos Panamericanos será necesario construir algunos nuevos y ampliar varios de los existentes, con la colaboración de los gobiernos Nacional, Departamental del Valle y Municipal de Santiago de Cali, con el fin de obtener las mejores perspectivas posibles para las justas internacionales, a cuya sede aspira Colombia.;

Que las instituciones jurídicas colombianas y las tradiciones del país coinciden con el espíritu de libertad y de fraternidad que inspira a la Organización Deportiva Panamericana y con la generosa hospitalidad característica de la ciudad de Santiago de Cali.

DECRETA:

ARTÍCULO PRIMERO. Autorizase al Comité Olímpico Colombiano y al Alcalde Mayor de la ciudad de Santiago de Cali, para solicitar a la Organización Deportiva Panamericana, la sede de los Juegos Panamericanos de 1971, a favor de la mencionada ciudad, lo mismo que para realizar las gestiones que estime necesarias para el logro de ese propósito, de acuerdo con las autoridades nacionales, departamentales, municipales y deportivas pertinentes.

ARTÍCULO SEGUNDO. En el caso de que fuere obtenida la sede de los VI Juegos Panamericanos para Colombia y la ciudad de Santiago de Cali, se nombrará un Comité Organizador integrado por funcionarios públicos y dirigentes deportivos , el cual se encargará de la preparación y organización del torneo.

ARTÍCULO TERCERO. El Comité Organizador de que trata el artículo anterior de este Decreto, elaborará un plan  de obras y tareas que someterá a la aprobación del Gobierno Nacional, en la debida oportunidad.

ARTÍCULO CUARTO. El Ministerio de Relaciones Exteriores tomará las medidas que sean necesarias para autorizar la entrada y facilitar la permanencia en el país, de todas las delegaciones deportivas, funcionarios y jueces, cuya participación  en los VI Juegos Panamericanos esté ajustada a los reglamentos de la Organización Deportiva Panamericana.

COMUNÍQUESE Y PUBLÍQUESE

Dado en Bogotá D.E. a febrero 14 de 1967.

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

(FDO) Carlos Lleras Restrepo.

El MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES ENCARGADO

FDO) Carlos Borda Mendoza

EL MINISTRO DE EDUCACIÓN ENVCARGADO

(FDO) Fabio Roldán Abadía.

Nace Coldeportes, agencia estatal para el deporte

Para acompañar la organización y, de paso brindar al deporte colombiano un apoyo estatal, el gobierno de Carlos Lleras Restrepo creó el 6 de noviembre de 1968, el Consejo Nacional de la Juventud y el Instituto Colombiano de la Juventud y el Deporte, entidad descentralizada, adscrita al Ministerio de Educación Nacional, hoy convertido en el Ministerio del Deporte.

El patrimonio de Coldeportes, una de las preocupaciones de todos, lo constituía el uno por ciento del presupuesto anual del Ministerio de Educación Nacional; las partidas que eran entregadas hasta ese momento a la sección de Educación Física del mismo ministerio, que sería suprimida; los dineros que el gobierno gire a entidades con los mismos fines, que serán canalizadas por Coldeportes; las rentas que logre por prestación de servicios, y los bienes que adquiera como persona jurídica.

Entre sus misiones se destacan dos, que favorecían a la organización de los VI Juegos Panamericanos de Cali: otorgar asistencia técnica y financiera, de acuerdo con los recursos económicos del Instituto, a entidades oficiales y privadas sin ánimo de lucro, para construcción y dotación de instalaciones deportivas, y coadyuvar a la financiación y organización de competencias nacionales e internacionales con sede en Colombia y a la participación oficial en torneos y campeonatos internacionales. 

Para reafirmar su compromiso con la organización de los VI Juegos Panamericanos, el presidente Lleras nombró como primer director general de Coldeportes al empresario vallecaucano Adolfo Carvajal, quien brindó un total apoyo a los juegos.

