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Filosofía. Toda la cultura humana brota del juego

Filosofía. Toda la cultura humana brota del juego

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Consideraciones sobre Homo ludens, obra cumbre de la interpretaciones del juego en la vida de los seres humanos, del holandés Johan Huizinga.

Por Alberto Galvis Ramírez

Director de la Revista Olímpica y Secretario de la Academia Olímpica Colombiana.

«La existencia del juego corrobora constantemente, y en el sentido más alto, el carácter supralógico de nuestra situación en el cosmos. Nosotros jugamos y sabemos que jugamos; somos, por tanto, algo más que meros seres de razón, puesto que el juego es irracional. Y es irracional, porque, el juego abarca tanto al mundo animal como al humano. En definitiva, la existencia del juego corrobora constantemente, y en el sentido más alto, el carácter supralógico de nuestra situación en el cosmos“. 

Este concepto corresponde a la percepción de juego que tenía el holandés Johan Huizinga, historiador, investigador y profesor universitario, incluida en su obra Homo ludens (“hombre juego”), publicada en 1938, desde entonces, una de las “biblias” para entender el sentido del juego y del deporte.

Para Huizinga, a la humanidad no le bastaron para comprender su historia y llegar a su esencia, los conceptos de homo hábilishomo ergaster, homo erectus, homo faber, homo sapiens y homo trascendental, descubiertos por el mismo hombre, porque siempre le faltó el corazón de su naturaleza humana representada en el juego y su consecuente mayor, el deporte.

Huizinga aclaraba que su intención no era darle al juego la importancia que no tenía, alrededor de su papel en el hombre, tal vez porque amaba el deporte o era un educador de juventudes. No. Para Huizinga, hasta en los momentos más difíciles de la vida, el ser humano y los animales juegan, y con ello, además de divertirse construyen sus estructuras mental y física. “El juego es más que una acción sólo fisiológica o una reacción psíquica condicionada: es una función llena de sentido”.

Johan Huizinga. Foto: Frases de famosos.

Al referirse a las características del juego, Huizinga hace un recorrido hacia la evolución que tendría el deporte después de su muerte, ocurrida antes de la publicación de su obra cumbre, en plena época de entreguerras: “El juego, en su aspecto formal, es una acción libre ejecutada ‘como si’ y sentida como situada fuera de la vida corriente, pero que, a pesar de todo, puede absorber por completo al jugador, sin que haya en ella ningún interés material, ni se obtenga en ella provecho alguno, que se ejecuta dentro de un determinado tiempo y un determinado espacio, que se desarrolla en un orden sometido a reglas y que da origen a asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfrazase para destacarse del mundo habitual”.

Por esa importancia otorgada al homo ludens, el juego es lúdica, libertad, alegría, belleza, diversión, placer y confort, pero cuando se transforma en deporte, también es gloria, trascendencia,  racionalidad (en el caso del hombre), sociedad, pureza e inocencia (a veces no tanto). De estos principios, que son más lúdicos, surge el agonismo y el espectáculo, la industria, el dinero y sus deformaciones producto de la debilidad del hombre, como el profesionalismo desbordado, el dopaje y la farsa virtual (“uno se disfraza a jugar a alguien que es otro”, decía Huzinga).

Mientras entendemos el juego y el deporte moderno repitamos con Huizinga versión homo lúdens 1938: “El hombre es un animal que está agradablemente condenado a jugar”.

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