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Valores. La nueva Comunidad Olímpica: inspiración y solidaridad

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Por Clemencia Anaya Maya

Vicepresidenta AOC

Gracias a la Tregua Sagrada, reconocida en griego como Ekecheiría[1] , los Juegos Olímpicos antiguos se celebraron desde el año 776 a.C., cada cincuenta lunas llenas, la primera luna llena de agosto hasta el 393 d.C. . Posteriormente serían suspendidos por el Edicto de Teodosio, emitido el 8 de noviembre de 392 a.C.[2]

Para garantizar que los Juegos Olímpicos antiguos se pudieran celebrar en paz, se pactó una “tregua sagrada” o Ekecheiria, entre los reyes Licurgo de Esparta, Cleóstenes de Pisa e Ifito de Élide, mediante la cual se suspendía la guerra para dar paso al festival atlético. Debido a sus características religiosas, dentro de las cuales se enmarcaban toda una serie de ritos en honor al dios Zeus se fue estableciendo  un ambiente espiritual y sagrado, que permitió fortalecer en la cultura helénica la búsqueda de la excelencia a través del esfuerzo físico.

Teniendo en cuenta la realidad que rodea al deporte y los Juegos Olímpicos, el Comité Olímpico Internacional (COI), desde 1992 decidió retomar la tradición de la tregua olímpica para preservar, en la medida de lo posible, los intereses de los atletas y del deporte en general, y contribuir de esta manera a la búsqueda de soluciones pacíficas y diplomáticas a los conflictos que asolan el mundo. Pidió ante las Naciones Unidas, que se instaurara de nuevo esta tradición, al hacer un llamamiento al cese de todas las hostilidades durante los Juegos Olímpicos. Desde entonces han surgido numerosas iniciativas destinadas a alentar el entendimiento y la paz a través del deporte, en todas las regiones del mundo, manteniendo el hilo que enlaza esta sabia tradición antigua, con el más imperioso objetivo del mundo contemporáneo: mantener la paz internacional y promover el diálogo, la cooperación y el entendimiento entre las distintas culturas. Dicho sea de paso, este fue el gran sueño del restaurador de los Juegos Olímpicos Modernos, Pierre de Freddy, Barón de Coubertin.

La paz es uno de los valores más importantes de la filosofía del olimpismo. El entendimiento entre los pueblos, el acercamiento entre países y culturas, el respeto por la diversidad, la religión, la política y la condición social y económica enmarcan todo lo que hoy está sucediendo en Tokio 2020, mientras los atletas compiten con toda su pasión sobre la arena olímpica.

Equipo ROC (Rusia), en Tokio 2020. Foto: lanoticia.com.

La sanción a Rusia

Lo que el mundo vive hoy es muy diferente a lo que vivimos hace cuatro años en Río 2016. Los atletas están allí juntos, finalmente representando a 205 países. Se señala la presencia de una Rusia discreta, con pocos atletas, que participan a nombre del Comité Olímpico y no de su país, que fue sancionado por el alto número de casos de dopaje descubiertos por  la Agencia Mundial Antidopaje, y que, en consecuencia, por la sanción de dos años impuesta, si son medallistas de oro, no podrían escuchar en la premiación el himno de su país, sino las notas del Concierto No.1 para piano de Tchaikovsky, y se izaría la bandera del Comité Olímpico Nacional en lugar de la de Rusia…

A propósito les comparto este atinado comentario de Pedro Sarmiento, en el Blog de Música del Banco de la República[3], “Los himnos nacionales son obras con un alto componente político, pues funcionan como una pieza simbólica que contribuye a la edificación de la identidad nacional. En Latinoamérica, un número significativo de himnos nacionales comparten historias y rasgos musicales comunes, como el que sus compositores fueron músicos extranjeros que usaron un estilo musical derivado de la ópera italiana, sin haber recurrido a la música nacional de los países en cuestión. Se tiene como ejemplo a los catalanes Jaime Nunó, quien compuso el himno de México, y Ramón Carnicer, quien compuso el de Chile; al francés Antonio Naumane, compositor del himno de Ecuador; el de Honduras, por el alemán Karl Wilhem Harlting; el de Panamá, por el español Santos Jorge Amátrian; y los himnos de Colombia y Bolivia, por los italianos Oreste Sindici y Benedetto Vincenti, respectivamente.”

Hemos escuchado himnos del mundo como el de Túnez que sorprendió al Movimiento Olímpico, con un oro en natación logrado por el atleta Ahmed Hafnaoui, quien tiene sólo 18 años y pasó por un ladito del australiano Jack McLoughlin,  favorito de la prueba, para demostrar que si se sueña, se entrena y se da hasta el último aliento se puede lograr la meta, así los otros competidores tengan muchos galardones a cuestas. Este hecho, además, nos sirve para realzar el valor de la excelencia, en la que después del primero todos los demás competidores son vitales para lograr el oro olímpico, porque no podemos menospreciar a los demás pues estén más cerca o mas lejos de nuestras propias marcas, todo puede pasar a la hora de competir en los Juegos Olímpicos.

Pero, sin duda, el orgullo nacional nos emociona cuando vemos entre los 15 atletas olímpicos que el Comité Olímpico Internacional recomienda seguir, a nuestra doble medallista de oro la “Reina del BMX”, nuestra querida Mariana Pajón, reconocimiento que se ha ganado por sus logros y por su carisma, para convertirse en un ícono mundial de las atletas olímpicas.

En estos Juegos se siente el poder unificador del deporte, el mensaje de respeto que debe existir por las normas y reglamentos, pero, en especial, por los atletas que son el centro del Movimiento Olímpico, que hoy está reforzado por el Equipo Olímpico de Refugiados del COI, todos viviendo juntos bajo un mismo techo, en la Villa Olímpica.

