Luego de casi dos décadas de vida deportiva, y a sus 28 años de edad, Estefanía Álvarez Piedrahita anuncia su retiro de la natación artística. Lo hace con el deber cumplido de ser, junto con Mónica Saraí Arango Estrada, las primeras en su modalidad y del país acuático en llegar al olimpo de los juegos. Igualmente, se despide exorcizando su timidez, realizando duelos y dejando un legado acuático a ritmo del mapalé, la salsa o de “histerias”.

Por Roosevelt Castro B.
Periodista ACORD Colombia y AIPS.
Estefanía Álvarez nace en Medellín, Colombia, el 25 de agosto de 1994, en el hogar conformado por Andrea, ejecutiva de cuentas de Bancolombia, y Gabriel, comerciante.
Su niñez y preadolescencia transcurren en el Barrio Belén. “Estudié en la Rosalía Suárez y luego pasé al Colegio San Rafael, en donde me gradué como bachiller. En la Escuela empecé las clases de natación, en el Centro Vacacional de Bancolombia, en donde me vieron capacidades y me aconsejaron que siguiera el proceso en la Liga, y así lo hicimos”, evoca la segunda hija entre tres hermanos de la familia Álvarez Piedrahita.
Es el año 2002, cuando la pequeña niña llega al Complejo Acuático César Zapata. “Al principio lo hice recreacional. Luego, dos veces iba al Complejo. Después, tres y hasta 4 veces”, recuerda la estadística de la Universidad Nacional y estudiante de Gerencia de Proyectos de EAFIT.

En sincronía con sus sueños
Su talento y habilidad en el agua no pasan inadvertidos para la gente del Centro de Iniciación y Formación al Alto Rendimiento, CIFAR, programa cazatalentos de la Liga Antioqueña de Natación.
Es la cubana Celia Torrado, coordinadora del programa, la que ve en Estefanía ese diamante en bruto para el nado sincronizado.
“Me hicieron unas pruebas en el CIFAR y me quedé en esta bonita modalidad, que me permitió llegar al Club Estrellas, en el cual tuve a Sandra Villegas como mi primera entrenadora”, rememora la nadadora artística paisa, amante del reguetón, el rock y la comida vegana.
Su carrera deportiva va en ascenso. Para el 2005 es convocada a la selección Antioquia infantil. Es Diana Cristina Roldán la que evalúa y hace el llamado de las pequeñas sirenas sincronizadas, para defender los colores blanco y verde del departamento.
“Recuerdo que una a una fuimos llamadas por Diana Cristina, y para sorpresa mía quedé en el listado final”, expresa Estefanía, con un dejo de nostalgia. Igualmente, una mezcla de sentimientos encontrados tuvo la sincronizada paisa en su primera convocatoria. “Me alegré mucho, a pesar de ser la última en ser llamada, pero lastimosamente no pude ir al Nacional, pues tres días antes de viajar me dio apendicitis. Lo bueno de todo fue que el equipo ganó la de oro y lo celebré mucho, pues era mi primera medalla con las selecciones Antioquia”, comenta la hermana amorosa de Santiago y Miguel.
Para el 2006 vuelve a la selección. El Interligas ve desfilar su talento en las pruebas de solo, dúo y equipo. “Mi primera compañera duetista fue Natalia Arango, con la que hicimos un buen papel, ante rivales tan grandes como las vallecaucanas”, comenta la también practicante de porrismo en su colegio.

Danza sobre el agua, con la tricolor…y con el dolor
El 2009, y a sus 15 años, le trae noticias halagüeñas y tristes: llega a la selección Colombia, y un año después ve cómo sus padres se separan.
Hace dúo con Daniela Giraldo y con Juliana Arbeláez, en defensa de los colores paisas de la danza sobre el agua.
Asiste a suramericanos con el equipo de la tricolor. Son años de aprendizaje y mucha disciplina.
Tres años después, y en el 2012, balbucea sus primeras palabras acuáticas en las palabras de un dúo, que quiere clasificar a unos Juegos Olímpicos. La vallecaucana Jennifer Cerquera es su pareja.
“Ese año me llaman para hacer parte de la selección Colombia, en la prueba de dúos, con Jennifer. Con ella participo en los clasificatorios a los Juegos Olímpicos de Londres, pero no logramos obtener el tiquete”, asevera la sirena sincronizada paisa y habitante del barrio Calasanz de Medellín, a donde recala toda su familia, luego de la separación de sus padres.
La separación fue un “mazazo” fuerte para la familia Álvarez Piedrahita, que a Estefanía lleva a aislarse un poco, para encontrar un refugio haciendo florecer las aguas con sus danzas llenas de talento, en las piletas colombianas y del orbe acuático sincronizado.

