¿Por qué el 6 de abril es el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz?

Mg. Clemencia Anaya Maya
Vicepresidenta Academia Olímpica Colombiana
Especial para la REVISTA OLÍMPICA Digital del COC

En tiempos cómo estos en los que todos los día se celebra el día internacional de algo, nos podemos preguntar para qué sirve que nos detengamos a pensar en un día como hoy en el que celebramos el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz.

Sin duda alguna, la labor en equipo del Comité Olímpico Internacional y la Organización de las Naciones Unidas desarrollada desde principios de la década de los 90, ha sido reiterativa en demostrar que el deporte va más allá del mero resultado deportivo para convertirse en  un poderoso instrumento para la unión entre los pueblos, para la educación, la salud, el desarrollo y la paz.

Los días internacionales nos dan la oportunidad de sensibilizar a la gente sobre temas de interés, como, por ejemplo, los derechos humanos y el desarrollo sostenible o la salud, pero sobre todo buscan llamar la atención de los gobiernos y de los medios de comunicación, para que vean en nuestro  caso, al deporte desde otra perspectiva y, en particular, para aquella que el famoso pedagogo francés Pierre de Coubertin, restaurador de los Juegos Olímpicos Modernos, plasmó en su Manifiesto Olímpico presentado ante la asamblea general en París, en el auditorio de la Universidad de la Sorbona, el 25 de noviembre de 1892, que decía así: “En realidad, yo estoy apenas insistiendo en esa importante ley social, es decir, que existe una estrecha correlación entre el estado de la mente, las ambiciones, las tendencias de un pueblo y la manera como ellos entienden y organizan el ejercicio físico en su país”. Finalmente plasmaría con absoluta convicción lo siguiente: “Es claro que el telégrafo, el tren, el teléfono, la apasionada búsqueda de la ciencia, los congresos y exhibiciones han hecho más por la paz que cualquier tratado o convenio diplomático. Bien, espero que el atletismo haga más aún.  Los que han visto a treinta mil personas corriendo a través de la lluvia para asistir a un partido de fútbol no pensarán que estoy exagerando. Exportemos remeros, corredores y esgrimistas; este es el libre intercambio del futuro y el día que se presente ante la vida cotidiana de la vieja Europa, la causa de la paz recibirá un nuevo y poderoso apoyo”.

Es claro que para el Comité Olímpico Internacional y para las Naciones Unidas contar con la extraordinaria y poderosa herramienta que es el deporte, cualquiera que sea la disciplina de la que se hable, siempre estará uniendo la mente, cuerpo, mente y alma, en propósitos ideales en beneficio de la humanidad.

Del 25 de octubre de 1993, al 28 de noviembre de 2012, las Naciones Unidas han expedido 21 resoluciones en las cuales se reglamentan desde ese organismo, actividades en defensa del deporte como herramienta para el desarrollo y la paz.

Todas estas resoluciones ratifican el mensaje dejado por el creador del Comité Olímpico Internacional que escribió la Carta Olímpica y dejó plasmada su misión: “Poner el deporte al servicio de la humanidad y promover una sociedad pacífica y estilos de vida sanos asociando el deporte con la cultura y la educación y salvaguardando la dignidad humana, sin discriminación alguna”.

Valores del Deporte

El 23 de agosto de 2013, el mismo año en que se celebró la cumbre de ministros y altos dignatarios del deporte en Berlín y se ratificó el objetivo de trabajar por el incremento de la participación de niños, jóvenes y mujeres en la práctica de la Educación Física, la Actividad Física y el Deporte, durante el periodo 67 de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, se decidió proclamar el 6 de abril como el Día Internacional del Deporte para el desarrollo y la Paz, con el objetivo de hacer conciencia acerca del papel que el deporte puede desempeñar en la promoción de los derechos humanos y el desarrollo económico y social.

En este día, la Asamblea General de la ONU “invita todos los Estados, a las Naciones Unidas y su Oficina sobre el Deporte para el Desarrollo y la Paz, las organizaciones internacionales competentes, las organizaciones deportivas internacionales, regionales y nacionales, la sociedad civil, incluidas las organizaciones no gubernamentales y el sector privado, y todos los interesados, a que participen en la celebración y concienciación de este día.”

El Comité Olímpico Internacional ha establecido asociaciones con numerosas organizaciones del sistema de las Naciones Unidas, como el Foro Internacional sobre Deporte, Paz y Desarrollo, organizado conjuntamente con la Oficina de las Naciones Unidas sobre el Deporte para el Desarrollo y la Paz. La misión y la función del Comité Olímpico Internacional, establecidas en la Carta Olímpica, ponen el deporte al servicio de la humanidad y promueven una sociedad pacífica y estilos de vida sanos asociando el deporte con la cultura y la educación, y salvaguardando la dignidad humana, sin discriminación alguna.

¿Por qué el 6 de abril?

Esa fecha dio paso a uno de los eventos más importantes del mundo actual. El 6 de abril de 1896, Atenas dio inicio después de XV siglos de ausencia desde su finalización en el año 393 d.C., a los Juegos Olímpicos Modernos, ¡los Juegos de la primera olimpíada de nuestra era!, el sueño de un hombre convencido de que el deporte es una herramienta pedagógica y que contribuye a unir los pueblos y las naciones en paz.

Hoy más que nunca necesitamos del Deporte en su concepto más puro, como el catalizador de sueños, el pacificador de conflictos y guerras; el sanador de enfermedades; el constructor de un mundo mejor y más pacífico, y el respetuoso por el adversario, nunca en calidad de enemigo. Estoy absolutamente convencida de que después de estos días de encierro en que los humanos nos encontramos, la reflexión acerca de la tierra, del medio que nos rodea, del ambiente y de la naturaleza, nos unirá en un esfuerzo por el desarrollo sostenible a través del deporte.   

El deporte tiene el poder de cambiar el mundo e históricamente ha desempeñado un papel importante en todas las sociedades, ya sea en forma de competiciones deportivas, de actividad física sin más o, incluso, de juegos. Es un derecho fundamental y una herramienta poderosa para fortalecer los lazos sociales y promover el desarrollo sostenible, la paz, el bienestar, la solidaridad y el respeto.

Celebremos hoy el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz, manteniéndonos activos, saludables y muy solidarios. Soñemos con ese día en el que volvamos todos a encontrarnos en la arena de la amistad, la tolerancia, la salud, la sostenibilidad y la paz.

Estas fueron las razones del aplazamiento (y no la cancelación) de Tokio 2020

Por Alberto Galvis Ramírez
Director REVISTA OLÍMPICA Digital
Secretario de la Academia Olímpica Colombiana

“Es indiscutible que la principal razón del aplazamiento de los Juegos es evitar el contagio por el Covid 19. Pero, aunque a muchos no les guste escucharlo, el aplazamiento también garantiza que las pérdidas económicas no sean tan altas, comparadas con su cancelación. Todos sabemos, a diferencia del pasado, lo que se mueve hoy alrededor de los Juegos Olímpicos. Es incuestionable que tanto el gobierno de Japón, como  el COI,  y los mismos patrocinadores hubiesen perdido enormes cantidades de dinero,  de haberse tomado la decisión de cancelarlos. Por eso creo que fue una determinación acertada, aunque se tomó un poco tarde”, opina Baltazar Medina, presidente del Comité Olímpico Colombiano.

Agrega: “Además, el aplazamiento de los Juegos Olímpicos durante sólo un año, es menos frustrante que su cancelación, porque, se les garantiza: a los atletas ya clasificados, la coronación del sueño de competir en sus mejores condiciones; la opción de lograr el cupo, a quienes no lo han conseguido, y que las inversiones en recursos y trabajo hechas por los países participantes no se pierdan completamente”.

Para Ciro Solano Hurtado, secretario General del COC y jefe de Misión de la delegación nacional a Tokio 2020, la decisión tomada es acertada, porque se respeta a los atletas, pues no se les pone en riesgo; se respeta el trabajo y la inversión hechas por Tokio; también la continuidad, porque no hay que extender el plazo de espera a ocho años, frente a los Juegos anteriores, y se respeta a la organización.

“A quienes no aceptan la determinación de aplazarlos, porque va en contra de la historia, les pregunto: ¿qué se gana con su cancelación? Nada, pero sí se priva al mundo del más importante certamen deportivo, sólo por imponer una tradición, que se tiene que adaptar a los cambios de los tiempos. De haberlos cancelado se hubiese condenado a Japón, a una recesión económica, agravada por los efectos del coronavirus”.

Sabia y prudente

El Ministro del Deporte, Ernesto Lucena Barrero señala que “La decisión del COI de postergar los Juegos fue sabia y prudente, porque no tira por la borda todos los esfuerzos realizados hasta este momento y los sueños de los deportistas más importantes del mundo, lo que no hubiera ocurrido si se cancelan, porque muchos de ellos no están en edad de clasificar dentro de cuatro años”.

Lucena da un parte positivo a los atletas colombianos que participarán en los Juegos en el 2021, porque el gobierno nacional, gracias al convenio firmado con el COC, mantendrá los derechos adquiridos por la comunidad deportiva comprometida, que  recibirá las mismas prebendas que viene recibiendo, para que podamos tener una preparación adecuada y una óptima participación inolvidable en Tokio”.

