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Reminicencias. Mis gratos recuerdos en la UPTC 

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Por Ana Edurne Camacho Corredor

Secretaria General Comité Olímpico Colombiano

Egresada de la Escuela de Educación Física de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja, la actual Secretaria General del Comité Olímpico Colombiano recuerda momentos inolvidables que vivió en la UPTC, y se une a la celebración de los 50 años de la Escuela.

Ana Edurne Camacho.

Hoy mi corazón palpita mas rápido, debido a la emoción que siento al escribir con ocasión de los 50 años de Mi Escuela de Educación Física. Son muchos los recuerdos de los maravillosos años vividos en la U.P.T.C. que quedaron para siempre en mi vida: los profesores y su entrega, los compañeros y su calidez, el contacto con el conocimiento, el descubrimiento de mis perfiles y las vivencias. Pero, también, las pilatunas que nunca faltaron, las impertinencias propias de la edad, los amores furtivos y las rumbas que nos recargaban de calor, en medio de los helados amaneceres de mi Tunja del alma, es decir, todo aquello que hace de la vida universitaria, un momento único e irrepetible, a partir, desde luego, de un serio compromiso permanente con la academia.

Nos formamos con la ilusión de llegar a ser los mejores docentes, entrenadores y administradores, y hoy puedo decir que… ¡lo logramos! Son muchos años, muchos alumnos formados y muchas actividades realizadas, en las cuales hemos dejado el legado de nuestra profesión, que ha sido un elemento esencial para las nuevas generaciones.

A través de estos largos años, mi dedicación a la administración del deporte en Colombia ha sido soportado desde los conocimientos adquiridos en la Escuela de Educación Física  y por el interés personal por hacer las cosas cada día mejor, siempre resaltando y agradeciendo las bases sólidas que supe aprovechar de mis profesores. Con el paso de los años vamos adquiriendo una personalidad que, si se logra desmenuzar en partes esenciales, nos permite descubrir que somos el resultado de muchos temperamentos  y conocimientos recibidos desde niños: de nuestros padres, en el hogar; de cada profesor, en la escuela; de cada maestro, en la academia; de sus regaños, a veces rechazados por culpa de nuestra inmadurez; de las vivencias con cada compañero, en fin, de cada segundo que vivimos en ese universo que nos permitió prepararnos para penetrar en ese mundo laboral, tan exigente y tan lleno de obstáculos y retos, en el cual caminamos para escribir nuestra historia. Como quisiera  volver a mi Escuela de Educación Física, para permanecer por siempre, sumergida en su maravilloso mundo de conocimientos.

Por esa gratitud y por la labor que han desempeñado en la formación de tantas generaciones, felicito a los docentes del departamento de Educación Física, especialmente al Licenciado Ramón Octavio Chaparro Peña, quien el 12 de octubre de 1971, el rector de entonces,  Armando Suescún  Monroy,  le encomendó la tarea  de dirigir el otrora Departamento. Desde entonces han pasado muchos años de arduo trabajo, para llevar a nuestra  hoy  llamada Escuela  de Educación Física, a posicionarse en el contexto nacional, por su enfoque pedagógico y humanístico.

Soy una convencida que Dios y la vida nos dan las oportunidades, pero es cada uno quien decide hacia donde ir,  y la promoción de 1983, indudablemente, marcó una gran historia, no solo en la Escuela de Educación Física  de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, sino en  todo el territorio nacional, en el cual nos hemos desempeñado los integrantes de ese grupo privilegiado. No me cabe la menor duda, que cada egresado de la Escuela ha dejado su impronta en cada una de sus ejecutorias profesionales, huella que revela la presencia de lo aprendido en las aulas de nuestra  institución y que se extiende de generación en generación transportada por cada uno de nuestros alumnos.

A mis compañeros, un saludo fraterno y de gran afecto, por todos los momentos vividos, no solamente durante nuestro paso por la bella Tunja, sino por lo que podemos  compartir  hoy. 

Para Gladys Jaimes, mi reconocimiento y agradecimiento eterno, por ser la docente humanística responsable de ser quien soy en el deporte colombiano.

Gracias infinitas a la vida, porque si he podido  consolidar mi trabajo y mi profesión en cada actividad realizada a través de tantos años, ha sido porque la formación dada en el seno de mi familia y de la Escuela de Educación Física de la U.P.T.C. pudieron construir en mí los conocimientos justos y los comportamientos adecuados para lograrlo.

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