Hace 100 años. Amberes superó la guerra y la pandemia

Mg. Clemencia Anaya Maya
Vicepresidenta Academia Olímpica Colombiana

Por estos días de pandemia en los que todos nos cuestionamos para dónde vamos con esta situación cobra fuerza el espíritu olímpico. Esa actitud, mediante la cual demostramos algo tan subjetivo e inmaterial que está representado en la alegría del esfuerzo, en la entrega valerosa y permanente, que fortalecida con la mística, se ve complementada con principios morales y sociales, que hacen de un atleta un modelo ejemplar.

Traigo este concepto, con el interés de motivarles a seguir adelante manteniendo en nuestra mente todos los sueños y propósitos que nos hemos trazado y que hoy ante el Covid-19 parece que algunos sentimos no poder alcanzar…

Quiero compartir con ustedes el hecho que representa por estos días Amberes, la capital de Bélgica y uno de los países que más sufrieron el impacto de la I Guerra Mundial.  Sería esta misma razón la que determinaría que el Comité Olímpico Internacional eligiera este lugar como sede de los Juegos Olímpicos de la VII Olimpiada. Pero aún más impresionante es hoy recordar que para esa época, el sentimiento de la humanidad debió ser devastador, nostálgico y doloroso, por cuanto no sólo el efecto nefasto de la guerra, en la que murieron aproximadamente quince millones de personas, sino que la peste causada por la Influenza cobró la vida de casi cien millones de personas, entre 1918 y 1919, cien años atrás de este momento agobiante que hoy vivimos.

Serían veinte países de Europa que habían estado en la guerra y viviendo las angustias de una peste sin vacunas, ni antibióticos, a los que se sumaron Argentina, Brasil, Canadá, Estados Unidos, Chile, Perú y Japón. En realidad fue más fuerte el espíritu olímpico, el deseo de compartir, de demostrar sus capacidades atléticas, de esforzarse para mostrar la nobleza del deporte en niveles más humanos que tecnológicos, es decir, muy distintos a nuestra época, pero con el mismo espíritu de los atletas, que con pasión se preparan para unos Juegos.

Susan Lenglen: Rincón Olímpico.

Dadas las circunstancias, el 14 de agosto de 1920, a las 10 de la mañana, en la catedral de Nuestra Señora de Amberes se celebró una misa, en la cual el cardenal Mercier rindió homenaje a los muertos de la gran guerra y celebró los beneficios del deporte.

Resulta casi abrumador pensar en cómo sería ese esfuerzo que en principio provenía de los propios atletas, muchos de ellos con escaso apoyo de sus gobiernos. En esos Juegos, por primera vez en la historia olímpica se daría paso a que oficialmente fueran los Comités Olímpicos Nacionales los que registraran a los participantes. De esa manera, el orden, la organización y las jerarquías olímpicas fueron estableciéndose para dar paso a lo que hoy denominamos Inscripción/Acreditación.

Definitivamente, lo más asombroso de todo esto es la capacidad de resiliencia del ser humano representado en los atletas, dirigentes, entrenadores y demás personal oficial de sus delegaciones. En términos de la filosofía del olimpismo, a eso le llamamos “superación”. Este valor hace parte indiscutible de la búsqueda de la excelencia y consiste en dar más de nosotros mismos, mejorar nuestras habilidades, conocimientos, fortalecer nuestros valores utilizando el deporte como el escenario perfecto que nos lleva, en forma intrínseca, a ser mejores personas.

¿Pueden ustedes imaginar ese momento histórico, en el que se inauguraron los Juegos de Amberes 1920, después de tanto padecimiento y muertes?. Creo que la responsabilidad de esta capital olímpica al recibir la sede de los Juegos fue una opción para demostrar su capacidad de perdón, de amor al deporte, de confianza en los Juegos Olímpicos y su capacidad de aporte al ser humano con visión de futuro. Fue, en otras palabras, recoger la esperanza de la humanidad y convertirla en reto de superación, para unir al mundo en paz.

No todo fue fácil en aquella época…. Como hemos podido apreciar, tan solo veintiocho países asistieron a esa cita olímpica, y hoy hablamos de doscientos seis que participarían en Tokio 2021, pero las circunstancias aunque parecidas a las que vivimos hoy estaban marcadas por diferencias políticas, diferencias sociales, revolución industrial, desigualdad de género (nula participación de las mujeres en todos los niveles), incipiente desarrollo del transporte aéreo y terrestre, explotación laboral, discriminación racial, entre otras.

Así las cosas, al pensar en los Juegos de Amberes, imagino la emoción de lograrlos y la forma de llevarlos a cabo. La presencia del Barón de Coubertin, con su formación militar, garantizaba que el ceremonial y el protocolo fueran respetados a cabalidad, pero además, que la fusión entre cultura, deporte y educación, pilares fundamentales del Movimiento Olímpico se evidenciaran en la organización. Por tal motivo, la ceremonia de inauguración incluyó  coros suecos y escandinavos, que interpretaron la Brabanzona (himno de Bélgica), una de las piezas de la música clásica más destacadas en la cultura musical, mientras al fondo se escuchaban disparos de cañón celebrando el evento y se lanzaban por primera vez palomas como símbolo de paz. Además, los coros  interpretaron una marcha especialmente compuesta para esa ocasión, cuya letra se refiere al futuro y a la esperanza.

Para la historia del Movimiento Olímpico quedaría incorporada la ceremonia de izada de la bandera olímpica con sus cinco anillos azul, rojo, negro, amarillo y verde sobre fondo blanco que significan el carácter universal de los Juegos Olímpicos, lo cual fue una novedad para los asistentes y los comités olímpicos nacionales y próximos comités organizadores de Juegos, la adoptarían oficialmente a partir de entonces en todas las ceremonias de apertura.

Como caso especial de esa ceremonia podemos hablar del desfile de los atletas. A partir de la 1:30 pm., del 20 de agosto, la multitud acudió al Estadio Olímpico, que se estrenó para la ocasión. A la 1:40 PM. hizo presencia el rey de Bélgica, Alberto I, rodeado de la reina, del príncipe, del Cardenal Mercier, de los ministros belgas  y del Comité Olímpico Internacional en pleno. Inmediatamente comienza el desfile. Los atletas entran al Estadio y paran frente a la tribuna real y el Comité Olímpico Internacional. Todos se alinean en un semicírculo sobre la pista. El rey Alberto se pone de pie y dice: “Proclamo la apertura de los Juegos Olímpicos de Amberes”. Luego el desfile continúa en el sentido contrario al que entró el rey, quien se retira con un cerrado aplauso.

