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Refugiados. El refugio, una alternativa de los atletas

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Visita al estadio Panateneico, de Atenas, dentro del Programa "Los niños aman los deportes", dirigido por el Comité Olímpico Internacional y cofinanciado por la Unión Europea, destinado a niños refugiados en la región de Ática.

Por Clemencia Anaya Maya

Vicepresidenta Academia Olímpica Colombiana, AOC

A la hora de competir, los atletas buscan ante todo una oportunidad, así hayan tenido que dejar sus países, algunos bajo estrictas medidas de seguridad debido a conflictos bélicos y otros ante la deplorable situación de sus gobiernos, que no generan siquiera esperanza de un futuro mejor.

Casi nunca nos ponemos a pensar en esa aterradora situación que puede ser la de vivir en ascuas por una decisión tan fuerte como es la de dejar el país que nos vio nacer. Debe ser algo muy agobiante, al enfrentar la incertidumbre, agotar el esfuerzo físico y el recurso económico, si lo tienen, para abrigar un sueño de una vida mejor y  más pacífica, de un lugar tranquilo, en donde sus hijos puedan estar protegidos y encuentren oportunidades de salud y educación, dignas para vivir en sana convivencia.

Miles de atletas del mundo entero enfrentan hoy situaciones adversas. Muchos de ellos, jóvenes, hombres y mujeres lo han tenido que dejar todo, sencillamente para salvar su vida o encontrar un trabajo que les de estabilidad a sus familias. Guerras, inequidad, conflictos armados, conflictos religiosos, narcotráfico, violencia, terrorismo, discriminación, desplazamiento, segregación, entre muchas otras razones, han llevado a los atletas a tomar la determinación de huir de sus países.

En los Juegos Olímpicos antiguos, solo los atletas griegos podía participar en las competencias; quien no hablaba la lengua era considerado un bárbaro y era imposible que participara en Olimpia. En la actualidad, y de acuerdo con la carta Olímpica, “un competidor que haya representado a un país en los Juegos Olímpicos, en unos juegos continentales o regionales o en unos campeonatos del mundo o regionales reconocidos por la federación internacional competente y que haya cambiado de nacionalidad o adquirido una nueva puede participar en los Juegos Olímpicos representando a su nuevo país, con la condición que hayan transcurrido por lo menos tres años desde que el competidor representó por última vez al país anterior. Este periodo podrá ser reducido o, incluso, suprimido, con el acuerdo de los comités olímpicos nacionales y de las federaciones nacionales competentes, por la Comisión Ejecutiva del COI, que tendrá en cuenta las circunstancias de cada caso”.

De esta forma, los atletas que dejan sus clubes y federaciones por estos difíciles motivos, inician un camino realmente de construcción de un nuevo horizonte, pero que les exige prácticamente abrirse espacio por si solos, ante la indiferencia de muchos, que hacen oídos sordos a la posibilidad de vincular atletas de otros países.

Conozco el caso de una familia venezolana que dejó su casa propia, su Escuela de Taekwondo Hinari y agobiados por la incertidumbre de su país recorrieron cientos de kilómetros en busca de un lugar para asentarse; llegaron, finalmente, a Lima, en donde encontraron una oportunidad laboral y un sitio modesto para vivir. Toda la familia ha desarrollado una pasión por el taekwondo: la abuela  de más de 70 años es cinturón negro, igualmente su hijo Robert Mujica padre de dos hijos, a quienes entrenaba con gran dedicación. 

Su compromiso con la difusión del taekwondo y su convicción por el beneficio que representa para los jóvenes, niños y niñas, les llevó a crear la Fundación Corazones Olímpicos del Sur, que trabaja infatigablemente por los atletas en situación migratoria y en busca de refugio en el Perú.  

Lamentablemente, el virus del COVID 19 sorprendió a Robert en plena juventud y se lo llevó para siempre. Sus esfuerzos por ayudar a sus compatriotas en esa situación agobiante en busca de refugio, ahora está en manos de su hija Roima Mujica, quien en forma ejemplar combina sus estudios de fisioterapia, con el trabajo y con la pasión por el taekwondo, en la Fundación creada por ella y su padre.

