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Steffanie quiere llegar al olimpo de los saltos

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En, Medellín, tierra de clavadistas, nació la nueva promesa de esta modalidad, quien será una de las grandes cartas de Colombia, en los I Juegos Panamericanos Junior, que se realizarán en Cali y el Valle del Cauca.

Steffanie Madrigal Velásquez, la nueva joya antioqueña de los clavados.

Por Roosevelt Castro Bohórquez 

Periodista ACORD Antioquia y AIPS

Los saltos ornamentales en Steffanie Madrigal Velásquez son herencia fraterna.  Sí, la clavadista antioqueña del Club Alcatraz llegó a esta modalidad acuática, luego de que su hermano Santiago estuviera practicándola de manera intermitente, en el foso del Complejo Acuático César Zapata, de Medellín.

“Estaba muy niña, cuando mis padres me traían a ver entrenar a mi hermano, y me gustó tanto, que les dije que me quería quedar”, recuerda la hija menor de tres hermanos de Elías, un constructor de obras civiles, y de Lucy Margarita, propietaria de una agencia de arrendamientos de apartamentos. 

Es que viendo las acrobacias aéreas en las plataformas y trampolines de su hermano y de otros “niños tesos”, y a sus escasos cinco años de edad, la pequeña Tefa no dudó un instante que este deporte era para ella. 

“Me hicieron una prueba y me quedé”, evoca emocionada la saltadora paisa, nacida en Medellín el 28 de octubre de 2002.

Las primeras letras del ABC de los saltos los aprendió de Diana Urán, hermana del también clavadista Juan Guillermo Urán, quien a su vez se convirtió en un tutor y referente en los saltos de la infante estudiante del Colegio La Presentación, de Campo Amor. 

“Me gustaba cómo saltaba Juan Guillermo y especialmente su disciplina en los entrenamientos. Me pareció muy constante y se convirtió en un ejemplo a seguir”, rememora la saltadora del Club Alcatraz, afiliado a la Liga de Natación de Antioquia.

¿Patín o saltos?, una disyuntiva por resolver

Simultáneamente a los clavados, Steffanie practicaba patinaje. Los corre-corre y su respectiva carga de stress no se hicieron esperar, para cumplir los objetivos deportivos de entrenar y competir.  

“También me gustaba mucho patinar y estuve en hockey, pero mi papá me puso a escoger y opté por los saltos”. 

Así, un día cualquiera, don Elías conminó a su tímida hija, que no dudó un instante en escoger los clavados como su única opción deportiva, para su proyecto de vida.

 “Fue una decisión difícil, pero los clavados me gustaron mucho, ya que al año de empezar mi proceso en novatos me gané mi primer podio nacional, asevera la deportista, al recordar su primera medalla de bronce, en un torneo nacional de novatos, realizado en Medellín, en el 2008, cuando solo contaba con seis años de edad.

Saltos a la gloria

Ese primer podio le dio la motivación para seguir en su deporte. Era la gloria deportiva que se empezaba a gestar, bajo la égida y la mirada atenta de Diana Urán. La bellanita pulió este diamante en bruto, para seguir cosechando triunfos en las categorías infantiles y juveniles, para ayudar a su club a mantener la hegemonía en el país de esta modalidad acuática. 

Los trampolines colombianos fueron ese testigo mudo y esos cómplices silenciosos del gran amor por los saltos, de esta ornamentalista paisa, amante de los pasteles de chocolate y de las pastas.

“Mis pruebas favoritas son el trampolín de uno y tres metros y la plataforma”, comenta la ornamentalista antioqueña, a quien no le gusta mucho la remolacha, así como le tiene aversión a las personas hipócritas.  

Jerry Jaramillo Ríos toma la posta de Urán para orientar los destinos de la pequeña y sellar su primer pasaporte. Tucson fue su primera cita internacional. El Panamericano infantil, realizado en esta ciudad norteamericana, ubicada en el Estado de Arizona, ve recalar a la pequeña e ilusionada clavadista, en el 2013.

Steffania, con su técnico, Wilson Mollina, y su padre Elías.

En cinco años de práctica deportiva y con entrenamientos extenuantes, Steffanie quería que esta experiencia internacional le sirviera para catapultar su sueño olímpico, ese que albergaron y cumplieron Juan Guillermo Urán, Diana Pineda Zuleta, Víctor Hugo Ortega Serna y Sebastián Villa Castañeda, a quienes ve cercanos y de quienes se nutre a diario de sus experiencias y conocimientos.

Pero su primera experiencia fuera del país no fue la mejor. “Venía de ganar en todas las competencias y en todos los campeonatos nacionales, en mi prueba favorita del trampolín de tres metros. Cuando terminé de competir le pregunté a Jerry que cómo me había ido, y él me contesto que había quedado de cuarta. Me desilusioné un poco, pero entendí que debía entrenar más fuerte, si quería llegar a instancias mejores en los saltos”, reflexiona la bachiller, por validación, del Instituto Ferrini.

Y los resultados no se hicieron esperar. En el 2014 obtiene tres oros y dos platas, en el Suramericano Juvenil realizado en Cali; bronce en el Panamericano de Matanzas, Cuba, en el 2015;  participaciones importantes en Kazán, Rusia, y en Bolzano, Italia, en el 2016; cuatro oros y una plata, en los Juegos Suramericanos, en Chile; un oro y una plata, en los Juegos Bolivarianos, realizados en Santa Marta, ambos certámenes en el 2017, y cuatro oros y el trofeo del “Señor de Zipan”, como la mejor deportista, del suramericano juvenil en Perú, en el 2018. 

Igualmente, unas participaciones decorosas en el Grand Prix de Bolzano, Italia; en el Mundial de Corea y un valioso cuarto puesto en el trampolín sincronizado de tres metros, al lado de Diana Pineda, en los Panamericanos de Lima, Perú, en el 2019. 

“Estas últimas participaciones internacionales fueron en la categoría mayores, con Wilson Molina como entrenador”, comenta con una sonrisa tímida, la estudiante de Regencia de Farmacias del CES, admiradora de la saltadora estadounidense Krysta Palmer.

Tefa, en Venecia.

A la joven “responsable”, “constante”, “disciplinada”, “que se enfoca en lo que quiere” y “fuerte mentalmente”, como la definen varios de sus amigos de los saltos, la espera el último reto internacional en su categoría: los I Juegos Panamericanos Junior, que se realizarán en Cali y en varias ciudades del Valle del Cauca, del 25 de noviembre al 5 de diciembre de este año. 

Steffanie quiere estar en los próximos tres ciclos olímpicos, para tener la posibilidad de cumplir su máximo sueño: llegar a la máxima justa polideportiva del orbe, los Juegos Olímpicos. “Recibo muchos consejos de mis amigos y compañeros de los clavados, que ya han estado allí, y para ello me estoy preparando fuerte”, comenta la habitante del barrio Campo Amor, ubicado en la zona suroccidental de Medellín. 

Así su pasaporte va llenando hojas de visados a países, que, quizás, con el patinaje no habría podido conocer. 

Por ello no duda un instante en dar unos consejos a los que empiezan en este deporte: “que disfruten mucho de lo que hacen, que perseveren, que amen lo que estén haciendo”, concluye la saltadora paisa de sueños olímpicos, que no logró cristalizar su hermano Santiago por su intermitencia, pero quien le sirvió de inspiración para querer estar en los clavados … y quedarse. 

Steffanía, en familia.

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