Victor Boin, figura emblemática del deporte belga, medallista olímpico en esgrima, waterpolo y natación, que participó en los Juegos Olímpicos de Londres 1908, Estocolmo 1912 y Amberes 1920 tendría el honor de hacer el juramento olímpico, en nombre de los atletas, por primera vez en unos Juegos. El texto escrito por el Barón Pierre de Coubertin decía así: “Juramos que participaremos en los Juegos Olímpicos en leal competencia, respetuosos de las reglas que los gobiernan y ansiosos por participar con un espíritu caballeroso, por el honor de nuestro país y la gloria del deporte”.

El legado de Amberes1920 enriqueció el protocolo de los Juegos, para fortalecer los valores planteados por Coubertin, de unión entre los pueblos, de amistad y búsqueda de la excelencia permanente. La ciudad lucía engalanada. Las delegaciones recorrieron sus calles recién pavimentadas y disfrutaron los numerosos arcos triunfales dispuestos en honor de los atletas aliados. La gratitud se hacía manifiesta en el ambiente de los Juegos. Amberes, con humildad, después de sufrir el tormento de la guerra y la peste, se esforzaba por acoger a los países participantes y, de esa forma, lograba proyectar al mundo esperanza y confianza en los Juegos Olímpicos, para beneficio de una  humanidad ansiosa de paz y libertad.

Ahora bien. Por esa época debemos tener presente que para las mujeres era muy difícil poder participar en un evento como este. Ya para ese entonces, las presiones de Alice Milliat para lograr que el programa de eventos femeninos hiciera parte de los Juegos Olímpicos eran muy intensas y había sido negado por el presidente Pierre de Coubertin. Sin embargo vale la pena destacar la presencia de dos mujeres en Amberes, Susan Lenglen, en tenis, la campeona de Wimbledon, quien ganó en sencillos los cuatro juegos del torneo. En dobles haciendo equipo con el veterano olímpico Max Decugis, logró un éxito definitivo para Francia.

Al ser cuestionada por su juego fuerte y veloz escribió en un artículo: “Parece que mis victorias legitiman una historia. Como gané en los Juegos Olímpicos tengo que hacerlo. Perdónenme, sobre todo, no veo ninguna fatiga personal en el desempeño de mis partidos. Ya varios encuentros en el pasado no tuvieron trascendencia. A veces no se pretende que el campeón se deje ganar un juego o dos, para complacer al oponente. No tenía ninguna razón para actuar de esta manera, especialmente porque estos actos “quijotescos” solo logran ganar confianza en el rival y, a menudo, traen una derrota inmerecida. Yo estaba decidida a defender mi oportunidad y a imponerme en las rondas eliminatorias”. Sus palabras denotan conocimiento y dominio de la competencia, así como pasión por alcanzar la meta, y contribuirían a afianzar en  las mujeres de su época,  su deseo de hacer deporte sin limitaciones.

La segunda atleta presente sería la nadadora Ethelda Breibtrey, de Estados Unidos, quien daría de qué hablar. Sus acciones en Amberes fueron criticadas y censuradas por muchos medios. Sin embargo, sus resultados y sus esfuerzos fueron rescatados por investigadores de la historia a través de la cual podemos develar que su participación también marcó un hito en la historia del deporte femenino. El solo hecho de lucir en natación el vestido de baño corto, y dejando ver sus piernas, le significaría un arresto a Ethelda, quien había logrado títulos olímpicos y récords del mundo en 100 y 300 m. libres, así como en el relevo de 4×100.

Las dos atletas tenían algo en común: la búsqueda de una oportunidad para participar en los Juegos Olímpicos y dar lo mejor en beneficio de sus países. Así las cosas, el legado de Amberes 1920 fue un aliento para la humanidad, a través del cual los atletas inspiraron al mundo para seguir adelante transformando la dificultad en oportunidad y mirando más allá de su dolor o su pérdida.  

Amberes acogió en ese año los Juegos Olímpicos de Invierno en abril y los de verano en agosto y septiembre, y nunca más incursionaría en candidatura alguna para ser anfitriona nuevamente de unos Juegos. Su legado para la humanidad lo hizo en un momento muy crítico, con lujo de detalles culturales y deportivos. Se le recuerda como la ciudad humilde, como dice la Brabanzona: “Todos lo juramos, ¡vivirás! ¡Vivirás siempre grande y bella! Tendrás por lema inmortal: ¡El Rey, la Ley, la Libertad!”

Semblanza. Sandra Lorena Arenas

Comunicaciones Olimpicocol

El 17 de Septiembre de 1993 en Pereira, nació Sandra Lorena Arenas Campuzano, que a sus casi 27 años se conviertió en la primera colombiana en clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y lo hizo luego de cumplir con la marca mínima en el Campeonato oceánico de 20 kilómetros

Antioquia puede elevar su bandera al escuchar que la niña que creció en el barrio los Molinos de Bello y que compitió ocho años en su liga es hoy una de las mejores marchistas del país.

Sandra Lorena es una joven disciplinada, llena de experiencia y una de las referentes deportistas en la marcha atlética. Sostiene seis récords nacionales en la categoría mayores, seis para la categoría Sub-23 y tres en juvenil, no tiene medallas ni récords en la categoría infantil, sólo porque nunca compitió en tal categoría, fue medalla de bronce del Campeonato Mundial de Barcelona 2012 y oro de la Copa Mundo Saransk del mismo año en Rusia, medalla de oro en los Juegos Suramericanos Odesur en 2014 y batió récord en el Campeonato Suramericano de Lima en 2015, es medalla de oro en los Juegos Bolivarianos de Santa Marta en 2017 y medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima 2019, dándole el primer oro de la historia de la marcha atlética femenina colombiana y donde también batió récord panamericano.

La infancia de Lorena Arenas fue como la de cualquier niño, de hecho, su carrera deportiva inició desde muy pequeña cuando con su familia se radicó en Medellín y fue allí donde Juan Camilo Calderón vio el  talento que esta jovencita tenía para el deporte. La marcha atlética es una disciplina del atletismo llamativa y por la manera en cómo los atletas practican este deporte es vista como graciosa,  justo esto fue lo que llamó la atención de Lorena que con tan corta edad fue determinante en la decisión de querer competir en esta modalidad.

Sus primeros campeonatos fueron en 2009 preparándose e intentando igualar las marcas de quienes en ese entonces se convirtieron en sus ejemplos a seguir. En el 2011 ganó sus primeras competencias nacionales y desde el 2012, con 18 años de edad, empezó a destacarse en medio de todas las mujeres con las que competía. Partició en el Campeonato Mundial Junior de Barcelona en España y se llevó no sólo el segundo lugar sino que al día de hoy es el record nacional juvenil de los 10 kilómetros con 45 minutos 11 segundos y 46 milésimas .

“Tengo casi todos los récords nacionales de marcha, me faltaron los de menores porque nunca corrí en esa categoría, pero eso me da mucho orgullo, alguna vez también tuve récords sudamericanos, es muy gratificante ser la mejor del país en mi deporte”, reconoce Lorena.

