Símbolos Culturales. El sombrero vueltiao llega a los Olímpicos

El sombrero vueltiao, uno de los símbolos culturales de Colombia se empezó a utilizar en las delegaciones nacionales a los certámenes múltiples, durante los Juegos Olímpicos Sidney 2000.
La decisión fue tomada por el Comité Ejecutivo del COC, que acogió una propuesta de Hélder Navarro Carriazo, jefe de Disciplina de esa delegación, inspirado en el campeón mundial gallo, el monteriano Miguel Happy Lora, quien lo empezó a lucir, desde 1985, en los momentos previos y posteriores a cada uno de sus combates. La propuesta obedeció a las críticas que se le habían formulado a la delegación nacional que participó en los anteriores Juegos, los de Atlanta 1996, por la indumentaria lucida durante la inauguración. 

El COC le encomendó a Ciro Solano Hurtado, en ese entonces presidente de la Federación Colombiana de Atletismo, de origen Caribe, como Navarro, conseguir los sombreros, que fueron fabricados por Medardo de Jesús Peña, artesano del cabildo indígena de Tuchín, Córdoba, quien desde entonces fue el fabricante de los sombreros de las  delegaciones de Colombia a los diferentes juegos del ciclo olímpico. 

El sombrero formó parte de una indumentaria más elegante que las anteriores, y llamó la atención de los asistentes a la ceremonia de inauguración, en Sidney, quienes aplaudieron de manera espontánea al equipo nacional, especialmente cuando cada integrante de la delegación levantó el sombrero para saludar al público. A partir de entonces, todas las delegaciones colombianas en los Juegos del Ciclo Olímpico, convirtieron el sombrero vueltiao en uno de sus símbolos más apreciados por la comunidad deportiva internacional.

Preparación. La importancia del entrenamiento funcional, en la cuarentena

Lic. Edgar Raúl Acosta
Lic. Educación Física U. Pedagógica Nacional, Mg. Intervención Integral en el Deportista U. Autónoma de Manizales, Esp. Ejercicio Físico para la Salud U. Rosario. Esp. Bio-metodología del Entrenamiento Deportivo U.D.C.A. Docente departamento de Educación Física Universidad Libre de Colombia. [email protected].

En esta época de cuarentena cobra especial importancia el entrenamiento funcional, que es aquel que permite ejercitar el cuerpo con gestos técnicos, en espacios reducidos y diferentes a aquellos en los cuales se desarrolla el entrenamiento deportivo.

El complejo ejercicio del entrenamiento deportivo requiere la intervención de diferentes ciencias y  disciplinas del conocimiento del ser humano y su  entorno. Como lo plantea Martens (2004) el entrenador debe tener altas habilidades pedagógicas, los conocimientos de un fisiólogo, el liderazgo administrativo de un ejecutivo de negocios, el discernimiento de un psicólogo y la tenacidad del fisioterapeuta, entre otros. Pero en áreas de su experticia, el deporte debe estar actualizando e investigando nuevas tecnologías, métodos y medios  de entrenamiento. 


El entrenamiento funcional, muy apropiado para esta época de cuarentena, se especializa en trabajar conjuntamente habilidades y destrezas motoras (gestos técnicos) integradas intencionalmente con las  capacidades coordinativas y condicionales. Se entiende también cómo la realización de movimientos  que imite las  acciones naturales y cotidianas (Sánchez, 2010). El éxito de este método de entrenamiento de la condición física para personas no deportistas ha generado un interés en la industria de los elementos, implementos y medios de entrenamiento. Muchos elementos han llegado a la industria  del fitness, desde el entrenamiento deportivo, la gimnasia  correctiva o  la fisioterapia, se transforman y adaptan, y hoy se cuenta con un número alto y muy diverso de elementos prácticos, novedosos, y económicos ideales para la diversificación del entrenamiento  deportivo.  


El concepto de entrenamiento funcional dentro del deporte competitivo ya existía, con referencia más clara hacia la especificidad de la tarea, con el objetivo de entrenar la vía neural, en procura de mejorar la coordinación inter e intramuscular a través de mecanismos nerviosos para la mejora de la fuerza, la estabilidad y la movilidad (Sánchez 2010).   El concepto de  adaptación, que en la actualidad es la base del entrenamiento, hace que  los medios de dicho entrenamiento sean cuidadosamente seleccionados y usados para aumentar el rendimiento de manera progresiva y generen el estímulo adecuado (Verkhoshasky, 2004). Hoy se entiende el entrenamiento funcional en el deporte, asociado a procesos debidamente planificados y basados en   ejercicios con diferentes  medios,  para la realización de trabajos  que inicialmente favorecen la estabilidad y la postura, gracias  a  grupos de músculos y cadenas musculares que se aseguran de esta tarea.

