Skip to content

Valores. Del juego sencillo y noble, a la transparencia como conducta

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Por Clemencia Anaya Maya

Vicepresidenta Academia Olímpica Colombiana

A propósito del episodio ocurrido en reciente partido entre Llaneros y Unión Magdalena, de la división de Ascenso, del fútbol colombiano, que desató un enorme escándalo, por supuestos amaños en el resultado, este artículo se refiere al juego limpio en el deporte de alta competencia. 

Foto video: RPP Noticias.

Algo tan usual como el juego en la infancia, llena de alegría y de instrumentos para socializar, tanto a niñas como a niños en la edad de formación de conductas para la vida.

¿Quién no recuerda con cariño y muchas veces con nostalgia, esos momentos de juego? Vienen a mi mente el trompo, ese de madera que con una piola blanca ajustábamos bien desde la punta hacia su mayor protuberancia y luego soltábamos al aire para verle caer dando vueltas sobre su eje buscando durar la mayor cantidad de tiempo en pie. 

El  salto de la cuerda, que nos hacía esforzarnos para que nuestra espalda no fuera golpeada por quienes la movían, con ganas que cometiéramos un error, para poder acceder a la fila y de esa manera unirse al grupo de los más hábiles. Y qué decir de jugar a la lleva: correr y correr esquivando al perseguidor, para evitar ser atrapados y salir invictos por nuestra habilidad de desplazarnos, para llegar a celebrar el hecho de no ser alcanzados ni una sola vez.

Emociones a granel, indiscutiblemente, nos dieron las escondidas, juego en el que tratábamos de encontrar a nuestras amigas y amigos lo mas rápido posible, eso sí, corriendo para llegar primero al punto de encuentro, para reconocer al vencedor y declarar al vencido.

Pasamos saltando en uno y dos pies, sobre el cielo, la tierra y el infierno, coordinando manos, ojos y pies, una y otra vez, para mostrar nuestra habilidad y destreza, superando cada vez el reto hacia la perfección, jugando golosa.

También el juego de yax, ese de la pelotita que rebotaba mientras cogía uno con la mano uno o dos yaxes, generalmente se jugaba con diez y eran de metal (ahora los hacen de plástico) y uno tenía que ir recogiéndolos del piso, cuando la pelotita estaba en el aire. Había que ser muy hábil; yo recuerdo mi ansiedad por poder contar con una bolsita de yaces, pues mi hermana que era pianista, siempre le ganaba a todos en la familia y los mantenía en su poder.

No me cabe duda que ya más grande, a los nueve años, viví uno de las navidades más emocionantes, cuando mi padre en lugar de regalarme una muñeca, me regaló un balón Mikasa. Aún recuerdo su sonido sobre el cemento cuando íbamos con mis hermanos mayores a jugar baloncesto. Allí, en ese paso singular, aprendí que ya este era un deporte en el que había reglas que no se podían cambiar, como los juegos de yax, la lleva o la golosa. 

Aprendí a reconocer cuando hacía faltas o, sencillamente, cuando corría en forma equivocada, a luchar por el balón como si fuera un tesoro, a compartir con los demás, porque por eso existe el trabajo en equipo, a entregar todo en el campo de juego por la camiseta que llevábamos, aunque solo fuera eso lo que nos daban; a celebrar con alegría y respeto el triunfo de un partido en Intercolegiados, o a reconocer al adversario que podía ser un amigo o amiga y jamás un enemigo.

Hoy, mucho tiempo ha pasado de aquellas profundas vivencias que seguramente muchos han sentido de igual forma. Me queda la conciencia de haber aprendido una lección de transparencia a través del juego y el deporte, que formaron mi carácter y mi personalidad. Miles de niños y niñas seguramente vibran con los juegos, llegan al deporte de sus sueños y hacen propias las conductas que con su ejemplo inculcan padres, profesores y entrenadores, conduciéndoles por el sendero de la competencia, que va de la mano de la propia vida.

Jugando aprendimos de templanza (esa cualidad humana que nos induce a hacer alguna cosa o a alcanzar una meta que nos proponemos), cuando jugábamos un partido por el honor de nuestro colegio, liga, club, departamento o país.

Jugando aprendimos a moderarnos, a no excedernos, a guardar el equilibrio, y jugando aprendimos de justicia e injusticia. Sentimos, de alguna manera, cómo la victoria nos puede llevar a la cima de los sentimientos y cómo es de fácil caer por creernos invencibles.

Todo esto nos deja una enorme pregunta para entender ese proceso  en que el deporte hoy se ha ido envolviendo en una mezcla de intereses económicos y políticos ¿Dónde está eso que llamamos Juego Limpio?, esa actitud mediante la cual demostramos algo tan subjetivo e inmaterial, representado  en la alegría del esfuerzo, en la entrega valerosa y permanente, que fortalecida con la mística, se ve complementada  con principios morales como la templanza, la moderación y la justicia? Dónde ha quedado eso que aprendimos mediante el juego en la infancia, que nos llevó a seguir el camino del deporte?.

Los retos de hoy

El deporte, cualquiera que fuere la disciplina que esté en juego, es un instrumento de formación del ser humano. Aprender a respetar las reglas de juego prepara a niños, niñas y jóvenes, no sólo para competir deportivamente, sino para la vida. 