Para Guillermo González, presidente de la Academia Olímpica Colombiana, la no cancelación de los Juegos permite que el COI no deje “colgado de la brocha” a Japón y, además, “que reciba unos altos recursos económicos, provenientes de los patrocinadores del programa TOP, de las franquicias y de los patrocinios locales en el Japón, y de los derechos de televisión, que se constituyen en el mayor ingreso. “Y el 80 por ciento o más, de ese dinero, el COI lo entrega a los comités olímpicos nacionales, a las  federaciones deportivas internacionales, a las academias olímpicas nacionales y a Solidaridad Olímpica, para los diferentes programas que apoya.

“Esto significa que realizar los Juegos Olímpicos les garantiza a los organismos internacionales los dineros necesarios para la realización de sus programas, es decir, para el crecimiento del deporte mundial”.

Clemencia Anaya, vicepresidente de la Academia Olímpica Colombiana, está de acuerdo con las anteriores apreciaciones, y resalta que el tiempo de aplazamiento permite, prácticamente, “que se sigan realizando sin muchos tropiezos, los selectivos de clasificación para el 2021. Además creo que el COI ha sido responsable, al no renunciar a los recursos que se derivarán de los Juegos, porque de ellos depende la supervivencia de muchas federaciones internacionales y la financiación de sus programas. Con la no cancelación también se evitarían posibles demandas, que costarían muchos millones de euros. Definitivamente es una determinación muy inteligente”.

Cerremos con unas reflexiones que interpretan el valor del deporte como expresión de luz y de vida. Corresponden a Edwin Cabezas, director Deportivo del Comité Olímpico Colombiano, quien luego de estar de acuerdo con las poderosas razones expuestas, agrega: “Lo que se busca, además, con el aplazamiento de los juegos un año es generarle esperanza y fe a la comunidad, alrededor del deporte. Cuando el mundo salga de su cuarentena y se celebren los Juegos habrá una fiesta que representará el triunfo del espíritu de la humanidad, que se sobrepuso a las dificultades.

“Desde el punto de vista deportivo, el COI quiere rendir un tributo a muchos atletas que le han dado brillo a los Juegos de los últimos años, y esperaban terminar sus carreras en Tokio 2020. El aplazarlos este corto tiempo les permite a esos deportistas estar en forma, para despedirse en el mejor escenario, como son los Olímpicos. De igual manera, el COI respeta los derechos adquiridos por los atletas ya clasificados y les permitirá a todos su presencia en Tokio”.

TOKIO 2020 II: De la austeridad al gigantismo

Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica Digital
Secretario de la Academia Olímpica Colombiana

No existe ninguna discusión sobre la principal razón que tuvo el Comité Olímpico Internacional, de no realizar los Juegos Olímpicos Tokio 2020, en las fechas programadas: salvaguardar la integridad de los más de 11.000 atletas participantes, además de los organizadores; el resto del personal vinculado, y el público, que estarían en riesgo de contagio por el Covid 19

El único sano debate que queda, para que el deporte de la humanidad aprenda de esta experiencia se refiere a la toma de una decisión que va en contravía de la historia, la tradición y la Carta Olímpica, que en su numeral 32 establece: “Los Juegos Olímpicos tienen lugar durante el primer año de una Olimpíada…”, y la Olimpíada comenzó en 1896 y debe durar cuatro años exactos.

Por la aplicación de esa norma, los Juegos Olímpicos programados en 1916, 1940 y 1944 fueron cancelados, por las guerras mundiales, y se reanudaron en las sedes siguientes, asignadas de manera previa.

De haberse continuado con esta tradición, los de Tokio 2020 también se hubieran cancelado, para dar paso a los de París 2024, y cumplir con la tradición del ciclo exacto establecido desde su restauración, en Atenas 1896.

¿Pero cuáles fueron las razones para cambiar esa decisión de cancelarlos, que se cumplía rigurosamente y se mantenía vigente, en los tiempos modernos, en la propia Carta Olímpica, por la de aplazarlos un año?

Antes de presentarles conceptos de dirigentes del deporte olímpico colombiano, que publicaremos el próximo viernes, recordemos que los Juegos cancelados en el pasado eran muy diferentes a los actuales, porque, sin ser pequeños, no eran grandes, pues luchaban contra el desinterés mundial que afectó los celebrados en Atenas 1896, que contaron con la presencia de 241 atletas, de 14 países; en París 1900, con 997 atletas, de 24 países; San Luis, Estados Unidos 1904, con 651 atletas, de 12 países; Londres 1908, con 2.008 atletas, de 22 países, y Estocolmo 1912, con 2.407 atletas, de 28 países.

Por la I Guerra Mundial, el COI canceló los programados en 1916, en Berlín. Hasta este momento, a los Juegos Olímpicos asistía una clase aristocrática, que se pagaba el viaje, el alojamiento y la alimentación en la ciudad sede, que asumía los costos de la construcción de muy pocos escenarios y la adecuación de otros recintos cerrados.

Después de la I Guerra Mundial se reanudaron en Amberes, Bélgica 1920. Por la guerra, la indiferencia frente a los Juegos creció, hasta el extremo de verse amenazada su celebración. Entonces, para atraer a los países miembros del COI, la organización asumió los gastos de alojamiento y alimentación de las delegaciones presentes. Finalmente respondieron 2.626 atletas, de 29 naciones. Bajo el mismo esquema de financiación siguieron los Juegos de París 1924, con 3.089 atletas, de 44 países; Amsterdam 1928, con 2.883 atletas, de 46 países; Los Ángeles 1932, con 3.014, de 37 países, y Berlín 1936, con la presencia de 3.963 atletas, de 49 países; para destacar en esta celebración se realizó la primera transmisión de televisión, exclusivamente para Berlín, dirigida por Leny Riefenstah.

Como se puede ver, hasta ese momento, la cantidad de deportistas por celebración no llegó a 4.000 y de países, tampoco a 50.

Tokio era sede de los Juegos de 1940, pero renunció en 1937, por la guerra desatada con China. Entonces se designó a Helsinki, Finlandia, pero el certamen fue cancelado, por la II Guerra Mundial.

Hasta ese momento, el movimiento económico de unos Juegos no era fuerte, porque las ciudades sedes trataban de invertir lo justo en escenarios y lo necesario en la manutención de los participantes. Tampoco existían importantes fuentes de financiación, como la transmisión por televisión y la comercialización y, por ende, compromisos que se debieran cumplir con contratistas.

En 1948, después de la II Guerra Mundial, Londres, que había sido designada en 1939, organizó unos Juegos muy sencillos, es decir, baratos, porque quería hacerse visible como una región que se consideraba pionera de la organización del deporte en el mundo moderno, a los que asistieron 4.104 atletas, de 59 países. A pesar de la austeridad muchas competencias fueron transmitidas en directo por televisión, únicamente a los hogares londinenses.

Un crecimiento imparable

A partir de Helsinki 1952, la cantidad de países y atletas presentes en los Juegos creció regularmente. Los Juegos empezaron a dejar atrás su pequeñez, prácticamente, en México 1968, en los cuales se superó la barrera de los 100 países presentes.

La comercialización comenzó en Los Ángeles 1984, en una Juegos que fueron no solo financiados, sino que generaron utilidades económicas para la organización y para empresas patrocinadoras.

Y el gran crecimiento empezó a ocurrir en la era del español Juan Antonio Samaranch, al frente del Comité Olímpico Internacional, porque fue él quien abrió el certamen a algunos deportes profesionales, en contra de la filosofía del viejo COI, lo que generó un mayor interés como espectáculo y un movimiento económico superior. A la cita de Barcelona 1992 asistieron 9.356 atletas, de 169 países. A partir de ahí, el desarrollo acelerado se tomó los Juegos, hasta llegar a los 11.551 atletas, de 206 países, presentes en Río 2016.

Ese fue el panorama que encontró el COI para ordenar no la cancelación, sino la postergación de un año de Tokio 2020: unos Juegos que habían sobrevivido a la pobreza, la apatía, la incredulidad, los conflictos políticos, el terrorismo y las guerras, para convertirse en generadores de negocios tan lucrativos, que permitían, prácticamente, la supervivencia del deporte mundial, durante los cuatro años siguientes a su celebración.

Próximo viernes: las razones específicas del aplazamiento y no de la cancelación de Tokio 2020.

TOKIO 2020 I: El COI rompió la tradición

Por Alberto Galvis Ramírez
Director REVISTA OLÍMPICA digital
Secretario de la Academia Olímpica Colombiana

Con la decisión tomada esta semana por el Comité Olímpico Internacional de posponer los Juegos Olímpicos Tokio 2020 para el año 2021 se rompió con una tradición que comenzó con el nacimiento del certamen, hace 124 años.

De acuerdo con el espíritu que motivó  la creación del COI, en 1894, que restableció los Juegos Olímpicos, a partir de 1896 se celebrarían cada cuatro años, periodo denominado “Olimpíada”. Esta decisión fue traída de los Juegos Olímpicos de la antigüedad, que se realizaban de acuerdo con el calendario Ático de la época, cada 50 lunas llenas, que, con los cambios introducidos a través de los siglos por emperadores y gobernantes se adaptó al calendario gregoriano de los tiempos modernos, para establecerse el periodo de cuatro años.

