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Reflexiones de Baltazar. Mentalidad ganadora… SÍ, triunfalismo… NO

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Baltazar Medina, Ex Presidente COC.

El deporte colombiano ha evolucionado positivamente en muchos aspectos, hasta el punto de poder afirmar, sin temor a engaños, que el país vive el mejor momento deportivo de su historia, como resultado de la forma como se han venido articulando los distintos componentes del Sistema Nacional del Deporte, en busca de objetivos comunes, a partir de la importancia que el Gobierno Nacional y los entes territoriales le reconocen al deporte, como parte de sus políticas sociales y, desde luego, y, también, como resultado del gran talento deportivo que hay en nuestra juventud.

Justamente, la gran diferencia entre un pasado pobre en resultados internacionales y un presente bastante exitoso en ese sentido, radica, a mi juicio, en la mentalidad de los deportistas del presente,  pues atrás quedó el complejo de inferioridad que por muchos años nos tuvo lejos de las alegrías que hoy sentimos, con los triunfos internacionales que ellos alcanzan con mucha frecuencia. Esa mentalidad ganadora, entendida como la seguridad que siente el atleta de alcanzar sus metas, basado en la confianza en sus capacidades y en el fruto esperado de un trabajo de preparación realizado con mucha disciplina, bajo el aliento de una gran motivación por triunfar, hay que alimentarla y estimularla constantemente, pero sin llegar a los excesos del triunfalismo, como una distorsión del sano espíritu de ganar en el deporte.

El triunfalismo, entendido como una “actitud exagerada de seguridad y superioridad sobre los demás, que manifiesta la persona que confía excesivamente en sus capacidades”, nos saca de la realidad del deporte, pues nos lleva a desconocer que el adversario tiene las mismas posibilidades de éxito, pues también se preparó para alcanzarlo y es en las áreas de competencia, en donde se van a dirimir las superioridades, y lo que sigue depende de una serie de factores, que muchas veces pasan por un sinnúmero de imprevistos que frustran sueños o producen sorpresas. 

Luego llegan los momentos de alegría o de tristeza, como instantes emocionales posteriores a la competencia, los cuales pasan rápidamente, pues ahí no termina todo, ya que para el ganador queda el compromiso de seguir demostrando que es el mejor y para el perdedor queda el reto de una dulce revancha, a partir de la forma inteligente y humilde como asimile su derrota, si saca de ella todos los aprendizajes que, aunque dolorosos, le pueden permitir corregir los errores que lo alejaron del triunfo deseado.

Hace poco tuve la oportunidad de compartir una amena tertulia, con ocasión de uno de los partidos de nuestra selección de fútbol. Uno de los tertuliantes, un reconocido dirigente de este deporte decía que él ya tenía claro que en el fútbol “se gana, se empata y se aprende”, eliminó de tajo la palabra perder. Aquí está dicho todo, pues deberíamos ponernos de acuerdo para reconocerle un buen nivel de importancia a los resultados adversos. Eliminar del vocabulario del deporte la palabra “perder” es imposible, pero no mencionarla es provechoso, pues si en vez de concentrarnos en la amargura de las derrotas aceptamos que bien asimiladas son fuentes de aprendizajes que no se olvidan, podremos encontrar ahí muchos factores de éxitos futuros. A esto se refería en una ocasión a raíz de un mal resultado, el profesor Francisco Maturana, cuando con una frase simple, “perder es ganar un poco”, quiso significar lo importante y beneficioso que puede resultar para el deporte, el saber interpretar nuestras derrotas y nutrirnos de ellas en vez de flagelarnos. Esta frase, llena de contenido y de sentido lógico, la trataron de tirar a la basura, no sin antes ridiculizarla, muchos periodistas alienados por un triunfalismo dañino que nos aleja de la realidad.

En este riesgo estamos cayendo, porque pareciera que ya a los colombianos solo nos sirve GANAR, y cualquier otro resultado, por grande que haya sido el esfuerzo para alcanzarlo, no tiene mayor valoración, y es ahí donde perdemos el sentido de las proporciones y la objetividad a la hora de evaluar un resultado. Si bien es cierto que un deportista de alto rendimiento se entrena para ganar, no es menos cierto que la esencia del deporte no es ganar, sino competir y es ahí, en la competencia, en la cual encontramos todas las ventajas del deporte como medio que contribuye a la formación integral de la juventud; es en la competencia en donde el deportista aprende a respetar al rival, a respetar la norma, a respetar la diferencia y es ahí, en la competencia, cuando el resultado no le es favorable, donde se fortalece el deseo de superación. Cosa diferente puede suceder con un logro mal administrado, pues como lo advierte Jorge Valdano en su libro Los 11 Poderes del Líder, “el éxito es un poderoso afrodisíaco, pero un penoso consejero, sobre todo cuando desata la egolatría, parte enfermiza de la vanidad y uno de los puntos que devela de un modo más descarnado las debilidades humanas”. Caer, entonces, en los terrenos del triunfalismo deportivo nos descontextualiza de la realidad de nuestro deporte, nos vuelve odiosos ante los demás y nos hace perder la objetividad a la hora de evaluar los resultados, con el propósito de sacar conclusiones provechosas para seguir creciendo en todos los aspectos.

Es hora, entonces, de revisar muchas de nuestras reacciones frente a los resultados del deporte colombiano en todas sus participaciones internacionales, para no ser injustos con nuestros deportistas y para no ser irrespetuosos con sus rivales; es hora de manejar responsablemente y con mucha objetividad la información que queremos compartir con la afición deportiva; es hora reconocer que nuestros deportistas son seres humanos que tienen derecho a equivocarse o a tener una mala tarde; es hora de sentirnos orgullosos de nuestros deportistas, porque son los mejores embajadores del buen nombre de nuestro país, y es hora de apartarnos del triunfalismo, como una idea desbordada de optimismo y a cambio, seguir confiando en la mentalidad ganadora de nuestra juventud, como un propósito personal ajustado a todas sus posibilidades, para que más allá de las medallas y trofeos se conviertan en modelos persuasivos para las futuras generaciones y consoliden la función social del deporte, como medio para educar y formar en valores 

Baltazar Medina 

Ex presidente del Comité Olímpico Colombiano

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