Enorme interés ha tenido el Comité Olímpico Internacional en contribuir de muchas formas en la protección de los atletas y en especial en salvaguardar el concepto de olimpismo que el Movimiento Olímpico pregona en su Carta Olímpica y que por estos días ha sido ignorada por el gobierno ruso, que sigue sus ataques a Ucrania, con devastadoras consecuencias.

Por Clemencia Anaya Maya
Vicepresidenta Academia Olímpica Colombiana
El mundo atónito observa desde finales de febrero pasado, cómo un Estado que se precia de ser uno de los mas desarrollados del mundo, Rusia, regresa en el tiempo y se muestra como un invasor indolente e inhumano que toma las vidas y territorios de un país otrora hermano, como Ucrania.
Los esfuerzos de países amigos de la causa ucraniana no han logrado detener el empecinado propósito del líder ruso, Vladimir Putin, y las muertes y heridos aumentan día tras día impactando con noticias que creíamos haber superado después de la Segunda Guerra Mundial.
Cuánto dolor, cuánta sangre, cuánta angustia y desesperación han de revelarse para detener esta situación, que unos creen denominar tan solo como una estrategia u operación militar, pero que a los ojos de la humanidad que busca la paz, es una fría y cruel guerra, como las mas vergonzosas de la historia.
No soy experta en política ni en historia de las guerras que han sucedido a lo largo de la existencia humana, pero sí sé, a ciencia cierta, que la vida es lo mas sagrado que existe en la naturaleza y que debe ser respetada.
Enorme interés ha tenido el Comité Olímpico Internacional en contribuir de muchas formas en la protección de los atletas y, en especial, en salvaguardar el concepto de olimpismo que el Movimiento Olímpico pregona en su Carta Olímpica y que por estos días ha sido ignorada por el gobierno ruso.
Recordemos los orígenes
Ante los constantes enfrentamientos entre las polis griegas, que vivían en guerras constantes, y una vez establecida la “tregua sagrada”, mediante un pacto entre los reyes Licurgo de Esparta, Cleóstenes de Pisa e Ifito de Élis, se erigió como un poderoso instrumento que garantizaba la vida en paz para celebrar el más famoso festival atlético en el Santuario de Olimpia, que hoy conocemos como los Juegos Olímpicos de la antigüedad.
La tradición de la “tregua olímpica”, o Ekecheiria, procedente de la Grecia antigua fue instaurada en el siglo IX a.C., en virtud al tratado suscrito por los tres reyes. Al aproximarse la fecha de apertura de los Juegos Olímpicos se proclamaba la tregua sagrada y los ciudadanos de Elis salían a recorrer el mundo griego para difundir la buena nueva.
Olimpia se encuentra en Grecia, en un hermoso valle, enmarcado por el monte Cronos y los ríos Alfeos y Cladeos. Allí se estableció el santuario en el que rendían culto a Zeus (dios nacional y padre de dioses y hombres), mediante un gran festival atlético en su honor.
Los Juegos Olímpicos antiguos se celebraron desde el año 776 a.C., cada cincuenta lunas llenas, en el primer plenilunio de agosto, y debido a sus características religiosas, dentro de las cuales se enmarcaban toda una serie de ritos en honor al dios Zeus, se fue cultivando un ambiente espiritual y sagrado, que permitió fortalecer en la cultura helénica el respeto por la vida y la búsqueda de la excelencia a través del esfuerzo físico.
La Tregua Sagrada se respetó por cerca de doce siglos y la vida siempre estuvo por encima de cualquier competencia sobre la arena olímpica. Nadie podía entrar al Santuario de Olimpia armado y todo aquel que se desplazaba a observar los Juegos presentaba un salvoconducto que lo protegía de cualquier ataque respetándosele la vida tanto en el desplazamiento de ida como de regreso, una vez terminadas las competencias.

