Por María Camila Martínez
Voluntaria de la Academia Olímpica Colombiana.

A lo largo de la historia el ser humano se ha preparado para vencer al otro; defender sus tierras, de aquellos que osadamente pensaban que eran superiores y podían robarlas; enfrentar enemigos de guerra reclamando dignidad y respeto hacia su pueblo, y preparando los hijos varones de cada familia generación tras generación, para garantizar que los conocimientos y experiencias adquiridas en batallas épicas nunca murieran.
Con el paso del tiempo, hacia el año 776 a.C., la antigua Grecia convoca a representantes de los pueblos más cercanos para competir por el honor, no aquel que se gana derramando sangre y a costa de vidas humanas en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo; sino que, por el contrario, uno en el que el culto al cuerpo, la mentalidad estratégica, la virtud y el honor dado a costa de las capacidades físicas eran los protagonistas. Este tipo de competiciones se realizaban cada cuatro años, durante los cuales el deportista debía prepararse mental y físicamente para su actuación tan esperada; muchos de ellos debían recorrer largas distancias para llegar al anhelado lugar de competición, aquella que le daría al fin la respuesta de si su proceso fue fructífero o, por el contrario, no se esforzó lo suficiente.
En este momento, en toda Grecia se llegaba a un acuerdo, conocido como ekecheiria o Tregua Olímpica, en el que la paz debía reinar en el territorio para respetar los enfrentamientos que se darían en las competiciones de pentatlón, carreras y lucha, entre otras. Desde aquel momento el único que podía hacerle daño al deportista que iba a competir sería … él mismo.
Así es. Justo en aquel instante, en el cual ningún tercero podría atentar contra su integridad, el mayor enemigo sería su mente, las inseguridades que en su interior lo atormentaban y los pensamientos más oscuros y turbios que por alguna razón le hacen pensar que no es capaz. Es allí en donde el deportista libra su más dura batalla en la que debe vencer el ‘’phóbos’’ o miedo, según la retórica
‘’Defino el ‘miedo’ como una emoción más o menos pasajera, que aparece cuando se presiente o supone un peligro real o aparente (es decir, que «parece y no es») y concreto o inconcreto (vago, impreciso), que se puede sentir individual o colectivamente’’: Aristóteles.
«El miedo siempre permanece. Un hombre puede destruir todo lo que tiene dentro de sí mismo, el amor y el odio y las creencias, e incluso la duda, pero mientras se apega a la vida no puede destruir el miedo». Joseph Conrad An outpost of progress (1896)
Hoy, estimado lector, es momento de recordar que el éxito está en su potencial, así como los griegos en época de ekecheiria. El único rival al que debe vencer es a usted mismo, no es al otro. Sobra, entonces, que su energía se enfoque en el proceso de un tercero; ponga la frente en alto y recuerde que los resultados de cada batalla que enfrente dependerán del esfuerzo con el que se haya preparado. Así que entrene, cada día mas fuerte, hasta el momento en el que considere que está listo y que dominó el miedo, de tal forma que este mismo miedo lo motive como expectativa imprecisa, pero positiva, para salir victorioso de cada una de las situaciones que impongan un reto en su vida.