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Medio ambiente. Una razón universal (1)

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Fabio Alfredo Navarro Pasquali, Filósofo de la Universidad Nacional, Abogado de la Universidad Libre de Colombia, Especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre, Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha elaborado escritos y artículos como: Descartes y la Historia del Escepticismo; Deuda Externa Latinoamericana y Un Nuevo Orden Económico internacional; Aproximación al sistema judicial 1823-1830. Continuidades y Rupturas; Corte Suprema de Justicia en la República liberal. Una Corte de Oro

Introducción.

Los términos de una razón universal estableciendo las condiciones de existencia del Estado y del hombre en una relación de sujeción política primaban y el ser humano era reivindicado como sujeto de derechos fundamentales atribuibles a su condición de ciudadano, perteneciente a una sociedad en particular. Sin embargo, la condición de ser humano como ser–especie, como una más en la tierra, no se garantizaba, no era clara tal categoría de pensamiento político ni su condición de derecho fundamental en sí mismo considerado. La explotación del planeta quedó signada como ejercicio de poder, sin un reconocimiento expreso del ciudadano común universal.

Entre el 5 y el 6 de junio de 1972 se lleva a cabo en Estocolmo la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el medio ambiente humano,   en el que se alcanzaron acuerdos sobre veintiséis principios que parten de afirmar como razón fundamental, la manifestación de una voluntad universal que declara la vida como premisa sobre la cual se plantea el medio ambiente humano, en función del nuevo postulado de reflexión – acción.

Proclama esta Conferencia, veintiséis principios, con los cuales, no solo reúne el sentir de esa representación universal, sino que permite recordar el trazo del pensamiento, que siglos antes había sido planteado   por filósofos, como Leibniz y Kant, que, desde sus lecturas de la propia realidad pretendían la consolidación de una cierta razón universal, como única posibilidad para la armonía entre las naciones.

Medio ambiente y deporte, una cierta razón universal.

Si bien puede hablarse de un pensamiento universal, que avizoraba el futuro del ser humano en mejores condiciones de vida, no puede contarse como esfuerzo, en la dirección de abocarse a la tarea de ejercitar la razón en función del ser humano como especie en un medio natural, que habría de atender sus necesidades y las de las siguientes generaciones.

El problema radica en el tipo de pensamiento que pretende la universalidad, no es posible pensar que ejercer el poder sobre otras naciones en beneficio de un Estado sea el camino para lograr el bien común, por el contrario, se deslegitima la pretensión universal del bienestar. Sin embargo, los esfuerzos de Leibnitz y Kant sí cuentan como antecedente válido, en términos de la búsqueda de elementos comunes que hicieran posible la paz y la vida en general.  

En ese mismo sentido, y en la búsqueda de elementos constitutivos de un pensamiento universal que se dirigiera a tal propósito, entendiendo la intención más allá de las apetencias de la guerra o el posicionamiento de una nación o naciones sobre otras, reconocer al ser humano como centro de reflexión en y para la vida presente y futura como parte integral de un mundo natural que debía mantenerse como eje de tal voluntad, resultaba y resulta significativo.

Los Acuerdos como el precitado de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano , en Estocolmo, el 16 de junio de 1972, o la Cumbre para la tierra Conferencia sobre Medio Ambiente y el desarrollo, en Rio, del 3 al 14 de junio de 1992 se pueden entender como ejercicios que recaban las bases de un tipo de pensamiento con alcances de universalidad, de la cual se obtienen proyecciones importantes en la trazabilidad, de una razón universal cuyo horizonte debe afirmase en diálogos sobre medio ambiente protegido, derechos intergeneracionales e inter especies.  La condición de ser humano como ser–especie, una más en el planeta tierra, por lo menos se vislumbra y se hace fuerte, se garantiza tal categoría de pensamiento político y su condición de derecho fundamental en sí mismo considerado.

Conferencia de las Naciones Unidas sobre el medio ambiente humano,, 5 y 6 de junio de 1972, en Estocolmo, Suecia.

Deporte, multitud e industria.

Deporte, recreación y aprovechamiento del tiempo libre son actividades que a lo largo del siglo XX adquieren particular importancia, y llegan a constituirse en derechos reconocidos, como en el caso de Colombia, en dónde, a partir de la Constitución Política de 1991 y del desarrollo jurisprudencial de su Corte Constitucional a través de distintas sentencias ha señalado un largo camino de afirmación jurídica de tales actividades y establece su carácter de fundamental.

El carácter fundamental resulta de particular importancia, porque lleva al escenario vital del ciudadano, actividades consideradas de poca importancia, en  concepciones socio históricas tradicionales. Sin embargo, en el transcurso de los siglos XX y XXI adquieren desarrollo no solo en términos de formación del ser humano, sino que igual generan espacios lúdicos y deportivos asociados a trabajo y otras tantas actividades, que bien pronto amplían el ámbito humano de los derechos fundamentales en el deporte y el ocio.

El amplio espectro deportivo–recreacional se constituye en núcleo fundamental recuperado para la vida humana en general. Pero resulta que ese espacio dispuesto desde la orientación como derechos se convierte en un lugar propicio para el mercado de empresas dedicadas a la producción de implementos deportivos y otros tantos productos, que se convierten en sustanciales para esos nuevos-viejos escenarios.

