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La buena hora de los clavados

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Por Roosevelt Castro B-

Periodista ACORD Antioquia y AIPS

Cuando en 1935 la clavadista antioqueña Luz Mejía se colgó el primer oro en los Juegos Olímpicos Nacionales (hoy Juegos Nacionales), nunca se imaginó que su disciplina deportiva daría un gran salto y traería grandes réditos, no solo para el departamento sino para el país hasta convertirlos en potencia suramericana y codearse con los mejores del mundo. 

“Mientras se consolidaba la creación de la que llamarían la Liga de Atletismo y Natación de Antioquia, una delegación de saltadores paisas compitió en lo Terceros Juegos Olímpicos Nacionales”, relata el politólogo y periodista antioqueño Gonzalo Medina Pérez en su obra Historia del deporte en Antioquia. A renglón seguido reseña “el triunfo contundente” de la deportista antioqueña, en el trampolín de 3 metros.

Los primeros balbuceos acuáticos de Mejía se dieron en el Club Campestre de Medellín.  Barranquilla fue la puerta de oro que le abrió la senda, para que, casi ocho décadas y media después, los saltos ornamentales colombianos tuvieran esa mayoría de edad, asistiendo a las máximas justas polideportivas del mundo.

Saltos a la memoria

La poca infraestructura deportiva no amilanó a la dirigencia paisa, que vio con complacencia cómo se construía un gran Complejo Acuático, en el sector de Otrabanda, al occidente de Medellín.

Tres décadas y media después del gran salto de Luz Mejía, los directivos antioqueños veían coronados todos sus esfuerzos, con la inauguración del máximo escenario acuático, incluido un foso de clavados para los primíparos en esta modalidad.

Iván Panay, izquierda.

Es el panameño Iván Panay el que les empieza a enseñar el ABC de los saltos a un grupo de chiquillos sedientos de gloria deportiva. Javier Rodríguez y Javier Morales secundaron el trabajo del canalero, pero es el vallecaucano Miguel Tobón (q.e.p.d) el que mostró las primeras figuras para el país.

Jair Castrillón, Olga Cecilia Dávila, Ana Pastora Agudelo, Diego El Tuso Álvarez, Liliana Murillo, Óscar Urrea, Julián Chalarca y las hermanas Cristina y Liliana Ríos, entre otros, empezaron a escribir la historia de los saltos ornamentales de Antioquia y del país.

Pero es el chino Fu Quiang quien le da ese “status orbital” que necesitaban los saltos antioqueños. El oriental llegó en 1990, contratado por la Liga de Natación de Antioquia y luego de un año de trabajo regresó a su país.

Dos años después se funda el Club Alcatraz. Para 1994, Quiang vuelve de nuevo y la internalización de los alcatraces paisas da ese salto enorme, que hoy tienen a ese club no solo como potencia nacional, sino en uno de los mejores del continente americano.  

Un trabajo serio y planificado arroja grandes resultados deportivos. Como kamikazes saltan los clavadistas paisas, desde las plataformas y trampolines de Colombia y del mundo. “Son más de 20 años en los que el Club Alcatraz ha sido campeón nacional y mundial, ya que dos de sus deportistas se han subido a lo más alto del podio”, recuerda el periodista Pablo Arbeláez Retrepo, jubilado de El Colombiano y gran doliente de las modalidades acuáticas.

Víctor Hugo Ortega

Así surgen figuras como Juan Guillermo Urán, Diana Pineda, Alexander Caicedo (q.e.p.d), Carolina Murillo, Julián Chalaca, Eder Gaviria y Víctor Hugo Ortega, entre otros. Igualmente, y últimamente, Juan Guillermo Ríos, Kevin García, Alejandro Arias, Daniel Restrepo, Steffany Madrigal, Juan Esteban Ramírez, para dar inicio al recambio deportivo.

Saltos olímpicos

De otro lado, Sídney, Australia, fue la anfitriona de la versión 27 de los Juegos Olímpicos Modernos.  Del 15 de septiembre al 1° de octubre de 2.000, la capital del estado de Nueva Gales del Sur y el primer asentamiento de la colonia británica en Australia albergó a 10.651 atletas, pertenecientes a 199 países del mundo deportivo, quienes compitieron en 28 deportes y 300 especialidades, una de ellas los saltos ornamentales.

Juan Guillermo Urán.

El primíparo de los saltos, Juan Guillermo Uran, uno de los 44 deportistas (25 hombre y 19 mujeres) que llevó Colombia, llegó con mucha ilusión.  El imberbe y talentoso bellanita, nacido el 13 de enero de 1983, luego asistiría a dos Juegos Olímpicos más, de las seis que ahora tienen los clavados colombianos en las justas polideportivas orbitales.

Diana Isabel Pineda y Víctor Hugo Ortega también llegarían al olimpo deportivo.