Primer Comité Olímpico Internacional, en 1984. Foto: Wikipedia

A partir de su primera celebración, con un rigor casi enfermizo, el COI prefirió cancelar, en lugar de posponer, tres Juegos Olímpicos, por esa tradición que exigía que se celebraran en el año correspondiente al ciclo que comenzó en Atenas, Grecia, en 1896. Por tal motivo canceló los de 1916, previstos para Berlín, Alemania, por la I Guerra Mundial; los de 1940, con sede en Tokio, Japón, y los de 1944, asignados a Londres, Reino Unido, por la II Guerra Mundial. En estas tres oportunidades transcurrieron tres Olimpíadas, sin Juegos Olímpicos.

Cuando terminó la I Guerra, en 1918, los siguientes Juegos, previstos para 1920, le correspondían, por derecho propio, a Berlín, Alemania. Sin embargo, el Comité Olímpico Internacional determinó castigar la responsabilidad de los alemanes en la conflagración, que costó la vida a 20 millones de personas, aproximadamente, y, no solamente le arrebató la sede, sino que le prohibió a Alemania participar en la siguiente celebración, que tendría lugar en Amberes, Bélgica, un territorio neutral, pero víctima del conflicto.

Este antecedente del COI, que hizo cumplir su ortodoxo postulado, sirvió para que en 1940, a raíz de la II Guerra Mundial comenzada por los alemanes, un año antes, se determinara no aplazar, sino cancelar la celebración programada en Tokio, Japón, que se quedó con todos los preparativos listos y con una inversión realizada.

Austeridad en Londres 1948

Londres 1948, los juegos de la postguerra.

Una vez finalizada la II Guerra Mundial, en 1945, de acuerdo con el ciclo olímpico tradicional, los Juegos se deberían reiniciar en 1948, y les fueron ofrecidos por el COI a los japoneses, quienes los rechazaron, por los efectos devastadores que tuvo el conflicto, tanto en su economía, como en el espíritu de sus pobladores, que vivieron tragedias imborrables, como las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki, que dejaron más de 300 mil muertos. Londres, que estaba en turno desde 1944, decidió organizarlos, aunque de manera austera,  por efectos del empobrecimiento provocado por la guerra. Los ingleses, que se han considerado como los organizadores del deporte moderno, desde el siglo XIX, realizaron una justa sencilla, sentida y triste, por las cicatrices aún abiertas, dejadas por la hecatombe provocada por Hitler y los nazis .

Los Juegos Olímpicos sufriendo algunos flagelos más, particularmente por la influencia de la denominada Guerra Fría, porque el mundo se polarizó entre las dos potencias mundiales, Estados Unidos y la Unión Soviética, con sus antagónicas doctrinas y economías capitalista y comunista, respectivamente.

México 1968 debió superar dos problemas, uno externo y el otro interno. El externo sucedió, porque muchos países amenazaron con no asistir, por miedo a los más de 2.200 metros sobre el nivel del mar de la sede, porque dicha altura amenazaba la integridad de los atletas; hubo necesidad de realizar una microolimpíada, en 1966, con competencias que se celebrarían en 1968, para demostrarle al mundo, que la altura no afectaría a los atletas.

El problema interno ocurrió semanas antes del comienzo del certamen, cuando una protesta le costó la vida, en la denominada “Masacre de la Plaza de las Tres Culturas”,  a un grupo no determinado de estudiantes, quienes se manifestaron en contra de los Juegos, por razones económicas.

Juegos aplazados un día

Münich 1972: sangriento golpe terrorista. Foto: Marca.

En Munich 1972 ocurrió un doloroso suceso, que dejó una indeleble mancha en la historia de los Juegos Olímpicos. A las 4:30 de la mañana, del 5 de septiembre, ocho palestinos, miembros del grupo terrorista Septiembre Negro, vestidos con sudaderas, saltaron la verja de la Villa Olímpica, armados con fusiles AK-47 y granadas y llegaron sin que nadie los detuviera, hasta la calle Connolly. Penetraron al bloque de apartamentos en donde se alojaban atletas de Israel, asesinaron a un entrenador y a un pesista; tomaron  a 11 israelíes como rehenes, y exigieron la liberación de 200 presos palestinos en cárceles israelíes. Luego de  varias discusiones con las autoridades alemanas, cambiaron su petición por un avión que los trasladara a El Cairo, Egipto.

Mientras esto ocurría, las competencias de los Juegos continuaron, hasta las 3:00 de la tarde, cuando se determinó suspenderlos.

A las 4:00 PM., los terroristas salieron hacia el aeropuerto militar de Fürstenfeldbruck, en donde les tendieron una trampa, y luego de un ataque militar alemán murieron los 11 atletas de Israel; los ocho terroristas palestinos, y un policía alemán.

Por estos gravísimos hechos, los Juegos Olímpicos fueron suspendidos por un día, el 6 de septiembre, durante el cual no se celebraron competencias, y sí un homenaje a las víctimas, en el estadio de Munich.

Después, en el marco de La Guerra Fría, vendrían los boicots de Estados Unidos y otros países, a Moscú 1980, por la invasión soviética a Afganistán, y de la Unión Soviética, y otros países del área comunista, a Los Ángeles 1984, como revancha por aquel sabotaje.

A partir de entonces, la presencia de la política en los Juegos Olímpicos cambió, por la caída del Muro de Berlín y el debilitamiento de los regímenes comunistas, hechos que empezaron a poner fin a La Guerra Fría.

Sin embargo, el 27 de julio de 1996, durante los Juegos Olímpicos de Atlanta, una bomba terrorista explotó en el Parque Olímpico Centenario. Dos personas murieron y otras 110 sufrieron heridas. El ataque fue generado por un terrorista estadounidense fundamentalista, Eric Rudolph, y los Juegos debieron suspenderse durante unas horas, hasta garantizar la seguridad de los atletas en la Villa y en los escenarios deportivos.

Próximo martes: ¿Cuáles fueron las razones que tuvo en cuenta el COI para aplazar un año los Juegos de Tokio 2020, en contra de su propia tradición de 124 años?

TOKIO 1964: Grajales, Posada, Vanegas y Arango, los mejores

Una vez más, los dirigentes colombianos debieron superar muchos obstáculos, para conseguir los recursos destinados a la participación colombiana en Tokio 1964. Luego de una difícil colecta privada y de un fuerte aporte prometido por el Gobierno del Presidente Guillermo León Valencia se logró la presencia de un equipo con 21 atletas y 13 directivos y acompañantes.

Por Alberto Galvis Ramírez

Director de la REVISTA OLÍMPICA del COC

Miembro de la Academia Olímpica Colombiana

El viaje de Colombia a los Juegos Olímpicos de 1964 fue antecedido por una difícil campaña para la consecución de los recursos necesarios, liderada por el Comité Olímpico Colombiano y apoyada por el diario El Tiempo y Caracol Radio, que incluyó rifas, programas musicales, eventos deportivos y donaciones de empresas. El viaje costaba más de $ 300.000, de los cuales, $ 250.000 se invertirían en los pasajes aéreos y el resto en la alimentación en Tokio.

Poco más de $ 20.000 fueron conseguidos con empresas privadas, como Totogol, el concurso del fútbol profesional, que donó $ 20.000; el Sindicato de Pequeños Vendedores de Mercancías Varias, que aportó $144; el Club Icollantas y Trabajadores, con $502; empleados de la firma Sidney Ross, con $1.000; el Club Deportivo Estructuras Metálicas, con $362, y el Club Deportes Ultra Madrid, con un aporte de $50.

El viaje se programó para el martes 6 de octubre. Tres días antes, sólo se habían asegurado los $ 22.022 aportados por las empresas mencionadas. Mientras tanto, el gobierno nacional del presidente Guillermo León Valencia y de su ministro de Educación, Gabriel Betancur Mejía, prometió $ 250.000, que no alcanzarían a salir antes del viaje. Con esa promesa, el presidente del Comité Olímpico Colombiano, Mario García y García acudió a la firma Coviajes, en demanda de un crédito por esa cantidad, para los pasajes, pero debía ser respaldado con la firma de una entidad sólida, que no era precisamente el COC, sino la División Mayor del Fútbol Colombiano, Dimayor, que tenía mayor solvencia económica. 

Coviajes, sin embargo, exigió una garantía hipotecaria, que fue solicitada por la Dimayor al banco en donde tenía su cuenta. Además, Mario García y García debió dejar tres cheques personales -desde luego, sin fondos- para reforzar el préstamo.

La Dimayor logró entregar la documentación completa a Coviajes para los tiquetes aéreos, con lo que se solucionó el mayor problema. 

El tesorero del COC mendiga los últimos centavos

 “Aun faltan $40.000 fue el titular a ocho columnas de El Tiempo, el domingo 4 de octubre. Y esta cifra correspondía al sostenimiento de la representación colombiana en la sede de los juegos. Se hizo un llamado a la industria, al comercio y a la ciudadanía en general. El resultado de la campaña adelantada por Caracol, hasta ese día era de $49.027.04, de los cuales $26.775.04 correspondía al dinero recaudado en la urna, que por varios días permaneció en la entrada de la emisora Nuevo Mundo, de Caracol.

La periodista Clemencia Medina recordó en la edición de El Tiempo, del 2 de diciembre de 1981. “La Voz del Café reunió, por su parte, $4.000, durante 20 horas de trabajo y promoción. El auxilio que otorgó el Gobierno Nacional fue de $250.000, mediante un proyecto de ley en el Congreso, cifra destinada para cubrir el crédito obtenido con las empresas aéreas.

“El lunes 5 de octubre, para las cinco de la tarde estaba programada la salida de la embajada Colombia, integrada por 27 personas […].

