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In Memoriam. Carlos Ardila Lulle: un símbolo nacional

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Por Williams Viera

Periodista. Desde Estados Unidos

En el momento en que un personaje fallece, se da a conocer todo lo que hizo en vida. Por ejemplo, en el caso del ingeniero civil Carlos Ardila Lülle se publicó que fue un empresario e industrial colombiano. Que fue el fundador y el dueño de la Organización Ardila Lülle, un grupo empresarial que incluye a RCN Televisión, RCN Radio, Postobón, los ingenios Cauca y Providencia y el equipo Atlético Nacional.

Foto: Vanguardia.

Se dijo igualmente que en el 2020 su patrimonio era de 1.500 millones de dólares y que en el 2021 era la sexta persona más rica de Colombia. Que fue un ejemplo de compromiso con Colombia, de generación de empleo, aún en los momentos más difíciles y que fue un punto de referencia muy alto de amor a la Patria. Que fue vital con su apoyo al deporte colombiano a través de sus empresas. Que estuvo en una silla de rueda durante los últimos 30 años, debido a un accidente en una de sus fincas cuando bajaba por las escaleras de piedra que lo separaban de la piscina en la que, como era su costumbre, se metía para nadar porque “este tipo de ejercicio me relaja y me hace olvidar de los problemas que pueda tener en los negocios. En pocas palabras: quedo despierto y listo para las nuevas faenas del trabajo”, les decía a sus allegados.

Sin embargo, en aquel enero de 1988, se resbaló y rodó dos metros que le ocasionaron la fractura de varias costillas y la lesión más grave: la décima segunda vértebra cervical. Se dijo que nació en Bucaramanga el 4 de julio de 1930 y que falleció en Cali, en la madrugada del pasado viernes 13 de agosto de 2021.

Carlos Ardila Lulle, cuando tenía 10 años. Foto: Vanguardia.

Una tremenda impresión

Carlos Ardila Lülle fue hijo de Carlos Julio Ardila y Emma Lülle Llach; estudió su primaria en Zapatoca, Santander; a los 15 años concluyó sus estudios secundarios en el Colegio San Pedro Claver, de Bucaramanga, el cuál es dirigido por Jesuitas, y luego se trasladó de la ciudad de Bucaramanga a Medellín, en donde estudió en la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia.

“No me tengo que quejar de la vida que he tenido. Creo que he sido una persona especial. Empecé mi carrera haciendo pruebas de sabores para gaseosas. Lo mejor de mí es que nunca olvidé de dónde venía. Mis padres siempre me inculcaron que todos éramos iguales por más dinero que se tuviese”, dijo Ardila Lülle en una ocasión, en su casa, ubicada en Suba, Cundinamarca, y que causaba impresión a los invitados que ingresaban a ella.

En ese tipo de situaciones, Ardila Lülle se limitaba a sonreír enigmáticamente cuando se le hablaba de los niveles de la casa y del color de las paredes. Nadie, en esa oportunidad, le podía sacar una razón por los colores diversos de cada nivel. Si el teléfono era azul, las paredes eran del mismo color o ¿se trataba de un capricho estético?

Foto: Vanguardia.

Así era como anfitrión. Buen conversador, hablaba con fuerza y con seriedad como si estuviese de mal genio, pero en realidad era atento. No se le pasaba ningún detalle por más insignificante que pareciera.

“No lo puedo creer, don Ardila Lülle me saludó con mi nombre y me dio la mano. Me preguntó por mi esposa y mis hijos”, era la frase que más se escuchaba entre los empleados, escribámoslo así, de menor rango que tenía en las diferentes empresas de su propiedad.

Un visionario

Si tuvo buen ojo para los negocios, Carlos Ardila Lülle también se emocionaba con los deportes y no es raro que haya involucrado a sus empresas como patrocinadoras en el ciclismo, en el fútbol y en el Comité Olímpico Colombiano.

En 1980, los dirigentes de la Federación Colombiana de Ciclismo gestionaban en Francia que el equipo dirigido por Raúl Mesa e integrado por Antonio Londoño, Julio Rubiano, Rafael Acevedo, Alfonso Flórez, Fabio de J. Vargas, Rogelio Arango y Patrocinio Jiménez fuese invitado por ‘Amaury Sport Organisation’ para participar en el Tour del Porvenir.

“Se les invita siempre y cuando ustedes paguen sus viáticos y su estadía”, fue la respuesta de los organizadores a Mesa.

Entonces, el licenciado Héctor Urrego Caballero se encargó, según nos contaron para esta crónica, de hablar con Ardilla Lülle, quien sin dudar aceptó correr con los gastos.

El triunfo de Alfonso Flores Ortiz, su paisano, hizo emocionar hasta las lágrimas al empresario, quien no dejó de escuchar por RCN aquella competencia que se realizó, entre el 8 y el 21 de septiembre de 1980, en Francia, sobre una distancia de 1.677 kilómetros.

