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Principios. La fortaleza de la verdad, en el deporte y en la vida

Principios. La fortaleza de la verdad, en el deporte y en la vida

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Hace unos días, exactamente el 8 de enero pasado, a los setenta y ocho años se fue de este mundo Andrew Jennings, uno de los periodistas deportivos más importantes del mundo. Yo conocí de sus grandes capacidades como investigador por allá en año 1992, cuando se desató una de las polémicas más grandes de finales de siglo XX, acerca de la corrupción en el Movimiento Olímpico y en el deporte mundial.

Andrew Jennings. Foto: Marca.

Por Clemencia Anaya Maya 

Vicepresidenta Academia Olímpica Colombiana

Andrew Jennings fue muy popular por esa década por sus denuncias muy bien argumentadas y respaldadas por sus investigaciones minuciosas y detalladas. El tema fue arrollador, debido a que los implicados se defendían diciendo que estaba en juego la imagen del Comité Olímpico Internacional y que él era un brabucón.

Lo que más admiré  de él fue su habilidad para trabajar en equipo con otros periodistas, sin egos y protagonismos. Existía en él un enorme compromiso con la esencia del deporte,  su carisma y fuerza fueron vitales para develar lo que estaba afectando las raíces del deporte, ese deporte que todos queremos limpio, pacífico, en igualdad de condiciones, respetuoso del adversario, del cuerpo, la mente y el espíritu.

Fue él quien se atrevió a abrir la ventana y gritar al mundo que era necesario generar cambios en las estructuras, que había que mirar el deporte en retrospectiva y ponerlo al servicio de las nuevas generaciones en forma limpia y transparente. Que había que hacer efectiva la filosofía olímpica por que el deporte se lo estaban gozando los intereses personales de unos pocos y los atletas eran considerados como los gladiadores de Roma.

Por supuesto que su labor no fue fácil, pero si fructífera. Tuvo que enfrentar muchísimas acusaciones ante los estrados judiciales y, en todo caso, logró demostrar que actuaba con la verdad. En otras palabras, Jennings fue un luchador en el sentido literal de la palabra, jamás se dio por vencido, siempre estaba en la jugada buscando información de  hechos que exponían el lado oscuro de los negocios deportivos, siempre buscó ansiosamente la colaboración con colegas afines, siempre en modo de combate cuando se enfrentaba a los asesores, abogados, expertos de los medios y deportes, líderes tratando de excusar lo imperdonable. Andrew Jennings se convirtió en un modelo a seguir para las futuras generaciones de periodistas desde principios de la década de 1990, cuando comenzó a descubrir la corrupción, la codicia y la mala gestión en el corazón del Movimiento Olímpico internacional.

Para los que sentimos el periodismo deportivo fundamental a la hora de profundizar sobre situaciones que vive el deporte y que deben corregirse para garantizar su espíritu formativo y competitivo, en busca de la excelencia del ser humano y, por ende, de la sociedad contemporánea, este hombre fue el primer periodista de investigación en romper los muros del silencio y las conspiraciones en el deporte mundial, y las nuevas generaciones de atletas, activistas y periodistas están hoy ocupados en la construcción de su legado y en responsabilizar  a quienes tienen que responder por sus actos.

Su primer libro se llamó  El señor de los anillos (1992), que escribió con su colega Vyv Simson, fue realmente recibido en el mundo como un lanza llamas que puso en aprietos a muchos dirigentes deportivos y que les llevó a los dos periodistas a recibir una condena de cinco días de cárcel en el tribunal de Canton de Vaud en Lausana, por difamación del COI. Como resultado Andrew Jennings fue excluido durante años de los eventos del COI. Pero eso no lo detuvo, al contrario lo motivó a escribir su siguiente libro Los nuevos señores de los anillos (1996), en el cual expuso más prácticas corruptas en las federaciones deportivas internacionales y en el COI. El dúo de libros estableció estándares completamente nuevos y más altos para la cobertura periodística del deporte y alimentó la indignación mundial provocada por el escándalo de los Juegos Olímpicos de Invierno Salt Lake City 2002, que llevó al Comité Olímpico Internacional a tomar medidas drásticas, destituir miembros COI y les costó a varios la presidencia de los comités olímpicos nacionales implicados.

Joseph Blatter. Foto: El Mundo.

Los sobornos de Blatter 

En 2001, Jennings, que ya era reconocido como controvertido en el contexto mundial del deporte, durante una rueda de prensa de la FIFA le preguntó al presidente Blatter si alguna vez había recibido un soborno. La pregunta no buscaba otra cosa que motivar a la reflexión en el entorno del fútbol y, en especial, a tocar la conciencia de los honestos. Al poco tiempo recibiría información anónima de personas al interior de la estructura de la FIFA, con quienes consiguió pruebas contundentes que encenderían la llama de la transparencia en las organizaciones deportivas internacionales. Su labor contribuyó a revelar cómo los negocios sucios hacían parte de la FIFA, tema que dejaría claramente escrito en su libro ¡Foul! El mundo secreto de la FIFA: sobornos, manipulación de votos y escándalos de entradas (2006).

Como resultado, la FIFA le prohibió la entrada a todos sus eventos y lo amenazó con demandas legales que jamás llegaron, porque no tenían peso jurídico para controvertirlo.

Cada vez más fuerte y consolidado como el bastión de la verdad y la transparencia en el deporte, Jennings trabajó con la BBC, en una serie de documentales con base en sus investigaciones, que dieron a conocer en el mundo todas las irregularidades de este organismo deportivo internacional y llamaron la atención de autoridades fiscales en Estados Unidos y en el FBI, que lo invitaron en el 2009 a ser parte de una investigación secreta sobre la FIFA.