Posterior al desarrollo de la estabilidad estática a la dinámica, el trabajo posterior es la agilidad apoyada en las trasferencias y en la idea que plantea que nuestro cerebro entiende la lógica de los movimientos y no las acciones de músculos aislados.  Para continuar con el desarrollo de la fuerza, el aumento del reclutamiento de unidades  motoras y la coordinación intra e intermuscular, se logran gracias al trabajo en diferentes planos, ejes y rangos de movimiento, para cambiar y combinar constantemente  los ángulos  de movimiento, más la  asignación de carga adecuada y precisa.  La  explosividad o fuerza  rápida  o potencia es el siguiente nivel, que hace gran énfasis en la precisión y efectividad de los movimientos. Logrado  lo anterior, el trabajo final es la velocidad y la realización de gestos  motores y técnicos,  con el máximo de eficacia y el gasto mínimo de energía. 


Los entrenadores , a lo largo  del proceso de entrenamiento deportivo y, fundamentalmente, en etapas o periodos de preparación física general y específica, encuentran en las ideas del entrenamiento funcional, herramientas fácilmente adaptables a particularidades  de cualquier deporte. Solo son necesarios entrenadores inquietos, creativos y estudiosos  de las  lógicas del movimiento humano, capaces de irrumpir en la experimentación basada en la  argumentación, y que estén en capacidad de describir sus hallazgos. Es seguro que no hay que ir muy lejos o traer entrenadores del exterior, porque los profesionales colombianos han demostrado tener la competencia para  adelantar  procesos exitosos.


La invitación es a usar, recrear y realizar transferencias desde la postura, la estabilidad, la movilidad, la fuerza , la explosividad y la velocidad, con calidad de ejecución, con elementos  como:

  • Superficies inestables.
  • Bandas y tubos elásticos
  • Anclajes y deslizadores.
  • Escaleras de coordinación, rombos, mallas, entre otras.
  • Equipamiento de peso (no solo discos, barras, mancuernas y máquinas sectorizadas), pesas rusas, bastones de pesos, barras de vibración etc.
  • Correas de suspensión 
  • Fit ball, bosu ball roller, t-bow
  • CoreStix
  • Tirante musculador o cinturón ruso 
  • Plataformas de salto y rechazo

La lista debe ser ampliada  con  las muchas estrategias, elementos y medios de entrenamiento   que usan los entradores colombianos. Aquí, lo importante es la comunicación y socialización  de  sus hallazgos, para el bien del deporte nacional.

BIBLIOGRAFÍA
BOYLE Michael, Functional Training for sports.2004, Human Kinetics, United States. ISBN- 0-7360-4681-x
MARTENS R. Successful Coaching, The most authoritative guide on coaching principles.2012, Fourth Edition. Human Kinetics,United States. ISBN-13: 9781450428521.
SÁNCHEZ D.  Entrénate. Todo lo que necesitas saber para estar en forma. 2010  Editorial: PROWELLNESS    Barcelona  ISBN: 978-84-938084-0-2
VERKHOSHANSKY Y., Siff M. (2004). Superentrenamiento. ed. Paidotribo.  Barcelona. España  ISBN: 84-8019-465-0

Información Adicional

  • www.fti-lwz.com
  • www.kettlebells.cl
  • www.corestix.com
  • www.bosu.com
  • www.balldynamics.com
  • www.trxtrainig.com
  • www.power-systems.com
  • www.powellnes.com
  • Agradecimientos  a  
  • SWEET LEMON. Pablo Jacobsenwww.sweetlemon.co

Hace 45 años. Tibaduiza y Balbino, oros colombianos en Panamericanos

En octubre de 1975 se cumplió en Ciudad de México los VIII Juegos Panamericanos, sucesores de los Cali 71, y el balance colombiano descendió frente a este compromiso.
Sólo dos medallas de oro conquistaron los deportistas nacionales, por intermedio de Domingo Tibaduiza Reyes, en los 5.000 metros llanos de atletismo, y el poco conocido ciclista paisa Balbino Jaramillo, en los 4.000 metros persecución individual.

Tibaduiza había terminado tercero en los 10.000 metros, posición que dejó un sinsabor en el propio corredor, quien era considerado el mejor del país en pruebas de largo aliento. Por eso, cuando cumplió los 5.000, el 16 de octubre, el boyacense se exigió un fondo para reafirmar como el número uno de América; al final de la prueba, Tibaduiza ganó el oro y perdió 14.05, buen registro para los 2.800 metros de altura de la capital azteca.

