Skip to content

In Memoriam. La transparencia, el camino de Jacques Rogge

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Por Clemencia Anaya Maya

Vicepresidenta AOC

El pasado 29 de agosto murió el penúltimo presidente del Comité Olímpico Internacional, el belga Jacques Rogge, un paladín de la lucha en contra del dopaje, quien tuvo una especial cercanía y simpatía con Colombia. En la siguiente nota lo recordamos con especial aprecio.

Sentí una gran tristeza al leer la noticia emitida por el Comité Olímpico Internacional,en la que anuncia el fallecimiento del ex presidente del COI, el Conde Jacques Rogge. Creo que su contribución al Movimiento Olímpico y, sobre todo, al fortalecimiento de la filosofía del olimpismo, dio un gran paso para unir todos los niveles del deporte con la sociedad contemporánea. Tenía muy claras en su mente las cuatro dimensiones que rigen nuestro movimiento: deporte, cultura, educación y desarrollo sostenible.

Jacques Rogge (q.e.p.d.)

Nació el 2 de mayo de 1942, en Gante, Bélgica, ciudad surcada por dos ríos, el Lys y el Escalda, en los que se enamoró del deporte de la vela y se hizo atleta olímpico, en representación de su país, en los Juegos Olímpicos de México 1968, Múnich 1972 y Montreal 1976. Amaba los deportes, hasta el  punto de conformar también la selección de rugby, con la que fue 16 veces campeón nacional de Bélgica y alcanzó su máximo logro, el de ser campeón mundial de vela. En esa misma ciudad se hizo  médico deportivo y posteriormente de especializó como cirujano ortopédico.

Cuando competía en Múnich 1972, por aquello de los dioses del Olimpo, el mundo tendría la oportunidad de ver el esquí acuático como deporte de exhibición y dos atletas olímpicos iniciarían una amistad que los llevaría por distintos caminos a apoyarse mutuamente.

Se trata de Jacques Rogge y el colombiano Andrés Botero, jóvenes y apasionados por el deporte, se encontraron una y otra vez, especialmente porque los dos tenían grandes sueños por hacer más grande el deporte. Mientras Rogge dejaba su carrera como atleta, para convertirse en presidente de los comités olímpicos de Bélgica y Europa (1989 – 1991),  y Botero presidente de la Confederación Panamericana de Esquí (1980-1991), sus carreras se unirían a través de la infatigable lucha por incluir el esquí náutico en el programa oficial de los Juegos Olímpicos, uno de los grandes objetivos de Botero cuando era además presidente de la Asociación Internacional de Deportes Reconocidos (ARISF[1] 1993 – 1994).

En 2001, Rogge se convirtió en el octavo presidente del Comité Olímpico Internacional y  posteriormente fue presidente honorario, hasta el pasado 29 de agosto de 2021, día de su fallecimiento. Personalmente le conocí en el Museo Olímpico de Lausana, por aquellas cosas de conferencias y reuniones del Movimiento Olímpico, en la época en que yo era Decana de la Academia Olímpica Colombiana. Recuerdo que me impresionaron dos cosas de él: su dominio del español, por supuesto con un acento francés pero impecable y el azul profundo de sus ojos.

Mas allá de estos dos aspectos me fui convirtiendo en una de sus fanáticas seguidoras, debido a que en su liderazgo vi reflejado el olimpismo en acción. No más teorías de lo que decía o escribía Coubertin; había que remangarse la camisa y empezar a ajustar algunos cambios radicales que no dudó por un instante en implementar.

Jacques Rogge, en su época de esquiador. Foto: Sport HD News.