Sebastián Villa Castañeda, Sebastián Morales Mendoza tomarían la posta de los ornamentales olímpicos, en la segunda década del siglo XXI.  A ellos se les sumaría el juvenil Daniel Restrepo García, para que los tres chuleen asistencia en Tokio 2021, con el objetivo de dejar en alto el tricolor nacional.

Todo ello aupado por padres de familia, entrenadores como Óscar Urrea (ahora en Brasil), Wilson Molina, Jerry Jaramillo, entre otros, y la dirigencia antioqueña de las modalidades acuáticas

Sebastián Villa.

Villa Castañeda, la experiencia de los saltos

Sebastián Villa Castañeda es sinónimo de clavados. Es la cuota de experiencia de los saltos ornamentales paisas y colombianos en los Juegos nipones.

Su menuda figura, su corta estatura de 1,64 mt y su piel morena, no pasan inadvertidas en este gran ornamentalista colombiano. “Un día en el 2000 estaban buscando talentos para los clavados. Por ese entonces yo recibía clases de natación en las piscinas de la Universidad de Antioquia, fui, ensayé y me quedé”, recuerda el habitante de la Loma de las Brujas, en Envigado, y con un acercamiento a la gimnasia artística.

Los fuertes entrenamientos con Diego Monsalve, su primer tutor en los clavados, casi lo hacen desistir. “Al principio me tocó muy duro, porque Diego era muy exigente en las prácticas”, comenta el saltador nacido en Envigado, el 21 de febrero de 1992.

A sus 29 años, Villa Castañeda asiste a sus terceros Juegos Olímpicos. “La primera fue en Londres 2012. Luego estuve en Río-2016 y ahora esta de Tokio 2021”, recuerda el hijo de Hernán y Olga Lucia.

“Desde que inicié mi carrera deportiva hace más de 20 años años he sido campeón nacional y aunque me mantenga adolorido lucharé por llegar bien lejos en los clavados”, dice el segundo entre tres hermanos de la familia Villa Castañeda.

Japón lo verá en acción el próximo 6 de agosto. Quiere dar lo mejor de sí. “La ilusión es grande y el compromiso mayor”, asegura el amante de las películas de acción y comedor de frutas como fresas, mango o kiwi.

Sebastián Morales.

Morales Mendoza y su cataclismo en los clavados

Cada vez que salta Sebastián Morales Mendoza produce un cataclismo.  El primero lo produjo a los cinco años de edad. El pequeño párvulo realizaba otro tipo de saltos: Morales Mendoza surcaba los cielos saltando los terraplenes de la pista Antonio Roldan Betancurt, en la Unidad Deportiva de Belén, en Medellín. Él quería ser bicicrosista.  Para fortuna de su familia y especialmente de su hermana Adriana, el infante desistió. “Mi hermana asistía a los semilleros de nado sincronizado. Mis padres y yo la esperábamos en la tribuna hasta  que terminaba su entrenamiento. Estando allí veía saltar a varios, me dije: ¡qué tesos!, entonces quise estar en esta otra actividad acuática. Fue así como vi los clavados y me gustaron”, dijo en su momento el saltador, nacido el 22 de agosto de 1994.

Así, los saltos, pero de alegría, fueron los de su familia, al verlo cómo se colgaba las medallas doradas como ganador de las pruebas del trampolín de uno y tres metros, a pesar de su retiro temporal en el 2006, para dedicarse a jugar al fútbol. “Después de dos años, desistí de jugar y volví a los clavados”, evoca.

Pero uno de los grandes cataclismos lo produjo en noviembre de 2014.  El foso de clavados de Veracruz, México, fue testigo mudo del triunfo rutilante de Morales Mendoza, en las pruebas del trampolín de 1 y 3 metros, de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Los mexicanos son potencia en el continente americano, por eso el cataclismo de Sebastián puso a tambalear su historia deportiva en los saltos, justo un 28 de noviembre, fecha en que fallecía el comediante Roberto Gómez Bolaños.

“No contaron con su astucia”, dirían en el Club Alcatraz, por la espectacular victoria del clavadista paisa. “Lo sospeché desde un principio” musitaría su entrenador Óscar Urrea.

Dos años después lograría su primer cupo olímpico. Río de Janeiro lo encontró con esta nueva hecatombe deportiva. La satisfacción de haber ocupado la posición número 12 entre 29 saltadores en los pasados olímpicos tuvo un segundo capítulo, cuando el año pasado alcanzó el cupo para Tokio 2021. “Fue algo muy luchado. Estuvimos concentrados un mes en Italia. Nos tocó la oleada de calor en Europa. Entrenamos muy bien y sabíamos que el mundial era la mejor oportunidad para clasificar a los olímpicos. Al llegar a este mundial en Corea, la ronda preliminar fue extensa. De 60 deportistas clasificaban 18 a las semifinales. Luego, pasamos a la otra ronda. Hicimos clavados muy buenos para llegar a la final. De este modo, obtuvimos el cupo a los olímpicos. El resultado me permitió clasificar como primer clavadista de Colombia para los juegos con más de un año de anticipación”, manifestó el saltador antioqueño.