Durante el mismo año 2012, Lorena ganó la Copa Mundo de Saransk en Rusia y  se aventuró a los 20 kilómetros donde sorpresivamente hizo la marca mínima para clasificar a los Juegos Olímpicos de Londres 2012 acompañando a las experimentadas Íngrid Hernández y Arabelly Orjuela. Arenas no solamente iba a competir, tambien iba a ganar y logró ser la mejor del país al ubicarse en la casilla 31, allí comprendió que si seguía trabajando de la manera en la que lo estaba haciendo los resultados futuros ibana  ser mejores.

De ahí para adelante y como preparación al nuevo ciclo olímpico, Lorena fue medalla de plata en los Bolivarianos de Perú en 2013; oro en los Juegos Suramericanos de Chile en 2014; plata en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de México en 2014, y cuarto lugar en los Juegos Panamericanos de Canadá en 2015, el camino a Rio 2016 se hacía más corto y sus segundas olimpiadas se acercaban.

“Me siento muy orgullosa de poder representar a mi país, de llevar las marcas de mis patrocinadores adidas, Actimax, Ruta N Medellín, Indeportes Antioquia y el Comité Olímpico Colombiano, pensando en que ya estuve en unos Juegos Olímpicos, ya sé cómo es la competencia allá, entonces ya no voy a sorprenderme, voy a competir y siento que será algo muy bonito”, añade Lorena quien hoy es la mejor marchista del país.

Lorena Arenas, además de ser deportista de alto rendimiento estudia Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Recreación y Deporte en el Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid de Medellín, una de las instituciones educativas que se ha caracterizado por apoyar a deportistas para que lleguen a ser profesionales, aunque su carrera la hace a distancia, Arenas es muy responsable tanto con sus entrenamientos como con sus actividades académicas.

Viajó a los Juegos Olímpicos de Río 2016 como una de las favoritas junto a sus compañeras Sandra Galvis y Yeseida Carrillo, finalizando su participación en la posición 32. Durante estas olimpiadas, fue Aisen Chen de China la ganadora de los 20 kilómetros marcha quien llegó siete minutos por delante de la colombiana.

“Fui la mejor colombiana en esos juegos, uno siempre espera más pero creo que todo en la vida es una experiencia, para mi estos juegos me ayudaron a ir mejorando mis marcas cada día más y es gracioso porque siempre era de las últimas en clasificarme y ahora soy la primera”, dice Lorena.

Luego de su paso por Rio, Lorena fijó su mirada en las nuevas grandes competencias. Quedó campeona en los XVIII Juegos Bolivarianos de 2017 en Santa Marta, ese año batió dos récords,  uno durante el  XVI Campeonato Mundial de Mayores en 15 kilómetros con un tiempo de 01 hora 05 minutos y 39 segundos y en el Challenge Multi Day en China con un tiempo de 43 minutos 16 segundos para una carrera de 10 Kilómetros. En el 2018 Lorena siguió cosechando triunfos a nivel internacional quedando campeona en el Meeting Dudinska de 20 kilómetros con un tiempo de 01:28.48 y del Campeonato Iberoamericano en Perú con un tiempo de 42 minutos 02 segundos.

Lorena Arenas parece no conocer límites a la hora de competir y según sus resultados es claro que está acostumbrada a quedar en los primeros lugares de los más importantes eventos de marcha atlética en el mundo. Hace más de un año compitió nuevamente por obtener el pase a unos Juegos Olímpicos, durante el Campeonato oceánico de 20 kilómetros llevado a cabo el 10 de Febrero de 2019, Arenas hizo una marca de 1h 28’ 49’’ ocupando el primer lugar y cumpliendo con el ítem de clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Sandra Lorena Arenas brillaba nuevamente en colombia siendo la primera deportista en clasificarse a Tokio y sumando con esta, tres participaciones en olimpiadas.

Si bien se clasificó a 500 días de la inauguración inicial de Tokio 2020, la risaraldense tendrá que esperar más de 365 días para competir en las justas deportivas dada la postergación de los Juegos Olímpicos que iniciarían en Julio próximo, pero que debido a la epidemia del covid 19 se realizará ahora en Julio de 2021.

“Pensando en la nueva fecha de los Juegos Olímpicos, para mí lo más importante siempre es la salud de todos, entonces he estado siempre acatando las recomendaciones y desde la casa he realizado los trabajos físicos, también mis entrenadores me envían las planificaciones sobre lo que debo trabajar y tengo a mi disposición el psicólogo, el médico y la fisioterapeuta entonces se lleva de una forma más fácil este tiempo de cuarentena para llegar a Tokio”, reconoce Lorena.

El camino que viene es largo, pero Lorena tiene claro de qué está hecha, que quiere y hasta dónde quiere llegar, es una mujer segura de sí misma y no duda de sus capacidades deportivas, así lo ha demostrado durante toda su carrera deportiva.

In Memoriam. Álvaro Teherán: adiós a una leyenda del baloncesto colombiano

Álvaro Teherán Teherán, convertido en la más recordada leyenda del baloncesto colombiano, por su paso por la pretemporada de la NBA y su carrera en clubes estadounidenses, europeos y colombianos, falleció este martes, 4 de mayo, en Cartagena, luego de soportar una enfermedad renal crónica.

Teherán había nacido el 6 de mayo de 1966, en el hogar de Romualdo y Cecilia Teherán, en María la Baja, municipio a 72 kilómetros de Cartagena, y creció, con sus seis hermanos, criado por su abuela Vita, en medio de fuertes limitaciones económicas.

A pesar de los precarios recursos, los Teherán Teherán pudieron adelantar estudios primarios en su pueblo, mientras trataban de definir sus perfiles, en una región escasa de oportunidades, limitadas a la agricultura, rica en el cultivo de arroz, yuca, plátano y maíz, así como en la producción de la leche, carne de res y pesca, en las diversas fuentes hidrográficas que descienden de los Montes de María.

A pesar de la fuerte influencia del béisbol entre los pobladores de María la Baja, a Álvaro Teherán le gustó el fútbol, porque era la actividad que más se practicaba en las polvorientas calles de su pueblo

Cuando tenía 18 años, y, por razones obvias, era el más visible habitante de María la Baja, Alfonso Torres, ex jugador de baloncesto, lo vio jugar fútbol, y en cambio de aconsejarlo que siguiera en este deporte, le dijo que su futuro estaba en el baloncesto, con el cual el joven nunca había tenido el más mínimo contacto. Torres le prometió su apoyo y cuando regresó a La Heroica se lo recomendó  al entrenador departamental de baloncesto, Jairo Ramírez, y lo convenció de apoyar a ese diamante en bruto que permanecía oculto en María la Baja.  Dos emisarios llegaron hasta el pueblo para llevárselo para Cartagena, en donde el presidente de la Liga de Baloncesto de Bolívar, Mario Ramos Vélez, lo adoptó casi como un hijo y le ofreció una beca para estudiar de día y trabajar de noche, en Comfenalco.

