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Memoria. La doble consagración del béisbol

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A raíz de la medalla de bronce obtenida por Colombia, en el Mundial U 23 de Béisbol, que terminó el domingo pasado, en Hermosillo, México, vale la pena recordar las dos consagraciones colombianas en este certamen, pero de la categoría de Mayores, en los mundiales de 1946, en Barranquilla, y de 1966, en Cartagena.

Integrantes del la novena colombiana que ganó el primer título mundial de béisbol, en 1946, en Barranquilla, comandada por Carlos Petaca Rodríguez.

En diciembre de 1946, Barranquilla fue sede de los V Juegos Centroamericanos y del Caribe, hasta ese momento el más importante certamen deportivo realizado en territorio nacional.

Durante el certamen ocurrieron dos hechos importantes para el béisbol colombiano: la construcción del primer diamante, con las especificaciones técnicas internacionales, y la primera conquista mundial de Colombia, porque las autoridades internacionales decidieron darle esa categoría a la contienda centroamericana.

A pesar de los cuatro años extras que tuvo Barranquilla para construir los escenarios de los V Juegos Centroamericanos y del Caribe, por el cambio de 1942 a 1946, algunas obras no estuvieron listas.

El mayor dolor de cabeza fue el estadio de béisbol, que cuatro meses antes del comienzo de la justa no existía. El problema lo solucionaron las administraciones municipal y nacional, que se unieron para edificar un recinto suficiente para el torneo. Las obras se iniciaron el 23 de agosto de 1946 y terminaron 92 días después, el 25 de noviembre, 13 días antes del comienzo del certamen, y dan lugar al posteriormente denominado estadio Tomás Arrieta.  

Tres hechos inéditos caracterizaron esta quinta celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. El primero, la fecha, del 8 al 28 de diciembre, inusual para un certamen múltiple internacional. El segundo: por primera vez, la sede es una ciudad no capital de un país. Y el tercero, su llegada a Suramérica, luego de haberse realizado las anteriores versiones, en naciones de Centroamericana.

Trece banderas ondean  el día de la inauguración, tres más respecto de las que estuvieron en Panamá, ocho años antes, que fueron: Colombia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Jamaica, México, Panamá, Puerto Rico y Venezuela. Guatemala regresa y Trinidad y Tobago, República Dominicana y Curazao (en esa época una de las Antillas Holandesas) hacen su estreno. Nicaragua fue el único país afiliado a la Odecabe, que no asiste.

El número de atletas también se elevó: 1.540 (294 mujeres), la cifra más alta de países y de competidores, desde su creación, 20 años antes.

Arturo Petaca Rodríguez.

Colombia obtuvo cinco medallas de oro, tres individuales, dos a cargo del nadador Luis E. González y una del golfista Enrique Samper Brush, y las otras dos en deportes de conjunto: béisbol y fútbol.

Durante los Quintos Juegos Centroamericanos y del Caribe, de Barranquilla, se registró otro hecho pionero en la historia del deporte colombiano. Dentro de las conquistas de los colombianos se destacó el título del béisbol, alcanzado por una selección conformada en su totalidad por jugadores de la región caribe colombiana.

El significado del resultado va más allá del área centroamericana. Días antes de terminar la serie, la Asociación Internacional de Béisbol determinó reconocer este evento como el campeonato mundial de 1946, por la presencia de equipos provenientes de la región en donde mejor béisbol se jugaba, a saber: Cuba, Puerto Rico, Costa Rica, República Dominicana, Panamá, México, Venezuela y Colombia. Por esta razón, la victoria lograda en esos juegos se constituye en el primer título mundial obtenido por Colombia en un deporte de conjunto. 

La novena anfitriona se proclamó campeona luego de vencer a Cuba, 1-0; a Puerto Rico, 9-2; a Costa Rica, 13-0; a República Dominicana, 2-0; a Panamá, 6-0, y a México, 7-1, y perder ante Venezuela, 5-2, en al ronda eliminatoria.

En las finales superó a Cuba, 2-0, y empató 1-1 ante República Dominicana. Estos marcadores dieron como resultado un empate en el primer lugar entre colombianos y dominicanos, lo que obligaba a un partido extra de desempate, que fue programado para el 28 de diciembre, a las 2:00 de la tarde.

