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Juego Limpio. Un código de honor

Juego Limpio. Un código de honor

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Todos los competidores sobre el campo de juego deben estar en igualdad de condiciones, todos tendrán la misma oportunidad y todos deben respetarse unos a otros. El código de honor existe en cada disciplina deportiva. No es un mero ritual vano y protocolario; es que los atletas, deportistas o competidores deben ver en el adversario a un amigo y no a un enemigo. 

Foto: Diario Marca.

Por Clemencia Anaya Maya

Vicepresidenta AOC 

Por estos días, en los que a cada instante escuchamos noticias nefastas sobre el avance de las tropas soviéticas en Ucrania, cada imagen no llega mas profundo y nos cuesta creer que el mundo está al revés.

Una y otra vez hemos escuchado que hoy hace falta la educación en valores y que la sociedad ha olvidado principios fundamentales y humanos de comportamiento social y comunitario.

El deporte no es ajeno a ello. Ya en otras oportunidades lo he expresado: el objetivo de ganar parece cegar todo el entorno y hacer que cada uno haga lo que sea para lograr la victoria…

La semana pasada, un hecho sacudió el mundo deportivo por un acto al parecer insólito, en el que una jugadora de futbol del equipo femenino el Toluca de México “aprovecha lesión de portera del San Luis para anotar”…

Los narradores de fútbol se dieron gusto criticando y resaltando el hecho, como un antagonismo al juego limpio y a la conducta que deberían haber asumido las jugadoras, al ver lesionada a la portera. Tan fácil como es señalar con el índice lo que es evidente y juzgar con mórbida conciencia, un hecho que sucedió en fracción de segundos.

Por supuesto que todos quisiéramos ver sobre el campo de juego, comportamientos respetuosos, gentiles y dignificantes hacia el adversario. Pero un hecho como este deja mucho en qué pensar. Por un lado, la reacción inmediata de la jugadora frente a la portera: una vez ve que se lesiona y pierde el control de la pelota decide centrar para que una compañera pueda anotar el gol. Por el otro lado, la jugadora que recibe el balón frente al arco, observa a la portera tirada sobre el campo gritando de dolor, y no vacila en anotar el gol. Esos dos momentos son los que con vehemencia son censurados por los medios, las redes sociales y los fanáticos.

Pero revisemos un poco en profundidad. En el mundo de hoy, la mayoría de entrenadores inculcan en sus equipos, su propia filosofía de juego. En algunos casos es el ganar a como dé lugar, por encima de lo que sea, utilizando, incluso, instrumentos para lastimar a los adversarios. No es el caso de rasgarse las vestiduras, pero sí de entender la dimensión de lo que digo. He escuchado muchas veces historias de casos lamentables, en los que entrenadores mandan a sus jugadores, no a competir, sino a hostigar a los adversarios para hacerlos desconcentrar y generar crisis al interior del campo de juego.

Vivimos en un mundo de intereses, en el que peligrosamente los deportistas se ven atrapados, sin darse cuenta, y asumen la filosofía de trabajo de sus entrenadores. No es que defienda a las jugadoras del Toluca, es que sería muy bueno poder saber qué pensaron y por qué actuaron así, poder determinar si hubo conciencia o, sencillamente, en el afán de anotar ni se dieron cuenta de la caída de la portera. 

Lo positivo de todo esto es la reflexión que sobre el hecho podemos hacer, para entender en nuestro caso la dimensión humana del olimpismo, que es una filosofía que respeta la vida y pone el deporte al servicio de la humanidad para construir un mundo mejor y más pacífico.

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Foto: Actualidad Arbitral.

Repaso histórico

Debido a sus características religiosas, dentro de las cuales se enmarcaban toda una serie de ritos en honor al dios Zeus, los Juegos Olímpicos Antiguos fueron sembrando un ambiente espiritual y sagrado, que permitió fortalecer en la cultura helénica, la búsqueda de la excelencia a través del esfuerzo físico.

Hoy hablamos del “espíritu olímpico”, esa actitud mediante la cual denotamos algo muy subjetivo que está representado en la alegría del esfuerzo y en la entrega valerosa que, fortalecida con la mística, se ve complementada con principios morales y patrióticos, que hacen de un atleta un modelo a imitar por quienes lo rodean y admiran, convirtiéndolo en ídolo, cosa que lo acerca a lo divino, práctica que en otras culturas y en otros tiempos fueron observadas.

En la antigüedad, teniendo en cuenta que para la época no había cronómetros, ni otros elementos que hoy tenemos para dirigir una competencia, los jueces, sencillamente llevaban consigo una vara larga, que blandían sobre el atleta que no se detenía ante la señal de rendición del adversario. Dicha señal consistía en levantar la mano con el índice extendido, gesto que era interpretado como “me rindo”, y el combate debería terminar. En caso de no detenerse el combate, y a fin de garantizar la vida del atleta, el juez golpeaba con la vara, la espalda del atleta que debía detener el ataque.

Todos los competidores sobre el campo de juego deben estar en igualdad de condiciones, todos tendrán la misma oportunidad y todos deben respetarse unos a otros. El código de honor existe en cada disciplina deportiva. No es un mero ritual vano y protocolario; es que los atletas, deportistas o competidores deben ver en el adversario a un amigo y no a un enemigo. 

En definitiva es aquella persona con la que a pesar de enfrentarnos en el juego podemos compartir alegremente un momento de esparcimiento, años de competencia y además de conocerle y verle aparecer en un escenario u otro, en una copa mundo, o en un torneo regional y olímpico, es la persona que me hace grande, es aquella que quiero superar, por lo que me entreno y me esfuerzo por dar lo mejor, porque sin su presencia y su esfuerzo, yo no sería el mejor o la mejor en mi actividad.

Entrenadores, profesores, directivos y atletas deben conocer estos fuertes valores que hacen grande la razón de nuestra vida, el deporte. No queremos ver actos que atenten contra la integridad y el derecho a la vida de los atletas y deportistas y, mucho menos, dejarlos para inadvertidos. 

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