Cuando este gigante de 2.14 metros, que no tenía ni idea de baloncesto, fue probado por el entrenador Ramírez, en un partido en Cartagena, confiesa el jugador que sintió mucho miedo, porque nunca había tocado una pelota de baloncesto. No obstante no atinar ni una durante todo el partido, el entrenador concluyó que aprender a jugar era lo de menos, y cuando aprendiera, su estatura sí era una gran ventaja.

Teherán aprendió rápido y en menos de un año se convirtió en figura del baloncesto colombiano. En 1986, durante el Campeonato Nacional Interligas, en Cali, fue visto por el buscatalentos estadounidense Tom Jones, quien le ofreció una beca en la Universidad Bautista, de Houston, que él aceptó gustoso. Luego pasó al primer equipo de baloncesto de los Sixers, de Filadelfia, de la NBA. Más adelante aceptó viajar a España a mejorar sus condiciones y foguearse más. En la península ibérica jugó dos años, con el Unicaja Málaga y en 1992, en el Montakit Fuenlabrada, y regresó a los Sixer, de Filadelfia. Mientras tanto estudió cuatro años de educación física, pero no se graduó.

Teherán jugó la pretemporada del torneo de 1994 y fue confirmado en el equipo que estaría en la NBA, en la temporada siguiente. Sin embargo, fue excluido el jueves 4 de noviembre de 1993, un día antes de comenzar el torneo.

Decepcionado regresó a Houston, viajó a  España y jugó en el Real Madrid y en el Málaga, y una temporada, en Eslovenia, y retornó a Estados Unidos, sin ninguna trascendencia.

En 1996 volvió a Colombia para jugar en la copa profesional, con Los Arrieros, de Antioquia, con los cuales ganó el título de ese año. Posteriormente vistió las casacas de Los Piratas de Bogotá y de Sabios, de Manizales, y finalmente regresó a los Arrieros, para jugar en 2001 y 2002. En 2006, con 40 años, se retira del baloncesto activo.

Opinión. La fuerza unitaria del deporte

David Cañón Cortés
Miembro de la Academia olímpica Colombiana

En el Congreso Atlético  reunido en París, en 1894, se acordó, por unanimidad, que las luchas atléticas  internacionales que se celebrasen a partir de aquel momento llevaran el nombre de Juegos Olímpicos, el mismo con el que se conoce en la historia de la humanidad las antiguas y fecundas reuniones de hombres libres, que transmitieron a generaciones futuras un recuerdo imperecedero.

De esta forma, al restablecerse los viejos juegos helénicos se estrechaban, por medio de contactos frecuentes, los lazos que deben unir a los pueblos civilizados,

Sin embargo, esta  lucha entablada desde la perspectiva del gran horizonte olímpico no fue fácil para su precursor, el profesor Pierre de Coubertin y sus seguidores que heredaron  este apostolado. Setenta años después, el periodista español Juan José Castillo, director del Mundo Deportivo escribió: “Las ideas han cristalizado, por lo menos en parte. Todavía hay imprecisiones, al margen del verdadero espíritu deportivo, que siguen pesando en los sentimientos de paz y cordialidad que constituyen los sentimientos del deporte. Este se ha transformado, para muchos no en un fin, sino en un medio. Pero está fuera de duda que el deporte ha ganado también su gran batalla, aunque en algunos casos y momentáneamente parezca haber perdido la guerra. Queremos decir que el deporte ha conseguido carta de naturaleza, como elemento imprescindible dentro de la psicología y de la sociedad del mundo actual, si bien es cierto que se le ha sojuzgado y, en cierto modo, prostituido, al ser usado como instrumento dependiente de acciones políticas y propagandísticas. Mientras llega el momento de la liberación para que el deporte se convierta en una fuerza unitaria absoluta y no en una nueva manzana de la discordia, hemos de  alegrarnos de los progresos que ha obtenido y de las conquistas  que ha logrado”.

Los esfuerzos del olimpismo modernos son admirables y el hecho que siga empeñada la gran polémica en torno a los conceptos perfectos del amateurismo, no empaña en nada aquellos esfuerzos.

En realidad, tal polémica es, en el fondo, baladí. Se tiende frecuentemente a confundir el deporte con la competición. No tiene nada que ver el uno con la otra. Una cosa es el espectáculo de profesionales o de amateurs, que es la suma y clave de una “elite” minoritaria, y otra cosa el deporte, como expresión colectiva de una manera de entender la vida. Es este último aspecto el que interesa difundir y propagar, y el que merece, cada vez más insistentemente, la atención de psicólogos y sociólogos de todos los países. No es preciso remontarse al viejo espíritu helénico, para llegar a la conclusión que el deporte no solo es un medio de recreo y diversión, sino también una forma vital en el equilibrio del cuerpo y del alma, y un vehículo hasta ahora inigualado, para facilitar las relaciones entre los pueblos, y dentro del cual ocupan sitio preferente la lealtad, la nobleza y la generosidad. Si la “elite” es la primera ola del deporte, la que rompe la gran marejada de la atracción, el interés y la popularidad, no hay que olvidar que se trata, simplemente, de un espejo brillante y colorista.

El deporte va mucho más allá de las competiciones de resonancia, de las manifestaciones ruidosas, de las manifestaciones de un determinado éxito y de las taquillas de un estadio. El deporte no consiste en ver, sino en practicar, tanto por los beneficios físicos y saludables que proporciona, como por las ventajas sociales y morales que encierra. Aparte de ser una válvula de escape para las preocupaciones de la vida cada vez en mayor grado es un contrapunto noble, eficaz y positivo de la tensión natural del ser humano. Proporciona ponderación, sentido altruista y comprensión para el prójimo. En muchas ocasiones se ha dicho que el deporte es casi una religión. Sería peligroso ahondar en los conceptos filosóficos que intentan hacer del deporte, no una devoción, sino una religión, como ocurrió en los países del este.

Pero es indiscutible, y la voz suprema de los pontífices lo ha subrayado, que el deporte contribuye poderosamente con sus atributos básicos, a que la paz reine entre los hombres de buena voluntad.

Después de otros 50 años de olimpismo moderno, es decir, hasta el 2014 cuando el actual presidente del COI, señor Thomas Bach pronuncia su discurso de la asamblea en la ciudad de Mónaco anunciando la agenda 2020, podemos decir que el Movimiento Olímpico continúa tan campante como…, parodiando el lema del espirituoso licor.

