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Orígenes. La naturaleza pacificadora del Olimpismo clásico (I)

Orígenes. La naturaleza pacificadora del Olimpismo clásico (I)

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El Olimpismo creado por los griegos centró su accionar en la capacitación física, con el cultivo del carácter, con el ánimo de obtener resultados, en los cuales el rendimiento era una herramienta para alcanzar la inmortalidad, por la inspiración de mantener la existencia en los recuerdos, tanto de los seres cercanos, como de la historia misma.  

Autor principal: Luis Rafael Hutchison Salazar

Doctorando en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte – Universidad de los Andes de Mérida; Magíster en Actividad Física y Salud – Universidad del Rosario; Especialista en Procesos Pedagógicos del Entrenamiento Deportivo – Universidad de Cundinamarca; Licenciado en Ed. Con énf. Educación Física, Recreación y Deporte – Universidad de Cundinamarca.

Código O.R.C.I.D (Connecting Research and Researchers): https://orcid.org/0000-0001-5836-5916

Ilustración: Tentulogo.

Co autor: José Rafael Prado Pérez

Doctor en Educación Mención Currículo – Universidad Interamericana de Educación a Distancia de Panamá; Máster en Ciencias de la Educación Especial – Instituto Pedagógico “Enrique José Varona” La Habana Cuba; Licenciado en Educación Mención Educación Física – Universidad de los Andes de Mérida.

Código O.R.C.I.D (Connecting Research and Researchers) ID: 0000-0003-2236-510X

¡Si alguien me pidiera la receta para olimpizarse le diría: 

la primera condición es estar alegre… 

(Maximiano Trapero. 1979)

Palabras clave: olímpismo, deporte, movimiento olímpico

Introducción

La palabra olímpismo usualmente genera confusión y controversia, por las diferentes nociones a las que se asemeja, que propician, inclusive posibles equivocaciones semánticas. Desde un punto de vista sociológico del deporte se relacionan con los Juegos Olímpicos que se realizan cada cuatro (4) años, en una ciudad seleccionada, y como término propio es asemejado a las olimpiadas.

Sin embargo, el mismo Pierre de Coubertin propuso desde el año 1919 que esa asociación es histórica y gramaticalmente una equivocación, porque las olimpiadas son un intervalo de tiempo en el calendario, y, por tanto, los Juegos Olímpicos como tal son la apertura de esa agenda (Durántez, 2009); pero, aun así, infortunadamente todavía se utilizan como sinónimos.

Por eso se consideró necesario centrar el presente artículo de opinión en desarrollar un recorrido filosófico del olímpismo, tanto clásico como moderno, que permita una sensibilización y acercamiento frente a sus consideraciones, sin generar una inquina entre los clásicos y lo modernos o un conflicto de intereses.

En primera medida, el olímpismo es considerado como una doctrina integral que fraterniza la relación cuerpo-espíritu (García et al. 2015), con la euritmia, que da como resultado todas aquellas acciones que se realizan por el movimiento humano, y que enaltecen la belleza y la armonía, expresan la emotividad, la comunicación y el respeto por los principios éticos universales, de lo bueno, lo bello y lo justo, vistas como virtudes humanas, que deben entenderse en el contexto del deporte y la actividad física, como nobles aspiraciones, que se materializan a través de tener un cuerpo sano y una mente equilibrada. 

En desarrollo de lo anterior, la propia Carta Olímpica, desde 1908 en su primera publicación hasta la fecha ha reflexionado sobre el olímpismo, como una de las formas mediante las cuales puede cultivarse una suerte de filosofía para la vida, que exalta al cuerpo y sus cualidades. Entre ellas se destacan, su dinamismo, y la satisfacción -traducible en la mayoría de las veces como alegría- fruto del esfuerzo humano, y que, a su vez, permite que un escenario simbólico (las justas olímpicas) se batan y enfrenten los representantes de todas las naciones, con lo que se busca demostrar que la confrontación es inevitable, pero que se puede dar en un escenario de paz[1], que utiliza al deporte, como catalizador de principios democráticos, culturales, integradores, entre otros en la formación de una sociedad más armónica.

De esta manera, el deporte en sus diferentes manifestaciones[2] (iniciación, formación, especialización y competencia-espectáculo, o, por el contrario amateur, para todos) constituye una de las principales líneas transmisoras de esta visión, que entendemos afín a las filosofías útiles para la vida (que eventualmente puede leerse como una cierta filosofía del olímpismo, aún no con lo problemático que puede resultar la expresión dentro del canon ortodoxo de la reflexión filosófica), que centra su trabajo por y para la vida, porque precisamente se opone a toda utilización nociva, tanto para los atletas como para las personas en general, que constituyan vulneraciones contra la salud y otros derechos fundamentales.  

