Semblanza. Saskia, la Atenea colombiana

La esgrimista colombiana Saskia Loretta Van Erven García, bien podría ser la imagen perfecta para alguna revista de modas. Su mirada profunda; sus ojos color miel, que se plasman de inmediato en la mente de quienes la miran por primera vez; esa textura de la piel y su porte elegante y único; mezclada con esa fuerza, verraquera y perseverancia típica de la mujer colombiana hacen de ella un modelo solo comparable con Atenea, Diosa de la mitología griega, quien es la máxima exponente de la sabiduría, la estrategia y la guerra justa.

El dúctil carácter de Atenea cuadra a la perfección con el de Saskia, quien es una mujer que le ha tocado acostumbrase a las diferentes situaciones por las que ha pasado en su vida, y levantarse de cada una de las caídas que ha sufrido en este largo y duro camino del deporte.Todo eso ha hecho de la esgrimista colombiana, una mujer madura, que sabe lo que quiere y hasta dónde quiere llegar.

“La esgrima, más que un deporte y un hobby es mi vida”, así lo dice la deportista colombiana. Y  cómo no serlo, si lo lleva en la sangre. Es hija del esgrimista holandés Roy Van Erven y de Gloria García Pacheco, también esgrimista colombiana, quien conquistó la medalla de bronce en los Juegos Panamericano disputados en Cali, Colombia, en 1971, en esta disciplina y fue campeona en varias ocasiones en los Juegos Deportivos Nacionales, en representación del Valle del Cauca.

Sus padres se conocieron en una de las tantas paradas de este deporte en Rotterdam, Holanda.  Al poco tiempo Gloria se radica en ese país lejano y desconocido,  y guarda en su maleta, además del amor por Colombia y su Cali del alma, su florete (una de las tres armas que se usan en la esgrima), la careta y el uniforme blanco, para casarse con el padre de la que sería su sucesora en este deporte.

Empezó en este deporte a la edad de 6 años, bajo la orientación de su mamá, pues por su corta edad no podía pertenecer a ningún club. Saskia, antes de jugar con muñecas, lo hacía con espadas, floretes y caretas que adornaban su casa.

A los doce años ya era una promesa. Se destacó tanto en Europa, que apareció en el ranking mundial. Antes de representar a Colombia integró la Selección Valle. Se calzó el uniforme rojo para estar en los Juegos Nacionales. La experiencia que adquirió le sirvió para coronarse en varias copas del mundo Junior.

La atleta también practicó el ballet por seis años, e intentó otros deportes, pero la esgrima realmente es su pasión.

Representar a Colombia

Junto a un grupo de ex compañeros de Indervalle, Gloria, su madre, organizó un torneo infantil en el que Saskia ganó el primer lugar. Esa fue la primera vez que compitió en Colombia. Después de eso viajaba constantemente al país.

“Empecé a viajar a Colombia con mas frecuencia aprovechando que toda mi familia vive allá, y competía en casi todos los torneos de esgrima que se realizaban allí representando al departamento del Valle del Cauca. Me enojan mucho las personas que dicen que soy holandesa y que no debería de competir por Colombia. Soy tan colombiana como mi mamá. Cuando la federación de esgrima de Holanda me quitó el apoyo, ella decidió contactar a la federación colombiana aprovechando mi doble nacionalidad, realizamos todo el proceso de la certificación e inscripción y así comencé a representar al país, a mi país, aunque mucha gente no lo entienda. Después de tres años sin competir pude volver a este deporte, gracias a mi mamá y a Colombia”, Recuerda la deportista Olímpica, quien empezó a competir en el año 2008 en los juegos deportivos nacionales representando a la liga del Valle donde quedo campeona en la modalidad florete, su especialidad.

A pesar de haber nacido fuera de el país y vivido la mayor parte de su vida en el exterior, ama a Colombia como nada en el mundo, extraña su comida, en especial las arepas y los pandebonos y le encanta los frijoles. Cada que puede visita a su familia a Cali, donde disfruta cada momentos alrededor de sus seres queridos, pues como ella misma dice, “ son mi única familia, en Holanda no tengo a nadie solo a mi madre, y no conozco ni me interesa conocer a la familia de mi padre”. De la que muy poco habla.

El reto para la colombiana en Brasil será superar lo hecho en Londres, donde fue eliminada en la segunda ronda, en la modalidad florete, por la alemana Carolin Golubytskyi, quien la venció 14-9.

En el 2015 Saskia logró la medalla de plata en la Copa Mundo que se disputó en Cancún, México, certamen que hizo parte del calendario del ciclo olímpico.

También obtuvo la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos realizados en Veracruz, México en el año 2014.

Medalla de bronce en los Juegos Suramericano de Santiago de Chile 2014.

Medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015.

Durante este periodo la deportista ha participado en diez Copas Mundo como preparación para el certamen olímpico.

OTROS TITULOS OBTENIDOS.

Campeona Nacional de Holanda en florete: 2011, 2012, 2013, 2014
Campeona en florete y espada de los Juegos Nacionales de Colombia: 2008, 2012, 2015
Segundo lugar en el campeonato de Europa 2006 en Poznan, Polonia
6ª posición en el campeonato mundial de junior 2006 en Taebaek City, Corea
Campeona en florete y espada en los Juegos Bolivarianos 2013 en Trujillo, Perú

Segundo lugar en los Panamericanos 2012 en Cancún, México.

Y en estos momentos se encuentra en el puesto 27 del ranking mundial, lugar que le permitió un cupo a los próximos Juegos Olímpicos de Río 2016.

Semblanza: El espíritu libre de Bernardo Baloyes

Comunicaciones COC

Por ese espíritu libre que lo acompaña siempre, oírlo hablar y verlo correr son cosas similares: en las dos todo fluye con especial naturalidad, antes y después de ser el uno de los grandes velocistas nacionales, en los tiempos modernos.

“El atletismo me divierte. Es un deporte muy bonito, para disfrutarlo, no para estresarse”, dice con su habitual naturalidad, quien ha sido capaz de enfrentarse a importantes velocistas del mundo y derrotarlos como si fuera sencillo. Bernardo Baloyes nació el 6 de enero de 1994, y es el mayor del hogar formado por su padre, del mismo nombre, y su madre, Yarlenis, que conforman también sus hermanos Luis Esteban y Lina María.

En este atleta, todo tiene su origen en su personalidad libre que desde niño desarrolló en Isla Fuerte, como pescador y aficionado al fútbol. “Yo era uno del montón en Isla Fuerte, un loquito que sólo sabía correr detrás de un balón de fútbol, que casi nunca lograba alcanzar. Alguna vez me vio jugar el alemán Udo Shouke, de la Fundación Ada, y se me acercó y me dijo que yo corría más que lo que jugaba, y que podía dedicarme al atletismo”.