“Mientras se preparaba todo el acto protocolario para despedir a la delegación, el tesorero del Comité olímpico Colombiano, Guillermo González, reunía como un mendigo, por cuanto almacén pudo, los últimos centavos para completar los $40.000”.

La delegación al Japón

En Tokio, frente a la edición anterior, el número de países se incrementó a 93, pero no ocurrió lo mismo con la cifra de atletas: 5.151, de los cuales 4.473 eran hombres y 678 mujeres. Colombia completaba su tercera presencia consecutiva, desde Melbourne 1956.

El 5 de octubre, sobre las seis de la tarde, dos coros femeninos de colegios de secundaria, junto a unas 1.500 personas, despedían en el aeropuerto internacional El Dorado a la siguiente nómina criolla:

Directivos:

Mario García y García, presidente del Comité Olímpico Colombiano; Humberto Chica Pinzón, presidente de la delegación y delegado de atletismo; Julio Gerlein Comelín, miembro COI; Efraín Borrero, delegado Adefútbol al Congreso de la FIFA; Alfonso Senior y León Londoño Tamayo, delegados Fedefútbol a la FIFA; Jorge Uribe Montoya, delegado al Congreso Mundial de Medicina; Yezid Trebert Orozco, médico; Guillermo González, tesorero, y Boris Rodríguez, secretario.

Deportistas y acompañantes: 

Atletismo: José Gregorio Neira, Álvaro Mejía, Hernando Gutiérrez y Pedro Grajales. Ciclismo: Carlos Peñaranda, delegado; Ricardo Pinta Zea, entrenador de ciclismo, Mario Papaya Vanegas, Fernando Bustos, Rubén Darío Gómez, Pablo Hernández, Pedro J. Sánchez, Javier Suárez, Mario Escobar y Martín Emilio Cochise Rodríguez.

Esgrima: Emilio Echeverri (delegado), Humberto Posada, Ernesto Sastre, Ignacio Posada, Didier Tamayo.

Natación: Javier Gómez (delegado y entrenador), Julio Arango y Daniel Henao.

Tiro: Juan Millón (delegado) y Álvaro Clopatofsky.

Periodistas: Humberto Jaimes Cañarete, El Tiempo; Mike Forero Nougués, El Espectador; Julio Nieto Bernal, Caracol; Marino López, Todelar; Marino García, Todelar, y Julio Arrastía, RCN.

La sorpresa de Pedro Grajales

Pedro Grajales

Las esperanzas estaban cifradas en el grupo ciclístico, en especial en el pistero Mario Papaya Vanegas y en el rutero Rubén Darío Gómez, quienes participaban por segunda vez en el certamen.

Sin embargo fue el atletismo el deporte que más colmó las expectativas, con el vallecaucano Pedro Grajales, quien en la sexta serie de los 200 metros planos estableció 21.4, para avanzar a los cuartos de final. En esta segunda instancia desmejoró su tiempo (21.7) y quedó al margen. 

A continuación tomó parte en los 400 metros llanos. En la quinta serie hizo 47.2, que le sirvió para clasificar a los cuartos de final, etapa en la que no pudo refrendar su papel previo, al registrar 47.8. Hasta ahí llegó.

Caso contrario al de la otra promesa, el atleta Álvaro Mejía, quien jamás se habituó al clima oriental y la muestra fue su último puesto en los 5.000 metros planos, tras un discreto 14.41.4, muy lejano al 13.53.1 que había hecho recientemente en España. 

El quinto lugar de Papaya Vanegas

El pistero antioqueño Mario Papaya Vanegas, quien era uno de los 44 competidores en la velocidad pura, fue también figura en los juegos. El primer tiempo logrado fue 11.1, suficiente para vencer al australiano Lewis Gordon. Luego tuvo como oponente al polaco Abyss Law Zajac, al que superó, tras cronometrar 12:07. Victorias que le dieron su cupo a los octavos de final, ronda en la que rivalizó con el francés Pierre Trentin, quien acababa de obtener el bronce en la prueba contra el kilómetro por equipos. Dejó pasmados a los especialistas al vencerlo, tras repetir el 12.07, séptimo tiempo de los ocho que seguían en carrera. Por reglamento le correspondió enfrentar al tercero, el italiano Sergio Bianchetto, bicampeón olímpico en 1960 y en 1964, en el tándem, quien, con 11.83 dejó sin chance al colombiano, quien oficialmente quedó en la quinta posición, la mejor hasta la actualidad de un escarabajo -en el ciclismo de pista- en unas justas de verano.

Cochise, inadvertido

Papaya y Cochise

Entre tanto, el estreno de Cochise Rodríguez en unos Juegos Olímpicos pasó inadvertido, al registrar 5.17.71 en los 4.000 metros, que lo llevó a concluir decimocuarto, resultado que se atribuyó a la mala partida en su serie (la cuarta) frente al anfitrión Hiromi Yamafuji. 

También participó en la prueba de ruta (194,832 kilómetros) junto a Rubén Darío Gómez, Pablo Hernández y Mario Escobar, quien a última hora sustituyó -sin mayor explicación- a Javier Suárez. Había que dar ocho vueltas a un circuito que casi siempre tuvo a Cochise y a Gómez en el lote principal, incluso, éste último alcanzó a liderarlo. En el último giro empezó a llover, de lo cual sacó gran ventaja quien saldría campeón, el italiano Mario Zanin. 

En cuanto a los demás ciclistas no hubo mucha claridad: Mario Escobar se retiró, pero al final fue clasificado como 35. Y en la tura, Rubén Darío Gómez aparece en una foto a cien metros de distancia de la raya final, con respecto al vencedor y fue encasillado 69, Cochise apareció 46, y Hernández, 78. En el caso de los muchachos de la contra reloj por equipos, Pablo Hernández arrancó resfriado y en medio de la lluvia terminó de enfermarse, en tanto que Pedro J. Sánchez pinchó en la tercera vuelta y para Javier Suárez no era propiamente su especialidad. A su vez, en la modalidad individual, Fernando Bustos quedó decimonoveno.

Esgrimista Posada, a segunda ronda

De los demás deportistas, el único que pasó de la ronda preliminar fue el esgrimista Ignacio Posada, en el torneo de sable. En combate de desempate eliminó al argentino Aldalur González. En la segunda ronda fue eliminado. Emilio Echeverri había manifestado que Roma 1960 serían sus últimas justas, pero volvió a competir en Tokio 1964, certamen al que había ido como dirigente. Tampoco se destacó. 

El tirador Álvaro Clopatofsky finalizó sin unidades, después de no hacer el mínimo puntaje que permitiera escalafonarlo en el tiro, deporte que dio dos medallas de oro a Estados Unidos y contribuyó para volver a ganar los Juegos Olímpicos, quitando el brío que llevaba Unión Soviética, en tanto que Japón, tras lucirse en lo organizativo, tuvo su cierre dorado en lo deportivo al lograr la mejor ubicación de su historia: tercer lugar.

El buen estreno de Julio Arango

Julio Arango, natación

La natación tuvo por primera vez exponentes en dos modalidades. Diego Henao lo hizo en los saltos ornamentales, sin la menor trascendencia. Por su parte, Julio Arango intervino en los 400 metros libres, sin figuración. 

Sin embargo, este niño debutante, de 14 años, estaba por mostrar lo mejor en los 1.500 metros libres, pues su actuación se convirtió en histórica para Colombia. No pasó a la segunda ronda, porque ocupó el decimoquinto lugar, con tiempo de 17.59.1, que en ese momento se convirtió en nuevo registro suramericano, al dejar para el recuerdo el distante 18.09.3 de Ricardo Morelos, establecido en el Campeonato Suramericano de Ecuador, en el año previo a los Olímpicos, en el que Arango fue segundo.

ROMA 1960: Papaya Vanegas y Ney López, figuras colombianas

La participación de Colombia en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960, estuvo antecedida de las mismas dificultades económicas de siempre, superadas por colectas y recursos propios de los dirigentes del COC, encabezados por su presidente, Mario García y García.

Por Alberto Galvis Ramírez, Director de la REVISTA OLÍMPICA

El último compromiso de 1959, en certámenes del ciclo olímpico para Colombia eran los Terceros Juegos Panamericanos, programados por primera vez en Estados Unidos, en la ciudad de Cleveland, que por problemas de tipo económico renunció. Entonces apareció Chicago como salvadora y allí se realizó el certamen, del 27 de agosto al 7 de septiembre.

La situación económica colombiana del momento, por el reciente restablecimiento de la democracia, tras el golpe militar que terminó en 1958, impidió la consecución de los dineros necesarios para enviar una delegación.

En ese mismo año de 1959 fue nombrado en la presidencia del Comité Olímpico Colombiano, el abogado cundinamarqués Mario García y García, presidente de la Asociación de Deportes Ecuestres y practicante de esta disciplina, quien en los 16 años siguientes le daría al cargo una nueva dimensión.

Mario García García

García y García impulsó varias ideas novedosas, para el aún retrasado deporte colombiano.

Cinco pilares conformaron su ideario deportivo. El primero, la necesidad de traer técnicos internacionales de categoría, para dirigir a nuestros atletas, y aprovechar sus conocimientos en la formación de técnicos en el país. 

El segundo, llevar a los deportistas a cuantas competencias internacionales se programaran, como una forma de brindarles los fogueos necesarios para su progreso.