 El ciclismo, ante la ausencia de Cochise Rodríguez, quien se decidió en la ruta profesional europea, obligado por el Comité Olímpico Internacional, lo que excluyó como corredor aficionado, Colombia llevó a un jovencito, también antioqueño, de contextura física similar a la del campeón mundial, para tratar de pelear por la defensa de la supremacía colombiana, iniciada específicamente por Cochise, en los Panamericanos de Winnipeg, en 1967.

Balbino fue derrotando a sus rivales, hasta llegar a la final, el 21 de octubre, ante el mexicano Francisco Javier Huertas, quien era el favorito, por su experiencia en la prueba. Pero Jaramillo lo venció sin problemas, y las situaciones un tiempo de 4.49.63, frente a 4.53.74, de su oponente.

Opinión. Nos adaptamos al cambio o no sobreviviremos

Luis Felipe Contecha Carrillo
Miembro Academia Olímpica Colombiana
Profesor Universidad del Tolima

Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador, que paraliza todo a su paso; … nos encontramos asustados y perdidos…. Nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. (Papa Francisco, 2020)

Son días en los que estamos llamados a recurrir a la mesura, a la creatividad, pero, sobre todo, a la capacidad de los seres humanos para adaptarnos a las circunstancias. Charles Darwin, en La Evolución de las Especies  dice que sobrevivirán a los cambios no las especies más inteligentes ni las más fuertes, sino aquellas que posean la mayor capacidad para adaptarse. 
En ese sentido, en este 2020, de repente estamos enfrentados a la realidad que nos conmina a demostrar la capacidad de los seres humanos para adaptarnos a circunstancias  inpensables, inesperadas, relacionadas con la economía, con las relaciones políticas, familiares, sociales, educativas, didácticas y, más aún, al hecho de evitar el contacto social, es decir, a relacionarnos cara a cara. ¿Quién lo creyera? Pues bien, no es cuestión de creencias, es una realidad: a menos relaciones entre las personas, más bienestar y más posibilidades de sobrevivir.

Pero es una supervivencia en un sentido, que abarca todas las posibilidades de existencia. En el caso de nosotros, los docentes, es un llamado universal que nos interroga, un llamado extraño, un llamado a pensarnos fuera del espacio académico cotidiano: de repente nos vimos en la necesidad de citarnos y encontrarnos en circunstancias y espacios medidados por entornos virtuales de aprendizaje, conocidos para algunos, amigables para otros, divertidos para otro tanto, pero, hay que decirlo, desconocidos para la mayoría de los docentes que hemos contemplado estos entornos con otras miradas, más no, como la única para desarrollar las actividades cotidianas y profesionales.

Por lo anterior, en ese proceso que convoca a profesor-alumno, los diferentes actores nos vemos avocados al reto de demostrar la capacidad de adaptación, a una metodología que nos está develando que los caminos, los procesos, los tiempos, los espacios, la evaluación, los contenidos y la comunicación deben ser contemplados, no de otra manera, sino adaptados a las circunstancias, es decir, a lecturas adecuadas del contexto y a responder positivamente a las necesidades de la población, en circunstancias totalmente insólitas.   

El ejemplo para las instituciones educativas viene de la moda, de los industriales, de los investigadores, de algunas universidades, del campo de la manufactura, algunos de ellos dejaron de fabricar su producto estrella, comprendieron que las exigencias de la población eran otras y no demoraron en contraerse, en reestructurarse y en sacar al mercado lo que era necesario para sobrevivir.

Cada uno de nosotros en la particularidad del oficio, de la profesión o desde la posición en que nos encontremos, poseemos diferentes miradas, pero, lo que sí es cierto es que la particularidad nos debe permitir un obrar en bien de la generalidad, es de decir, el bien de la sociedad y/o la comunidad universitaria.

Cada uno de nosotros tendrá una percepción diferente frente al reto que nos impuesto la pandemia, pero todos tendremos que actuar de la misma manera, para sobrevivir cuando la pesadilla haya terminado y el mundo sea diferente: o nos adaptamos al cambio o no sobreviviremos.

Arte Olímpico. Rosa Serra y Puigvert

Rosa Serra y Puigvert es una escultora catalana que ha tenido una especial vinculación con el movimiento olímpico internacional. 

Experta en el manejo de la figura tridimensional estudió dibujo y pintura e ingresó a la escuela de Bellas Artes de Olot, Cataluña, en donde durante tres años, reforzó sus conocimientos y habilidades para el dibujo, y aprendió cerámica y grabado. En 1972 presentó su primera exposición individual, y a partir del año siguiente se dedicó a la escultura. En 1976 ganó la III Bienal de Bilbao.

