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TOKIO 2020 II: De la austeridad al gigantismo

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Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica Digital
Secretario de la Academia Olímpica Colombiana

No existe ninguna discusión sobre la principal razón que tuvo el Comité Olímpico Internacional, de no realizar los Juegos Olímpicos Tokio 2020, en las fechas programadas: salvaguardar la integridad de los más de 11.000 atletas participantes, además de los organizadores; el resto del personal vinculado, y el público, que estarían en riesgo de contagio por el Covid 19

El único sano debate que queda, para que el deporte de la humanidad aprenda de esta experiencia se refiere a la toma de una decisión que va en contravía de la historia, la tradición y la Carta Olímpica, que en su numeral 32 establece: “Los Juegos Olímpicos tienen lugar durante el primer año de una Olimpíada…”, y la Olimpíada comenzó en 1896 y debe durar cuatro años exactos.

Por la aplicación de esa norma, los Juegos Olímpicos programados en 1916, 1940 y 1944 fueron cancelados, por las guerras mundiales, y se reanudaron en las sedes siguientes, asignadas de manera previa.

De haberse continuado con esta tradición, los de Tokio 2020 también se hubieran cancelado, para dar paso a los de París 2024, y cumplir con la tradición del ciclo exacto establecido desde su restauración, en Atenas 1896.

¿Pero cuáles fueron las razones para cambiar esa decisión de cancelarlos, que se cumplía rigurosamente y se mantenía vigente, en los tiempos modernos, en la propia Carta Olímpica, por la de aplazarlos un año?

Antes de presentarles conceptos de dirigentes del deporte olímpico colombiano, que publicaremos el próximo viernes, recordemos que los Juegos cancelados en el pasado eran muy diferentes a los actuales, porque, sin ser pequeños, no eran grandes, pues luchaban contra el desinterés mundial que afectó los celebrados en Atenas 1896, que contaron con la presencia de 241 atletas, de 14 países; en París 1900, con 997 atletas, de 24 países; San Luis, Estados Unidos 1904, con 651 atletas, de 12 países; Londres 1908, con 2.008 atletas, de 22 países, y Estocolmo 1912, con 2.407 atletas, de 28 países.

Por la I Guerra Mundial, el COI canceló los programados en 1916, en Berlín. Hasta este momento, a los Juegos Olímpicos asistía una clase aristocrática, que se pagaba el viaje, el alojamiento y la alimentación en la ciudad sede, que asumía los costos de la construcción de muy pocos escenarios y la adecuación de otros recintos cerrados.

Después de la I Guerra Mundial se reanudaron en Amberes, Bélgica 1920. Por la guerra, la indiferencia frente a los Juegos creció, hasta el extremo de verse amenazada su celebración. Entonces, para atraer a los países miembros del COI, la organización asumió los gastos de alojamiento y alimentación de las delegaciones presentes. Finalmente respondieron 2.626 atletas, de 29 naciones. Bajo el mismo esquema de financiación siguieron los Juegos de París 1924, con 3.089 atletas, de 44 países; Amsterdam 1928, con 2.883 atletas, de 46 países; Los Ángeles 1932, con 3.014, de 37 países, y Berlín 1936, con la presencia de 3.963 atletas, de 49 países; para destacar en esta celebración se realizó la primera transmisión de televisión, exclusivamente para Berlín, dirigida por Leny Riefenstah.

Como se puede ver, hasta ese momento, la cantidad de deportistas por celebración no llegó a 4.000 y de países, tampoco a 50.

Tokio era sede de los Juegos de 1940, pero renunció en 1937, por la guerra desatada con China. Entonces se designó a Helsinki, Finlandia, pero el certamen fue cancelado, por la II Guerra Mundial.

Hasta ese momento, el movimiento económico de unos Juegos no era fuerte, porque las ciudades sedes trataban de invertir lo justo en escenarios y lo necesario en la manutención de los participantes. Tampoco existían importantes fuentes de financiación, como la transmisión por televisión y la comercialización y, por ende, compromisos que se debieran cumplir con contratistas.

En 1948, después de la II Guerra Mundial, Londres, que había sido designada en 1939, organizó unos Juegos muy sencillos, es decir, baratos, porque quería hacerse visible como una región que se consideraba pionera de la organización del deporte en el mundo moderno, a los que asistieron 4.104 atletas, de 59 países. A pesar de la austeridad muchas competencias fueron transmitidas en directo por televisión, únicamente a los hogares londinenses.

Un crecimiento imparable

A partir de Helsinki 1952, la cantidad de países y atletas presentes en los Juegos creció regularmente. Los Juegos empezaron a dejar atrás su pequeñez, prácticamente, en México 1968, en los cuales se superó la barrera de los 100 países presentes.

La comercialización comenzó en Los Ángeles 1984, en una Juegos que fueron no solo financiados, sino que generaron utilidades económicas para la organización y para empresas patrocinadoras.

Y el gran crecimiento empezó a ocurrir en la era del español Juan Antonio Samaranch, al frente del Comité Olímpico Internacional, porque fue él quien abrió el certamen a algunos deportes profesionales, en contra de la filosofía del viejo COI, lo que generó un mayor interés como espectáculo y un movimiento económico superior. A la cita de Barcelona 1992 asistieron 9.356 atletas, de 169 países. A partir de ahí, el desarrollo acelerado se tomó los Juegos, hasta llegar a los 11.551 atletas, de 206 países, presentes en Río 2016.

Ese fue el panorama que encontró el COI para ordenar no la cancelación, sino la postergación de un año de Tokio 2020: unos Juegos que habían sobrevivido a la pobreza, la apatía, la incredulidad, los conflictos políticos, el terrorismo y las guerras, para convertirse en generadores de negocios tan lucrativos, que permitían, prácticamente, la supervivencia del deporte mundial, durante los cuatro años siguientes a su celebración.

Próximo viernes: las razones específicas del aplazamiento y no de la cancelación de Tokio 2020.

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