En esos momentos, la familia atravesaba difíciles momentos por razones económicas. “Sin embargo, el espíritu guerrero de mi mamá afloró, para sacarnos adelante. Ella se fue a vivir a Medellín, de donde nos mandaba plata e implementos para estudiar”.

Corría el año 2010, cuando Bernardo se fue también a Medellín y empezó a estudiar el bachillerato en la Escuela Feliciana Botero, animado y aconsejado por su mamá, y a frecuentar la pista del estadio de Atletismo Alfonso Galvis Duque. Como era un perfecto desconocido en el deporte, este joven de 16 años, menudo y de 1.71 metros de estatura, recibió apoyo económico del señor Udo Shouke, que le permitió abrirse paso entre los atletas de Antioquia, bajo la dirección del técnico Raúl Díaz, gracias a su extraordinaria velocidad natural,.

Menos de un año después empezó a conformar las delegaciones antioqueñas a los torneos nacionales, y en el 2012 irrumpió con fuerza, en el Campeonato Nacional, celebrado en Medellín, al ganar los 400 metros planos, con 46:07, y en los 200 metros romper la marca suramericana juvenil establecida hacía 10 años por el brasileño Bruno Nascimento Pacheco, en 20s.54, al invertir 20.48,  que se convirtió, además, en nuevo registro nacional de mayores, que también le permitió quedar ese año ubicado entre los 10 primeros juveniles del escalafón mundial.

Ya metido en la élite del atletismo antioqueño recibió el apoyo gubernamental, al cual respondió a satisfacción, porque empezó una escalada de superación de la marca de los 200 metros planos, su más fuerte prueba: en 2013 establece 20.46, y logra clasificar al Campeonato Mundial, en Moscú, en el cual es eliminado en la primera serie; en el 2014 logra la medalla de plata de la 200 metros, en el Iberoamericano de São Paulo, Brasil, con 20.43, y, conforma, con 20 años de edad, el equipo colombiano de 4×400, con Diego Palomeque, Carlos Lemos y Rafith Rodríguez, que finaliza tercero en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz, México.

Convertido en una figura del atletismo antioqueño, Bernardo Baloyes se echó encima la responsabilidad de apoyar a sus hermanos, a quienes se llevó a Medellín, en donde, animados por su mamá, todos terminaron el bachillerato.

Vendrían después los Juegos Bolivarianos de Santa Marta, en noviembre de 2017, en los cuales alcanzó dos medallas de plata, en los 200 metros planos, y en el relevo de 4×00.

El 2018 ha sido el año más importante, por sus actuaciones en los Juegos Suramericanos, de Cochabamba, en los cuales logró dos medallas de oro, como parte de los relevos de 4×100 y 4×400, y una de bronce, en su prueba, los 200 metros, y en los Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla, en los que logró la medalla de oro en los 200 metros planos por primera vez para Colombia. En 92 años de existencia del certamen con una marca de 20 segundos y el mejor registro técnico del certamen lo ubicó como uno de los grandes del mundo.

En la actualidad, Bernardo Baloyes estudia gastronomía en el Cesde de Medellín, una institución para el Trabajo y el Desarrollo Humano, porque “me apasiona la comida y soy feliz cocinando, pues uno puede escoger lo que quiera y prepararlo como quiera. Por eso soy mi propio nutricionista”.

Agrega“Soy un chef internacional y voy para ´las grandes ligas´. La Universidad tiene un programa que le permite a uno escoger un país para hacer las prácticas y yo escogí a España”.

Bernardo Baloyes Navas es dueño de las marcas nacionales de los 200 metros, en las categorías Sub-15 (21:18 s), Sub-20 (20:46s), Sub-23 (20:37) y mayores (20:11). Además forma parte de los equipos que tienen los registros nacionales, en el relevo corto Sub-20 (40:08), Sub-23 (40:14) y mayores (38:97).

Tiene, además, las marcas nacionales de los 200 metros, en todas las categorías, desde sub-18 hasta mayores. Igualmente hizo parte del relevo 4×100 que impuso el récord nacional de la categoría sub-20 (40.08), en el 2011, y del equipo de mayores (38.97), en los Juegos de Cochabamba 2018.

Pero por si fuera poco Bernardo Baloyes  se conviritó en el trecer atleta colombiano en clasificarse a los proximos Juegos Olímpicos  de Tokio gracias a que en 2019 durante la edición 30 del Grand Prix Ximena Restrepo logró hacer la marca de 20.19 seguido por el brasileño Aldemir Gomes que hizo una marca de 20.32 y Jospe Hernandez de Cuba con una marca de 27.01

El reto de Baloyes ahora es más grande, ese espiritu competitivo tiene que demostrarlo en sus segundos Juegos Olímpicos, a los que ya no va a participar, sino a competir y en los que espera, como lo dice siempre, darle una alegría a Colombia. 

Análisis. ¿Por qué Álvaro Mejía Flórez no fue medallista olímpico?

Alberto Galvis Ramírez
Director Revista Olímpica
Miembro de la Academia Olímpica Colombiana

El pasado 15 de mayo cumplió 80 años de edad, uno de los más grandes atletas colombianos de la historia, el antioqueño Álvaro Mejía Flórez, quien fuera considerado en 1966, como el mejor semifondista del mundo, y candidato a medallista olímpico, dos años después, en los Juegos de Ciudad de México.

Mejía ganó todos los títulos de los certámenes de las áreas Bolivariana, Suramericana y Centroamericana y del Caribe, hasta 1966. En estos últimos Juegos logró la triple corona de los 1.500, los 5.000 y los 10.000 metros. En ese momento, muchos países del mundo habían anunciado su no asistencia, dos años después, a los Juegos Olímpicos de México, por los más de 2.600 metros de altura de su capital, lo que atentaría en contra de la integridad de los atletas. Entonces, las autoridades mexicanas organizaron un certamen que denominaron Semana Preolímpica, para demostrar que la altura no era peligrosa para los atletas, e invitaron a los mejores del mundo, entre quienes estaba este sorprendente colombiano, que había ganado todas las pruebas de semifondo, de un exigente certamen, como eran los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Mejía asistió y derrotó a los dos mejores del mundo, Mohamed Gammoudi, de Túnez, en los 5.000 metros, y Gaston Roelants, de Bélgica, en los 10.000. El año lo cerró con victoria en la entonces afamada Carrera de San Silvestre, en Sao Paulo, Brasil, en la cual derrotó, de nuevo a Roelants, por la abismal diferencia de 53 segundos, la más alta, en la historia de dicha carrera. Terminó el año y Mejía fue considerado por expertos del atletismo como el mejor semifondista del mundo.