Sin embargo, directivos de la delegación dominicana anunciaron que no jugarían ese partido extra, porque el viaje de regreso estaba programado con anticipación para la víspera, y que no abordar dicho vuelo implicaría cancelar 5.000 dólares por un expreso. En efecto, el 27 de diciembre, los dominicanos partieron de Barranquilla. El 28, a la hora señalada, Colombia ganó el título, ante la ausencia de su rival. 

Parte de la delegación nacional, que ganó en 1966, el segundo título mundial de béisbol, en Cartagena.

Segundo título, en 1966

En febrero de 1966 ocho delegaciones fueron protagonistas del certamen, que contó con la presencia de delegaciones de República Dominicana, el campeón defensor, Puerto Rico, Guatemala, México, Nicaragua, San Salvador, Antillas Holandesas, Panamá y Colombia, que comenzaron el 12 de febrero en Cartagena, la XVI Serie Mundial de Béisbol Aficionado.

Desde sus primeras presentaciones, Colombia y México se insinuaron como los equipos más fuertes. Los manitos abrieron su participación estableciendo una marca mundial de ponches, el 13 de febrero. Los mexicanos, en efecto, por intermedio de su lanzador Luis García, poncharon a quince bateadores de Aruba en el juego inaugural, y quebraron el registro orbital que estaba en poder del cubano Jiqui Moreno, con 14, desde 1964. El juego lo ganó finalmente México, 6‑0.

Colombia, como le sucedió a México, debió abrir con Aruba, el domingo 14 de febrero. Su triunfo 3‑0 no generó mayor entusiasmo, por la debilidad del rival, que no permitía formar una idea completa del conjunto orientado por Tony Pacheco. Las carreras fueron anotadas por Milcíades Mejía, en la segunda entrada, y Luis de Arco y Esteban Bonfante, en el quinto. El lanzador ganador fue Rafael Castro.

Colombia ganó su segundo juego el 15 de febrero, por un marcador concluyente de 15‑1 sobre El Salvador. En el primer episodio, la ventaja ya era de 4‑0, por carreras de Luis de Arco, Wilfrido Ramírez, Milcíades Mejía, Ubaldo Salinas. En el segundo se lograron tres anotaciones más por De Arco, Oscar Luis Gómez y Wilfrido Rodríguez. En el tercero, la única carrera fue salvadoreña, por intermedio de Joaquín Mixto, el mejor bateador del equipo. Tres carreras más llegaron en el cuarto, por cuenta de Gómez, Mejía y Salinas. Los dos siguientes llegaron en el sexto, por Rodríguez y Mejía. De Arco y Ramírez anotaron en el séptimo, y Aguirre en el octavo. El lanzador ganador por Colombia fue Ascención Díaz.

México, entre tanto, vencía a Panamá, 2‑1, conservando el primer lugar del certamen, con un promedio de 1.000 en sus tres apariciones. Hasta ese momento se le consideraba el conjunto más opcionado al título; Colombia y República Dominicana le seguían.

A costa de Panamá alcanzó Colombia su tercera victoria en el Mundial, 2‑1, en juego cumplido el 16 de febrero. Corpas fue el autor de la primera carrera en el quinto episodio; Salinas, en el séptimo, anotó la segunda. Actuó como lanzador por Colombia, Arthur Forbes.

Debido a que México no jugó en esta jornada, Colombia lo igualó en las posiciones con promedios de 1.000 en las tres intervenciones cumplidas por los dos conjuntos. La gran sorpresa parecía causarla el equipo de Puerto Rico, que acumuló su tercera victoria en cuatro apariciones, y quedó como único acompañante de Colombia y México en el liderato.

El 17 de febrero se produjo un revés para Colombia, que bajó sus dividendos en favor de Puerto Rico, su verdugo, que parecía incontenible. La cuenta final fue de 3‑2 en favor de los isleños, quienes con este resultado pasaron al segundo lugar, detrás de México, y enviaron al cuarto a los locales.