Para él la labor con los jóvenes era inminente. Ya lo había promovido desde la ACNOE[2], al desarrollar el Festival Europeo de la Juventud. Como médico deportivo, los datos estadísticos sobre obesidad infantil y la influencia del sedentarismo en los problemas de salud en la infancia, lo llevaron a proponer y trabajar para establecer los Juegos Olímpicos de la Juventud, que fueron aprobados en la Sesión 119  del COI, en Guatemala, en julio de 2007 y que iniciarían en Singapur 2010. Para la misma fecha Rogge nombraría a Andrés Botero Phillipsbourne en calidad de miembro COI. Empezaría una etapa que iría demostrando el interés de Rogge porque más países emergentes fueran parte activa del Movimiento Olímpico y que tuvieran mas oportunidades.

Para nuestro país, el nombramiento de Botero sería una gran oportunidad, en primer lugar, porque el privilegio de tener dos miembros activos del COI (para ese entonces también hacía parte el médico Fidel Mendoza Carrasquilla), abriría mayor cantidad de oportunidades en todos los niveles del deporte, aparte de ser un gran privilegio[3] y ,en segundo lugar, porque nuestro país se preparaba hacia un camino exitoso en la organización de eventos multideportivos internacionales, al igual que para el avance en términos de resultados de nuestros atletas.

Jacques Rogge era un presidente sencillo, con el que se podía hablar y siempre tenía una sonrisa amable dispuesto a colaborar y a apoyar. Precisamente, el hecho de haber creado los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2007, pensando en que los países emergentes tendrían al fin oportunidad de acoger eventos olímpicos nos llevó a pensar que Medellín podría ser sede de esos Juegos, en el 2018.

Como un viaje estratégico que debía ser aprovechado, recuerdo que luego de trabajar en la Academia Olímpica intensamente por el diseño para la construcción de un Museo Olímpico en inmediaciones de la sede del Comité Olímpico Colombiano y considerando que la 119 Sesión del COI se realizaba en Guatemala, tras una gestión de Andrés Botero, logramos que el presidente de la entonces ODEPA[4], don Mario Vásquez Raña, facilitara su avión para desplazar a Jacques Rogge, su esposa y asistentes hacia la ciudad de Bogotá, para hacer una visita por las instalaciones del Centro de Alto Rendimiento y el Laboratorio de Control Antidopaje[5] y terminar su paso por Colombia poniendo la primera piedra, en compañía del Alcalde de la ciudad, el 9 de julio de 2007.

De izquierda a derecha, Andrés Botero Phillipsbourne, director de Coldeportes; Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), y Ron Froehlich, presidente de la Asociación Internacional de los Juegos Mundiales (AIJM), el 26 de julio de 2013, durante una rueda de prensa con motivo de la inauguración de los IX Juegos Mundiales, en Cali. Foto EFE/Christian Escobar Mora

Durante esa visita conocí otra parte de la vida de Jacques Rogge y fui testigo del fraternal cariño y de su amistad con Andrés Botero P., que eran entrañables. Se entendían muy bien y recordaban tiempos idos joviales y alegres de su juventud y de sus luchas.

También su sensibilidad por la cultura y la música nos llevaron hasta la Catedral de Sal en Zipaquirá. Ellos, su amada esposa, Anne, y él, no imaginaban que en el descenso encontrarían el viacrucis con sus capillas resaltadas de colores azules y púrpura que le daban un carácter sacro, y al llegar el altar la música clásica interpretada por la banda sinfónica de la ciudad desde los balcones, su sorpresa fue máxima porque además los niños y niñas de la ciudad les brindaron una cariñosa bienvenida, que les conmovió.

De aquella visita también recuerdo algo particular: por una parte, su alto sentido religioso y espiritual y por el otro, un presidente del COI con el sombrero vueltiao típico de nuestro país y su amplia sonrisa, en un gesto de aceptación espontánea y sincera.

Jacques Rogge fue un dirigente que se distinguió por ser un atleta fiel a sus valores olímpicos de principio a fin, transparente, equitativo y justo, que luchó ferozmente contra el dopaje, que definía en una frase: “El dopaje es al deporte, lo que la criminalidad es para la sociedad. No podemos evitar que la gente intente hacer trampa, pero al menos ahora contamos con estrictos controles de dopaje”. No concebía otra cosa que el juego limpio y le incomodaba el más leve asomo de corrupción, por lo cual luchó radicalmente.

