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Valores. Luis Díaz, modelo ejemplar de inclusión

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Por Clemencia Anaya Maya

Vicepresidenta Academia Olímpica Colombiana

La semana pasada, por cosas de la vida, me senté a ver el partido de Colombia contra Argentina que disputaba el cupo a la final de la Copa América. La verdad sea dicha, no soy fanática del futbol profesional masculino y me encontré con muchos momentos del partido que bien vale la pena analizar desde mi concepto personal del olimpismo.

Cuando hablamos de valores olímpicos, siempre hacemos referencia a la conducta íntegra que deben tener los atletas a la hora de competir o, sencillamente interactuar, en cualquier medio en el que se encuentren. Ellos son el centro de atención, la referencia inmediata, el ejemplo a seguir y el tema de conversación en todas las esferas.

Esa noche vi habilidosos futbolistas, que con su típico estilo teatral intentan manipular decisiones de los árbitros y jueces durante el partido. Observé con decepción gestos antideportivos que rayan en lo vulgar, por parte de reconocidas figuras de los equipos más destacados del mundo.

No quiero dar nombres ni señalar exactamente sus gestos o palabrotas, ni señalar con el dedo a uno u otro. Todos los que observamos el partido esa noche fuimos testigos de comportamientos que merecen ser sancionados y que el público aficionado debería rechazar enérgicamente. Pero, infortunadamente se ha vuelto una costumbre  “hacerse el loco” y seguir la vida como si no se hubiera visto nada.

Para mi consuelo, en medio de todo ese caos en términos de valores apareció un jugador que nunca había visto y que con su fortaleza, compromiso y liderazgo, atravesó el campo de juego desafiando la defensa argentina, demostrando seguridad en sí mismo y una decisión inquebrantable de alcanzar su objetivo, hasta lograr anotar un gol a favor de Colombia.

Luis Díaz. Foto: golcaracoltv.com

De inmediato me robó la atención, ¿quién es, de dónde salió y en qué equipo juega? Luis Díaz es un futbolista de la Guajira me dijeron y ahí sí que mi entusiasmo fue mayor. No había escuchado acerca de un talentoso jugador como este, desde que el Guajiro Romero en Baloncesto me dejaba atónita con su habilidad por allá en la década del 70. Después cuando me dijeron que nació en Barrancas, me encontré con que ese pueblo está ubicado a 100 km. de Riohacha y que fue fundado en el año 1664 por Fray José Barranco y luego se convirtió en Municipio, en 1862.

Cosas como esas son las que con su talento irradia un buen atleta. Aprendemos de lugares, de historia, de situaciones y orígenes que impulsan a la gente a alcanzar sus sueños. Luis Fernando Díaz Marulanda es un joven que proviene de una familia humilde, honesta y trabajadora que ama el deporte. Pero aquí debemos destacar como muy relevante el hecho de que pertenece a la comunidad Wayuu, que es la etnia indígena que predomina en la región de la Guajira. Ellos representan el 19.42 por ciento de la población indígena del país, de acuerdo con la ONIC (Organización Nacional Indígena de Colombia), que hoy se enorgullece de tener uno de sus representantes en la selección Colombia.

Al conocer acerca de su proceso encontré el importante papel que jugó su familia en su formación. Es que encontrar una familia unida, la madre Silenis Marulanda y el padre Luis Manuel Díaz, educando y acompañando a su hijo en la práctica deportiva, nos ratifica cuánto representa para un niño o una niña esa compañía permanente no solo de sus padres, sino de sus abuelos. La bondad de esa fuerte relación familiar le permitió a Lucho Díaz superar momentos de dificultad, como el hambre que le hacía pensar en regresar a su hogar, pero los sueños eran tantos y la ilusión tan grande, que era capaz de superarlo todo, para encontrar una oportunidad que le permitiera ayudar a su familia.

Su padre, entrenador de niños entre los 5 y los 14 años de edad, le inculcó el amor por el fútbol y alimentó su pasión por ser el mejor. Sus primeros pasos con la selección Wayuu lo fueron llevando por el camino del éxito. Su velocidad y agilidad, así como su habilidad con el balón, estoy segura que han encendido el fuego interior en muchos niños y niñas indígenas, que quieren llegar a representar internacionalmente a nuestro país.

Luis Díaz, en 2015, con la selección Colombia Wayuu. Foto: www.golcaracoltv.com

Su aporte al fútbol  es excelente, pero a la vida nacional es gigantesco. Estamos hablando hoy de inclusión, de participación y equidad, así como de igualdad de oportunidades, que se identifican todas juntas en un solo nombre: Luis Díaz. Él con su talento y su fortaleza ha abierto la puerta para miles de nuestros niños y niñas indígenas que podrían destacarse en tiro con arco, en remo, en canotaje y tantas otras disciplinas que les son tan naturales y en las que probablemente podrían brillar.

Una vez más, un icono en alza nos ratifica el poder transformador del deporte, sea cual fuere la disciplina que se practique. Seguramente, el impacto de este significativo momento, más allá del gol marcado por Lucho Díaz que le abrirá nuevas puertas, nos llevará en el tiempo a encontrar otros atletas con raíces indígenas de nuestro país en las selecciones nacionales. Lo que vemos hoy es que este honorable wayuu lleva consigo el ancestro de generaciones que habitaron la Guajira, un guerrero con convicción y compromiso, que ha demostrado desde su corta edad que tiene un gran sueño y lucha por él con fortaleza.

Lucho Díaz es hoy el modelo ejemplar de inclusión en nuestro país y podría afirmar con certeza que cambiará la historia quinientos años después, para conquistar  al pueblo español que doblegó en su momento a sus ancestros. Qué grande es el deporte, qué instrumento tan poderoso tenemos en nuestras manos.

Por eso en su momento el Barón Pierre de Coubertin nos legó para la humanidad su famosa Oda al Deporte, de la cual transcribo las siguientes estrofas:

III

¡Oh deporte, tú eres la justicia!

la perfecta equidad, la gran virtud,

la fortaleza física y moral.

IV

¡Oh deporte, tú eres la audacia!

cuando conducen la agilidad y el temple

alcanzan la llama invicta.

V

¡Oh deporte, tú eres el honor!

los títulos que confieres se adquieren

con lealtad y respeto.

Gratitud a la familia Díaz Marulanda, por hacer del fútbol una opción de vida, en especial para su talentoso hijo. Su ejemplo puede ser acogido por muchos hogares que desean una formación para sus hijos en medio de la disciplina, el respeto, la amistad y la búsqueda de la excelencia.

El deporte rompe barreras, no discrimina ni raza, ni género, ni religión, ni política, ni condición social ni mucho menos origen étnico. El deporte une a la humanidad y en esta época de pandemia, demostrará en los próximos días, que es el único capaz de hacer esfuerzos sobrehumanos para mostrar lo mejor de los atletas hombres y mujeres  en Tokio 2020.

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