Recordar lo que ocurrió con Álvaro Mejía Flórez, en los dos años siguientes, nos permite analizar el antes y el después de la historia del deporte colombiano, porque todo lo que a él le faltó para pelear por una medalla olímpica es lo que hoy tienen nuestros mejores atletas y que ha permitido el actual desarrollo del deporte colombiano.

“Cuando les gané a los mejores semifondistas del mundo, en México 1966, regresé a Colombia, y me pusieron sobre los hombros la candidatura a ser medalla de oro, dos años después, en los Juegos Olímpicos de México y… me dejaron solo”, recuerda Mejía, con tristeza y rabia.

El año de 1966 los cerró Mejía, con un resonante triunfo en la entonces afamada Carrera de San Silvestre, en Sao Paulo Brasil, en la cual aventajó al mejor fondista del mundo, el belga Gaston Roelants.

En estas palabras, Mejía resume su drama, frente a las actuales condiciones que se les brindan a los atletas colombianos, que son las necesarias para cualquier atleta de altos logros se convierta en uno de los mejores del mundo:

  1. Apoyo económico, para su supervivencia. Mejía y sus siete hermanos dependían del trabajo de su padre, Alfonso Mejía, en su empresa de aluminios Indal, en la que se fabricaban ollas, olletas y platones. Sin embargo, el padre murió en 1957, y Álvaro, que era el mayor, debió asumir el papel de papá, velar por la educación de sus hermanos y manejar la empresa, que le exigía trabajar días enteros a altas temperaturas, lo que le generaba un notable grado de agotamiento, además del desgaste propio de sus entrenamientos de atletismo. Estas duras tareas las complementaba con sus estudios, inicialmente, en el colegio Santo Tomás de Aquino (hoy, la universidad del mismo nombre), y después, en la Escuela Militar de Cadetes. En resumen, Mejía no tenía cómo concentrarse únicamente en su atletismo, porque la prioridad era la supervivencias propia y de su familia, y su organismo estaba sometido todo el tiempo a un exagerado desgaste físico. Hoy, por fortuna, nuestros mejores atletas son apoyados por el gobierno y por el Comité Olímpico Colombiano, y viven de los ingresos que les genera el deporte.
  2. Acompañamiento técnico. Mejía fue siempre un rebelde, que no tuvo jamás entrenador, ni siquiera cuando integraba los equipos nacionales y debía estar bajo el mando de los orientadores oficiales, porque pocas veces dejaba que lo aconsejaran. Hoy, nuestros atletas más consagrados cuentan con la orientación de entrenadores profesionales y personal interdisciplinario, que está todo el tiempo a su lado, y encargados de trazar y acompañar sus planes de entrenamiento.
  3. Fogueos. En la época de Mejía, los fogueos eran pocos y para viajar se debía mendigar en los gobiernos y en empresas privadas. Muchas veces viajaba fuera del país, luego de participar sólo en competencias locales, de baja calidad, como ocurría en los años sesenta del siglo XX. Hoy, nuestros mejores atletas cuentan con recursos suficientes para viajar todo el tiempo a participar con los mejores del mundo, es decir, que cuando llegan a las máximas instancias, por ejemplo, a unos Juegos Olímpicos, ya están familiarizados con el más alto nivel de competencia, conocen a sus rivales y ellos los respetan, es decir, pueden participar de tú a tú.
  4. Planificación. En su carrera, Mejía trazaba sus propios planes, con sus empíricos conocimiento. Hoy, la dirigencia deportiva colombiana planifica, por ejemplo, cuatro años antes de unos Juegos Olímpicos, y tiene en cuenta cada detalle que se requiere para llegar a las metas con la mejor preparación.
     
  5. Escenarios. Mientras nuestros mejores atletas del presente cuentan con  escenarios para sus prácticas, en la época de Mejía sólo existía en Bogotá, una pista de carbonilla, en la Universidad Nacional, destinada exclusivamente a la comunidad estudiantil. Muchas veces, Mejía se “colaba” por encima de alguna pared o reja, para llegar a hurtadillas a la pista y hacer su entrenamiento. En incontables oportunidades era detenido por los vigilantes, que lo sacaban como a un ladrón, porque no tenía carné de dicha alma mater. Y era la gran esperanza del atletismo Suramericano, para México 1968.
  6. Lesiones. Durante los dos años siguientes lo acompañaron las lesiones. Todo comenzó en enero de 1967, con una simple gripa, que le duró más de lo usual. Después sufrió una lesión en la columna vertebral y, finalmente, un traumatismo en su pierna izquierda, que le impidió participar en una gira por Estados Unidos y cancelar varias presentaciones en Europa. Esto lo llevó a redoblar sus entrenamientos, para tratar de recuperar el tiempo perdido, lo que le provocó continuas saturaciones físicas. El poco desarrollo de la medicina deportiva de entonces y la ansiedad del atleta impidieron que se recuperara pronto, para retomar los entrenamientos planificados., de manera adecuada Hoy, nuestros atletas cuentan con la asistencia de las ciencias médicas, que han alcanzado un desarrollo importante en nuestro país.
  7. Apoyo psicológico. Este fue un punto clave, para que Álvaro Mejía Flórez fracasara en su empeño de ser medallista olímpico, aún con las condiciones necesarias para lograrlo, porque, antes de obtener las dos victorias en la Semana Preolímpica de Ciudad de México, era un desconocido, y después de esto se convirtió en el número uno del mundo, vigilado por todos sus rivales, lo que incrustó en su mente, toneladas de temores, que no supo desterrar. Igualmente,  las lesiones minaron su resistencia psicológica y pudieron influir en la lentitud de su recuperación. Cuando llegó a Ciudad de México, en 1968, para competir en los 10.000 metros “sólo quería que esta pesadilla terminara pronto”, recuerda. Fue tal su nerviosismo, que “se robó” la salida, de una competencia que por lo larga es casi imposible que un atleta cometa esta falta. Al final terminó décimo. Confiesa que cuando cruzó la meta descansó del trauma que lo acompañó casi durante los dos últimos años. Como lo mencionamos, hoy, nuestros atletas cuentan con el apoyo de sicólogos expertos, que los ayudan a recuperarse mentalmente de los difíciles momentos de crisis.
Álvaro Mejía Flórez, víctima de la ansiedad y el nerviosismo “se roba” la salida de los 10.000 metros planos, en los Juegos Olímpicos México 1968.

