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La hazaña del voleibol femenino y el recuerdo de Rafael Lloreda

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Gratitud con quien lo soñó y no estuvo presente

Por Alberto Galvis Ramírez

Director Revista Olímpica y Secretario Academia Olímpica Colombiana

Rafael Lloreda Currea (q.e.p.d.), en 2020, con el seleccionado nacional femenino de voleibol.

El domingo pasado, el voleibol colombiano alcanzó la más grande hazaña de su historia, al clasificar, en Barrancabermeja, por primera vez a un Mundial Femenino de Mayores. Desde entonces, la celebración ha sido ruidosa e interminable y en ella han estado todos los involucrados, jugadoras, entrenadores, directivos, aficionados, etc., todos… menos uno: Rafael Lloreda Currea, el hombre que soñó y trabajó durante 38 años, para que Colombia fuera una potencia continental del voleibol, quien no estuvo presente, porque murió el pasado 29 de abril y se llevó su gran  sueño hacia la eternidad.

¡Cómo hubiera disfrutado Rafael Lloreda ese momento histórico de la clasificación de Colombia, por primera vez a un Mundial de Voleibol, con el equipo femenino! ¡De qué manera hubiera recibido las felicitaciones merecidas, porque durante su vida le aportó a su deporte del alma, cuantas ideas y acciones pudieran conducir a ese instante! ¡Cómo se hubiera confundido en abrazos con los y las integrantes del equipo, porque hubiese entendido que esa conquista también era suya, y, tal vez, especialmente suya!

Rafael Lloreda Currea comenzó su carrera en la dirigencia deportiva en 1978, cuando el periodista Mike Forero Nougués, director de Codeportes, lo eligió como director de la Junta de Deportes de Bogotá, entonces filial de Coldeportes Nacional.

En 1983 ingresó a la Federación Colombiana de Voleibol, y desde el año siguiente se desempeñó como presidente, hasta 2008, año en el cual fue elegido como parte del Comité Ejecutivo del Comité Olímpico Colombiano. Desde entonces, su trabajo se amplió a todas las federaciones deportivas nacionales, pero jamás dejó de trabajar y expresar su aprecio por ese voleibol que tanto amaba. Fue durante los años siguientes, el consejero de todos los presidentes de la Federación de Voleibol, y con ellos fue construyendo el presente y el futuro, que siempre había vislumbrado y, además, el presidente de la Confederación Suramericana y Vicepresidente de la Internacional, es decir, siempre vivió en función del voleibol. 

Para su felicidad alcanzó a ser testigo del crecimiento que se empezó a registrar en los últimos cinco años, en los cuales se obtuvieron medallas de plata en los Juegos Bolivarianos Santa Marta 2017, en los Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018 y en los Panamericanos Lima 2019, en los cuales fue el jefe de Misión de Colombia. A partir de este momento soñó con la clasificación a los Juegos Olímpicos Tokio 2020, que finalmente no se logró, y a un Mundial de Voleibol.

Sabía que si se lograba lo celebraría como si fuera la más grande conquista de su vida… Y estaba preparado, al lado los equipos colombianos, especialmente el de la rama femenina, que era el que más progresos registraba, para celebrarlo a rabiar.

Y el día llegó. El pasado domingo, 12 de septiembre, Colombia alcanzó el subcampeonato suramericano femenino de mayores y el cupo para el Mundial de 2022, por primera vez en su historia.

Pero, Rafael Lloreda Currea no estuvo presente, porque el destino se lo llevó de improviso; pero sí lo estuvo en las mentes de esa generación de jugadoras que habían caminado durante sus carreras a su lado, bajo su luz, bajo su lumbre, bajo su guía.

Este es un sencillo homenaje al gestor, al líder, al cerebro de la hazaña del voleibol femenino de Colombia: Rafael Lloreda Currea.

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