Desde su condición sacerdotal, animada por una especial vocación de servicio fue un auténtico promotor de la acción comunal, de la educación, del desarrollo y del deporte estudiantil de la provincia cundinamarquesa.

Por Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica y Secretario de la Academia Olímpica Colombiana.
Nacido en Tibirita, Cundinamarca, el 24 de diciembre 1886, Monseñor Agustín Gutiérrez fue ordenado sacerdote el 28 de octubre de 1812, por Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, Arzobispo de Bogotá.
Comenzó su trabajo sacerdotal como capellán de las Hermanas de la Presentación y luego fue trasladado a la parroquia de Quetame, en donde organizó escuelas rurales y centros catequísticos.
De Quetame pasó a La Peña, en donde dedicó la mayor parte de su tiempo a la educación primaria. En 1922 fue enviado a Chocontá, en donde fundó los colegios Rufino José Cuervo y María Auxiliadora; organizó la Sociedad Anónima Hidroeléctrica; trabajó junto a las administraciones en las obras de acueducto y alcantarillado, y fundó la organización de Defensa y Apoyo mutuo, para ayudar a los campesinos. Arregló el templo y construyó el atrio. Diez años después, enfrentado a los políticos, abandonó la población, luego de ser víctima de una asonada.
A finales de 1932 se posesionó en la parroquia de Junín, en el Guavio en donde organizó la Escuela de Canto y trabajó por mejorar las vías y por diseñar canchas deportivas. Cuando planeaba construir una granja agrícola pecuaria para favorecer la agricultura y la ganadería, fue trasladado a Fómeque, en donde a lo largo de 32 años, adelantó una gigantesca obra que lo convirtió en educador integral, apóstol de los campesinos, líder del desarrollo de la región, formador de maestros e impulsor del deporte.
Monseñor Gutiérrez Jiménez llegó a Fómeque el 28 de mayo de 1936, y un año después organizó la Escuela Hogar y creó la Corporación Granja Agrícola de Fómeque S.A., entidad que tenía como objetivo trabajar por la educación rural, que en 1944 se convirtió en la Sociedad Granja Agrícola S.A..
En 1938, por petición del escritor José A. León, redactó el folleto La mujer y el hogar. De 1945 a 1949, con el azadón al hombro y seguido por toda la población, lideró la construcción del edificio que sirvió como sede a la Escuela Normal Rural de Varones, que graduó la primera promoción en 1948. En 1946, representó a Colombia en un congreso de educación en Buenos Aires, en el cual expuso sus ideas.
Desde 1950, sus planteamientos para organizar el magisterio en zonas campesinas, fueron admirados en Colombia y en Latinoamérica. De igual manera, el municipio de Fómeque se convirtió en modelo de desarrollo, con base en lo que él denominó “educación integral”, es decir, formación de maestros capaces de defenderse en todos los terrenos y no únicamente en la pedagogía.
En 1955, tal como lo hizo nueve años antes, Monseñor Agustín Gutiérrez, acompañado por toda la ciudadanía, comandó la construcción del Instituto Politécnico Femenino, el teatro con 240 asientos y la Vocacional de Varones; a la inauguración de esta última, asistió el entonces Presidente de la República, Gustavo Rojas Pinilla.
Conferencia del CELAM
En 1958, por su iniciativa, se reúne en Fómeque la Conferencia Episcopal Latinoamericana, CELAM, presidida por el Cardenal Jaime de Barros Cámara, arzobispo de Río de Janeiro; en esa ocasión, se construye el Monumento a Jesús Maestro, frente al templo parroquial, obra del escultor Fernando Montañés, inaugurada al año siguiente, con motivo de la Feria de San Isidro.
En 1958, por colecta de la ciudadanía, Monseñor Gutiérrez pudo viajar a Europa, acompañado por su hermano, el también sacerdote Isaías Gutiérrez.
Ya Fómeque era el eje de muchas actividades educativas, comunales y religiosas, como el Primer Seminario de Rectores de Normales de Cundinamarca (1959); la Segunda Exposición de la Feria de San Isidro (1959), de nuevo el CELAM (1959) -instalado por su hermano Luis, gobernador del departamento-; publicaciones como Información Rural (1960) y Revolución Rural (1961); entidades como la Cooperativa Agrícola de Oriente de Cundinamarca (1963) y la Corporación Autónoma Regional (1966), y obras como el cementerio (1966), la casa parroquial (1966) y 3 urbanizaciones.
Durante esos años fueron formados profesores en todas las áreas, que en los años siguientes adelantaron una encomiable obra. Entre ellos se encontraban futuros licenciados en Educación Física, como José Antonio García Forero, nacido en Cota, años después importante técnico de atletismo en Colombia, quien recuerda al religioso con especial aprecio: “Yo estudié en la primera normal que construyó y fui testigo de su fiebre por la educación y el deporte. Era él quien lideraba, con la pica, la pala y el azadón, cualquier obra que se le ocurriera. Por su iniciativa, los martes y los jueves los estudiantes éramos llevados a los sitios en donde se construirían obras, como los escenarios deportivos que luego utilizamos, para hacer las veces de obreros. Monseñor era obsesivo y de fuerte carácter. Pero su disciplina nos formó a todos para el futuro profesional. Una vez me dio una cachetada porque no hice el trabajo como era debido. En ese momento, como suele suceder siempre, no entendí ni asimilé el castigo. Después, comprendí y me beneficié de esa lección para el resto de mi vida”.
La ausencia de Pablo VI
En julio de 1968, estaba prevista la visita del papa Pablo VI a Colombia. La ilusión de Monseñor Gutiérrez era que visitara Fómeque, considerado un importante centro religioso de América Latina. Inicialmente, el Vaticano aceptó, pero finalmente se cambió a Fómeque por Mosquera. Un mes después, el 21 de septiembre, muchos dicen que afectado moralmente por este golpe, porque su ilusión era conocer al sumo pontífice, estrecharle la mano y que bendijera a su pueblo, Monseñor Agustín Gutiérrez falleció a los 82 años de edad.
Además del ejemplo dejado entre los fomequeños, la población pudo disfrutar desde entonces de campos deportivos para baloncesto, voleibol, fútbol y tenis, y una pista de atletismo. De igual manera, por la irradiación de su gestión, todas las veredas de Fómeque contaron con mínimo una cancha de baloncesto.