El tercero se relacionaba con la necesidad que el país estuviera representado en las más importantes entidades internacionales. Por eso desde el comienzo de su gestión logró formar parte de Odepa, Odecabe y Odebo.

El cuarto soporte de sus administraciones fue tal vez el más difícil de lograr: la consecución de recursos económicos para alcanzar los otros tres propósitos.

Un año después, a García y García le correspondió el primer compromiso internacional grande de Colombia, la participación en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960.

Tras su excursión a las antípodas (Australia), los Juegos Olímpicos regresaron a Europa y el turno fue para Roma, entre el 25 de agosto y el 11 de septiembre de 1960, certamen al cual asistieron 5.348 atletas, en representación de 83 países. 

Colombia hizo notables esfuerzos, más bien peripecias, por asistir, a partir de la creación de un “Comité Pro Viaje a Roma”, para reunir los recursos económicos que les permitieran a sus atletas estar presentes con dignidad. Por esta razón, el grupo que viajó se redujo a 17 miembros (todos hombres), alrededor de quienes se tenía la convicción que no podían aspirar a ningún podio. 

El equipo nacional

Para responder a los críticos, que decían que un equipo sin opciones de figuración no debía gastar unos dineros que podían invertirse en otra cosa, el presidente del Comité Olímpico Colombiano, Mario García y García, dijo que si se pretendía evolucionar, la única forma de lograrlo era estando al lado de los más sobresalientes, en la justa más exigente. 

La delegación colombiana la conformaron los siguientes atletas:

Tiro: José María Vallserra, Hernando Hoyos y Neo Balbín. Delegado: coronel Guillermo Guzmán.

Pesas: Ney López, Carlos Caballero y Jorge Pineda.

Esgrima: Emilio Echeverri y Jaime Duque. Delegado: Juan Di Doménico.

Natación: Fred Andrade. Delegado: Carlos Humberto Troncoso.

Ciclismo: Roberto Pajarito Buitrago, Ramón Hoyos, Hernán Herrón, Hernán Medina, Pablo Hurtado, Rubén Darío Gómez, Mario Vanegas y Diego Calero. Vicente Restrepo Gaviria; secretario-tesorero: Pedro Nel Machado.

El grupo acompañante viajó con recursos propios de cada uno de los directivos. Lo conformaron, Mario García y García, presidente del Comité Olímpico Colombiano, como jefe de Misión, y Ernesto Vidales, en calidad de representante al Congreso Mundial de Educación Física, y Eduardo de Castro, delegado al Congreso de la FIFA.

Papaya Vanegas, en cuartos de final

Papaya Vanegas

Una vez más los ciclistas acaparaban la atención en la delegación colombiana, por sus participaciones en certámenes cercanos del ciclo olímpico y por el nombre de Mario Papaya Vanegas, el mejor pistero.

Vanegas empezó muy bien en la rondas preliminares. En la primera le correspondió la serie junto al inglés Karl Barton, a quien derrotó por media rueda. Luego su rival fue el rumano Vasile Oprea, con el que fueron necesarias tres tandas para derrotarlo. Después enfrentó al francés André Gruchet y tras vencerlo obtuvo su cupo a los cuartos de final, fase en la que rivalizó con el anfitrión Valentino Gasparella, quien lo superó. El italiano al final obtendría la medalla de bronce en la velocidad pura. El otro pistero, Diego Calero, ocupó el vigesimoctavo lugar (entre 35) en la prueba del kilómetro contra reloj, al cronometrar 1.14, siete segundos más que el campeón, el italiano Sante Gaiardoni. 

La excelente actuación de Vanegas contrastó con la pobre de sus compañeros ruteros. En la competencia contra reloj por equipos de 100 kilómetros, Roberto Pajarito Buitrago se retiró en los primeros kilómetros. Los otros criollos, Pablo Hurtado, Rubén Darío Gómez y Hernán Medina Calderón tuvieron el mérito de concluir. 

En la ruta, sobre 176 kilómetros, el mejor fue Gómez, al quedar vigésimo séptimo, Medina a continuación, y en la casilla 48, Hoyos, otro más que dejó de representar al país luego de esas justas.

Ney López, noveno

Ney López

El pesista Ney López, luego de la experiencia de los juegos anteriores, en Melbourne 1956, en los cuales fue descalificado por errores técnicos, se lució en Roma y fue el más destacado de los colombianos en la justa.

López pasó a la segunda ronda y ocupó finalmente la novena posición, con 107.5 kilos, en arranque, 140, en envión, y 375,5 en total, a sólo cinco kilos del cuarto clasificado.

Finalmente, los esgrimistas y los tiradores pasaron inadvertidos. Emilio Echeverry, en florete, su especialidad, fue el único colombiano que consiguió al menos una victoria. Su compañero, Jaime Duque, fracasó en sable.

En cuanto al tiro, Hoyos, Balbín y Vallserra no lograron siquiera los puntos mínimos para aparecer en la tabla general de clasificación.

Fotos: Mario Papaya Vanegas, Ney López y Mario García y García.

Próxima semana: Colombia en Tokio 1964.

MELBOURNE 1956: Regreso definitivo de Colombia

Colombia no participó en los Juegos Olímpicos de Helsinki, en 1952, por la difícil situación política y de orden público que se vivió, tras el golpe de estado sufrido por Laureano Gómez, padre del presidente del COC, Enrique Gómez Hurtado. Tras una campaña de casi cuatro años, liderada por el periodista Mike Forero Nougués, se lograron los dineros para la presencia de Colombia, en Melbourne 1956.

Por Alberto Galvis Ramírez, Director de la REVISTA OLÍMPICA

En 1952, Colombia era víctima de la violencia partidista entre liberales y conservadores, que había comenzado el 9 de abril de 1948, tras el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. En la presidencia de la República se encontraba el conservador Roberto Urdaneta Arbeláez, primer designado, quien había remplazado al presidente titular, su copartidario Laureano Gómez, quien se separó del cargo el 5 de noviembre de 1951, por enfermedad.

La violencia se había apoderado de muchas regiones del país y crecía de manera alarmante. Aunque en ese ambiente era imposible hablar de deporte, se hacía necesario definir la presencia de equipos deportivos a los torneos internacionales, en especial, a los Juegos Olímpicos programados en 1952, en Helsinki, Finlandia.

Ese año se realizó la asamblea electiva del Comité Olímpico Colombiano, que debería definir la presencia del país en los Juegos Olímpicos de Helsinki, y conseguir los recursos necesarios para dicho viaje.

Entre los delegados presentes en el Ministerio de Educación Nacional se encontraba Enrique Gómez Hurtado, periodista y abogado de 26 años, Jefe de Redacción del diario El Siglo -la contraparte conservadora de los periódicos liberales El Tiempo y El Espectador-, quien era hijo del presidente de la República, Laureano Gómez, en ese momento ausente de su cargo, por enfermedad.

Una vez celebrada la asamblea, Gómez Hurtado fue propuesto y escogido como nuevo presidente del COC. 

A pesar de las influencias del presidente del COC, no fue posible conseguir los dineros y se canceló la presencia colombiana en los Juegos Olímpicos de Helsinki, en 1952. Este hecho creó una frustración en la gente del deporte, en especial por las ilusiones que despertaba Jaime Aparicio, quien cuatro años después, con 30 de edad, con seguridad no daría los resultados esperados en unos Juegos Olímpicos. 

Dos meses más tarde, el teniente coronel Gustavo Rojas Pinilla dio un golpe de Estado y asumió la Presidencia de la República, quien. lo primero que hizo fue notificarle a Laureano Gómez su acción e invitarlo a abandonar de inmediato el país.

A los pocos días, la familia Gómez Hurtado, con el presidente del Comité Olímpico Colombiano a bordo, partió rumbo a España, y recibió asilo político.

Al frente del COC quedó de manera interina, el primer Vicepresidente, el ex esgrimista Miguel Valderrama.

Campaña para “no faltar nunca a los Olímpicos”

Casi de manera paralela a ese proceso ocurrió un hecho que conduciría, cuatro años después, a alcanzar el objetivo de lograr la presencia colombiana en unos Juegos Olímpicos.

El periodista Mike Forero Nougués trabajaba para la Radio Nacional y fue contactado por el joven periodista Guillermo Cano Isaza, quien lo llevó a El Espectador. Una vez se canceló la participación, Forero Nougués  inició una campaña que sería definitiva para el futuro de Colombia en los Juegos Olímpicos

Días después de la renuncia de Gómez Hurtado se realizó la asamblea del Comité Olímpico Colombiano, y en la presidencia fue elegido el abogado bogotano Carlos Castillo de la Parra, quien ocupaba el cargo de presidente de la Federación Colombiana de Golf. De la Parra estuvo en su cargo un año, porque renunció en 1954. Ese mismo año de 1954, cuando aún la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla contaba con popularidad entre los colombianos se realizó la asamblea para nombrar el sucesor de Castillo de la Parra.

La influencia del gobierno se hizo evidente y en el alto cargo fue elegido el general del Ejército Guillermo Padilla Manrique, quien acompañó la campaña para volver a los Juegos Olímpicos, como máxima cabeza del deporte colombiano, y  creo un buen ambiente en el gobierno.

A la campaña liderada por Mike Forero Nougués dio sus frutos y Colombia pudo integrar su equipo para volver a los Olímpicos y no faltar nunca más.