“La victoria de Flórez fue increíble al ganarle al mejor corredor aficionado del momento como es el ruso Sergueï Soukoroutchenkov. Mi emoción fue muy grande”, le dijo Ardila Lülle a Jairo Chávez Ávila, comentarista de ciclismo en RCN, quien lo contaría tiempo después.

Reventando de felicidad por el éxito alcanzado, el empresario e industrial se acercó tanto al fútbol profesional como al aficionado y los productos de sus empresas aparecieron en las camisetas de los equipos y de las selecciones departamentales que participaban en torneos nacionales.

Equipo Castalia, de Postobón, que ganó con Alfonso Flórez Ortiz (q.e.p.d.) en 1980 el título del Tour del Avenir, que abrió la senda del ciclismo colombiano en el mundo profesional.

Allí estamos

Ya escribimos que Ardilla Lülle era un excelente anfitrión. Y lo demostró el día que invitó, a su casa, en Suba, a Ricardo Alarcón Gaviria, a Hernán Peláez Restrepo y a Óscar Munévar Forero para felicitarlos por la obtención del premio a la mejor transmisión radial del año con motivo del Mundial-1986 que se realizó desde México.

“Ustedes hicieron un gran trabajo y así lo reconoció mi organización al entregarles el Premio de Periodismo Deportivo a Caracol que es extensivo a su personal”, les dijo Ardila Lülle en aquella noche de noviembre de 1986.

Después de aquellas palabras, los hombres de la radio contaron anécdotas de ese certamen que ganó Argentina al tener un jugador como Diego Maradona y luego se acomodaron, al frente de la mesa, y disfrutaron de una suculenta y variada cena, mientras se reían de algún disparate.

Una historia extraña

En la misma casa y en Suba, Carlos Ardila Lülle, el hombre que en su niñez disfrutaba de los cuentos que su progenitora, Emma Lülle Llach, le leía, allá en Zapatoca, Santander, en ocasiones recordaba aquellas lecturas que decían: “Las leyendas de los antiguos sean una lección para los modernos, a fin de que el hombre aprenda de los sucesos que ocurren a otros. Entonces respetará y comparará con atención las palabras de los pueblos pasados y lo que a él le ocurra, y se reprimirá. Por esto ¡gloria a quien guarda los relatos de los primeros como lección dedicada a los últimos”. Y sonreía.

En esas estaba cuando el periodista bogotano Jorge Álvaro Peña, conocido como El Fiscal, se le acercó en una de esas reuniones que realizaba el empresario e industrial colombiano.

“Don Ardilla Lülle, ¿cómo va la salud?”.

“Bien, sin problemas. Siempre lo escucho y usted sigue con el fútbol aficionado. Y por eso le voy a contar una historia…”.

‘El Fiscal’ le agradeció con una sonrisa comercial sin apartarle la mirada a su interlocutor.

María Eugenia Gaviria y Carlos Ardila Lülle compartieron una vida y tuvieron cuatro hijos.

“Mi mejor producto es Manzana Postobón y se lo debo a un señor de edad avanzada llamado Gregorio. Él me hizo millonario y yo a él. Un día se apareció en la oficina de la embotelladora y me dijo que le comprara unos bultos para que hiciera un nuevo producto. Lo hicimos, le encargamos toda la producción hasta que tuvimos que buscar, en otra parte, lo que él nos vendía”, le contó Ardila Lülle a El Fiscal.

También lloran…

El día que las emisoras de RCN dejaron el Palacete de Versalles, en Cali, y se instalaron en la calle 30 con carrera 8ª, aquello fue todo un acontecimiento social.

La edificación en la que el grupo de emisoras empezaba a funcionar tenía su historia y así lo demostró Ardila Lülle.

La anécdota la dio a conocer Jairo Chávez Ávila:

“Aquella tarde de inauguración, al doctor Ardila Lülle le brotaron las lágrimas. Él sentía nostalgia porque en ese sitio se había iniciado la fabricación de uno de los productos bandera de la organización como es Manzana Postobón. Entonces, alguien le preguntó si se sentía bien y si necesitaba algo y él respondió: ‘los millonarios y los hombres lloramos, pero no importa. Lo único que necesito es un pañuelo’…”.

Digamos en este final que el empresario e industrial colombiano se le recordará por siempre. Él se destacó por ser un hombre organizado, disciplinado y una gran persona. Solía involucrarse con sus empleados y supervisaba las labores de todas sus compañías.

Estaba casado con María Eugenia Gaviria, con quien tuvo cuatro hijos: María Eugenia, María Emma, Antonio José y Carlos Julio.

Paz en la tumba de Carlos Ardila Lülle, un símbolo nacional. Fortaleza a su familia, a sus amigos y allegados.

En el más allá, en el momento de encontrarse con alguno de sus empleados, estamos seguros, le extenderá la mano, como era su costumbre, y le preguntará, sin duda, cómo se encuentra en ese otro mundo del que se desconoce todo…

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