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Valores. Los Juegos que exaltaron el Humanismo

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Por Clemencia Anaya Maya

Vicepresidenta Academia Olímpica Colombiana

Acaban de terminar los Juegos Olímpicos de la XXXII olimpíada, como un hecho extraordinario en la historia del Movimiento Olímpico. Todos sabemos que estos Juegos se llevaron a cabo por encima de todo, con el objetivo de motivar al mundo a mirar hacia adelante y a no detenerse ante nada sin dar la lucha.

Para este caso, el Barón Pierre de Coubertin nos hablaría de la  lucha y la vida  en 1924 diciendo: “la vida es simple porque la  lucha es simple. El buen luchador retrocede, pero no abandona; se doblega pero no renuncia. Si ante él se yergue lo imposible, da un rodeo y llega más lejos. Si le falta aliento, descansa y espera. Si queda fuera de combate, anima a sus compañeros con su palabra y su presencia. E incluso cuando todo se derrumba a su alrededor, la desesperación no penetra en su interior”.

Todo lo que vimos en estas competencias nos recuerdan sus palabras, había que luchar por llevarlos a cabo, porque son la fiesta cuadrienal más importante del deporte sobre el planeta tierra, que además celebran la amistad y la unión entre países y destacan la excelencia humana representada en los atletas.

Desde que empezaron a celebrarse en 1896 han sido cancelados por la primera y la segunda guerra mundiales, y esta era la primera vez que enfrentaban una pandemia que asola al mundo en diversas formas, desde lo político, económico, ambiental y social, y ha dejado en evidencia las debilidades en las estructuras de muchos países en el mundo.

Por lo tanto había que retroceder y por eso se aplazaron para el 2021, pero no abandonar, y por eso se insistió hasta lograrlo, así fuera sin espectadores nacionales e internacionales, y se superaron todas las limitaciones y restricciones que supuso el poder llevar a cabo las competencias.

Toda la hoy Comunidad Olímpica se doblegó ante el aplazamiento, y con humildad y fe continuó preparándose para la gran celebración haciendo todos y todas desde los distintos niveles de la organización y de la competencia, esfuerzos y sacrificios enormes. La preparación y la clasificación se puso tensa y las grandes presiones estuvieron sobre los atletas, su cuerpo técnico y sus directivos. Los medios fueron inquisitivos e intensos, hasta severos en sus calificativos, preocupados por la incertidumbre de su realización y los riesgos que podrían correr los atletas. Pero a la hora de la verdad debemos decir que fueron 16 días emocionantes desde la ceremonia de inauguración que nos arrancó las lágrimas con su sensibilidad humana y sus enormes mensajes de unión y solidaridad.

Si seguimos con el mensaje de Coubertin, ante lo imposible que era la pandemia  se dio un rodeo y se llegó más lejos, hasta el punto de admitir que los atletas son seres humanos, que aunque son las glorias del deporte en sus países y llegan a la arena olímpica a competir por su bandera, sus sentimientos también cuentan, sobre todo ,cuando sus angustias impactan su calidad de vida, como el caso de Simone Biles, la exitosa gimnasta de Estados Unidos, quien abandonó la competencia consciente de la importancia de no afectar a su equipo y además de la importancia personal de velar por su salud mental, y demostró de paso la importancia del trabajo en equipo y su gran valor para tomar una decisión como esta y enfrentar al mundo con entereza.

Tom Daley y sus fundas.

La gran presión que llevan sobre sus hombros los atletas de quienes el mundo espera solo medallas de oro es enorme. No en vano, Tom Daley, nadador británico de salto de clavados 10m decidió aprender a tejer para calmar sus nervios y sorprendió al mundo mientras esperaba el día de sus competencias tejiendo. Yo lo vi competir en el Cubo de Agua de Beijing 2008 y me estremeció su talento y juventud, tenia apenas 14 años. Tres años después se enfrentó a la pérdida de su padre, quien a los 40 años falleció a causa de un cáncer cerebral y esto le afectó aún más. Ahora apoya causas benéficas en favor de investigaciones,  para conocer la causa de esta devastadora enfermedad.

