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Históricos: Rafael Baracaldo González, otro Zipa, para el mundo

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Alberto Galvis Ramírez
Director Revista Olímpica Digital
Miembro de la Academia Olímpica Colombiana

Rafael Baracaldo, uno de los mejores atletas colombianos de la historia, precursor de los triunfos en el exterior, cuando apenas nacían las nuevas ligas provincianas en los años 60, vino al mundo en Zipaquirá, el 24 de octubre de 1952, fue el mayor del hogar del operario de la Concesión Salinas, Albino Baracaldo Méndez y de su esposa Lucrecia González. Le siguieron: Miryam Stella, Julia Inés, Jorge Enrique, Luis Alberto y Marta Lucía, prole que creció rodeada de pinos y eucaliptos, mecidos por el viento helado que refresca las tradiciones de la bella “Chicaquicha”, uno de los ejes de desarrollo del desaparecido imperio muisca, porque su principal producto, la sal, era fundamental en el intercambio con los panches, los sitagaos y los chíos, tribus que poblaban la altiplanicie.

Rafael estudió los primeros cuatro años de primaria en el colegio Carlos Cortés Lee y la terminó en el Instituto Técnico Industrial, en 1967, año inolvidable en su vida, porque fue cuando se inclinó por el atletismo. Con 14 años jugaba fútbol en el parque Villaveces y en la mini canchas del colegio y otras actividades lúdicas propias de los niños de la época, indios y vaqueros, la lleva, venados y cazadores etc., por los alrededores de la Catedral de Sal, pero su vocación era correr, correr y correr como loco. En el fútbol actuaba de delantero, pero se le veía en todos los sectores de la cancha, corriendo a veces en exceso, porque quería y podía. En ese momento, aunque era un atleta en el fútbol y en el divertimento en los bosques aledaños a las salinas, no sabía que existía el atletismo.

Rutilante despegue

Durante un cross internacional, en Zipaquirá, Cundinamarca.

Ese año, el deporte en el colegio se incrementó por iniciativa de los profesores de educación física y de estudiantes de cursos superiores, como Jorge Franco Pineda, quien sería años después presidente de la Federación Colombiana de Atletismo y del Club Los Millonarios. Franco, precisamente, organizó ese año la primera competencia en la cual participó el joven Rafael, entre Zipaquirá y la entonces llamada Planta de Soda -hoy Refisal-, en una distancia de 10 kilómetros. Con 14 años, enfrentado a rivales de hasta 20, Rafael Baracaldo terminó quinto y entendió que podría ensayar en el insipiente atletismo local.

Baracaldo se convirtió muy pronto en figura del atletismo colombiano y en ídolo de los zipaquireños, el segundo, después del ciclista Efraín El Zipa Forero.

Los entrenamientos de Rafael Baracaldo obedecían a su sentido común. Primero, el atuendo era cualquiera: yines, zapatos tenis o de cuero y camisa o camiseta; segundo, la pista, también cualquiera: las calles, las pocas canchas de fútbol y el campo traviesa, que recorría a toda velocidad, saltando cuantos troncos y gajos encontraba a su paso; sin quererlo, con esta actitud estaba haciendo escuela para convertirse en el mejor corredor de obstáculos de Colombia y Suramérica. El plan de entrenamiento lo inventaba él, de acuerdo con su intuición y las energías, que emergían a borbotones de su aún infantil capacidad.

En la élite

Tres meses después de sus inicios se convirtió en el mejor de su colegio, del pueblo y de Cundinamarca, en el atletismo de semifondo y fue seleccionado para el campeonato nacional, en Medellín, el cual se enfrentó a los estelares de una época grande del atletismo nacional, como Álvaro Mejía, Víctor Mora, Enrique Piamonte, Hugo Burgos y Jorge Castelblanco, entre otros, y a pesar de terminar sexto en 5.000 y 10.000 metros, dejó en claro que era un fenómeno del atletismo, porque sus rivales eran de la división de mayores y él, apenas un pre juvenil.

Al año siguiente, 1968, descendió a su nivel natural, la categoría juvenil. Y en ella demostró todo su potencial: en Cartago, Valle, fue campeón nacional de los 1.500 planos y los 1.600 metros con obstáculos Semanas después, en Buga, Valle, durante un Torneo de Estrellas, superó el record nacional y suramericano juvenil de los 1.500 metros planos, con 4:00:2.

Baracaldo, en Cali 1971

Cuando cursaba quinto de bachillerato, Rafael Baracaldo vivió una de las mejores experiencias personales y deportivas: en 1971, con 18 años, integró la selección nacional que asistió a los VI Juegos Panamericanos, en Cali, torneo que dividió la historia de nuestro deporte en dos. “Yo era un pollo al lado de tantos veteranos de Colombia y tantas figuras del exterior. Fue la primera vez que conocí de verdad, lo que era un entrenador, porque la asociación de atletismo contrató a los alemanes Rolf Sbamberg y Hans Otto Jeffers. Terminé séptimo en los 3.000 con obstáculos, posición bastante buena para mi condición de juvenil”.