La delegación colombiana

Ney López, pesista colombiano en Melbourne 1956

Esta fue la delegación colombiana que reinició las participaciones en Juegos Olímpicos:

Atletismo: Rubén Guevara, Guillermo Zapata, Alfonso Muñoz, Carlos Sierra.

Esgrima: Emiliano Camargo, Gabriel Blando, Emilio Echeverri, Alfredo Yanguas, José del Carmen Gómez y Pablo Uribe.

Ciclismo: Ramón Hoyos, Jorge Luque, Pablo Hurtado, Jaime Villegas, Honorio Rúa, Leonel Ángel Mejía, Héctor Monsalve, Octavio Echeverri, Diego Calero, Mario Vanegas y Roberto Buitrago.

Levantamiento de Pesas: Carlos Caballero y Ney López.

Natación: Gilberto Martínez, Sergio Martínez y Álvaro Gómez.

Tiro: Juan Millón, William Peters, Carlos Olano Cruz, Enrique Hannaberg y Guillermo Padilla, el presidente del COC.

Un viaje de 32 horas

El viaje del equipo nacional duró 32 horas a bordo del avión Sin embargo, la aeronave hizo paradas en varias islas del Pacífico, para ser sometido a revisiones.

El avión, el HK-136 de la empresa Avianca, que llevó a la delegación a Australia, que había sido reformado en sus tanques de gasolina, para lograr que el combustible alcanzara, partió el 18 de noviembre a las 4 de la tarde, del aeropuerto de Techo, en Bogotá. La primera parada fue en Barranquilla. De allí el avión salió con destino a Brownsville, Estados Unidos. Luego atravesó California para llegar a San Francisco, en donde se le hizo la primera revisión y se llenó de combustible. Abandonó la plataforma continental y después de 12 horas aterrizó en Hawai, para un nuevo chequeo. El siguiente destino fue la isla Nandy Cantón, en donde paró exclusivamente para otra revisión. De ahí se dirigió a las Islas Fiyi. Posteriormente pasó por encima de Sydney, la capital de Australia, y tras dos horas más de vuelo aterrizó en su destino, Melbourne.

Descalificaciones y lamentables errores 

Gabriel Blando, Esgrimista colombiano en Melbourne 1956

Los esgrimistas fueron los primeros colombianos en salir a la escena olímpica. El 23 de noviembre, en la mañana, Gabriel Blando, Emilio Echeverri y Pablo Uribe, sembrados en el grupo B, perdieron en florete ante Inglaterra, y en la tarde, frente a Italia, y quedaron descalificados.

Luego, en espada, en el Grupo C, no obstante dos victorias obtenidas por Emilio Echeverry y Emiliano Camargo, el equipo, complementado por Alfredo Yanguas y Pablo Uribe perdió, 14-2 ante Hungría y quedó por fuera. Finalmente, en sable, el conjunto, que debía competir con Estados Unidos y Hungría, no participó.

En tiro, los selectivos en el país se habían hecho en skeet y las competencias eran en fosa olímpica, lo que descartó de entrada a Carlos Olano Cruz y a Juan Millón y redujo el grupo a tres participantes.

En el platillo (pichón) William Peters fue vigésimo segundo, con 53 puntos, frente a 195 del campeón Galliano Rossini. A su vez, Enrique Hannaberg, tras catorce  pruebas de pistola y 32 de siluetas se ubicó como el mejor latino, con 533 puntos. De otra parte, en 50 metros carabina tres posiciones, el Coronel Guillermo Padilla (presidente del COC) se encasilló cuadragésimo cuarto, con 983 puntos, contra 1.172 del ganador, Anatoli Bogdanov, de la Unión Soviética.

Fuera Aparicio, nadadores y pesistas

En natación, Sergio Martínez quedó eliminado en la primera serie de los 100 metros libres, al hacer el quinto tiempo (1.00.02). También su hermano Gilberto, en los 400 metros libres, al quedar séptimo, con 4.54.4. Para completar la jornada, Álvaro Gómez fue eliminado por utilizar el estilo de nado incorrecto, en los 200 metros pecho.

Algo similar ocurrió en la halterofilia con uno de los integrantes, el vallecaucano Ney López, quien fue eliminado por errores técnicos en los tres intentos, en la división de las 131 libras. En cuanto a Carlos Caballero, en la misma categoría, se lesionó sin terminar su participación.

Quedaban atletas y ciclistas. De los primeros, el único referenciado era Jaime Aparicio porque había estado presente en Londres 1948. En los 400 metros con vallas hubo 28 inscritos, repartidos en seis series, y a él le correspondió la tercera. El colombiano fue una exhalación en la partida, por lo que comandó el grupo hasta los 150 metros, pero tras un codo a codo en los últimos 15 metros cedió su opción y quedó tercero y eliminado, porque únicamente había cupo para dos.

El 28 de noviembre, Jaime Aparicio intervino en los 400 metros lisos y terminó segundo en su serie, pero como había 43 participantes, sólo lograba la clasificación a la siguiente ronda el primero. Rubén Guevara, inscrito en esa prueba, no participó, por enfermedad. 

En los 110 metros con vallas, Guillermo Zapata quedó al margen en la primera vuelta al llegar último (sexto) en la serie, que ganó el estadounidense Jack Davis, con 14 segundos. 

El 26 de noviembre Colombia fue último en el relevo de 4×400, con una desventaja de 17 segundos. En esta prueba, el atleta vallecaucano Carlos Sierra fue acusado de haber callado una lesión, para asistir a los juegos, hecho que se reflejó en su mala presentación en esa prueba.

Las expectativas de los ciclistas  

Los ciclistas también tenían cierto reconocimiento, en especial por sus recientes actuaciones en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, de 1954 y en los Panamericanos de México, en 1955. Sin embargo no lograron buenos resultados.

En la pista, Leonel Ángel Mejía perdió sus enfrentamientos con Evrad Godefroid de Bélgica, Van Phuoc Lee Vietnam y Richard Ploog de Australia, tercero en la final, en los 1.000 metros sprint. 

Entre tanto, en el kilómetro contra reloj -velocidad pura- Octavio Echeverri fue decimoquinto. En su participación fue derrotado por el italiano Leandro Faggin, finalmente ganador de la medalla de oro. 

En la persecución por equipos se presentaron ocho países. En la ronda inicial el rival colombiano era Pakistán, país que no se presentó. Aun así, Colombia, con Ramón Hoyos, Octavio Echeverri, Honorio Rúa y Héctor Monsalve), debía hacer un tiempo para avanzar de serie, pero el guarismo de 5.09.02 fue el más pobre de todos, por lo que la cuarteta quedó eliminada. 

Buen cierre de Ramón Hoyos

Restaba la prueba de ruta de Gran Fondo en Carretera, a la cual asistieron Rúa, Hoyos, Jaime Villegas, Jorge Luque y Pablo Hurtado. Ramón Hoyos se destacó porque estuvo involucrado en las posiciones de honor, pero en los metros definitivos fue desplazado. Terminó en el puesto 13 y fue el segundo mejor latinoamericano, después del mexicano Magdaleno Cano, noveno, en la prueba ganada por el italiano Ercole Baldini, último campeón mundial de ruta. Los demás colombianos finalizaron en puestos posteriores, menos Jorge Luque, que se retiró por una caída.

Terminaron los Juegos Olímpicos con triunfo de la Unión Soviética con 37 finales ganadas, cinco más que Estados Unidos.

LONDRES 1948: el esgrimista Camargo, la figura colombiana

Los Juegos olímpicos fueron suspendidos durante la II Guerra Mundial. En enero de 1948, el Comité Olímpico Colombiano fue aceptado oficialmente por el Comité Olímpico Internacional, y en junio, una delegación, conformada por tres esgrimistas, tres luchadores, dos atletas, dos nadadores y dos tiradores, participó en la reanudación del certamen, en Londres.

Por Alberto Galvis Ramírez, Director REVISTA OLÍMPICA Comité Olímpico Colombiano

El comienzo de la II Guerra Mundial, en 1939, obligó al Comité Olímpico Internacional a suspender los certámenes correspondientes a años de 1940, en Londres, y 1944, en Tokio.

Durante los años de la guerra, el naciente Comité Olímpico Colombiano, COC, buscó ser aceptado oficialmente como miembro del COI, porque la participación del equipo nacional de atletas, en los Juegos de Berlín, en 1936, había sido provisional y sólo para que nuestro país estuviera presente en la cita alemán y se motivara a cumplir con todos los requisitos exigidos. Sin embargo, el COI se negó a aceptar a Colombia, en esos años de la guerra, porque el presidente del COC era Alberto Nariño Cheyne, director Nacional de Educación Física, es decir, funcionario público del gobierno nacional, situación que el COI prohibía expresamente, para mantener la independencia de sus comités afiliados, de influencias de tipo político.

Después del final de la guerra, en 1945, el Comité Ejecutivo del COC insistió en sus solicitudes, para poder participar en los Juegos Olímpicos programados en agosto de 1948, en Londres.

La negativa obligó a la renuncia de Nariño Cheyne, en 1947,  y a la elección del empresario privado José Antonio Bonnet, como nuevo presidente. Gracias a este relevo, el COC fue aceptado, en la sesión del 29 de enero de 1948, celebrada en Saint Moritz, Francia, bajo la presidencia del COI del sueco Johannes Sigfrid Edström.

