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Filosofía. El presente–futuro, como imperativo moral

Filosofía. El presente–futuro, como imperativo moral

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No basta con la enunciación de los derechos que asisten al ciudadano para entender cumplido el ejercicio de garantizar plenamente las condiciones de vida digna al interior de una sociedad, sino que se deben considerar implícitas en su ordenamiento, las condiciones fundamentales para preservar el presente de las comunidades que integran el colectivo social y el futuro común de las generaciones que ocuparán los espacios geográficos que habitaron sus ancestros.

Ilustración: psicologiaymente.com.

Por Fabio Alfredo Navarro Pasquali

Filósofo de la Universidad Nacional, Abogado de la Universidad Libre de Colombia, Especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre, Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana. 

Construir el presente significa, o debe significar, dotar de contenidos futuros el presente o hacer de aquellos en el aquí y el ahora amplia senda de responsabilidad solidaria, en términos cercanos a postulados como el imperativo categórico o el principio de responsabilidad, trazados por filósofos como Enmanuel Kant y Hans Jonas, respectivamente, que permita entender la guarda de los derechos  de futuras generaciones, como ejercicio  histórico escrito con las manos  de quienes aún no nacen, pero que lo harán, siendo ellos patrimonio entrañable que desde ya nos habita.

Reconocer la existencia del mundo natural más allá de pretensiones ideológicas diversas, significa entenderlo como sujeto universal de derechos y asumir que existe  una conciencia  que se manifiesta como caudaloso río o irreverente brisa en las noches de la alta montaña, más allá de la aridez y la desolación.    

Palabras clave.

Responsabilidad, solidaridad, razón universal, naturaleza, imperativo categórico, derechos intergeneracionales.

Introducción.

Un problema a resolver dentro de la dinámica pretendida de pensar y construir el futuro desde el presente que se habita es entender que nos encontramos en la difícil circunstancia de dar alcance al concepto de  responsabilidad, entendido  como el desarrollo de la vida en función del tejido social, articulado con el respeto por los sistemas inter–especies con los cuales se  cohabita.   En otras palabras, el ser humano como ser que deriva su existencia y lugar  en la  multiplicidad del mundo natural, dentro de cánones de adecuado y respetuoso tratamiento a las distintas manifestaciones de vida que a largo plazo garantizan la existencia de sus descendientes.

Las relaciones entre el ser humano y lo que tradicionalmente se denominaba “naturaleza” estuvieron mediadas a lo largo de la historia humana por el concepto de eternidad, es decir, no se llegaba a considerar que la actuación sistemática del ser humano en términos de explotación sobre ella, llevara a considerar la extinción de la vida en el planeta.

Aproximación al concepto del presente–futuro.

Para algunos autores la experiencia de vida humana sobre el planeta tierra ha sido mediada por  interpretaciones que llevan a  demostrar la superioridad como autonomía del hombre, amo y señor del universo, sin advertir la estrecha relación de supervivencia inter–especie que garantiza la vida en común.

La historia demuestra que no hay tal superioridad, al contrario, se puede afirmar a hoy, como ha debido ser desde siempre, la necesaria dependencia inter-especies, como garantía del presente y futuro. 

Por lo anterior resulta de particular importancia pensar y actuar en función de los derechos intergeneracionales, entendidos estos como los derechos que desde ya asisten a las futuras generaciones y cuya protección corre de cuenta  de quienes hoy ostentan el privilegio de ser los ancestros de aquellos por nacer. 

Es dable pensar entonces en un tipo de responsabilidad construida en el quehacer cotidiano, metódico, racional, social ambiental, desplegada como conciencia y  principio de razón universal, capaz de trascender el tiempo y el espacio como garantía de vida planetaria para estas y futuras generaciones.

Imperativo categórico del obrar moral con sentido universal. 

El imperativo categórico, entendido como ordenamiento  para la vida y para el actuar del ser humano en comunidad, como superior condición moral, sin que tal comportamiento esté mediado por mandato alguno, en otras palabras, puede entenderse desde una doble perspectiva que supone el quehacer presente y de largo plazo, que garantiza fundamentalmente la existencia humana en el planeta.

El aquí y el ahora del imperativo categórico propuesto por el filósofo alemán Enmanuel Kant, en su obra Fundamentación de la metafísica de las costumbres, lleva a entender y establecer las relaciones entre los seres humanos, de manera tal que el comportamiento personal pueda convertirse en ley universal. 

Obrar en función de los propios intereses, pero atendiendo al bien común, es decir, las acciones de carácter individual deben ser de tal naturaleza que sin desatender los intereses propios se respeten los ajenos y se eleven a rango de superior humanidad    

Puede no expresarse en la obra de Kant un pronunciamiento sobre las relaciones del ser humano con el mundo natural, pero no conlleva tal ausencia, si la hubiere,  a entender que el comportamiento de rango moral elevado entre seres humanos debe llevar al bienestar, derivado de la adecuada interacción con la naturaleza previendo justamente el bien común. Vale mencionar en este sentido las relaciones que destaca el filosofo entre el mundo sensible y el inteligible, como núcleo básico para el surgimiento del imperativo categórico. 

¿Cómo es posible un imperativo categórico?, se pregunta Kant en su obra Fundamentación de la metafísica de las costumbres, advirtiendo al respecto de una respuesta, la necesidad de reconocernos como inteligencia sometida necesariamente a las leyes del mundo sensible.

Esa relación establecida por el filósofo alemán, le permite alcanzar la noción fundamental de imperativo categórico, que puede asumirse como una doble relación del ser  humano que atiende su comportamiento en medio de sus iguales y para ellos,  como un obrar de forma tal que la acción pueda convertirse en ley universal (Kant) pero esa garantía se hace extensiva a las relaciones con el mundo natural que ha de ser preservado para el bien de la humanidad y de sus futuras generaciones y  ello en términos de imperativo categórico.      

Continuará…

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