Ya su pasaporte deportivo se ufana de haber visitado varias geografías, porque lo ha llevado a conocer diferentes países como Brasil, Italia, España, Puerto Rico, México, Corea del Sur, entre otros.

Daniel Restrepo.

Daniel Restrepo, un novato de los saltos olímpicos mayores

Buscando una cura para su hiperactividad de su hijo Daniel, Carlos Mario Restrepo y Lucy García encontraron en los clavados el remedio.

Lo que poco sabían sus padres era que el inquieto niño se convertiría en campeón mundial y olímpico.

El clavadista Daniel Restrepo García tampoco se imaginó que una búsqueda para curar el asma y para calmar su hiperactividad lo llevarían a un salto olímpico.

Transcurría el año 2004, cuando el inquieto benjamín de la familia Restrepo García fue llevado a las aguas benditas de las piletas de la Liga de Natación de Antioquia.  A sus cuatro años de edad no entendía que ese era el santo remedio.

Uno a uno fue ascendiendo los niveles de los cursos regulares que dicta la jerarca seccional de las modalidades acuáticas.

Un día cualquiera decidió meterse a los saltos ornamentales.  “Vi lo tesos que eran, que no les daba miedo y me arriesgué. Le dije a mis padres que eso era lo mío y me quedé”, señala el saltador paisa, nacido el 24 de enero de 2000.

Entre cuadernos, lapiceros y las tareas en el colegio Salazar y Herrera, y los trampolines y las plataformas transcurría la vida del imberbe joven y habitante del sector de La Macarena, en Medellín, Colombia.

“Todo esto de los saltos lo aprendí con mis entrenadores. Primero con Jerry Jaramillo y luego con Wilson Molina, pero es este último quien ha sido siempre mi gran tutor. A él le debo mucho de lo que he conseguido”, indica el campeón nacional, suramericano, panamericano, en la categoría juvenil del trampolín de 1 y 3 metros.

Penza, Rusia, vio ganador a su amigo y compañero de saltos Alejandro Arias Muñoz. El primer oro mundial obtenido para Colombia por un clavadista, el 12 de septiembre de 2014, en el trampolín de un metro, lo inspiró.

Casi cuatro años después del refulgente título de Arias Muñoz, Dany cumplió su promesa deportiva: convertirse en el rey de los saltos, pero en la prueba del trampolín de tres metros.

El foso de clavados de Kyiv, Ucrania, fue el testigo mudo de la gran hazaña deportiva del saltador del Club Alcatraz.

Ocurrió el 23 de julio de 2018. Salto tras salto, el juvenil paisa alzaba el vuelo a su meta. En una reñida competencia con el chino Luxian Wu, en la que en la ronda final entraron con puntos de diferencia que hacían prever que la medalla de oro podría ser para el asiático. Restrepo entró a definir con 494.05 y el chino WU con 523.60, pero en el último salto de la competencia el colombiano marcó 89.30 para completar 583.35, mientras que Wu registró 58.90, totalizando 582.50, lo que definió el oro para Colombia. El bronce se lo colgó el también chino Junjie Lian, con un puntaje de 570.40.

Con este título, Daniel aseguró su clasificación a los Juegos Olímpicos de la Juventud, que se disputaron en Buenos Aires, Argentina, entre el 6 y el 18 de octubre de 2018. “Allí refrendó su favoritismo y se llevó dos oros”, recuerda su padre Carlos, quien fuera presidente del Club Alcatraz.

Esto no lo detuvo y para los Juegos Panamericanos de mayores, realizados en Lima, Perú, se colgó la dorada. El Complejo Acuático de La Videna vio vencer al saltador paisa sobre el mexicano Juan Manuel Celaya, quien ya había ganado los oros de trampolín un metro y trampolín tres metros sincronizado, pero que en los tres metros individual sucumbió ante el juvenil colombiano y quien también envió al tercer lugar y la medalla de bronce al canadiense Philippe Gagné, para así obtener el cupo a sus primeros Juegos Olímpicos de mayores.  

“Fue una medalla de oro muy trabajada, porque con saltos buenos fuimos subiendo, con mucho trabajo con mi entrenador Wilson, quien me ha ayudado mucho y es muy importante para mí proceso. Igualmente, conseguir el lugar para Tokio es muy importante”, aseguró en su momento Daniel Restrepo.

“Daniel es un chico muy disciplinado y entregado a su deporte. Es también muy familiar, alegre y de temperamento tranquilo. Disfruta de lo que hace y cada día se fija metas”, expresó Wilson Alexander Molina Guzmán, entrenador de Daniel y quien le ha dado los dos títulos mundiales que tiene Colombia, en esta modalidad acuática.

Así los tres saltadores antioqueños muestran su potencialidad, siguiéndoles los pasos a su paisana Luz Mejía, quien, al igual que su nombre, los ilumina desde el cielo  con sus “triunfos contundentes” en los trampolines y plataformas del mundo.  

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