De allí el mundo vería un resultado contundente. Joseph Blatter tuvo que renunciar. Era el primer presidente de una federación deportiva internacional que caía por corrupción. El mundo miraba atónito cómo el deporte había sido utilizado por inescrupulosos, que se escondían detrás de imágenes de liderazgo y gestión, tema que se extendería para implicar a dirigentes del fútbol en diferentes partes del mundo, incluso en nuestro país.

Foto: Show y Sports.

Verdad y fundamento

Con el tiempo, la red de periodistas que de un continente a otro apoyaban a Jennings con información, desarrolló en acciones el valor de la redes en el desempeño de las comunicaciones. Investigadores de todo el mundo se beneficiaron de la generosidad de Andrew, al compartir consejos, información y contactos con personas en las que confiaba. 

Jennings no se permitía ni la pereza, ni la mediocridad y criticaba a aquellos periodistas que se esforzaban por sacarse las fotos con los dirigentes deportivos y hacían migas con ellos para recibir prebendas y beneficios. La fortaleza de su trabajo estuvo siempre respaldada por las pruebas que conseguía, información veraz y transparente, que lo llevó a conectarse con los fanáticos y los funcionarios de la estructura del Movimiento Olímpico.

Su contribución al deporte fue la búsqueda infatigable de un ambiente limpio y transparente que hiciera honor al deporte, como lo fue en Olimpia, con la celebración de los festivales atléticos en honor al dios Zeus. Sus investigaciones permitieron descubrir delitos graves y generaron la necesidad de reformas profundas en el deporte mundial y olímpico.

Andrew Jennings dejó este mundo con la misión cumplida. Muchos periodistas deportivos seguirán su camino para proteger al deporte de los peligros que le acechan por mala gestión, corrupción, acoso sexual, dopaje e intereses particulares.

Es perentorio resaltar que el Movimiento Olímpico “abarca las organizaciones, atletas y demás personas que se ajusten a la Carta Olímpica. El objetivo del Movimiento Olímpico es contribuir a la construcción de un mundo mejor y más pacífico, educando a la juventud a través de una práctica deportiva conforme con el Olimpismo y sus valores. Que Las tres principales partes constitutivas del Movimiento Olímpico son el Comité Olímpico Internacional (COI), las Federaciones Deportivas Internacionales (FI) y los Comités Olímpicos Nacionales (CON)”[1].

“Además de sus tres principales partes constitutivas, el Movimiento Olímpico incluye también a los COJO (comités organizadores de juegos olímpicos), a las federaciones deportivas nacionales, a los clubes y a las personas dependientes de las Federaciones Internacionales y de los comités olímpicos nacionales, particularmente a los atletas cuyos intereses constituyen un elemento fundamental de la acción del Movimiento Olímpico, así como a los jueces, árbitros, entrenadores y demás personal oficial y técnico del deporte. Incluye, asimismo, a otras organizaciones e instituciones reconocidas por el COI”[2].

Y todos los que estamos relacionados con el Movimiento Olímpico, no importa si en el nivel nacional o internacional, debemos acatar la Carta Olímpica. Así lo expresa la Carta Olímpica: “Toda persona u organización que pertenezca de alguna manera al Movimiento Olímpico está sujeta a las disposiciones de la Carta Olímpica y ha de respetar las decisiones del COI”, ese organismo deportivo mundial que rige el Movimiento Olímpico y todas las organizaciones reconocidas, como en nuestra región, la Organización Deportiva Panamericana, actualmente conocida como Panam Sports; la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe (Odecabe); la Organización Deportiva Centroamericana (Ordeca), y la Organización Deportiva Suramericana (Odesur), tiene a su haber la orientación de la Carta Olímpica en todos sus apartes.

Actualmente, y después de grandes escándalos que generaron crisis al interior del COI, podemos decir que la lupa está sobre las actuaciones de todos los actores que intervienen en todos los niveles y sectores, en todos las regiones del mundo, para garantizar que el deporte se mantenga limpio y transparente, basados en la verdad y el respeto por el juego limpio. Sólo de esta manera el mundo podrá seguir gozando de un escenario pleno de excelentes atletas, que con su esfuerzo y dedicación, cada cuatro años llegan a los juegos  olímpicos de verano y de Invierno, a demostrar como en la antigüedad, que la excelencia humana se manifiesta sobre la arena olímpica.

Andrew Jennings no solo fue un periodista investigativo apasionado por la verdad y la transparencia en el deporte. Fue un espíritu combativo, como definiría en 1924 Pierre de  Coubertín: “la vida es simple porque la  lucha es simple. El buen luchador retrocede, pero no abandona; se doblega, pero no renuncia. Si ante él se yergue lo imposible, da un rodeo y llega más lejos. Si le falta aliento descansa y espera. Si queda fuera de combate anima a sus compañeros con su palabra y su presencia. E incluso, cuando todo se derrumba a su alrededor, la desesperación no penetra en su interior”. Con su actuación durante más de 30 años por señalar la mala gestión, la corrupción y lo oscuro que sucedía en el deporte se jugó una carta definitiva en busca de la verdad, la luz y la justicia.

*Texto basado en el boletín de prensa  de Play the Game https://mailchi.mp/playthegame/andrew-jennings-1943-2022-the-incomparable?e=00b0a36436


[1] Carta Olímpica 2021, Norma 1 (1-2)

[2] Carta Olímpica 2021 Norma 1 (3)

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