En los años siguientes, Mejía logró figuraciones importantes, como ser el primer latinoamericano en ganar la maratón más antigua del mundo, la de Boston, en 1971, y el tercer lugar en los 10.000 metros, en los Juegos Panamericanos Cali 1971.

Álvaro Mejía Flórez fue una gloria del atletismo colombiano en la década de los años sesenta del pasado siglo.

Editorial. El retorno

Baltazar Medina
Presidente Comité Olímpico Colombiano

La crisis mundial por cuenta del COVID – 19, y sus efectos,  impactarán negativamente  todos los sectores de la vida nacional de todos los países.

En nuestro caso, ya el Presidente de  la República ha venido anunciando todos los cambios que se tendrán que hacer en muchos de los programas del Plan de Desarrollo, que, por supuesto, afectarán al sector del deporte, y producirán, como es lógico, muchas preocupaciones en todos los estamentos del Sistema Nacional del Deporte.

Todos los temores y preocupaciones que nos genera el anuncio de la llegada de una crisis de recursos para financiar adecuadamente todas las actividades físicas y deportivas nos llenan de dudas acerca de la manera correcta de enfrentar la crisis, y es ahí en donde empiezan a surgir hipótesis, propuestas, señalamientos y premoniciones. A todo este estado de cosas es lo que el filósofo francés Edgar Morín denomina Festival de Incertidumbres, pues según él, cualquier crisis en una sociedad suscita dos procesos contradictorios:

El primero, el más deseable a mi juicio, estimula la imaginación y la creatividad para investigar nuevas soluciones.

El segundo tiene dos caminos: la búsqueda a toda costa del retorno a la normalidad del pasado, que para muchos podría representar volver a la llamada zona de confort, o la espera de una salvación providencial, sin pasar primero por el señalamiento de posibles culpables.

Dándole validez a estas tesis del profesor Morín, podríamos decir, entonces, que para enfrentar los posibles efectos negativos de la crisis en el sector deporte, tenemos que buscar la claridad suficiente sobre el qué hacer, antes de emprender cualquier camino que nos conduzca a las soluciones deseadas y esperadas, sin apartarnos de la lógica racional, en medio de la crisis, para lo cual debemos tener siempre presente, muy presente, los siguientes aspectos:

  • En primera instancia debemos aceptar que estamos frente a una crisis de efectos negativos incalculables todavía, que nos ha cambiado la realidad en que vivíamos. Por consiguiente no tendría sentido seguir haciendo lo mismo. Surge, entonces, la inaplazable necesidad de asumir nuevos retos, quizás nuevas oportunidades, si somos lo suficientemente creativos
  • Por lo anterior necesitamos identificar con claridad las condiciones en que quedamos con respecto a los demás, para poder calcular con precisión, nuestras posibilidades de éxito.
  • En este escenario, y ante la inminente limitación de recursos, debemos tener criterios muy definidos para establecer prioridades y orientar adecuadamente la inversión de los recursos disponibles
  • Lo anterior depende de nuestra capacidad para hacer lecturas inteligentes de los distintos contextos en los que se realizan las prácticas físicas y deportivas, como paso inicial para decidir los criterios para la priorización de la inversión de los recursos
  • Hay que romper esquemas y escuchar con atención las sugerencias y recomendaciones de los expertos, para evaluar la adaptabilidad a nuestro medio de nuevas tendencias, de nuevos métodos de trabajo y de nuevos criterios, para definir la importancia de la participación en los grandes eventos deportivos, que de suyo son los que requieren mayores inversiones
  • Sin necesidad de recurrir a los expertos, por ahora, es fácil deducir de este análisis, que el único camino que tenemos es el del cambio, pero del cambio no como opción de supervivencia, sino del cambio como una oportunidad para mejorar en todos los aspectos, a partir de nuevos modelos y de propuestas de acciones más ajustadas a los intereses y necesidades de la comunidad deportiva en general. En consecuencia, la gestión del cambio será el gran reto para todos los dirigentes deportivos y entidades del Sistema Nacional del Deporte, para lo cual se requiere “mucha plasticidad cerebral  y de prácticas disruptivas, como la base para el cambio”.

Recorrer este camino no será fácil. Todo  lo contrario: será muy difícil, pues requerirá de nuevos aprendizajes y de muchos procesos de readaptación a nuevos modelos de gestión. Pero debemos emprenderlo con el optimismo propio del deporte, con la certeza que nuestro deporte no se marchitará y que, por el contrario, seguirá brillando con luz propia y se recuperará de este difícil momento, gracias a su poder para convertir derrotas en revanchas victoriosas, por encima de cualquier adversidad.

Atletas. Sinónimo de esfuerzo y búsqueda de la excelencia

Mg. Clemencia Anaya Maya
Vicepresidenta Academia Olímpica Colombiana
Especial para la Revista Olímpica Digital

Nada podría ser más emocionante  y motivante en los Juegos Olímpicos antiguos, que ver a los atletas disponerse para la competencia. En ellos estaba cifrada la esperanza de cada uno de los pueblos que representaban, que ansiaban verles llenarse de gloria, para el honor de todos sus habitantes. 

Recuerdo en Atenas 2004, cuando fui a ver la prueba de lanzamiento de bala (la única que se llevó a cabo allí, en el Santuario de Olimpia), que todos los que asistimos nos sentamos alrededor de la pista como lo hacían en la antigüedad… más de cuarenta y cinco mil personas observamos con emoción la llegada de los atletas, atravesando el túnel de entrada al Estadio, como lo hacían casi tres mil años atrás.

El “rugir” del Estadio en pleno, ante la aparición de los competidores me conectó de inmediato con la historia y los relatos de Pausanias y Homero. En la antigua Grecia se le denominada athletés a los luchadores, una palabra formada a partir del verbo athlein, que significaba luchar, combatir y esforzarse hasta ganar un premio. En algunos casos, el vencedor recibía una corona de laurel, como en los Juegos Píticos; una  corona de pino, como en los Juegos Ístmicos; una corona de apio, al igual que en los Juegos  Nemeos, o una corona de olivo, similar a la de los Juegos Panhelénicos, que se llevaban a cabo en Olimpia y que hoy denominamos Olímpicos.

Según Homero, los atletas sabían que la belleza y la fortaleza de sus cuerpos era esencial para su felicidad. Su amor por un cuerpo hermoso y fuerte era tal, que consideraban la vejez como un mal peor que la muerte misma. Preferían la muerte a la vejez, con todos los problemas que conllevaba, porque creían que la belleza y la fuerza de su cuerpo se habían perdido para siempre. Dedicaban su tiempo a cultivar cuerpo, mente y espíritu, y deseaban conseguir la gloria en honor al dios Zeus y enorgullecer a su pueblo.