Históricos: Rafael Baracaldo González, otro Zipa, para el mundo

Alberto Galvis Ramírez
Director Revista Olímpica Digital
Miembro de la Academia Olímpica Colombiana

Rafael Baracaldo, uno de los mejores atletas colombianos de la historia, precursor de los triunfos en el exterior, cuando apenas nacían las nuevas ligas provincianas en los años 60, vino al mundo en Zipaquirá, el 24 de octubre de 1952, fue el mayor del hogar del operario de la Concesión Salinas, Albino Baracaldo Méndez y de su esposa Lucrecia González. Le siguieron: Miryam Stella, Julia Inés, Jorge Enrique, Luis Alberto y Marta Lucía, prole que creció rodeada de pinos y eucaliptos, mecidos por el viento helado que refresca las tradiciones de la bella “Chicaquicha”, uno de los ejes de desarrollo del desaparecido imperio muisca, porque su principal producto, la sal, era fundamental en el intercambio con los panches, los sitagaos y los chíos, tribus que poblaban la altiplanicie.

Rafael estudió los primeros cuatro años de primaria en el colegio Carlos Cortés Lee y la terminó en el Instituto Técnico Industrial, en 1967, año inolvidable en su vida, porque fue cuando se inclinó por el atletismo. Con 14 años jugaba fútbol en el parque Villaveces y en la mini canchas del colegio y otras actividades lúdicas propias de los niños de la época, indios y vaqueros, la lleva, venados y cazadores etc., por los alrededores de la Catedral de Sal, pero su vocación era correr, correr y correr como loco. En el fútbol actuaba de delantero, pero se le veía en todos los sectores de la cancha, corriendo a veces en exceso, porque quería y podía. En ese momento, aunque era un atleta en el fútbol y en el divertimento en los bosques aledaños a las salinas, no sabía que existía el atletismo.

Rutilante despegue

Durante un cross internacional, en Zipaquirá, Cundinamarca.

Ese año, el deporte en el colegio se incrementó por iniciativa de los profesores de educación física y de estudiantes de cursos superiores, como Jorge Franco Pineda, quien sería años después presidente de la Federación Colombiana de Atletismo y del Club Los Millonarios. Franco, precisamente, organizó ese año la primera competencia en la cual participó el joven Rafael, entre Zipaquirá y la entonces llamada Planta de Soda -hoy Refisal-, en una distancia de 10 kilómetros. Con 14 años, enfrentado a rivales de hasta 20, Rafael Baracaldo terminó quinto y entendió que podría ensayar en el insipiente atletismo local.

Baracaldo se convirtió muy pronto en figura del atletismo colombiano y en ídolo de los zipaquireños, el segundo, después del ciclista Efraín El Zipa Forero.

Los entrenamientos de Rafael Baracaldo obedecían a su sentido común. Primero, el atuendo era cualquiera: yines, zapatos tenis o de cuero y camisa o camiseta; segundo, la pista, también cualquiera: las calles, las pocas canchas de fútbol y el campo traviesa, que recorría a toda velocidad, saltando cuantos troncos y gajos encontraba a su paso; sin quererlo, con esta actitud estaba haciendo escuela para convertirse en el mejor corredor de obstáculos de Colombia y Suramérica. El plan de entrenamiento lo inventaba él, de acuerdo con su intuición y las energías, que emergían a borbotones de su aún infantil capacidad.

En la élite

Tres meses después de sus inicios se convirtió en el mejor de su colegio, del pueblo y de Cundinamarca, en el atletismo de semifondo y fue seleccionado para el campeonato nacional, en Medellín, el cual se enfrentó a los estelares de una época grande del atletismo nacional, como Álvaro Mejía, Víctor Mora, Enrique Piamonte, Hugo Burgos y Jorge Castelblanco, entre otros, y a pesar de terminar sexto en 5.000 y 10.000 metros, dejó en claro que era un fenómeno del atletismo, porque sus rivales eran de la división de mayores y él, apenas un pre juvenil.

Al año siguiente, 1968, descendió a su nivel natural, la categoría juvenil. Y en ella demostró todo su potencial: en Cartago, Valle, fue campeón nacional de los 1.500 planos y los 1.600 metros con obstáculos Semanas después, en Buga, Valle, durante un Torneo de Estrellas, superó el record nacional y suramericano juvenil de los 1.500 metros planos, con 4:00:2.

Baracaldo, en Cali 1971

Cuando cursaba quinto de bachillerato, Rafael Baracaldo vivió una de las mejores experiencias personales y deportivas: en 1971, con 18 años, integró la selección nacional que asistió a los VI Juegos Panamericanos, en Cali, torneo que dividió la historia de nuestro deporte en dos. “Yo era un pollo al lado de tantos veteranos de Colombia y tantas figuras del exterior. Fue la primera vez que conocí de verdad, lo que era un entrenador, porque la asociación de atletismo contrató a los alemanes Rolf Sbamberg y Hans Otto Jeffers. Terminé séptimo en los 3.000 con obstáculos, posición bastante buena para mi condición de juvenil”.

Pero mientras sus piernas volaban en los aún precarios escenarios deportivos cundinamarqueses, colombianos y del exterior, su mente se fortalecía con el alimento del intelecto. Rafael Baracaldo terminó su bachillerato en el Liceo Nacional La Salle, en 1972.

Físicamente “no apto”, para la U.

Baracaldo, campeón del Nacional de Estrellas, en 1974, en Pereira, Risaralda.

En 1973, Rafael Baracaldo aprobó en la Universidad Pedagógica Nacional en Ciencias de la Educación, con especialidad en Educación Física. Una de las condiciones para el ingreso era tener capacidad física para el deporte, avalada por un médico del alma mater. Cuando se presentó al examen, el galeno que lo auscultó encontró que sus pulsaciones eran demasiado lentas lo que podría significar  alguna deficiencia grave en el organismo.

“Cuando terminó de examinarme -recuerda el deportista-, escribió en sus hojas: ‘No apto’. Extrañado le pregunté la razón de ese diagnóstico, que me cerraría las puertas de la universidad. El médico me respondió que el pulso era muy lento y eso insinuaba que tenía alguna deficiencia de tipo cardíaco. Tuve que explicarle que era un deportista de competencia, que entrenaba todos los días y que por esa razón mi corazón palpitaba más lentamente que el de los demás. Me miró  extrañado. Era evidente que no entendía de qué le hablaba -porque en la época, estos conceptos médicos relacionados con el deporte, no se habían aún desarrollado- pero aceptó que se había equivocado y corrigió el dictamen.

Cuatro años después de superar el único inconveniente, Rafael Baracaldo se graduó como profesional, pero desde el último semestre había trabajado como monitor, gracias a las capacidades y al liderazgo demostrados, que le representaron estar virtualmente becado, porque lo que pagaba, se lo devolvían. “Tuve fortuna en mi paso por la U., porque mis capacidades fueron valoradas, por personas como los profesores Héctor Peralta y Ángel Vacca. También me dieron la oportunidad de conocer los primeros ensayos para el montaje de un laboratorio de fisiología, en Colombia, manejado por los doctores Hernando Plata y Carlos Efraín Sánchez, de quienes fui monitor. El laboratorio consistía en una bicicleta estática y un ergómetro electrocardiógrafo”, recuerda.