Pero mientras sus piernas volaban en los aún precarios escenarios deportivos cundinamarqueses, colombianos y del exterior, su mente se fortalecía con el alimento del intelecto. Rafael Baracaldo terminó su bachillerato en el Liceo Nacional La Salle, en 1972.

Físicamente “no apto”, para la U.

Baracaldo, campeón del Nacional de Estrellas, en 1974, en Pereira, Risaralda.

En 1973, Rafael Baracaldo aprobó en la Universidad Pedagógica Nacional en Ciencias de la Educación, con especialidad en Educación Física. Una de las condiciones para el ingreso era tener capacidad física para el deporte, avalada por un médico del alma mater. Cuando se presentó al examen, el galeno que lo auscultó encontró que sus pulsaciones eran demasiado lentas lo que podría significar  alguna deficiencia grave en el organismo.

“Cuando terminó de examinarme -recuerda el deportista-, escribió en sus hojas: ‘No apto’. Extrañado le pregunté la razón de ese diagnóstico, que me cerraría las puertas de la universidad. El médico me respondió que el pulso era muy lento y eso insinuaba que tenía alguna deficiencia de tipo cardíaco. Tuve que explicarle que era un deportista de competencia, que entrenaba todos los días y que por esa razón mi corazón palpitaba más lentamente que el de los demás. Me miró  extrañado. Era evidente que no entendía de qué le hablaba -porque en la época, estos conceptos médicos relacionados con el deporte, no se habían aún desarrollado- pero aceptó que se había equivocado y corrigió el dictamen.

Cuatro años después de superar el único inconveniente, Rafael Baracaldo se graduó como profesional, pero desde el último semestre había trabajado como monitor, gracias a las capacidades y al liderazgo demostrados, que le representaron estar virtualmente becado, porque lo que pagaba, se lo devolvían. “Tuve fortuna en mi paso por la U., porque mis capacidades fueron valoradas, por personas como los profesores Héctor Peralta y Ángel Vacca. También me dieron la oportunidad de conocer los primeros ensayos para el montaje de un laboratorio de fisiología, en Colombia, manejado por los doctores Hernando Plata y Carlos Efraín Sánchez, de quienes fui monitor. El laboratorio consistía en una bicicleta estática y un ergómetro electrocardiógrafo”, recuerda.

Desde 1977, Baracaldo fue profesor en la misma Pedagógica; profesor de deportes de la Asociación Colombiana de Parapléjicos; instructor en la Escuela General Santander; entrenador de semifondo, fondo y marcha, en la Junta Administradora de Deportes, Coldeportes Bogotá, hoy, Instituto Distrital de Recreación y Deporte, IDRD; en esta etapa diseñó un proyecto sobre iniciación de las escuelas de formación deportiva del país, adoptado por Coldeportes Nacional; asesor del cuerpo técnico de la Selección Colombia de Fútbol de Salón, campeona panamericana; preparador físico de los clubes Los Millonarios (14 años, campeón en 1987 y 1988 y subcampeón 1995 y 1996) y el (Boyacá) Chicó; preparador físico de selecciones nacionales de fútbol, en cuatro convocatorias; preparador físico de Colombia sub 17, medalla de oro, en los Juegos Bolivarianos, en Arequipa, Perú; preparador físico de deportes de tiempo y marca, en Coldeportes Cundinamarca; entrenador de selecciones nacionales de atletismo, en certámenes del ciclo olímpico; entrenador en el Mundial de Maratón en Hiroshima, Japón y en otros eventos internacionales; miembro de la Comisión Técnica Nacional de Atletismo, y preparador físico de los árbitros FIFA A y B. Preparador físico de figuras del deporte colombiano, como el campeón mundial gallo, Miguel El Happy Lora; Jacinto Navarrete, y el ciclista Raúl Montaña. El más reciente éxito lo logró Baracaldo, al ser el preparador físico del seleccionado de Bogotá, que ganó el título del fútbol de los Juegos Nacionales Cartagena 2019, deporte celebrado en Magangué, luego de 40 años de su última consagración en el certamen.

Después del retiro, determinado en 1982, Baracaldo continuó como competidor, pero en la nueva modalidad del triatlón; fue ganador de la primera competencia de triatlón, en el Parque Simón Bolívar (ciclismo y atletismo) y en la piscina del club Los Tiburones (natación), en 1984. 

Actualmente está vinculado al IDRD, como preparador físico de varios deportes.

Es padre de Lina Margarita y María Ángela.

Hoy, conforma la trilogía de los grandes del deporte de Zipaquirá, con Efraín El Zipa Forero y Egan Bernal.

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