Los Atletas Griegos que salían victoriosos de la lucha eran considerados imitadores de Hércules. Según Pausanias, los atletas ejercían  su profesión antes de los 35 años, por considerarse este el límite de mayor vigor físico. Si al llegar a esta edad  no conseguían ninguna corona renunciaban al oficio. Los prototipos de los atletas eran Hércules, en Grecia, y Mercurio, en Roma.

Con el tiempo y el constante uso de la palabra athletés, esta pasó al latín, con la expresión athleta, que fue tomada entre los siglos XIV y XV para formar la palabra española y portuguesa atleta, así como la francesa athlète y la inglesa athlete. Con el ánimo de profundizar en el lenguaje de la época y entender su trascendencia es preciso anotar que ellos le daban el nombre de athlos, a lo que hoy denominamos competencia y para referirse a los premios que se otorgaban en los combates se utilizaba la palabra athlon.

Adam Nelson, de Estados Unidos, ganador del oro del lanzamiento de bala, en el campo de Olimpia, en Grecia, en 2004. Foto: Team USA.

Vale la pena recordar que para los griegos, los dioses eran competidores deportivos y de esta manera inspiraban a su pueblo a imitarlos y superarlos, como es el caso de Hércules y Teseo. Como resultado, los dos grandes héroes de la mitología griega luchaban constantemente contra las bestias salvajes y los monstruos, para permitir que prevalecieran la ley y la razón, mientras liberaban a la sociedad humana de las fuerzas herméticas y peligrosas de la naturaleza.

De esta manera, entre las labores de Hércules y las hazañas de Aquiles se construyó la palabra athlos, que fue un gran logro destinado a promover la civilización y liberar al hombre de las fuerzas de la oscuridad. Posteriormente, el significado de este término se hizo más amplio y athlos también significó el resultado exitoso de una meta difícil, fortaleza y paciencia en tiempos de dificultad y vicisitud, un acto digno de elogio, una victoria deportiva, una distinción del logro intelectual o la conquista de la corona en una victoria de los Juegos.

Es muy interesante ver cómo el origen “atlético” de la palabra se va involucrando en la educación y transformación de la sociedad, y empieza a cubrir diversas formas de la actividad humana, que contribuyeron al avance  de la civilización, en especial en cuanto se refiere a la educación de los jóvenes, con base en la educación física y el deporte. Debo resaltar, que en esa época los helenos eran enfáticos en declarar  que todo aquel que rechazaba el entrenamiento físico era considerado como una persona sin educación.

La palabra athlos también representaba buenos modales, nobleza de espíritu, honestidad y juego limpio. En otras palabras, todo los que concierne a la formación y entrenamiento de un atleta era de tal magnitud, que iba enlazado con el objetivo de crear en los jóvenes el espíritu de superación y de lucha, bajo una espiritualidad religiosa que marcaba una conducta y una actitud de excelencia y respeto, que iba más allá de la competencia sobre la arena y trascendía en el comportamiento de su civilización.

Ahora bien. Desde la antigüedad, los atletas han sido reconocidos como iconos para el fortalecimiento de la conducta humana. La responsabilidad que sobre ellos y ellas reposa, no sólo tiene que ver con el resultado en términos de medallas y récords. Su imagen y su ejemplo dejan una huella vital en los jóvenes y en la sociedad en general. Los atletas olímpicos son el epicentro del Movimiento Olímpico, la admiración del planeta, la ilusión de niños, niñas y jóvenes.

De esta manera, el Comité Olímpico Internacional denomina a los competidores de la misma manera que en la antigüedad: atletas. Para el máximo organismo del deporte en el mundo, su esfuerzo y valor simbolizan el espíritu olímpico. Cada uno de ellos transmite los valores olímpicos de respeto, amistad, excelencia, juego limpio y buen ejemplo.

Honor y larga vida para los atletas y que los dioses del Olimpo nos permitan volver a verles sobre la arena en Tokio 2021!

Valores. Ultimate: alta competencia y auto arbitraje

Mauricio Moore
Impulsor, jugador y entrenador del ultimate; representante legal del Centro de Acondicionamiento y Preparación Física; entrenador del Club de Ultimate Frisbee; conferencista y organizador de eventos deportivos y académicos, y asesor de proyectos.

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Esta modalidad del disco volador tiene elementos del fútbol, del baloncesto y del rugby, pero se remplaza el balón por un disco. Pero lo más importante está en los valores que enseña, como ningún otro deporte, a partir del auto arbitraje (el que ejerce cada jugador), que exigen autoconciencia, autocontrol y ética, en la toma de decisiones arbitrales, en medio del fragor de la competencia.

También llamado Ultimate Frisbee, en referencia a la marca comercial “Frisbee”, es un deporte competitivo sin contacto, que es jugado en equipos de siete jugadores, con un disco volador de 175 gramos. Es distinguido por su principio de «Espí­ritu de Juego», su alto rendimiento, y la alegrí­a misma del juego.

Es jugado en un campo de césped o en la playa. En los dos extremos del campo se encuentran las zonas de gol y el objetivo es llevar el disco a esas zonas mediante pases (ya que no está permitido correr con el disco en la mano) sin que caiga al suelo, evitando la intercepción del pase por el equipo contrario.

A diferencia de muchos deportes, el ultimate contempla tres diferentes ramas en su reglamento fundamental: masculino (open), femenino y mixto, en este último los equipos están compuestos por hombres y mujeres, de los cuales debe haber tres de un género y cuatro del otro, en cada punto, a discreción del equipo atacante. Esto propende por la equidad e integración de género en el deporte, en el cual normalmente el papel de la mujer y del hombre van por vías diferentes.

En Colombia. El ultimate comenzó como un deporte universitario, en Bogotá, en 1995 y para el 2000 se realizó el primer torneo nacional con 300 deportistas en el país, aproximadamente. Debido a su Lógica de Espíritu de Juego se convierte rápidamente en estrategia para la resolución de conflictos y es adoptado por varias instituciones en diferentes programas del país, lo que le permite aumentar cada año el crecimiento, hasta conformar hoy una escena en Colombia de  más de 8.000 jugadores, en más de 90 municipios. Hasta ahora ha recibido dos medallas de oro, dos de plata y tres de bronce y varias veces el galardón a Espíritu de Juego, en competencias mundiales.   

