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Respeto. En el juego de los tiempos: ¿un futuro incierto? (ll)

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Por Fabio Alfredo Navarro Pasquali

Filósofo de la Universidad Nacional, Abogado de la Universidad Libre de Colombia, Especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre, Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha elaborado escritos y artículos como: Descartes y la Historia del Escepticismo; Deuda Externa Latinoamericana y Un Nuevo Orden Económico internacional; Aproximación al sistema judicial 1823-1830. Continuidades y Rupturas; Corte Suprema de Justicia en la República liberal. Una Corte de Oro.

Foto: Muyhistoria.es

Introducción.

El eterno mañana siempre llega para el medio ambiente vestido con los ropajes tejidos para su uso desde el más lejano pasado, junto a criterios de responsabilidad surgidos del hecho mismo del habitar humano en función de la vida presente y futura. No se puede ir más allá de las condiciones de existencia preestablecidas por comunidades que han entendido a lo largo de su vida, cómo pueblos, la necesidad de coexistir como una más de las especies que habitan el planeta, pero con la responsabilidad de saberlo.

Una lectura ancestral.

“La historia es un caracol que camina”, escriben los autores del libro Guambianos. “Hijos del arco iris y del agua”, afirman citando al Taita Abelino Dagua Hurtado. “No hay nada sin Historia. Quien no la tiene se acabó”. No es posible pensar siquiera en el paso inadvertido del ser humano sobre la tierra, sin que por ella no se perciban las huellas que marcan su camino.

En el ahora, en este preciso instante y en cualquier sociedad de múltiples culturas, confluyen los distintos rostros del presente, que fluyen lentamente como el agua y escriben su historia, pues saben que: “La Historia es de todos; cada uno debe hablar su parte; entre todos se da un redondeo.”  (Dagua Hurtado, 1998)

Cada comunidad, etnia o grupo poblacional tiene su propia visión del presente, los propios hilos que los atan, la misma historia que camina como caracol, dirían los ancestros guambianos o la Ley de Origen o de la Madre, dirían los Mamos de la Sierra Nevada, las leyes de otros pueblos ancestrales o las sentencias de las Cortes Constitucional y Corte Suprema de Justicia, que reconocen aquí y ahora el derecho a la vida y a la defensa del medio ambiente, como derechos fundamentales de futuras generaciones.

Ejemplo de pueblos que se recogen alrededor de sus tradiciones y autoridades, tratando de reconfigurar su vida presente en función de la protección de animales, selvas, bosques, montañas, páramos, ríos y en generaFoto: Muzhistorioa.esl, como lo señala la Corte Constitucional en Sentencia – C 339 de 2002, lo tangible y lo intangible como sistema de vida del ser humano y sus relaciones con el medio ambiente, imperativo categórico de responsabilidad con la humanidad.    

El tiempo corre diferente para quienes desde distintas culturas advierten su paso y le dan el sentido que permite su propia configuración cultural. No corre igual el pasado como legado de los ancestros, que da sentido al presente y permite avizorar y entender el futuro en una comunidad indígena, que las consideraciones que puedan tenerse desde la perspectiva de historia lineal, en términos del tiempo y su transcurso, en cultura distinta.

El pasado y el futuro confluyen en el respetuoso presente o en el paso de los seres humanos apropiados de su lugar en el universo que los trasciende. Tener conciencia del presente es entender, como lo señala la Corte Constitucional de Colombia en la sentencia de Unificación 510 / 98 citando a Reichel Dolmatoff ilustrando el mundo espiritual del pueblo Ika:

“Así, cada roca, cada vuelta del camino, cada pozo en el río, tiene para los Ika un profundo significado sobrenatural. El paisaje entero está impregnado de la viva presencia del pasado, desde la creación del universo hasta el recuerdo de un abuelo recién fallecido; desde las hazañas de la mitología heroica, hasta las reminiscencias de los ancianos que todavía cuentan las guerras civiles, de episodios del siglo pasado cuando aún había mamos que podían transformarse en jaguares.” (Corte Constitucional. Mag. Ponente. Eduardo Cifuentes Muñoz. , 1998) 

El respeto por el agua, el aire, los árboles, las especies animales y, en general, por los procesos de la naturaleza, implica para comunidades indígenas, por ejemplo, los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta, saber a través de su legado ancestral interpretado por sus mamos, la importancia del respeto como ejercicio de espiritualidad que debe necesariamente conducirlos a la protección de la naturaleza, pues éste implica acatar y asumir como propio, el destino de sus hermanos. 

El ser individual somete sus intereses y se pliega al destino común, cede ante el ser colectivo entendido como conciencia plena y se une al esfuerzo solidario para de esa forma darle sentido a la historia como pasado y a la supervivencia como futuro de su pueblo. Es la Ley de Origen o Ley de la Madre, que se afirma sobre el principio fundamental de la vida individual y colectiva, la fertilidad.

Para los pueblos originarios de la Sierra Nevada, el concepto territorio tradicional, hace relación, según ellos mismos afirmaron a la Corte Constitucional en Sentencia T 634 de 1999,  al conjunto de relaciones culturales y sus distintas manifestaciones espirituales y sociales, todas ellas constitutivas del ser individual y colectivo que los habita. De ahí la importancia de los lugares de asentamiento, pagamento y otras tantas interacciones con el medio natural.

“Así, el paisaje es un código, un mapa, un palimpsesto, sobre cuyos diversos planos se mueven los hombres, siempre sobre caminos ya trazados por otros que les precedieron; con cada paso uno se aleja de algo, se acerca a algo en esta gran malla reticular que es la Sierra Nevada, que es su pasado, su presente, su porvenir.” (Corte Constitucional. Mag. Ponente. Eduardo Cifuentes Muñoz. , 1998)

Coherencia del sistema de vida, puede afirmarse desde una perspectiva moderna; articulación plena con leyes universales plasmadas en el día a día del quehacer humano, tejiendo las más diversas fibras universales que deberán constituir firme expresión normativa que trasciende espacios y tiempos para asegurar la continuidad de la vida.

Bibliografía

Dagua Hurtado, A. A. (1998). Guambianos. Hijos del arco iris y del agua. Santa Fe de Bogotá: Los cuatro elementos.

Corte Constitucional. Mag. Ponente. Eduardo Cifuentes Muñoz. , SU 510/98 (Corte Constitucional 18 de Septiembre de 1998).

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