EL 4 de julio de 2013, en Lausana, durante la votación para elegir la sede de los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018, la ansiedad era enorme. Allí estábamos todos con el espíritu olímpico en alto dando lo mejor por una oportunidad de ser sede de un evento Olímpico. Recuerdo que en el momento en el que Jacques Rogge abrió el sobre para anunciar a Buenos Aires como la ciudad elegida, la expresión de su cara era sombría.

Ese mismo año, la Sesión del COI se celebró en Buenos Aires y Rogge entregaría la presidencia a Thomas Bach. Meses después aceptaría el cargo de Enviado Especial para la Juventud, los Refugiados y el Deporte, en las Naciones Unidas.

Baltazar Medina, presidente del Comité Olímpico Colombiano, condecora a Jacques Rogge, poco antes de comenzar los Juegos Mundiales 2013 Cali.

En el ejercicio de ese cargo vendría nuevamente a nuestro país, cuando Andrés Botero era el Director del Departamento Administrativo del Deporte. En asocio con ACNUR[6], desarrollaríamos en 2015 en Quibdó, un proyecto financiado conjuntamente para aportar a la educación, la cultura, y la paz utilizando el deporte como vehículo de transformación social.

En su visita tuvo la oportunidad de conocer de primera mano los retos enfrentados por las personas desplazadas internas en nuestro país y sentir que el apoyo del COI a través de sus programas le permitían a los jóvenes disfrutar de un ambiente seguro y un lugar de intercambio sano, para recibir apoyo e incrementar los conocimientos acerca de sus derechos y de los mecanismos de autoprotección existentes.

En esa visita logramos llevarle a Medellín para que conociera lo que ofrecíamos a través de la candidatura para los Juegos Olímpicos de la Juventud de 2018. Allí luego de recorrer cada uno de los escenarios y varias de la comunas de la ciudad, nos compartió su pesar porque habrían sido unos Juegos extraordinarios dada la cercanía entre la Villa y el complejo deportivo que ofrecía la estructura de la ciudad, eso si resaltó el efecto social que habrían tenido los Juegos.

Ya para ese viaje pudimos observar que a pesar de ser un hombre relativamente joven, tenía dificultades de salud, pero su espíritu inquebrantable y su deseo de aportar a los jóvenes poniendo el deporte al servicio del ser humano lo mantuvieron activo permanentemente.

Sé que al conocer la noticia, Andrés Botero recibió un duro golpe. “Me ha dado muy duro la noticia,  lo quería mucho, él fue muy especial conmigo”. El Movimiento Olímpico deplora su partida y lo recordará siempre por la enorme huella que dejó con la creación de los Juegos Olímpicos de la Juventud en un formato que educa y prepara a los jóvenes, sobre todo, para conocer y aplicar los valores olímpicos para la vida, bien sea deportiva o profesional. De igual forma su gran lucha por librar a los Juegos Olímpicos del flagelo del dopaje

Se fue el hombre que decía que “De Coubertin tenía una energía inagotable y confianza en sí mismo”, porque Rogge aprendió de él para dar lo mejor hasta el último de sus días.


[1] Asociación que hoy reúne a 42 federaciones deportivas internacionales, que son reconocidas por el Comité Olímpico Internacional, pero no hace parte del programa de los JJOO

[2] Asociación de Comités Olímpicos de Europa

[3] Los miembros del COI  son representantes de ese organismo en sus países y no lo contrario

[4] Organización Deportiva Panamericana, hoy PanamSports

[5] Por ese entonces el único aprobado por el COI en Latinoamérica

[6] Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados

Artículos DE LA REVISTA relacionados

PATROCINADORES