En el Mundo. Comienza como un deporte universitario en EE.UU, en los setentas del siglo XX. Una década después se realizó el primer torneo mundial. Actualmente hay más de ocho millones de jugadores, en, aproximadamente, 60 países de todos los continentes, lo que demuestra el ágil crecimiento de esta disciplina deportiva, que, además, hoy es reconocida por el Comité Olímpico Internacional e incluida en el 2001, en el programa de los World Games.

Cuando existen dudas sobre el resultado de una jugada dudosa, los jugadores se ponen de acuerdo, y evitan con ello los conflictos propios del fragor del combate.

El ultimate es un deporte auto-arbitrado, en el que “se cree que ningún jugador incumplirá las reglas intencionalmente, por lo cual no hay penalidades severas a las infracciones, en cambio sí un método para resumir la jugada de manera que se simule lo que probablemente habría ocurrido, si no hubiese existido infracción.” Tomado del reglamento de la WFDF.

Este concepto de auto arbitraje confiere la responsabilidad de los actos a cada jugador y no a un ente externo; por tanto implica que el jugador conozca a cabalidad el reglamento, para poder hacer un buen uso de él y no delegue en el referee la percepción de lo que está bien o mal hecho.

En esta medida, al final de cada partido se llena una planilla oficial de la Federación Mundial, en la cual, cada equipo califica la conducta de “Espíritu de Juego” del rival, con cinco criterios objetivos; al concluir los torneos se genera un ranking entre todos los participantes del muy preciado Galardón de Espíritu de Juego, pero, además, deja dicho lo merecido de la victoria de los equipos que ostentan los primeros lugares, articulando entonces el verdadero sentido del Olimpismo, que es el más alto nivel de juego acompañado de la ética deportiva.

El ultimate establece el diálogo como proceso de resolución del conflicto, entendido como la oportunidad para resolver las diferencias. Así cada deportista implicado en un llamado o falta, expone en brevedad su punto de vista, en busca de llegar a un acuerdo, y en caso de que no se llegue a este, ambos acuerdan que la jugada se devuelva a su estado anterior.

Debido a que la percepción de cada jugador puede dar motivo a diferentes puntos de vista, pero que es posible que cada quien los considere desde su honesta percepción de los hechos se prescinde del Paradigma de la “Verdad Objetiva” y por el contrario se considera que la “Verdad Subjetiva” de cada cua, es un argumento importante y, por ende, es posible que cada quien tenga su propia realidad de lo sucedido, y si estas no concuerdan entonces se dé espacio a una nueva realidad que ambos acuerden y por esto se regresa la jugada. Esto trasciende significativamente a la vida cotidiana, generando una nueva forma de ver el mundo.

El ultimate es un deporte que se juega con ardentía.

En esa misma vía, el hecho de que cada deportista sea el juez promueve en los jugadores: el conocimiento de las reglas; ser justos, objetivos y honestos; la explicación de sus puntos de vista de forma clara y concisa, usando lenguaje respetuoso; permitir a los oponentes una oportunidad razonable para hablar, y resolver las discusiones lo más pronto posible.

Además se fomenta la competencia de alto nivel, pero sin sacrificar el respeto mutuo entre los jugadores, la adherencia a las reglas del juego acordadas, o el simple hecho de disfrutar del mismo.

El Ultimate y el deporte, en general, aumentan los niveles de adrenalina en los jugadores, lo que lleva, a menudo, a enfrentamientos violentos en otros deportes, e, incluso, traspasan hasta los espectadores. Poner al deportista constantemente en situación de “conflicto” y llevarlo a una resolución conciliada en el juego es el escenario perfecto para educarlo en la manera como se deben asumir tales sucesos en la vida cotidiana y hacer de estos mecanismos un hábito, apoyándose en que en el inconsciente colectivo, prima ser considerado un equipo con Buen espíritu de Juego y el sujeto indefectiblemente se rige por dicha conducta colectiva.

Hoy el Ultimate sigue creciendo en Colombia y en el mundo, para permitir cambiar los paradigmas que rigen el deporte y demostrar que es posible que existan puntos de vista válidos diferentes frente una misma cuestión y, en general, que cada quien tenga una Realidad Propia.

Sandra Galvis marcha rumbo a Tokio 2020

María Alejandra Rodríguez
Especial para la Revista Olímpica

Los Juegos Olímpicos de Río 2016 fueron su primera oportunidad, aquello por lo que tanto se preparó Sandra Liliana Galvis, una de las tres marchistas colombianas que clasificaron en los 20 kilómetros para representar a más de 50 millones de colombianos.

Viajó con la ilusión de colgarse una medalla, pero una lesión en el isquiotibial puso en juego su participación en los Olímpicos. Sólo pudo correr cuatro de los 20 kilómetros y con un terrible dolor decidió no terminar la prueba, ese fue uno de los momentos más difíciles en la vida de Sandra, sin embargo, lo más especial del deporte es que da revanchas.

“Me lesioné días antes de la competencia, los médicos me dijeron que no podía salir a competir, pero pensé, estando allá al menos me paro en la línea de salida, porque me preparé mucho para esto y no poder estar al menos en el calentamiento era más difícil, por eso lo intenté y soporté cuatro kilómetros con el dolor. Al menos tuve la experiencia de estar con las mejores del mundo. Yo no perdía la esperanza de hacer la prueba, así sea con dolor, pero fue aumentando mucho y el riesgo era mayor”, explicó Galvis.

Nacida en Chía (Cundinamarca) el 8 de junio de 1986, Sandra llegó al atletismo a los cinco años de edad, cuando el profesor Rolando Ortiz fue su entrenador y el culpable de que Sandra se enamorara de esta modalidad, la marcha atlética, porque se le facilitaba la técnica y aunque duró dos años corriendo, Ortiz vio que tenía la capacidad para la marcha y no dudó en prepararla para las futuras competencias.

La hija de Domingo Galvis María Lilia Gómez, desde muy temprana edad mostró amor por el deporte, responsabilidad en los entrenamientos y esfuerzo por ser mejor cada día, aunque inicialmente alrededor de 20 primos fueron a los entrenamientos de atletismo, Sandra fue la única que continuó por el camino, donde su mayor inspiración fueron sus padres, que estuvieron en cada proceso de preparación, en las victorias, pero mucho más en las derrotas.

