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Polémica. La Norma 50: ¿inentendible, inaplicable o indefendible?

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Por Guillermo González López

Presidente Academia Olímpica colombiana

Anthony Zambrano, en frente de las cámaras que transmitían al mundo la ceremonia de premiación de los 400 metros planos, de los Juegos Olímpicos Tokio 2020, recibe la medalla en sus manos, se santigua y se la cuelga con una vibrante emoción.

Unos días antes, Carlos Ramírez, doble medallista de bronce en los Juegos Olímpicos, recibía su presea y la llevaba a su frente, a su corazón y a sus hombros. Le mostraba al mundo su hazaña y la dedicaba a su creador. No estoy seguro si en Rio de Janeiro, tuvo el mismo gesto, pero, muy seguramente, allí y en las múltiples ocasiones en que pisó un podio, lo habrá reiterado[GLG1] .

También vi a alguna atleta de algún país islámico poner reverentemente su frente en el piso, y agradecer a Alá por la actuación que acababa de cumplir. Oró allí en el escenario olímpico, que acababa de ser testigo de su actuación.

Varios jueces, especialmente de los torneos de fútbol, aunque algunos también sobre el ring de boxeo, iniciaban o terminaban su trabajo con el signo de la cruz. Allí, en donde vimos ganador a Yubergen, un juez se persignaba, buscando en su acto de fe, un buen desempeño.

Raven Saunders. Foto: El Nacional.cat

Raven Saunders, atleta de los Estados Unidos, fue investigada por el COI por sus brazos cruzados en el momento de recibir su medalla de plata en lanzamiento de peso, gesto que significaba “la intersección en la que se encuentran todos los que están oprimidos”. Los casi 20 metros de su lanzamiento le permitieron subir a un podio para expresar su mensaje.

Si nos salimos de Tokio 2020, son muchas las historias que habría que contar. Muchos atletas se signaron, se santiguaron y se persignaron en las canchas, pistas, rings, pedanas, aparatos, fosos, piscinas, etc. Sin embargo, la más celebre y comentada, sucedió en México 1968, cuando dos atletas negros, Tommie Smith y John Carlos, medallistas de oro y bronce en los 200 metros, subieron al podio a recibir sus medallas y allí empuñaron su mano levantada, para simbolizar el entonces denominado poder negro.

Tommie Smith y John Carlos, derecha, en México 1968.

Este gesto, que les significó dos consecuencias paradójicas: la primera, la expulsión del equipo americano de los Juegos Olímpicos, con la correspondiente pérdida de sus medallas y por el otro lado pasar a la historia olímpica. Lo que en su momento fue calificado por la prensa norteamericana como “angrier, nastier, uglier», es decir, «más enojado, más desagradable, más feo», en paradoja con “más rápido, más alto, más fuerte” (lema olímpico) y la segunda, recibir abusos, insultos y hasta amenazas de muerte, hoy es visto con una óptica radicalmente diferente.

Avery Brundage, quien en ese momento ocupaba la silla que en el COI hoy ocupa Thomas Bach, no se inmutó cuando en todas las ceremonias de los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, se uso con reiteración y complacencia el saludo nazi. Muchas delegaciones, incluida la de nuestro país, lo usaron como una expresión normal, que además trascendió a ceremonias deportivas locales, incluidas aquellas de índole escolar.

¿Pero, cuál es la razón para tocar en este artículo el tema de las manifestaciones religiosas y políticas en los Juegos Olímpicos?

La razón es simple: la muy discutida Regla 50, párrafo 2 de nuestra Carta Olímpica:

No se permitirá ningún tipo de manifestación ni propaganda política, religiosa o racial en ningún emplazamiento, instalación u otro lugar que se considere parte de los emplazamientos olímpicos.”

El podio, definitivamente es un “emplazamiento olímpico”, en el momento de las ceremonias de imposición de medallas, es el sitio al que por excelencia se le aplica esta norma. Es allí, en donde suelen aparecer, con mayor y más calificada audiencia, las manifestaciones previstas en la norma.