El país rodea a Cali

Finalmente, la financiación de Cali 71 fue compartida por los gobiernos nacionales de Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) y Misael Pastrana Borrero (1970-1974); los departamentales de los gobernadores del Valle Libardo Lozano Guerrero, Rodrigo Lloreda Caicedo y Marino Rengifo Salcedo; los municipales, de los alcaldes de Cali Luis Emilio Sardi, Marino Rengifo y Carlos Holguín Sardi, y por algunos impuestos.

“Durante las administraciones municipales de Luis Emilio Sardi y Marino Renjifo Salcedo se iniciaron los preparativos para adecuar la ciudad a las exigencias del evento panamericano. La alcaldía de Carlos Holguín Sardi fue definitiva. […] Con la dirección de Holguín Sardi, los organismos de la administración municipal (Emcali, Emsirva, Valorización, Planeación, Secretaría de Obras Públicas, Invicali, etc.) desplegaron todas sus potencialidades y energías para alcanzar el objetivo de una nueva Cali, pues en la década de los sesenta, que precedió a los Juegos, la ciudad había perdido la dinámica de los años cuarenta y cincuenta”4.

El Comité Organizador de los VI Juegos Panamericanos, bajo la tutela directa del Comité Olímpico Colombiano, estuvo presidido por los gobernadores del Valle, Libardo Lozano, del 2 de octubre de 1967, al 28 de septiembre de 1968; Rodrigo Lloreda Caicedo, del 11 de octubre de 1968, al 22 de agosto de 1970, y Marino Rengifo Salcedo, del 5 de septiembre de 1970, hasta la celebración del certamen.

Tres directores comandaron la tarea organizativa: Nicolás Ramos Gómez, del 10 de noviembre de 1967, al 9 de junio de 1969; Artemo Franco Mejía, del 9 al 30 de junio de 1969, y Jorge Herrera Barona, del 1º de julio de 1969, al 15 de febrero de 1972.

De igual manera, seis directores manejaron las áreas más importantes de la organización, así: Hernando Botero O’Byrne, división Administrativa; Nolasco Sierra, técnica; Oscar Zamorano, obras; Jaime Aparicio, técnica, y Eduardo Lozano, comercialización.

Jorge Herrera Barona, centro, con periodistas, antes de de Cali 1971.

El liderazgo de Jorge Herrera Barona

Durante los cuatro años que duró la preparación de los VI Juegos Panamericanos, un hombre brilló como una estela, que fue seguida por un equipo liderado por ex deportistas de alta competencia, hasta el logro del éxito total.

Su nombre: Jorge Herrera Barona, un deportista múltiple en sus épocas juveniles, como quiera que había sido atleta, basquetbolista, pesista, tenista y tenismesista.

Lo acompañaron en el trabajo de organización de los juegos, ex deportistas como Jaime Aparicio, uno de los más grandes atletas colombianos de todos los tiempos y primer campeón panamericano, en los 400 metros con vallas de los juegos pioneros celebrados en Buenos Aires, en 1951. Aparicio, arquitecto de profesión, estuvo al mando del departamento Técnico Deportivo.

Estos fueron los demás ex deportistas que acompañaron a Herrera Barona:

Jaime Carvajal Sinisterra, atletismo, pesas y tenis; Joaquín Lozada, tenis y ajedrez; Libardo Lozano, baloncesto; Alfonso Ocampo, baloncesto y waterpolo; Guillermo Quintero, baloncesto; Luis Emilio Sardi, cricket y golf; Humberto Zuluaga, fútbol y baloncesto; Alfonso Arango, tenis, tenis de mesa y golf; Germán Holguín, natación; Nolasco Sierra, baloncesto; Henry Eder, polo; Gabriel Velásquez, tenis, atletismo, pesas y golf; Hernando Botero, fútbol y voleibol; Artemo Franco, golf, y Fabio Montoya, baloncesto y ciclismo.