La verdad me encantó la funda que tejió para guardar su medalla de oro. Yo compraría una para mi colección olímpica, porque este joven nadador nos reveló su transparencia y confianza en sí mismo para llegar al podio olímpico, sin reservas ni prejuicios de ninguna clase, ante la mirada atónita del mundo. Con su objetivo en mente, sencillamente se relajó y elaboró piezas de ropa que luego regaló o que disfruta personalmente. No se descarga contra otros, ni explota de ansiedad. Nos dejó ver en directo cuánto y cómo es el estrés que manejan antes de la competencia y una manera sencilla de controlarlo.

Mutaz Essa Barshim, de Qatar y Gianmarco Tamberi, de Italia, oro en el salto alto.

Y qué decir de la competencia de salto alto masculino, en la que Gianmarco Tamberi,  de Italia, y Mutaz Essa Barsim, de Qatar llegaron al empate y decidieron compartir el primer lugar, es decir, la medalla de oro ratificando la importancia de la amistad como uno de los valores de la excelencia, porque como lo dijera Thomas Arnold más de un siglo atrás, “lo importante no es competir sino participar” y con esto el olimpismo se fortalece en su profundo mensaje: “si le falta aliento, descansa y espera; si queda fuera de combate, anima a sus compañeros con su palabra y su presencia”, una alternativa para entender que en un momento como el que vivimos es preferible reconocerse como Comunidad Olímpica en la que todos ganamos si nos apoyamos y compartimos los logros, que en este caso se revelan en la vida juntos sobre la arena olímpica.

Nuestra delegación colombiana con sus íconos Mariana Pajón, Caterine Ibargüen, Ingrit Valencia, Yuberjén Martínez, Luis Javier Mosquera, Anthony Zambrano, Lorena Arenas, Carlos Ramírez, más allá de sus logros en medallas olímpicas son los verdaderos héroes de la pandemia en nuestro país. Algunos reprochan, otros critican, otros desdicen, otros suponen, otros agradecemos y saltamos de alegría, para exaltar la vida de nuestros vencedores olímpicos. Ellos han pasado a la historia por su perseverancia, su confianza en sí mismos, su disciplina para mantenerse en forma y llegar al final de esta carrera olímpica desafiando al COVID 19, a las presiones de los medios, a la ansiedad de los directivos y hasta a sus propios sueños.

La magia de los Juegos en Tokio, a pesar de la ausencia de espectadores estuvo centrada como siempre en los atletas. Durante 16 días fuimos testigos de sus hazañas, al verles cómo con fortaleza vencieron la adversidad y entregaron todo en busca de sus logros. Todas las delegaciones fueron afectadas por la pandemia, los resultados hablan por sí solos, sin embargo estos Olímpicos le dieron al mundo un regalo más allá de las medallas, la esperanza de volver a encontrarnos en París 2024, ojalá sin estas restricciones y esta zozobra.

Más allá de las medallas, Tokio 2020 le dijo a la comunidad Olímpica que hay que seguir adelante, porque el deporte es un poderoso instrumento  de paz y solidaridad y de esta forma todo el ciclo olímpico se ha reactivado para bien del mundo entero, que muestra a través de sus eventos regionales y continentales, lo mejor de sus países con el ánimo de alcanzar un día la paz y la comprensión entre todos.

Hoy el camino está abierto para recorrerlo con cautela y decisión, con expectativas y templanza, con propósitos de los atletas que impactan nuestra sociedad en todo sentido y eso quiere decir que gracias a los Juegos Olímpicos una vez más el mundo se levanta con dignidad para seguir avanzando. Nuestro compromiso ahora es buscar la forma para que nuestros héroes y heroínas olímpicas, que nos representaron en Tokio 2020 sean reconocidos no sólo por las medallas, diplomas o posiciones que obtuvieron en sus distintos eventos, sino como los verdaderos luchadores por la vida, porque, incluso, cuando todo se derrumbó a su alrededor, la desesperación no los doblegó, sino que los retó a superarla con valentía y nobleza Una vez más me uno al pensamiento de Coubertín: “La vida es bella, porque la lucha es bella, no la lucha sangrienta, fruto de la tiranía y de las malas pasiones, las que fomentan la ignorancia y la rutina, sino la santa lucha de las almas, en busca de la verdad, la luz y la justicia”.

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