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Reflexiones de Baltazar. ¿Fracasó la Agenda Olímpica 2020?

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Por Baltazar Medina
Ex presidente Comité Olímpico Colombiano y miembro de la Academia Olímpica Colombiana.

La Agenda Olímpica 2020, definida como la nueva hoja de ruta estratégica del Movimiento Olímpico, que salió a la luz pública para proponer las acciones de mejoramiento al interior del Movimiento Olímpico, con el propósito de encontrar soluciones a todos los males que afectan al deporte como actividad de interés social, al decir de algunos, parece haber fracasado, al decir de algunos, ante las evidencias de los pocos cambios positivos que se observan en el mundo del deporte en busca de las soluciones esperadas. Es más: todo parece indicar que en cambio y en evidente  contraposición con los efectos esperados, es notorio el incremento de las malas prácticas de gobernanza en el deporte, la agudización de los conflictos de intereses y la pérdida de credibilidad en las organizaciones deportivas y sus dirigentes

Es por ello que para los críticos, la Agenda Olímpica 2020 “parece haber sido superada por los acontecimientos recientes”, y para otros, los problemas del deporte, como los escándalos de corrupción de algunos dirigentes deportivos, el incremento del uso de sustancias estimulantes en el deporte, los escándalos de acoso y abuso a los atletas, el uso indebido del deporte con fines políticos, la discriminación de todo tipo, el amaño de los resultados de las competencias y las malas prácticas de gobernanza, por mencionar solo algunos de los problemas críticos del deporte, siguen sin dar muestras de corrección. Antes, por el contrario, algunos de ellos se agravan y, como si no fuera poco, aparecen nuevas manifestaciones de rechazo a los Juegos Olímpicos por sus altos costos, por las denuncias de tráfico de influencias y pago de coimas para obtener la sede del evento y por todos los impactos negativos que se causa a las finanzas y a la economía del país sede.

Frente a este panorama tan caótico, pareciera tener sentido sumarse a la crítica, sin necesidad de muchas reflexiones, pues los hechos pueden más que las palabras, pero esto nos podría poner en riesgo de ser subjetivos en la crítica y poco profundos en el análisis de los factores que hubieran podido incidir para que el resultado positivo de la puesta en vigencia de la Agenda no fuera el deseado. Por eso vale la pena detenernos un poco en la consideración y análisis de algunas circunstancias adversas, no previstas, que pudieron haber tenido un alto impacto negativo en los procesos de cambio, más allá de todas las contingencias e incertidumbres que le trajo al deporte la pandemia del COVID-19

En primer lugar, para nadie resulta difícil de comprender, que una organización profundamente aferrada a sus principios conservadores, a sus tradiciones  y costumbres, como lo es el Comité Olímpico Internacional, no le queda fácil ajustar su forma de pensar y actuar en el corto tiempo, en procura de cambios profundos que, efectivamente, contribuyan a la construcción de nuevas realidades, sin correr el riesgo de caer en contradicciones con el legado que debe proteger. Sin embargo, la necesidad del cambio es evidente, pues el Movimiento Olímpico ha sido duramente golpeado por toda esta problemática en los últimos tiempos, y en eso se basó la Agenda Olímpica 2020

Los críticos podrían tener razón, si alguno de ellos tuviera argumentos para demostrar que los cambios sugeridos y el camino indicado para alcanzarlos, no fueron los correctos. Dudo que sea esta la razón. Me inclino, mejor, por pensar que los últimos años han sido especialmente difíciles para el deporte, por todos los factores que he mencionado, y esto pudo haber incidido de una manera muy determinante, para que los esperados cambios no llegaran con la urgencia que se requiere. Pero también tiene mucho peso, que contrariamente a lo esperado, los agentes del deporte, sus líderes y dirigentes, no estuvieron a la altura de los compromisos que implicaba poner en acción la Agenda Olímpica 2020, no para hacer de ella el sombrero del mago, para sacar de él, como por arte de magia, las soluciones ideales para cada uno de los males que nos aquejan, sino para hacer de la Agenda una nueva hoja de ruta, que nos muestre el camino para emprender la búsqueda de las soluciones esperadas, como resultado del accionar de todos los actores del Movimiento Olímpico, con un alto sentido de pertenencia y compromiso con el cambio. Si pensamos en lo anterior, no creo que resulte muy temerario afirmar que faltó compromiso de todos los agentes del cambio y que también faltó seguimiento y control, como elementos dinamizadores de ese cambio

El Comité Olímpico Internacional ha sido honesto en reconocer que el resultado de la vigencia de la Agenda (2014-2020) no fue el esperado y por ello se mantiene la vigencia de la Agenda, complementada con 15 nuevas recomendaciones, que responden, básicamente, a las condiciones del mundo pospandemia, centradas en lo que se denomina, tendencias clave, a saber: mayor solidaridad dentro y entre las sociedades, el crecimiento de la digitalización, la necesidad de lograr un desarrollo sostenible (ODS), la creciente demanda de credibilidad en las organizaciones deportivas y en sus dirigentes y la necesidad de construir resiliencia frente al impacto económico de la pandemia del COVID-19.

En esta dirección, las recomendaciones de la Agenda Olímpica 2020+5 comprometen al Movimiento Olímpico a fortalecer la universalidad de los Juegos Olímpicos, a fomentar eventos sostenibles, a centrar su foco de atención en los atletas y a fortalecer el deporte seguro, como una forma de proteger la salud de los atletas.

Estamos frente a circunstancias muy desafiantes para todos los actores del deporte, pero si verdaderamente estamos comprometidos con el cambio, podremos hacer de ellas nuevas oportunidades para seguir fortaleciendo el papel del deporte como factor de transformación social, pues no resulta conveniente ni presentable para el deporte desconocer la necesidad urgente de cambios profundos en todas nuestras prácticas. Para ello debemos abrazar la Agenda Olímpica 2020+5, como un desafío para recuperar la credibilidad y la confianza en las organizaciones deportivas y en quienes las dirigen. La Agenda Olímpica 2020 no ha fracasado: fracasaron algunos agentes del cambio, que tienen al deporte preso de sus intereses particulares.

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