Este es un ejemplo de lo que estoy segura que muchos líderes deportivos realizan, cada uno en sus respectivas áreas de desempeño, desesperados en muchos casos por encontrar alternativas y que requieren del olimpismo en acción. Cuando digo esto lo hago pensando aprovechar  la teoría de Coubertin y su principios fundamentales que son muy loables y responden a la filosofía de vida ideal, para convertir todo ello en acciones humanistas que contribuyan a brindar una mano a los hermanos del deporte, en cualquier parte del mundo.

El venezolano Robert Mujica, q.e.p.d., derecha, creador de la Fundación Corazones Olímpicos del Sur, en Lima, que trabaja infatigablemente por los practicantes de taekwondo, en situación migratoria.  

El COI nos habla hoy del Equipo Olímpico de Refugiados (EOR) y ha presentado ante el Movimiento Olímpico y el mundo la noticia de que 29 atletas desfilarán bajo la bandera del COI y que entrarán al estadio olímpico de Tokio 2020 detrás de la delegación griega, que siempre tiene el honor de presidir el desfile de las delegaciones. En los Juegos Olímpicos Rio 2016 hicieron presencia 10 atletas refugiados provenientes de Sudán del Sur, Siria, República Democrática del Congo, lo que deja de manifiesto que hay muchos mas en el mundo anhelando una oportunidad. Es evidente que el equipo se ha triplicado y al pensar solamente en la familia Mujica de Perú, practicantes del taekwondo y de todos los cientos de atletas venezolanos que han emigrado y que practican otros deportes, no queda duda acerca de la gran problemática que existe en este sentido en todas partes del mundo.

Es hora de pensar en opciones desde todos los niveles del deporte, que brinden oportunidades a niños, niñas y jóvenes en situación de asilo o refugiados. Un ejemplo nos mostró el Comité Olímpico Helénico la semana pasada, cuando el estadio Panatenaico de Atenas se llenó una vez más de voces y risas infantiles, después de un largo período de inactividad debido a la pandemia, al dar inicio al programa «Los niños aman los deportes», un programa dirigido por este Comité y cofinanciado por la Unión Europea, que se centra en los niños refugiados en la región de Ática en general.

El programa comenzó con la participación de 50 niños del centro de acogida de refugiados de Ritsona e incluyó un recorrido por el estadio, en donde los niños aprendieron acerca de este gran monumento de Atenas y la historia de los Juegos Olímpicos Modernos. También practicaron actividades deportivas bajo la guía de campeones olímpicos y entrenadores experimentados. Al finalizar la jornada recibieron diplomas y medallas conmemorativas.

 

Los niños también tuvieron la oportunidad de aprender sobre el importante papel de Grecia en la historia olímpica y se introdujeron en el deporte olímpico del atletismo.

El presidente del Comité Olímpico Helénico y miembro del COI, Spyros Capralos, afirmó que el Comité Olímpico Helénico continuará apoyando a la población de refugiados, e implementando los valores del Olimpismo en sus vidas.

El programa se desarrollará durante los próximos 22 meses y brindará a 4.000 niños y niñas, entre los 6 y los 12 años, refugiados en la región de Ática, la oportunidad de vivir esta experiencia especial y única en el mundo.

De acuerdo con los principios fundamentales escritos por Pierre de Coubertín en la Carta Olímpica, “el objetivo del Olimpismo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del hombre, con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana. Para ello, el Movimiento Olímpico lleva a cabo, solo o en cooperación con otros organismos y dentro de sus posibilidades, acciones en favor de la paz”.

Podemos hacer tanto, si ponemos el deporte al servicio de la humanidad, y en este caso de los niños, niñas y jóvenes. El mundo espera por más iniciativas, que contribuyan con creatividad e imaginación a cambiar la vida de tantos seres que sufren por la desigualdad y la inequidad, Hagamos del olimpismo una filosofía que entusiasme, que dé alegría y pregone la paz y el entendimiento mutuo. Nuestro país necesita pensar más en la paz, y este es un buen camino para ello.

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