Sí, ese momento sublime del podio, allí donde los atletas son honrados con las preseas y con las banderas de sus países de origen. Allí donde el vencedor escucha su himno nacional, con emoción, respeto y orgullo patrio. El sitio al que aspiran a llegar los atletas de los 205 países participantes y del equipo de refugiados. Pero…, ¿no son acaso los himnos y las banderas una representación de la división política de nuestro planeta?… ¿no son, por lo tanto, una manifestación política y una propaganda a las naciones de los vencedores?… ¿no es el equipo de refugiados una opción política, afortunada, por cierto, ante un mundo en conflictos?

De seguro, no pasó por las mentes de Anthony y de Carlos la idea de que, con el signo de la cruz, corrían el riesgo de ser sancionados y despojados de sus preseas. No estuvo en la cabeza de nadie. Era impensable, así estuviese claramente explícito en la Carta Olímpica.

Descontadas estas sentencias podríamos afirmar con poco riesgo de error, que se ha violado la mencionada norma 50, cada vez que en la historia de los Juegos Olímpicos se izaron banderas y se escucharon himnos nacionales en las ceremonias de imposición de medallas a los atletas vencedores. Así se hayan signado o no con la señal de la cruz…

Foto: www.bing.com

La historia, entonces, parece sugerir que las manifestaciones prohibidas en el podio y en otros “emplazamientos olímpicos” son solo aquellas que se oponen a lo establecido. Puede leerse con suspicacia que la norma no se refiere a manifestaciones, sino a protestas. Son estas las censurables, las punibles.

La polémica sobre la aplicación de la norma es siempre evidente y esperable. Es constante la objeción. La discusión suele rondar por lo que puede calificarse como manifestación o propaganda, pero más aún sobre cuando la una o la otra son de carácter político, religioso o racial. El COI, entendiendo las dificultades de la aplicación de la norma, propició recientemente y a través de su Comisión de Atletas una encuesta con atletas olímpicos, para así escuchar la voz mas autorizada al respecto. Los resultados fueron en algunos casos sorprendentes.

Un número importante de ellos apoya la restricción. Otros se manifiestan contrarios. Hay que anotar, sin embargo, curiosos elementos que deben tenerse en cuenta al interpretar los resultados. Por una parte, la selección de la muestra incluía atletas olímpicos de edades avanzadas, que participaron en Juegos hace varias olimpíadas, además, una concentración, extraña por excesiva, de atletas de un país en particular y con un sistema social de carácter radical. De otro lado, las preguntas se referían en algunos casos a la preferencia o no del atleta de tener una ceremonia de premiación libre de interferencias que estropearan su momento de gloria, ante lo cual, las respuestas podrían interpretarse como inducidas.

Por lo tanto, la discusión no termina. La norma, vigente completamente tiene el riesgo de la exégesis, pero más aun el de su aplicación a discreción y gusto del COI. Los atletas, los oficiales y los equipos de juzgamiento en los Juegos Olímpicos siguen siendo sujetos de investigación y de posibles sanciones, sin mayores posibilidades de defensa ante una norma, sin tanto sentido como sí claridad en su redacción.

Hemos encontrado así, que es prudente y necesario escuchar la voz de los atletas colombianos, respecto de la discutida norma. La Academia Olímpica Colombiana está iniciando un proceso investigativo, con el objetivo de “analizar la participación y las percepciones de los y las atletas colombianos/as frente a la encuesta realizada por la Comisión de Atletas del COI. relacionada con la Recomendación a la Regla 50, párrafo 2 de la Carta Olímpica, así como sus comentarios frente al resultado obtenido mediante la misma.

Se buscará así mismo “analizar la representación y participación de los atletas colombianos en el Movimiento Olímpico internacional y nacional, así como en sus procesos decisorios.”

La muestra incluirá los atletas participantes en Tokio 2020 y en las últimas versiones de los Juegos del ciclo olímpico, juegos Bolivarianos, Suramericanos, Centroamericanos y Panamericanos, así como exatletas olímpicos. Escucharemos además opiniones de entrenadores, jueces y personal técnico.

Lo que hoy ya parece inevitable es la revisión de la Carta Olímpica. Ya en versiones anteriores se pretendió afectar el texto de la regla 50, sin mayores consecuencias. La voz de los atletas debe ser tenida en cuenta en este propósito. ¿Cuál es el camino? ¿Generar una redacción con escenarios más objetivos y aplicables o retirar una norma inentendible, inaplicable y por lo tanto indefendible?

Los atletas colombianos pronto expresarán su opinión.

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