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Recuerdos. La derrota anticipada en El Campín

Recuerdos. La derrota anticipada en El Campín

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A los 21 años de edad, Bernardo Caraballo recibe la oportunidad de pelear por el título mundial del peso gallo, ante el brasileño Eder Jofre, en el estadio El Campín de Bogotá, combate que pasó a la historia de Colombia por ser el primero, por los sucesos previos y posteriores al pesaje, y por su desenlace.

Cartel del combate por el título mundial gallo, entre Bernardo Caraballo y Eder Jofre. Primer Tiempo.

Por Alberto Galvis Ramírez

Director de la Revista Olímpica y Secretario de la Academia Olímpica Colombiana.

Pocos colombianos creían en una derrota del morocho cartagenero Bernardo Caraballo, en ese combate por el título mundial gallo con el brasileño Eder Jofre, programado en el estadio El Campín, de Bogotá, el 27 de noviembre de 1964. El enorme carisma del ex lustrabotas que se había convertido en una estrella del deporte colombiano de los años sesenta; la ansiedad nacional generada por la conquista del primer título mundial de boxeo, y las enormes condiciones de Caraballo, considerado el mejor pegador de esa división en el mundo, eran poderosos argumentos para creer en la victoria. El país se olvidó de todo, y en la semana anterior al combate, el único tema de interés era la pelea y los pronósticos que se hacían sobre las posibilidades del colombiano.

«Caraballo nació para campeón», escribía días antes del combate, Melanio Porto Ariza, Meporto: «Una feria de opiniones eleva el voltaje de las pasiones, antes de la reunión boxística del 27 en El Campín, en la que Colombia se convierte en el centro de la atención mundial, porque en esta ciudad capital, conocida por sus poetas y escritores, dos hombres se darán de golpes, mas humanitariamente que en los tiempos de Calígula, por lograr el campeonato del mundo.

«Eder Jofre, un joven brasileño que es el boxeador por antonomasia, quiere retener ese filón productor de un millón de pesos al año, y Bernardo Caraballo, un hijo de la miseria, busca la coronación de un largo sueño colombiano, y que sean para él esos 100.000 dólares que ahora gana el carioca por año. Aunque sea verdad, a Bernardo lo que le interesa es demostrarles a sus compañeros de cuadra, en San Diego o Getsemaní, en Chambacú o Esperanza (barrios populosos de Cartagena), que él nació para campeón.

«Pero ¿cómo dar opiniones más o menos justas, si Jofre siempre ha peleado en un mundo ajeno al nuestro… Brasil, México o Japón; mientras Bernardo se ha enfrentado a los de esa otra parcela mundial, Estados Unidos, Panamá, Centroamérica, Venezuela y Tailandia?» (1).

Tanto Caraballo como Jofre llegaron invictos a dicho combate. El colombiano, con 43 peleas disputadas; 22 ganadas por nocaut; 20, por decisión y una empatada, y el brasileño, con 48 celebradas; 35 ganadas por K.O.; 10, por decisión, y las restantes tres empatadas.

Foto: El Tiempo.

Fue tal la importancia de la pelea de Caraballo, que hasta las brujas intercedieron por él en Cartagena:

«En ciertos rincones de determinados barrios populosos de Cartagena se prendieron espermas y se colocaron osamentas humanas alrededor de retratos gigantes de Eder Jofre, los cuales fueron cubiertos de alfileres. El azufre, el incienso y el azul de bolita, jugaron papel importante para nuestras brujas. También se quemaron cuernos de res para haber dado mayor fuerza a la tendencia extremista»(14).

Miles de personas sufrieron las tensiones provocadas por el combate, que fue televisado en directo, y se emocionaron con los movimientos y los golpes del aspirante colombiano, con la esperanza de que el final fuera favorable para él. 

Sin embargo, en el séptimo asalto, a los dos minutos y 50 segundos, Jofre envió a la lona a Caraballo, quien, de manera extraña, permaneció acurrucado a la espera de que terminara el conteo.

Muchas fueron las críticas lanzadas contra el boxeador cartagenero, a quien se le tildó de cobarde por no haber querido levantarse para seguir el combate.

Pasaron algunos años antes de que se conociera una triste verdad: la pelea fue una completa farsa, porque ya la había ganado por anticipado Jofre, pues Caraballo no dio el peso reglamentario en la báscula.

«Vamos en esta obra a hacer una revelación que se ha mantenido en secreto durante 21 años. El match entre el colombiano Bernardo Caraballo y el brasileño Eder Jofre, llevado a cabo en Bogotá, el 27 de noviembre de 1964, no se cumplió en disputa del título mundial de los gallos, que poseía el carioca. El nuestro rebasó en la báscula las 118 libras, y no hubo forma de que diera ese peso en las horas reglamentarias que tuvo para rebajar, muy a pesar de todos los actos forzados a que fue sometido por su apoderado y entrenador, el cubano Sócrates Cruz. Este no controló los alimentos y el peso de su pupilo. Caraballo fue llevado al sacrificio, al más cruel de los holocaustos. Se le hizo trotar por las calles de Bogotá, con un grueso buzo de lana; subir la alta colina de Monserrate, con la misma vestimenta; darse un ardiente baño turco, y, finalmente, ingerir pastillas para deshidratar. Nada de ello sirvió. Bernardo no dio las 118 libras.

«Ante el hecho anterior, se firmó un documento por medio del cual se dejaba establecido que si el colombiano ganaba el combate, no obtenía el título, por haberlo perdido en la báscula; si el brasileño era el vencedor, el documento firmado sería desgarrado, y aquí no ha pasado nada. En el apartamento de George Parnaussus, del Hotel Tequendama, actuando como testigos Ramón G. Velásquez y Abraham Katzenelson, se firmó el documento entre Aristides Jofre -padre de Eder- y Sócrates Cruz» (3).

(1) Melanio Porto Ariza, El Espectador, 25 de noviembre de 1964.

(2) y (3) Ignacio Amador de la Peña, en su libro Luces sobre el ring.

Video de la pelea, publicado por Primer Tiempo:

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