No se piensa en  el pasado vivido durante el último año. Se siente el ambiente de solidaridad entre las delegaciones, se vive el  espíritu olímpico que promueve la amistad y la búsqueda de la excelencia permanente. Esto que vemos es el mensaje de paz y el mensaje de resiliencia, en vivo. Nos da a todos la esperanza de continuar nuestro camino para superar la crisis de salud que el mundo enfrenta y nos enseña que debemos estar más  juntos. Todos los atletas, hombres y mujeres tuvieron que enfrentar grandes desafíos. Como todos nosotros han vivido  con gran incertidumbre durante la pandemia, sin saber si podían entrenar o volver a ver a su entrenador o a sus compañeros de equipo y, aún más, sin saber si los Juegos Olímpicos se llevarían a cabo. Sin embargo lucharon, perseveraron,  no se dieron por vencidos y hoy están haciendo realidad sus sueños olímpicos. Ellos son verdaderos atletas olímpicos, los que llevan muy profundo el espíritu del Agon (combativo y luchador, el que nunca se rinde).

Una sociedad olímpica más solidaria

El esfuerzo del Comité Organizador ha sido enorme. Por un lado resistir a las presiones de la oposición, al miedo por la contaminación, a la exigencia porque haya garantías de condiciones de salubridad de las delegaciones, y a eso sumarle la expectativa acerca de las mejores condiciones técnicas y administrativas para el excelente desarrollo de los Juegos.

Debemos exaltar su labor, por manejar en la mejor forma posible los cables que se entrecruzan en estos Juegos Olímpicos en plena pandemia, todos inspirados en la fortaleza de los atletas y, como bien lo ha dicho el presidente Bach en su discurso de inauguración: “Esto que hemos vivido nos convirtió a todos en una verdadera comunidad: la comunidad olímpica. Esta comunidad olímpica está con ustedes esta noche y durante todos los Juegos Olímpicos. Miles de millones de personas de todo el mundo estarán pegadas a sus pantallas, enviándoles su entusiasmo, su energía y animándolos. Nuestra comunidad olímpica aprendió que podemos abordar los muchos grandes desafíos de nuestro tiempo, solo si nos mantenemos unidos. La lección que aprendimos es: necesitamos más solidaridad. Más solidaridad entre sociedades y más solidaridad dentro de las sociedades.

Thomas Bach, en la inauguración de Tokio 2020.

“La solidaridad significa mucho más que respeto o no discriminación. Solidaridad significa ayudar, intercambiar, cuidar. Esto es lo que estamos haciendo en nuestra comunidad olímpica. Nos solidarizamos para que los Juegos Olímpicos se lleven a cabo y para que todos ustedes, los atletas de todos los comités olímpicos nacionales, sean grandes o pequeños, ricos o pobres, y de todos los deportes olímpicos, participen en los Juegos Olímpicos. Esta solidaridad alimenta nuestra misión de hacer del mundo un lugar mejor, a través del deporte. Solo gracias a esta solidaridad podemos estar aquí juntos esta noche. La solidaridad también refleja nuestro compromiso de 3.000 años con la paz. Sin solidaridad no hay paz. En esta comunidad olímpica, todos somos iguales. Todos respetamos las mismas reglas.

“Esta experiencia olímpica nos hace a todos muy humildes, porque sentimos que somos parte de algo más grande que nosotros mismos. Somos parte de un evento que une al mundo. Unidos en toda nuestra diversidad nos volvemos más grandes que la suma de nuestras partes. Siempre somos más fuertes juntos. Por eso estamos tan agradecidos con ustedes, los atletas, por expresar su compromiso con estos valores olímpicos de solidaridad, no discriminación, deporte sin dopaje, inclusión e igualdad en su nuevo juramento olímpico.

“Solo podemos ver más lejos, solo podemos apuntar más alto, solo podemos volvernos más fuertes, si nos mantenemos unidos, en solidaridad. Por eso, el COI ha adaptado el lema olímpico a nuestros tiempos: “más rápido, más alto, más fuerte, juntos”.

El mensaje del presidente Bach, en primer lugar cambió la acostumbrada forma de dirigirse al ¨Movimiento Olímpico” y acentuó la expresión “Comunidad Olímpica”, como consecuencia de la crisis vivida por el  COVID 19. Al hacerlo conectó en el tiempo con el origen de los Juegos Olímpicos antiguos, en el que toda la comunidad helénica se desplazaba respetando las reglas de la tregua sagrada o Ekecheiría, en la que no se aceptaban armas, no había ataques ni se era hostil con los demás y en la que se respetaba la vida en honor al dios Zeus.

“Citius Altius, Fortius, Junctus”

En segundo lugar presentó al mundo el lema olímpico que busca reforzar el concepto de comunidad, al utilizar la palabra “juntos”, la cual sella el original presentado en latín por el padre dominico francés Enri Didon, quedando así, “Citius Altius, Fortius, Junctus”. El reconocimiento de la nueva Comunidad Olímpica marcada por la pandemia del COVID 19, seguirá dando lo mejor de si durante estos Juegos Olímpicos Tokio 2020, para contribuir a la unión del mundo para sobrepasar este momento que ha sacudido a la humanidad y lo ha puesto a pensar que debemos ser más solidarios, más equitativos y más justos y que quizás eso mismo contribuya a la paz que el ser humano ha deseado desde la antigüedad más de tres mil años atrás.


[1]   ἐκεχεiρία: tregua, armisticio, interrupción de las hostilidades

[2] Durántez C. Conrado (2017). El Emperador Teodosio I El Grande y los Juegos de Olimpia

[3] https://www.banrepcultural.org/noticias/la-musica-de-los-estados

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