Aquellos niños y niñas que aprenden a hacer trampa en el juego y en el deporte, seguirán el mismo camino en la vida. Y qué decir de profesores y entrenadores, que por ganar un partido instruyen a sus pupilos para hacer daño, tumbar o rasguñar a sus opositores? 

El Juego Limpio debe exaltarse en todos los niveles del deporte. El comportamiento respetuoso, honesto y amable de todos los que integramos el Movimiento Olímpico y deportivo debe ser ejemplar, y aquel cuyo comportamiento no cumple con lo que merece el deporte debe ser señalado y castigado ejemplarmente. 

Hacer deporte es hacer cultura, es formar hábitos saludables, respetuosos y honestos, en los que, por encima de la habilidad y la destreza deportiva, deben primar los valores y principios morales de la sociedad que anhelamos.

Hoy hablamos de valores olímpicos y muchos salen a recitar los tres más citados por el Comité Olímpico Internacional, amistad, respeto y excelencia. Lo he dicho otras veces y lo ratifico hoy: Coubertín habló  de esos tres valores, pero, además, del juego limpio y del buen ejemplo.

En nuestro país es reconocida infortunadamente la figura del “vivo”, si, ese que se adelanta por encima de los que hacen la cola en orden, incluso para pasar un semáforo, o a la hora de la compra en el supermercado se adelanta incluso por encima de las señoras de la tercera edad y todo porque está de afán, o quiere salir más rápido que los demás.

Todo eso lo vemos desde el hogar, en el colegio e incluso en el deporte de diversas maneras y debe ser motivo de nuestra atención. Son conductas que afectan directa o indirectamente a la comunidad en la que nos desenvolvemos y generan conflicto y muchas veces reacción de quienes también en forma intolerante, y ante el irrespeto se tornan agresivos.

La trampa, la corrupción, la falta de respeto o como la queramos llamar, sumada a la violencia, genera problemas, vulnera los derechos de los demás y debe ser corregida.

Para finalizar toda esta reflexión sobre la influencia del juego y del deporte en la formación de conductas transparentes, quiero recordarles dos temas vitales para nuestro avance en el deporte como instrumento educativo y vehículo de transformación social.

La primera es que la Carta Olímpica es muy clara, al determinar la estructura del Movimiento Olímpico en la Norma 1: “Además de los tres entes constitutivos del movimiento olímpico: Comité Olímpico Internacional (COI), federaciones deportivas Internacionales (FI) y comités olímpicos Nacionales (CON), lo constituyen también los COJO (comités organizadores de Juegos Olímpicos; las federaciones deportivas nacionales, los clubes y personas dependientes de las FI y los CON; particularmente, los atletas, cuyos intereses constituyen un elemento fundamental de la acción del Movimiento Olímpico. Incluye a jueces, árbitros, entrenadores y demás personal oficial y técnico del deporte y las organizaciones e instituciones con reconocimiento del COI. Toda persona u organización que pertenezca de alguna manera al Movimiento Olímpico está sujeta a las disposiciones de la Carta Olímpica y ha de respetar las decisiones del COI”.

La segunda es que con base en los dispuesto por la Carta Olímpica, en 2003 se instituyó el Código de Ética, para proteger al Movimiento Olímpico de la corrupción de sus miembros, hecho que puso en entredicho la credibilidad del organismo ante los sucesivos casos de soborno en el proceso de elección de las candidaturas a Juegos Olímpicos. Es un documento valioso, que refuerza el compromiso del respeto por los Principios Éticos Fundamentales del Olimpismo y, lo que es más significativo, por los convenios internacionales de los Derechos Humanos, a los que se refiere textualmente. Entre ellos figuran:

El respeto del espíritu olímpico, que exige comprensión mutua, espíritu de amistad, de solidaridad y de juego limpio; el respeto del principio de universalidad y de neutralidad política del Movimiento Olímpico; el mantenimiento de relaciones armoniosas con las autoridades públicas respetando el principio de la autonomía, tal como se define en la Carta Olímpica y el respeto de los convenios internacionales de protección de los Derechos Humanos, en la medida en que afecten a las actividades de los Juegos Olímpicos,

Todo ello garantiza especialmente la protección de la dignidad de la persona; el rechazo de toda forma de discriminación entre los participantes, independientemente de los motivos, ya sea la raza, el género, la orientación sexual, el idioma, la religión, las opiniones políticas u otras, la nacionalidad o el origen social, el nacimiento u cualquier otra situación; el rechazo de toda forma de acoso físico, profesional o sexual, y de cualquier práctica que perjudique la integridad física o intelectual de los participantes; la protección de las condiciones de seguridad, de bienestar de los participantes y de la asistencia médica favorables para su equilibrio físico y moral.

El Olimpismo es una filosofía de vida que hace parte vital del Movimiento Olímpico y nos exalta al ser humano en la búsqueda de la perfección a través de la práctica del deporte en todas sus manifestaciones. Quienes hacemos parte de él debemos velar por su protección, como un legado para las futuras generaciones.

Artículos DE LA REVISTA relacionados

PATROCINADORES