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Respeto. Las profundidades del fallo contra Yuberjen

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No es posible robar la luna.

Ryokan, un maestro de Zen, llevaba la clase de vida más sencilla posible en una pequeña choza al pie de una montaña. Una tarde, un ladrón entró en la choza y descubrió que allí no había nada que robar.

Ryokan regresó y le sorprendió.

-Es posible que hayas hecho un largo camino para visitarme -le dijo al merodeador- y no deberías regresar con las manos vacías.

Por favor, toma mis ropas como regalo. El ladrón se quedó perplejo, pero cogió las ropas y se escabulló. Ryokan se sentó desnudo y contempló la luna. Pobre tipo –musitó-. Ojalá pudiera darle esa  hermosa luna. (Sensaki, 2012) 

Por Fabio Alfredo Navarro Pasquali

Filósofo de la Universidad Nacional, abogado de la Universidad Libre de Colombia, especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre y Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana.

Introducción.

En su libro En el enjambre, Byung Chul Han, el filósofo surcoreano plantea lo que puede considerarse un imperativo que deviene en el estar frente a otro y mantener la distancia, como postura que necesariamente produce respeto. Si esa distancia se pierde se accede al espectáculo, lo que puede ser entendido como el  simple ejercicio del ser espectador.

En una competencia deportiva no se puede perder el respeto del mirar  a la distancia el ejercicio sensato, para sumirse  más allá de la norma y su sentido, en las veleidades del poder hacer a expensas de la dignidad  que asiste a los que combaten en honorable lid. Estos, impávidos asistirían a su demérito y subvaloración para que el espectáculo continuara impasible, exacerbando sentimientos de dudosa extirpe.

El respeto como base del principio de igualdad.

“El respeto constituye la pieza fundamental para lo público”, Señala Byung Chul. Han llevado a entender que tal condición resulta de particular importancia, pues si desaparece, no es posible pensar siquiera en la existencia del escenario común en el cual se reconstruye el pasado a través de la puesta en escena de antiguas tradiciones, costumbres, usos o el especial reconocimiento de identidades históricas.

Un deportista que se confronta con su oponente en el escenario que a ellos corresponde, ocupando sus respectivos lugares, desde las propias historias personales, familiares y sociales asume el respeto y la distancia frente al oponente, el combate se da en términos de la euforia y los sentimientos que como efluvios de sus propios lares surgen, dándole sentido a su presencia confrontada. El respeto significa saber  que  en la pista, cancha, cuadrilátero o cual fuere el punto de encuentro, aquellos que se confrontan no son quienes se asoman tras de su bandera, sino que son la sonrisa de los que entre lágrimas abrazaron al partir tras el sueño  del histórico registro.

Faltar al respeto es recortar la distancia, que significa perder los límites de lo público, que constituye el ser del oponente; es desconocer su presencia–existencia histórica, y llevarlo a la postración de su ser. La decisión de un juez o jueces en materia deportiva, no apelable, resulta ser el sometimiento de lo público a lo privado.

Es el respeto, entendido como distancia y reverencia por lo que el deportista representa, pues se trata de la historia de los pueblos, de los brazos que se alzan plenos de esperanza, más allá de si en la confrontación se da la derrota y se desvanece la sonrisa, pero con la tranquilidad de la mirada de larga traza de quienes estando ahí en el ahora de su trasegar le brindaron respetuosa reverencia a las sonrisas esperanzadas  que en casa quedaron.

“El respeto constituye la pieza fundamental para lo público. Donde desaparece el respeto decae lo público. La decadencia de lo público y la creciente falta de respeto se condicionan recíprocamente.” (Chul Han, 2014)  

Cartas del silencio manifiesto.             

El deporte  es  una suma de  micro poderes, que pese a lo dispersos tienen un centro y una coordinación transversal de distintos saberes  y tecnologías. Es una visión de gran panóptico, como se desprendería de planteamientos expuestos por Michel Foucault (Foucault 1999). En este autor, el panoptismo es un conjunto de mecanismos que operan al interior de todas las redes de procedimientos de los que se sirve el poder.