Sandra tenía largas jornadas de estudio, mientras estuvo en el colegio logró dividir el tiempo de la mejor manera y en cuanto salía de estudiar, almorzaba y dedicaba la tarde al entrenamiento, no obstante, el panorama se puso difícil cuando entró a la Universidad. Entrenaba, estudiaba y hacía prácticas universitarias, en ocasiones debía ver pocas materias, para poder entrenar, pero nunca abandonó ninguna de las dos cosas que la hacían feliz. Ahora es profesional en pedagogía infantil y se prepara para competir en sus segundos Juegos Olímpicos.

En Cali tuvo su primera competencia Nacional, en la categoría infantil, cuando sólo marchaba cinco kilómetros y la ganó, una motivaron para seguir con esta modalidad y sin descanso siguió entrenando para las próximas competencias nacionales e internacionales. En su segundo año juvenil conoció a Diego Díaz, su actual entrenador y quien desde el primer día le dijo que ella estaba hecha para campeonatos Mundiales y Olímpicos, pero que debían llevar un proceso y una preparación para llegar  a tan altas competencias.

Los días de arduo trabajo empezaban en el estadio de Chía, que veía a Sandra entrenar a doble jornada, en busca de torneos y competencias de más alto nivel que la llevaran a afianzarse en el atletismo, pero más aún que pudiera tener una mejor resistencia día tras día. 

El Campeonato Panamericano de marcha en Lima 2010 fue su primera experiencia internacional y su primera cita mundial finalizó en el puesto 27, en un año en el que ganó la medalla de oro de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Mayagüez. Sandra logró la marca mínima para estar en los Juegos Olímpicos de Londres, pero tuvo el cuarto mejor tiempo del país y la organización sólo recibe a tres atletas por cada modalidad, por lo que no pudo viajar.

Esa imposibilidad de estar en sus primeros Juegos Olímpicos, no la detuvo y en el siguiente ciclo olímpico se quedó con la medalla de plata de los Juegos Suramericanos Santiago-2014, para empezar a alimentar el sueño de llegar a Rio 2016.

En su mente no había lugar para nada más que no fuera el deporte de alto rendimiento, seguir sumando experiencias e ir ganando terreno, en un deporte en el que Colombia ha sido cuna de grandes exponentes. La disciplina para Sandra se conviritó en su diario vivir, su manera de entrenar, su alimentación y los objetivos que tenía desde pequeña, la formaron en el deporte y hoy la tienen como una de las referentes colombianas en la marcha atlética.

“El nivel de la marcha en muy bueno en Colombia, se han obtenido buenos resultados, el nivel es bastante alto, en los Nacionales inicia todo, porque es el principio para las competencias internacionales, posiblemente en algunos lugares falta mucho apoyo, nos hacen falta más mujeres, más exponentes para que puedan representarnos, el llamado es para que practiquen este deporte”, asegura Sandra.

Resiliencia, una mujer que no se rindió

Los Juegos Olímpicos de Río fueron el despertar de una atleta colombiana que quiso comerse el mundo, pero que por circunstancias ajenas no logró su objetivo, su cuerpo no aguantaba el dolor y su lesión se hacía más aguda, superar ese momento ha sido un trabajo de cuatro años, recordar su disciplina la hizo pasar por un proceso de recuperación, un nuevo ciclo olímpico, nuevas competencias, nuevas oportunidades y nuevos intentos.

Una Sandra Galvis más experimentada, más llena de fuerza y más capaz de responder en unos Olímpicos, una mujer que sigue con su sueño en pie, que tal vez hace cuatro años se le escapó de las manos, pero que jamás tiró la toalla y se preparó aún más para romper los obstáculos que la vida le ponía y es que un deportista no se mide por las veces que cae, sino por las veces que se levanta. Un trago amargo que la hizo más rápida, más resistente, más paciente y, sobre todo, más profesional.

“En la hora cero pasa algo que uno no se espera, sentí impotencia, llegué a Colombia y tenía mucha tristeza, pero tuve personas que me apoyaron mucho, mi familia me apoyó de manera incondicional como lo hace siempre. Después de Río me levanté con más ganas, empecé a mejorar mis tiempos personales, clasifiqué a eventos mundiales y del ciclo olímpico y eso me sirvió para poderme clasificar de manera temprana”, reconoce Sandra.

Tokio 2020, La revancha

El 23 de marzo del 2019, Sandra Galvis compitió en el Meeting de Dudince (Eslovaquia), evento clasificatorio a Tokio, donde tenía que bajar la marca mínima para poder quedarse con un lugar en Tokio. No se le podían ir más de cuatro minutos por kilómetro recorrido. En los últimos cinco kilómetros, la colombiana sentía que la competencia se le iba de las manos, pero todo el tiempo su reloj fue su cómplice, no veía la hora de poder llegar a la última vuelta al circuito y dar todo lo que tenía, era la oportunidad de volver.

“Iba mirando el reloj, recuerdo mucho que vi el cronómetro grande en la llegada y saber que ya iba a hacer la marca, me llené de alegría, no puedo explicar lo que sentí, pero poder decir que trabajé nuevamente muy duro para esto y lo logré” dijo Sandra.

Además, teniendo en cuenta lo que vivió en Rio 2016, Sandra ha decidido ir más lento previo a Tokio, evitando una nueva lesión o cualquier contratiempo.

Sandra es ejemplo de la mujer colombiana, que nunca se da por vencida, que a pesar de las circunstancias y los altibajos sigue luchando por su gran sueño, estar dentro de las finalistas de los Juegos Olímpicos Tokio 2020.

Jéfferson Andrés Benjumea y Adriana Ávila Molina

Ganaron la medalla de oro en baile deportivo, modalidad de salsa, de los IX Juegos Mundiales 2013 Cali, por motivo específicos: casi desde su nacimiento han bailado salsa, viven en una región que se convirtió a la salsa en los últimos 40 años y son unos apasionados por lo que hacen y, por tanto, logran multiplicar los efectos de su esfuerzo.

Jéfferson, quien para 2013 tenía 19 años, y Adriana, 15, se consagraron en una noche inolvidable tras su impecable actuación en la plaza de toros Cañaveralejo, que les permitió ser los atletas más ovacionados de los IX Juegos Mundiales 2013.

Las dos estrellas mundiales de la salsa tienen historias parecidas, especialmente por sus orígenes.

Jéfferson Benjumea nació en Cali, en el hogar de Alberto Benjumea y Ana Marulanda, y vivió desde niño en el popular barrio Israel, deambulando por sus calles sin rumbo alguno. A partir de los nueve años se dedicó por completo al baile y comenzó una carrera que lo llevó por diferentes escenarios culturales, primero, y deportivos después, del mundo, hasta ganarse un espacio entre los danzarines deportivos de Colombia.