Además de los anteriores, cuatro directivos del Comité Olímpico Colombiano, Humberto Chica Pinzón, Marcos Arámbula Durán, Alberto Gómez Moreno y Cayetano Cañizares, fueron practicantes de disciplinas deportivas.

Continúa en la siguiente crónica, de esta misma edición.


4 VÁSQUEZ, Edgar, y ARROYO, Jairo, apartes del capítulo Factores Ocultos del Desarrollo: Reseña Histórica del Valle del Cauca, segunda Parte, Universidad del Valle.

La Columna del Atleta. Los atletas olímpicos desde adentro

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Por Paulo César Villar Nieto
Atleta Olímpico 2004,2008,2012. Representante de los Atletas en el Comité Olímpico Colombiano

La experiencia de competir en unos Juegos Olímpicos es algo simplemente maravilloso. Puedo decir con claridad que los atletas como actores principales disfrutan muchísimo los Juegos desde varios aspectos. Ejemplo de ello son los mensajes de las personas que los aprecian, que hacen sentir orgullosos a sus familiares y amigos cuando los ven competir, o cuando tienen la enorme bendición de gozar momentos de gloria deportiva como medallistas. Este momento durará toda la vida.

Sin embargo, hay muchos temas y circunstancias que se desconocen o que, simplemente, no se ven en las transmisiones de televisión. Cuando te conviertes en un atleta olímpico tienes que lidiar literalmente con la atención de todo el mundo. Una derrota, la presión mediática y de las personas, los mensajes negativos, la desilusión por no obtener el resultado deseado, son gran parte de las cosas que se magnifican durante un evento como este. Hoy escuchamos con mayor atención, que la salud mental de los atletas influye no solo en el resultado, sino también en su desenvolvimiento en la sociedad. La estrella del equipo de gimnasia de Estados Unidos,  Simone Biles, con apenas 24 años, quien después de convertirse en multimedallista olímpica en ediciones anteriores a Tokio 2020 se retiró de la final por equipos, indicando:  «Tengo que concentrarme en mi salud mental […]. No solo en salir y hacer lo que el mundo quiere que hagamos»[1]. Este es un claro ejemplo de que a pesar de la experiencia de ésta atleta, sus resultados y su preparación de primer nivel no pudo resolver diferentes situaciones que afectaron su participación. Ahora bien. Pensemos por un momento si fuésemos atletas o, como comúnmente la gente los identifica, deportistas, cómo actuaríamos al participar por primera vez en unos Juego Olímpicos con tanta presión; o como serían nuestros días  al ser víctimas o motivos de burla o de críticas de las redes sociales; o al recibir llamadas, correos, mensajes de WhatsApp de cientos de personas al mismo tiempo, que revisan y escrutan tu tiempo, tus decisiones y tu vida. ¿Cómo afrontaríamos eso? Seguro alguno diría que eso no es nada y que la presión es parte del mundo del deporte, tal como lo dijo el tenista Novak Djokovic: “La presión es un privilegio. Sin ella no hay deporte profesional”[2], todo en medio de la conversación sobre salud mental y el caso de la gimnasta antes mencionada. Con esto uno creería que gestiona bien la presión. Sin embargo, días después pierde el partido que le daba paso a la medalla de bronce, rompe su raqueta en una demostración de ira durante el partido; se retira sin jugar la modalidad de equipos, y, por si fuese poco, cumple sus terceros juegos sin medalla. Entonces… ¿la presión es un privilegio? ¿Todos debemos estar preparados para ella? O, simplemente, debemos reconocer que los atletas son seres humanos normales, que son sujetos de los mismos miedos y errores que cualquiera y que no por ello debemos ser tan duros en nuestras críticas.