El deporte, la recreación e, incluso, el aprovechamiento del tiempo libre son actividades que ampliaron el espectro de producción de instrumentos adecuados y ajustados a las necesidades, de quienes en ejercicio de tales derechos demandan implementos que permitan y optimicen sus respectivas prácticas, esto es, el establecimiento de emporios industriales de alta sofisticación, cuya producción demanda la implementación de procesos industriales que generan algún tipo de desajuste ambiental.

Pese a las circunstancias anotadas, el deporte, y, en particular, el de alta competencia y rendimiento se consolidó en las décadas finales del siglo XX, como espectáculo de masas, que fervientes asisten a estadios y demás escenarios deportivos, a seguir el desenvolvimiento de sus deportistas en los distintos escenarios nacionales o internacionales o a través de la televisión y otros medios.

Foto: www.mividaescorrer.com

La multitud tiene rostro, siente, sonríe, llora y su historia hace camino.

No bastan, entonces, los lineamientos trazados para las distintas competencias, sino que se incorporan las multitudes en términos presenciales y virtuales, con la consiguiente red de servicios para la debida atención de esas masas, que en función de su afición se convierten en usuarios de distintos servicios, eso, en si mismo considerado, no tiene mayor dificultad, salvo por las implicaciones  ambientales que surgen de tales movimientos en términos de la relación consumo–residuos.

El deporte, según Jean – Marie Brohm, en el texto Sociología Política del deporte es una forma asociativa con características propias de la sociedad, en la cual se instaura desde comienzos del siglo XX, esto es, un modelo cuyas bases en general se asientan en criterios democráticos de asociación, que bien pronto se convierten en leyes regulatorias y en formas asociativas: clubes, ligas, federaciones que a su vez conforman la base de interactuación, en competencias que reúnen a deportistas de distintas categorías y se entrelazan a través de resultados, para converger en juegos nacionales, centro americanos, suramericanos, panamericanos, mundiales y olímpicos.

Pese a lo democrático del ejercicio deportivo en los términos de Brohm, resulta importante señalar que la multitud, parafraseando a George Rudé, en su obra La multitud en la historia, no aparece como sujeto a destacar. Tal categoría pasa inadvertida, y su peso histórico no es fácilmente reconocido ni evaluado, cuando es parte sustancial en tal contexto.

Las multitudes de distintas naciones y pueblos que siguen a sus deportistas constituyen no sólo la base fundamental de la puesta en escena deportiva, sino que su activa participación, signada por el amor a sus emblemas, insignias, equipos y deportistas, constituye la base de un amplio mercado de implementos ,con los cuales se establecen condiciones de identidad con sus respectivas representaciones.

Se es fanático, en tanto se manifiesta el amor por una divisa nacional, local, club deportivo, deportista y, en general, por todo aquello que represente una forma de ser identificada como propia y permita entender pertenencia a unos colores, una simbología y formas de pensar y de actuar. No se puede estar en un escenario al borde de una hazaña deportiva sin tener en la mano o en el cuerpo, en general, prendas o accesorios que identifiquen y permitan el re–conocimiento entre pares.

La multitud, como lo aclara George Rudé, no es una masa informe sin rasgos distintivos. Por el contrario, se encuentran elementos constitutivos de unidad y filiación, circunstancias que se advierten claramente en las manifestaciones multitudinarias de carácter deportivo. No se trata de una simple aglomeración de personas vociferantes, sino de ciudadanos que tienen ideales en común, sentido patrio, colores deportivos, expresiones cultural–regionales, equipos del alma, etc.

En las observaciones que trae, el autor citado señala la necesidad de estudiar y entender los procesos propios de las muchedumbres y multitudes, dado que no son procesos aislados, sino que responden a momentos históricos concretos, por ejemplo, las citadas multitudes nacionalistas en los mundiales de fútbol o el fervor manifiesto en calles y ciudades bajo los acordes patrios, por la medalla olímpica:

“Así, por medio de tales esfuerzos combinados, la muchedumbre puede eventualmente aparecer, no como una fórmula abstracta, sino como un fenómeno histórico vivo y multifacético.”  (Rudé, 1998)

La multitud tiene un rostro, que se desprende de lo afirmado por Rudé en el texto citado: no es una masa informe desprendida de parámetros culturales o alejada de intereses sociales, deportivos, políticos o de cualquier otra índole; responde a motivaciones que en el caso específico del deporte se vinculan con sentimientos profundos de naturaleza popular, origen patrio y otros tantos motivos, que le dan rostro a la multitud, no propiamente una turba violenta o por fuerza sin referencia social explícita.

Próxima edición, 1º. De julio: El gesto de la multitud.

Bibliografía

Rudé, G. (1998). La multitud en la historia. Los disturbios populares en Francia e Inglaterra. 1730 -´1848. Madrid: Siglo XXI editores. S.A.

Brohm, J. -M. (1982). Sociología política del deporte. México: Fondo de Cultura Económica.

SU – 123/18 Consulta previa. (Corte Constitucional 15 de Noviembre de 2018).

Pasquali, A. (2011). La comunicación mundo. Releer un mundo transfiguradopor las comunicaciones. Manganeses de la Lampreana. España: Comunicación social. Ediciones y publicaciones.

Recursos naturales, S-T 760 – 2007 (Corte Constitucional 25 de septiembre de 2007).

Internacional, C. O. (17 de Julio de 2020). Obtenido de www.olympic.org: ES-Olympic-Charter.pdf

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