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VALORES: La amistad de Long y Owens, que enfureció a Hitler

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Alberto Galvis Ramírez
Director Revista olímpica
Miembro de Número de la Academia Olímpica Colombiana.

En los Juegos Olímpicos de 1936, celebrados en Berlín, Alemania, el dictador Adolfo Hitler esperaba que sus atletas ganaran el certamen, como un vehículo de publicidad del nacionalsocialismo, en ese momento en el poder.

En efecto, Alemania ganó los juegos, con 33 medallas de oro, conquistadas por los “deportistas perfectos”, según el nazismo. Pero ni este resultado ni el éxito organizativo pudieron evitar el disgusto que le causó al Führer, uno de sus deportistas más queridos: Carl Ludwig Long, Luz Long.

Esta mini historia ocurrió los días 3 y 4 de agosto de 1936, en el estadio de Berlín, durante la competencia del salto de longitud, en la cual participaba Long, campeón de Europa e invicto en los últimos cuatro años.

El deportista, de 1,84 metros de estatura, mono y de ojos azules, era uno de los jóvenes que el nazismo quería mostrarle al mundo como modelo de pureza étnica. En esa competencia se debía medir a representantes de países poderosos, como Estados Unidos, en particular con un negro llamado James Cleveland Owens, Jesse Owens, poseedor de la marca mundial de esa prueba, y quien ya había ganado los 100 metros planos, por delante de otro de los consentidos del Führer.

El 3 de agosto, en la eliminatoria del salto largo, Long asumió el liderato, mientras a Owens los jueces le señalaron dos faltas seguidas. Long, no obstante ser el directamente favorecido por la decisión, se les acercó a los árbitros y les reclamó por las faltas cobradas en contra del atleta americano, que consideraba injustas. Luego se retiró de ellos y medio metro atrás de la tabla de salto, en la parte exterior del carril dejó caer su toalla blanca, para que le sirviera de guía a Owens, en su tercer y último salto.
Owens se impulsó, corrió y picó exactamente frente a la toalla dejada por Long y alcanzó, por un escaso centímetro, la distancia suficiente para clasificar a la final.

Esta ayuda adicional fue vista por todos los asistentes al estadio de Berlín, entre ellos, Adolfo Hitler, quien expresó su disgusto a los oficiales del régimen que lo acompañaban en la tribuna.Pero lo que más ofendió ese día al Führer fue lo que presenció después. Luzt Long y Jesse Owens, acostados cerca de la pista de saltos, en un fraterno diálogo de amigos, que fue captado por los fotógrafos de prensa enviados de todo el mundo, para el cubrimiento de los Juegos. Al otro día, en la final, Owens superó en el último salto a Long, al establecer 8 metros y 6 centímetros, frente a 7,87 que alcanzó el alemán. El resultado dejó a Owens en el primer lugar y a Long, en el segundo.

La copa se rebozó en Hitler, cuando en la premiación, Long levantó la mano de Owens, como un gesto de reconocimiento del triunfo y aceptación de la derrota. Hitler no pudo ocultar su ira y abandonó el estadio, mientras por todo el mundo circulaban las imágenes de los dos deportistas muy cerca el uno del otro, como protagonistas de una fiel, aunque inesperada amistad surgida en esos juegos.

Tres años después, Hitler desató la Segunda Guerra Mundial. Todos los atletas de élite, en especial los medallistas olímpicos, recibieron un salvoconducto firmado por Hitler, para que no fueran a la guerra. Todos, menos uno: Luz Long, el amigo de Owens, a quien Hitler acusó de “haber ayudado a ganar a un negro”.

Por orden directa del dictador, Long fue enviado como soldado raso al campo de batalla, y durante cuatro años debió soportar las humillaciones de sus superiores y compañeros, quienes le recordaban que había sido amigo de un negro y lo había ayudado a ganar, por encima de los intereses de su patria, Alemania.

El 14 de julio de 1943, Luz Long murió en un hospital de San Pietro Clarenza, en Italia, luego de haber sido herido en combate, por un soldado estadounidense.
Una vez Owens se enteró de su fallecimiento expresó: “Ni fundiendo todas las medallas y trofeos que gané podría pagar la amistad de 24 kilates que me regaló Luz Long”. 
Igualmente, el atleta negro, de ingrata recordación para Hitler, viajó años después a conocer la familia de ese hombre que enalteció el valor de la amistad a través del deporte y que fue ejemplo de juego limpio, aún a costa de su propia vida. Long recibió años después, de manera póstuma, el premio Pierre de Coubertín al Fair Play, como un reconocimiento a esa recordada jornada de agosto de 1936.

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