Sea cualquiera de las posiciones que tengan los lectores, estaremos de acuerdo en que los atletas, en particular en el caso colombiano, son personajes que nos permiten sentir el orgullo patrio, la satisfacciones personales, los sueños que tuvimos de niños y los que tenemos con nuestros hijos e hija. Pero, en definitiva, debemos verlos como lo que son, unos verdaderos héroes, y que con aciertos o errores debemos esforzarnos por ser parte de una sociedad crítica, pero no destructiva, que cuando los veamos en la calle y ellos no quieran tomarse una foto o dar un autógrafo, aprendamos que eso no los deslegitima y que, por el contrario, aprendamos a reconocer que los atletas son personas normales, con sentimientos y sufrimientos.

Reconozcamos y valoremos a los atletas y ayudemos a que sigan siendo el ejemplo que necesitamos.


[1] https://www.bbc.com/mundo/deportes-57990411

[2] https://www.eltiempo.com/deportes/ciclo-olimpico/novak-djokovic-habla-sobre-renuncia-de-simone-biles-606783

Remembranzas. Alejo Durán y su medalla olímpica en México 1968

Desde su nacimiento, los Juegos Olímpicos modernos han combinado deporte y cultura, para cumplir con la costumbre de la antigua Grecia, que rendía culto a los mejores atletas, pero también a diversas manifestaciones culturales, que eran convocadas en concursos premiados también con medallas.

La propia Carta Olímpica lo establece: “el COJO (Comité Organizador de Juegos Olímpicos), organizará un programa de manifestaciones culturales que deberá cubrir por lo menos todo el periodo de apertura de la Villa Olímpica; dicho programa será sometido a la aprobación de la Comisión Ejecutiva del COI”,

Alejo Durán.

La primera vez que Colombia participó en las competencias culturales fue en 1968, en Ciudad de México, en donde estuvo presente uno de los más auténticos del folclor vallenato, el primer Rey de la Leyenda Vallenata, Gilberto Alejandro Durán Díaz, Alejo Durán, en ese entonces una de las más preclaras figuras de estos aires originarios de Valledupar.

El juglar oriundo de El Paso, Magdalena, llegó a la final, en al cual se enfrentó con artistas de Alemania, Japón, República Dominicana, Perú, España, Italia, Inglaterra y México.

Acompañado por  José Tapias Fontalvo, guacharaquero, y Pablo López, cajero, Alejo Durán estremeció con sus sentidas notas, a los asistentes al Teatro Hidalgo, ubicado en el Centro Histórico de Ciudad de México.

Así narra ese momento definitivo, el diario El Meridiano, de Córdoba, en crónica publicada el pasado 8d e agosto: “Esa mezcolanza musical de indígenas (guacharaca), negros (caja) y europeos (acordeón), ese género musical declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, ese vallenato del alma magistralmente ejecutado por el más grande juglar de la música colombiana y sus compinches no tuvo contendores, ni el mismo Hércules hijo de Zeus y su fortaleza mitológica hubiese aguantado el ímpetu de esa sublime faena tan perfecta en armonía y letras de nuestros campesinos cantores, verdaderos poetas del alma y dueños de una filosofía del amor, de una filantropía de la vida, la naturaleza y el sentimiento hacia la mujer.

“El auditorio entró en delirio tan pronto Alejo pisó pitos, pisó bajos. Tan pronto Pablo López con la caja, y José Tapia con su trinche y Pastor Arrieta con más percusión se sumaron a la fantástica sinfonía llegada del Caribe colombiano”.

Alicia adorada, 039 y La pollera colorá, canciones que causaban furor en México, retumbaron en el magno escenario, donde Mario Moreno, Cantinflas, era uno de los jurados.

“Sin dudas ese «ideal olímpico» tan custodiado y defendido por el fundador oficial de estas justas deportivas el Barón Pierre de Coubertin, que consistía en una elevación de la mente y el alma que superara las diferencias entre naciones y culturas, abarcando la amistad, el sentido de solidaridad y el juego limpio, lo cual contribuiría en última instancia a un mundo mejor y en paz, quedaba bien representado con el alma pura y trasparente del gran Negro Alejo, el único competidor del Festival de la Leyenda Vallenata que se descalificó él mismo por amor a su música, a su pedazo de acordeón y a su pueblo amado.