Como consecuencia de lo enunciado, el mismo Movimiento Olímpico ha propuesto tres valores esenciales que se articulan a esa visión filosófica de la vida, que emerge del Olímpismo tales como: la excelencia, la amistad y el respeto (ibíd. 2015), porque tienen un impacto positivo en la disciplina que constituye al sujeto deportista como individuo, como miembro de un equipo y como agente social.   

Con estas consideraciones previas, manifestamos que, aunque la categoría de “filosofía del olimpismo” aún está en construcción, puede ser de gran utilidad epistémica e investigativa proponer una mirada, que se acerque a este campo desde esta orilla del pensamiento. Por eso, con este escrito se pretende que no solamente los profesionales de las ciencias del deporte y de la educación física, los atletas, o cualquier persona en general, continúen indagando sobre el olímpismo clásico o el denominado olímpismo moderno, creado por el barón Pierre de Coubertin.

Protágoras de Abdera.

Recorrido filosófico del olímpismo

Olímpismo clásico

Indudablemente, el olímpismo es asumido como una filosofía de vida que ha centrado su estudio en el amor a la sabiduría, y que en la escuela de la Grecia clásica fue promovida en principio por los sofistas; en donde sophós y sophía hacían referencia al hombre sabio o a aquel que sabe. Es decir, que para llegar a la sabiduría se necesitaba de quien pudiera enseñarla. Uno de los principales influenciadores fue Protágoras de Abdera (485-410), como posible creador del humanismo, que señaló que “el hombre es la medida de todas las cosas” (Vial, 1983)

No obstante, Sócrates (470-439) y Platón (427-347) paralelamente criticaron al sofismo, porque manifestaron que la sabiduría como virtud y/o verdad no se alcanzaba por medio de la enseñanza, sino que por el contrario se formaba de manera paulatina y a nivel personal. Lo anterior, porque se creía que el ser humano no sería capaz de conocer una verdad única y válida para todos, teniendo presente que cada persona tiene “su” verdad. Por eso la sabiduría se logra con el tiempo. 

Otras corrientes como la propuesta por Pitágoras de Samos (570-497) creador de las teorías de los números como esencia de las cosas (Gorroño, M. 2015). Cuando el tirano Leonte de Fiunte (Phlioús) lo abordó para preguntarle sobre la filosofía como sabiduría, el mismo Pitágoras brindó una explicación (ya asemejada propiamente al olímpismo) de la siguiente manera:

 “La vida de los hombres parece semejante a una aglomeración como las que se reúne en la convocatoria de los mayores juegos y con la asistencia de toda Grecia. Pues allí los unos acuden, con sus cuerpos bien entrenados, para conquistar la gloria y el honor de la corona… otros se congregan para vender y comprar con afán de lucro… y hay otra clase de individuos que no van ni por el aplauso ni la ganancia, sino que se presentan para tan solo mirar lo que allí se hacía, llamándose amantes de la sabiduría, es decir los filósofos, porque en la vida la contemplación y el conocimiento, superan en mucho a otros afanes…” (Gual, C. 1992).

Por eso, uno de los objetivos de esta época era conseguir el equilibrio y la perfección en el trance agonal utilizando las destrezas del cuerpo, para lograr los máximos niveles en las competiciones celebradas en honor al dios Jano o Agonio, y tiene como fin obtener la areté=excelencia o la aristós=mejor, como máxime social del mundo homérico, en ser siempre el primero y en destacarse ante los otros.

De esta manera, el olimpismo clásico centró su accionar en la capacitación física con el cultivo del carácter, con el ánimo de obtener resultados, en los cuales el rendimiento era una herramienta para alcanzar la inmortalidad, por la inspiración de mantener la existencia en los recuerdos, tanto de los seres cercanos, como de la historia misma.   

Ese idealismo homérico anteriormente descrito dio paso al clasicismo, con una nueva noción de perfección del cuerpo y espíritu mediante la Ralocagathia, como ideal de la conducta personal, provenientes del Ralós=bello o belleza y el agathós=bueno, que logrará una formación espiritual consciente fundada en “una concepción o visión de conjunto del hombre” (Jaeger,1990).

La belleza física (Ralós) se formaba en el gimnasio con las disciplinas gladiatorias para disputarse en el momento de los juegos panhelénicos; en cambio, el espíritu, la sabiduría y el intelecto (referido al agathós) eran promovidos por el canto, la retórica, la escritura, la música, la danza, el arte, la poesía, entre otros, en esa búsqueda de perfección, que era cultivada por los filósofos teoréticos. 