Desde 1977, Baracaldo fue profesor en la misma Pedagógica; profesor de deportes de la Asociación Colombiana de Parapléjicos; instructor en la Escuela General Santander; entrenador de semifondo, fondo y marcha, en la Junta Administradora de Deportes, Coldeportes Bogotá, hoy, Instituto Distrital de Recreación y Deporte, IDRD; en esta etapa diseñó un proyecto sobre iniciación de las escuelas de formación deportiva del país, adoptado por Coldeportes Nacional; asesor del cuerpo técnico de la Selección Colombia de Fútbol de Salón, campeona panamericana; preparador físico de los clubes Los Millonarios (14 años, campeón en 1987 y 1988 y subcampeón 1995 y 1996) y el (Boyacá) Chicó; preparador físico de selecciones nacionales de fútbol, en cuatro convocatorias; preparador físico de Colombia sub 17, medalla de oro, en los Juegos Bolivarianos, en Arequipa, Perú; preparador físico de deportes de tiempo y marca, en Coldeportes Cundinamarca; entrenador de selecciones nacionales de atletismo, en certámenes del ciclo olímpico; entrenador en el Mundial de Maratón en Hiroshima, Japón y en otros eventos internacionales; miembro de la Comisión Técnica Nacional de Atletismo, y preparador físico de los árbitros FIFA A y B. Preparador físico de figuras del deporte colombiano, como el campeón mundial gallo, Miguel El Happy Lora; Jacinto Navarrete, y el ciclista Raúl Montaña. El más reciente éxito lo logró Baracaldo, al ser el preparador físico del seleccionado de Bogotá, que ganó el título del fútbol de los Juegos Nacionales Cartagena 2019, deporte celebrado en Magangué, luego de 40 años de su última consagración en el certamen.

Después del retiro, determinado en 1982, Baracaldo continuó como competidor, pero en la nueva modalidad del triatlón; fue ganador de la primera competencia de triatlón, en el Parque Simón Bolívar (ciclismo y atletismo) y en la piscina del club Los Tiburones (natación), en 1984. 

Actualmente está vinculado al IDRD, como preparador físico de varios deportes.

Es padre de Lina Margarita y María Ángela.

Hoy, conforma la trilogía de los grandes del deporte de Zipaquirá, con Efraín El Zipa Forero y Egan Bernal.

DEPORTE Y PAZ: El espíritu olímpico y la cultura de la paz

General Manuel José Bonett Locarno (q.e.p.d.)
Academia Olímpica Colombiana
Artículo inédito.

El espíritu olímpico siempre ha sido sinónimo de paz, ya que las personas y las organizaciones que se dedican a estas actividades del cuerpo, la mente y el espíritu, no podrían desarrollar sus proyectos e ilusiones, si no están en un ambiente que les garantice la tranquilidad y el estado psicológico necesario para el exigente esfuerzo atlético. La paz era necesaria para la actividad olímpica y por eso en la antigua Olimpia, en el año 776 AC, se reunieron tres grandes gobernantes de la época, Licurgo de Esparta, Clistenes de Pisa e Ifitos de Elea, con el fin de acordar una tregua que permitiese la realización de los Juegos Olímpicos. Hubo necesidad de negociar esta tregua, porque en las competencias antiguas existía una gran rivalidad entre las ciudades del Peloponeso por el control del Santuario de Olimpia. Este santuario era un lugar de mucho movimiento y objeto de intenso culto para el dios Zeus, y de esta manera reunía inmensos recursos por que la aristocracia de todo el mundo helénico que participaba en los Juegos llevaba ofrendas en metálico y en objetos preciosos con destino al Dios Supremo, con el fin de lograr sus favores en las duras competencias en las cuales iban a participar. Antes de la reglamentación, en el año 776, hubo innumerables confrontaciones y guerras civiles por el control del santuario y, por esta razón, el liderazgo de la época pensó con justa razón que era necesario alcanzar un acuerdo entre las ciudades vecinas, para que los juegos se desarrollaran en un ambiente de convivencia y tranquilidad

Los pueblos helénicos antiguos eran muy belicosos y permanentemente luchaban entre sí, porque en esa época no existía un espíritu nacional unificador, sino ciudades independientes que rivalizaban permanentemente no solo por las cosas normales de la geopolítica, sino también por la primacía en los Juegos Olímpicos cuyas coronas de olivo eran el honor más grande que un hombre podía conseguir. Se dice que los triunfos en la guerra no eran tan apreciados como las victorias en los Juegos.

Las situaciones de conflicto interno permanente solo las pueden solucionar los grandes estadistas. Por eso fue que en el año 776 A.C se reunieron los tres gobernantes antes citados y acordaron que durante la realización de las competencias nadie podía portar armas en un perímetro aproximado de unos 50 kilómetros alrededor de Olimpia. Los reyes, príncipes, tiranos y gobernantes en general, no podían llegar armados y sus escoltas y guardias de honor tenían que dejar las armas, en los puestos de control debidamente establecidos.

Estas tres razones; el inmenso prestigio de los Juegos, los grandes recursos que tenía el santuario de Olimpia, así como la ya citada rivalidad entre las ciudades hicieron que esos pueblos mantuvieran una permanente fricción, no solo deportiva sino también política y, por lo tanto, bélica.

El solo hecho de haber acordado la tregua los grandes estadistas del mundo Helénico, significó un desarrollo notable, no solo para las competencias atléticas, sino para la religión y las artes. Los poetas, los cantores, los escultores, los escritores y demás artistas e intelectuales, en general, fueron requeridos al final de cada competencia, para inmortalizar las hazañas de los representantes de las ciudades estado. El comercio creció y lo mismo las comunicaciones entre las distintas regiones, incluyendo zonas tan alejadas como la Jonia, hoy Turquía, y el área del Mar Negro. No fue menos importante el desarrollo de la religión de la nación Helénica por que haber liberado a Olimpia de las fricciones de la guerra, aumento el número de peregrinos y lógicamente incremento los recursos del santuario.

En resumen, la actividad atlética propiamente dicha, lo religioso, lo político, lo artístico, el comercio, y las comunicaciones en general tuvieron un gran avance, gracias a la firma de la tregua olímpica. Este hecho debiera servir de ejemplo a muchos países, incluyendo al nuestro, para que vean cuáles son los beneficios de la paz.