“El principal cantor de las antiguas olimpiadas griegas, el poeta Píndaro, desde los cielos debió quedar complacido con la escogencia de Alejo y su conjunto como los bañados en oro y laureados en estas competencias artísticas y deportivas de México 68, la primera Medalla de Oro para Colombia”.

Invitado. Puños de esperanza

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Por José Consuegra
Rector Universidad Simón Bolívar, de Barranquilla. Columna publicada en el diario El Heraldo, el 16 de agosto de 2021.

La pelea que le ganaron los jueces en Tokio al colombiano Yuberjén Martínez, en el combate que le abría paso a la consecución de una nueva presea, significó un duro golpe a su anhelo de repetir su triunfal gesta de medalla de plata en los olímpicos de Río de Janeiro. Este raponazo también atropelló al boxeo nacional, deporte que ha logrado medallas en Olímpicos anteriores, con Alfonso Pérez, Clemente Rojas, Ingrid Valencia y Jorge Julio. con sendas preseas de bronce.

Según lo documentado por los historiadores, el pugilismo tuvo sus orígenes en África, hacia el año 6.000 a. C; desde entonces, los competidores usaban vendajes en los brazos a manera de guantes; luego fueron incluidos en los Juegos Olímpicos de la antigüedad, en Grecia. Su práctica se extendió por varios continentes, aunque sin las condiciones y métodos de la modernidad. En el siglo XVIII, el luchador inglés a puño limpio John Broughton definió las primeras técnicas y reglas del boxeo contemporáneo, por ello se le reconoce como “padre del boxeo moderno”.

En Colombia, los primeros registros de su práctica aparecen en el departamento de Bolívar y se extienden al resto del Caribe colombiano, de donde son oriundos la mayoría de los 44 boxeadores que han logrado titularse como campeones mundiales. Cómo no recordar a Bernardo Caraballo, Rodrigo Rocky Valdés, Antonio Cervantes Kid Pambelé, Fidel Bassa, Miguel Happy Lora y los hermanos Cardona, entre otras glorias del boxeo.

Además de los destacados resultados, a nivel amateur y profesional, la práctica de este deporte en el país se convirtió en un medio para remediar la miseria e injusticias sociales al representar para muchos niños y jóvenes la única puerta de escape de la pobreza a punta de golpes. La necesidad los motiva a abrirse camino recibiendo y dando trompadas, exponiendo la integridad física y hasta la vida. El principal objetivo es noquear la indigencia  y lograr la manutención de sus familias. La vida deportiva de Yuberjén no es la excepción de esta triste realidad. Él empeñaba sus esperanzas en Tokio, para mejorar sus condiciones socioeconómicas y comprarle una casa a su madre con sus fintas y puños.

Afortunadamente, el mal sabor que nos dejó a los colombianos el resultado injusto del combate de Yuberjén lo amainó la decisión llena de nobleza de nuestra muy querida triple medallista Mariana Pajón, al liderar una campaña para recolectar una cuantía de dinero que fuera equivalente al premio de 90 millones que dejó de recibir el pugilista al despojarlo de su triunfo ante el japonés Tanaka. La cuantía de la colecta se acerca a los 398 millones, muy superior al premio anhelado. Además, de la gratitud expresada vehementemente por Yuberjén, nos da una bella enseñanza de solidaridad al solicitar que dicha colecta se reparta con el resto de los boxeadores olímpicos que representaron a nuestro país.

Es de resaltar esta ejemplarizante lección de pundonor deportivo y solidaridad infinita que le dan Mariana y Yuberjén a la juventud colombiana. Loa a nuestros campeones.

Reconocimiento. Samacá rindió homenaje a su hijo olímpico

El pasado viernes 13 de agosto, el alcalde de Samacá, Boyacá, Luis Alberto Aponte Gómez, rindió homenaje a Jorge Perry Villate, samaquense quien, con su participación en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1932, se convirtió en el primer deportista en representar a Colombia en la principal competición del mundo deportivo.