Ekecheiria – tregua moderna y su aplicación
Teniendo en cuenta la nueva realidad política que rodea al deporte y los Juegos Olímpicos, desde el siglo XX, el Comité Olímpico Internacional (COI) decidió retomar la tradición de la tregua sagrada para preservar, en la medida de lo posible, los intereses de los atletas, del deporte en general y contribuir de esta manera a la búsqueda de soluciones pacíficas y diplomáticas a los conflictos que asolan el mundo.
En 1992, el Comité Olímpico Internacional (COI) pidió encarecidamente a la comunidad internacional que instaurara de nuevo esta tradición, haciendo un llamamiento al cese de todas las hostilidades durante, y una vez acabados, los Juegos Olímpicos. Desde entonces, con la colaboración de los comités olímpicos nacionales, han surgido numerosas iniciativas destinadas a alentar el entendimiento y la paz a través del deporte en ciertas regiones del mundo.
Actualmente la Tregua Olímpica es un hilo que enlaza esta sabia tradición antigua con el más imperioso objetivo del mundo contemporáneo: mantener la paz internacional y promover el diálogo, la cooperación y el entendimiento entre las distintas culturas. Dicho sea de paso, este fue el gran sueño del restaurador de los Juegos Olímpicos Modernos, Pierre de Freddy, Barón de Coubertin.
Los Juegos Olímpicos, ya sea durante o después de su celebración, deberían servir para entablar ese diálogo y buscar soluciones duraderas para restablecer la paz en todas las zonas afectadas por conflictos, cuyas primeras víctimas son siempre los niños, las mujeres y los ancianos.
La humanidad aspira a un mundo sin odio, terrorismo ni guerra, un mundo en que los ideales de paz, buena voluntad y respeto mutuo pongan los cimientos de las relaciones entre los pueblos y los países. Quizá tal objetivo parezca todavía imposible, pero si la tregua olímpica puede aplacar esos conflictos, aunque sólo sea brevemente, servirá para transmitir un poderoso mensaje de esperanza a la comunidad internacional.
La Asamblea General de las Naciones Unidas, con el apoyo de todos sus Estados Miembros, ha pedido a éstos en varias ocasiones que cumplan la tregua olímpica, individual y colectivamente, procurando la solución pacífica de los conflictos internacionales, de conformidad con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas. Gracias a ello los Juegos Olímpicos y la Tregua Olímpica son símbolos de paz.

Operación Militar o Guerra: una afrenta a la Tregua Olímpica
Parecía increíble que durante los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Beijing, del 4 al 20 de febrero, la Tregua Olímpica pudiese ser irrespetada. Por tradición esta disposición respetuosa de la vida en honor de los y las atletas que compiten en los Juegos inicia siete días antes de la ceremonia de inauguración de los Olímpicos y termina siete días después de la finalización de los Paralímpicos.
Como una verdadera ofensa e irrespeto a la Tregua Olímpica, que desde 1994 se estableció para estas competencias con el apoyo de los países miembros de las Naciones Unidas, Rusia inició la invasión de Ucrania sin consideración alguna, causando la indignación del Movimiento Olímpico, que bajo el liderazgo de su presidente, Thomas Bach, decidió establecer un grupo de trabajo para garantizar el bienestar de los atletas ucranianos, con la activa participación del miembro COI de ese país, el famoso atleta Sergei Bubka.
De inmediato, también el COI solicitó a las federaciones deportivas internacionales cancelar cualquier evento deportivo que se pudiese haber proyectado en Rusia y, de igual forma, restringir la participación de sus atletas.
Difícil momento para el Movimiento Olímpico, que tiene en el centro de sus objetivos el bienestar de los atletas de todo el mundo sin discriminación de ningún tipo, que ante la situación política se ha visto forzado a tomar decisiones que desde alguna óptica pueden reñir con la filosofía del olimpismo.
De acuerdo con la Norma seis de la Carta Olímpica, los Juegos Olímpicos son competencias entre atletas en pruebas individuales o por equipos, y no entre países. Reúnen a atletas seleccionados por sus respectivos comités olímpicos nacionales, cuyas inscripciones han sido aceptadas por el COI. Los atletas compiten bajo la dirección técnica de las Federaciones Internacionales correspondientes.
Así las cosas, los atletas deberían poder participar, como en efecto lo han hecho en varias oportunidades los refugiados que desfilan bajo la bandera del COI. Pero en este caso el tema es aún mas delicado, porque esta guerra entre Ucrania y Rusia es la continuidad de temas políticos que han socavado profundamente las relaciones internacionales, al sobrepasar los límites sobre el derecho a la vida y al exigir a los atletas el apoyo a la “operación militar” que afecta a Ucrania.
No habíamos visto un caso como este en la esfera olímpica, que realmente pone a prueba los lazos fuertes sobre los que se cimientan los valores olímpicos y exigen de sus líderes fortaleza a la hora de tomar decisiones que respeten la filosofía del olimpismo. Solo pedimos a los dioses del Olimpo, que se acabe pronto esta situación, para bien de los atletas del mundo y de los cientos de miles de civiles que hoy mueren de hambre o de frío, quienes huyen de sus casas en busca de un lugar seguro, bien sea en otro país o en algún rincón de su agraviado país, donde no les afecten los ataques de las fuerzas rusas.