Los pueblos helénicos luchaban con frecuencia entre sí pero no durante la realización de los Juegos Olímpicos. El caso más notable es el de la guerra del Peloponeso entre Esparta y Atenas que envolvió a todo mundo conocido para la época más o menos entre el año 430 y el año 400 AC pero la tregua olímpica siempre se respetaba y las ciudades estado afectadas por la guerra que eran todas, cuando llegaban los heraldos para anunciar el comienzo de las competencias, preparaban y enviaban sus delegaciones y concedían los salvoconductos correspondientes encumplimiento del compromiso adquirido muchos siglos antes.

GOBERNANZA: La Legitimidad, como principio de la Gobernanza

Néstor Ordoñez Saavedra (COL)
Miembro de Número de la Academia Olímpica Colombiana

La legitimidad es una condición o estatus que una organización adquiere como reconocimiento por parte de la sociedad, ante el evidente cumplimiento de su misión, por los logros alcanzados en función del desarrollo armónico de una determinada comunidad, que para el caso que nos ocupa, son las instituciones del sector asociado colombiano (Comité Olímpico Colombiano, federaciones deportivas nacionales, ligas o clubes). En este sentido, la legitimidad como pilar de la gobernanza, nunca se desliga de los principios o valores que necesariamente se deben observar en la gestión de las organizaciones deportivas. En suma, la legitimidad es un principio que se armoniza con otros principios que favorecen la denominada “buena gobernanza”: equidad, igualdad, transparencia, eficacia, eficiencia, efectividad, celeridad, buena fe, publicidad, responsabilidad social, coherencia y congruencia.

En este orden de ideas, partiremos de las tres formas de legitimidad según Zaum, D. (2013). La primera, de la producción, está relacionada con la eficacia para producir los resultados deseados y promover objetivos mutuos. La segunda, del procedimiento o procesal, se basa en la pregunta: ¿Si el funcionamiento interno de una institución se ajusta a procedimiento generalmente aceptado? La tercera, estructural, se pregunta ¿Si una institución es la organización adecuada para el trabajo?.

Con respecto a la legitimidad de la producción es importante considerar que la mayoría de las organizaciones deportivas buscan alcanzar resultados a toda costa, es decir, el fin puede justificar los medios, así no sean idóneos. Entonces, una de las tareas que deben emprender es establecer unos objetivos mutuos, para poder producir unos resultados que en ningún momento deben atentar contra la integridad y dignidad del ser humano, ni tampoco que vayan en contravía del juego limpio y del Olimpismo. No se debe olvidar que algunas naciones, regiones u organizaciones han obtenido preseas en eventos deportivos de nivel nacional o internacional, sin alcanzar ese estatus de legitimidad, ya que en las aparentes proezas deportivas pueden estar presentes actos de corrupción, estrechamente relacionados con hechos reprochables como el dopaje, la violencia, la discriminación, el arreglo de resultados, la compra de votos o sedes, la imposición de patrocinadores, la especialización temprana en niños, la contaminación ambiental y el derroche de recursos públicos  o privados.

En el caso de la legitimidad del proceso es común observar en las organizaciones deportivas que los resultados se generan de procedimientos no aceptados, como por ejemplo, la llamada trashumancia deportiva, en la que los atletas abandonan sus lugares de origen, para competir por una nación o región que les brinda mejores condiciones económicas. Por otro lado, en los procesos electorales aún están presentes algunas malas prácticas, como la compra de votos, la perpetuidad en el poder y el nepotismo, entre otras. Todo esto va en contra de los principios de la democracia representativa y los preceptos del Olimpismo. 

De ahí el férreo compromiso que debe adquirir la dirigencia deportiva nacional e internacional. Adicionalmente, la legitimidad entrará en crisis, si los resultados no obedecen a un proceso que ha sido concertado con los diferentes actores de la sociedad; en este aspecto es indispensable vincular activamente a: la familia, las instituciones educativas, los entes gubernamentales y no gubernamentales, la afición deportiva, los medios de comunicación, los patrocinadores, los jueces y las comisiones disciplinarias, entre otras.

En lo referente a la legitimidad estructural se puede afirmar que el diseño institucional de las organizaciones deportivas en algunos casos ha favorecido el fenómeno de la corrupción. En este orden de ideas, una estructura organizacional no adecuada para el trabajo no favorece la discusión racional, ni tampoco la toma de decisiones; así mismo, existe una ineficiencia en los mecanismos de control interno y externo de los organismos del sector asociado. Para estos efectos es necesario evaluar el diseño institucional, esto con el fin de aplicar correctivos para resolver los problemas que afectan el desempeño de entes deportivos privados y, por ende, su imagen ante la sociedad. En síntesis, el modelo de organización y administración requiere ser adaptado a los nuevos desafíos, pero especialmente para combatir las amenazas del Olimpismo.

Finalmente surge una interrogante ¿Qué hacer para que las organizaciones deportivas sean más legítimas? A partir de la pregunta se sugieren algunas acciones de mejora: 

1- Publicar todas sus actuaciones y decisiones en la página Web, especialmente las referentes a actas y movimientos financieros; 

2- Permitir el acceso a la información a todos los afiliados y a los entes de control; 

3- Establecer un perfil para los dignatarios que ocupan los diferentes cargos en el ámbito administrativo, disciplinario y de control; 

4- Adoptar un proceso transparente de elección democrática, en el cual cada aspirante pueda presentar y sustentar su programa de trabajo;

5- Definir mecanismos de revocatoria de mandato, esto para los dignatarios que incumplan sus programas de trabajo; 

6- Exigir una formación o capacitación mínima para ser dirigente deportivo, especialmente relacionada con las ciencias del deporte, en el área de la gestión deportiva; 

7- Definir unos mecanismos internos en cada país, para la asignación de sedes, respecto a los diferentes eventos deportivos; 

8- Otorgar mayores facultades a las comisiones disciplinarias, igualmente dotarlas de los recursos necesarios para que puedan actuar con independencia y celeridad; 

9- Exigir a las instituciones un mayor compromiso con el deporte formativo, con el fin de combatir la especialización y competición temprana en niños; 

10- Implementar programas que estén orientados a la formación en principios y valores del Olimpismo; 

11- Exigir a las instituciones un proceso permanente de autoevaluación, con miras a la obtención de certificaciones de calidad;

12- Establecer indicadores para medir el impacto de las organizaciones en las diferentes comunidades deportivas, y

13- Adecuar el modelo institucional a las necesidades de las comunidades deportivas y los principios del Olimpismo.

OPORTUNIDADES: ¿Qué pierde y qué gana el deporte en esta situación de aislamiento?

Alberto Vásquez Gil
Dirigente deportivo, especialista en gerencia deportiva de la Universidad Autónoma Latinoamericana y escritor de cinco libros sobre el deporte.