Conviene subrayar que Pierre de Coubertin manifestó que, en el mismo tiempo espléndido de Olimpia, el deporte- las letras y las artes aseguraban la magnanimidad de los propios Juegos Olímpicos clásicos, porque esa educación atlética de la moral y del cuerpo no formaba solamente los músculos, sino también el carácter y la voluntad; en definitiva “producía hombres armónicos” (Durántez, 2009).

Finalmente, el olímpismo de la época clásica tuvo una naturaleza pacificadora. Los juegos panhelénicos tenían alteraciones por la guerra que de manera constante arremetían contra el Peloponeso[3] o Morea y que a causa de esta particularidad, aproximadamente en el año 884 a. de C. el rey Cleóstenes, el legislador Licurgo y el arquero Ifito, en nombre de los territorios limítrofes de Pisa, Esparta y Elida, fijaron el acuerdo o tregua sagrada=Ekecheiria, pregonada o publicada por los Espondóforos o mediadores de paz (como eran conocidos), con el aviso sublime de que los juegos iniciaban; y de manera simultánea todas las acciones producidas por la fuerza armada militar quedaban prohibidas y vetadas proponiendo festivas contiendas de paz. Inclusive, los viajeros junto a los atletas ostentaban inmunidad tanto en la estadía como en los recorridos a sus lugares, en una atmosfera pacifica del territorio de Hélade de la dominación homérica (García et al. 2015), es decir, se tenía una planificación para estos eventos.

La tregua de Ekecheiria generó un hábito de paz duradera y estable, que fue afectado en pocas situaciones de manera insignificante, en comparación con el tiempo histórico y social de duración del antiguo olímpismo, que duró alrededor de 1168 años, y tuvo como pilar el respeto mutuo por el otro (Paleólogos, 1964). 

Por otra parte, en la estructura política, social y democrática del antiguo mundo griego, el deporte, y como tal la gimnasia, restringía los derechos civiles para que esta práctica fuera realizada por toda la población. Esta cuestión era tan rigurosa, que los mismos atletas debían comprobar que eran ciudadanos de Grecia y ostentar la calidad de ser hombres libres para poder participar de los juegos.

En efecto, la ganancia obtenida para que el deporte sea un eje de igualdad y democracia fue un logro naciente del siglo XIX y que el barón Coubertin lo retomaría con el denominado olímpismo moderno, que será descrito a en nuestra siguiente Revista Olímpica.

Próxima edición: el Olimpismo moderno.

Referencias

Boulongne, P. (1989). Pierre de Coubertin, Humanisme et pédagogie. Dix leçons sur l’olympisme, Documents du Musée du CIO, Lausanne. 

Coubertin, P. (1920). Les femmes aux jeux olumpiques. R.O. julliet, pág 109-111.

…(1912). La victoria del olímpismoRevue Sportive Ilustrée. Belgique, julio de 1920 en Ideario Olímpico. 

Durántez, C. (2009). El movimiento olímpico moderno y su filosofía. Universidad Camilo José Cela. Ed. El Ideario. Academia Olímpica Española 

García, J. Morote, J. y Pato, A. (2015). Antecedentes de los valores olímpicos en la Grecia Clásica y su proyección en el olimpismo modernoBackground of the olympic values in Classical Greece and screening in modern olympics. Materiales para la Historia del Deporte, 297-309.

Gorroño, M. (2015). Conrado Durántez Corral: La Academia Olímpica Española y el olimpismo= Conrado Durántez Corral: the Spanish Olympic Academy and olympism. Materiales para la Historia del Deporte, 158-181.

Gual, C. (1992). Los que iban a mirar. Revista de Occidente, (134), 5-20. ISSN 0034-8635

Jaeger, W. (1990). Paideia, los ideales de la cultura griega, Fondo de Cultura Económica, México-Madrid, pp. 263-264.

Guiyama-Massogo, C. (2018). Lugar y función de los atletas olímpicos en la filosofía del barón Pierre de Coubertin. Citius, altius, fortius: humanismo, sociedad y deporte: investigaciones y ensayos, 11(2), 1-8.

…(2015). Sport, santé et développement en République Centrafricaine, Annales de l’Université de Bangui, série A, 11(2), Décembre.

Paleólogos, C. (1964). L´Institution de la trêve dans les jeux olympiques. A.O.I. pág. 62. 

Trapero, M. (1979). El campo semántico “deporte”. Santa Cruz de Tenerife. Canarias ISBN 8472314685

Vial, C. (1983). Léxico de antigüedades griegas. Versión castellana de Maurio Armiño, Madrid, pág. 197-198. 

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