Colombia ganaba a Puerto Rico 2‑0 al final del cuarto episodio, pero errores cometidos en el quinto, en el sexto y en el octavo, otorgaron la ventaja definitiva al rival.

El resultado adverso no eliminó la esperanza de conquistar la corona mundial; los colombianos, por el contrario, reanudaron su partipación al otro día, con una contundente victoria, 9‑0, ante Guatemala. Las carreras fueron anotadas, cinco en el segundo asalto, una en el tercero, y las restantes en el quinto. Fue lanzador ganador el novato Isidro Herrera, quien se insinuaba como revelación del torneo a pesar de sus escasos 18 años de edad.

México no detuvo su marcha en el lance contra el embalado Puerto Rico; ganó el juego ampliamente, 7‑3, y prosiguió su camino hacia lo que se consideraba sería un paseo que concluiría con la consecución del galardón. La quinta victoria colombiana se logró a expensas de Nicaragua, el 19 de febrero, por marcador de 4‑0.

La única forma de que nuestro país desmontara a México y obligara a una miniserie extra, era ganándole el 20 de febrero el crucial juego que debían sostener. Así sucedió; el conjunto criollo venció 5‑4 en emocionante encuentro, que tuvo en Ascención Díaz el lanzador ganador, en una tarde memorable.

República Dominicana sería el juez supremo, porque debía enfrentar a los dos equipos punteros, en sus últimos juegos. Primero pasó Colombia, y ganó 3‑2, el 21 de febrero; al otro día estaba previsto el juego de los dominicanos con los mexicanos. De ganar los primeros, Colombia sería el campeón; de suceder lo contrario, se haría necesario adelantar dos juegos para romper la paridad.

México ganó el partido, 3‑1, y el torneo terminó igualado entre manitos y locales, con sendos promedios de .875.

Isidro Herrera, el juvenil héroe de Colombia, en el Mundial de Béisbol de 1966.

El 26 de febrero empezó la pequeña serie entre Colombia y México, en medio de un impresionante interés en todo el país, que miró desde los rincones más escondidos hacia el estadio Once de Noviembre, en donde se proclamaría un nuevo campeón mundial de béisbol aficionado.

El día programado, a las 8:30 p.m., comenzó el primer juego, en un escenario cundido de aficionados venidos de las más importantes ciudades de la costa norte y de pueblos y veredas vecinas.

Pero México congeló las esperanzas colombianas al ganar el primer juego 4‑2. Los aztecas anotaron las dos primeras carreras en la conclusión del cuarto episodio, por intermedio de Bernardo Calvo y Jesús Patiño. Jesús Calvo y David García, en el siguiente, aumentaron a 4‑0 la diferencia. Colombia anotó sus dos carreras en la novena entrada, por parte de Guillermo Rodrígues y Tomás Moreno, poco antes de desatarse una bronca por la decisión del árbitro de no validar una tercera anotación colombiana.

Con muy publicitadas amenazas de demanda del juego perdido ante México, por parte de Colombia, y que no se concretaron, se inició el segundo encuentro el 26 de febrero, que le representó a nuestro país un gigantesco paso hacia el título, al ganar inobjetablemente 11‑5, bajo la guía de Rafael Castro desde el montículo. Tres carreras anotó Colombia en el primer episodio, por intermedio de Corpas, Tomás Moreno y Oscar Luis Gómez; en el tercero aumenta Guillermo Rodríguez; y en el cuatro, Austin. De ahí en adelante, Colombia conserva el control del juego, y a pesar de ceder cinco carreras _2 en el quinto, y las restantes en el noveno_, consigue aumentar la cuenta a 11, con 5 carreras en el sexto y una en el octavo.

El 27 de febrero, a las 4 de la tarde, se da comienzo al juego crucial de la serie, que llama la atención nacional porque las posibilidades del conjunto local son amplias, visto el desarrollo del segundo encuentro de desempate.

Colombia ganó 4‑0 y se proclamó por segunda vez campeón mundial aficionado, conducido por un juvenil que no era el lanzador estrella, pero que se reveló como una auténtica promesa: Isidro Herrera, quien vapuleó a los mexicanos, especialmente después del quinto asalto.

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