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Raíces y Regiones. Valle: “Vamos a hacer algo, pero bien hecho”

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La historia del desarrollo del deporte del Valle del Cauca comenzó en forma en 1945, cuando todo era incipiente, desde la misma capital, que aún era una aldea, con una limitada actividad deportiva activada alrededor de los equipos América y Boca Junior, y de la iniciativa particular de los colegios caleños.

El escenario más importante era el estadio, construido en 1936, por iniciativa del político vallecaucano Pascual Guerrero, quien cuando era concejal de Cali lideró una campaña para construir un verdadero estadio deportivo, superior a los levantados en los años veinte, el Galilea, sede de los Primeros Juegos Nacionales, y el de Versalles, en el interior del Hipódromo del mismo nombre. El estadio departamental fue construido en las afueras de Cali. Una vez fallecido Pascual Guerrero fue bautizado con su nombre.

En 1945, el deporte de Cali se limitaba a dos equipos de fútbol, América y Boca Junior, que ya acumulaban una intensa actividad que les permitiría, en 1948, asistir al primer campeonato profesional de fútbol, que organizaron en Bogotá, dirigentes barranquilleros encabezados por Humberto Salcedo Fernández, Salcefer.

Jaime Aparicio Rodewalt, el más importante atleta vallecaucano de los años pioneros.

En ese entonces, el estadio Pascual Guerrero era la sede del fútbol, que ya tenía visos de profesional. Los colegios, entretanto, realizaban intensos torneos deportivos e intercambios, que se complementaban con algunos organizados entre los barrios.

La única entidad que se refería al deporte y a la educación física era la Comisión Departamental de Deportes, dependencia de la Secretaría de Educación del Valle.

Si existía un común denominador en la vida deportiva de Cali, era la desidia que caracterizaba las pocas programaciones serias que se cumplían. Apareció entonces un grupo de personas, lideradas por Alberto Galindo Herrera, quienes bajo el lema «Vamos a hacer algo, pero bien hecho», dieron inicio a la bonanza deportiva del Valle, que lo convertiría en la primera potencia del deporte colombiano, en particular en los Juegos Nacionales. Acompañaban a Galindo Herrera, Pepe Piedrahita, Moreno Mosquera, Enrique Ortiga Sanclemente, Howard Burroes, Manuel Carvajal Sinisterra y Jaime Carvajal, fundador de la empresa que lleva su nombre.

Jaime Aparicio Rodewalt, el más importante atleta vallecaucano de los años pioneros.

El secreto de los dirigentes fue el acertado uso de los pocos escenarios deportivos existentes, y una alta capacidad de trabajo, combinada con disciplina y orden.

El estadio Pascual Guerrero, para fútbol y atletismo; el Club Popular, con una piscina de 33 metros con 33 centímetros, denominada semiolímpica; las canchas de los clubes San Fernando y Campestre, y las de los colegios, en particular el Berchmann, el San Librada y el Yanaconas, eran los lugares frecuentados por los jóvenes, para las competencias deportivas.

El atletismo y la natación pegaron con facilidad entre los caleños. Pero para adelantar las programaciones, era necesaria la ayuda de todos.

En la labor de organización de competencias, Galindo, los dirigentes que lo acompañaban y los propios atletas, tenían que hacer de señalizadores, jueces, deportistas y periodistas.

Los atletas, inicialmente marcaban la pista de carbonilla del estadio para la realización de las competencias. Después, tomaban los registros; por ejemplo, mientras corrían los velocistas, los semifondistas y fondistas les servían como cronometristas, o cuando se realizaban pruebas de campo, quienes estuvieran disponibles, debían hacer las mediciones.

Una vez terminada la programación, reunían la información y la llevaban a los medios de comunicación, para su divulgación.

Esta disciplina les valió a los deportistas vallecaucanos un reconocimiento. Antes de 1950, algunos fueron incluidos en selecciones nacionales al exterior, por haber ganado las respectivas casillas.

Aspecto de la inauguración de los Juegos Nacionales, en 1954, en el estadio Pascual Guerrero, de Cali.

Uno de ellos fue Jaime Aparicio, convocado en los equipos colombianos que participaron en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, de 1946, y en los juegos bolivarianos de Lima, Perú, en 1947. Su primera victoria internacional, en Lima, creó el mejor ambiente para el gran objetivo de Cali ese año: conseguir la sede de los Octavos Juegos Nacionales, que se otorgaría durante los séptimos, que tendrían lugar entre enero y febrero de 1950, en Santa Marta.

Con esa meta, se empezaba a construir el futuro del deporte vallecaucano y colombiano, por las implicaciones que tuvieron las ejecutorias futuras, en el desarrollo nacional, temas que trataremos en futuras publicaciones de la Revista Olímpica del Comité Olímpico Colombiano.

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