Surgen el dúo olímpico y su sueño
Siendo suplente de dueto Saraí Arango-Laura Márquez, ve cómo Antioquia se cuelga el oro en los Juegos Nacionales de 2012, dirigida por Paula García Pizarro. Cali es el epicentro de la natación artística de Colombia y las piletas panamericanas son ese testigo mudo de la hazaña sincronizada paisa.
“Allí surgió la necesidad de que un dúo de la misma región fuera el representante de Colombia en el ciclo olímpico. El presidente de la Liga de Natación de Antioquia Rafael Cuartas tuvo esa brillante idea y lideró el proyecto, que fue apoyado por el Óscar Vásquez cuando asumió el mandato del Comité Ejecutivo de la Liga en el 2013. Así fue como Saraí y yo empezamos en ese proceso, soñando con llegar por primera vez a unos Juegos Olímpicos”, afirma Estefanía, con una tímida sonrisa.
Al principio parecía una misión imposible, pues los temperamentos de Saraí y Estefanía son diametralmente opuestos. Es que a pesar de que sus movimientos son idénticos en el agua, fuera de ella tienen personalidades distintas.
¿La dicharachera, explosiva y alegre Mónica Sarai hará pareja con la tímida e introvertida Estefanía? Se preguntaban los amantes del nado sincronizado antioqueño. Las respuestas eran desoladoras: “Ese dueto no prosperará”, “será complicado con esos temperamentos tan diferentes”, “no creo que duren mucho”, eran algunas voces de desaliento que escuchaban Paula Andrea García Pizarro, entrenadora de las selecciones Antioquia, y Sylvia Mendizábal, una asesora española que contrató la Liga de Natación para ayudar a cumplir el cometido.
La primera prueba de fuego que afrontaron fue el Campeonato Nacional Interligas del 2013, realizado en Medellín. Eran los últimos días del mes de mayo, cuando la Liga de Natación fue la anfitriona del certamen deportivo. Las miradas estaban en el dúo antioqueño, en un deporte de apreciación y subjetivo, que es sinónimo de arte, belleza, danza y precisión.
La exhibición en el agua requiere la precisión en el manejo del tiempo, fuerza, flexibilidad, balance y coordinación en sus movimientos, mientras que los jueces puntúan dos rutinas (la técnica y la libre), basados en normas de ejecución, impresión artística y dificultad.
Para sorpresa de muchos, el dúo Sarai-Estefanía se cuelga el oro en las rutinas libre y técnica. Así nace esta yunta sincronizada, que empieza a mostrar sus bondades en la danza acuática.

Podios en la senda olímpica
Para mediados de junio de 2013 tienen su primera cita internacional. Mountroux, Suiza, las ve danzar en sus piletas y colgarse el bronce. La alegría de los amantes de esta modalidad acuática es inmensa, en una disciplina deportiva que empezó a surgir en La Capital de la Montaña a mediados de los años sesenta, de la mano de Beatriz Helena Correa y su Ballet Acuático de Medellín.
De igual forma, ambas se colgaron medalla de oro en los Juegos Bolivarianos de Lima 2013, bronce en los Juegos Suramericanos de Santiago 2014 y plata en los Juegos Centroamericanos Veracruz 2014. Además, en 2015 finalizaron quintas en el Open de Francia y terceras en el de Alemania.
Es el Open de California, en el 2014, el que les da el pasaporte definitivo, para que este par de sirenas sincronizadas paisas se quede definitivamente representando los colores amarillo, azul y rojo del país en la senda olímpica a Rio de Janeiro 2016.
La flexibilidad y la fuerza en brazos de Estefanía, unidas a la solidez en piernas de Mónica Saraí, su coequipera, e igualmente, la paciencia y el conocimiento de Paula García Pizarro, asesorada por la española Marga Crespi, logran lo impensado: convertirse en las primeras danzarinas del agua colombianas en clasificar a unos Juegos Olímpicos. En Río 2016 representaron nuestra cultura con el mapalé, el currulao, la cumbia y ritmos afro-caribes.
Para el 2018 contribuye con la creación y fundación del Club Aqua Swing. “El club es una manera de contribuir al recambio y al desarrollo de nuestro deporte” manifiesta la paisa, quien labora en el Observatorio del Deporte de Indeportes Antioquia.

Cinco años después, lograron de nuevo el tiquete. Tokio, Japón, vio de nuevo al dúo colombiano, conformado por Estefanía Álvarez Piedrahita y Mónica Saraí Arango Estrada, llegar a la máxima justa polideportiva del planeta.
Al ritmo de salsa danzaron las sirenas sincronizadas, para convertirse en ese referente que necesitaba las nuevas generaciones de la natación artística colombiana. Fue el baile de despedida de Estefanía.
“Desde antes de ir a los clasificatorias hacia Tokio le decía a todo el grupo interdisciplinario que este sería mi último ciclo olímpico y que me retiraría, por ello no hubo tanto trauma en ello”, dice Estefanía, con una seguridad en sus palabras producto de exorcizar su timidez y elaborar duelos personales.
“A la natación artística le debo todo y por ello quiero regresar a enseñar y devolverles lo que en casi dos décadas me dio este deporte”, concluye la mujer berraca, inteligente y ambiciosa, como ella se autodefine.
Así, la danza sobre el agua del país despide a Estefanía, al son del mapalé, de la salsa o de las histerias que canta Def Leppard diciéndole: “¡Gracias!”