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Opinión. Nos adaptamos al cambio o no sobreviviremos

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Luis Felipe Contecha Carrillo
Miembro Academia Olímpica Colombiana
Profesor Universidad del Tolima

Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador, que paraliza todo a su paso; … nos encontramos asustados y perdidos…. Nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. (Papa Francisco, 2020)

Son días en los que estamos llamados a recurrir a la mesura, a la creatividad, pero, sobre todo, a la capacidad de los seres humanos para adaptarnos a las circunstancias. Charles Darwin, en La Evolución de las Especies  dice que sobrevivirán a los cambios no las especies más inteligentes ni las más fuertes, sino aquellas que posean la mayor capacidad para adaptarse. 
En ese sentido, en este 2020, de repente estamos enfrentados a la realidad que nos conmina a demostrar la capacidad de los seres humanos para adaptarnos a circunstancias  inpensables, inesperadas, relacionadas con la economía, con las relaciones políticas, familiares, sociales, educativas, didácticas y, más aún, al hecho de evitar el contacto social, es decir, a relacionarnos cara a cara. ¿Quién lo creyera? Pues bien, no es cuestión de creencias, es una realidad: a menos relaciones entre las personas, más bienestar y más posibilidades de sobrevivir.

Pero es una supervivencia en un sentido, que abarca todas las posibilidades de existencia. En el caso de nosotros, los docentes, es un llamado universal que nos interroga, un llamado extraño, un llamado a pensarnos fuera del espacio académico cotidiano: de repente nos vimos en la necesidad de citarnos y encontrarnos en circunstancias y espacios medidados por entornos virtuales de aprendizaje, conocidos para algunos, amigables para otros, divertidos para otro tanto, pero, hay que decirlo, desconocidos para la mayoría de los docentes que hemos contemplado estos entornos con otras miradas, más no, como la única para desarrollar las actividades cotidianas y profesionales.

Por lo anterior, en ese proceso que convoca a profesor-alumno, los diferentes actores nos vemos avocados al reto de demostrar la capacidad de adaptación, a una metodología que nos está develando que los caminos, los procesos, los tiempos, los espacios, la evaluación, los contenidos y la comunicación deben ser contemplados, no de otra manera, sino adaptados a las circunstancias, es decir, a lecturas adecuadas del contexto y a responder positivamente a las necesidades de la población, en circunstancias totalmente insólitas.   

El ejemplo para las instituciones educativas viene de la moda, de los industriales, de los investigadores, de algunas universidades, del campo de la manufactura, algunos de ellos dejaron de fabricar su producto estrella, comprendieron que las exigencias de la población eran otras y no demoraron en contraerse, en reestructurarse y en sacar al mercado lo que era necesario para sobrevivir.

Cada uno de nosotros en la particularidad del oficio, de la profesión o desde la posición en que nos encontremos, poseemos diferentes miradas, pero, lo que sí es cierto es que la particularidad nos debe permitir un obrar en bien de la generalidad, es de decir, el bien de la sociedad y/o la comunidad universitaria.

Cada uno de nosotros tendrá una percepción diferente frente al reto que nos impuesto la pandemia, pero todos tendremos que actuar de la misma manera, para sobrevivir cuando la pesadilla haya terminado y el mundo sea diferente: o nos adaptamos al cambio o no sobreviviremos.

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