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El mandatario de los samaquenses hizo entrega de la adecuada y renovada Villa Olímpica de Acerías Paz del Río, que se construyó en homenaje a este hijo ilustre de nuestro municipio, quien dicho sea de paso se llevó la condecoración con la medalla al mérito por parte del Comité Olímpico Internacional, para convertirse en el primer colombiano en conseguir una medalla olímpica de participación en unos Juegos Olímpicos.

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El acto inaugural de este escenario deportivo tuvo como invitado especial al sobrino del homenajeado, Alejandro Perry, quien durante muchos años se ha encargado de cuidar los recuerdos y de replicar la historia de su osado tío deportista.

El alcalde, durante su intervención, destacó la historia de este ilustre samaquense y agradeció la presencia de su familiar en el acto.

“Es motivo de orgullo para nosotros los samaquenses que la historia del deporte colombiano en la principal competición del mundo deportivo que reúne a más de doscientas naciones, se haya escrito por un hijo de esta amada tierra. Gracias Don Alejandro por su compañía y ser testigo de este homenaje que rendimos a su tío, paisano nuestro que escribió en páginas doradas la historia de Colombia en los Juegos Olímpicos” señaló el mandatario.

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Jorge Perry Villate, nacido en Samacá, Boyacá, primer atleta colombiano que participó en unos Juegos Olímpicos, los de Los Ángeles 1932.

Perry Villate fue el primer colombiano en participar en unos Juegos Olímpicos, en los realizados en Los Ángeles, Estados Unidos, en 1932, luego de ser invitado por la organización para representar a Colombia, que no tenía aún constituido su comité olímpico nacional. Después del retiro, Perry trabajó como profesor de educación física en el Gimnasio Moderno y en el Liceo Nacional de Zipaquirá, instituciones desde las cuales impulsó el atletismo. Además se le atribuye la organización, por primera vez en el país, de un juego de fútbol americano.

In Memoriam. Carlos Ardila Lulle: un símbolo nacional

Por Williams Viera

Periodista. Desde Estados Unidos

En el momento en que un personaje fallece, se da a conocer todo lo que hizo en vida. Por ejemplo, en el caso del ingeniero civil Carlos Ardila Lülle se publicó que fue un empresario e industrial colombiano. Que fue el fundador y el dueño de la Organización Ardila Lülle, un grupo empresarial que incluye a RCN Televisión, RCN Radio, Postobón, los ingenios Cauca y Providencia y el equipo Atlético Nacional.

Foto: Vanguardia.

Se dijo igualmente que en el 2020 su patrimonio era de 1.500 millones de dólares y que en el 2021 era la sexta persona más rica de Colombia. Que fue un ejemplo de compromiso con Colombia, de generación de empleo, aún en los momentos más difíciles y que fue un punto de referencia muy alto de amor a la Patria. Que fue vital con su apoyo al deporte colombiano a través de sus empresas. Que estuvo en una silla de rueda durante los últimos 30 años, debido a un accidente en una de sus fincas cuando bajaba por las escaleras de piedra que lo separaban de la piscina en la que, como era su costumbre, se metía para nadar porque “este tipo de ejercicio me relaja y me hace olvidar de los problemas que pueda tener en los negocios. En pocas palabras: quedo despierto y listo para las nuevas faenas del trabajo”, les decía a sus allegados.

Sin embargo, en aquel enero de 1988, se resbaló y rodó dos metros que le ocasionaron la fractura de varias costillas y la lesión más grave: la décima segunda vértebra cervical. Se dijo que nació en Bucaramanga el 4 de julio de 1930 y que falleció en Cali, en la madrugada del pasado viernes 13 de agosto de 2021.

Carlos Ardila Lulle, cuando tenía 10 años. Foto: Vanguardia.