Indudablemente que para el deporte es más lo que se pierde que lo que se gana en una situación de riesgo y aislamiento físico y social como la que nos encontramos actualmente. Pero bien vale la pena hacer un análisis de esta realidad, en especial para vislumbrar los aspectos positivos que puede haber detrás de esta crisis:

Si bien se ha golpeado bastante al mundo deportivo en sus programaciones habituales, en su promoción y en su economía (ver resumen anexo), también podemos mirar para qué ha servido o puede servir este tipo de situaciones críticas en los distintos países, de acuerdo a las medidas que se hayan tomado, por lo general de suspensión de las prácticas deportivas regulares.

Entre los aspectos que pueden considerarse favorables, positivos o propicios para sacarle provecho a esta circunstancia, pueden estar los siguientes:

1- Es una oportunidad de replantear el desarrollo y crecimiento de algunos parámetros en el deporte profesional o de alta competencia, como las exageradas remuneraciones existentes a sus principales actores o el exceso de eventos deportivos programados de todo tipo, con el fin de hacer más viable y razonable la sostenibilidad de este sector en el medio.

2- Se ha notado un incremento, aunque forzado por las circunstancias, de la actividad física en espacios cerrados y reducidos para una mayor parte de la población, unos, que ya tenían el hábito del ejercicio y otros, que eran muy inactivos. Algo que sin duda alguna es conveniente para la salud y para mejorar los indicadores de la actividad física en el país. 

3- Así mismo, el incremento de la creatividad para habilitar lugares y desarrollar diversas alternativas para realizar ejercicios físicos y para pensar en otras opciones alternas para el deporte.

4- Es la oportunidad para explorar más en la parte virtual a aplicar en el deporte y la posibilidad para adquirir mayores conocimientos sobre el tema a través de la lectura, la investigación, clases y escritos relacionados.

5- También, la oportunidad para replantear y hacer ajustes a los planes de desarrollo deportivo territoriales del cuatrienio, que en los departamentos y municipios de Colombia apenas estaban en vías de estudio, socialización y aprobación por las entidades correspondientes. Lo mismo que la reprogramación y planificación de las actividades y programas deportivos para el segundo semestre y el 2021.
6- Es el momento justo para sacar a relucir los valores humanos que el deporte nos ha enseñado y aplicarlos a la vida diaria, tales como: la disciplina, la voluntad, la solidaridad, la cooperación, la integración, el equilibrio y control emocional, la creatividad y el respeto, entre otros. ¡Muy importante hacerlo!

Anexo sobre las principales consecuencias negativas para el deporte:

a- La suspensión de los grandes espectáculos deportivos, tan arraigados en nuestra sociedad moderna, como los Juegos Olímpicos, las ligas de fútbol, los campeonatos mundiales y continentales y las grandes pruebas ciclísticas, que tanto interés despliegan por su gran nivel y sus trasmisiones televisivas. Con este panorama, no solo se perjudican los practicantes del deporte competitivo, sino también, la afición a esta actividad, los proveedores y el comercio informal ligado a estos eventos deportivos.

b- Otro de los grandes perdedores con esta pandemia ha sido la parte económica y publicitaria que es la que contribuye en gran parte a financiar el deporte, lo que obliga a replantear muchos de los patrocinios, derechos de YV y remuneraciones que normalmente maneja esta actividad. 

c- Un tercer factor que podríamos considerar perjudicial para el deporte, es la reducción del entrenamiento de nuestros deportistas en forma óptima, porque sin escenarios disponibles ni eventos o fogueos preparatorios, se dificulta enormemente alcanzar el nivel de rendimiento del deportista.

d- Las repercusiones sociales y laborales generadas por esta crisis, también hacen parte de este análisis porque son muchos los medios y estamentos que se ven perjudicados en sus ingresos, en su trabajo y en su recreación o 
entretenimiento.

e- La reducción de los espacios para la práctica deportiva en general debido malas medidas tomadas, es un golpe directo a los programas de formación deportiva en especial, que tanta trascendencia tienen para el desarrollo deportivo, y también, para todas las entidades deportivas obligadas a cesar sus acciones de promoción y organización del deporte.

HACE 40 AÑOS: Antioquia rompe la hegemonía del Valle, en los Juegos Nacionales

En 1978, el médico Antonio Roldán Betancourt comenzó su gestión en la dirección de Coldeportes Antioquia, con una nueva mentalidad y con el objetivo de ganar los Juegos Nacionales Neiva 1980, para romper la hegemonía del Valle del Cauca ejercida en las últimas cinco ediciones del certamen.

Para conseguir ese objetivo, bajo su liderazgo, Coldeportes regional y las ligas deportivas antioqueñas trazaron los respectivos planes, que debían contar con un respaldo económico, finalmente alcanzado por dineros de la propia entidad oficial y de algunas empresas privadas antioqueñas, que se convencieron y compartieron el objetivo de ser los primeros en el máximo certamen deportivo colombiano.

Dentro de las novedades establecidas en la administración de Roldán Betancur se destacaron la creación del primer centro médico deportivo del país y la construcción de la sede de la Casa del Deporte, en la Unidad Atanasio Girardot, que había crecido a raíz de la celebración en 1978, de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Cuando la delegación antioqueña -de la cual formó parte Baltazar Medina, actual presidente del Comité Olímpico Colombiano- llegó a Neiva, Antonio Roldán Betancur descendió del bus con un trofeo gigante que le entregó a su jefe, Mike Forero Nougués, director Nacional de Coldeportes, con estas palabras:

-“Aquí tiene este trofeo que Antioquia dona para el campeón de los juegos. Es tan bonito, que queremos llevarlo con nosotros de vuelta a Medellín”.
El director de Coldeportes lo tomó y respondió:
“Si Antioquia es el campeón, el trofeo volverá a casa. De lo contrario, tendrá otro destino”.

El trofeo regresó a Medellín, porque Antioquia acabó con la hegemonía de cinco títulos consecutivos del Valle del Cauca, en las mismas manos que lo llevaron a Neiva, las de Roldán Betancur.

Esa ha sido la única vez que una región recibe un trofeo por ser el campeón general de los Juegos Nacionales, porque por políticas de Coldeportes, no se consagra a un gran ganador, sino a cada atleta que obtiene una de las tres medallas en juego, por competencia.

Roldán Betancur, a su regreso a Medellín impulsó la compra y apertura de una casa en el barrio El Pedregal de Medellín, bautizada “Neiva 80″, para que a los antioqueños se les grabara por siempre este episodio, que marcó el fuerte ascenso del deporte paisa, que se extiende hasta nuestros días. La Casa Neiva 80 ha sido destinada para impulsar programas de deporte social y comunitario, y cuenta con escenarios deportivos e instalaciones para el alojamiento de atletas.

Roldán Betancourt siguió en la política, hasta llegar a ser el primer Gobernador de Antioquia, por elección popular, en 1988. Un año después de haber desarrollado una labor de modernización en las principales entidades del departamento fue asesinado con un carro bomba, en una calle de Medellín.