Colombia recibió el reconocimiento en desarrollo del quinto punto de la reunión, junto con las solicitudes presentadas por Líbano, Pakistán, Siria y Puerto Rico.

Textualmente se lee en el acta correspondiente a ese día, un texto corto y escueto que dice:

“5. Nouveaux comités olympiques nationaux.

La C.E. propose de reconnaître les C.O.N. suivants:

  • Colombie
  • Liban
  • Pakistan
  • Syrie
  • Porto-Rico

Aceptté è l’unanimité”.

Significa:

“5. Nuevos comités olímpicos nacionales.

La C.E. (Comisión Ejecutiva) propone el reconocimiento de los C.O.N. (Comités Olímpicos Nacionales) siguientes:

  • Colombia
  • Libia
  • Pakistán
  • Líbano
  • Puerto Rico

Acepta por unanimidad”.

Nuevos aires olímpicos

Colombia, por gestiones adelantadas desde la Dirección Nacional de Educación Física, encomendada ahora al licenciado Numael Hernández, aprobó los dineros necesarios para el envío de un equipo, con un cuadro directivo conformado por José Antonio Bonnet, presidente del Comité Olímpico Colombiano y Jefe de Misión; Alberto Nariño Cheyne; el Mayor Roberto Esguerra, y Cayetano Cañizares.

Los deportistas fueron los atletas Jaime Aparicio, en los 400 metros con vallas y Mario Rosas, en la misma prueba y en los planos. Los nadadores Luis Child y Luis Eduardo Tiburón González. Los esgrimistas Alfonso Ahumada, Miguel Valderrama y Emiliano Camargo. Los luchadores Ricardo Caballero, en 56 kilos; Miguel Ortiz, en 61, y Hernando Corredor, en 66, (como reemplazo). Y Los tiradores, los capitanes González y Enrique Muñoz.

El jueves 29  julio, en el fastuoso Estadio de Wembley, fueron inauguradas las justas, con la presencia de 4.099 atletas, en representación de 59 países, más de lo que se pudiera esperar, por los efectos de la guerra.

La sorpresa del esgrimista Camargo

Emiliano Camargo, Londres 1948

El nadador Luis Tiburón González era el único colombiano de quien se tenían referencias en los Juegos, por lo que había hecho durante los Centroamericanos y del Caribe, de Barranquilla, en 1946, y en los Bolivarianos, de Lima, en 1947. Además, para la fecha de los Olímpicos ocupaba el décimo tercer puesto en el escalafón mundial de los 1.500 metros, estilo libre.

Sin embargo, la figura colombiana fue el esgrimista Emiliano Camargo, quien clasificó cuarto en espada y logró avanzar a la segunda ronda. En la siguiente fase, Camargo finalizó tercero, al acumular tres victorias en 19 toques, lo que le valió ser el único suramericano en pasar a semifinales.

Su compatriota Ahumada, por su parte, se encasilló último, sin triunfos en su serie, por lo que quedó al margen de la competencia.

En la ronda semifinal, el sorprendente colombiano no se presentó, por una herida sufrida en su brazo derecho.

Tiburón González avanzó a semifinales

El nadador Luis Tiburón González fue la segunda figura colombiana en los Juegos Olímpicos, al avanzar en los 1.500 metros hasta semifinales, ronda en la que fue séptimo en la segunda serie, que ganó Jimmy McLane, de Estados Unidos, después medallista dorado. Entre tanto, en los 400 metros libres fue eliminado, al quedar cuarto en la serie inicial, mientras que Child concluyó quinto, en la apertura, y quedó por fuera de la competencia.

En cuanto al dúo de atletas, Jaime Aparicio se clasificó cuarto en la segunda serie eliminatoria de los 400 metros con vallas, y quedó eliminado. Lo mismo ocurrió con los demás colombianos, que fueron eliminados en la primera ronda de sus participaciones.

BERLÍN 1936: Los seis pioneros olímpicos oficiales de Colombia

Por Alberto Galvis Ramírez

Director REVISTA OLÍMPICA

En mayo de 1936, bajo el liderazgo del director de Educación Física de Cundinamarca, Alberto Nariño Cheyne, se cumplieron algunos chequeos denominados criteriums, en la primera pista de atletismo que se había construido en Bogotá, en el barrio Acevedo Tejada, en los cuales participaron los mejores atletas de Bogotá, Cundinamarca y otras regiones, que se creían con condiciones de buscar un cupo en esa pionera selección nacional.

En el mismo mes, la Dirección Nacional de Educación Física convocó a los chequeos definitivos para el día 6 de junio. Las pruebas finales se realizaron con ocasión de la celebración del Día Olímpico, una semana antes de lo previsto, en la pista del Hipódromo de la calle 53, localizado en el hoy barrio Galerías, de la capital del país. El dinero recaudado por la asistencia de aficionados sería destinado al viaje de la delegación. A pesar de la publicidad brindada por los diarios de la capital del país, la presencia de público fue escasa.

Las competencias de semifondo, en las que no hubo buenas marcas, por la altura de Bogotá y la pista de grama del hipódromo, fueron dominadas por los corredores de Cundinamarca Pedro Emilio Torres, del Club Deportivo La Corona, quien ganó los 800 metros, con 2 minutos y 12 segundos, y Hernando Navarrete, del Red Star, vencedor en los 5.000 metros, en estrecho duelo con su paisano Jorge Nova, quien estableció un tiempo de 17 minutos y 50 segundos. Como esta prueba terminó en medio del desorden, porque el público invadió la pista, el comité programó para el día siguiente, 7 de junio, una nueva competencia, en el mismo escenario.

Navarrete supera de nuevo a Nova

Ese día, a partir de las 3:30 de la tarde se realizaron los 5.000 metros, que tuvieron, de nuevo, como protagonistas a los bogotanos Hernando Navarrete y Jorge Nova.  Este último fue quien más ocupó la primera casilla, en su afán de cobrar la revancha por la derrota anterior, pero nunca pudo distanciarse de su rival.

La carrera se define en los últimos 200 metros, que enfrentan solitarios Nova y Navarrete. La llegada fue tan estrecha, que mientras los jueces consideraron ganador a Navarrete, muchos aficionados vieron cruzar primero a Nova. Lo más importante fue la marca lograda por el vencedor, 16 minutos y 22 segundos, un minuto y 28 segundos menos, con respecto al tiempo establecido la víspera. Este registro, además, era el segundo de Sudamérica en esa competencia.

De la misma manera, los atletas cartageneros, Campo Elías Gutiérrez, en lanzamientos de jabalina y disco, y José Domingo El Perro Sánchez, en las pruebas de velocidad, y el barranquillero residente en Bogotá Pedro del Vechio, en el salto con garrocha fueron los triunfadores.

El brusco despertar de Berlín 1936

Una vez realizados los análisis de los resultados, dos atletas de Cundinamarca, uno de Bogotá, Hernando Navarrete, y el otro de la provincia, Pedro Emilio Torres, nacido en la población de Manta, fueron seleccionados para conformar el primer equipo colombiano que participaría oficialmente en esos Juegos Olímpicos, en Berlín, Alemania. También integraron la delegación: el lanzador y saltador barranquillero Pedro del Vechio, y los velocistas cartageneros José Domingo El perro Sánchez, y Campo Elías Gutiérrez.

Finalmente se logró recaudar el dinero necesario para el viaje de esa primera delegación nacional a unos Juegos Olímpicos, en la que fue incluido el bogotano Hugo Acosta, porque su tío Dobelay Acosta ayudó a conseguir el dinero para el viaje del equipo y el propio deportista se pagaba parte de sus gastos.

El proceso para permitir la participación de una selección nacional en los Juegos Olímpicos de Berlín se había cumplido en un 50 por ciento, aunque al revés, porque hacía falta llenar el primer requisito: la constitución del Comité Olímpico Colombiano y su afiliación ante el COI.

El 1º de julio, un mes antes de los juegos de Berlín, el delegado Internacional, Julio Gerlein Comelín, envió al COI la inscripción del equipo nacional y dos días después anunció la creación del Comité Olímpico Colombiano.

Seis deportistas, siete acompañantes

El equipo inscrito por Gerlein estaba conformado por seis deportistas y siete acompañantes. Los primeros eran los atletas que habían ganado el cupo en los chequeos realizados por el Comité de Atletismo de Cundinamarca, Navarrete, Torres, Acosta, Gutiérrez, Sánchez y del Vechio. Los segundos eran: Juan de Dios Salgado, delegado; Agustín Nieto Caballero, representante del Comité Olímpico Colombiano; José Antonio Emiliani, por las asociaciones de fútbol y de baloncesto; Margarita de Emiliani, por la Asociación Femenina; José Ignacio González, por la prensa; Roberto Kowell, entrenador, y Jorge Perry Villate, inscrito como participante, quien finalmente no viajó.

A comienzos de julio, el equipo nacional partió de Cartagena a bordo de la motonave Caribia, de la Hamburg América Line, y llegó a su destino, Hamburgo, el 15 de julio. Sin embargo, el atleta Hugo Acosta se equivocó al tomar el avión rumbo a Barranquilla y fue a dar a Medellín, de donde regresó a Bogotá, para volar hacia la capital del Atlántico, en donde abordó el 30 de junio, el barco Simón Bolívar, de la Compañía Real Holandesa de Vapores.

