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INNOVADORES: El “entrenamiento invisible” de Marroquín

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Alberto Galvis Ramírez
Director REVISTA OLÍMPICA del Comité Olímpico Colombiano.
Secretario Academia Olímpica Colombiana.

Hace 35 años, en enero de 1985, el entrenador antioqueño de fútbol, Luis Alfonso Marroquín, de 37 años, lideró la participación del seleccionado nacional de fútbol, en la Copa Juventud de América (Suramericano juvenil), que se celebró en Asunción, Paraguay, con un estilo y unas orientaciones, que impactaron en la todavía arcaica sociedad deportiva colombiana.

«Sin pereza y sin pesimismo», fue la fórmula confesada por el técnico, para la participación de un equipo, que logró destacarse entre los mejores, por su buen y bonito fútbol; por el espíritu colectivo desplegado en público y en privado, y por los resultados obtenidos. Al regreso, Marroquín confesó que gran parte del éxito se debió a que él se preocupó, además del trabajo técnico y riguroso dentro del campo de juego, del comportamiento y de las actitudes de los jugadores fuera de las canchas: «Al fin y al cabo en el terreno de juego se refleja la calidad personal de los jugadores», dijo entonces.

Estos fueron los consejos formuladas a los jugadores, antes de partir hacia el torneo: «Somos colombianos y no tenemos buena imagen en el exterior. Demos el primer paso de cambio. Sean amables con sus compañeros, que lo cortés no quita lo valiente. No griten, no levanten la voz, pues un grupo unido jamás será vencido.

«No se alejen del grupo sin autorización. No compren nada. No tomen agua ni alimentos sin ella. No muestren ni lleven grandes sumas de dinero; divídanlo en distintos bolsillos. No hablen con personas, mujeres u hombres desconocidos. Recuerden: no vamos a enamorar. El galán es el de las películas. Sean disciplinados que es la base del éxito. También sean humildes, sencillos, pero elegantes. Lleven bien su uniforme, con amor y orgullo.

«Aprovechen bien el tiempo: reposo, recuperación, relajación, no se distraigan en otras actividades. El ´entrenamiento invisible´ es fundamental. Viajen cómodos. Escuchen música. Lean. No caminen en el avión sin autorización. Mastiquen bien y despacio.

«Siéntanse, háganse los importantes. Estén correctamente vestidos para cada ocasión. No se descuiden en el aseo personal: cuiden uñas, pies, dientes cabellos, órganos de reproducción, axilas y toda aquella parte del cuerpo que pueda dar origen a un foco de infección o de bacterias. No se dejen distraer de nada ni de nadie. No se dejen desviar de nuestro destino: Moscú.

«Fuera la pereza, el desánimo, el pesimismo, el egoísmo, el desaseo, el desorden, lo negativo, la mediocridad, el conformismo, el chisme, el rumor, la confianza excesiva, el menosprecio del rival. Bienvenidos a la selección. Vamos al Paraguay a trabajar, a luchar, a guerrear. El más importante no es el titular, es el emergente. El que no es buen emergente, no es buen titular». (El Espectador, 5 de febrero de 1985.

Entre los jugadores que emergieron en ese torneo se destacan Rene Higuita, John Jairo Tréllez (goleador del torneo), James Rodríguez (padre), John Edison Castaño, entre otros.

El equipo clasificó por primera vez a un mundial juvenil, celebrado en Moscú, en el cual avanzó a la segunda ronda.

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