Su llegada al movimiento olímpico ocurrió en 1985, cuando el Comité Olímpico Internacional le encargó una serie de esculturas para los Juegos Olímpicos de Seúl, de 1988. A partir de entonces repitió sus obras sobre temáticas deportivas, con ocasión de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 y Sidney 2000.

Posteriormente. la empresa Nike le encargó una estatua de Tiger Woods, en Oregón . Rosa Serra también es autora de la Suite Olympique, serie que adorna la sede del COI en Lausana, a la cual pertenecen las obras que presentamos en este artículo, y de diversas piezas de esta temática, ubicadas en el Olympic Park de Seúl y en el Comité Olímpico de Asia, en Kuwai.

El álbum

Pioneros. En Usaquén nacen los ecuestres en Colombia

Los inicios de los ecuestres en Cundinamarca y Colombia, se remontan a principios del siglo XX, pero su desarrollo avanza en los años cincuenta.

Antes de 1920, fue creada la primera academia ecuestre de Colombia, por el inglés Willy Alfred Sachse, en un sector aledaño al cementerio central de Bogotá, que pronto debió trasladar a otro lugar, localizado en Teusaquillo, en potreros de la hoy calle 48 con carrera 16, en donde permaneció hasta 1930. En ese año, su propietario decide buscar predios por fuera de Bogotá y adquiere la Hacienda Jauja, al noroccidente, colindante con extensas fincas como El Campín, el Chicó y los Campos del Polo Club. Este predio se convertiría con el paso de los años, en la Escuela General Santander, localizada según la nueva nomenclatura en la calle 80 con carrera 24, de Bogotá.

En este escenario se realizaron las más importantes programaciones la mayoría de ellas benéficas de los años 30 y 40, en coordinación con el Hipódromo de Bogotá, construido en el sector que posteriormente ocuparían el barrio Galerías y el estadio El Campín. Luego serían construidos otros campos, como el picadero de la Escuela de Cadetes de San Diego.

Pero fue en municipio cundinamarqués de Usaquén, en donde nacieron los ecuestres en Colombia, como deporte de competencia.

“Si es cierto que las actividades ecuestres realizadas hasta terminar la década de los años cuarenta contribuyeron en buena parte a fomentar la afición hípica, también lo es que la década de los cincuenta, constituyó, sin lugar a dudas, el despegue definitivo en forma técnica y organizada de la equitación colombiana y que la cuna de ella fue la Escuela de Caballería de Usaquén, municipio de la provincia, cercano a Bogotá.

Mario García y García, ex presidente del COC, en Apuntes de nuestra historia hípica, publicado en la revista Segundo Anuario de la Federación Ecuestre de Colombia, 1986, escribe: “Si es cierto que las actividades ecuestres realizadas hasta terminar la década de los años cuarenta contribuyeron en buena parte a fomentar la afición hípica, también lo es que la década de los cincuenta constituyó, sin lugar a dudas, el despegue definitivo, en forma técnica y organizada de la equitación colombiana, y que la cuna de ella fue la Escuela de Caballería de Usaquén, en donde unos pocos, pero distinguidos oficiales de esta arma, fueron artífices incuestionables de esta magnífica labor. Por eso, desde entonces, todos los equitadores tenemos a la Escuela de Caballería como el alma mater de la equitación colombiana”.

El Mayor Víctor Olaya y los oficiales de caballería Jesús Velásquez y Álvaro Quijano, son considerados los padres de los ecuestres en Colombia, luego de terminar estudios en la Academia de Equitación de Quillota, en Chile, y de recibir los títulos como maestros de equitación.

A los tres militares mencionados, les siguieron, también en la Escuela de Caballería del Municipio de Usaquén -incorporado a Bogotá en 1954- deportistas como los capitanes Virgilio Aragón, Carlos Amador, Gabriel Puyana, Pedro Nel Vidal, Miguel Contreras y Roberto Perea, y los tenientes Hernando Torres, Héctor Rodríguez, Darío Sosa, Héctor Suárez, además de los civiles Carmen Tamayo, Beatriz Pinzón, Cecilia Rocha, Helena Dulcey, Adelaida Uribe, Dora Aya, John Peñalosa, Carlos Vanegas, Carlos Tafur, Hernando Macías, Gustavo Argaes y Mario García y García.

“Inolvidable fue aquella época en que a las 6:00 de la mañana estábamos todos, oficiales y civiles, esperando la orden de montar que daba el Mayor Olaya, para ingresar al picadero a recibir la clase que este nos dictaba. Invariablemente un día a la semana había ‘salto a la mano’ y los sábados, cuando no se hacía ‘una pista’, teníamos un recorrido por los cerros de La Calera, teniendo que subir y bajar por la tenebrosa pista del cabro, llena de obstáculos fijos  espectaculares pignerolos”, agrega García y García.