Una tremenda impresión

Carlos Ardila Lülle fue hijo de Carlos Julio Ardila y Emma Lülle Llach; estudió su primaria en Zapatoca, Santander; a los 15 años concluyó sus estudios secundarios en el Colegio San Pedro Claver, de Bucaramanga, el cuál es dirigido por Jesuitas, y luego se trasladó de la ciudad de Bucaramanga a Medellín, en donde estudió en la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia.

“No me tengo que quejar de la vida que he tenido. Creo que he sido una persona especial. Empecé mi carrera haciendo pruebas de sabores para gaseosas. Lo mejor de mí es que nunca olvidé de dónde venía. Mis padres siempre me inculcaron que todos éramos iguales por más dinero que se tuviese”, dijo Ardila Lülle en una ocasión, en su casa, ubicada en Suba, Cundinamarca, y que causaba impresión a los invitados que ingresaban a ella.

En ese tipo de situaciones, Ardila Lülle se limitaba a sonreír enigmáticamente cuando se le hablaba de los niveles de la casa y del color de las paredes. Nadie, en esa oportunidad, le podía sacar una razón por los colores diversos de cada nivel. Si el teléfono era azul, las paredes eran del mismo color o ¿se trataba de un capricho estético?

Foto: Vanguardia.

Así era como anfitrión. Buen conversador, hablaba con fuerza y con seriedad como si estuviese de mal genio, pero en realidad era atento. No se le pasaba ningún detalle por más insignificante que pareciera.

“No lo puedo creer, don Ardila Lülle me saludó con mi nombre y me dio la mano. Me preguntó por mi esposa y mis hijos”, era la frase que más se escuchaba entre los empleados, escribámoslo así, de menor rango que tenía en las diferentes empresas de su propiedad.

Un visionario

Si tuvo buen ojo para los negocios, Carlos Ardila Lülle también se emocionaba con los deportes y no es raro que haya involucrado a sus empresas como patrocinadoras en el ciclismo, en el fútbol y en el Comité Olímpico Colombiano.

En 1980, los dirigentes de la Federación Colombiana de Ciclismo gestionaban en Francia que el equipo dirigido por Raúl Mesa e integrado por Antonio Londoño, Julio Rubiano, Rafael Acevedo, Alfonso Flórez, Fabio de J. Vargas, Rogelio Arango y Patrocinio Jiménez fuese invitado por ‘Amaury Sport Organisation’ para participar en el Tour del Porvenir.

“Se les invita siempre y cuando ustedes paguen sus viáticos y su estadía”, fue la respuesta de los organizadores a Mesa.

Entonces, el licenciado Héctor Urrego Caballero se encargó, según nos contaron para esta crónica, de hablar con Ardilla Lülle, quien sin dudar aceptó correr con los gastos.

El triunfo de Alfonso Flores Ortiz, su paisano, hizo emocionar hasta las lágrimas al empresario, quien no dejó de escuchar por RCN aquella competencia que se realizó, entre el 8 y el 21 de septiembre de 1980, en Francia, sobre una distancia de 1.677 kilómetros.

“La victoria de Flórez fue increíble al ganarle al mejor corredor aficionado del momento como es el ruso Sergueï Soukoroutchenkov. Mi emoción fue muy grande”, le dijo Ardila Lülle a Jairo Chávez Ávila, comentarista de ciclismo en RCN, quien lo contaría tiempo después.

Reventando de felicidad por el éxito alcanzado, el empresario e industrial se acercó tanto al fútbol profesional como al aficionado y los productos de sus empresas aparecieron en las camisetas de los equipos y de las selecciones departamentales que participaban en torneos nacionales.

Equipo Castalia, de Postobón, que ganó con Alfonso Flórez Ortiz (q.e.p.d.) en 1980 el título del Tour del Avenir, que abrió la senda del ciclismo colombiano en el mundo profesional.

Allí estamos

Ya escribimos que Ardilla Lülle era un excelente anfitrión. Y lo demostró el día que invitó, a su casa, en Suba, a Ricardo Alarcón Gaviria, a Hernán Peláez Restrepo y a Óscar Munévar Forero para felicitarlos por la obtención del premio a la mejor transmisión radial del año con motivo del Mundial-1986 que se realizó desde México.

