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Pioneros. En Usaquén nacen los ecuestres en Colombia

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Los inicios de los ecuestres en Cundinamarca y Colombia, se remontan a principios del siglo XX, pero su desarrollo avanza en los años cincuenta.

Antes de 1920, fue creada la primera academia ecuestre de Colombia, por el inglés Willy Alfred Sachse, en un sector aledaño al cementerio central de Bogotá, que pronto debió trasladar a otro lugar, localizado en Teusaquillo, en potreros de la hoy calle 48 con carrera 16, en donde permaneció hasta 1930. En ese año, su propietario decide buscar predios por fuera de Bogotá y adquiere la Hacienda Jauja, al noroccidente, colindante con extensas fincas como El Campín, el Chicó y los Campos del Polo Club. Este predio se convertiría con el paso de los años, en la Escuela General Santander, localizada según la nueva nomenclatura en la calle 80 con carrera 24, de Bogotá.

En este escenario se realizaron las más importantes programaciones la mayoría de ellas benéficas de los años 30 y 40, en coordinación con el Hipódromo de Bogotá, construido en el sector que posteriormente ocuparían el barrio Galerías y el estadio El Campín. Luego serían construidos otros campos, como el picadero de la Escuela de Cadetes de San Diego.

Pero fue en municipio cundinamarqués de Usaquén, en donde nacieron los ecuestres en Colombia, como deporte de competencia.

“Si es cierto que las actividades ecuestres realizadas hasta terminar la década de los años cuarenta contribuyeron en buena parte a fomentar la afición hípica, también lo es que la década de los cincuenta, constituyó, sin lugar a dudas, el despegue definitivo en forma técnica y organizada de la equitación colombiana y que la cuna de ella fue la Escuela de Caballería de Usaquén, municipio de la provincia, cercano a Bogotá.

Mario García y García, ex presidente del COC, en Apuntes de nuestra historia hípica, publicado en la revista Segundo Anuario de la Federación Ecuestre de Colombia, 1986, escribe: “Si es cierto que las actividades ecuestres realizadas hasta terminar la década de los años cuarenta contribuyeron en buena parte a fomentar la afición hípica, también lo es que la década de los cincuenta constituyó, sin lugar a dudas, el despegue definitivo, en forma técnica y organizada de la equitación colombiana, y que la cuna de ella fue la Escuela de Caballería de Usaquén, en donde unos pocos, pero distinguidos oficiales de esta arma, fueron artífices incuestionables de esta magnífica labor. Por eso, desde entonces, todos los equitadores tenemos a la Escuela de Caballería como el alma mater de la equitación colombiana”.

El Mayor Víctor Olaya y los oficiales de caballería Jesús Velásquez y Álvaro Quijano, son considerados los padres de los ecuestres en Colombia, luego de terminar estudios en la Academia de Equitación de Quillota, en Chile, y de recibir los títulos como maestros de equitación.

A los tres militares mencionados, les siguieron, también en la Escuela de Caballería del Municipio de Usaquén -incorporado a Bogotá en 1954- deportistas como los capitanes Virgilio Aragón, Carlos Amador, Gabriel Puyana, Pedro Nel Vidal, Miguel Contreras y Roberto Perea, y los tenientes Hernando Torres, Héctor Rodríguez, Darío Sosa, Héctor Suárez, además de los civiles Carmen Tamayo, Beatriz Pinzón, Cecilia Rocha, Helena Dulcey, Adelaida Uribe, Dora Aya, John Peñalosa, Carlos Vanegas, Carlos Tafur, Hernando Macías, Gustavo Argaes y Mario García y García.

“Inolvidable fue aquella época en que a las 6:00 de la mañana estábamos todos, oficiales y civiles, esperando la orden de montar que daba el Mayor Olaya, para ingresar al picadero a recibir la clase que este nos dictaba. Invariablemente un día a la semana había ‘salto a la mano’ y los sábados, cuando no se hacía ‘una pista’, teníamos un recorrido por los cerros de La Calera, teniendo que subir y bajar por la tenebrosa pista del cabro, llena de obstáculos fijos  espectaculares pignerolos”, agrega García y García.

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