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ROMA 1960: Papaya Vanegas y Ney López, figuras colombianas

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La participación de Colombia en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960, estuvo antecedida de las mismas dificultades económicas de siempre, superadas por colectas y recursos propios de los dirigentes del COC, encabezados por su presidente, Mario García y García.

Por Alberto Galvis Ramírez, Director de la REVISTA OLÍMPICA

El último compromiso de 1959, en certámenes del ciclo olímpico para Colombia eran los Terceros Juegos Panamericanos, programados por primera vez en Estados Unidos, en la ciudad de Cleveland, que por problemas de tipo económico renunció. Entonces apareció Chicago como salvadora y allí se realizó el certamen, del 27 de agosto al 7 de septiembre.

La situación económica colombiana del momento, por el reciente restablecimiento de la democracia, tras el golpe militar que terminó en 1958, impidió la consecución de los dineros necesarios para enviar una delegación.

En ese mismo año de 1959 fue nombrado en la presidencia del Comité Olímpico Colombiano, el abogado cundinamarqués Mario García y García, presidente de la Asociación de Deportes Ecuestres y practicante de esta disciplina, quien en los 16 años siguientes le daría al cargo una nueva dimensión.

Mario García García

García y García impulsó varias ideas novedosas, para el aún retrasado deporte colombiano.

Cinco pilares conformaron su ideario deportivo. El primero, la necesidad de traer técnicos internacionales de categoría, para dirigir a nuestros atletas, y aprovechar sus conocimientos en la formación de técnicos en el país. 

El segundo, llevar a los deportistas a cuantas competencias internacionales se programaran, como una forma de brindarles los fogueos necesarios para su progreso.

El tercero se relacionaba con la necesidad que el país estuviera representado en las más importantes entidades internacionales. Por eso desde el comienzo de su gestión logró formar parte de Odepa, Odecabe y Odebo.

El cuarto soporte de sus administraciones fue tal vez el más difícil de lograr: la consecución de recursos económicos para alcanzar los otros tres propósitos.

Un año después, a García y García le correspondió el primer compromiso internacional grande de Colombia, la participación en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960.

Tras su excursión a las antípodas (Australia), los Juegos Olímpicos regresaron a Europa y el turno fue para Roma, entre el 25 de agosto y el 11 de septiembre de 1960, certamen al cual asistieron 5.348 atletas, en representación de 83 países. 

Colombia hizo notables esfuerzos, más bien peripecias, por asistir, a partir de la creación de un “Comité Pro Viaje a Roma”, para reunir los recursos económicos que les permitieran a sus atletas estar presentes con dignidad. Por esta razón, el grupo que viajó se redujo a 17 miembros (todos hombres), alrededor de quienes se tenía la convicción que no podían aspirar a ningún podio. 

El equipo nacional

Para responder a los críticos, que decían que un equipo sin opciones de figuración no debía gastar unos dineros que podían invertirse en otra cosa, el presidente del Comité Olímpico Colombiano, Mario García y García, dijo que si se pretendía evolucionar, la única forma de lograrlo era estando al lado de los más sobresalientes, en la justa más exigente. 

La delegación colombiana la conformaron los siguientes atletas:

Tiro: José María Vallserra, Hernando Hoyos y Neo Balbín. Delegado: coronel Guillermo Guzmán.

Pesas: Ney López, Carlos Caballero y Jorge Pineda.

Esgrima: Emilio Echeverri y Jaime Duque. Delegado: Juan Di Doménico.

Natación: Fred Andrade. Delegado: Carlos Humberto Troncoso.

Ciclismo: Roberto Pajarito Buitrago, Ramón Hoyos, Hernán Herrón, Hernán Medina, Pablo Hurtado, Rubén Darío Gómez, Mario Vanegas y Diego Calero. Vicente Restrepo Gaviria; secretario-tesorero: Pedro Nel Machado.

El grupo acompañante viajó con recursos propios de cada uno de los directivos. Lo conformaron, Mario García y García, presidente del Comité Olímpico Colombiano, como jefe de Misión, y Ernesto Vidales, en calidad de representante al Congreso Mundial de Educación Física, y Eduardo de Castro, delegado al Congreso de la FIFA.

Papaya Vanegas, en cuartos de final

Papaya Vanegas

Una vez más los ciclistas acaparaban la atención en la delegación colombiana, por sus participaciones en certámenes cercanos del ciclo olímpico y por el nombre de Mario Papaya Vanegas, el mejor pistero.

Vanegas empezó muy bien en la rondas preliminares. En la primera le correspondió la serie junto al inglés Karl Barton, a quien derrotó por media rueda. Luego su rival fue el rumano Vasile Oprea, con el que fueron necesarias tres tandas para derrotarlo. Después enfrentó al francés André Gruchet y tras vencerlo obtuvo su cupo a los cuartos de final, fase en la que rivalizó con el anfitrión Valentino Gasparella, quien lo superó. El italiano al final obtendría la medalla de bronce en la velocidad pura. El otro pistero, Diego Calero, ocupó el vigesimoctavo lugar (entre 35) en la prueba del kilómetro contra reloj, al cronometrar 1.14, siete segundos más que el campeón, el italiano Sante Gaiardoni. 

La excelente actuación de Vanegas contrastó con la pobre de sus compañeros ruteros. En la competencia contra reloj por equipos de 100 kilómetros, Roberto Pajarito Buitrago se retiró en los primeros kilómetros. Los otros criollos, Pablo Hurtado, Rubén Darío Gómez y Hernán Medina Calderón tuvieron el mérito de concluir. 

En la ruta, sobre 176 kilómetros, el mejor fue Gómez, al quedar vigésimo séptimo, Medina a continuación, y en la casilla 48, Hoyos, otro más que dejó de representar al país luego de esas justas.

Ney López, noveno

Ney López

El pesista Ney López, luego de la experiencia de los juegos anteriores, en Melbourne 1956, en los cuales fue descalificado por errores técnicos, se lució en Roma y fue el más destacado de los colombianos en la justa.

López pasó a la segunda ronda y ocupó finalmente la novena posición, con 107.5 kilos, en arranque, 140, en envión, y 375,5 en total, a sólo cinco kilos del cuarto clasificado.

Finalmente, los esgrimistas y los tiradores pasaron inadvertidos. Emilio Echeverry, en florete, su especialidad, fue el único colombiano que consiguió al menos una victoria. Su compañero, Jaime Duque, fracasó en sable.

En cuanto al tiro, Hoyos, Balbín y Vallserra no lograron siquiera los puntos mínimos para aparecer en la tabla general de clasificación.

Fotos: Mario Papaya Vanegas, Ney López y Mario García y García.

Próxima semana: Colombia en Tokio 1964.

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