“Ustedes hicieron un gran trabajo y así lo reconoció mi organización al entregarles el Premio de Periodismo Deportivo a Caracol que es extensivo a su personal”, les dijo Ardila Lülle en aquella noche de noviembre de 1986.

Después de aquellas palabras, los hombres de la radio contaron anécdotas de ese certamen que ganó Argentina al tener un jugador como Diego Maradona y luego se acomodaron, al frente de la mesa, y disfrutaron de una suculenta y variada cena, mientras se reían de algún disparate.

Una historia extraña

En la misma casa y en Suba, Carlos Ardila Lülle, el hombre que en su niñez disfrutaba de los cuentos que su progenitora, Emma Lülle Llach, le leía, allá en Zapatoca, Santander, en ocasiones recordaba aquellas lecturas que decían: “Las leyendas de los antiguos sean una lección para los modernos, a fin de que el hombre aprenda de los sucesos que ocurren a otros. Entonces respetará y comparará con atención las palabras de los pueblos pasados y lo que a él le ocurra, y se reprimirá. Por esto ¡gloria a quien guarda los relatos de los primeros como lección dedicada a los últimos”. Y sonreía.

En esas estaba cuando el periodista bogotano Jorge Álvaro Peña, conocido como El Fiscal, se le acercó en una de esas reuniones que realizaba el empresario e industrial colombiano.

“Don Ardilla Lülle, ¿cómo va la salud?”.

“Bien, sin problemas. Siempre lo escucho y usted sigue con el fútbol aficionado. Y por eso le voy a contar una historia…”.

‘El Fiscal’ le agradeció con una sonrisa comercial sin apartarle la mirada a su interlocutor.

María Eugenia Gaviria y Carlos Ardila Lülle compartieron una vida y tuvieron cuatro hijos.

“Mi mejor producto es Manzana Postobón y se lo debo a un señor de edad avanzada llamado Gregorio. Él me hizo millonario y yo a él. Un día se apareció en la oficina de la embotelladora y me dijo que le comprara unos bultos para que hiciera un nuevo producto. Lo hicimos, le encargamos toda la producción hasta que tuvimos que buscar, en otra parte, lo que él nos vendía”, le contó Ardila Lülle a El Fiscal.

También lloran…

El día que las emisoras de RCN dejaron el Palacete de Versalles, en Cali, y se instalaron en la calle 30 con carrera 8ª, aquello fue todo un acontecimiento social.

La edificación en la que el grupo de emisoras empezaba a funcionar tenía su historia y así lo demostró Ardila Lülle.

La anécdota la dio a conocer Jairo Chávez Ávila:

“Aquella tarde de inauguración, al doctor Ardila Lülle le brotaron las lágrimas. Él sentía nostalgia porque en ese sitio se había iniciado la fabricación de uno de los productos bandera de la organización como es Manzana Postobón. Entonces, alguien le preguntó si se sentía bien y si necesitaba algo y él respondió: ‘los millonarios y los hombres lloramos, pero no importa. Lo único que necesito es un pañuelo’…”.

Digamos en este final que el empresario e industrial colombiano se le recordará por siempre. Él se destacó por ser un hombre organizado, disciplinado y una gran persona. Solía involucrarse con sus empleados y supervisaba las labores de todas sus compañías.

Estaba casado con María Eugenia Gaviria, con quien tuvo cuatro hijos: María Eugenia, María Emma, Antonio José y Carlos Julio.

Paz en la tumba de Carlos Ardila Lülle, un símbolo nacional. Fortaleza a su familia, a sus amigos y allegados.

En el más allá, en el momento de encontrarse con alguno de sus empleados, estamos seguros, le extenderá la mano, como era su costumbre, y le preguntará, sin duda, cómo se encuentra en ese otro mundo del que se desconoce todo…