Una decisión arbitraria, sin posibilidad de ser revisada su legalidad por autoridad superior, no deja de ser una orden con propósito definido,  esto es, si un conjunto arbitral se manifiesta a contrario sensu de la evidencia y contrariando la realidad probatoria desprendida del ejercicio desplegado por los deportistas en el combate, permite pensar en elementos de juicio subyacentes, que dan lugar a la contraevidente decisión.

En su libro La verdad y las formas jurídicas,  Michel Foucault señala la existencia en el Antiguo Régimen Francés de las denominadas Lettres de Cachet, que eran instrumentos legales, no propiamente leyes o decretos, sino órdenes del Rey, que obligaban al cumplimiento estricto de lo que en ellos se expresaba.

La Lettre de Cachet  era, por consiguiente, una forma de reglamentar la moralidad cotidiana de la vida social, una manera que tenían los grupos – familiares, religiosos, parroquiales, regionales, locales– de asegurar su propio mecanismo policial y su propio orden.” (Foucault, 2000)

No de otra forma puede entenderse la contraevidencia en la decisión colegiada, como ejercicio de autoridad que favorece a un deportista, que en medio de la precariedad del triunfo dispuesto, fue irrespetado y no protegida su integridad física y moral, puesta en riesgo en su lánguido y pálido desfile hacia la lóbrega profundidad de su mutismo.

Si bien, las lettres de cachet tenían en el Régimen Francés expresas condiciones de emisión, a hoy, pueden darse como ejercicio de oscuros linajes  y abyectas pretensiones para la obtención de beneficios o asegurar resultados que permitan llevar al mundo equívocos mensajes de superioridad, tasada en medallas.

Si un juez se equivoca en un fallo, es entendible, puede suceder, pero la defensa frente a ello llevaría a una instancia superior, que tendría que manifestarse revocando o manteniendo la decisión, si hubiere lugar a ello.

Si un grupo de jueces frente a la evidencia plena de los hechos considerados, niega el fallo favorable y mantiene la decisión, en contravía de la palmaria realidad, resulta clara la tendenciosa postura y arbitraria  decisión, máxime si dentro del orden impuesto no existe mecanismo defensivo superior que reivindique los derechos conculcados.

Para el caso de un combate deportivo, en el cual los oponentes se golpean, es claro que la observación sobre los efectos del intercambio no  escapan a los ojos vigilantes del juez, quien en caso extremo debe privilegiar al ganador, pero, fundamentalmente, proteger al deportista, que dada su manifiesta debilidad puede sufrir daños irreparables en el corto, mediano o largo plazo, incluso la muerte. El respeto se le pierde no solo a quien recibe un fallo injusto, también a quien es expuesto públicamente a la deshonra de su precaria victoria.

Una Conclusión.

Así, la Corte Constitucional de Colombia, fundada en principios universales y en desarrollos jurisprudenciales de distintas Cortes Internacionales, en reiterada jurisprudencia señala como núcleo esencial del derecho a la igualdad, el trato igual a quien se encuentra en iguales condiciones y diferenciado a quien no lo está. Si se aplica este principio al deporte, en particular a los de combate, una vez se dan condiciones de indefensión desaparece la igualdad base del encuentro.

Dos contendientes en principio se encuentran en la misma situación de hecho, pero una vez se manifiesta la precariedad de uno de ellos frente a la superioridad del adversario y se pueden deducir por el juez eventuales daños físicos al sometido, debe ordenarse la cesación del castigo y proteger respetuosamente los derechos de quien entra en estado de desigualdad e indefensión.    

Bibliografía

Sensaki, N. R. (2012). 101 Cuentos Zen. Barcelona: Galaxia Gutemberg, S.L.

Chul Han, B. (2014). En el enjambre. Barcelona: Herder Editorial, s.l.

Foucault, M. (2000). La verdad y las formas jurídicas. Barcelona : Gedisa S.A.

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