El pasado 22 de enero se cumplieron diez años del inesperado fallecimiento, a los 44 años, del ex atleta y técnico de marcha, Luis Fernando Rozo, forjador de una generación de marchistas, encabezada por el medallista mundial Luis Fernando López.

Por Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica y Secretario de la Academia Olímpica Colombiana y Director.
Todo estaba preparado para que ese año, Colombia buscara con más ilusión, una medalla olímpica en marcha, en Londres 2012, con el principal crédito de los 20 kilómetros, el nariñense Luis Fernando López. Sus antecedentes eran elocuentes, porque había sido cuarto en los Panamericanos Santo Domingo 2003; segundo, en el Suramericano, en Santiago de Chile; 24, en los Juegos Olímpicos Atenas 2004; campeón en los Centroamericanos y del Caribe, en Cartagena; noveno en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008; campeón suramericano, en Lima, en 2009; quinto en los Mundiales de Berlín; subcampeón en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Mayagüez 2010; bronce en los Panamericanos de Guadalajara 2011, y, su más importante conquista, un bronce conseguido en el Mundial de Daegu, Corea, del Sur, que años después se convertiría en oro, por la descalificación por dopaje, de los dos atletas rusos que le ganaron.
Cuando comenzó el año, Luis Fernando López tenía claras sus metas, establecidas por su técnico Luis Fernando Rozo, con quien había crecido como persona, pues eran excelentes amigos; como profesional, en la Policía Nacional, a la cual pertenecían los dos, y como atleta, por los derroteros que él le había establecido y porque le había enseñado a pensar en grande.
En los primeros días de enero de 2012, Rozo intensificó el trabajo, con el objetivo claro de llegar en julio a la curva máxima de rendimiento de su pupilo, quien había logrado marcas que lo ubicaban entre los favoritos pare ganar una de las tres medallas olímpicas, en la capital británica.
Todo estaba listo para soñar…
El 21 de enero, sin embargo, la vida de Luis Fernando López casi se rompe en pedazos, al conocer la noticia del fallecimiento de su entrenador y amigo, Luis Fernando Rozo, por un infarto cerebral sufrido la víspera y que obligó a su reclusión en la Clínica de la Policía, en Bogotá.
El impacto de su muerte afectó al país deportivo, y puso una piedra en el camino del sueño acariciado por Luis Fernando López y de la expectativa por el estreno de la nueva joya de la marcha colombiana, Éider Arévalo, quienes debían enfrentarse sin su maestro, al compromiso grande de los Juegos Olímpicos.
En las honras fúnebres de Rozo, así lo recordó López:
“Era un entrenador de alma y corazón, un apasionado del atletismo, que se entregaba las 24 horas del día a su trabajo. Su objetivo siempre fue convencer a los muchachos de que podíamos ser los mejores del mundo, y a todos nos enseñó a pensar en grande. Soñaba que cuando un marchista se parara en uno de los grandes certámenes mundiales y olímpicos pensara que Colombia era una potencia del atletismo.
“No era una relación de entrenador y atleta, sino de amigos. Yo tuve la fortuna de compartir muchos instantes con él, en concentraciones y campeonatos, y como buenos amigos discutíamos sobre lo más conveniente, pero siempre con el objetivo que funcionara a la perfección el motor del equipo.
“Ahora que él se fue, queda un gran vacío. Pero a partir de su legado, y de lo que él aspiraba y lo que queríamos como equipo, seguiré trabajando como lo hacía bajo su mando, en la búsqueda de la medalla olímpica de oro en Londres. Curiosamente, hoy, 21 de enero, día de su partida, cumple mi madre 19 años de fallecida. Como creo que Fernando ya está con ella, a los dos les pido que me acompañen en los Juegos Olímpicos de Londres, para coronar el sueño de la medalla”.
La comunidad del deporte asociado colombiano despidió a Rozo, en la iglesia de la Policía Nacional, en Bogotá, como un reconocimiento a un hombre nacido en Pitalito, Huila, que se inclinó por la modalidad de la marcha, en la cual labró una carrera que combinaba con la de patrullero en la Policía Nacional.

Luego del normal duelo por semejante pérdida, los marchistas clasificados a Londres, Luis Fernando López, Éider Arévalo y Sandra Lorena Arenas continuaron cumpliendo el plan de trabajo elaborado, ahora bajo la conducción del nuevo entrenador, el boyacense Enrique Peña, uno de los pioneros de la marcha colombiana de los últimos años.
En Londres, Luis Fernando López cumplió un importante papel en los 20 kilómetros, porque se involucró en una fuga que le brindaba la oportunidad de pelear por una de las tres medallas. Sin embargo, la ansiedad generada por esa posibilidad lo llevó a cometer una serie de errores, que le valieron su descalificación, a menos de cinco kilómetros de la meta. Entretanto, Éider Arévalo finalizó en la casilla 20, y Sandra Lorena Arenas, en la 48.
De todas maneras, López, y sus compañeros del equipo de marcha quedaron convencidos, que las apreciaciones de Luis Fernando Rozo sobre la necesidad de pensar en grande, es decir, de sentirse los mejores del mundo, era acertada, opinión que se vino a confirmar con los triunfos obtenidos en los años siguientes, particularmente por Éider Arévalo, medalla de oro en el Mundial de Mayores, y Sandra Lorena Arenas, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.