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Medallistas. Luis Javier Mosquera: perseverante y luchador

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Por Ángelo Arbeláez

Periodista Acord Valle del Cauca

La llegada al deporte de las pesas de Luis Javier Mosquera Lozano, es similar a la de la gran mayoría de los deportistas de alto rendimiento de nuestro país: por curiosidad. Y es que Luis Javier siendo muy niño (siete años) acompañó a sus hermanos mayores José Novarino y John Jairo a un entrenamiento en el coliseo de su natal Yumbo, municipio industrial del Valle del Cauca, bajo la tutela de la forjadora de campeones, Damaris Delgado, (hermana de Carmenza, la abanderada en Atenas 2004) y quien después de muchos años de trabajo en Cartago decidió sentar base de este deporte en Yumbo.

Luis Javier Mosquera, en Tokio, con su segunda medalla olímpica.

De igual manera, los problemas económicos y las dificultades para sobrevivir de una familia numerosa, (cuatro hermanos hombres y una mujer) propios de un gran número de niños en Colombia, moldeó ese carácter para superar los obstáculos que paso a paso se fueron presentando y dejando el fútbol, por no tener como comprar los guayos y el uniforme, ni para el transporte diario hasta el sitio de entrenamiento, decidió al igual que sus hermanos meterse a las pesas, que eran gratis y cerca de la casa.

Aunque soñaba con ser futbolista y exploró además en el atletismo, la lucha, el boxeo, el patinaje, y la natación, muy pronto vio que lo suyo eran las pesas, por la facilidad para entrenar, los viajes y los auxilios que se podían recibir, pero aprendió de su padre, a quien perdió justo antes del Mundial de Wroclaw, Polonia, a no rendirse y esperar poco a poco que las cosas se fueran dando, pues siempre le pedía a su entrenadora que lo dejara levantar más peso del que él podía, pero ella también le decía que era poco a poco que se lograban las cosas.

Luis Javier Mosquera, en Tokio 2020. Foto: Comité Olímpico Internacional.

Desde sus comienzos fue superando las marcas y compitiendo a nivel nacional, pero el toque de los dioses del olimpo llegó a los 14, cuando sacó pasaporte, montó en avión para asistir a un Panamericano en Islas Margarita en Venezuela, se proclamó campeón suramericano y panamericano con record incluido y a su regreso recibió 200 mil pesos de premio de la Alcaldía de Yumbo. Entonces entendió que en las pesas estaba su futuro y su medio de supervivencia.

Logró ser campeón mundial juvenil en 56, 62 y 69 kg. además de ganar el Sinclair como el deportista más completo en el Mundial Juvenil de Lima, Perú, y aunque cuando tenía 17 años, no pudo estar en los Olímpicos de Londres, entendió que vendrían Rio y Tokio, y con ellos la gloria, como la había soñado.

Desde muy joven mostró sus habilidades para las finanzas, aunque haya tenido que aplazar los estudios de Administración de Empresas que lo atraen, por culpa de su exitosa carrera, pero ha sabido sacar provecho de los aportes que recibe de Indervalle, del Comité Olímpico y del Ministerio del Deporte como deportista excelencia. De igual manera, muy joven, a los 16 años, formó un hogar con otra campeona de pesas, Diana Cadena, y tuvo otro motivo más para triunfar. su primer hijo Joseph. Hoy comparte su vida con Michel Bejarano y su segundo retoño Isaac.

El gran sueño ahora es París 2024, pues quiere tener los tres metales en su casa, y como buen cristiano, pone todo en manos de Dios, para superar, como lo hizo para Tokio, las lesiones que con el paso de los años van apareciendo y que desde antes de Rio ya suman cinco, que lo tuvieron al borde del retiro, una hernia discal y cuatro problemas de rodillas.

Luis Javier es un ejemplo más de que en Colombia si paga hacer deporte, por los beneficios que el Estado en todos sus niveles territoriales ofrece a quienes llegan al alto rendimiento y les permite construir una vida profesional paralela a la práctica deportiva.

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