Alegría y frustración

Si el viaje a Berlín, a los Juegos Olímpicos causó alegría y esperanza, los resultados de la participación generaron frustración. Ninguno de los deportistas colombianos logró avanzar a la segunda ronda. Inclusive, dos de ellos, Hugo Acosta y Pedro del Vechio, no participaron, el primero por enfermedad y el segundo, por su propia voluntad.

Quienes lograron competir, sin embargo, mejoraron sus registros.

El balance de la delegación fue el siguiente:

Hernando Navarrete fue eliminado en los 5.000 metros, pero estableció un tiempo de 16 minutos y 20 segundos, superior al logrado en su última participación en el Hipódromo de Bogotá, previa a la justa alemana, cuando derrotó al bogotano Nova.

Pedro Emilio Torres estableció en los 1.500 metros, 4 minutos y 25 segundos, 55 segundos menos que su mejor marca, que había fijado recientemente en Barranquilla.

Campo Elías Gutiérrez rompió el registro nacional en el lanzamiento de jabalina, con 50 metros, dos metros más que su propio registro.

“Unos zapatos con puyas”

Varias fueron las experiencias obtenidas de la primera participación oficial de Colombia en unos Juegos Olímpicos. Para Hernando Navarrete todo lo que ocurrió fue nuevo para ellos:

 “Una de las primeras sorpresas que tuvimos fue la existencia de unos zapatos con puyas que utilizaban los mejores atletas, en especial en las pruebas de velocidad. Conseguimos unos, pero no pudimos dominarlos, porque nos tropezábamos con la pista. También aprendimos algunas ideas técnicas del calentamiento, como los ejercicios de estiramiento. Y lo más importante fue que aterrizamos en una dimensión nueva para todos: debíamos organizarnos para ser competitivos”, recordó Hernando Navarrete, en 1987, en entrevista con  Alberto Galvis, de El Espectador, en 1987.

Pedro Emilio Torres, fondista cundinamarqués, agregó que “la primera experiencia fue el viaje en un inmenso barco, jamás imaginado por nosotros. A pesar de los intentos por mantenernos en la mejor forma física fue muy difícil entrenar en la cubierta. Por lo tanto nos dedicamos a disfrutar del viaje, que incluía fiestas. Ya en Berlín vivimos otra experiencia inolvidable: conocer al famoso Adolfo Hitler, quien promovía las ideas nazis, que a los jóvenes asistentes no nos disgustaban, porque aún no se había visto la trágica dimensión que tendrían años después”, en entrevista con  Alberto Galvis, de El Espectador, en 1987.

HISTORIA OLÍMPICA I: Los 10 hechos que condujeron a la creación del Comité Olímpico Colombiano

Por Alberto Galvis Ramírez, Director de la REVISTA OLÍMPICA

Perry, en contravía de las reglas Olímpicas.

Jorge Perry Vilate, Los Ángeles 1932

El 30 de julio de 1932, el atleta boyacense Jorge Perry Villate desfiló en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, Estados Unidos, con la bandera nacional, contra la propia reglamentación, que exigía, que para que un país pudiera estar presente en unos Olímpicos, debía  existir el comité olímpico nacional. Perry Villate había adelantado una gestión a motu propio, ante el COI, que lo aceptó. El atleta, de 23 años, viajó por sus propios medios a la sede de los Juegos y permaneció entrenado cuatro meses. Su participación en el maratón terminó a los 10 kilómetros de haber comenzado, porque se retiró.

Crean la Comisión Nacional de Educación Física

Enrique Olaya Herrera

Hasta 1933, la Ley 80 de 1925, que reglamentaba la profesión de educación Física en Colombia, había sido letra muerta, porque nada de lo allí ordenado se había hecho. El 19 de octubre de 1933, bajo la presidencia de Colombia de Enrique Olaya Herrera (foto), por medio del Decreto 1734, el Ministerio de Educación Nacional da vida a la Comisión Nacional de Educación Física y le asigna unos recursos. Conforman dicha Comisión, el Ministro de Educación, Luis Esguerra Camargo, quien la presidía; el director de Higiene, Enrique Enciso, secretario; el representante de las asociaciones deportivas existentes, Carlos Arias, secretario, y los vocales, Bernardo Rueda y Francisco Urrutia.

Nace la educación física como profesión

El 25 de junio 1936, la profesión de la educación física ve la luz en Colombia, con la creación de los estudios superiores profesionales y del Instituto Nacional de Educación Física -INEF-, mediante el Decreto 1528, reglamentado por el Gobierno Nacional. Estos hechos permitieron que de manera paralela al desarrollo del deporte de altos logros también avanzara la educación física, como actividad promotora de valores entre los jóvenes colombianos.

Barranquilla funda su “Comité Olímpico Colombiano”

En Barranquilla, entretanto, dirigentes encabezados por Julio Gerlein Comelín crearon una entidad llamada Comité Olímpico, para sacar adelante, los Juegos Nacionales de 1934, mientras expresaban la intención de ser la sede de los V Juegos Centroamericanos y del Caribe, programados en 1945. Los nacionales se pudieron hacer, pero en enero de 1935, certamen que fue definitivo para visualizar a la Arenosa, como ciudad emprendedora en materia deportiva y para la creación del Comité Olímpico Colombiano.

Se asoman los personajes pioneros del Comité Olímpico Colombiano

En los Terceros Juegos Nacionales, en 1935, celebrados en enero, en Barranquilla, participaron 500 atletas, de nueve departamentos: Antioquia, Bolívar, Caldas, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Santander, Norte, Valle y Atlántico. Igualmente fueron visibles, el personaje que sería determinante en la creación del Comité Olímpico Colombiano, Julio Gerlein Comelín, quien sería su primer presidente, y el grupo de atletas que integrarían, un año después, la primera delegación nacional a unos Juegos Olímpicos.

Jaime de Matheu escoge al representante del COI en Colombia

Jaime de Matheu

En la ceremonia de clausura de los III Juegos Nacionales, en Barranquilla, en 1935, se encontraba el dirigente y diplomático guatemalteco, Pedro Jaime de Matheu (foto, elgrafico.com), quien había viajado desde Ciudad de Panamá, para hacer los contactos a nombre del COI, destinados a la creación del Comité Olímpico de nuestro país. De Matheu habló con el director de dichos Juegos, Julio Gerlein Comelín y le propuso ser el delegado del COI en Colombia, para el proceso de constitución del ente olímpico nacional. A los pocos días, el COI le notificó a Gerlein su designación.

El Gobierno apoya la creación del Comité Olímpico

Jorge Zalamea Borda

Otro hecho ocurrido al final de los Juegos Nacionales de 1935, en Barranquilla fue el pronunciamiento del gobierno nacional, en favor de la creación del Comité Olímpico Colombiano, hecha a través del secretario del Ministerio de Educación Nacional, el escritor y periodista Jorge Zalamea Borda (foto). La tarea quedó en manos de uno de los más entusiastas colombianos en favor de ese objetivo: el director de Educación Física de Cundinamarca, Alberto Nariño Cheyne, quien sería desde entonces, gran impulsor del nacimiento del COC.

Respaldo total a la presencia de Colombia en Berlín 1936

Alberto Nariño Cheyne

Desde comienzos de 1936, por iniciativa del barranquillero Julio Gerlein Comelín, ya designado representante del Comité Olímpico Internacional, COI, en nuestro país, apoyado por Alberto Nariño Cheyne (foto), a nombre del gobierno nacional, presidido por Alfonso López Pumarejo, anuncia su apoyo a la presencia de una delegación, en los Juegos Olímpicos de Berlín, Alemania, en el mes de agosto siguiente. Para adelantar los chequeos respectivos en la tarea de integrar el primer seleccionado nacional a unos Juegos Olímpicos, se escoge a la entidad tal vez más sólida del precario sistema del deporte colombiano de entonces: el Comité de Atletismo de Cundinamarca, que se convertiría en la Asociación Colombiana de Atletismo.

El Comité de Atletismo de Cundinamarca integra primera delegación olímpica

Los días 6 y 7 de junio de 1936 se celebraron en el Hipódromo de la Calle 53, de Bogotá, hoy sector de Galerías (foto) los chequeos para conformar la selección nacional que participaría en los Juegos Olímpicos de Berlín, programados en agosto. Una vez realizadas las competencias, la selección quedó conformada por, el velocista José Domingo El Perro Sánchez; el lanzador de jabalina y disco Campo Elías Gutiérrez; el saltador de garrocha Pedro del Vechio, y los semifondistas Pedro Emilio Torres y Hernando Navarrete ganadores de los chequeos. A ellos se unirá el también fondista Hugo Acosta.

Julio Gerléin, primer Presidente del Comité Olímpico Colombiano

Julio Gerlein Comelín

El 3 de julio de 1936, en las oficinas de la Dirección Nacional de Educación Física, en Bogotá, se realizó la asamblea de constitución del Comité Olímpico Colombiano, con la participación de cuatro entidades en representación de tenis, basquetbol, fútbol y atletismo, y otras organizaciones. Finalmente se integró un primer Comité Olímpico Colombiano, así: el barranquillero Julio Gerlein Comelín, presidente (foto); Alberto Nariño Cheyne, primer Vicepresidente; Carlos J. Echavarría, segundo Vicepresidente; Carlos A. Arias, secretario, y Raquel Bonilla, tesorera, representante de la Asociación  Femenina Nacional.

Próximo lunes, 10 de febrero: BERLÍN 1936: Los seis pioneros olímpicos oficiales de Colombia.