Adriana Ávila nació en el hogar de Florián Ávila, entrenador en aquel momento de la selección nacional de baile deportivo, y Adriana Molina, los dos bailarines, quienes le inculcaron el amor por este arte.

Su infancia transcurrió en el barrio La Independencia, de Cali, entre el estudio y la rumba, eso sí sana, en la que ella considera su otra familia, la Academia Imperio Juvenil.

Su vida se cruzó con la de Jéfferson en alguna actividad, hasta que quedaron planillados entre los mejores bailarines de Colombia, rumbo a los Juegos Mundiales de Cali, en los cuales se consagraron en el baile que más han practicado en sus cortas vidas: la salsa.

Jéfferson Andrés Benjumea y Adriana Ávila Molina, baile deportivo

Raíces y Regiones. Valle: “Vamos a hacer algo, pero bien hecho”

La historia del desarrollo del deporte del Valle del Cauca comenzó en forma en 1945, cuando todo era incipiente, desde la misma capital, que aún era una aldea, con una limitada actividad deportiva activada alrededor de los equipos América y Boca Junior, y de la iniciativa particular de los colegios caleños.

El escenario más importante era el estadio, construido en 1936, por iniciativa del político vallecaucano Pascual Guerrero, quien cuando era concejal de Cali lideró una campaña para construir un verdadero estadio deportivo, superior a los levantados en los años veinte, el Galilea, sede de los Primeros Juegos Nacionales, y el de Versalles, en el interior del Hipódromo del mismo nombre. El estadio departamental fue construido en las afueras de Cali. Una vez fallecido Pascual Guerrero fue bautizado con su nombre.

En 1945, el deporte de Cali se limitaba a dos equipos de fútbol, América y Boca Junior, que ya acumulaban una intensa actividad que les permitiría, en 1948, asistir al primer campeonato profesional de fútbol, que organizaron en Bogotá, dirigentes barranquilleros encabezados por Humberto Salcedo Fernández, Salcefer.

Jaime Aparicio Rodewalt, el más importante atleta vallecaucano de los años pioneros.

En ese entonces, el estadio Pascual Guerrero era la sede del fútbol, que ya tenía visos de profesional. Los colegios, entretanto, realizaban intensos torneos deportivos e intercambios, que se complementaban con algunos organizados entre los barrios.

La única entidad que se refería al deporte y a la educación física era la Comisión Departamental de Deportes, dependencia de la Secretaría de Educación del Valle.

Si existía un común denominador en la vida deportiva de Cali, era la desidia que caracterizaba las pocas programaciones serias que se cumplían. Apareció entonces un grupo de personas, lideradas por Alberto Galindo Herrera, quienes bajo el lema «Vamos a hacer algo, pero bien hecho», dieron inicio a la bonanza deportiva del Valle, que lo convertiría en la primera potencia del deporte colombiano, en particular en los Juegos Nacionales. Acompañaban a Galindo Herrera, Pepe Piedrahita, Moreno Mosquera, Enrique Ortiga Sanclemente, Howard Burroes, Manuel Carvajal Sinisterra y Jaime Carvajal, fundador de la empresa que lleva su nombre.

Jaime Aparicio Rodewalt, el más importante atleta vallecaucano de los años pioneros.

El secreto de los dirigentes fue el acertado uso de los pocos escenarios deportivos existentes, y una alta capacidad de trabajo, combinada con disciplina y orden.

El estadio Pascual Guerrero, para fútbol y atletismo; el Club Popular, con una piscina de 33 metros con 33 centímetros, denominada semiolímpica; las canchas de los clubes San Fernando y Campestre, y las de los colegios, en particular el Berchmann, el San Librada y el Yanaconas, eran los lugares frecuentados por los jóvenes, para las competencias deportivas.

El atletismo y la natación pegaron con facilidad entre los caleños. Pero para adelantar las programaciones, era necesaria la ayuda de todos.

En la labor de organización de competencias, Galindo, los dirigentes que lo acompañaban y los propios atletas, tenían que hacer de señalizadores, jueces, deportistas y periodistas.

Los atletas, inicialmente marcaban la pista de carbonilla del estadio para la realización de las competencias. Después, tomaban los registros; por ejemplo, mientras corrían los velocistas, los semifondistas y fondistas les servían como cronometristas, o cuando se realizaban pruebas de campo, quienes estuvieran disponibles, debían hacer las mediciones.

Una vez terminada la programación, reunían la información y la llevaban a los medios de comunicación, para su divulgación.

Esta disciplina les valió a los deportistas vallecaucanos un reconocimiento. Antes de 1950, algunos fueron incluidos en selecciones nacionales al exterior, por haber ganado las respectivas casillas.

Aspecto de la inauguración de los Juegos Nacionales, en 1954, en el estadio Pascual Guerrero, de Cali.

Uno de ellos fue Jaime Aparicio, convocado en los equipos colombianos que participaron en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, de 1946, y en los juegos bolivarianos de Lima, Perú, en 1947. Su primera victoria internacional, en Lima, creó el mejor ambiente para el gran objetivo de Cali ese año: conseguir la sede de los Octavos Juegos Nacionales, que se otorgaría durante los séptimos, que tendrían lugar entre enero y febrero de 1950, en Santa Marta.

Con esa meta, se empezaba a construir el futuro del deporte vallecaucano y colombiano, por las implicaciones que tuvieron las ejecutorias futuras, en el desarrollo nacional, temas que trataremos en futuras publicaciones de la Revista Olímpica del Comité Olímpico Colombiano.

Retazos. Los batazos de Joaquín Gutiérrez

Joaquín Gutiérrez fue uno de los más importantes atletas de la costa Caribe colombiana, en los años 80 del siglo XX. Inicialmente fue atleta, pero abandonó el deporte base, para hacerse beisbolista, uno de los deportes más populares de su tierra, Cartagena.

Hijo de Campo Elías Gutiérrez, uno de los pioneros de las participaciones colombianas en Juegos Olímpicos, en 1936 en Berlín, y hermano de los atletas Hernando, Manuel y Francisco, este último poseedor durante varios años de la marca nacional de los 100 metros, con 10.3, llegó al béisbol de las Grandes Ligas y tuvo una temporada exitosa en 1983, en la cual envió a la banca a Glen Hoffman, el mejor bateador de los Medias Rojas de Boston, y estableció un alto promedio de efectividad, durante 152 partidos.

Después todo se complicó y Gutiérrez fue vendido al béisbol de Puerto Rico, en donde también ganó su cupo como uno de los mejores jugadores.

Hoy se le recuerda con especial cariño, como uno de los símbolos del deporte más emblemático de la región Caribe colombiana.